viernes, 13 de junio de 2014

Frank R. Paul, el primer genio de la ilustración en el mundo de la ciencia-ficción.

Ilustrador de portadas, contraportadas, relatos y novelas de c.f., fantasía y aventuras, considerado hoy en día como un artista en parte por re-descubrir.


Hacía tiempo que no dedicaba una entrada a algún personaje de la cf más o menos clásico, entiéndase, con una obra básicamente anterior a 1950, o así. Y pensé que, después de hablar de escritores, no estaría de más dedicar un espacio a uno de los hombres que se dedicaron, durante años, con enorme pericia y una capacidad de trabajo increíble, a poner imagen a todo lo que los lectores de la época -y los actuales, en caso de poder disfrutar de su arte-  leían en revistas y, en menor medida, en libros -pues la ciencia-ficción, hasta bien entrados los años 50, normalmente se editaba sólo en revistas, y tardaba mucho, si es que llegaba, a volver a ser publicada en forma de libro, con su tapa dura y todo-.

Un póster moderno -en teoría, de venta en internet, aunque no he llegado a aclarar como comprarlo, porque reconozco que me gustaría hacerlo-, del autor, rodeado de sus creaciones.



El inventor de mundos nuevos: el hombre que abrió la puerta al universo de la ciencia-ficción.

Frank Rudolph Paul no era americano de nacimiento, sino de adopción. Nació en Viena, en 1884, aunque emigró joven, después de haber estudiado en Austria, de donde emigró siendo muy joven, pero que no me pregunte a qué edad, porque lo desconozco. Lo que sí es cierto, es que con 30 años no sólo vivía en Estados Unidos, sino que ya se ganaba más o menos bien la vida trabajando para un pequeño periódico rural, donde realizaba ilustraciones de edificios y maquinaria, pues sus estudios de dibujo en Europa fueron de ese tipo: técnicos. Y, al contrario de lo que podría creerse, la ilustración fantástica, si bien le dio fama y legiones de seguidores y admiradores, no le hizo rico, y parte importante -en según qué épocas, casi todo- de sus ingresos provenían de ese tipo de encargos más "aburridos", principalmente relacionados con la arquitectura y el urbanismos -aunque lo de "aburrido" lo pongo entre comillas; a mí, el urbanismo y la edificación no me parecen temas en absoluto pesados, si se tienen interés por conocer y comprender-.

Un astronauta humano, que ha sido capaz de algo tan aparentemente -y en la realidad, si así sucediera- de tener no sólo un contacto exitoso con un ser de otro mundo -en este caso, el clásico marciano-, sino que además, ha entablado una buena amistad con él. Muy probablemente, se trata de un dibujo contemporáneo, o inmediatamente anterior, a la II Guerra Mundial. Lamentablemente, los humanos reales, que querían la paz con los marcianos, no fueron capaces de mantenerla entre ellos.

4 Frank R. Paul life-on-mercury
Otro ejemplo de ilustración que imagina vidas alienígenas. En este caso, en el relativamente cercano Mercurio. Paul tiene en cuenta las altas temperaturas del pequeño planeta, que en aquella época, tal vez, se suponían, aún así, muy inferiores a las que realmente sufre este mundo, y "según la ciencia" -y tal vez fuera cierto-, imagina la posibilidad de una vida basada en gigantescos insectos -o algo así- inteligentes y poco amigables.

Hugo Gernsback, que aparte de tener un apellido germánico de lo más complicado, y de ser, probablemente, el único luxemburgués -un inmigrante centroeuropeo y germanoparlante, como él- que haya destacado claramente en algo, se le puede considerar como el padre de la ciencia-ficción como una rama separada tanto de la fantasía, como de los relatos de aventuras -por mucho peso que pudieran tener en ellos las nuevas tecnologías; eso no los hacía parte del nuevo género, sólo demostraba que los autores conocían los avances científicos y técnicos de la época-, lo descubrió y lo fichó, para ponerlo a trabajar en su revista científica, donde se hablaban tanto de avances en los diversos campos de la ciencia, como se publicaban relatos de autores ya consagrados del nuevo género -caso de Wells o Verne, aunque muchos otros autores europeos, sobretodo franceses, apenas tenían espacio-, como otros nuevos, descubiertos o no por él -o sea, norteamericanos, de nacimiento o adopción, como él mismo-. Esta revista, Electrical Experimenter, -o "El experimentador eléctrico", cuando la electricidad era casi magia para no poca gente-, acabó desapareciendo cuando Gernsback decidió dejar la ciencia en segundo plano, y dedicarse a la ciencia-ficción pura y dura -o, en no pocos casos, auténtica "fanta-ciencia", donde la parte científica era mínima-, creando una revista nueva, cuyo nombre, con el paso de los años, se haría legendario: Amazing Stories. Fue Paul el autor de su primera portada, y crearía no menos de 220 en diversas revistas, fueran en esta pionera, o en sus ediciones especiales -más precio, más páginas, novelas completas, y no en capítulos-, o en posteriores, como Wonder Stories, revista que nació cuando Gernsback -que tenía fama de ser un genio descubriendo nuevos valores, y consiguiendo nuevos seguidores para la legión de amantes de "la nueva ciencia", pero que también era, como mínimo, bastante tacaño y peor pagador, y que acabó expulsado de su propia publicación. Eso, además de contraportadas -en ocasiones, tan excelentes como las portadas en sí mismas, y que eran poco menos que ilustraciones con algún texto que lo mismo era humorístico, como reflexivo-, ilustraciones interiores, además de dibujos y portadas realizadas para novelas publicadas como libros independientes -algo muy raro hasta los años 50-, como es la obra de anticipación científica de su propio jefe "Ralph 124C 41+", donde Gernsback sorprende hablando, con décadas de anticipación, de la televisión, la video-conferencia, el aire acondicionado, el hilo musical, etc., pero que, en cuestiones de contar una historia, demuestra, aquí sí, ser bastante incapaz. Hoy en día, este "Ralph..." resultaría pesado de leer, si no se tuvieran en cuenta -que, para ser justos, habría que hacerlo- la capacidad de anticipar inventos de su creador. Aún así, aunque sea un clásico a su manera, ha envejecido muy mal, y se le podría considerar algo así como "arqueología literaria".

"Ciencia y mecánica", otra revista de Gernsback, donde aparece una máquina de guerra capaz de destruir de golpe toda una pequeña población, mezcla de tanque y acorazado -y portaaviones, un tipo de barco que, en los años 20, todavía no existía-. Paul también participó en ella, como en esta ilustración.

"Ciudad dorada de Titán", otra contraportada de Paul, sin letras o títulos. Una de las mejores series de ilustraciones fue sobre supuestas ciudades en planetas y grandes satélites de Júpiter o Saturno, donde sus habitantes son pequeñas figuras moviéndose entre una extraordinaria arquitectura -en ocasiones, por lo demás, bastante "art-déco"-.

Otra civilización imaginaria, una especie de cálida Venecia en Calisto, uno de los satélites de Júpiter -y, por lo visto, un lugar con un clima de lo más apacible y templado-.

Aquí, los humanos han creado unas esferas que lo mismo sirven para trasladarse por el mar -barcos-, como rodando -sólo las tiras metálicas, parecidas a orugas de tanque- sobre el hielo perpetuo de un mundo que parece un mundo congelado-.

Hasta su muerte, en 1963, en su casa de un pueblo cercano a Nueva York, seguiría, aunque en menor ritmo, ilustrando libros y nuevas revistas, como el primer número de Marvel, donde se daban a conocer los personajes de Namor -el príncipe de la Atlántida, y que hace ya mucho que dejó de tener continuación, aunque no sería extraño que, un día de estos, la Marvel, más preocupada hoy en día en el cine que en la historieta, decidiera sorprendernos, para bien o para mal, con una película sobre él-, y la Antorcha Humana, antecesora de uno de los Cuatro Fantásticos, del mismo nombre e idéntico poder, pero que, en aquella época, iba por libre. 

Ilustración para "La guerra de los mundos", de Wells, publicada en 1927 por Amazing Stories, y que se transformaría en clásica. Las películas o cómics posteriores deberían mucho a esta visión del ataque marciano, que ya poco cambiaría.

Desconozco donde se publicó esta imagen -no había información, y no la he visto en otro lugar-, pero es un ejemplo de mundo imaginario, cálido, de fantástica y terrible fauna -una especie de elefantes acuáticos-, mezcla de tecnología -la nave- y de cultura antigua, si no en la forma, sí en el estilo y la edad de dicha civilización -la ciudad, o fortaleza, del fondo-.

La importancia de autor fue mayúscula, y más, en aquella época. Fue él quien introdujo en la cf a millones de personas en Norteamérica, y no pocos autores posteriores -Ray Bradbury, por ejemplo, o Arthur C. Clarke- reconocieron que las primeras imágenes que hacían referencia al género fue en Amazing Stories y Wonder Stories, y que el autor de casi todas ellas fue Frank R. Paul. Es cierto, según he leído en la Wikipedia, que es donde he conseguido gran parte de la información sobre él -en español, a no ser que se busque con ganas, hay poco, y ya he hablado más de una vez de mi falta de tiempo-, que fue el primero en dibujar, con colores chillones y llamativos, naves espaciales, robots, máquinas de enorme tamaño -y en no pocos casos, de misteriosa naturaleza y uso- y, cosa que quizá no se tenga tan en cuenta, ciudades del futuro o de civilizaciones extraterrestres. Al fin y al cabo, sus estudios y conocimientos de dibujo técnico se tenían que ver por alguna parte. Otra cosa eran los seres humanos -o monstruosos, o extraterrestres, aunque aquí, claro está, la fantasía podía encubrir ciertos problemas a la hora de dibujar la anatomía de éstos-, sobretodo las mujeres, y más todavía, los rostros. Pero estos, en no pocas ocasiones, ocupaban un espacio muy secundario en sus ilustraciones, y tanto en su época como en años posteriores, poco o nada importó a sus numerosísimos admiradores, entre los que me cuento. Con el paso de los años, aparecieron nuevos ilustradores y dibujantes de cómic, pero su huella nunca llegó a desaparecer, sobretodo en el mundo anglosajón. En realidad, si se mirara con atención el arte de no pocos de ellos, se vería cierta influencia, aunque fuera involuntaria. Se cuenta, y puede ser verdad, que fue el primero en dibujar lo que se podría considerar un auténtico platillo volante, años antes de los primeros "avistamientos" -entre comillas, y con todas las reservas posibles; el tema OVNI, aunque ya nos parece de otra época, no deja de levantar ampollas, suspicacias, tanto entre defensores como negacionistas-. ¿Cómo podría ser eso posible? Más o menos, de la misma forma en que muchos de los supuestos extraterrestres que han sido vistos por tantos y tantos testigos -también, como los platillos, sólo en según que épocas- se parecen a seres dibujados o imaginados por dibujantes, novelistas, creadores para películas y series de televisión, etc.: el subconsciente humano. No es raro que algo que creemos realmente ver -o queremos ver, casi forzándonos a nosotros mismos a creer haberlo visto- se base en objetos, lugares o personajes más o menos ocultos en partes subconscientes de nuestra memoria. En 2009, mucho después de su muerte, fue incluido en el Salón de la Fama de la Ciencia-Ficción, donde, anualmente, se incluyen a cuatro -en alguna ocasión, cinco- figuras de la cf, sea en el campo de la literatura, en el cine, la televisión, etc.

Uno de los primeros trabajos "fantásticos" de Paul, ilustrando la edición en libro de la obra "Ralph 124C 41+", de su, durante mucho tiempo, jefe -y descubridor-, Hugo Gernsback. En esta imagen, lo que sería un imaginario -pero perfectamente real- antecesor de la video-conferencia -la imagen es de una chica que, realmente, se encuentra a cientos de kilómetros-. Gernsback tal vez no inventara historias emocionantes, pero sí hacía auténtica ciencia-ficción, imaginando inventos que serían realidad décadas después. ¿De dónde viene, pues, el nombre de "Premios Hugo"? De él, por ser el padre de todo este tinglado que a tanta gente gusta y hace soñar.

Una ilustración interior de un relato de John C. Campbell, otro personaje principal de la historia y desarrollo de la cf, pues transformó Wonder Stories en una cantera de nuevos autores. Él también escribió algunas obras, aunque han sido un tanto injustamente olvidadas, pues no era mal escritor.

Se han escrito libros sobre Paul, o más bien, se han publicado con poco texto -no hay demasiado que contar sobre su vida, que fue en general tranquila, aunque recibiera en vida no pocos premios y reconocimientos, como las famosas convenciones de cf que se han ido celebrando en diversas ciudades norteamericanas desde los años 30, hasta hoy-, pero sí con muchas ilustraciones. Aunque no por abundantes, nos parecen suficientes. No son pocos los que han ido conociendo su extensísima obra navegando por la red, copiando, grabando, guardando sus dibujos por decenas, buscando alguno nuevo, como si de coleccionistas de arte se tratara. Es algo de lo más recomendable, y todo lo que pueda copiar y pegar aquí, es poco, comparado con lo que se puede encontrar en internet, incluyendo dibujos en revistas menores u olvidades, y que, con razón o sin ella, se le atribuyen.

Una contraportada en Amazing Stories, de 1940, donde Paul volvió, cuando su director era Ray Palmer, y donde unos supuestos marcianos -con un aspecto biológicamente imposible, algo habitual en la época- crean una estatua que, en teoría, reproducen el aspecto que debería tener un terrícola: con manos y pies palmeados -por vivir en un planeta con una superficie en gran parte formada por agua-, y orondos y felices, por pensar que la Tierra está sobrada de alimento.

lunes, 9 de junio de 2014

El planeta de los simios: fotos de cómo se hizo la película original, e ilustraciones y carteles basados en ella y la novela. Monos a mogollón.

A falta de tiempo para algo más largo, una entrada corta, sobre la novela y la película de los 70.


Bien, a la vista está que, debido a estudios, entrevistas y búsquedas más o menos infructuosas de trabajo, y asuntos personales varios, no he tenido, lo que se dice, todo el tiempo del mundo para dedicarme al blog. Y el hecho de que realmente, tampoco sea un bloguer muy activo que digamos, ha hecho que, en los últimos días -últimos y bastantes, por lo demás- sólo haya hecho una entrada, dedicada a otro de esos pintores lamentablemente poco conocidos que ha dado mi ciudad al mundo: el señor Llovera. Así pues, aprovechando un rato libre, y teniendo en cuenta las dificultades de un ordenador que no da más que problemas, opto por una entrada rápida de hacer. Aprovecho que, por fin, leí la novela original de "El planeta de los simios", para ir buscando por internet -si uno se mete es facebook, y se pasa un buen rato mirando, a partir de títulos de películas o novelas, autores varios, o palabras clave, te puedes encontrar casi de todo- ilustraciones, fotos, o carteles de los distintos largometrajes, sobretodo, los dos primeros: "El planeta de los simios" (1968), y "Regreso al planeta de los simios" (1970), ambos protagonizados por Charlton "rifle" Heston, que sería un poco facha y todo lo demás, pero que, la verdad, era un actor de los que imponía. Todo masculinidad y pelotas -y eso lo dice un hombre heterosexual, pero lo que es, pues eso, es-. En otra ocasión, con más tiempo, quizá me dedique a hablar un poco más en profundidad de las distintas películas, tanto de las antiguas (años 60 y 70), como de las actuales (la de Tim Burton, y la última, "El origen del planeta de los simios", de 2013 -en mi opinión, bastante mejor que la de Burton, aunque éste consiguiera una ambientación de la sociedad simio realmente interesante), y la próxima, todavía por estrenar, y que, por lo visto, promete bastante.
Ahora, unas cuantas de esas fotos, con alguna que otra explicación, en caso de tenerla, claro:


Un cartel de la primera película (1968). No sería el cartel principal -en grandes estrenos, se hacen varios-, pero presenta a los personajes principales.


Cartel "reinventado" de "El planeta de los simios", y otro ideal para gorilas militaristas.


Uno de los muchos carteles que se han ido realizando mucho después por artistas seguidores incondicionales de "mundo simio". El "Alamo Drafthouse", sería, para entendernos, la oficina de reclutamiento de dicha ciudad tejana, porque, después de ver las pelis, nos convencemos de que no hay soldados como estos gorilas -más o menos- inteligentes.
Más abajo, carteles de la tienda "Momo", especializada en todo tipo de carteles de toda película de fans imaginable, realizados por los mejores artistas, especialmente para dicha tienda, y que es un auténtico santuario para los cinéfilos y fanáticos de la ciencia-ficción, el terror, la fantasía, la aventura, y lo que haga falta. Lo más original, es que no son, realmente, carteles de dichas películas, sino que los ilustradores los crean a su gusto, y según su estilo normalmente -tratándose de películas con sus años-, más moderno y rompedor que el original.


Otra reinvención, de "Retorno al planeta de los simios" (derecha). Y una batalla inter-simios (izq.).

Dos carteles alternativos de "la conquista...", y "Huida del planeta de los simios".


Y aquí, un par de carteles para el mercado japonés, donde las letras, en horizontal y vertical, en hirayana, katakana -los dos alfabetos básicos japoneses- o con kanjis -ideogramas que, por sí mismos, son una palabra, o parte de ella- están por todas partes. No deja de ser curioso que, en un país donde la ilustración tiene tanta importancia, en un cartel basado lo mismo en fotos como en dibujos, el texto tenga tanta preponderancia.



Durante el rodaje de la primera película, que fue un hito de la ciencia-ficción por su originalidad y, aunque a veces no se tenga en cuenta, su trasfondo político, religioso y filosófico -que se ha ido perdiendo en películas de género posteriores, donde se dejaba de lado lo de hacer reflexionar al espectador, para dar paso al espectáculo puro y duro, que está muy bien, pero siempre que no sea el estilo preponderante casi sin alternativa-, grandes fotógrafos de la agencia Magnum hicieron todo tipo de fotografías para revistas, de cine o generalistas, que estuvieron casi olvidadas durante décadas, hasta su "rescate" -así se podría llamar, más que "recuerdo"- por parte de internet. Ver a aquellos terribles simios, moviéndose a sus anchas por el mundo humano -donde son tomados, como se ve, no como amenaza, sino más bien como curiosidad, o, algo tan norteamericano, como novedad y moda-, no deja de tener su gracia. Aparte, claro, el ver cómo se  movían los actores transformados en monos detrás de las cámaras. Dennis Stock sería el fotógrafo responsable de la mayoría de ellas -parece que hubo alguno más, pero no encontré el nombre-:



Un simio interesado en fotografiar a un miembro de la "especie inferior humana".


Un humano trabajando delante de unos simios de pega -no son sus señores, hay que aclararlo-.


Otra foto Magnum, de Dennis Stock, "la bella y la bestia -bestia culta, eso sí", juntos frente al mar.


Peinando al niño mono que, como todos los niños, no parece muy amigo del peine.


"Me siento raro, entre esta gente sin pelo".


Investigando sobre los artilugios humanos.

Una ilustración moderna -en su momento puse que no conocía al autor, y es el alemán Bastian Kupfer; gracias a Drax, lector del blog, que me informó sobre ello- sobre una de las últimas ediciones de la novela.


Varios de los muñecos inspirados en la película, como se hizo también, hasta la saciedad, con "La guerra de las galaxias".



Cartel rumano de la película. Pero vamos a ver, ¿es que no estaba bien el original? ¿Qué clase de delirante estilo comunista-carpático al gusto del conducator Ceaucescu es esto?


Y aquí, un cartel -claramente setentero, y un tanto psicotrópico- de la extinta Checoslovaquia.


Un cartel de una versión -realmente, no existente- animada de la película, por Ive Bastrash, que ha hecho el mismo trabajo con otras muchas.

El origen del planeta de los simios Wallpaper 3
Un cartel moderno, donde el hombre es un "eslabón perdido", porque, realmente, perdido se encuentra, frente a simios inteligentes.


Bueno, pues la próxima vez, más, y en más cantidad. O eso creo, que no soy adivino.

miércoles, 4 de junio de 2014

Gente de mi ciudad ( V ): Josep Llovera, un pintor que es mucho más que quién da nombre a una calle.

Una ¿última? entrada sobre los pintores reusenses, tan poco conocidos -y reconocidos- incluso en su propia ciudad.


Bien, después de haber tenido el blog desatendido -casi se podría decir, olvidado- debido a mi falta de tiempo libre debido a cuestiones varias -y, la verdad sea dicha, también por un poco de pereza para meterme en escrituras del ciberespacio en cuanto lo tenía-, no he hecho en bastantes días aportación alguna. Así pues, realizaré aquí una en principio corta, tratando al, tal vez, último pintor reusense de importancia que me quedaba y que, como tanta otra gente, lo reconozco, sólo conocía porque una de las principales calles del centro de la ciudad, auténtica arteria comercial -a pesar de que no es lo que se diga, demasiado larga o espectacular- lleva su nombre: la Calle Llovera, así, sin nombre nada, apellido y en paz.
Así pues, una pequeña reseña sobre el señor Llovera, para así darlo a conocer al público, incluyéndome a mí mismo, que apenas sabía de él (y una cosa aparte: lo de "gran público", que he estado a punto de escribir, teniendo en cuenta las visitas de este blog, me sonaba un poco a cachondeo, así que "público" a secas. Muy respetuosamente, aún siendo escaso, eso sí):


La vida y la obra de Josep Llovera.

Josep Llovera i Bufill nació en Reus en 1846, ciudad donde vivió gran parte de su vida, y donde murió a finales de 1896, así que el buen hombre no llegó a los cincuenta y un años. Aún así, tuvo tiempo de tener una obra, cuanto menos, bastante grande. Al contrario que otros coetáneos, no estudió bellas artes, ni tuvo un maestro que le enseñara con tiempo y dedicación, sino que tuvo que estudiar, por fuerza e influencia paterna, la carrera de farmacia, llegando a abrir botica en su ciudad en cuanto la acabó. Pero, mientras estudiaba medicina, tanto en Madrid como en Barcelona, consiguió publicar caricaturas e ilustraciones, tanto en periódicos satíricos o políticos de una ciudad -Gil Blas-, como en otra -Lo tros de paper (El trozo de papel, en catalán de la época); L'Ase (el asno), La Ilustració Catalana (ésta no era un diario, sino una revista artística)-. En 1865, con el seudónimo de Señor Petrequín, publicaría "Álbum humorístico", donde hacía recopilación de dichos primeros dibujos.  Pero en determinado momento, se cruzó en su camino el genial Fortuny -sí, como se ve, casi todos estos pintores no sólo fueron contemporáneos, sino que en algún momento, unos y otros se conocieron y entendieron sin problemas-, y le aconsejó que se dedicara a la pintura, y se dejara de medicinas, pócimas y atender enfermos, reales o imaginarios. Optó por las acuarelas, como Tapiró, aunque también probó, y con éxito, el aguafuerte. Fueron algunas de estas primeras acuarelas, como "Cacería de pollos en Jauja", o "El Prado en el día del Juicio Final". Animado por ello, viajó en 1887 a París, y tras conocer las maravillas de la Ciudad de la Luz, se estableció en Barcelona, a vivir de su arte. 
Por lo que se puede leer en varias webs y libros, parece que no tuvo problema es pintar sobre cualquier tópico de la época, y, más que buscar temas alternativos, exóticos o rupturistas, le dio al pueblo -y a sus compradores, que no eran, evidentemente, de un origen tan "popular", entiéndase, socialmente- lo que esperaba de un pintor cercano y, a la vez, técnico, buen retratista y, al tiempo, paisajista. Aunque, en su caso, el paisaje era algo secundario, un fondo sobre el que se mueven los personajes.
Obras suyas conocidas, aparte de las ya nombradas, serían "Esperando una procesión", "Damiselas en el balcón", "Volviendo de un bautizo" -pues eso, costumbrismo, pero con gracia-, y "El baile de la linterna", que en aquella época, más que un baile propiamente dicho, era un juego con búsqueda de emparejamientos de por medio.

Una obra pintada, especialmente, para una exposicion sobre la Avenida del Paralelo -el Paral.lel, en catalán, como se le conoce también-, en su momento, la gran arteria de la vida teatral y musical de la Barcelona del siglo XIX, y hasta el estallido de la Guerra Civil. Aunque durante el franquismo abrieron algunos teatros, y en la actualidad, también más de un cine -aunque los cines barceloneses, como en todas partes, han ido cerrando uno tras otro-, ya no sería lo mismo tras el fin del conflicto.

      Josep Llovera Bofill - En El Parque             Josep Llovera Bofill - Untitled
Dos "obras menores" de los años 70 del XIX (el primero, "En el parque", de 1877, es una acuarela; el segundo, sin título o año conocidos, es un grabado).

Archivo: José Llovera Bofill - El bautizo - Google Art Project.jpg
"El retorno del bautizo", con toda la familia presente.

José Llovera Bofill (Reus, 1846-1896) Jóvenes en
"Jóvenes en un coche de caballos": "Chicas-bien" pasando el rato.

José Llovera Bofill Reus 1846 - 1896 Escena familiar Dibujo al carboncillo y gouache sobre papel
"Escena familiar", se supone que de 1881. Dibujo en papel y al carboncillo.

José Llovera Bofill (Reus, 1846-1896) Jóvenes con
"Jóvenes con cisnes", de fecha poco clara. Pintura al óleo.


La información, un tanto escueta, la encontré en un artículo de la wikipedia en catalán -no sabría decir si existe uno en castellano; tal vez sí, pero no dejaría de ser, muy probablemente, una simple traducción-. Las fotos de sus obras, curiosamente, las he encontrado, principalmente, en webs de venta y subastas de arte, normalmente en inglés. Llovera, como Tapiró y Güell, todavía tienen mucha salida en el mercado del arte, más de lo que podría suponerse. Recuerdo como, no hace mucho -no más de un par de años- hubo en Reus una subasta de pinturas, dibujos y grabados, y, como gancho, había no pocas obras de artistas locales de renombre. No sé cómo iría, porque por razones evidentes, no tenía dinero para aspirar a pujar por casi nada, pero si lo llego a saber, aunque sólo hubiera sido por curiosidad, me habría gustado asistir.

Dentro de poco, espero que más pronto que tarde, más.

martes, 13 de mayo de 2014

Los hombres artificiales del doctor Pericard.

El comentario sobre una novela corta de ciencia-ficción de 1912, considerado el primer relato de este estilo en catalán, pero también el primero en España que trata sobre vida artificial.


En principio, esta entrada ha sido un poco improvisada, porque hasta hoy, no sabía si hacerla o no. Pero teniendo en cuenta que no hago entradas de una forma totalmente predeterminada -aunque sí un poco, la verdad; siempre tiene que haber cierto orden en todo, aunque sólo sea para aclararse con lo que estás haciendo-, no tiene nada de raro -para mí, al menos- hablar sobre un libro que leí casi por casualidad. De vez en cuando voy a la biblioteca pública de mi ciudad -que últimamente también anda con problemas económicos para nuevas adquisiciones, aunque teniendo en cuenta que ya cuenta con un fondo más que aceptable de libros, cómics, etc., hay mucho donde elegir todavía-, y desde hace tiempo, que me encuentro con una especie de campaña para mostrar los libros que tienen de ciencia-ficción. La verdad es que, sin ser poco, para el tamaño de Reus -y de su biblioteca, al menos, en teoría-, tampoco es que sea espectacular que digamos. En no pocos casos, se puede encontrar el mismo título dos o tres veces, en castellano o catalán, o en ediciones distintas. Y muchos de ellos, los tengo en casa. Pero también hay otros que no poseo, como "El planeta de los simios", del que ya hablé cuando escribí sobre la CF francesa. En este caso, se trata de una auténtica rareza, de la que -creo- oí algo hace ya mucho, pero que recordé en cuanto lo vi expuesto, junto a muchos de sus "hermanos" de género.
Traducido al castellano, la obra se llama "Hombres artificiales", de Frederic Pujulà i Vallès -sí, ya me imagino: ni idea de quién era este buen hombre. Yo tampoco sabía nada, pero me leí un poco la contra-portada a ver que contaban de él-. Si se quiere hablar un poco de él, decir que el señor Pujulà (1877, en Palamós, la Costa Brava; fallecido en Francia, en 1963), fue narrador, dramaturgo -con ayuda de un amigo, pero al menos escribió un par de obras de teatro, poco se sabe bien de él, realmente-, periodista -escribió cientos de artículos sobre política, sociedad, filosofía, crítica literaria y teatral, y, para entendernos, de lo que le daba la gana-, y, para rematar, esperantista convencido.
Formó parte del partido Unió Catalanista -que era autonomista y defensor de la lengua y cultura catalana, aunque no era rupturista o independentista; aquello sonaba raro, incluso para la mayoría de los auténticos nacionalistas-; periodista importante -escribía mucho, en profundidad, y de lo que le daba la gana; vamos, que en la revista donde trabajaba estaba casi como Pedro por su casa- en la revista "Juventut" -"Juventud"-, era ejemplo y prototip de la llamada segunda etapa del modernismo, que ya se iba difuminando como estilo artístico, literario y filosófico -o más bien, ético- a favor del neocentismo -noucentisme, en catalán- que sería, más o menos, el dejarse de sueños y recuperación de la cultura y la historia catalana, para empezar a gobernar y administrar el territorio de Cataluña, y el sustituir a los filósofos e intelectuales por políticos y altos cargos que, al contrario de lo que podría pensarse, no dejaban de ser también lo uno y lo otro. No, con el paso del tiempo, la clase política -catalana, española, europea- no ha mejorado. Para nada. Pero eso es otro tema. La cuestión es que en su juventud era periodista y dramaturgo famoso -escribió obras como "Marionetas débiles" (1902), "El genio" (1909), o "El loco" (1907), donde defendía la filosofía vitalista, más o menos como Ortega y Gasset-; defensor, como se ha dicho antes, del vitalismo, que sería una especie de versión latina de la filosofía de gente -muy germánicos, ellos- como Nietzche o Schopemhauer; novelista, con la obra que trato e, incluso, defensor a nivel español del esperanto, pensando -iluso él- que dicha lengua, artificial, sencilla e internacionalista, fomentaría la fraternidad y la paz entre los pueblos.
Viviendo temporadas en Francia, donde adquirió -se supone que por residencia- la nacionalidad, fue obligado a enrolarse en el ejército francés durante la I Guerra Mundial, donde combatió durante todo el conflicto, y tras el que escribió, en 1918, "En el reposo de la trinchera". Una vez volvió a Barcelona, vio apesadumbrado como el modernismo, su estilo y sus formas, su filosofía de vida y su forma de ver el mundo y el futuro de su tierra, había sido ya desterrado, y él era, en cierto modo, una antigualla. Tras la guerra, además, fue condenado a muerte -básicamente, por ser catalanista, federalista y republicano-, se le acabó perdonando, sin poder evitar una estancia de años en prisión en Alcalá de Henares y, finalmente, ya viejo y cansado, decidió dedicarse al periodismo local en su Palamós local, escribiendo en 1958 "Cantos a la Costa Brava", que fue poco menos que su último suspiro literario, para morir en Francia mientras vivía en casa de uno de sus hijos.
Teniendo en cuenta, según creo, que no existe traducción al castellano, y que, tras las primeras ediciones de hace un siglo -o casi-, sólo se volvió a imprimir una sola vez, con una tirada bien pequeña -que, pienso, no se vendió al completo- no creo que esté estropeando el final a nadie, porque casi nadie tendrá la posibilidad de leerlo. Prefiero contarlo al completo, tal como me pareció a mí.


La obra en cuestión: "Hombres artificiales".

La obra, de poco más de cien páginas -o menos, según la edición-, que lo mismo podría ser una novela corta como un relato largo -eso, los anglosajones lo tienen muy claro; incluso, tienen un número determinado de palabras para cada tipo de historia, sabiendo, tras contarlas todas, cómo clasificarlas-, habla sobre la obra del doctor Pericard, cuya obra llega al protagonista -¿el mismo autor?; no se nombra en la novela?- por medio de terceros. A la muerte del abogado Romà Pi, un comprador-vendedor de libros de segunda mano le entrega al autor un relato escrito a mano que tenía el licenciado en cuestión en su despacho, pero que no está escrito por él, sino por el "profesor loco" de la historia -porque de algo así se trata, realmente-. Este doctor Pericard piensa que la humanidad ha ido cayendo en la barbarie, la estupidez, la cobardía, y la debilidad, y que, como también en cierto modo piensa el abogado -que escribe una introducción al texto-, no tiene remedio ni capacidad de recuperación -aquí el vitalismo y la teoría del "hombre nuevo", pero en una versión radical-. El profesor tiene una frase para explicarlo todo en pocas palabras: "Hacia la perficción, no por la reforma, sino por la creación". Él ya lo intenta, la reforma, en una pequeña ciudad de provincias, intentando que queda incomunicada del resto del mundo, y haciendo que, por medio de un gas, desaparezca cualquier prenda de ropa o tela -sabanas o cortinas incluidas- pensando que, expandiendo el nudismo obligatorio, todos los seres humanos se verían iguales, y las leyes o las divisiones sociales desaparecerían. Pero, finalmente, los humanos -los "humanos viejos"; no la nueva humanidad por venir, por crear- acaban formando una sociedad nueva, sin leyes, anárquica, pero tomando como base, evidentemente, la sociedad anterior, la que conocen desde niños.
Así, Pericard se va a Alemania, cuna de la ciencia y la tecnología -en 1912, dos años antes de la hecatombe de la Gran Guerra; al contrario de lo que podría pensarse, la Alemania imperial de la época era vista por muchos europeos como el ejemplo máximo de orden, ciencia y civilización-, construye allá un gran laboratorio, maravilla de la época, y admirado por todos sus correligionarios científicos germanos, y decide crear seres humanos desde la nada. Eso sí, ¿de dónde sacar los espermatozoides y óvulos necesarios para ello? El profesor no quiere que ningún humano, hombre o mujer, intervenga en ello. No quiere esperma de hombres "viejos", contaminados por milenios de atavismos civilizadores. Tampoco quiere que una mujer de la vieja humanidad los dé a luz. No desea que sus "homoides", como los llamará -algo así como "humanoides"- tenga ningún contacto con padres o madres. Han de crecer sin ningún contacto con la humanidad, con otros humanos. Excepto, claro está, el profesor, su dios creador, mediante la ciencia, la nueva fabricante de milagros. ¿De donde sacará, entonces, el material? De un mamífero, sí. Pero no de un simio, sino ¡de una foca! Compra dos focas machos y una hembra a unos grandes almacenes alemanes, capaces de conseguir cualquier cosa de cualquier lugar -con puntualidad y profesionalidad germanas, como no- y, a base de experimentos increíbles, hace "avanzar en la evolución" el material genético de los animales acuáticos hasta que parecen ser lo más parecido posible a humanos -¡como si los humanos fueran descendientes de las focas!- no sin antes haber conseguidos dos extraños seres de laboratorio: una foca con algo parecido a alas -porque, por una equivocación, hizo evolucionar, aunque no demasiado, del mamífero marino a las aves los óvulos femeninos-, y una sirena. Una auténtica sirena, medio humana y medio pez, de la que no puede evitar casi enamorarse. Pero claro, él es servidos, esclavo y amo de la ciencia al tiempo, y decide eliminar -no explica como- al extraño ser, hasta, finalmente, conseguir que, en doce incubadoras que también funcionan como úteros artificiales, esperma y óvulos se fusionen hasta formar lo que, meses después -no nueve, sino once, para que nacieran lo más desarrollados posibles-, llegaran al mundo otros tantos niños, futuros "hombres del Mañana", así, en mayúsculas, que serían el germen de la nueva humanidad, que Pericard no tenía claro si acabarían por fusionarse con los humanos "antiguos" -algo que le desagradaba en extremo, aunque pensara en ello-, gobernándolos, enseñándoles el nuevo camino o, simplemente, viviendo aparte y separados de ellos.
Estos seres, antes que nada, podrían tener cierta influencia literaria de, por ejemplo, el Frankenstein de Mary W Shelley (1818), o de los seres mitad animales y mitad humanos -unos híbridos sin identidad propia, perdidos intelectual y moralmente en la oscuridad de su origen y del sentido de su misma existencia- de "La isla del doctor Moreau" (1898) de H.G. Wells. Pero no sería exacto, ni lo uno ni lo otro. El primero, no deja de ser un ser creado a base de los cuerpos -y el cerebro- de cadáveres, de hombres muertos. Los otros, son una especie de monstruos -físicamente hablando, porque moralmente, el auténtico monstruo sería su creador, el sádico y trastornado Moreau-, reducidos a esclavitud y tortura por su creador. Los "hijos" de Pericard son humanos auténticos, sólo que, físicamente, se nos hace creer que sus rostros y físico igual no serían, exactamente, como auténticos humanos, pero casi. La mayor diferencia sería que, aún teniendo aspecto masculino, son asexuados -no tienen órganos sexuales, ni deseo sexual alguno-, pero, por el resto, da a entender que podrían pasar inadvertidos, o casi, en el mundo de los humanos "naturales".
Estos "hombres del Mañana" nacen como niños, aunque uno de ellos, por un descuido de su creador, muere al nacer. Le llamará Épsilon -les dará nombres de letras griegas a todos ellos, menos a uno-, aún habiendo muerto, y tendrá la un tanto peregrina idea de guardarlo en un frasco de formol, como en aquella época se hacía, por ejemplo, con abortos o fetos de humanos y animales. Y además, uno de sus "hermanos" lo verá en tan penoso estado al poco de haber nacido, lo que lo trastornará mentalmente de forma definitiva. Pericard les inyectará preparados para que crezcan y se hagan adultos en cuestión de pocas horas, y los verá crecer, literalmente, delante de sus narices. Y verá cómo se mirarán unos a otros, intentarán tomar conciencia de lo que son, mientras que, al mismo tiempo, él intenta mantenerlos separados del mundo, en el jardín de su laboratorio-vivienda, desnudos, extraños a lo que hay más allá de los muros, y les enseñará un idioma artificial -el autor era esperantista; normal que pensara en una lengua nueva, para una humanidad nueva nacida casi de la nada-, que nadie más entendería.

Pericard no desea crear un androide con aspecto exterior humano, pero interiormente, una máquina, como cualquier robot de  aspecto plenamente metálico.

El primer disgusto se lo lleva cuando, por accidente, destruyen el laboratorio donde guardaba fórmulas, ideas y aparatos de todo tipo. Así pues, tendrá que hacerse a la idea que, a su edad -es ya casi anciano- no podrá crear nuevos hombres. Tendrá que conformarse, y llevar a cabo su plan, con los once -uno, ya se ha dicho, muere al nacer: Épsilon- que le quedan.
Sin embargo los supervivientes no serán ni dóciles, ni dúctiles. Por un lado, Pericard querra averiguar cómo se comportan y piensan auténticos humanos -con su mismo coeficiente intelectual, más o menos el mismo aspecto físico- sin ningún contacto con otros humanos, pero, finalmente, al verlos tan perdidos, intentará guiarlos, aunque sea, según él, como una influencia externa. De nuevo, el científico que se cree dios, con derecho a intervenir, a creerse dueño y propietario de lo que ve como su creación, su obra, sin pensar en profundidad que aquellos seres son pensantes, y sensitivos. Y también sensibles, aunque él no pueda saber de antemano el qué.
El primero de ellos, Alfa, será un ser ensoberbecido, que es feliz, simplemente, sintiéndose superior a todo el mundo, y despreciando a los demás, aunque, realmente, no sabe explicar, el por qué de su complejo de superioridad.
El segundo, Mi, llamado así por su pequeño tamaño, casi como el de un niño -Mi vendría de "mini-", de "micro-"...-, tiene la costumbre de hablar mucho, muchísimo, pero de escuchar poco. Quiere intervenir y hacerse oír en todo, y en todo momento. Crea leyes donde no las hay y, en la práctica, parece haber nacido para ser, o legislador, o juez o árbitro.
El tercero, Gamma, es un comerciante nato. Tanto, que no duda en convencer o engañar a unos y a otros de forma que todos le deben comida o cualquier objeto que les da el profesor, pero como en lugar de consumirlos, los vende o cambia, siendo, según él, el más rico, también es, por su obsesión acaparadora, el más pobre, el peor alimentado y más débil de todos.
El cuarto, Delta, es un inepto. No parece servir para nada, ni nada se le da bien. Y además, parece molestarle mucho, pero como si ello fuera culpa de los demás. Es el típico ejemplo de persona que se queja siempre de su suerte, que culpa a los demás de lo que le sucede, pero que no hace nada para cambiarlo.
El quinto, Zeta, es una especie de burgués, pero no de un burgués emprendedor, sino de un rentista, que vive a costa de los demás, y que no ve más allá de pasarse el día tumbado, durmiendo o comiendo. No parece importarle demasiado casi nada, excepto para hacer algún comentario irónico, como si estuviera por encima de todo.
El sexto, Épsiclon, como ya se ha dicho, falleció al nacer, y acaba metido en un bote de cristal. Y su "hermano" Theta lo encontrará, y se lo llevará a una pequeña cueva artificial del jardín, para que le haga extraña y siniestra compañía.
El séptimo, Eta, simplemente pasa de todo. Es tan simple, que ni tan siquiera es realmente perezoso. Sólo es un individuo de cabeza hueca, que no parece ser capaz de interesarse por nada. Y nada quiere que le enseñen o muestren.
El octavo, Theta, es un eremita, un pensador religioso enloquecido, que vive con el difunto Épsilon, preguntándose si este y él son la misma cosa, y si la vida vale la pena, qué sentido tiene, y no queriendo salir a la luz del día. Prefiere encerrarse en sí mismo, o en la cueva, que vienen a ser lo mismo.
El noveno, Iota, es pintor, o en sentido amplio, artista, y le encanta el arte naturalista y detallista. Obsesionado está, con retratar la realidad de la forma lo más exacta posible.
El décimo, Kappa, es alto y fuerte, y sería, básicamente, un guerrero violento, autoritario y obtuso. El profesor tiene miedo de enfrentarse a él, pero cuando alguno de los otros "homoides" se pone insoportable, es él el que acaba haciéndoles callar. A golpes, eso sí, porque no sabe hacerlo de otra forma.
El undécimo, Lamda, es curioso, todo lo quiere saber, sea como sea, y hacerlo público. Es algo así como un periodista. O, más bien, como un crítico, que quiere acabar con todo para volver a rehacerlo. Pero de forma indefinida. Sería lo contrario de Eta, a quién nada ni nadie le importa, y nada quiere cambiar. Sería el transformador revolucionario contra el ultraconservador.
El duodécimo, y último, Beta, es, quizá, el más inteligente y profundo, se hace preguntas sobre su naturaleza, sobre quién o qué es. Sin embargo, al ser el menos problemático, es en quién menos se fija el profesor.

Tampoco deseaba un ser de cuerpo orgánico, pero con un cerebro cibernético, artificial.

El profesor, entonces, dejará de mantenerse lo más al margen posible, e intentará reconducir, dentro de lo posible, a sus creaciones. Lo malo es que, evidentemente, él tendrá que hacer referencia a leyes, políticos, a las ciudades, leyes, periódicos, libros, etc. creados por los humanos. Ya no podrá mantenerlos, de forma absoluta, aislados el su jardín, excepto físicamente. Los llamará a su despacho, o intentará hablar con ellos, para ver qué puede conseguir de bueno.
Pero de bueno, consigue poco. Kappa, el matón violento, acaba pensando que la mejor forma de demostrar lo fuerte que es consiste en dejarse maltratar y pegar por los demás, y aguantar estoicamente y sin queja las vejaciones de sus hermanos.
Zeta, el burgués que se pasa la vida rascándose la barriga, decide dedicarse a algo: ¡a la política!
Alfa, el engreído, acaba por deprimirse, pensando que su anterior estado de creerse feliz por ser, supuestamente, mejor que nadie, era pura fantasía.
Gamma, el comerciante, deja de serlo, para, finalmente, pasarse el día comiendo, y deshaciéndose de todo lo que tiene.
Theta, el eremita, acaba deshaciéndose de su hermano Épsilo, para transformarse en un fanático religioso que parece odiar a todos, intentando convencerles de sus fantasías teológicas, y recibiendo golpes por ello.
Delta, el inepto, no deja se seguir siendo inepto. Eta sigue pasando de todo, porque es un bueno-para-nada, mientras que Iota, el pintor naturalista, acaba siendo un artista abstracto que no soporta la realidad. Mientras, Lamda, el reformador, acaba llenándose de dudas.
Mi, sin embargo, es el único que no cambia. Como juez, hablador y poco dado a escuchar, no hace caso de nadie, y va siempre a la suya.
Respecto a Beta, el olvidado, se hace preguntas sobre sí mismo y, finalmente, acaba mutilándose, con ayuda de sus hermanos, porque no sabe si las partes -sus miembros amputados- son también parte del todo -de su cuerpo-. Y cuando parece tener la solución, muere desangrado, y el profesor decide enterrarlo en el jardín, a falta de algo mejor.
Cansado de una humanidad a la que cree imposible de enderezar, y viéndose ya anciano para crear otra, pues tendría que volver a empezar con estudios y pruebas, aprovecha una de las pocas fórmulas que recuerda de memoria -según él, se le quedaron grabadas a fuego en su cerebro, porque ese día estuvo a punto de morir asesinado por una princesa rumana que deseaba su cuerpo; o eso pensaba él-. Y esta consiste, simplemente, en hacer que el camino realizado, de un óvulo fecundado por un espermatozoide, conseguidos a partir de sus iguales de foca hasta conseguir algo más o menos humano, a hombres pensantes, vuelva al principio de todo.
Pericard conseguirá convencer a sus "hijos" -según él, creaciones de su propiedad, digamos, intelectual- de que se dejen inyectar el suero que les hará, primero, rejuvenecer; más tarde, volver a la infancia, al estado de recién nacidos; y cuando llegan a ello, el profesor los colocará a algo parecido a lechos donde se harán cada vez más pequeños, menos desarrollados hasta que, finalmente, sólo verá -o intuirá- unas células sexuales separadas que no son capaces de unirse. Y algo tan minúsculo, tan insignificante, a lo que ha quedado reducida la nueva humanidad, acabará por irse por el desagüe de un lavabo. Como dice Pericard, él fue el creador, y él el único con derecho a destruirlos.

Más tarde, irá a ver al abogado Paradell, el que escribirá el prólogo de las memorias que Pericard le muestra y regala -se ve cerca de la muerte, y desea que alguien sepa de sus experimentos y, si así lo decide, que los publique-. Sólo quiere saber una cosa: según él, no debería tener ningún sentimiento de culpa en destruir unos seres en principio pensantes, pero que no dejan de ser de su propiedad, pero, legalmente, ¿ha cometido un crimen? ¿Podría ser acusado de asesinato?
El abogado, sorprendido, alucinado, en cierto modo horrorizado, pero también maravillado, le dice que no, porque, aparte de no haber pruebas de la existencia de aquellos humanos no-nacidos-, no fueron nunca ciudadanos, ni existieron como tal, ni eran naturales de país alguno, y que su patria era un laboratorio propiedad privada. 
Finalmente, cuando el profesor, más tranquilo, se marcha, el abogado, tan asqueada y cansado como él, y más, teniendo en cuenta, los crímenes y delitos e injusticias que tiene que ver un día sí y otro también, le pregunta, simplemente, el por qué no hizo lo mismo, hacer desaparecer mediante la vuelta al pasado, a la "vieja humanidad", tal como hizo con la "nueva".

Aunque con un estilo un tanto antiguo, no deja de ser esta una obra de ciencia-ficción, con su profesor, en este caso no malvado, pero sí un tanto trastornado, su tecnología y laboratorios y, sobretodo, la idea de crear seres artificiales. Pero no androides o inteligencia artificial, tal como ahora la entenderíamos, sino auténticos humanos, y no con restos de cadáveres, o mezclándolos con animales, sino humanos más o menos como nosotros, y fracasando no en la parte técnica, sino en la moral y espiritual. O sea, en la completamente humana. Sí que el autor aprovecha para hacer todo tipo de comentarios filosóficos, pero esto, realmente, tampoco es extraño a la CF. Es lo que, hoy en día, se llama "CF de ideas", tan común entre los anglosajones.

Salvando las distancias en el tiempo, el laboratorio de Pericard, hoy en día, sería algo parecido a esto.

Y ahora que lo miro de principio a fin, para ser un simple comentario de una novela tan corta, me ha salido el texto larguísimo. El próximo, igual sale más corto, ya se verá.


sábado, 10 de mayo de 2014

Gente de mi ciudad (IV). Los escultores de Reus: Modest Gené y Joan Rebull.

Los dos escultores más importantes y conocidos -al menos, entre los reusenses- de mi ciudad.


En este caso, la entrada dedicada a la gente más o menos ilustre -yo creo que sí, ya no sé los demás- está dedicada no a uno, sino a dos de sus miembros que, además, aunque ya hallan fallecido, no son personajes de, básicamente, el siglo XIX, sino de pleno siglo XX. O sea, como quién dice, casi contemporáneos. Se trata de dos escultores, Modest Gené -el más internacional de ellos-, y Joan Rebull -conocido sobretodo en Reus y la provincia, pero considerado muy cercano a no pocos reusenses, por tener bien cerca algunas de sus obras, y que también hizo lo suyo por Europa-.


Modest Gené, el escultor viajero. Un reusense en Guinea Ecuatorial.

Modest Gené Roig (1914-1983), con sólo diecisiete años pidió y consiguió -algo después, y en dos ocasiones, en 1934  y 1935-, por parte del ayuntamiento republicano de Reus, una beca para estudiar y viajar por Europa, visitando Francia, Bélgica, Italia y Guinea Ecuatorial, en aquella época, y hasta 1968, colonia española, haciendo, en 1932 -poco antes de partir hacia el extranjero- una primera exposición, digamos, seria y profesional -evidentemente, tuvo que hacer algo parecido a una exposición, aunque fuera privada, o de puertas para adentro, para que responsables del ayuntamiento le dieran la beca-. Entre viaje y viaje al extranjero, volvía a Reus, o visitaba Andalucía. En su ciudad, esculpió el escudo de ésta, por encargo de la alcaldía; en Andalucía, en 1937 -la guerra le cogió en dicha ciudad, en 1936, siendo obligado por los rebeldes a ingresar en el cuerpo de aviación, aunque, en la práctica, sabiendo de su arte, se le "ofreció" a trabajar en diversos encargos-, realizó la escultura de un Santo Cristo, lo cual no deja de ser curioso pues, antes de la guerra esculpió un busto de Francesc Macià, primer presidente de la Generalitat republicana, y que de haber estado vivo durante la guerra, no habría sido, precisamente, simpatizante de los rebeldes que poco antes se habían hecho con el poder de la ciudad, donde imperaba, como un señor de la guerra semi-independiente, el sanguinario general Queipo de Llano.

Modest Gené, en su juventud, en uno de sus trabajos en Reus, antes de marchar a África.

El Cristo de la Purísima Sangre, que no deja de ser una obra de arte a admirar, aún no siendo religiosos.

Tras la guerra, y al no haber demostrado unas simpatías políticas demasiado afines a nadie -más bien, se le consideró un artista que trabajaba para el poder, sin más-, se dedicaría, básicamente, al tema religioso, y más, teniendo en cuenta que, hasta 1960, aproximadamente, la sociedad y cultura españolas estaban ahogadas no sólo por la dictadura franquista, sino también por el llamado "nacional-catolicismo", que imponía los valores religiosos católicos, desde un punto extremo, intolerante y  moralista -un moralismo, por lo demás, tan hipócrita como asfixiante-. Todo hay que decirlo, al igual que, durante la II República, Gené no se distinguió demasiado por cuestiones políticas, tampoco lo hizo durante el franquismo. No apoyó al régimen. Simplemente, intentó ganarse la vida, y llevar a cabo lo que no era sólo un trabajo, sino una forma de vida, lo mejor que pudo. Fue la época que le tocó vivir, como a tantos otros, y así lo intentó, creo que de una forma digna. Entre esas obras religiosas, destacar -aunque sólo fuera por ser él, y también el que esto suscribe- el Cristo de la Sangre -que se encuentra, precisamente, en la parroquia de la Purísima Sangre, de ahí el nombre-; una escultura de Santa Teresa de Jesús -para la sección femenina de Falange de la ciudad; bien, lo dicho, tuvo que tragar con lo que había...- y, sobretodo, el conjunto escultórico del Monasterio de Poblet, donde trabajó durante bastante tiempo.

El escudo de Reus, en el ayuntamiento de la ciudad.

Sin embargo, igual que viajó por Europa y África durante su juventud, volvió a hacerlo años después, también a Guinea. Tras exponer en Ceuta, Tetuán -ciudad el protectorado del Marruecos Español, que tantos problemas dio, y total para nada- y Tanger -ciudad libre y abierta a personas de todas las nacionalidades, y donde antes vivieron, trabajaron y visitaron tanto Fortuny como Tapiró, lo cual hace pensar si no iba, en cierto modo, tras los pasos de uno y otro, quizá sin llegar ni a darse cuenta de ello-, decide, en 1957, instalarse en la única colonia española en el África Negra. Allá volvería a trabajar sin descanso, realizando un retablo para la catedral de Bata, la ciudad más importante de la Guinea continental, y la llamada "Virgen negra" -o "moreneta"; "morenita" en catalán, y que está bastante claro que se inspiró en la talla que sirve de patrona de Cataluña, y que aquí, por razones evidentes, no resultaba en absoluto extraña, sino más bien integrada y asimilada a la cultura y a la gente del lugar-, que llegaría a ser, en 1987, patrona de Malabo, la capital del país, en la isla de Bioko. De ahí, el sobrenombre de "Virgen de la Isla".
Después de realizar bustos y retratos para diversos líderes políticos, tanto europeos como africanos -viajó mucho por África, pues desde su llegada a Guinea, ya no volvería a España de forma definitiva, ni tan siquiera después de la independencia, y del traumático y brutal gobierno de Macias-, incluyendo, también y lamentablemente, uno de Franco. 

La catedral de Malabo, capital de Guinea Ecuatorial.

Algunas de sus esculturas, inspiradas en la gente de Guinea, donde mezclaba el espíritu de África con el arte europeo.

Moriría en 1983, después de recibir premios y reconocimientos, y estando todavía presente en la memoria colectiva reusense, y fue enterrado en Reus, tras fallecer en Bata, como un guineano más, y sin un trato especial, por deseo propio. Allá, es considerado el escultor guineano -aunque fuera blanco y de adopción, no de nacimiento-, por antonomasia. El Instituto Politécnico de Bata lleva su nombre porque fue él, precisamente, quién luchó por su existencia, creyendo que el país necesitaba gente preparada dentro de sus mismas fronteras para progresar y avanzar económica y culturalmente -y a pesar de las dictaduras de Macías y Obiang, con los que se vio obligado, o tal vez no tanto, a coexistir-.

Virgen de la Isla, Virgen de Bisila
La "Virgen de la Isla", en la isla de Bioko, patria de los bubis, y patrona de Malabo y Guinea.

Aunque haya conseguido parte de los datos en la wikipedia, y las fotos un poco en todas partes, ha sido la web "Afrol", dedicada a noticias y artículos sobre el continente africano donde, todo hay que decirlo, se hablaba más y mejor sobre él, considerándolo un guineano más, y aún no habiendo fotos, dándome informaciones que en ningún otro sitio encontré.


Joan Rebull.

Joan Rebull i Torroja (1899-1981) fue -o más bien, es, pues la obra de un artista acostumbra a sobrevivir no sólo a su creador, sino al mismo recuerdo de éste- el escultor reusense más importante de la historia, y podría muy bien estar entre los principales de todos los nacidos en España -o en Cataluña, según lo que quiera sentirse cada uno-. Además, su vida artística fue muy fructífera, si bien parte de lo que realizó se ha ido perdiendo con el tiempo, o está bastante repartido, pues esculturas suyas lo mismo se pueden encontrar en el MNAC (Museo Nacional de Arte de Cataluña, en castellano), el Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, y el Museo de Reus -teniendo en cuenta que ya sólo queda uno propiamente dicho, creo que no es necesario añadir adjetivos diferenciadores de otros que pudiera haber en la ciudad-, además de las esculturas que se encuentran en espacios y edificios públicos, en Reus, Barcelona, el monasterio de Montserrat, etc., o en manos de particulares -en Francia, por ejemplo, donde estuvo viviendo y trabajando debido al exilio, tras la Guerra Civil-.

Una foto del escultor, ya en edad avanzada.

De origen modesto y rural, de niño fue aprendiz y ayudante del artista local Pau Figueras, que tenía un taller de imaginería -imágenes, sobretodo religiosas, realizadas en madera, y que normalmente tenían como fin adornar iglesias, o ser paseadas en semana santa-, donde aprendió, además de modelar en arcilla, el arte de tallar en madera, algo especialmente difícil si se quieren esculturas realistas. Normalmente, Rebull trabajó tanto el metal -bronce-, como la piedra -mármol- o terracota, pero nunca dejó completamente de lado la madera, pues a lo largo de su vida realizó varios encargos de este tipo. En 1915, y tras conseguir un primer premio provincial de escultura -"La tentación de San Antonio"-, marcha a Barcelona, donde estudiaría su arte, como no , en la Escola de la Llotja -Escuela de la Lonja-, donde, muchos años después, también lo haría el multipremiado Plensa, además de trabajar en el taller del marmolista Bechini.

Una de sus versiones de "Mujer tendida". Volvería en varias ocasiones sobre el tema del desnudo femenino.

A partir de ahí, despegaría su carrera, con una exposición en el Centro de Lectura de Reus, se casa por primera vez -tendrá tres hijos, de este matrimonio-, y, entre 1926 y 1929 vivirá en la población francesa de Deuil-la-Barre, muy cerca de París, lo que le permitiría conocer personalmente a Picasso, y a realizar diversos trabajos en la capital francesa. También en 1926, expondrá por primera vez en Madrid, en una exposición organizada por "El Heraldo de Madrid", a la vez que expondría en el Grand Palais, junto a otros artistas independientes y poco conocidos, pero prometedores y en general jóvenes. En aquella época, volvería a Madrid para exponer algunos dibujos abstractos -quizá, la única ocasión en que se dedicó de forma seria a la pintura-, en la llamada "La Galería de Madrid", un espacio privado donde se podía exponer todo tipo de arte, y que resultaba acogedor y facilitaba el trato con los artistas, y que estos mismos se conocieran entre sí.
Con la II República, se presentó por ERC al parlamento de Cataluña, salió elegido, y al poco, consiguió el cargo de responsable de la Junta de Museos de Barcelona. Sería una gran época, esta, pues significó no sólo el reconocimiento de su carrera artística, sino también política. En aquellos años, incluso viajaría a Italia, por encargo de la Generalitat, y acompañado del pintor Ignasi Mallol, para conocer los métodos de enseñanza en este país, además de facilitar la apertura de una escuela artística pública con cuarenta alumnos.
Pero tras la guerra, tuvo que marchar al exilio, donde enviudó en 1943, y donde se volvió a casar, y a tener dos hijos más. En Francia trabajaría para la Cámara Sindical de la Moda, para un encargo en el "Teatro de la Moda", inaugurado en 1945, consistente en las manos y cabezas de 170 maniquíes, que vestirían los mejores trajes y vestidos de los diseñadores de la época, así como unas figuras de sirenas y centauros, que servirían de adorno extra a todo ello. Dicho montaje sería llevado más adelante a Gran Bretaña, donde se le conoció y reconoció su imaginación, y se le hizo otro encargo especial: una representación -en estatuas o en relieves- de los diversos matrimonios reales de la historia británica, para celebrar los esponsales de la futura reina Isabel II, que se iba a casar en breve. Sin embargo, apenas queda nada de aquella época; casi todo se perdió -por eso, no se sabe bien en qué consistió el trabajo en su conjunto-, incluido un busto de la actual reina, que sólo se conoce por fotografía.

El "Sant Jordi" de Barcelona, delante del ayuntamiento.

Tras retornar en 1949 a España, trabajará reparando los destrozos provocados por la guerra en diversas iglesias de todo el país, creando monumentos urbanos para diversas ciudades, y, principalmente, en el monasterio de Montserrat, donde sería el responsable de la nueva fachada, así como del sarcófago del abat Marcet.
Pero, antes de llegar al final, dejar un poco claro, aparte de los trabajos en iglesias, Montserrat, o para modernistas o exposiciones -como las que, pasado el tiempo, protagonizaría, o en las que participaría, en Madrid, la Habana y Sao Paulo, en los años 50 y 60-, hablar sobre la diversidad de su obras "independientes", por llamarlas así. O sea, estatuas individuales, no trabajos en edificios religiosos, o encargos para personalidades importantes -la futura reina británica, como ya se ha indicado- o profesionales, como en París -el "Teatro de la Moda"-:
En primer lugar, sus estatuas urbanas -o monumentos-, de raíz histórica en no pocos casos, que adornaban plazas o calles, o presidían edificios públicos. Son las más conocidas y reconocibles, y las que, como acostumbra a pasar -y de forma comprensible- le hicieron más famoso y estimado por el pueblo. Caso de "La pastoreta" -"La pastorcilla", en castellano-, en su (y mi) ciudad, Reus, en 1954. Se refiere a Isabel Besora, una pastora que tuvo, supuestamente, una visión de la virgen que le auguraba el fin de la peste que estaba asolando la ciudad durante la Edad Media. Otras, serían las diversas versiones que hizo de Sant Jordi, el patrón de Cataluña, tanto en iglesias -aquí, más bien sería un personaje religioso-, como en lugares públicos. Dos versiones del mismo personaje estarían en la Rambla de Cataluña, en Barcelona, y en el Paseo de San Jordi, en Reus. La ciudad de Blanes -en la Costa Brava, en Girona- le encargaría (1958) una estatua dedicada al escritor Joaquim Ruyra, natural de la ciudad, y él, en lugar de representar al hombre real, lo hizo con uno de sus personajes, el fraile San Sadurní de Croïlles, protagonista de su novela "Las cosas benignas", y que en la ciudad costera es -o al menos era en su época- especialmente conocido y querido.
También se podría hablar de sus retratos, o bustos, aunque algunos son algo más que cabezas. Uno de ellos, de los más curiosos, está hecho en piedra, pero no tiene el color natural de ésta, sino que es piedra policromada -o sea, pintada, como las antiguas estatuas romanas, aunque hasta hace poco se creía que eran monocromas-: "Maria Rosa" (1935), una niña, hija de un pintor amigo suyo, donde el realismo -como el del pelo- contrasta con una mirada como hierática, ensimismada en sí misma, como a veces se ve en los niños.

El retrato "Maria Rosa" (1935), de piedra policromada, para dar más realismo.

Así también, se atrevió con el desnudo femenino, que en aquella época -el franquismo- era tema tabú. Hay varias series de estatuas, que llevan el nombre que correspondería a la posición de la mujer retratada: "Mujer sentada", "Mujer en pie -o derecha, según como se quiera traducir-, o "Mujer tendida". En no pocos casos, eran encargos privados, o bien se exhibían en el extranjero -Francia-, pero a partir de los 80, no sólo empezaron a exhibirse en España, sino que volvió al tema, e hizo nuevas versiones y series.
Otra estatua que se podría considerar monumento, aunque no tenga ni base histórica ni religiosa, sino biográfica -haciendo referencia al mismo escultor- es "Alegoría: los tres gitanillos" -"Al.legoria: els tres gitanets", en catalán-, que hacen referencia al mismo Rebull y a dos amigos suyos de niños. Lo de "gitanillos", realmente, no hace referencia a su origen racial -ninguno de los tres pertenecía al pueblo gitano- sino que a la calle donde vivían, y donde se conocieron, se le conocía comúnmente como "la de los gitanos".
También hubo escultura religiosa con suficiente personalidad propia como para ser destacada. Caso de "La Natividad", dedicada a la Virgen y al Niño y hecha de alabastro blanco, en la iglesia de Betlem de Barcelona, donde el realismo en los rasgos de la Virgen están inspirados en la propia esposa del escultor, y donde el arte renacentista tiene un toque más moderno que, aún así, no desentona en absoluto con la arquitectura barroca -es relativamente moderna- de la iglesia. De todas formas, hay multitud de obras, a veces consideradas menores, en multitud de iglesias y monasterios, en los que trabajó durante toda su vida, aunque él prefirió dedicarse un poco a todo tipo de temas, y también de materiales: bronce, alabastro, mármol, madera, terracota...

La estatua de "La pastoreta" -"La pastorcilla"-, en la plaza del mismo nombre, en Reus.

"La Natividad", en la iglesa de Betlem -Belén- de Barcelona.

Y como se ha dijo al principio, y haciendo referencia al arte sacro, también practicó la talla en madera: en su juventud, "San Joaquín y Santa Ana", para el santuario de Misericordia de Reus, y más adelante (1950 y 1957) dos pasos de semana santa, también en Reus: el "Ecce homo", con Cristo y Pilatos; y "La negación de Pedro".
La verdad es que reconozco que mi conocimiento sobre la obra de Rebull, como la de Gené, era muy limitada antes de escribir todo esto. Así pues, aunque apenas nadie llegue a leerlo, al menos podré asegurar que, de alguna manera, el querer rellenar el blog con algo -de aquí a poco, cosas distintas, aunque sin olvidar del todo mi ciudad, que a veces critico tanto-, me ha ayudado a conocer más en profundidad las obras de algunos de mis conciudadanos. Algo es algo.

"Alegoría: los tres gitanillos". Esta sería, quizá, la "versión original", a la entrada del ayuntamiento de Barcelona. Otra igual se encuentra en el cementerio de Reus, en la tumba del escultor.

Y dejando aparte esta disgresión, decir, simplemente, que el escultor murió en Barcelona en 1981, que desde allí fue trasladado a su ciudad natal para ser enterrado, y que en su tumba se puede ver una reproducción de una de sus obras preferidas, la de los tres gitanillos, tal como él dejó dicho antes de fallecer.

Por cierto, para quién tenga interés en el Teatro de la Moda de París, aquí dejo un enlace con un blog que habla largo y tendido -y muy bien- sobre ello. Está en francés, pero aún sin tener traductor, se entiende bien, pues está lleno de imágenes.