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miércoles, 6 de mayo de 2015

Los prerrafaelitas (XVII):  Arthur Hacker, ilustre secundario, entre prerrafelismo y academicismo.

El último de una larga lista de pintores aquí retratados junto a su correspondiente obra.


Aquí tenemos un caso de artista tan ecléctico, tan abierto a experimentar con nuevas técnicas y tratar diversos temas, que es difícil considerarlo prerrafaelita, academicista, ambas cosas, o algo más. Probablemente, fue todo ello, y si bien nunca fue un fuera de serie, ni alcanzó la fama de otros autores, ni prerrafaelitas, ni más dados al academicismo o el neo-clasicismo, en todo fue un gran retratista. El hecho de no destacar en nada en particular, aunque parecía bien que era capaz de resaltar, o al menos de cumplir bien en todo, tal vez ha hecho que, pasado el tiempo, sea poco recordado incluso entre la gente entendida en arte de su propio país.


El hombre que no se cansaba de buscar nuevos caminos.

Arthur Hacker nació y murió en Londres (1858-1919), y en general, se le incluye siempre como pintor del academicismo inglés más típico. Lo mismo pintó retratos individuales, escenas al aire libre, mitológicas, o medievales. Un poco de todo, en resumidas cuentas, lo que hace que su obra no parezca haber sido pintada por una sola persona.
Arthur era hijo de un grabador e impresor, Edward Hacker, experto en escenas deportivas y de animales, y estudió, como tantos otros, en la Royal Academy desde 1876, donde aprendió a ser un buen retratista con un estilo, como no, academicista, aunque con la mente abierta a nuevas influencias. Aunque no tuvo amistad o trato directo -que se sepa- con célebres prerrafaelitas, sí que acabó recibiendo influencias de ellos, pues después de varias obras claramente academicistas, clásicas -no en el sentido de tratar la Antigüedad clásica, pues eran en no pocos casos retratos de personas reales y contemporáneas suyas-, pasó a practicar dicha corriente con bastante suerte. Aunque nunca fue un pintor especialmente reconocido, tampoco fue un artista hasta cierto punto oscuro. Fue conocido, y se ganó bien la vida, y el hecho de pintar un poco de todo también ayudó a encontrar nuevos clientes -o sea, lo que ahora se diría "nuevos mercados".

"La tentación de sir Percival" (1894), que sería una de sus obras más auténticamente prerrafaelitas, donde la leyenda medieval y la religión -desde un punto de vista más mítico que místico- se entremezclan. Y no, Percival, protagonista del ciclo del Grial -derivado, a su vez, de la leyenda del rey Arturo- no cayó en tentación alguna. O eso se cuenta.

File:Arthur Hacker - Pelagia and Philammon.jpg
"Pelagia y Filemón" (1887). Una imagen basada en una de las últimas páginas de la novela "Hipatía", de Charles Kingsley, publicada en 1853. Filemónera un monje, que vivía como un eremita en el desierto del Egipto de los últimos días del Imperio Romano Unificado, y que mira -y piensa, a saber qué- a su hermana durmiendo prácticamente desnuda -en realidad, en la novela lo está completamente-.

En principio, fue un pintor realista, de la mano del francés Léon Bonnat, de quien fue alumno en París entre 1880 y 1881, y eso se haría notar en sus primeras obras. Como otros muchos pintores y escultores de su época, y de cualquier estilo, él también viajó a Italia. Pero, además, visitó España y, cosa poco común entre los británicos, también Tánger y, en general, el norte de África. El orientalismo era una corriente bastante común en Francia o España -Fortuny o Tapiró, sin salir de mi propia ciudad-, pero no era muy habitual en Gran Bretaña, donde había más interés por el Medievo y la Antigüedad, o a lo sumo por Estambul, capital del Imperio Otomano -pero el de los buenos tiempos, no el Imperio decadente y en retirada de la segunda mitad del siglo XIX-, así que eso también fue algo novedoso en él, y le influyó a la hora de realizar pinturas exóticas.
Tras el realismo (Bonnat) y el academicismo francés -en realidad, el más influyente en Europa, por encima del británico de la Royal Academy, que tenía a Turner o Reynolds como totems intocables-, pasaría al prerrafaelismo propiamente dicho, que fue el que le dio más fama, para pasar al exotismo y, sobre todo, al llamado plenairismo, una corriente -o más bien sub-corriente, que incluía a pintores de diversos estilos y nacionalidades- consistente en pintar al aire libre, retratando las luces, sombras y colores que se pudieran encontrar no sólo en determinado lugar, sino también en una u otra hora del día, o momento del año. Prefirió, en lugar de centrarse sólo en espacios al aire libre, en zonas rurales, pintar también escenas urbanas de las calles de Londres, mientras que, a la hora de hacer retratos, eligió no a personas importantes o conocidas de la época -y posibles clientes, agradecidos por un buen retrato, y por tanto, buenos pagadores- sino a sus seres más cercanos, familia y amigos.
Fue académico a partir de 1910, y pudo exhibir en dos -en 1878, y en 1910- ocasiones en la Royal Academy, en Londres, aunque no fue, lo que se diría, un socio de los principales o más carismáticos, pero sí mereció, vista su obra, formar parte de la Academia -con mayúsculas- por derecho propio.

"Trafalgar Square" (1919), fue quizá la última de sus obras, y un ejemplo de sus pinturas "de exteriores", sólo que él prefirió retratar las calles y plazas de la gran metrópolis londinense, antes que verdes y tranquilas escenas campestres.

"Fantasías de fuego", tal vez no sea su mejor obra, pero me resulta atractiva porque el autor pinta a la protagonista que sabemos sentada delante de la chimenea, iluminada por el fuego, y con el comedor de su casa al fondo, en semi-penumbra.

Por último, destacar que, en aquella época, tan llena de genios o, como mínimo, de grandes artistas, estos siempre acababan congeniando, conviviendo, influyéndose, o trabajando, si no juntos, sí unos para otros. Se diría, incluso, que unos acababan ayudando, sabiéndolo o sin darse realmente cuenta de lo que podría hacer en un futuro la persona a la que daban una oportunidad, a otros futuros artistas, que en no pocas ocasiones abrirían nuevos caminos. En el caso de Hacker, fue, por un lado, uno de los afortunados que consiguió que el gran escultor Edward Onslow Ford quiso inmortalizar en una de sus geniales esculturas. Por otro, cuando quiso habitar una nueva casa en Health End, en el pueblo de Checkendon -condado de Oxfordshire-, en 1902, en lugar de comprarla, le dio el encargo de proyectarla y dirigir las obras a un jovencísimo arquitecto escoces, Maxwell Ayrton, que años después, llenaría Londres con sus edificios, de un corte más moderno y funcional que el estilo neo-imperial -o neo-clásico- victoriano.

"La sirena", donde un pobre pastor se siente espantado, pero también fascinado -¿y repentinamente enamorado?- de una sirena que, al estar lejos de su elemento natural, el agua del mar, toma aspecto de mujer humana, aunque con un aura o energía que indica su origen más o menos divino.

File:Arthur Hacker - Leaf Drift - 1919.png
"Hojas llevadas por el viento" -traducción aproximada de "Leaf drift"-, también de 1919, lo que hace suponer que el autor estuvo trabajando hasta el último momento. Como buen prerrafaelita, aunque no lo fuera en todo momento, gustaba tanto de las mujeres hermosas y lánguidas, como la fiel y realista reproducción de la naturaleza, principalmente de la flora, hojas secas incluidas. 

lunes, 30 de marzo de 2015


Los prerrafaelitas (XIV): Ford Madox Brown, verso libre siempre al lado de la Hermandad.

Aunque él mismo no se consideraba un prerrafaelita propiamente dicho, siempre tuvo amistad e influencias mutuas con ellos.


Aquí hablaríamos de un autor que, si bien tuvo estrecha relación, tanto artística y personal, con los miembros de la Hermandad Prerrafaelita, ni fue considerado por éstos, ni por la crítica o el público, ni, realmente, tampoco por él mismo, como parte de este movimiento. Sin embargo, sí que se puede hablar de influencias mutuas, que la amistad con algunos de ellos, sobretodo con Dante Gabriel Rossetti, sin duda favorecieron. Quizá no debería estar aquí, entonces, pero como este es un recorrido a través de dicho movimiento, y se comenta sobre el mayor número de sus miembros, creo justo que también los que, sin ser prerrafaelitas, aprendieron y enseñaron, compartieron ideas, tiempo y confidencias, deberían de estar representados. Y Madox Brown, en su tiempo, fue un artista reconocido, sin importar si era un auténtico rupturista, o si, simplemente, quiso llevar la llamada "pintura academicista", o de estilo clásico, algo más allá.


El solitario amigo de los prerrafaelitas, viajero por media Europa.

Ford Madox Brown nació en Calais, en el Flandes francés, muy cerca de Bélgica -o sea, del Flandes belga- en 1821, y moriría en Londres en 1893. Tuvo, por tanto, una vida larga; al menos, para los estándares del siglo XIX, donde incluso la población de clase media o alta acostumbraban a morir relativamente jóvenes -o jóvenes, simplemente, y no siempre por formar parte de un ejército siempre en campaña, o por animarse a participar en exploraciones o viajes a lugares exóticos. Las epidemias eran tan comunes, que cada pocos años se cobraban miles de víctimas entre todas las clases sociales-.
Desde joven, no sólo tenía muy presente que el arte era su vida, sino también en la necesidad, y el deseo -tan habitual en la época- de viajar al continente para descubrir a los clásicos, tanto en pintura como en escultura o arquitectura, y así, al tiempo, inspirarse, practicar y aprender, y si era posible, teniendo de maestros o compañeros a compatriotas suyos -que naciera en Francia, no hacía que no se considerara tan británico como su familia, o el resto de gente con quien se relacionaba-. Viajó no sólo por Italia, como era tan habitual   -¿a cuantos pintores habré nombrado, que antes de dedicarse al arte en serio, pasaron una temporada en el sur?-, sino también a Bélgica, o más bien, a Flandes. Conoció Brujas, Gante y Amberes, donde descubriría a los artistas del siglo XVII, para más adelante, marchar también a Roma, que tanto le marcaría, y donde permaneció entre 1845 y 1846. Allá tendría contacto con los nazarenos -o "Hermandad de San Lucas", una corriente artística nacida a principios del siglo XIX en Viena, si bien muchos de sus miembros eran o se consideraban alemanes, y sus ideales artísticos, morales y emocionales eran claramente románticos.

Archivo: Romeo y Julieta brown.jpg 

 Archivo: Ford Madox Brown - Chaucer en la corte de Eduardo III - Google Art Project.jpg
Dos cuadros ambientados en la Edad Media: "Romeo y Julieta" (1870) -subtitulado "Despidiéndose en el tercer acto", haciendo referencia a los actos en que la obra de teatro se divide-; y "Chaucer en la corte de Eduardo III" (1847-51), donde el autor medieval visita al muy literario monarca inglés.

En ese año 1846, viudo de su primera esposa  -con apenas veinticinco años-, volvió a Inglaterra, después de recibir tan benéfica influencia tanto del arte clásico y renacentista -italiano-, posterior a la época -barroco, de Flandes-, o contemporáneo -los "germanistas" románticos del grupo de los nazarenos-. Claramente, no sólo se trataba de volver a su patria, o de considerarse formado. También habría, sin duda, necesidad de recuperarse del golpe recibido. Allá conocería a Rossetti, mucho más joven que él, y que le pondría en contacto con Millais y Hunt. En resumidas cuentas, la "santísima trinidad" del prerrafaelismo. Y a pesar de tener siete u otro años más que el resto, se entendieron. Muy probablemente, Madox se sentía más interesado por corrientes contemporáneas que sus nuevos amigos, también por el renacimiento y la época barroca, pero estaba un tanto cansado del academicismo de la Royal Academy -en la cual, de todos modos, todos acabarían o estudiando, o exhibiendo, o formando parte importante-, y querían llevar la pintura más allá, aunque el romanticismo, fuera francés o alemán-austriaco, aún atrayéndoles, no les parecía definitivo. Se podía ir un poco más lejos.




"Adiós a Inglaterra" (1855). Hubo gente a la que no le parecía de buen gusto hablar sobre los millones de compatriotas obligados a emigrar, pero otros agradecían que un pintor quisiera reflejar la realidad.

Archivo: Dream.jpg de Byron

 Archivo: St Louis IX.jpg
"El sueño de Byron", dedicado al célebre poeta británico, que murió luchando por la independencia de Grecia; y la vidriera dedicada al rey francés Luis IX, llamado "el santo", por su participación en las últimas cruzadas -en ambos casos, desastrosa, todo hay que decirlo-, en la llamada Ventana del Este, de la iglesia de Todos los Santos de Cambridge.

Madox demostró interés por el mundo medieval, y por el arte de aquella época, así como por los temas bíblicos, aunque sin limitarse a copiar patronos anteriores, como la pintura italiana o española de los siglos XVI o XVII. Era clásico, y a la vez, deseaba ser moderno. Su colaboración con el diseñador William Morris y su compañía serían un ejemplo de querer dedicarse a algo más que la pintura sobre lienzo y poco más. No tuvo, sin embargo, interés por la Antigüedad, así que difícilmente pudo recibir mucha influencia de un Alma-Tadema, por ejemplo. Pero el interés por la historia pasada y la Biblia no significa que no estuviera al tanto de la actualidad. Persona de carácter más retraído, tranquilo, sin demasiado interés en destacar como un ejemplo o ídolo, viudo siendo joven, y tras perder familia y amigos de forma trágica, fue conocido por su timidez y poco interés en llamar la atención, pero también por querer llevar a la pintura problemas sociales y económicos de la época, como eran la emigración -en las Islas Británicas fue masiva, como también en otros muchos países europeos, como Italia, Alemania o España-, la industrialización; el hacinamiento de los campesinos emigrados a las ciudades en barriadas miserables; la expansión de la industria y las grandes urbes por antiguas zonas rurales; la pobreza severa e indignante que afectaba a una parte considerable de sus compatriotas... y todo eso se vería, realmente, representado en no pocas de sus obras, que se podrían considerar como "de temas de actualidad". Ejemplos de ello serían las doce pinturas que forman una visión del los cambios de la ciudad de Manchester a lo largo de la historia, y que le ocupó diez años de su vida. O la obra "Adiós a Inglaterra", donde se retrata a una pareja de inmigrantes que parten hacia un destino desconocido, quizá Australia, Canadá o Estados Unidos. Parece que se inspiró en la marcha del escultor prerrafaelita Thomas Woolner a Australia, que conoció personalmente, y a quién, por lo visto, no volvió a ver más. 

Archivo: work.jpg Marrón
"Trabajo", realizada entre 1852 y 1865, donde reúne y entremezcla trabajadores manuales ocupados en sus quehaceres, junto a burgueses ociosos, en el fondo o pasando y mirando en uno y otro lado del cuadro.

En 1865, con varios años de profesión a cuestas, realizó una muestra personal en Piccadilly, donde las críticas no fueron unánimes. Se alababa su técnica -no dejaba de ser un autor clásico, muy preparado-, el colorido, el detallismo, pero también que fuera demasiado melodramático, o la forma en que representaba a los personajes. Aún así, consiguió encargos particulares -era raro que un pintor pudiera vivir, principalmente, de las administraciones- hasta que el ayuntamiento de Manchester le requirió para los frescos de los que antes se ha hablado, donde se representaba la historia de la, en aquella época, pujante ciudad industrial.
Respecto a su familia, su hijo, Oliver Madox Brown (1855-1874) podría haber sido un gran pintor y poeta, pero murió siendo adolescente. Si nieto, Ford Madox Ford, en cambio, fue un famoso novelista que, entre otras cosas, trataría sobre el desconcierto de las clases altas británicas durante y después de la I Guerra Mundial, que literalmente barrió su mundo, así como poesía, ensayos, etc. Madox Brown tuvo otro hijo, además de Oliver, pero murió siendo todavía un bebé. Respecto a su segunda esposa, Emma Hill, también falleció antes que él, pero a una edad más avanzada. Sin embargo, Madox no consintió en contraer matrimonio con ella hasta que nació una hija en común: fue su modelo, después su amante, pero los prejuicios sociales de la época dificultaban que un artista famoso se casara con la hija de un albañil pobre y analfabeto, pero la niña, hija de ambos, y el hecho de que sus ideales políticos se fueran haciendo cada vez más liberales, le ayudó a dar el gran paso a una persona, por lo demás, un tanto dubitativa en cuestiones personales.