viernes, 1 de julio de 2016

El Art Nouveau y el rock de los setenta. Una mezcla que sí funcionó.

Cuando el rock "se hizo mayor", miró hacia delante y hacia atrás al mismo tiempo.


Aunque no soy experto en la historia del rock -en sentido amplio, no sólo el R&R de los 50-, sí que he leído, y desde luego escuchado, no poco sobre el tema. De todas formas, desde hará más de una década escucho mucha menos música que cuando era más joven, aparte de que tampoco siento especial interés por canales de televisión específicamente musicales, o emisoras de radio que dedican casi todo su tiempo a la música. Pero sí que tengo cierto conocimiento de todo tipo de artistas individuales, grupos o estilos, al menos, hasta principios o mediados de los 90. A partir de ahí, reconozco, mis conocimientos están llenos, no ya de lagunas, sino de lagos del tamaño del Caspio, porque su vecino el mar de Aral, lamentablemente, está casi tan muerto como mi interés por la música más joven de hoy en día. Quizá porque, simplemente, ya no soy tan joven -¡qué le vamos a hacer!-.
En los 70, cuando el rock tomó diversas sendas, como el rock progresivo, que lo hacían más "adulto" y profundo, también hubo, por parte de los artistas, así como de los diseñadores de carteles o portadas de discos -sí, discos, vinilos, esas cosas negras y redondas que, al pincharlas, emitían música; tengo primos quince o veinte años más jóvenes que yo que los vinilos le suenan a tecnología de los romanos, poco menos- miraron al pasado, un pasado, por lo demás, cuarenta años más reciente que para nosotros, en estos nuestros días, y descubrieron, o re-descubrieron, el art nouveau, o como se le conoce mejor en España, el modernismo.
Y fue en los carteles de conciertos, de grupos o artistas individuales, o colectivos -o incluso, multitudinarios- donde el modernismo volvió a triunfar, décadas después de haber sido dado, erróneamente, demasiado pronto, como muerto y enterrado. Y al fin y al cabo, aquello resultaba lógico. Dejando aparte que fue, sobretodo, un estilo arquitectónico o que entraba en el ámbito de la decoración -muebles, iluminación, estatuas de reducido tamaño para poder tenerlas no fuera, sino dentro de las casas...-, más que en pintura, sus artistas, empezando por Alphonse Mucha, figura principal y casi sacerdote laico del movimiento -lo pretendiera él o no- eran, sobretodo, dibujantes. O si lo preferimos, cartelistas. Hoy en día, se les llamaría, seguramente serían, ilustradores. Grandes ilustradores, pues sólo hay que ver la influencia que todavía ejercen, en las nuevas y futuras generaciones.
Y aquí, un ejemplo de ello, gracias a la página de facebook de Esma Can, donde se puede encontrar todo tipo de material no sólo sobre modernismo, sino también de prerrafaelismo, simbolismo, etc.


Bob Dylan, el Bardo de Minessota, junto a Paul Simon, sin su compañero Garfunkel.


"The Who", uno de los grandes -e incombustibles- grupos de rock británico. Modernismo mezclado con psicodelia. 


"Led Zeppelin" tampoco podía escapar a la influencia del arte de otros tiempos.


El guitarrista Carlos Santana, siempre original, tanto en sus portadas de discos, como en carteles anunciando sus conciertos.


Y por último, un cartel de "Widespread Panic" -"Pánico masivo"-, banda de rock sureño -o algo así- de época posterior al resto, pues empezaron a despuntar a mediados de los 80 -aunque llevaban ya algunos años como semi-profesionales-, y todavía en activo. Y aparte de todo ello, he podido comprobar que les encanta crear carteles espectaculares para sus conciertos, pues podría hacerse una entrada, y larga, sólo con ellos.


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