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miércoles, 1 de mayo de 2013

La ciencia-ficción franco-belga: la literatura (III). Siglo XX: nuevos autores para nuevos tiempos.

Época de clásicos todavía recordados en su país, o que dieron paso a futuras adaptaciones a la gran pantalla, en versión animada.


En este tercer capítulo, ya aparecen autores que so plenamente "modernos", aunque muchos personajes, situaciones, vocabulario, etc., nos parezcan un tanto desfasados o pasados de moda. Es en este momento en que la ciencia propiamente dicha deja en parte paso a lo que los norteamericanos llaman "space opera", por considerar que eran historias de aventuras, peleas, persecuciones y romances -algo así como sustituir a vaqueros, soldados de antiguas guerras, o piratas, por tipos con traje futurista y armas láser; aunque lo de "ópera", aquí, demuestra que los norteamericanos de principios del siglo XX tenían, en general, una visión muy particular de dicho género musical-, que, antes que en el cine, y al tiempo que en las revistas de literatura popular -las famosas revistas de "pulp fiction"-, se podían escuchar en la radio. Esto último explica el por qué, en ocasiones, las historias de "space opera", cuando eran retransmitidas por medio de las ondas, también eran conocidas como "soap opera": "soap", en inglés significa jabón; y eran empresas de jabón, y de limpieza en general, las que, en parte -no siempre, claro está-, patrocinaban dichos programas radiofónicos, que tantos millones de seguidores incondicionales tenían, cuando la televisión todavía era, en este caso también, pura ciencia-ficción. Ahora, volvemos a saltar el charco, de América vuelta a Europa, con autores más reconocibles, debido también, a que algunas de sus historias han sido adaptadas al cine animado. Películas de las que ya, en su momento, ya se ha hablado bastante. Ahora va siendo hora de conocer, aunque sea un poco, a los hombres que están detrás de dichas obras adaptadas.


Francis Carsac, revolucionario de la CF francesa.

El auténtico nombre de Francis Carsac (1919-1981; muerto, curiosamente, en Tucson, Arizona) fue François Bordes, y es un ejemplo, en su momento no demasiado común, pero hoy en día -y desde hace ya mucho- bastante habitual, de escritor de CF que, al mismo tiempo, es científico o, por lo menos, una persona de enorme erudición. Otro hecho llamativo es que, a pesar de dedicarse a la escritura de evasión espacial, Carsac fue un paleontólogo y antropólogo célebre, que escribió ensayos sobre el tema -"Los limos cuaternarios del valle del Sena. Estratigrafía y arqueología paleolítica"; creo que con este título, de una de sus obras de investigación más importantes, es fácil hacerse a la idea del conocimiento del tema-, y que, en caso de haber querido escribir "novela prehistórica"; lo habría hecho con bastante más verosimilitud que su antecesor belga, Rosny Aine -a pesar de que éste, en su momento, intentaba empaparse de todos los conocimientos de la época en prehistoria de los que era capaz-. 
Francis CarsacCuando no estaba enfrascado en temáticas como la industria lítica -para entendernos, el estudio de la fabricación y tipología de las herramientas de piedra de los hombres prehistóricos-, o las diversidades culturales de tal o cual comunidad del paleolítico, o cómo utilizar las matemáticas para avanzar en la ciencia paleontológica, Bordes debió tener la necesidad de olvidarse un poco del más lejano pasado de la Humanidad, y levantando la cabeza, debió ver en los inmensos espacios el teatro de sus todavía emocionantes -y más profundas de lo que los lectores de la época estaban acostumbrados a leer- historias de exploración y luchas interestelares.
La importancia de Carsac sería importante, pues después de la II Guerra Mundial, ni Francia ni el resto de Europa estaban muy por la labor ni de escribir, ni de leer relatos o novelas de pura evasión, y menos todavía, de CF. Carsac fue de los primeros autores que, viendo cómo los reducidos grupos -aunque crecientes en grupo- de seguidores del género leían, básicamente, material de importación de Estados Unidos, o bien algunos relatos antiguos considerados ya -y no sin cierta razón- como totalmente desfasados, decidió empezar a escribir CF autóctona, con influencias anglosajonas -resultaba imposible no tenerlas, en aquella época, excepto, quizá, en la Unión Soviética, si bien éste era casi un mundo aparte-, pero con personalidad propia. Se da por supuesto que, hasta 1950, la CF, al menos en Francia y otros países de Europa, no se distinguía del resto de literatura, que de 1950 hasta 1955, se empezó a considerar como "infraliteratura" -o sea, "literatura barata", de poca calidad, de "usar y tirar", y, finalmente, hasta mediados de los sesenta, como, prácticamente, "paraliteratura", o sea, intentos de hacer literatura, pero reducidos a bobadas que sólo interesaban a gente simple e inmadura, o trabajos sin personalidad ni reconocimiento realizados por autores en horas bajas, o prefionales que se querían sacar un sobresueldo, como ocurría en no pocas ocasiones en España -las llamadas "novelas de a duro", pues sus autores no cobraban mucho más por escribirlas, a veces en no más de una semana de tiempo-.
Carsac publicaría su primera novela en 1954, en la editorial Hachette,  -tenía, por tanto, unos treinta y cinco años, y ya se estaba labrando una carrera científica que, con el tiempo, le daría fama mundial; al menos, entre los investigadores e intelectuales-, con el nombre de "Aquellos -o el pueblo, según otras traducciones- de ninguna parte" -quizá no sea la mejor traducción, pero creo que resulta inteligible; en España se conoció como "Los habitantes de la nada"-, escrita realmente en 1945 -quizá antes- pero que durmió el sueño de los justos hasta que logró acabar la carrera, y ejercer de profesor de geología y paleontología en la universidad de Burdeos. La novela en sí misma, mas bien sería de acción, con un amigo científico que cuenta a otro como viajó con unos seres de otro mundo, los Hiss, a su mundo, gobernado por una especie de tecnocracia -algo muy de moda en la CF de la época-, pero con ribetes filosóficos y religiosos -porque también tienen religión propia-. La base de la obra es el conocimiento que el protagonista tiene sobre el mundo Hiss, y la guerra, más bien cruzada, que tienen contra los Misliks, una especie de raza metaloide -pero viva; no son robots- que apaga los soles, exterminando así a los habitantes de los diferentes sistemas, y, en la nueva edad de hielo creada artificialmente, habitar los mundos, ahora muertos. Esta será una señal de la obra de Carsac: al tiempo, crear unas sociedades extraterrestres creíbles, y que en no pocas ocasiones acaban siendo fácil empatizar con ellas, y combates espaciales que no dejan de ser el equivalente a la terrible guerra mundial que Carsac, y la Humanidad al completo, sufrieron no muchos años atrás. Carsac considera aquí que, de existir el hiperespacio, la idea de "distancia" o "lejanía" no tienen relación de ser. Así, sus historias no suceden solamente en nuestra galaxia, sino a través de todo el universo. Pero es en la capacidad de retratar de forma verosímil tanto la sociedad Hiss, como la Mislik, lo que hace de Carsac un renovador, o como dicen algunos críticos, el responsable del renacimiento de la CF francesa. Porque, al fin y al cabo, Carsac era antropólogo, y sabía de lo que escribía. A partir de ahí, la idea de estudio de las sociedades y los pueblos, y la influencia de la tecnología en individuos y colectividades, serían habituales en el género en lengua francesa, más que en los países anglosajones, y parejo a la CF soviética. Con la diferencia importante de que la URSS, a pesar de la importancia que quisieran darle a la cultura, no dejaba de ser una dictadura de partido único. Y al partido, y a la revolución, y a la camarilla gobernante, claro está, ni tocarlos.
Su segunda obra, "Los Robinsones del Cosmos" aparecería en 1955, también en la editorial Hachette-Gallinard, en su colección "El rayo fantástico". En aquella época, ya era el autor de género de moda en Francia. Ésta fue, sin embargo, uno novela muy diferente a la anterior, pues los Robinsones del título no son, como se podría creer, una familia, o un pequeño grupo de individuos. Son, por el contrario, los habitantes de un pueblo de los Alpes franceses al completo, que junto a una fábrica, viviendas aledañas, y un observatorio científico, son "arrancados" de forma misteriosa por la energía de un mundo no de nuestro universo, sino de otra dimension -un "para-universo", podríamos decir-, y reinstalados en dicho planeta, donde se encontrarán una fauna y una flora salvajes y completamente distintas a lo que habían conocido, allá en la vieja Europa, además de tener que coexistir con una raza primitiva pero inteligente, parecida a los centauros. Contada en primera persona, por un profesor de geología de visita en el centro astronómico -una especie de alter ego del autor-, está ambientada en 1975, donde, supuestamente, los humanos ya han llegado a la Luna y a Marte. Tal vez tenga algún parecido con "La ciudad en el fin del mundo", del norteamericano Edmond Hamilton, publicada en su país en 1950, y traducida y a la venta en Francia en 1952, y no sería raro que Carsac se inspirara en ella para escribir su obra -la editorial que la trajo a Europa fue, precisamente, la misma para la que él trabajaba-, pero el francés cambia una Tierra del lejano futuro, agotada, desértica y condenada, por un mundo nuevo, exuberante y lleno de vida y misterio, por lo que, en cierto modo, resulta mucho más atractivo, sin desmerecer la obra de Hamilton, el esposo de Leigh Brackett -el mundo es un pañuelo; y este blog, por lo visto, también-.

Una ilustración -¿de Moebius?- para una edición de las dos primeras novelas de Carsac.

Es una historia un tanto distinta, donde los obreros de la fábrica exploran el nuevo mundo a ritmo de canciones revolucionarias, y tienen lo suyo con los miembros de un grupo fascista -que reciben lo suyo- que también acaban trasladados al nuevo mundo. De la misma forma, conocen a una "colonia" de norteamericanos que, con su pedazo de Tierra, también llegan a aquel extraño planeta de la misma forma, y aunque los consideran aliados, no dejan de tener algunos desencuentros, debido a las diferencias culturales. Todo lo más, cosas que, difícilmente, se podían leer en las novelas estadounidenses, que raramente tenían en cuenta que en la Tierra vivía gente que no fuera de su país, y así lo trasladaban a las historias de otros mundos, donde sólo los norteamericanos WASP parecían estar capacitados a llegar.
La tercera novela apareció, en la misma editorial, en 1960.  "Tierra a la fuga -o a la deriva, que podría ser otra traducción"-, también escrita en primera persona por -como no- otro científico francés, que cuenta a un amigo cómo -no está claro cómo- se ve trasladado a un lejanísimo futuro, ocupando el cuerpo de otro, a una Tierra donde la Humanidad ha llegado a otros mundos, pero sin colonizarlos, y que ha sufrido una glaciación que casi ha hundido la civilización tal como la conocemos. Sobreviviendo a ésta, los humanos tendrán que sufrir otras dos, alcanzar Marte, donde descubrirán los restos de una civilización perdida; después Venus, que "terraformarán"; serán más tarde vencidos por una invasión de extraterrestres que, más adelante, serán exterminados por virus creados artificialmente por los humanos en laboratorios clandestinos... aquí Carsac crea una historia futura de la Humanidad con la que se podrían haber escrito, de haberlo él querido y alargado, libros enteros.

Una ilustración para una portada de "Este mundo es nuestro".

En 1962 aparecería su cuarta novela, "Este mundo es nuestro", que sería una segunda parte de "Tierra a la fuga", con una Nueva Tierra que intenta recrear la vida de la vieja, donde también ha habido un nuevo desarrollo tecnológico que ha llevado a la Humanidad por medio Universo, creándose o descubriéndose nuevas humanidades, con los enfrentamientos y conflictos consiguientes, y que incluye, probablemente, la primera -¿y única?- aparición de los vascos en una novela de CF. Sin saber como, éstos decidieron emigrar en masa a un mundo para ellos solos, topándose con otra especie verde y de cultura medieval, y más tarde, con humanos más avanzados, que se las tienen que ver con ambos -con los vascos, tanto como con los alien, pues insisten en conservar su cultura e identidad de una forma, al menos, más que tozuda-.
La última novela, aparecida en 1967, "La vermine du Lion" -¿Los parásitos del león?; no sabría cómo traducirlo mejor-, trata sobre los enfrentamientos entre una gran empresa extractora de minerales, contra pequeños mineros y protectores del medio ambiente. En otro mundo, sí, pero ecologistas de todas formas, y protagonizado por una especie de aventurero millonario de origen mestizo, que lo mismo puede ser caballeroso como brutal.

El protagonista de "Los parásitos del león", con sus dos protagonistas: el aventurero humano, y el león inteligente por medio de la genética.

Aparte de ello, Carsac escribió algunos relatos más cortos, como "Así se aburren en Utopía" (1976), parte de un recopilatorio de autores franceses del género, o "En las montañas del destino" (1974), pero ya fue a finales de su carrera literaria. Más adelante, sólo se dedicaría a la investigación, y al turismo. Y visitando Norteamerica, en la ciudad de Tucson, fue cuando murió, repentinamente, en 1981.
Tal vez poco conocido fuera de su país -en España se publicaron casi todas sus obras, pues durante cierto tiempo, la CF francesa tenía casi tanto eco como la anglosajona, pero después de los 60, raramente hubo ya alguna reimpresión-, al menos en la actualidad, en Francia es considerado, con toda justicia, como el responsable del renacimiento del género en tierras galas. Fue el que dio el gran salto, de la CF a la manera de Verne o Aine, a escribir, salvando las distancias, como un autor moderno y culto, como Asimov o Clarke. Ahora sólo falta que alguien lo tenga en cuenta, y tenga la ocurrencia -y poco interés por ganar dinero- de volver a ponerlas en circulación en el mercado hispanohablante. Aunque esto, tal como está la cosa, sea mucho pedir ya.

(Esta parte de la entrada la he podido crear, principalmente, gracias a un artículo de la legendaria revista-libro de CF española "Otra dimensión", que tanto hizo por el género en tierras hispanas, y cuyos números consigo siempre que puedo, recorriendo mercadillos de segunda mano. Buen consejo es hacerlo, porque se pueden encontrar cosas ciertamente interesantes).


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Quizá hablar aquí de dos editoriales. La primera nacería con la fusión de dos anteriores: Hachette, y Gallimard, que acabarían siendo la "Hachette-Gallimard". Sacaría una colección, conocida como "El rayo verde" -nombre probablemente inspirado en la novela de J. Verne del mismo nombre-, que se dedicó, básicamente, a la traducción al francés de autores anglosajones, como Asimov, Heinlein, Clarcke -no estamos hablando sólo de los años 50, sino de décadas, hasta la actualidad-, pero que no dio demasiada importancia a los autores patrios. Sin embargo, en deteminado momento, decidieron dar una oportunidad a Carsac y otros autores menores, tal vez, por miedo a que la CF autóctona, a la que, en cierto modo, habían ninguneado, o que consideraron algo del pasado -publicaban a autores franceses anteriores a la guerra, pero no a jóvenes valores- acabara ocupando parte del pastel que creían iban a comerse ellos solos.
Hachette Book logo.jpgFleuvenoir logo.gifLos que capitanearon, por decirlo así, a los autores autóctonos, no contra los foráneos -léase, norteamericanos y británicos- fue "Fleuve Noir" -Río Negro- que, realmente, se dedicaba, en general, a la literatura popular, sobretodo a la novela negra o detectivesca, o al terror, y casi siempre con autores franceses. Aunque, más que por patriotismo o chovinismo -algo, por lo demás, bastante común en Francia-, por una razón más simple y prosaica: la mayoría de aquellos franceses eran autores nóveles, o jóvenes con cierta fama, pero, en general, con modestas minutas. Una cosa es que, en un futuro, pudieran vender mucho, y cobrar por ello, pero, en principio, era gente que salía muy barata a la editorial. Y además, eran muy prolíficos. Sería en cambio, a partir de los 60 y 70, cuando, ya casi retirado Carsac, y asentada la CF francesa -fue a partir de mediados de los 60, cuando se ganó cierto respeto de la crítica, y atención de los medios-, cuando empezó a ser una superventas. En realidad, no ha habido editorial francófona que vendiera tanto como FN, cerca de mil millones, con mil autores y diez mil títulos en su haber. Algo no ya considerable, sin sencillamente extraordinario.
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Jean-Pierre Andrevon, la CF más fantástica.

Ya se ha hablado antes de Andrevon, en una de las entradas dedicadas al cine -en su caso, de animación- de CF francés. Él es el autor de la obra en la cual se basaría la película "Gandahar". Pero antes de llegar a ello, mejor hablar un poco de la persona, además de la obra propiamente dicha.
Andrevon nació en Bourgoin en 1937, y... todavía está vivo. Sí, estoy escribiendo, para variar, de un autor que todavía está con vida, cosa que, la verdad, hasta este preciso momento en que escribo estas líneas, desconocía. Como es de imaginar, la vida de Andrevon estuvo marcada por la guerra mundial, la ocupación nazi, y la posterior posguerra, que si bien no fue tan dura como en Alemania o la Unión Soviética, tampoco debió ser, ni para él ni para otros muchos, una época mucha abundancia, precisamente. Abandona sus estudios en el liceo -el instituto- de Grenoble para trabajar de peón en carreteras hasta los 20 años, para, posteriarmente, entrar a estudiar en la Escuela de Artes Decorativas de la misma ciudad. Andrevon demostraría ser un artista realmente poliédrico, pues no sólo sería escritor, sino también ilustrador y músico. Además, no sólo se dedicó a escribir relatos o novelas de CF -en varias editoriales, pero sobretodo, en la ya nombrada "Fleuve Noir"-, sino también policiacas, además de ser responsable de numerosos recopilatorios de relatos de género, donde se encargaba del prólogo, de incluir alguno de sus cuentos, y de poner de acuerdo a la tribu gala de CF para que no se dejaran olvidar por el gran público. Sería, por tanto, una de las luminarias del género en el mundo francófono, y quizá en toda Europa, teniendo en cuenta toda la historia, experiencia y creación que lleva a sus espaldas.
En 1969 escribiría "Los hombres-máquina contra Gandahar", que veinte años después adaptaría René Laloux al cine de animación. Obra rupturista, adulta y vanguardista como la novela de la que parte y que, un cuarto de siglo después, sigue siendo extremadamente moderna -incluso, teniendo en cuenta los avances de los últimos años en animación, y el hecho de que Laloux tampoco contó nunca con demasiado dinero o apoyo para llevar los conocimientos que había en dicho campo en aquellos tiempos-. No creo necesario explicar la historia de dicha novela, porque no es muy distinta de la que se puede ver en las imágenes creadas por Laloux. Pero, sin duda, a finales de los 60, resultaron algo parecido a las obras de Carsac en los 50: un soplo de aire fresco, y una llamada de atención a los aficionados y críticos del género fanta-científico, para que supieran que sí, que en Norteamérica había, sin duda, una legión de grandes, o al menos de más que aceptables, autores, pero que también había que mirar, aunque fuera de vez en cuando, al otro lado del Atlántico. Andrevon fue uno de los que atrajo esa atracción. Otro sería el polaco Lem, aunque éste fuera un autor bien distinto.

A partir del éxito de Gandahar, Andrevon se pudo dedicar seriamente, y a tiempo completo, a la escritura    -antes había sido profesor de dibujo, precisamente, en el estudio Champollion de Grenoble que había abandonado antes de tiempo, y después soldado en Argelia-. En los 70, decidió cultivar la "space opera", con la trilogía de "La época de las grandes cacerías"-"La guerra de los Gruulls"-"Dios de la luz", que volverían a publicarse en un sólo volumen en los años 90.

Una versión más "futurista" de los hombres-máquina del mundo de Gandahar.

Dejando aparte obras menores, y teniendo en cuenta la amplitud de ésta, uno novela a resaltar sería "El trabajo del hurón en el gallinero" (1983), donde, al reducirse casi a la nada la mortalidad, se decide a nivel mundial un número máximo de habitantes por país, y si, por exceso de natalidad, o deseo de reducir la población -o por exigencia del gobierno mundial, que sería más exacto- sobraban individuos, se pagaba a unos asesinos -los hurones- para que ejercieran, de la forma más "limpia" posible, el exterminio de los considerados por el gobierno como prescindibles. Y eso es lo que hace el protagonista, hasta que empieza a pensar. Y al pensar, es cuando empieza a tener problemas... La historia fue adaptada como una película para televisión por Fabrice Eberhard, y al cómic por Afif Khaled.
Además de otros relatos ambientados en el universo Gandahar -como "Las puertas de Gandahar", de 1999, o "El exilio de Gandahar", de 2005, entre otras- se podría destacar "Los guerreros de la noche", donde unos supuestos espíritus de guerreros navajos intentan expulsar de las tierras de su pueblo a los trabajadores y propietarios de una empresa minera que amenaza con destruirlas.
Otra historia curiosa sería -y que, probablemente, haga recordar a una reciente obra de E. King- sería "La casa que se desliza" -ya de 2010, lo que demuestra que todavía está activo-, donde los habitantes de un pequeño pueblo se ven rodeados por una extraña niebla imposible de atravesar -al menos, aparentemente- pero que no impide la entrada y salida de desconocidos seres que amenazan a los desgraciados humanos que han acabado atrapados, junto a sus viviendas y vehículos, en lo que parece una cúpula gaseosa, que los tiene atrapados como insectos. Esta no sería, incluso, su última obra. Se trataría de "Nueva bolsa" -¿se traduciría así "Nouvelles de poche"?-, de este mismo 2012.

Portada de "La casa que se desliza", dibujada por él mismo.

En cuestiones de literatura apocalíptica, publicó en 2006 "El mundo, por fin", donde un viejo agotado pasea a caballo por una Francia donde la población humana ha sido casi totalmente exterminada, y la vegetación ha borrado todo rastro de civilización, encontrando solamente un puñado de ancianos como él, pero también a otros personajes, como una mujer joven obsesionada con tener un hijo, o los tripulantes -o no-tripulantes- de una expedición abortada hacia otra estrella. Eso, y la existencia de unos extraños meteoros azules, que no se sabe bien si son señal del apocalipsis final, o de un motivo de esperanza. Quizá pueda hacer recordar a la novela "Los genocidas", donde una supuesta invasión extraterrestre, realizada no con armas, sino con una vegetación que destruye el mundo de los hombres, amenaza con apoderarse del planeta, barriendo toda vida humana, animal o vegetal. Pero Andrevon, dentro de lo que cabe, es menos oscuro, y nos hace soñar o, al menos, ver las cosas de forma realista, pero siempre con un mínimo de optimismo.
También se interesó por la historia alternativa. En "El último domingo del señor canciller Hitler", de 1995, se cuenta la historia alternativa donde el dictador nazi malvive, protegido -¿por qué, realmente?- por el FBI, y junto a su esposa Eva Braun, en un mísero apartamento de Nueva York.
Sería responsable de varias recopilaciones, como las dos que responden al nombre de "Volver a la Tierra", en 1975 y 1976.
"Los visitantes"; ilustración del autor.

Pero también sería defensor de la causa ecologista, con la creación de la revista "La boca abierta"; participaría en el Taller de Escritura Creativa de Grenoble; en los 70, sería crítico de cine y cómic; también ilustrador y escritor en la revista satírica "Charlie Hebdo" -la que, recientemente, fue atacada por fanáticos islamistas, debido a las burlas que ésta hacía sobre Mahoma-, e incluso se dedica a la pintura, con el mural "El muro de las galaxias" -aunque sus ilustraciones futuristas son muchas más-. Además, claro está, de recibir reconocimiento y premios, como el Gran Premio dela CF francesa. Y en sus tiempos libres, hasta compone música; ya va por su tercer disco. Con un estilo que podría considerarse de fantasía científica, más que de CF dura -"hard SF", como llaman los anglosajones a las obras donde la exactitud científica están por encima de la historia en sí misma, aunque eso no deba significar que tenga, por ello, que resultar aburrida-, sigue resultando nuevo y fresco, y un autor a descubrir para los no francófonos -y para muchos de ellos también, sobretodo los más jóvenes, aunque él nunca abandonó la literatura juvenil-. Además, es uno de los pocos escritores, sin importar nacionalidad, que en no pocas ocasiones ha ilustrado las portadas de sus propios libros. En fin, toda una leyenda, y todavía en activo.

"Saturno 3: la torre Perret", una de las ilustraciones de Andrevon.


Stefan Wul, y quién se ocultaba tras ese pseudónimo.

Stefan Wul es el pseudónimo del parisino Pierre Pairault (1922-2003), que también utilizó en ocasiones el de Lionel Hudson. Aunque se graduó en filosofía en 1940, al finalizar la II Guerra Mundial decidió estudiar algo con más salida profesional, así que se decidió a ser cirujano dentista. Pero París no debió llenarle, así que en 1952, un año después de casarse, decidió marcharse al campo normando, y allá vivió durante el resto de su vida.
A partir de 1956, empieza a escribir, adoptando el pseudónimo del nombre de un científico atómico que leyó por casualidad en una revista científica. En vista de que la novela negra -muy en boga en su país y Bélgica desde antes de la guerra- no se le deba demasiado bien, decidió provar en la CF, según contó él mismo, por las malas críticas que hizo su mujer a una novela de dicho género. Algo así como "¿Tú serías capaz de hacerlo mejor?". Y por lo visto, el señor Pairault no pudo decir que no a su señora, cosa que los aficionados agradecieron muy mucho. Como Andrevon -y otros muchos, algunos de los cuales ya se nombrarán en la próxima entrada sobre el tema-, Wul también decidió intentar publicar -y lo consiguió- en la editorial "Fleuve Noir", en su colección "Anticipación". Su obra es corta: doce novelas, además de algunos relatos y poemas -entre ellos, uno dedicado al héroe galo Vercingetorix, la "Vercingetoríada", que vendría a ser la respuesta celta -y francesa- la la Ilíada o la Eneida de la civilización greco-romana. Como Wul publicó, básicamente, entre 1956 y 1960, se podría decir que su nombre saltó a la fama cuando la CF ya no fue considerada ni tan siquiera como "infra-literatura", para pasar a ser, según críticos sesudos, poco menos que bazofia para idiotas. Resulta duro, pero la realidad era así. Y más, en un país tan intelectual, e intelectualoide, como Francia, donde, al menos en las últimas décadas, los géneros, sea en literatura o cine, han recobrado el respeto e interés de los medios de comunicación que nunca habrían tenido que perder.
¿Cuáles son sus principales obras? 
"Retorno a 0" (1956), sería una "space opera", donde los delincuentes de una colonia penal en la Luna no sólo consiguen rebelarse y triunfar sobre sus guardianes sino que también, dirigidos por un sabio atómico allá retenido, intentarán vengarse sobre la odiada Tierra. Aparentemente, no parece algo muy original -quizá, lo más llamativo sería encontrar individuos reducidos a un tamaño microscópico introducidos en cuerpos humanos, sobretodo teniendo en cuenta que la película "Viaje fantástico", con guión de Asimov, es de 1966-, pero parece que Wul fue capaz de crear personajes de carne y hueso, mezclado con una forma original e imaginativa de explicar la historia, aunque la ciencia propiamente dicha ocupara un lugar bastante secundario en el relato. Lo que él llamaba "un depósito de imágenes e ideas locas". Wul consideraba que, si no conseguía que el lector se sintiera dentro de la novela, si la atmósfera de la historia no le atraía, todos los datos técnicos que pudiera darle no servirían de nada, que sería como perder el tiempo. Cansados de las traducciones de autores anglosajones no demasiado inspirados, o simplemente porque buscaban algo nuevo y autóctono, la otra de Wul tuvo mucho éxito entre la legión de seguidores de "Fleure Noir", así que no le costó conseguir que se le encargaran nuevos trabajos.
"Niourk" (1957), es una -otra- novela post-apocalíptica, donde el protagonista, un niño negro que va a ser sacrificado por su tribu, consigue finalmente escapar, vagando por un mundo donde los océanos se han secado, los humanos sobreviven como clanes violentos y míseros, y los pulpos han mutado transformándose en un peligrose e inteligente enemigo,y consigue llegar, dirigiendo a su pueblo a la ciudad legendaria conocida como Niourk, o en su nombre antiguo: Nueva York. Allá reconstruirá la civilización, después de haber comido el cerebro del anterior jefe, un anciano que fallece por radiación, lo que hace que la inteligencia del niño se desarrolle hasta límites casi sobre-humanos. Un relato extraño, pero atractivo, y con un personaje -negro, además; despreciado por su raza, pero tratado igual que si fuera un protagonista blanco, sin estereotipos raciales- de lo más moderno para la época. Probablemente su mejor obra, hizo subir el nivel medio de la calidad de las novelas de CF de su editorial.

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El protagonista de "Niourk".

Radio: Álbumes (Sci-Fi) Series: Niourk T1, El Niño Negro (Toilé)
Portada de un cómic de O. Vatine, a partir de la obra de Wul.

En "Rayos para Sidar" (1957), el Sidar del título es una antigua colonia terrestre que, por medio del mercadeo político, pasa a depender de un estado planetario -o interplanetario, no se sabe bien- de Xress, que además de un mundo, es una especie de ratas inteligentes, que deciden eliminar a los sidaritas, los habitantes más o menos humanos de este pequeño mundo selvático, lleno de plantas y animales alienígenas, donde Wul tira de imaginación para plantearnos que sería la lucha entre sus protagonistas -un humano, Lionel, y su clon cibernético- contra estos seres genocidas, en una selva quizá no del todo creíble -más de película de Tarzán, que de libro de geografía serio- pero que tampoco importa demasiado al lector: al fin y al cabo, se trata de una selva de otro mundo, así que tampoco es necesario que se parezca en extremo a las que tenemos en la Tierra. El plan de Lionel es cuanto menos increíble: en lugar de combatir a las ratas, que consideran que la colonia está dentro de su "espacio vital", decide llegar con su clon a un laboratorio para, desde allá, intentar que el pequeño mundo "viaje" al sistema solar, para, así, ponerlo en lugar seguro. Claramente, aquí prima la más loca fantasía, pero ¿importa mucho, después de tanta fantasía exótica?
"Oms en serie" (también de 1957, está claro que, o Wul tenía ya material a medio escribir, o tuvo un año muy movido) es fácil de resumir. Esta obra genial fue la base de "El planeta salvaje" de Laloux, con sus seres extraterrestres gigantes -draags-, y sus pequeñas mascotas de aspecto humano -oms-. Tan humano, porque eso es lo que son. La dureza de ver a nuestros congéneres de especie reducidos a pequeños animales de compañía, al papel que representan en la sociedad, pero también, la forma en que los supuestos mini-esclavos pueden darle la vuelta a la situación y conseguir dignidad y reconocimiento.

Una ilustración sobre "Oms en serie", de Mike Hawthorne.

"El huérfano de Perdido" (1958). Cuenta la historia de un niño, único superviviente de una colonia en el planeta de nombre "Perdido" -y que como es de suponer, está allá, perdido en algún oscuro rincón del universo-, tras el ataque de un enjambre de avispas gigantes, parte de la fauna de dicho mundo. Por medio de un micrófono, que usa como un juguete, logra ponerse en contacto con la tripulación de una nave de contrabandistas, que deciden ir a buscarlo. A partir de esta novela, Laloux rodaría otro de sus clásicos, "Los amos del tiempo", con la inestimable colaboración del maestro Moebius, que añadiría algunos cambios marca de fábrica "Metal Hurlant", los humanos transformados en una especie de ángeles blancos, asexuados, sin rostro y que se comportan como si compartieran una sola mente suprema; y "los amos del tiempo", extraterrestres que explican la paradoja temporal por la cual, los rescatadores llegan a Perdido... un siglo antes del exterminio de la colonia.

Imagen de la película de Laloux, a partir de "El huérfano de Perdido".

Después de escribir otras cuatro novelas -entre ellas, "La muerte viva", donde se habla de la clonación: una joven madre pide a un viejo científico que "resucite" a su hija... y consigue no uno, sino siete clones de ella; o "Trampa en Zarkass", donde vuelve con aventuras en planetas selváticos, aquí uno amenazado por misteriosos triángulos de luz-, en 1959 decidió dejar de escribir casi al completo, después de haberse ganado bien la vida mediante la literatura -aparte, claro está, de la posibilidad de seguir como dentista, aunque esto último ya no parecía interesarlo tanto como antes-. La pintura y la escultura, pero sobretodo la jardinería, ocuparían parte de su tiempo desde entonces.
No es que dejara la literatura al completo, pues siguió escribiendo relatos cortos -empezó con ellos en el 57- y la poesía. Revistas como Satellite o Fiction los publicaron sin problemas, y la poesía, que se tomó muy en serio en sus últimos años de vida -en 1997 decidió publicarlas en un recopilatorio-. Respecto al por qué dejó de escribir tan pronto, y siendo todavía tan joven, el respondió, simplemente, que se le había acabado la inspiración, y que prefería parar, antes de escribir bazofia o, al menos, obras que estuvieran muy por debajo del nivel de lo que había publicado, y que tanto había hecho por la CF de su país, y por su editorial, que todavía lo publica. En 1977, publicó su última novela, "Noô", publicado en dos partes -es una obra extensa- sobre la guerra entre dos mundos: Soror y Candida, donde Wul, ahora más profundo, y con referencias de todo tipo -literarias, pictóricas, geográficas...-, escribe su novela no sólo más larga, sino también más compleja y completa -llega a inventar enfermedades, fauna y flora, leyes, una enormidad de neologismos...- que resulta, sin duda, una dignísima despedida. Lastima que no decidiera escribir más. Y lástima, también, que resulte tan extremadamente difícil encontrar algo en castellano de tan magnífico autor.

Trampa en Zarkass
Otra adaptación al cómic, en este caso, "Trampa en Zarkass". La obra de Wul es lo suficientemente actual como para que le sienten bien nuevas versiones sin desviarse demasiado del original.

Y después de haber hablado de Stefan Wul, y de Jean-Pierre Andrevon, que inspiraron la obra del ya comentado Laloux, lo dejamos estar, hasta la próxima -y se supone que última- entrada sobre dicho tema.




sábado, 20 de octubre de 2012

La ciencia-ficción francesa ( II ) El cine en los 70 y 80.

Continuación sobre el cine de CF galo, incluyendo el de animación.


Bien, ya iba siendo hora de finalizar la temática sobre el cine francés de CF, dejando un tanto claro un detalle: qué es CF -en un sentido amplio-, y que no. Porque hay cine que se puede considerar, básicamente, como de fantasía o terror, y otro que entraría de una forma más clara en el género que nos ocupa. Aunque esto, no siempre es tan fácil 
¿Sería "Vidocq", de Pitof, CF? Personalmente, creo que no. Se le podría considerar una cinta que mezcla el thriller con la fantasía, y un poco de terror folletinesco -muy francés, por otro lado-, dentro de una ambientación histórica -el París revolucionario de 1830, cuando se expulsó al rey Carlos X, el último borbón francés-, pero no, en mi modesta opinión, como de ciencia-ficción propiamente dicha, por muy elástica que, en ocasiones, pueda resultar esta etiqueta. ¿Se podría considerar "La ciudad de los niños perdidos?", de Jeunet y Caro como tal? Es difícil de decir. Se podría decir, erróneamente, que es una película infantil. Pero aunque así fuera, ¿es que acaso el cine dedicado a los niños no puede formar parte de un género en sí mismo? Tal vez, dicha película tenga influencias del steampunk, pero, más bien, debería considerarse un film de fantasía. Aunque pueda equivocarme. Lo mismo podría decirse de "El pacto de los lobos"? En este caso, lo veo un poco más claro: básicamente, sería una película de acción, con tintes históricos y terroríficos. Con mucha fantasía e imaginación, eso sí, pero eso no significa que sea, ni mucho menos, ciencia-ficción.
Por otro lado, también incluyo un par de películas de animación, pues en Francia, ya en los 70, se consideraba que se podía hacer cine de animación -o sea, dibujos animados- sin necesidad que estuviera dedicado, exclusivamente, al público infantil. Además, era una forma más barata, y con gran capacidad de desarrollar mundos imaginarios y complejos, para realizar películas de género CF.
Así pues, coloco aquí esta pequeña lista. Con toda seguridad, estará incompleta, pero es a partir de los 70 cuando el género tiene más vida, tanto en Francia, como en EEUU y en otros países, así que, en principio, es más lógico no incluir todos los títulos que puedan venir a la mente.


FRANCIA, SOCIEDAD ANÓNIMA (1973, PERO ESTRENADA EN 1974).

Fue el primer film de Alain Corneau. La historia consiste en que un hombre del pasado es "resucitado", o vuelto a la vida, en un centro científico, en el año 2.222 -curioso número, éste-. En su momento, en los años 70 del siglo XX, fue un hombre famoso, y, repentinamente, vuelve a serlo, así que un número indeterminado de periodistas invisibles lo entrevistan para conocer la época de la que proviene.

El cartel de la película, en francés.

Entonces, descubrimos la naturaleza y el origen del personaje en cuestión. Se trata de un antiguo narcotraficante, uno de los más importantes del mundo, que se queda, literalmente sin negocio, cuando el estado decide legalizar la producción y venta de todo tipo de drogas, en parte para acabar con la violencia y marginalidad que provocaba -supuestamente- si ilegalización. Y en parte, aunque hipócritamente se quisiera negar, para beneficio económico del estado, debido a los enormes ingresos que conseguiría mediante impuestos a estos nuevos "respetables empresarios".
Nuestro hombre, entonces, desengañado con un estado al que, realmente, combatía mediante la delincuencia  
-o, por lo menos, desobedecía sus leyes y reglas-, decide unirse a un -poco creíble, ciertamente- grupo entre guerrillero urbano y terrorista de adictos defensores de un "consumo popular y libre", y contrario a las grandes multinacionales, ahora legales -y empresas cercanas a un gobierno que las considera pilar de la nueva economía- que controlan el mercado de producción y venta de estupefacientes.

Un mitin político del grupo de adictos-combatientes.

Tampoco mucho más que añadir, excepto que, en los 70, tanto en Europa como en América, hubo muchos intentos de romper las reglas de lo que se podía, y no se podía -y cómo- en el cine. No deja de ser una película que da de pensar. A veces se podría suponer -bien o mal; eso, cada uno es libre de hacerlo como quiera- que se considera el consumo de drogas,  y no sólo las blandas, tipo marihuana, como algo mucho menos serio de lo que realmente es. Pero, en la práctica, se puede considerar que la crítica es otro, y tiene un destino distinto: la capacidad del Estado para conseguir ingresos de la forma más impresentable posible; el cómo crimen y Estado son capaces de no sólo convivir, sino de aliarse para conseguir beneficio para ambos -esto no es tan increíble; sólo hay que ver la capacidad de introducirse de todos los grupos mafiosos organizados en la administración pública, justicia y policía incluidas-; y el que, a la hora de la verdad, cualquier cosa, droga incluida, puede llegar a ser -y a ser considerada- como una mercadería más para ser comprada y vendida al por mayor.


EL PLANETA SALVAJE (1973).

Esta es una de las primeras películas de imaginación que podríamos considerar, realmente, como adultas -aunque un niño de cierta edad, o al menos un adolescente, también podría verla y comprenderla sin problemas-. Y además, de género.
El responsable de todo ello fue René Laloux, uno de los padres de la animación moderna en Francia, a partir de una novela del también francés Stefan Wul (seudónimo de Pierre Pairault): "Oms en série". Y contaba con la ayuda de Roland Topor, uno de los miembros del movimiento teatral conocido como "Grupo pánico", junto al español Fernando Arrabal, y el chileno Alejandro Jodorowsky.
Su deseo era aprovechar el dibujo animado para contar una fábula de CF, donde el ser humano no fuera el rey de la creación, y la especie dominante en el planeta, sino un ser pequeño e indefenso, tratado como una mascota -cuando no, simplemente, exterminado, por ser considerado una plaga dañina-, por otros seres, los Draag, que aquí ocupan el papel de "cúspide de la evolución".
El origen de la co-existencia, nada pacífica, y aún menos justa, entre ambas especies es sencillo: realmente, los humanos no viven en la Tierra, fueron encontrados allá por los Draag, un pueblo tecnológica, cultural y éticamente avanzados -ética que no les impide tratar a la otra especie inteligente como simples animalillos, poco menos que de la misma forma que nosotros tratamos a las distintas especies de roedores, sean estas silvestres o domésticas-, que los encontraron en su mundo natal, la Tierra, sobreviviendo en un ambiente de devastación post-apocalíptico. Se da a entender en la película -más o menos a medio metraje, para informarnos un poco mejor del origen de los humanos- que nuestro mundo ha sido destruido por una mezcla de guerras y contaminación, y que los humanos supervivientes son pocos y dispersos. En nuestro planeta, los Draggs encuentran restos de una antigua civilización, pero parecen negarse a creer que los pequeños seres salvajes y antropomorfos que encuentran allá son los descendientes degenerados de los que crearon dicha civilización. Se trata de una auténtica negación de la "humanidad" -en este caso, del raciocinio, de la capacidad de pensar y sentir como seres racionales- del otro. Tal como, sin ir más lejos, se actuaba en todo el mundo con los esclavos. Negándoles la humanidad, aunque se viera a primera vista que disfrutaban de ella igual que sus supuestamente civilizados amos, se les negaba cualquier tipo de derechos. Y, de la misma forma, también se intentaba evitar cualquier duda, arrepentimiento o empatía con los que, en la práctica, no son más que animales con aspecto humano. Comportamiento que también se repite -todavía más, si cabe- cuando se quiere eliminar a individuos, o a pueblos enteros, por no considerarlos iguales; por no ser realmente humanos.

Lo que queda de la humanidad, reducida a mascotas de una especie aparentemente superpoderosa.

No me extenderé demasiado sobre la historia, porque es mejor verla. Explicar que algunos de estos humanos son como mascotas, lo que a veces comporta que algunos mueran debido al maltrato, sobretodo de los niños. Pero el protagonista, Terr -que parece decir "terrícola", pero también "terrible"- consigue conocimientos mayores de lo normal en un humano -incluido el saber leer y escribir- mediante una especie de diadema que los Dragg niños utilizan para aprender sin esfuerzo, pues no tienen libros.
Una vez que conoce desde el interior la sociedad de la especie dominante, y tras haber conseguido adquirir conocimientos con los que ningún humano había contado en generaciones, decide huir, y unirse a sus hermanos de especie que viven el precaria libertad -como animales salvajes, que es como se les considera-. Tras unirse a una tribu libre, que es diezmada por la fauna del planeta -como ya dije, no es la Tierra, y allá, los humanos, no dejan de ser una "especie invasora", introducida artificialmente, y en parte "asilvestrada" como hicieron los europeos con animales y plantas en América y Oceanía. Después de la huida, tiene contacto con otra tribu, considerada de bandidos -o más belicosa, según se mire-, de la que acaba siendo líder. En pocas palabras más: los humanos consiguen algo parecido a una rebelión de esclavos, que en parte es aplastada -se decide una especie de "solución final", o exterminio, de todo humano libre-, hasta que, finalmente, los Draggs más moderados llegan a la conclusión de que se las están viendo con una especie diferente, y si firman la paz con ellos, y deciden que es mejor la convivencia que la esclavitud o la violencia, es, en la práctica, porque consiguen ver en ellos a unos iguales, otros seres pensantes.
Evidentemente, esta es una fábula animada sobre la convivencia, la intolerancia, y la ridiculez de la violencia por diferencias raciales, culturales, etc. Y más, cuando, finalmente, unos y otros se dan cuenta de que el convivir es el mejor camino -sobretodo, los Draggs, que son la especie dominante; los humanos, en principio, no buscaban la lucha por la lucha, sino el combatir por conseguir la libertad-.

 
Los niños draggs, jugando con sus mascotas humanas.

La animación es un tanto "primitiva", y más, si la comparamos con cualquier película animada actual, tanto norteamericana, como japonesa o europea. Pero el color, y la imaginación de los paisajes y los animales, supera mucho lo que se podía ver en la CF norteamericana. Sobretodo, porque se buscaba, dentro de la fantasía, cierto realismo "naturista" y pictórico; que pensáramos que el planeta imaginario que se nos presenta, hasta cierto punto, sería posible. La película es, de todos formas, una co-producción con la antigua Checoslovaquia -no en cuestión de guión o personajes, ni de las voces, porque el original es en francés, pero sí en el trabajo de animación, que fue casi artesanal -no es que no hubiera programas informáticos en aquella época para este trabajo; es que, incluso comparando con otros países, Checoslovaquia tenía unos profesionales implicados, pero que hacía mucho que no sabían de adelantos tecnológicos. Todo eso no impide que, a no ser que estemos demasiado acostumbrados a un solo tipo de animación -la actual, tanto norteamericana como nipona-, que, aún hoy, no deje de resultar llamativa y fascinante. Por algo ganó en el mismo año 1973, el premio especial del público del Festival de Cannes.
Respecto a la influencia de Topor -que tiene que ser lógicamente grande, al tratarse del dibujante-, se nota por cierto aire entre surrealista y onírico.
Encontrar la película en español, hasta no hace muchos años, no era posible, pero hace poco que, según he podido leer, salió al mercado en España -doblado y subtitulado-, y en México -al menos, con subtítulos-. En internet, también se le puede encontrar, al menos, en versión original con subtítulos al español, dividido en varias partes. De todas formas, no es una película larga -algo más de una hora-, así que tampoco se puede hacer demasiado pesada. Eso sí, si tenemos en cuenta la época, podremos ver en ella una obra rupturista y con deseo de dar una forma alternativa a la animación, de género y más adulta.


LOS AMOS DEL TIEMPO (1982).

De nuevo, una película de animación; de nuevo también, con dirección y guión de René Laloux (aunque con la inestimable ayuda, sobretodo en cuestión del dibujo, pero también en la adaptación de la novela en la que se basa, del genial y ya legendario Moebius); y sí, también, de nuevo, a partir de una obra -"El huerfano de Perdido", que es el nombre del planeta donde transcurre la historia- de Stefan Wul -que, al contrario de lo que se podría pensar, apenas pasó de una decena de obras, a pesar de la enorme influencia posterior de ésta-.
La historia, realmente, es de los más simple. Un niño, Piel, es el único superviviente del accidente de una nave espacial en un mundo prácticamente desconocido por los humanos, en lo que se llamaría "el espacio no explorado", y que recibe el nombre de "Perdido". Más claro agua, el niño está también perdido, rodeado de una fauna y una flora increíbles, surrealistas -al fin y al cabo, extraterrestres, extrañas a los humanos-, y tiene trabajo de sobra para sobrevivir. Pero también cuenta con una máquina, una especie de walkie-talkie mezclado con aparato de radioaficionado, pero en versión futurista. Con él, logra, a base de probar, o de jugar, contactar con Jaffar, antiguo amigo de su difunto padre, y capitán de una nave espacial. Y él y su tripulación intentarán ir a ese planeta olvidado, para salvar al niño.
Aparentemente, no debería resultar tan difícil, pero es que este mundo ha sido elegido por una extraña raza de seres sin rostro y aspecto angélico -que no angelical- para ser colonizado. Una especie donde el individualismo, incluso la individualidad no existen, y actual todos a una, como células de un ser sub-dividido en otros seres menores, que no son capaces de actuar de forma independiente.
Así pues, a los peligros de un planeta tan salvaje como el que comenté anteriormente, los protagonistas humanos se las tendrán que ver con una gente que, erróneamente, podríamos considerar malvados, pero que, realmente, sólo son diferentes. Extraordinaria y terriblemente diferentes, lo cual hace harto difícil, quizá imposible, el entendimiento mutuo, aunque sea mínimo.

Los protagonistas de la película -aparentando una portada de álbum de cómic europeo, aunque éste nunca se llegó a realizar.

La influencia de Moebius, es enorme. Sus dibujos son de lo más representativo, y se ve, sobretodo, en los paisajes de extrema imaginación onírica, y en un par de pequeños seres que acompañan al capitán Jaffar y sus amigos humanos, que aparentan ser una especie de "robots blandos", construidos, no con metales, sino con algún tipo de plástico flexible, y que además son telépatas, aunque su auténtica naturaleza nunca nos es explicada claramente. Como ocurre, por otra parte, con gran parte de la obra de CF, o de fantaciencia, de Jean Giraud -el nombre real de Moebius-.

Los seres sin rostro ni personalidad propia, que desean colonizar Perdido.

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Los "moebianos" seres telépatas, de cuya "robocidad" tengo dudas.


VIVA LA VIDA (1984).

En este caso, no es que tratemos de una obra maestra, sino, más bien, de una alternativa. O, al menos, atrevida, aunque no sea con la mejor suerte. El director y guionista de esta película, Claude Lelouch, siempre gustó del cine alternativo -que en Francia, donde agrada tanto el llamado cine de autor, aunque en no pocas ocasiones simplemente para aparentar intelectualismo, muchas veces de pega-, esta supuesta "alternatividad", tal vez no lo sea tanto.
Resumiendo, la historia consisten en que dos personas, el empresario Michel Perrín,y la actriz Sarah Gaucher, desaparecen misteriosamente, el mismo día y a la misma hora, para aparecer poco después, aparentemente, sin hacer sufrido mal o accidente alguno, y sin recordar nada de lo que ha sucedido. Curiosamente, y exactamente un año después de ese extraño hecho, vuelven a desaparecer, y a aparecer de nuevo, lo que hace que las respectivas parejas de estas dos personas, que aseguran no conocerse de nada, se preguntan si no hay algo más detrás de todo aquello.

Viva la vie!
El cartel de la película.

Y sí que resulta que lo hay. Nada menos, que el mensaje de unos extraterrestres, que, por medio de dos humanos, y con el poder de lanzar sus mensajes a través del sueño -y con un hiperrealismo que puede ser terrible-, intentan convencer -o más bien, forzar, en vista de que los humanos son bastante tozudos- de los peligros del armamento atómico, que amenaza con destruir el planeta.
La película recibió bastantes críticas, argumentándose que era "loca y salvaje" y que, si bien no era en absoluto criticable que el autor quisiera hacer con ella crítica a la guerra fría y al peligro nuclear, aquella se hacía de la forma más simple, "sin ton ni son".
Un dato curioso, es que, al principio de la película, y antes de que se pudieran ver a los actores en acción, el mismo director y guionista pedía a la gente que no contaran la historia, ni aún menos el final de ésta, una vez que salieran del cine. Quien quisiera saber cómo acababa, que fuera a verla a la sala. En principio, porque así, podrían verla sin prejuicios, sin tener en cuenta lo que otros hubieran contado sobre ella. En principio, también, y aunque él no lo dijera, porque así habría más gente dispuesta a pagar la entrada. ¿O no?

GANDAHAR (1988).

De nuevo, una película de animación. Y sí, ¡de nuevo René Laloux! -no, Laloux no es el único productor, guionista, y en resumidas cuentas, autor de animación adulta en Francia; pero a veces, realmente lo parece-. En este caso, no se basaba en una historia de Wul -tampoco tenía tantas, el pobre hombre-, y en este caso, la expresión "fantaciencia" tiene más sentido que en las otras dos, pues la fantasía está por delante de la CF propiamente dicha. Pero tratándose de un planeta lejano y extraño, hasta cierto punto, esta última etiqueta también vale. En esta ocasión, la obra que sirve de inspiración es del novelista Jean-Pierre Andrevon, cuyo título original era "Los hombres-máquina contra Gandahar" -no Kandahar, la ciudad afgana, aunque no sería raro que el autor se inspirara en tan lejano y exótico lugar-. Respecto al dibujante, en lugar de Topor o Moebius, en este caso, contaría con la colaboración de Philippe Caza, otro miembro importante del grupo de autores fundadores de la revista "Metal Hurland". El subtítulo, o etiqueta, de la película, era "Los años luz", y a partir de ahí se hizo la traducción al inglés, "Light years", obviando el original.

El cartel, con su título en inglés.

La historia se centra en el personaje de Sylvain, un humano que se encuentra en el planeta Gandahar de paso -o sea, que, como quién dice, pasaba por allí-, y se enamora de una joven del lugar, Airelle, sin importarle un detalle tan aparentemente nimio como que la chica es de piel y cabellos azules. Es de suponer que, en un lejano futuro, el problema del racismo, definitivamente, ha desaparecido, así que un detalle como ese no debería tenerse en cuenta a la hora de enamorarse. Hasta ahí, muy bien. Y lo mismo cuando, de nuevo Laloux -en parte basándose en la obra de Andrevon, y en parte improvisando- crea un nuevo mundo de fantasía, lleno de seres a cual más extraño.
Ahora bien, no todo podía ser tan bonito, y unos hombres-máquina -o más bien, hombres metálicos, o mecánicos, pues su apariencia no correspondería a la de los robots clásicos del cine más antiguo, o del cómic más infantil- destruyen los pueblos, eliminando a la población, transformándola en piedra, con la ayuda de un extraño rayo, y llevándose las estatuas resultantes a su guarida, no se sabe bien -en ese momento- por qué.
Los hombres máquina, con su siniestro botín.

Los protagonistas, por tanto deciden luchar contra la amenaza, a la que ningún ejército puede hacer frente, llegando a la ciudad de estos hombres- máquina, para escapar a una isla donde vive un extraño ser: un cerebro gigante, con el que es posible comunicarse mediante telepatía, conocido como Metamorphis. Por medio de él, el protagonista descubre que éste es un experimento de los sabios de Gandahar, que fue abandonado al considerarlo inestable -o simplemente, monstruoso- y que, si bien en ese momento no es peligroso, mil años después, es capaz de saber que será malvado, que creará a los seres máquinas, y que serán un ejército que viajará al pasado para transformar a los habitantes del planeta en futuras células, una especie de alimento para el cerebro. Pero como éste, que en ese momento no es malvado, no desea que todo acabe así, con el exterminio de la población, manda al héroe al futuro, con un veneno que lo mataría en esa época -en el pasado, parece, que no sería efectiva-, podría salvar a los gandaharianos -que dejarían de ser de piedra, y que han llegado allá por medio de una especie de túnel del tiempo- y, finalmente, podrían viajar al pasado, a su época, para encontrarse con el resto de su gente. Y Sylvain, claro está, con Airelle.
Esta historia no tuvo tanto éxito como "El planeta salvaje", o "Los amos del tiempo", pero, aún así, Laloux seguía siendo uno de los portaestandartes de la animación adulta. Aún así, después de esta película, y de "La prisionera", apenas pudo hacer nada más. Básicamente, por falta de financiación. De todas formas, Laloux, que merecería un especial, fue uno de los padres de la CF cinematográfica moderna, tanto en Francia, como en toda Europa.

Imagen
El parecido de los hombres-máquina, sin piedad ni alma, con las SS no es casual.

Por último, decir que el novelista escribió más relatos sobre Gandahar, que se ha ido transformando, con el paso de los años, y la ayuda de internet, en un mundo de fantasía con bastantes seguidores.
Aquí, el enlace con una web sobre Gandahar -y no sólo de la película-. Está en francés, pero muchos navegadores -imagino, al menos, sí el Chrome-, permiten la traducción, más que aceptable.


Bien, cierto es que prometí que, en esta entrada, acabaría con el cine, incluyendo la animación, hasta nuestros días. Pero como todavía tenía cuatro o cinco películas -ya veré cuantas- en el tintero, para no hacerlo demasiado largo -y porque no me apetecía, la verdad, pues no me agradan las entradas demasiado largas-, dejo la tercera parte para muy pronto.