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viernes, 12 de diciembre de 2014

Jacques Tardi (II): Los géneros y los personajes principales: el folletín.

En esta segunda parte, su visión del folletín en su doble vertiente: el fantástico durante la "Belle époque", y el histórico de "El grito del pueblo".


En la primera entrada dedicada a Tardi, básicamente se habló por encima sobre su vida, sus ideas políticas -o su visión del mundo, un tanto fuera de la política-, y se habla de obras que, en sí mismas, no forman parte clara de ningún tema o grupo que incluyera trabajos que contaran con los mismos personajes o temática. 
En esta segunda, se hablará de sus tres temas preferidos, aunque aquí pueda dividirlos en cuatro, por una razón que explicaré en este párrafo: la Primera Guerra Mundial, en la que participó su abuelo, y donde podría incluirse también su único álbum -por ahora, pues hay otro por salir, no se sabe todavía exactamente cuando- sobre la II; el género negro, tanto los álbumes protagonizados por Nestor Burma, como otros independientes y con un estilo más "moderno"; y por último, el folletín, que incluiría las aventuras de Adèle Blanc-Sec, de Brindavoine -finalmente, los caminos de una y otro acabarían por entrecruzarse-, y "El demonio de los mares". Aquí, también, en teoría, deberían ir los cuatro álbumes que forman la obra -quizá la más ambiciosa, y que ha sido finalmente publicada en forma de recopilatorio casi de obligada lectura para cualquier seguidor del autor- "El grito del pueblo", sobre la Comuna de París. Sin embargo, tratándose de un relato con características y origen distintos al resto, prefiero dejarlo para el final, como un cuarto tema tratado en más de una ocasión, aunque actualmente, como ya se ha dicho, se venda como un libro de los llamados "integral", y no en su forma original, de cuatro capítulos o partes.
Ahora, después del preámbulo, entremos en materia.


Adèle Blan-Sec, Brindavoine y compañía. La loca alegría del folletín de la "Belle époque".

En determinado momento, se le pidió a Tardi que creara algún tipo de "personaje referencial" o carismático. Alguien de quién pudiera hacerse algún tipo de serie de álbumes, que fuera reconocible por el gran público. En resumidas cuentas, que su nombre y el de su autor tuvieran una clara relación, como Tintin y Hergé, o Asterix con Uderzo y Goscinny.

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Una viñeta de "Adiós Brindavoine": El personaje en un lugar indefinido de Afganistán, o al menos, el Asia Central. El exotismo era algo habitual en la nueva historieta de la época. Y si aquellos lejanos países y ciudades eran retratados con realismo y fidelidad, mejor que mejor.

El "Palacio de hierro", pura arquitectura industrial,  donde el fotógrafo Brindavoine sería trasladado de forma misteriosa, y que finalmente sería asaltado y destruido por las tribus nómadas de las tierras afganas donde fue levantado, buscando, con seguridad, el pasar inadvertido por las potencias occidentales.

Ese personaje fue Brindavoine, y su primera historia -que debía haber sido el primero de varios álbumes-, publicada en 1974 por la belga Casterman -como gran parte de su obra- se llamaría "Adiós Brindavoine". Se trata de un relato bastante curioso, como mínimo, donde el protagonista, aparentemente un tipo debilucho y un poco cobarde, aunque buena persona, es literalmente arrancado de su cómoda vida parisina para ser arrastrado a un exótico Afganistán, donde se las tendrá que ver con un tirano anciano y enfermo, rodeado de siniestros personajes -unos, físicamente tan débiles como cobardes; los otros, matones y personajes nada recomendables-, que vive en un palacio metálico en medio del desierto, siempre en riesgo de ser conquistado por los salvajes habitantes del lugar. La historia no es que tuviera demasiado éxito en revista, y cuando Tardi inició una segunda historia de Brindavoine -ese personaje delgado, alto y desgarbado, con gafas y traje gastado y pasado de moda que parece irle siempre grande, y que, con diversos nombres y oficios, y sin apenas cambios físicos, parece repetirse en diversos trabajos del autor, bien distintos entre sí-, cuyas aventuras transcurrían en plena I Guerra Mundial, las escasa ventas del álbum -que, con el tiempo, ha seguido teniendo modestas pero continuas tiradas, transformado casi en una rareza buscada por coleccionistas y seguidores del autor-  fueron la causa de que se le "convenciera", o forzara, a dejarla inacabada.

Una portada -superpoblada de personajes", de "El misterio de la Salamandra", donde Adèle Blanc-Sec y Brindavoine se entrecruzarán para siempre.

Una página de "La rosa y el fusil", donde "la patria", en forma de estatua de su personificación en una guerrida y brutal Marianne, obliga al pobre soldado Brindavoine que vuelva a la lucha.

Esta sería "La rosa y el fusil" -también de 1974-, y debido a que sólo contaba diez páginas, desde ese momento, se publicaba siempre junto a "Adiós Brindavoine". Parece que, excepto la historia ambientada en la Gran Guerra, el personaje ha ido siendo poco a poco olvidado por Tardi, que incluso reconoció que "Adiós..." no deja de ser una especie de "pecado de juventud", un experimento en temática y dibujo, que, una vez revisado -al menos, en mi opinión de aficionado al trabajo de Tardi- no ha envejecido nada mal y que, además, muestra la ruptura del cómic franco-belga con la llamada "linea clara", y con temáticas y estilo que, hoy en día, podrían parecer -como le parecieron también en los 70 y 80 a no pocos autores- bastante pasados de moda. Brindavoine es un anti-héroe, y en "La flor y el fusil" no es más que un soldado que no sabe qué demonios está defendiendo -¿patria, religión, gobierno?-, lo que sirve de excusa al autor para atacar todo lo que considera "intocable", la sociedad burguesa e hipócrita que habla de patriotismo, mientras manda a millones de jóvenes a luchar, matar y morir en lo que fue -hasta la Guerra Mundial siguiente- el mayor matadero de la historia humana. Aunque Tardi no pudo acabar dicha historia, la primera sobre la guerra en la que intervino su abuelo paterno, sí que hizo aparecer, años más tarde, a Brindavoine en el mundo de Adèle Blanc-Sec. Para ser más exacto, en el álbum "El secreto de la Salamandra", donde la protagonista, realmente, sólo aparece en la historia final, resucitada de una muerte a la que esquiva gracias a la tecnología -fantástica, como cualquier máquina folletinesca-, despertando en un mundo nuevo, más moderno y cruel, arrasado por la guerra. Una guerra que ya no era la suya, habitante de una época ya perdida, la anterior al conflicto, donde todo el mundo era más inocente. Y tal vez, y por eso el desastre que arrasó a Europa se extendió con tanta facilidad, más fácil de engañar. Más adelante, Brindavoine aparecería en otras aventuras de la joven periodista y escritora -como no- de novelas por entregas -folletines, sí, al fin y al cabo-, haciendo que el mundo de Blanc-Sec, y el de Brindavoine, se fusionen en uno solo.
Pero, al tiempo, Tardi también publicaría, directamente en forma de álbum, uno de sus trabajos más originales, fantásticos y atractivos "El demonio de los hielos", también en el año 1974 -si bien, parece que llevaba ya tiempo enfrascado en su creación. Aquí, mezcla la novela de aventuras científicas con algo tan difícil de pasar al cómic como es el grabado, herencia mezclada, reconocible, tanto de Jules Verne -el creador, como decían erróneamente los británicos, del "romance científico", traduciendo como romance el francés "roman", que en realidad significa, simplemente, novela-, con el legendario arte de un Gustave Doré, el rey -sin duda- del grabado, cuyo trabajo a servido para ilustrar tantas y tantas obras, durante siglos. Aquí se puede observar tanto un ejemplo de lo que, años después, sería conocido como "steam-punk", con el pesimismo que siempre ha sentido Tardi a la hora de retratar a la sociedad humana en su sentido más amplio -y más todavía, a su patria, pues si bien él siempre se ha sentido francés, no duda en atizar con dureza a todo lo que le parece corrupto y falso-. Aquel optimismo cientifista que tenían Verne, Wells y otros muchos, en Tardi, hombre del siglo XX, que sabe bien lo que esa "maravillosa ciencia" puede hacer en los campos de batalla -él, hijo y nieto de soldados en dos guerras mundiales-, no tiene cabida. No es que no quiera aceptarlo. Muy probablemente, es que no puede. Aquí, vemos una extraña amenaza que, como Nautilus del capitán Nemo, hunde barcos en todos los océanos del mundo -sobretodo, en aguas del Norte-, pero, lejos de criminalizar o criticar con dureza a los que consideraríamos malvados, más bien los comprende, mientras que el protagonista -que, como no, tiene algo más que simple semejanza con Brindavoine- más bien parece un pobre tipo que sirve de excusa para que la historia avance, y se nos explique qué hay detrás de los misteriosos hundimientos. Podría explicar algo más, pero creo que este álbum, que es auto-conclusivo, es de los más interesantes para cualquiera que desee conocer la parte menos social de la obra de Tardi. Eso, y alucinar con las imágenes de un mundo que ya no existe, con grabados que parecen pura magia, con los protagonistas moviéndose por ellos como si fuera en un sueño de tinta china.

Dos ejemplos de la fusión entre grabado y cómic de "El demonio de los hielos", una obra neo-verniana, pero sin el optimismo de un siglo XIX lleno de maravillas tecnológicas.


En 1976 Tardi crearía al que sería -y sigue siendo- su personaje más popular, no sólo por el gran número de historias largas que protagonizaría, sino también por su éxito de ventas y crítica, por la forma en que ha perdurado su recuerdo -a pesar de que, en los últimos años, apenas ha salido al mercado un nuevo álbum- y por, dentro de lo que cabe, su originalidad, amén del carisma que detenta: Adèle Blanc-Sec, escritora y protagonista, al tiempo de folletines.
Su primera historia sería "Adèle y la bestia" (1976), donde se presenta al personaje, y el mundo en el que se mueve. Adèle es una mujer independiente, con fuerte personalidad, que se las ve y se las desea con su editor para publicar sus historias sobre monstruos, momias, brujos y sectas satánicas -más o menos, lo mismo que se encontrará en las calles, y bajo ellas, de la "Ciudad Luz"-, que vive sola -o no tan sola, pues tiene a una momia en el comedor, y la trata como si fuera, como quién dice, un amigo que no da mucha conversación, pero tampoco dolores de cabeza- y que, si no tiene ni novio, ni líos amatorios, ni sexo -algo curioso esto último, teniendo en cuenta que Tardi nunca tendría problema, ni antes ni después de esta primera historia de Adèle, en representar relaciones sexuales de todo tipo- básicamente, por una poderosa razón: no le da la real gana, pues ella prefiere mantenerse siempre independiente. No sufre la soledad, sino que la disfruta, aunque a lo largo de sus historias, se cruzarán en su camino todo tipo de personajes. Algo, por lo demás, muy habitual del folletín: toda una serie de personajes principales, secundarios o casi accesorios, que nunca se acaba de saber de donde salen ni que pintan realmente en la historia, pero que le dan más colorido, pero también algo de confusión, sobretodo, a la hora de intentar recordar todos los nombres -algo que a mí, personalmente, se me antoja un tanto complicado, si se trata de nombres o apellidos franceses-.

La portada de "Adèle y la bestia", que ha acabado siendo uno de los iconos de la serie.

Adèle en "El sabio loco", donde el resucitado pitecántropo no es, en absoluto, el más primitivo de todos los homínidos que pasan por la historia.

En esta primera aventura, repito lo de primera, la bestia en particular es un pterodáctilo que ha nacido de un huevo fosilizado que, debido a una ciencia que parece salida en lo que Maurice Renard -tanto tiempo hace, que se habló de él en este blog..., o ese me lo parece- llamaba "científico-maravilloso", donde la ciencia y la magia parecen ser dos caras de la misma moneda, pues una y otra son capaces del mayor de los prodigios. Adèle, que más que vivir aventuras, le caen encima, acaba averiguando el origen de la bestia prehistórica, culpable de varias muertes de ciudadanos parisinos, ante la completa incapacidad del comisario Caponi -otro personaje que será habitual en sus aventuras- que sirve a Tardi para criticar, de nuevo, a lo que llamamos "fuerzas de seguridad del estado", aunque aquí, al menos, el policía en cuestión sólo es un inútil y un vago, y no algo peor.
En el mismo año, vendría "El demonio de la torre Eiffel", donde aparece el monstruo -o demonio- Pazuzu, y Adèle se las verá -otro clásico de las novelas por entregas decimonónicas, francesas o británicas- con una misteriosa secta que aparentemente tiene influencia de la antigua religión egipcia, pero que pone de punta los pelos de la ciudadanía bienpensante, básicamente, por su más que criticable costumbre de realizar sacrificios humanos. Aquí también, Tardi demuestra que se lo pasa en grande dibujando a Adèle y compañía, inventando enemigos o peligros tan inverosímiles como carismáticos, dando vueltas de guión, riéndose de historias que no se pueden tomar en serio, y, en definitiva, haciendo disfrutar a cualquier amante del cómic franco-belga y europeo en particular, y del cómic en general. En 1977, llegará "El sabio loco", donde se las verá, como da a entender el título, con un "evil doctor", uno de esos científicos que juegan a ser Dios -desde el doctor Franckenstein, hasta el Lerne de Renard, pasando por no pocos doctores orientales de las películas de Gotzila y compañía que la compañía japonesa Tojo hacía como churros durante décadas- y que tiene la peregrina idea -o no- de resucitar a un homínido, un "hombre-mono", que resulta ser, contra todo pronóstico, un perfecto caballero, que si desentona en el París de un naciente siglo XX, no es por su barbarie sino, curiosamente, por ser demasiado buena persona. En 1978, "Momias enloquecidas", donde el vendado compañero de piso de Adèle -que resulta tener una hermana, que aparece de un día para otro- acaba teniendo su importancia, se asiste a una resurección de momias, y que sería parte del material usado para la película que, años después, se haría sobre el personaje.

Adèle en la portada de "El misterio de la salamandra". Nunca se vería tan acompañada en una sola viñeta. Otra cosa es que dichas compañías sean más o menos recomendables.

Habría que esperar hasta 1981 para poder leer una próxima aventura de la sinpar escritora -que no está demasiado claro cuando tiene tiempo de ejercer de tal-. En la historia anterior -espero no fastidiar a nadie con el spoiler-, Adèle, aparentmente, muere, pero permanece en estado de hibernación -o de criogénesis, según se mire-, por lo que en "El secreto de la salamandra", Adèle sólo aparecerá en la última página de la historia. Historia en la que aparecerá, por primera vez, el bueno de Brindavoine. Así, Tardi, que aún es capaz de hacer una buena y enrevesada historia -aparte de una de sus mejores y más superpobladas portadas-, introduce a un personaje por el que ha dicho en más de una ocasión que siente gran simpatía, pero que hacía mucho -desde la fallida "La flor y el fusil"- tenía abandonado, aunque, por lo que se vería, no olvidado. A partir de ahí, el ex-soldado, ahora manco por una herida que él mismo se provocó para librarse de la carnicería de la Gran Guerra, entraría a formar parte del mismo universo de Adèle. Universo del que también forma parte, aunque sea de forma modesta, "El demonio de los hielos"; y esto es así, porque en sus historias, dicho álbum es, en realidad, un libro de ciencia-ficción primigenia, al estilo de los de Verne, y un auténtico super-ventas.
"El ahogado de dos cabezas" (1985) significaría varios cambios: el primero, que Adèle, hija de la "Belle époque" y de la alegría de vivir en unos tiempos de bonanzas, adelantos científicos, y confianza en el futuro de la humanidad, y que murió en los estertores de dicha mitificada época, despertaría en un mundo nuevo, que ha sufrido un terrible conflicto militar que casi destruye Europa. El segundo, que Tardi demuestra haber perdido bastante interés en seguir con las aventuras de su heroína más famosa,  y sus historias se van espaciando en el tiempo cada vez más y más. Aún se puede ver el peligro de una ciencia que parece magia negra, según en qué manos esté; también, la corrupción de un estado asesino, que poco antes ha sacrificado innumerables vidas en nombre de la patria, la religión y una bandera que a Adèle le provoca asco y pavor al tiempo. Pero poco a poco, la joven, que tras despertarse en un nuevo tiempo, decide cortarse el pelo y cambiar de vestuario, empieza a cansar a Tardi, que le resulta una buena forma de ganar dinero, y le sirve para publicar historias más a su gusto, pero quizá también menos comerciales, es cierto, pero que también parece resultar un escollo para dedicarse a nuevos proyectos, pues el autor nunca se ha querido dedicar a un solo tema en particular. Aunque, incluso, nos parezca que Adèle puede llegar, si no a enamorarse, sí a interesarse por un hombre -al que intentará salvar de una ejecución por un crimen que no ha cometido-, y todavía presenta seres como unos extraños animales acuáticos que habitan las profundidades de las lóbregas alcantarillas parisinas, llega el momento en que se nota la desgana, y que Tardi ya no está por lo que tiene que estar.

En "El misterio de las prufundidades", Tardi aprovecha el interés de los europeos de hace un siglo o más, por la ciencia y el descubrimiento de nuevos animales o plantas. A pesar del cientifismo de la época, no poca gente -y gente culta, parte de ella- soñaba, incluso estaba segura, de que antes o después, se encontrarían terribles monstruos en las profundidades o selvas que poco a poco se iban explorando.

Una de las mejores páginas de "El ahogado de dos cabezas", donde un misterioso ente campa a sus anchas por París, aunque en no pocas ocasiones, pasando desapercibido. Y de paso, una excusa de Tardi para dibujar trenes, algo que hace siempre que puede -su padre trabajó para el ferrocarril, y se aficiono a ello siendo niño-.

En 1994 vendría "Todos monstruos", en 1998 "El misterio de las profundidades", y finalmente, o no, en 2007, "El laberinto infernal". Si en las dos primeras, aún vemos una historia propiamente dicha, la última es un tanto curiosa, y, para no pocos seguidores de la serie, un poco decepcionante, pues, en un dibujo un tanto más parecido al de las primeras historias, no parece suceder realmente nada. Explicándolo mejor: se ve a todo tipo de antiguos y nuevos enemigos de Adèle planeando como acabar con ella, se sabe de una extraña apidemia de gripe aparentemente incurable -y que parece transformarse en algo peor, si se consume cierta supuesta medicina-, y por ahí anda una mano misteriosa sin dueño, y una bestia que devora gente pero, finalmente, no parece haber forma de saber qué es lo que ha pasado. Y la razón es simple, tanto como que es la primera parte de un díptico. Pero cuando llegará la segunda parte al mercado... eso no se sabe. Han pasado ya siete años, pero como entre la penúltima historia y la última pasaron nueve, pues no hay forma de saber cuando Tardi volverá, se supone que, esta vez sí, por última vez, a dibujar a su amiga de media vida. Eso sí, si lo hace, será más porque la editorial Casterman, y sus muchos seguidores le fuercen a ello, que porque él quiera. En realidad la misma Blanc-Sec dice, al principio de su última obra que ella tampoco quiere estar ahí, y que no sabe realmente qué es lo que hace allá, en un tejado bajo un cielo lleno de humo. Algunos, incluso, hablan de "la aventura perdida de Adèle", pero no creemos que Tardi sea tan poco serio como para dejar el serial inconcluso. Y si no, tal vez, en un futuro, veamos a la escritora dibujada y guionizada por otros autores, como el mismísimo Asterix. Al tiempo.

"Todos monstruos", transformado en una especie de vodevil, con multitud de extraños y enloquecidos personajes que entran y salen a cada momento de la historia principal.

Parte de la primera página de "El laberinto infernal", donde una Adèle con nuevo look -el pelo más corto, y sin sombreros emplumados- nos dice, mirando cara a cara al lector, que ella tampoco sabe qué está haciendo ahí, entre chimeneas y columnas de humo, y que no es que se encuentre demasiado cómoda, precisamente.

Adèle Blanc-Sec ha sido llevada al cine en una ocasión, en 2010, nada menos que por Luc Besson, admirador de la obra de Tardi, y de las aventuras de tan curiosa y  carismática escritora. Sin embargo, parece que la película no tuvo el éxito esperado, ni dentro ni fuera de Francia. La actriz que encarna a Adèle, Louise Bourgoin, es sin duda una preciosidad, pero tal vez no se correspondería, exactamente, al tipo de mujer que imaginó Tardi a la hora de dibujar a su heroína. Además, la historia es una mezcla de "Adèle y la bestia" y "Momias enloquecidas", sin saber fusionar del todo ambos relatos, aparte de que, en ocasiones, incluye cierto humor muy francés, pero que, para otros públicos, puede parecer un poco tonto, o algo molesto. También -aunque esto no tiene por que ser una pega en sí mismo-, el director coloca a Adèle en Egipto, además de en Francia, cuando, quién haya leído sus aventuras, sabrá que todas ellas transcurren en París. Aún así, aunque sólo sea por curiosidad, y teniendo en cuenta que la ambientación está bastante cuidada -aunque alguna imagen del pterodáctilo deja un poco que desear- tampoco está de mas el verla.

El cartel en inglés de la película sobre las aventuras de Adèle Blanc-Sec.

Adèle, con su abrigo verde y su sombrero emplumado, tan característicos en todas sus aventuras anteriores a "El misterio de la salamandra", en un cartel en japonés.

No sé si es una de las mejores imágenes de la película, pero sí de las que mejor representa el carácter del personaje -bueno, y algo de morbo a la francesa, también tiene-.

Un cartel latinoamericano, con un título alternativo.

Existe también una web dedicada al personaje y sus aventuras. Está en francés, y no siempre se pueden ver bien todas las ilustraciones, pero para el que entienda la lengua gala, o consiga que su ordenador haga una traducción en condiciones, está llena de datos y curiosidades. Este es un enlace.


"El grito del pueblo": La otra cara del folletín, aquí transformado en crónica histórica y proclama social.

Entre 2001 y 2004, Tardi realizaría, junto al novelista y guionista de televisión y cómic Jean Vautrin, una de sus principales obras, dividida en cuatro álbumes que, en adelante, se acostumbrarían a publicar en forma de un integral de más de 300 páginas y tapa dura que, para cualquier seguidor del autor francés -y del cómic europeo adulto en general-, se ha transformado en un auténtico clásico: "El grito del pueblo". Los cuatro álbumes que conforman tal obra serían: "Los cañones del 18 de marzo" (2001), "La esperanza asesinada" (2002), "Las horas sangrientas" (2003), y "El testamento de las ruinas" (2004), cada uno de ellos con una portada de las que se hicieron clásicas en la obra de Tardi, pues fue una de las ocasiones en que pudo esforzarse más -y lo consiguió con creces- en realizar un trabajo que podría considerarse, más que historietístico, de ilustrador.

Una de las portadas de "El grito del pueblo", transformada ya en un clásico, y que ha acabado reflejando ideales revolucionarios y rupturistas más allá de la obra del su autor.

Ninguno de los cuatro álbumes es especialmente distinto a los otros tres. En realidad, se trata de un continuo, de un folletín pasado al dibujo, donde Vautrin, que en principio deseaba simplemente escribir una novela que contara con una portada y algunos dibujos interiores -ilustraciones que ocuparan toda una página- realizados por Tardi, acabó escuchando de éste algo que no se había atrevido a plantearle, debido no sólo por la dificultad, sino también por el tiempo y trabajo que tenía el proyecto: ¿por qué, en lugar de representar la historia de un episodio histórico tan poco tratado como fue la Comuna de París, sólo en forma de novela, no se hace también en formato de cómic? Evidentemente, aquello, si quería hacerse bien, necesitaría no meses, sino años de trabajo. Además, Tardi dejó claro que -no sólo por cuestiones económicas o contractuales, sino también por deseo de hacer otras cosas- compartiría dicho proyecto con otros -policíacos, bélicos...-. Aún así Vautrin, según reconoce él mismo, quedo encantado, así que, además de publicar su novela -sin ilustraciones entremezcladas con el texto-, realizaría el guión del cómic.
¿Qué debía, ser, "El grito del pueblo"? Trata, básicamente, de recrear el levantamiento popular de la Comuna, en París -de ahí que a los que participaron en ella les llamaran comuneros y, según dicen algunos, de ahí viene la palabra "comunismo"-, tras la derrota estrepitosa de los ejércitos imperiales de Napoleón III frente a los prusianos -o más bien, los alemanes, pues fue la unificación alemana, lo que favoreció la creación de un ejército alemán, de alma prusiana, que pasó como una apisonadora sobre los franceses en Sedan-. Los alemanes persiguieron al ejército francés hasta la capital, y finalmente, el emperador, sobrino del conquistador de Europa, acabó huyendo con el rabo entre las piernas. Mientras, los políticos "moderados" crearon un gobierno provisional, que acabaría por ser la llamada III República, capitaneada por Thiers, que en el cómic es llamado de todo menos guapo, y que es considerado un tipo débil con los poderosos que alegremente lanzaron a Francia a una guerra que, en teoría, ganaría de calle, y frente al ocupante alemán, pero al tiempo, usa puño de hierro para mantener a raya la indignación popular.
Y fue en ese momento, en que los más pobres de París -más de media población de la capital, en realidad- que decide, de forma espontanea, sin un auténtico líder -aunque muchos participaran en los primeros levantamientos, y no pocos intentaran alzar la voz, aquí no hubo una cabeza visible y claramente destacable- que decide hacerse con los cañones que vigila el ejército, y que no llegaron a usarse para defender la ciudad contra el invasor -en realidad, no llegó a haberla; antes hubo rendición-. Y tras ese primer golpe popular, masivo e inimaginable -una segunda Bastilla-, vendrían los revolucionarios, nuevos y viejos, que intentarían mantener un poco de orden en aquella minúscula República Libertaria, que sería mitificada tanto por comunistas como por anarquistas, por feministas y socialistas, sindicalistas o parlamentaristas varios. Y quizá, el hecho de que todos se acuerden de ella, es por lo poco estudiada -y enseñada, sobretodo en colegios e institutos- que ha sido. No dejaba de ser -bajo gobiernos conservadores, o simplemente "de orden"-, y lo es todavía, algo bastante incómodo. Cierto es que hubo, por parte de los revolucionarios, abusos, errores, ideales imposibles, y, como en cualquier momento en que la autoridad falla, crímenes. Pero si se les compara con la política de exterminio, de tierra quemada, que el ejército, la policía y el gobierno republicano, con el apoyo de todos los "bienpensantes" -y el apoyo moral de todos los gobiernos europeos, alemanes teoricamente enemigos incluidos, que ni quería hablar de otra Francia revolucionaria, aunque dicha revolución apenas traspasase los arrabales parisinos-, la verdad es que no se puede hablar de una igualdad, ni tan siquiera una aproximación, en cuestión de sangre derramada.

Uno de los prostíbulos de lujo -o casi- de la época del Segundo Imperio, que seguirían prosperando durante la República.

Tardi y Vautrin se harán servir de una enorme cantidad de personajes, principales o secundarios -algunos, incluso, simples extras, pero que servirán para describir a las distintas clases sociales, oficios, o participantes en la revolución- para retratar aquellas pocas semanas en que, en los barrios bajos de la Ciudad de la Luz, nació y creció, sin poder llegar a la edad adulta, un nuevo tipo de sociedad, en que el pueblo creía ser libre de cualquier autoridad, y donde políticos reformistas y revolucionarios, sindicalistas, periodistas e intelectuales, líderes sociales salidos desde los más profundo de las masas populares, o simples delincuentes o aprovechados que intentaban no sólo salir a flote, sino prosperar en tiempos tan convulsos, intentaban crear algo parecido a un nuevo tipo de autoridad, en que la libertad y la igualdad no tuvieran que convivir -o coexistir- con una opresión y desigualdad que acabara por ahogarlas. El autor tuvo no sólo que imaginar el aspecto de los distintos personajes, sino también que fueran fácilmente reconocibles -de ahí el trabajo que tuvo que hacer con cabellos, barbas, trajes, vestidos y uniformes, gafas, etc.-.  

La "pacificación" del ejército y del gobierno del presidente Thiers. La III República, que acabaría con la invasión y ocupación nazis, y que daría paso a la IV tras la guerra y el gobierno provisional de De Gaulle, tuvo unos inicios sangrientos y no precisamente ejemplares, que todos los políticos y militares, y en general los llamados "pilares de la sociedad" intentaron tapar, ocultar o tergiversar, durante generaciones. Hasta hace pocos años, la masacre de los comuneros, al igual que las críticas al pésimo trato dado a los soldados durante la I Guerra Mundial, o el colaboracionismo con los ocupantes durante la II, fueron tabúes en la sociedad francesa.

El inspector Grondin -tan temido por el hampa, como oscuro su pasado-, obsesionado con vengar la muerte de su sobrina e hija adoptiva; el también inspector Barthélemy, un hipócrita u egoísta servidor del estado; el capitán Tarpagnan, desertor del ejército, unido a los revolucionarios, más que por ideología, por amor a la prostituta Gabriella Pucci, alias la Caf' Conc' -la verdad es que nunca queda claro el por qué de dicho apodo-, controlada desde lejos por el matón Caracole, obediente servidor de su jefe... y así, se ve a delincuentes, sacerdotes, oficiales y soldados, chusma junto a trabajadores, burgueses atemorizados por lo que llaman "populacho inculto", pero que aplaude que éste sea aplastado a sangre y fuego, o jovencísimos revolucionarios como Ziquet y Lili, supervivientes y, aún a su pesar, cronistas de un sueño transformado en pesadilla, que no murió, por mucho que a algunos les pesara, entre las ruinas y las montañas de cadáveres que dejaron atrás las fuerzas regulares de la nueva y flamante III República.
Sin duda, la más ideológica de las obras de Tardi, a pesar de que el guión no fuera suyo. Aún así, colaboró en todo momento en la reconstrucción histórica y recreación de personajes, y dio ideas y nuevos puntos de vista al autor. Nadie negará que resulta muy claro, tal vez demasiado, de parte de quién se pone, pero lo hace de forma sincera, no lo oculta en ningún momento, que cada uno saque sus conclusiones. Algunos creen que una de las pocas pegas que puedan ponerse, aparte de la falta de objetividad -realmente, ¿es posible esta, cuando se traba tan a fondo un movimiento popular?-, el hecho de que los personajes hablan mucho, demasiado incluso. Pero en realidad, este supuesto defecto viene, y de él son responsables ambos autores, por el deseo de transmitirnos a nosotros, lectores del siglo XXI, la mayor cantidad de información posible, y así comprender algo mejor qué es lo que, de forma tan cruda, está pasando delante nuestro. Aunque sea sobre  un papel.

"Venceréis, pero no convenceréis". Las palabras que, más de setenta años después pronunciara Unamuno, no habrían sonado, en absoluto, fuera de lugar, tras el retorno de "la autoridad".

Y la en la próxima entrada -espero no tardar tanto para hacerla como con esta-, el género negro, y las guerras mundiales.

miércoles, 2 de julio de 2014

La mujer de negro de las letras francesas (y III): Amélie Nothomb.

Tercera u última entrega -se supone- sobre la escritora belga, con, por fin, un par de vídeos.


Vídeos y cuentos.

En esta tercera parte, que en principio debería ser la última -también, en principio, la primera entrada tendría que haber sido la única, así que nunca se sabe-, se comentan las últimas obras no autobiográficas de Amélie, así como se hablará, aunque sea poco, sobre sus cuentos -que también los tiene-, y sobre la película que comenté en el primer capítulo, pero de la cual apenas había visto un par de minutos. Después de verla al completo, resulta más fácil hablar de ella.
Bueno, este primer vídeo es el que, en principio, se podía ver gracias a un enlace, pero como he podido copiarlo -se podrá imaginar que mis conocimientos informáticos son limitados, y sólo copio de youtube en páginas en blanco-, prefiero ponerlo aquí de forma directa. Es una de las pocas -si no la única- entrevista de Amélie para una televisión española -La 2-, en la que habla de su novela "Ni de Eva ni de Adán", o sea, que sin ser antiguo, tampoco es que sea especialmente reciente, pero se ve a la autora rodeada de atmósfera japonesa, su otra cultura, y lo bien que se desenvuelve en ella:


Y aquí, en un canal de internet -de youtube, al menos-, Canal-L, donde se le entrevista en público. La presentación está en catalán, aunque ella habla francés -también sabe, además de japonés, inglés, aunque de español, creo que no sabe ni pío-. De todas formas, hablen en uno u otro idioma, cuenta con subtítulos en español:



Otra cosa que se me podría pasar: Nothomb también ha escrito cuentos. De acuerdo que muchas de sus novelas son realmente cortas, pero me refiero a historias que rondan los treinta a cincuenta páginas, aunque algunas son muy cortas. Alguna, apenas llega al par de ellas, y han ido apareciendo en revistas literarias o culturales y, que yo sepa, nunca se han traducido al español. Teniendo en cuenta la cantidad de estos cuentos -no son uno o dos-, y de páginas que todos ellas constituirían -más de cien-, se podría, en un futuro, publicarlos en forma de libro recopilatorio. O no. Todo depende de que así lo quiera alguna editorial.
En España, eso sí, se publicó uno, parcial, de 1999 -aunque aquí salió al mercado diez años después- de cuatro cuentos, con el nombre colectivo de "Brillante como una cacerola": "Leyenda quizá un poco china" (de 1993, y una de las dos historias anteriores al libro recopilatorio); "El holandés ferroviario"; "De mejor calidad" -éste lo he leído, y trataba de un tipo que decide matar mujeres para, según él, hacer algo fuera de lo común-; y "La existencia de Dios" (1996). Es el único de sus libros, además, ilustrado, por Kikie Crèvecoeur. Respecto a la última historia, quizá sea la más curiosa, a pesar de sus pocas páginas: los distintos gobiernos europeos, en vista de que no son capaces de discernir sobre la existencia -o no- de Dios, deciden convocar en cada país un referéndum para que sus habitantes decidan si éste realmente existe. Parece una locura, pero al menos, es un ejemplo del "derecho a decidir", pero a lo grande. La historia empieza de esa forma: "Se hablaba de un referéndum para decidir democráticamente si Dios existía...".

Foto para una entrevista de un diario, nacional o extranjero -esta es de una para el español "El país"-, puede ser excusa para mostrar un nuevo modelo,o una nueva pose, un personaje creado para ese momento y no más, una nueva oportunidad para hacer gala de ironía y de humor, y demostrar que un autor no se reduce a su obra.

Aparte de los cuatro ya nombrados y que se pueden leer en castellano, también ha escrito otros de distinta extensión. Algunos, como "Aspirina" (2001), de sólo dos páginas, que empieza con otra vuelta a la infancia, recordando que su madre les prohibió a ella y a sus hermanos el tomarlas durante su infancia, a saber por qué. "La entrada de Cristo en Bruselas" (2004, y ya con 46 páginas), no tiene el contenido metafísico que haría imaginar ese título, sino que trata de la huida de un joven de París a Hong-kong, tras realizar un hecho, se dice, terrible, sobre su retorno a la ciudad de la luz, y el amor repentino que sentirá por la joven Zoe, y por su largo y sedoso pelo -cada persona se fija en lo que quiere, en el cuerpo, el carácter y los gustos de los demás; y sé de lo que hablo-. "Los champiñones de París", (2007), y del que no puedo hablar de lo que trata -y mira que he llegado a buscarlo en internet, pero no ha habido manera-, fue una colaboración de Amélie con el semanario satírico Charli Hebdo -algo parecido a El jueves en España-, publicando un capítulo distinto durante nueve números. Ya antes había publicado allá un artículo de fondo jurídico, "Habeas corpus" -sección "cultura"; donde lanza duras críticas sobre el uso de internet, y las críticas e insultos anónimos que se pueden recibir en este medio sin poder, realmente, defenderse o explicarse-, y, por lo que se puede ver, los escritores famosos no tienen ni miedo ni prejuicios para escribir en revistas de humor. Otro relato interesante, "Elektra" (1996; 14 paginitas en las que se cuenta mucho), donde una joven de dicho nombre -¡qué bien suenan, los nombres griegos; y que poco se utilizan o se ponen a los hijos!- queda, literalmente, electrizada por una diva del rock de la que se siente ¿enamorada? y a la que, finalmente, puede acercársele para regalarle un ramo de lirios blancos y poder conocerla en persona. Hay alguno más, como "Genealogía de un grande de España", que parece un prefacio de "Barba Azul", donde un noble, compatriota mío -catalán, para más inri, por mucho que pueda fastidiar a nacionalistas de uno y otro lado-, culto y refinado, será el que encarna a un marido que parece cansarse demasiado deprisa de sus esposas. Quizá, pronto, me anime a traducir alguno. Pero para eso, tendré que mejorar bastante mi francés, que no es poco decir.

Internet, auténtica "terra incognita" para la escritora, que reconoce "relación cero" con el medio. Su artículo en Charli Hebdo, "Habeas corpus", incide en este tema: el deseo -casi la necesidad- de tener vida pública y privada sin tener que mezclar, de forma directa y personal, ninguna de las dos con la red de redes. La autora no tiene -y que yo sepa, no ha tenido nunca- web propia.

Las obras de una autora reconocida y famosa, dentro y fuera de la francofonía.

Nos habíamos quedado en su colaboración con RoBERT, y la salida al mercado de "Diccionario de nombres propios" -los nombres, en la obra de Amélie, no son simplemente decorativos; en mayor o menor medida, todos tienen un sentido, aunque en ocasiones no seamos capaces de encontrárselo-.
Tras "Antichrista" (2003) y "Biografía del hambre" (2004), donde el relato autobiográfico está más o menos presente, llegaría "Ácido sulfúrico". Quién pensaba que Amélie Nothomb podía ser exagerada, ser bien capaz de golpearnos la cara con un relato fuerte, radical, tal vez poco creíble -y demostrar que eso tampoco le importa mucho, realmente-, podrá estar tranquilo, que esta novela le da la razón. Es, desde luego, una historia, como mínimo, muy ácida, y sulfurosa. ¿Qué es lo máximo en telebasura? ¿Y en degeneración moral e hipocresía en una sociedad que se considera liberal y democrática? Lo último en tele-realidad será la reconstrucción exacta de un campo de exterminio nazi, donde llegan desgraciados capturados al azar, de ambos sexos y todas las edades y orígenes sociales. Allá, sufrirán y morirán, pero una joven no está dispuesta a ser la carne de cañón de la "nueva televisión", y aunque sus intentos de rebelión y escape parezcan condenados al fracaso, finalmente, acabará recibiendo ayuda de quién menos se lo espera. No explico más, porque creo que vale la pena leerla. Supongo que habrá gente que pensará que es una barbaridad poco creíble, y será verdad, pero, realmente, ¿tiene mucha importancia, teniendo en cuenta lo que remueve en nuestro interior semejante relato de locura, muerte y resurección moral?

Amélie Nothomb, en una caricatura de la web chilena "El mercurio", donde comenta su animadversión por la tecnología. No sólo no se ve capaz de escribir con un ordenador, tampoco con máquina de escribir, sólo lo hace a mano. 

Tras este pelotazo, llegará otro quizá menor, menos extenso, pero que tiene como novedad contar con un personaje masculino: "Diario de golondrina" (2006). En este caso, un asesino a sueldo, que se toma muy en serio su trabajo porque, simplemente, aparte de los réditos económicos que le aporta, realmente le agrada. Hasta que un día, tiene como encargo matar a una joven, y si resulta necesario, a toda la familia de ésta. No sabe realmente ni quién es, ni el por qué alguien -por lo visto rico e importante- la quiere muerta, pero por alguna razón que no comprende, se queda con lo que parece un diario de la joven, lo lee a escondidas, y se obsesiona de tal forma que, finalmente, ha de reconocer que se ha enamorado de ella. Y ya se sabe, el amor y el trabajo, y más cuando consiste este último en matar gente, no casan bien.
Tras "Ni de Eva ni de Adán" (2007), llegará "Ordeno y mando" (2008) -genial la portada donde, evidentemente, sale ella, con una cara chorreante de rímel que da miedo verla-, donde se habla de la posibilidad de empezar una nueva vida, simplemente, haciéndote pasar por alguien que ha tenido la mala suerte -para él, no para el impostor- de morirse en tu propia casa. Sobretodo, teniendo en cuenta que el difunto, cuando no era tal, se daba la gran vida. Y tras ella, "El viaje de invierno" (2009), donde un pobre tipo tiene la peregrina idea de intentar suicidarse cometiendo un atentado terrorista calcado del de las Torres Gemelas, sólo que será la torre Eiffel la que sufrirá -junto a los pasajeros del avión, se entiende- el desastre provocado por, según el protagonista -un pobre tipo más bien tirando a simple- la mayor y más gloriosa de las religiones o ideologías: el amor -o, en su caso, el desamor más destructivo-.
Quizá esta sea una historia más floja, porque cuesta un poco más de lo normal meterte en ella -y en ocasiones resulta un poco difícil el conseguirlo, por mucha estima que le tengas a la señorita Nothomb, y sientas la química que tienes con sus relatos, algunos sencillamente delirantes-, pero en "Una forma de vida" (2010) logra crear una obra en gran parte epistolar -y en menor medida, de pensamientos íntimos y opiniones personales puestas ordenada y vivamente por escrito-, en que ella es uno de los personajes, que nos habla sobre lo placentero, pero también lo duro que puede ser, el recibir -y contestar, por muchas que sean- las cartas de sus numerosos lectores, no siempre de agradecimiento o admiración, precisamente. Y no es que sólo se limiten a criticarla, o incluso a insultarla, sino que le piden consejo para solucionar sus problemas personales o dudas existenciales, le reclaman explicaciones de no se sabe qué, o incluso le dicen que la han visto aquí o allá, en lugares o momentos que no recuerda -porque no estuvo allá y a esa hora, sencillamente-, y a ver cómo le contestas con educación que sí, que agradeces la misiva, pero a ver que demonios quieren que les cuentes. Pues en esas, que recibe una serie de cartas de un soldado norteamericano en Irak, que le pide consejo y, sobretodo, necesita que alguien le escuche, y ese "alguien" que ha elegido, es esa extraña escritora belga -¿belga, de Bélgica?; ¿dónde carajo está eso?; los norteamericanos no son expertos en geografía, precisamente- cuyas novelas compró un día tonto en que no tenía nada nuevo que leer. Qué parte es real, y que parte imaginada, no resulta muy fácil de discernir pero, realmente, ¿importa?

"Una forma de vida", ejemplo de obra que se basa, principalmente, en una relación epistolar entre autora y lectores. Amélie comentó en una entrevista que la primera carta que recibió de un lector, tras la publicación de su primera obra, fue un auténtico regalo, y que le contestó escribiéndole su teléfono y su dirección, y que desde aquella época, lleva escribiéndose con algunos de ellos desde hace veinte años. 

Tras ella, vendrá "Matar al padre" (2011), que se dice que es ligeramente autobiográfica, aunque, después de leerla -creo que he leído casi todo de ella, bien mirado-, no acabo de saber bien dónde estarán escondidas las vivencias de esta buena mujer. Aquí, tenemos un triángulo de amores, confianzas, traiciones, relaciones maestro-alumno, admiración, y no se cuántas cosas más, entre un joven que se marcha de su casa, harta de su idiotizada y egoista madre, un mago que podría haberse hecho rico pero que prefiere considerar su oficio como un arte por el arte, y la pareja de este último, que se dedica a la danza con fuego en espectáculos en medio del desierto norteamericano de esos que sólo son capaces de hacer... los norteamericanos. Parece que la magia es algo que interesa desde niña a Amélie, y aquí aprovecha para crear una historia alrededor de tan misterioso y fascinante arte -porque es un arte, el del engaño aceptado por el público que, realmente, desea que se le embauque, pero de la forma más extraordinaria y atractiva posible-, que, también en esta ocasión, empieza con ella misma, en forma de prólogo -no interviene en la historia en sí-, asistiendo a una reunión de magos donde a su primer interlocutor le llama la atención, antes que nada, su extraordinario sombrero -¿resulta esto algo extraño, tratándose de alguien cuyo trabajo, en parte, consiste en sacar lo más inverosímil de un sombrero sin fondo?-.
Y aquí llegamos al final, con "Barba Azul" (2012), donde el famoso asesino de mujeres, fascinante versión masculina de una mantis religiosa humana, se encontrará, por primera vez, con una joven que no sólo sabe con quién se la está jugando, sino que está dispuesta a vencerlo, si no con la razón, sí con la dialéctica.
Por último, "La nostalgia feliz" (2013), todavía no traducida al español -todo se andará, aunque desconozco cuál será el título final en mi lengua, porque estoy usando la versión española del original en francés-, donde Amélie Nothomb viaja de nuevo a Japón para encontrarse con su pasado, en esta ocasión, con cámaras de televisión de testigos, y de alguna forma, más que intentar convencernos de la veracidad de su otra vida japonesa, más bien desea estar segura, ella misma, de que lo escrito con anterioridad está basada en su propia biografía.

Hojas y más hojas escritas. La escritora parece tener cierta debilidad por el número cuatro: escribe cuatro obras al año, de las que finalmente decide publicar sólo una. Y cada día dedica también cuatro horas a escribir, a ser posible, siempre por la mañana.

Y bien mirado, si cada año saca una novela al mercado, ¿no es de esperar, que en este 2014 no publique alguna de nueva, aparte de algún cuento o colaboración en revistas como Elle -sí, el magazine femenino-, o en blogs literarios, o bien publicados -muchas veces en forma de e.books, que le van al pelo a los relatos cortos- en pareja o como libritos de los que se leen de una sentada. Pues nada, un poco de paciencia hasta que nos llegue su último "hijo", y mientras tanto, descubrir, o repasar, cualquiera de los anteriores, que son muchos y variados. O leer las críticas o entradas en blogs, en todos los idiomas, que su trabajo ha hecho escribir a tantos y tantos. Porque si ella ha escrito mucho, mucho más se ha escrito sobre ella. Por algo será.

Un anexo: En la anterior entrada, la segunda, hablé por encima sobre la película basada en la más popular de sus obras, "Estupor y temblores". Y si no lo hice en profundidad, es porque aunque había visto algunas fotos, y visto unos minutos de ella, no había podido verla al completo. Y como a veces resulta un poco difícil ver en la red películas o series francesas, busqué -a ver qué encontraba- en youtube, y allá se puede encontrar la película, en versión original bilingüe, francesa y japonesa -que es la mejor forma de verla y comprenderla-, sólo que hay que tener un poco de paciencia para verla al completo, pues está dividida, creo, en nueve partes, cada una de unos nueve minutos -menos una de cinco-, pero están todos, te salen ordenaditos cuando has visto el primero, y no hay problemas con los subtítulos en español. Y la actriz protagonista, aunque no se parezca físicamente a la autora -tal vez es eso lo que se buscaba, que no pareciera una película realmente biográfica, sino basada en una obra no se sabe bien si de ficción, real, o mezcla de ambas cosas-, está genial, con una cara de pavisosa, unos pelos rubios indomables -¿tenía la protagonista algo en contra de los peines?-, y una forma de hacer suyo el personaje, que hace que la novela, que no está de más haber leído antes- parece hacerse imágenes en cuanto la ves, aguantando jefes insoportables, y con un vestuario de universitaria mitad aventurera, mitad inocentona, que es de lo más fiel al original.
Algo más, para acabar. Una noticia de la que me enterado el mismo día que acababa este post: en breve, comenzará la adaptación al cine de otra obra de Amélie, "Barba Azul". El actor y director francés Daniel Auteuil no sólo la dirigirá, sino que se ha guardado para sí -¡tonto que es él- el papel de protagonista. Bueno, pues cuando haya novedades, más.

La protagonista, viéndoselas con su jefe. Aunque jefes así, no sólo te los encuentras en Japón.

martes, 17 de junio de 2014

La mujer de negro de las letras francesas: Amélie Nothomb ( I ).

La que es considerada una de las autoras contemporáneas más representativas de la literatura en francés, con una vida de lo más novelesca.


Bien, después de enredarme con entradas de poco texto, he decidido hacer una un poco más larga, aunque eso signifique, por tanto, que tarde más en finalizarla. Al fin y al cabo, una vez que has aprendido a hacerlo, copiar vídeos no es algo que te exija demasiado tiempo, la verdad.
He decidido dedicar este post, para variar, a una escritora actual, contemporánea, y por tanto, todavía viva, y además, bastante joven. Ya estaba empezando a resultarme un poco raro, esta afición un tanto fúnebre y tanatofílica por los ya fallecidos. Se trata de la escritora belga Amélie Nothomb, autora de una obra más que considerable en número de títulos, aún teniendo en cuenta que sus novelas, en general, son poco extensas, de entre 90 y 150 páginas cada una. Pero estaríamos hablando de una veintena, más o menos, además de teatro, relatos, y, por lo que ella misma ha contado en más de una ocasión, una auténtica "obra secreta" que ni ha publicado, ni se sabe bien que hará con ella cuanto tenga cierta edad o, simplemente, ya no esté en este mundo. No se sabe gran cosa de todo ello, excepto, según cuenta, que no es bien distinta a su obra pública y a la venta, pero que, simplemente, por la razón que sea, prefiere, al menos por el momento, ocultarla al público. Bueno, mientras no se le ocurra destruirla cuando se vea sin fuerzas, o le pida a un amigo que la destruya llegado el momento... pero bueno, también hizo lo mismo Kafka, y, por suerte, la persona que debía destruir "El castillo" y "El proceso" pensó, y con razón, que no le hacía ningún favor, ni al fallecido ni a los lectores de todo el mundo, destruyendo aquellas obras. No es que esté comparando a Nothomb con Kafka -en realidad, sobre gustos, colores-, pero creo que se me entiende.

La autora en una de sus poses más famosas, cuando empezaba a ser famosa.


Una vida de novela, que en novelas acabó reflejada.

Creo que, a la hora de relatar, aún sucintamente, la vida de Amélie -la llamaré así, al menos en ocasiones, aunque parezca, erróneamente, que me estoy refiriendo a la protagonista de la película del mismo nombre-, resulta difícil no hacer referencia directa a algunas de sus novelas, que son claramente autobiográficas. En realidad, en ocasiones lo son tanto, que es ella misma, con su nombre  apellidos, su familia y sus experiencias, la protagonista principal. Resulta, por tanto, difícil el hacer un listado cronológico de sus obras, pues tendría que saltar en el tiempo para hablar de la mayoría de ellas -autobiográficas, o no, aunque algunas la tengan también como protagonista secundario, y no por casualidad, ni de forma en absoluto arbitraria-. Así que dejémonos ya de explicaciones, y empecemos por el principio. 
Amélie es belga, y además una belga particular, poco común, porque cuando se le pregunta por su identidad, su nacionalidad, dice eso mismo: "soy belga". Lo que, al contrario de lo que podría pensarse, es algo bastante raro, pues un belga te dirá casi siempre: "soy valón", o "francófono"; "soy flamenco", o "soy de Bruselas", sea lo que sea, lo que eso pueda significar. Pero belga, así, a secas y con toda seguridad, pues como que no. Algún día quizá hable algo más de los belgas; por ahora, sólo decir que es un país donde casi nadie parece estar de acuerdo con compartir estado con el otro pueblo con el que se coexiste -de espaldas al vecino, pero eso sí, muy cortes y civilizadamente-, pero nadie se atreve a decir "hasta aquí hemos llegado", y cada uno se busca la vida por su cuenta. Otra cosa que la hace especial: Amélie no no nació en esa Bélgica que reclama y hace suya, sino que vino al mundo en Japón. Si el país europeo ya tiene cosas que lo hacen especial, Japón es el ejemplo no sólo de "nación archipiélago", sino también de "civilización isla", fascinante, único, pero también desconcertante, a veces de forma fascinante y en otras, simplemente desquiciante. 
Amélie era hija de una familia poco común, pues era mezcla de flamencos y valones, algo realmente raro, aunque la lengua y la cultura francesa eran las propias de todos sus miembros -en mayor o menor medida, al menos-. Su padre, de una familia acomodada y culta, y con algún ultraderechista simpatizante de los nazis durante la guerra mundial entre ellos, optó por la carrera diplomática, y siendo todavía joven y con dos hijos, fue enviado junto a su familia a ejercer de cónsul en Osaka, aunque sería en Kobe, donde nacería su hija pequeña, que vivió casi como una "japonesa de raza blanca" -dentro de lo que la cerrada sociedad nipona permite a un extranjero el integrarse, por mucho que éste lo desee; y en Japón, el término extranjero incluye a los hijos y nietos de inmigrantes nacidos en su suelo. El libro que habla de su nacimiento -que más bien parece la decisión de un espíritu con personalidad propia de instalarse en la Tierra, eligiendo, incluso, en qué momento y familia habría de nacer-, en "Metafísica de los tubos" (2000), donde cuenta sus primeros años, su odio a las carpas, esos feos peces tan queridos por los japoneses, protagonistas de no pocas de sus fiestas y relatos populares, sus relaciones con sus hermanos -el cierto desapego con su hermano, y el amor incondicional por su hermana-, sus días en la guardería, el deseo de su padre de integrarse más en la sociedad nipona aprendiendo canto para participar en el teatro no -un tipo de teatro que puede resultar un tanto difícil de seguir a un occidental cuando lo llevan a cabo, correctamente, japoneses; pero si se trata de otro occidental que, por mucho que lo intente, es un completo desastre... ya es de imaginar lo que pasa-. El fin de la novela nos da a entender que tiene continuación. En realidad, "Metafísica..." es posterior a otras historias autobiográficas. Es como si Nothomb nos fuera contando su vida de forma desordenada, pero comprensible, para, así, ir completando el puzzle de su existencia, que acaba absorbiendo de forma que también parece algo nuestro.

Una vista general de la ciudad de Kobe, donde nació Amélie, si bien su padre ejercía de cónsul en Osaka.

Aquí, un par de consideraciones. En primer lugar, como ya se ha dicho, sus obras son normalmente cortas, muy cortas. No hablo de sus cuentos -que por fuerza, tienen escasa extensión-, o de sus novelas cortas propiamente dichas, sino de la base de sus obras. Yo las he leído, normalmente, en dos o tres días -si el trabajo, estudios o lo que sea lo permiten, evidentemente-. Y si se trata de alguna obra más corta todavía, como "Cosmética del enemigo", que es de unas 80, la puedes leer de una sola vez, de una sentada, una tarde o una noche que no sepas que hacer. En el caso de la noche, eso sí, mejor no empezar demasiado tarde, porque una cosa es cierta, si la obra de Nothomb no te entra a la primera, ni insistiendo una segunda vez, difícilmente querrás entrar en su mundo, y pasarás de ella. Pero como te conquiste, se vuelve, como es mi caso, extremadamente adictiva. Cuando empiezas una de sus novelas, no paras hasta comértela, literalmente, sin importar a qué hora la acabes. La otra: los títulos. A veces, un título dice mucho de la obra a la que da nombre. Aquí, lo que indica es que la autora no es una persona ni vulgar, ni común. Resultan un tanto extraños, pero casi siempre redondos -y lo mismo cabe decir de alguna traducción, como la de "Ordeno y mando", que sería, en el original, algo así como "El cómo se hizo el príncipe, o cómo llegó a serlo": "Le fait du prince"-. Tal vez no los entendamos al empezar a leer, pero casi siempre les encontraremos un sentido cuando hayamos acabado.
Bien, volvamos a la historia principal, libres ya de digresiones. La familia Nothomb abandona Japón, y marcha a China, donde los nuevos aires pro-capitalistas -eso sí, capitalismo de partido único- todavía estaban por llegar. Allá, con seis o siete años, irá al colegio, con los hijos de otros embajadores o diplomáticos varios, y donde estallará una especie de "guerra fría en caliente infantil", donde los niños con padres originarios del bloque soviético, y comunista en general, se verán enfrentados -en el sentido de hacerse la puñeta, todo muy infantil, pero también con bastante mala leche- a los occidentales, intentando convencer a latinoamericanos y africanos para que se unan a uno u otro bando -en resumidas cuentas, una copia en miniatura de la política mundial adulta-. Pero Amélie estará más atenta a una distante y un tanto despreciativa, pero bellísima compañera suya, mientras disfruta del chocolate, de su hermana, y observa, un tanto confusa, los problemas de comunicación de sus padres con las autoridades y funcionarios chinos. Falta de comunicación que se debe mucho más a la política, que a razones puramente culturales. Esta etapa de su vida se vería reflejada en "El sabotaje amoroso" (1993), la segunda de sus obras, y que resulta un tanto difícil de comprender si se lee antes que la otra obra ya nombrada. 
Más tarde, visitarían otros países asiáticos, como Bangla-desh -donde la miseria y el hambre que sufría gran parte de la población hizo, extrañamente, que ambas hermanas se acercaran peligrosamente a la anorexia,aunque no supiera en qué consistía, realmente, dicha enfermedad-, y a la todavía más siniestra, por su gobierno -que no por su gente, ni su fascinante cultura- Birmania -actualmente, Myanmar, y donde la tiranía militar-budista parece, por fin, que está permitiendo una apertura democrática de verdad-. Finalmente, llegarían a Estados Unidos, donde los hijos Nothomb ya son adolescentes -o casi-, y donde Amélie acaba teniendo problemas tanto alimenticios, como con el alcohol, llegando al borde de una autodestrucción que parecía ver más con un bello final -que no tenía por qué llegar- que con el peligro que representaba su nueva vida. Allá, también, empezaría a leer todo tipo de libros, a conocer la música culta y el teatro. Todavía no había pensado en ser escritora, pero el gusanillo, el vicio no sólo de leer, sino también de escribir, de desear ser leída -aunque fuera por su hermana o alguna otra persona especial-, muy probablemente, empezó allá. De ahí saldrá el material de "Biografía del hambre" (2004), considerada una de sus obras más flojas, pero donde la autora se atreve a conversar, literalmente, con el lector, a principio del texto, para ir contándole poco a poco cosas de su vida: su hambre de cultura, de comer si parar -bulimia- después, precisamente, del hambre que se autoinfligió ella misma poco antes.
Finalmente, una Amelíe adolescente llegó a Bélgica, el país de su familia. Y allá, aún conociendo perfectamente la lengua francesa -que es la que siempre oyó en casa- tuvo problemas de integración en el instituto -los liceos del mundo francófono-, pues Bruselas le pareció una ciudad, hasta cierto punto, aburrida y llena de burócratas y funcionarios -esto es cierto, pues no sólo es la capital del país, sino también de la Unión Europea, y cuartel general de la OTAN-, y la Universidad Libre de Bruselas era un lugar donde la mayoría de estudiantes y profesores eran de idean liberales y progresistas, por no decir revolucionarias, y bastante politizados, y una joven miembro de una familia de origen alto-burgués, católica y conservadora, y que no parecía saber -ni le interesaba- qué es lo que pasaba en Bélgica y Europa no fue, lo que se dice, muy bien recibida. Al menos, al principio. De estos problemas de integración, y, probablemente, de alguna amistad femenina que resultó mucho menos fascinante y generosa de lo que podría pensarse -por no decir algo peor. La traición, o la suposición de que ésta ha existido, duele más cuando proviene de alguien que representa la única persona en la que creías que podías confiar sin reservas- hizo que pasara malos momentos que acabaron más o menos reflejados en una novela que, sin ser realmente autobiográfica, pues la protagonista no es ella, y su familia es bien distinta a la de Nothomb, sí que parece tener muchos puntos en común con su realidad: "Antichrista" (2003; una época bastante posterior a sus años de instituto, por lo que se supone que tardó en decidir ponerla por escrito), donde el nombre es un juego de palabras con el de la amiga de la protagonista, que se llama Christa -se supone que proviene de Cristina, pero no sabría decir-.
Acabada la carrera de filología románica, y sintiéndose extranjera en su propio país, y conociendo como conocía el japonés -hablado y escrito, que ya era decir- decide, por tanto, marchar a Tokio a trabajar, pues en el fondo, ella se sentía antes que nada japonesa, y ya no tenía su otra patria, la infancia, para refugiarse. Era hora, pues, ya adulta, con algo de dinero, estudios acabados y voluntad de buscar su destino lejos de aquella Bélgica que no acababa de sentir como suya, de cambiar de aires y marchar al País del Sol Naciente.

Japón, los japoneses, las japonesas, y "la nipona blanca". "No insistas, eres una gaijin, querida".

En Japón, gaijin significa, literalmente, "persona de fuera", mientras que extranjero, en el sentido de "nacido o llegado de otro país, de fuera del país", se llamaría gaikokujin. Realmente, no importa qué palabra se use. El hecho es que un japonés, por educación, ni te exigirá que te asimiles a tu cultura -"no intentes ser japonés si no has nacido japonés, sólo intenta integrarte y no fastidiar", en resumidas cuentas-, ni tampoco te verá, nunca -excepto excepciones, porque es ridículo pensar que en un país todo el mundo es igual- como un compatriota de adopción. Siempre serás extranjero, un extraño, aún habiendo nacido en el país. Es el caso de casi toda la población coreana, que es japonesa de nacimiento, y en la mayoría de los casos, también lo son -o lo fueron- sus padres y abuelos. Pero no tienen la sangre nipona, no están unidos a la tierra ancestral donde nació la nación, la cultura japonesa, así que, sin esa "unión telúrica", eres hasta cierto punto un extraño, sin los mismos derechos que un autóctono, y santas pascuas. ¿Cuándo se te tratará especialmente bien, o con cierto "cuidado", por ser un gaijin, cuando puedes resultar molesto, o hasta un poco ofensivo? ¿Qué se supone que debes hacer, o no hacer, para integrarte lo máximo posible, para que te vean, hasta cierto punto, como "uno de los suyos? Eso, tal vez, ni los mismos japoneses lo sabrían expresar con exactitud. Nuestra Amélie hablaba el japonés como pocos occidentales sin sangre japonesa, amaba aquella cultura, que consideraba más suya que la abúlica y dividida Bélgica -¡qué pesadez de peleas entre flamencos y valones, si, en el fondo, unos y otros son europeos del norte, si parecen, prácticamente, la misma gente!-. Así pues, resultaba lógico que pudiera integrarse entre "su gente", la del país donde nació y pasó sus mejores años. Pero no todo es tan fácil. Y enseguida se daría cuenta de ello.

La autora frente al espejo, el reflejo de unas memorias donde probablemente, ni ella misma es capaz de distinguir realidad o fantasía. O qué se podría entender por una cosa u otra.

Acabados sus estudios, marcha a Japón para trabajar en una gran compañía con central en Tokio, donde, parece, querían a alguna occidental para conocer la forma de trabajar de los europeos. Pero, a pesar de sus conocimientos de japonés, y de considerarse -o más bien, quererse considerar- como una más, lo que parecía el trabajo de su vida acabó en un estruendoso trabajo, donde era considerada no sólo una extraña, sino también un "ente desastibilizador", y en donde, de semana en semana, iba bajando puestos en la escala laboral hasta -según ella, pues al fin y al cabo, es Amélie quien cuenta la historia, aunque ella insista en que no es una novela completamente autobiográfica; eso sí, el personaje principal hasta tiene su propio nombre y nacionalidad, y su vida es muy parecida a la de la autora- acabar fregando suelos. No cuento más, porque, creo, es una de sus obras más redondas -aunque a veces, la inoperancia nipona parezca exagerada; ¿en serio esta gente, que tan mal trabaja, ha acabado haciendo de su país la, hasta hace bien poco, segunda economía mundial? Pues menos mal que no hacen bien las cosas, porque entonces, fijo que habrían acabado gobernando el mundo-, y no es cuestión de destripar demasiado la historia. Entre tanto malentendido cultural, ni tan siquiera el conocer a una compañera aparentemente ideal -bella, elegante, distante, pero también, como verá, fría, brutal y ajena a su comprensión, como si la misma diosa Amaterasu se tratara, llegada a la Tierra, vestida con traje de falda y chaqueta y unos buenos tacones, para hacer saber a la insolente "ojos redondos" que con los hijos de Nihon (日本; así, en kanji, que se recuerde bien) no se juega.

La bella pero fría y distante compañera de Amélie, la "diosa de mármol blanco", que tantos malos momentos, y tantas fantasías le produce a la protagonista.

De toda esta historia, nacería "Estupor y temblores" (1999), considerada en ocasiones, equivocadamente, como su primera obra, aunque ya llevaba siete años publicando. Esta novelita trajo cola, y aún recuerdo, leyendo hace muchos años el diario "El país", cómo se prohibió su publicación en Japón, e incluso en los periódicos de ambos países hubo cierta tensión por las "mentiras" -lo pongo entre comillas, porque imagino que algo de fantasía o exageración habría, pero tampoco tanto; realmente, nadie puede estar seguro, excepto la misma autora- de aquella joven francesa -¿belga?; ¿qué es eso de "una belga"? ¿No os gusta decir a los franceses que quién escribe en vuestra lengua es como si fuera francés? ¿No sois vosotros quienes publicáis sus historias? Pues ahora a tragar, listillos-, que no es que sufriera el racismo oriental, es que, simplemente, era una inútil trabajando. En 2003, Alain Corneau dirigió una película inspirada, bastante fielmente, en la novela, con Sylvie Testud como protagonista, y que, imagino, tampoco se estrenaría en Japón, aunque la cosa ya estuviera bastante olvidada -aunque, curiosamente, al menos en una pequeña parte, también era una producción japonesa-.

Una imagen de la versión cinematográfica de "Estupor y temblores", donde la protagonista, alter ego de Nothomb, acaba de mujer de la limpieza, en el pulcro y ordenado Imperio del Sol Naciente -aunque, todo hay que decirlo, fuera de las grandes empresas y las zonas turísticas, en Japón también se pueden encontrar lavabos públicos de los que echan para atrás-.

De aquella misma época vienen otros recuerdos más agradables. Amélie tuvo una relación con un chico. Para ser más exacto, con un chico japonés. Y toda la amargura del trabajo, aquí se vuelven días felices. Al menos, cuando no estaba dentro de la oficina. Todo parecía ir bien, porque Rinri, el nombre del muchacho, que hablaba francés y tenía cierto interés por la cultura occidental -evidentemente, si estaba dispuesto a tener novia extranjera, no podía ser muy xenófobo-, acabó mal, aunque, en este caso, debido a la parte femenina. Quizá Amélie siempre se consideró japonesa hasta que, finalmente, se instaló como adulta en aquel país, y después de su fracaso laboral, decidió salir por patas, y dejar al pobre chaval plantado como un cerezo en flor. En resumidas cuentas, la autora reconoce un miedo al compromiso, y a cambiar su vida. Tal vez su abandono de la empresa japonesa la marcara pero, al fin y al cabo, ¿qué culpa podía tener su novio? De ahí saldrá otra de sus obras autobiográficas, la penúltima de ellas: "Ni de Eva ni de Adán" (2007), aunque no tengo demasiado claro, después de haberla leído, a qué viene el título. ¿Ninguno de los dos miembros de la pareja, en realidad, es culpable de que no funcione lo que, simplemente, no puede funcionar? Quizá, pero leyendo el libro, no se nota que la autora estuviera pasando, precisamente, un mal momento de su vida con Rinri.

Amélie en una de sus sesiones de fotos. Casi todas las portadas de sus libros la tienen a ella de protagonista absoluta -o única-, a saber por qué razones -porque las habrá, sin duda-. EN Francia o Bélgica, es habitual que la gente de la cultura cultive una determinada imagen -y más, un escritor, que no es, ni de lejos, tan conocido por su aspecto como un actor o actriz, o una modelo-,  como los programas o las revistas que tratan total o parcialmente de la cultura y el arte son habituales, también lo son las sesiones de fotos de los protagonistas de éstos.

Al final de la obra la escritora explica que, en una gira para presentar uno de sus libros -no recuerdo cual- vuelve a ver a su antiguo novio, y que éste -pobre tonto, buena persona que es él- no le guarda rencor. Se cuentan su vida y esas cosas, pero por segunda vez, Amélie no es capaz de explicar de una forma clara el por qué un día cogió el avión y se marchó a Europa -a Bruselas, donde vive, o a París, donde tiene despacho y editorial, no sé-, y olvidándose de todo.
Por último, en esta lista de relatos más o menos autobiográficos, comentar el último de ellos, todavía no traducido al español -que yo sepa, la obra más reciente en castellano, al menos en España, es "Barbazul", aunque eso vendrá en otro post-.  Se trata de "La nostalgia feliz" (2013) -así, imagino, es como se llamará una vez que se traduzca-, que sería, más o menos, como se interpretaría la palabra japonesa natsukashi -no sé si, realmente, se transcribe así. La vi escrita de otra forma, pero las sílabas no me cuadraban con los sonidos de la lengua japonesa, que más o menos conozco, cuando la estudiaba en momentos tontos, pero muy agradables, eso sí-. En la que, más que contar una historia en sí misma, la autora habla de un viaje a Japón donde se encuentra con Nishio-san, la mujer que cuidó de ella cuando era niña, y con Rinsi, su antiguo novio. Aprovecha, además, por viajar por Tokio y el resto del país, reconociendo que, ahora sí, se considera allá una extranjera, una extraña en una sociedad que, en su infancia y juventud, pensó que era suya, por encima de Occidente. Hablará de lo ya contado en "Ni de Eva ni de Adán", pero desde cierta lejanía, visitará Fukushima y el área devastada por el tsunami, etc. El libro, quizá el más íntimo de la autora, tiene relación directa -más bien, uno y otro son complementarios- con un reportaje que la TF1 -la televisión pública francesa- le hace a la autora mientras realiza el viaje a partir del cual se hará el relato -no es una novela propiamente dicha-, aunque, por lo visto, los periodistas no tuvieron el detalle ni de dejarle hacer con cierta libertad, ni de intervenir en el guión de éste, lo cual demostró que, aparte de periodistas, como no pocos franceses de ciudad y carrera, debían ir un poco de intelectuales que sabían de la obra y el carácter de la escritora más que ella misma. De todas formas, por lo que he leído en algún blog, como "el-buscalibros.com", no es demasiado difícil de encontrar -en francés, no doblado, y creo que tampoco con subtítulos-, así que, quién sepa francés, puede animarse a buscarlo.

Una imagen reciente, en la presentación de "La nostalgia feliz", su -por ahora- último libro.

Y aquí un enlace con una entrevista sobre su novela "Ni de Eva ni de Adán", en el programa literario de la2 de TVE, hace ya unos años.

Así pues, para el que quiera leer la serie de libros más o menos autobiográficos, el orden sería este:

Metafísica de los tubos - El sabotaje amoroso - Biografía del hambre - Estupor y temblores - Ni de Eva ni de Adán. Y como complementarios: Antichrista (basada más o menos libremente en su etapa de estudiante de instituto) - La nostalgia feliz (descripción de un viaje de re-descubrimiento de su antigua patria).


En la próxima entrada dedicada a ella, sobre su retorno a Bélgica, y el resto de su obra.