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lunes, 2 de abril de 2018

Los prerrafaelitas (anexo XVIII): Otro ejemplo de estudio en papel para un cuadro.

De nuevo Millais, y qué trabajo se tomaba antes de coger un pincel.


Mantener el blog con algo de vida: los maestros del prerrafaelismo al rescate.

Bueno, como no ando sobrado de tiempo, acabé por decidir que, hasta que eso cambie, ir colgando algo, aunque se trate de entradas cortas, con poco texto -y también poco trabajo, para qué nos vamos a engañar-, y he acabado tirando de clásicos, como ya se habrá visto en otras entradas. Y en mi caso, los prerrafaelitas -y los victorianos en general; creo que tendré que ir buscando influencias y hallazgos en otras épocas y lugares que la Inglaterra victoriana-, porque los clásicos, no nos engañemos, nunca falla.
Incuso más, nos sacan de apuros en no pocas ocasiones.

Aquí, el trabajo preliminar en papel de "Cimón e Ifigenia", también de Millais, realizado en 1847. El cuadro final al óleo es del año siguiente, 1848, y lo he colocado bajo el trabajo realizado, según la web de la Lady Lever Art Gallery, en tinta sobre papel.

La imagen puede contener: 2 personas, personas sonriendo, dibujo

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El dibujo en tinta, y, abajo, el cuadro original, de 1848, donde Millais, finalmente, añadió el perro a la derecha, los helechos y demás vegetación.

Sobre la temática del cuadro, habría que aclarar, en primer lugar, que la Ifigenia del título no es la desgraciada hija del rey Agamenón y la reina Clitemnestra, sacrificada por su propio padre para ganarse el favor de los dioses en su guerra contra Ilión/Troya, sino un personaje del mismo nombre de uno de los cuentos del genio italiano Boccaccio -sí, el del jarrón de albahaca; su obra fue un filón para los artistas a lo largo de los siglos-. Esta Ifigenia era una bella doncella de buena familia, que se enamoró de un atractivo pero inculto campesino, con el que decidió casarse, a pesar de que su familia no estuviera de acuerdo, y sus amigos se burlaran de ella, pensando que se había vuelto loca.
Pero el matrimonio, lejos de naufragar al poco de realizase, hizo felices a ambos. Boccaccio quería demostrar en su relato el poder civilizador del amor, o al menos, el cómo una persona puede adaptarse y cambiar de vida y hábitos por la persona amada -básicamente, Cimón, pero muy probablemente, también Ifigenia, que debió cambiar de vida al unirse a un campesino de una clase social inferior a la suya-. 
Algunas cosas más a añadir: que se trata de un trabajo muy temprano, anterior a la fundación formal de la Hermandad Prerrafaelita; que finalmente, el dibujo en papel acabó siendo una obra independiente al cuadro al óleo, y que el adolescente Millais -lo dibujó a los dieciocho años- no se basó para sus dos obras en el relato original de "El Decamerón", sino en los versos del poeta inglés del siglo XVII John Dryden, donde se describe a Cimón no como un auténtico campesino de familia rural, sino como un joven de familia noble desterrado al campo como castigo por su mala vida -probablemente, para Dryden, el hecho de que la noble y refinada Ifigenia acabara casándose con un campesino auténtico debió resultar demasiado "incómodo"; quizá él también necesitaba leer, y comprender, el relato original de Boccaccio-.
¿Algo más? Sí, Hunt -pues ya se conocían- le ayudó en el vestido de Ifigenia, pero finalmente, Millais pensó que podía hacer algo mejor, y pinto "Isabella", aunque no desechó la idea de pasar al lienzo el dibujo de Ifigenia y Cimón. Realmente, dicho dibujo fue la última obra antes de la creación de la Hermandad.

domingo, 18 de marzo de 2018

Los prerrafaelitas (anexo XVII). Como hacer arte con un simple lápiz: bocetos de John Everett Millais.

La proto-historia del prerrafaelimo: los dibujos de Millais, y las obras que se hicieron a partir de ellos.


Hace un momento, como quién dice, que he colgado una entrada, y ya estoy con otra. No tengo tiempo, ciertamente, para más, pero he encontrado este dibujo de John Everett Millais, realizado en 1848, cuando era aún muy joven, y en el mismo año de la creación de la Hermandad Prerrafaelita, junto a Rossetti y Hunt. Muy probablemente, lo debió realizar tras dicha fundación, aunque, realmente, eso es lo de menos. La unión de los tres genios existió antes y después de lo que, al fin y al cabo, no dejó de ser una simple ceremonia privada entre amigos.

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La obrita en cuestión es "My beautifun lady" -"Mi bella dama"-, y como se ha dicho, trata de 1848. Y que se sepa, lo que debió ser un estudio a lápiz, un simple bosquejo, no acabó finalmente en una pintura. 
Al menos, que se sepa.
Pero es que, después, encontré un par más, así que no he podido evitar ponerlas aquí también. Y de paso, dar un poco más de contenido a la entrada.

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Y aquí, otro bosquejo, pero en este caso, sí que dio paso a una obra de sobras conocida: "Cristo en casa de sus padres", su primera pintura importante, y que hizo que se empezara a hablar de él. Encontrado en el blog en inglés Pre-Raphaelite Reflections.

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Esta es "La muerte de Romeo y Julieta", también de 1848. Porque por lo visto, Millais fue muy activo ya en ese año, en que nació la Hermandad. Y debajo, el cuadro final.

viernes, 16 de febrero de 2018

Los prerrafaelitas (anexo XVI). Los temas (y 7, después de haber acabado en el 6: El jarrón de albahaca de Isabel.

Como ciertas cosas no acaban del todo nunca, vuelvo a la temática de las obras del prerrafaelismo.


Boccaccio, Keats, y finalmente, atención de los prerrafaelitas.

Hace lo que a primera vista me parecería mil años, acabé la larguísima serie dedicada a los prerrafaelitas. Sin embargo, me saqué de la manga la posibilidad de ir añadiendo entradas nuevas sobre personajes o temas que pudiera ir encontrando dentro o fuera de la red. Y este es un caso, tratándose de uno de los temas del prerrafaelismo que más interesó y atrajo, por lo menos, a los primeros prerrafaelitas, entiendo como tales a la ya conocida -por mí, al menos- "Santísima Trinidad" del movimiento: Holman Hunt, Millais y Rossetti.
Ya se ha visto que estos y otros artistas del movimiento tuvieron especial atracción por personajes mitológicos y, sobretodo, literarios o legendarios femeninos que, antes que ellos, no es que fueran especialmente tenidos en cuenta por los artistas plásticos. Caso de la Dame sans merci, la dama de Shalott, Ofelia, etc. A ellas podría unirse otra, como quién dice, recién descubierta por mí: Isabel, o Isabella -en italiano- y su jarrón de albahaca.
Quizá primero habría que explicar, aunque fuera sucintamente, la historia de la tal Isabel, y su importancia literaria antes de que los prerrafaelitas la adoptaran como una de sus modelos -aunque no se tratara de mujeres reales y de carne y hueso- y musas.
En primer lugar, cuál es su origen literario. La historia de Isabel y su jarrón forma parte del "Decamerón" de Giovanni Boccaccio, un compendio extraordinario de relatos de todo tipo -de amor, desamor, humor, trágicos, satíricos-, y uno de ellos fue, precisamente, el del Isabel y su jarrón de albahaca. Cuenta dicho relaato que la joven formaba parte de una familia de clase alta, y sus hermanos pretendían casarla con un hombre de su misma clase social. Pero ella estaba enamorada de un joven de origen modesto, que trabajaba para la familia. Amor, por lo demás, correspondido. Pero los hermanos supieron de aquel amor secreto y prohibido, y se las apañaron para asesinar al joven, y enterrarlo en secreto. Ella, claro está, no volvió a saber de él, y sus hermanos le iban dando largas, cuando Isabel, lógicamente, les preguntaba por su amado, porque al fin y al cabo, era el encargado de dirigir los negocios de la familia. Una noche, Lorenzo, el asesinado, se le apareció a Isabel en un sueño, y le contó la verdad. Isabel llegó a donde estaba el joven enterrado, y no se le ocurrió otra cosa que cortar su cabeza con un cuchillo, y esconderla en un gran jarrón, donde lo cubrió con tierra, y plantó albahaca, que creció de forma extraordinaria. Isabel se pasaba el día y la noche al lado del tiesto, abrazándolo como si fuera un amante, y aquello extrañó a propios y extraños, y a sus propios hermanos, que dicidieron separarla de tan extraña obsesión. Pero Isabel enfermó, y no paró de pedirlo entre sollozos. Evidentemente, los hermanos quisieron saber qué demonios escondía aquel jarrón, y encontraron la cabeza de Lorenzo. Sonrprendidos y horrorizados, la enterraron en secreto, y marcharon fuera de Florencia -la ciudad de Isabel y su familia- por cuestiones de negocio. Y ella, sin el jarrón que pedía entre sollozos, murió al poco de pena.
Para quién quiera leer el cuento completo traducido al castellano, dejo un enlace de la web "Narrativa breve", que es donde yo lo leí.

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Una estatua de Bocaccio, el gran escritor florentino -aunque nació en la pequeña población toscana de Certaldo-. Fue, junto a Dante y Petrarca, uno de las grandes figuras literarias del Renacimiento, y padres de la literatura italiana. La historia de Isabel y su jarrón de albahaca es uno más del centenar de historias que se cuentan en su "Decamerón".

La figura trágica de Isabel y su jarrón fue recogida, a principios del siglo XIX, y en un país europeo bien distinto a Italia como Gran Bretaña, por una de las principales figuras de la poesía romántica no sólo inglesa, sino europea en su conjunta: el no menos trágico -por su corta vida, no por su obra, al menos, no toda- John Keats, que por sí sólo ya merecería bastante más que una modesta entrada de blog. Keats era un  hombre vitalista, sensual -no en el sentido sexual que ahora se le daría, sino en el de poner sus sentimientos por encima de todo-, pero también un joven siempre con problemas económicos, de salud -murió tuberculoso a los veinticinco años-, y con poco eco entre los críticos de la época -y no sólo críticos; Byron, aunque trabó amistad con él, siempre le consideró muy por debajo de él, llamándolo "Johnny", como si fuera un adolescente que se distrajera escribiendo poemas mediocres-. Como tantos románticos -y "post-románticos", que sin ser considerados exactamente como tales, no pudieron, y muchas veces tampoco quisieron, ocultar su influencia por los románticos de nombre y fama-, también se dejó influir por Italia, donde, incluso, acabó viajando por cuestiones de salud -inútilmente, pues murió, y fue enterrado en Roma, donde se puede encontrar aún hoy en día su tumba, como la de Fortuny-. Y he aquí los primeros versos que dedica a Isabel, Lorenzo, y su trágico amor:

¡Bella Isabel, pobre y sencilla Isabel!
¡Lorenzo, un joven romero a los ojos del amor!
No podían morar en la misma mansión
sin sobresaltos de corzón, sin languidecer;
no podían sentarse a comer sin sentir lo bien que les sentaría a los dos ser el uno del otro;
no podían, con seguridad, dormir bajo el mismo techo,
sin soñar el uno con el otro, y llorar por la noche.
(...)


Tras la muerte de Keats -y de Byron, Shelley, Tennyson...-, el relevo del romanticismo poético pasó, en cierto modo, al neo-romanticismo pictórico prerrafaelita, y los miembros de la Hermandad, y muchos otros que sin ser parte de ella, sí lo fueron del movimiento -en el sentido más amplio- acabaron adoptando diversos temas que fueron, en ocasiones, comunes a los románticos pre-victorianos que vivieron en lo que podría llamarse Era -o Época- Georgiana tardía -la Regencia de Jorge III debido a su locura, Jorge IV, Guillermo IV-, e Isabel de Florencia pasó a formar parte de su particular mitología.

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Quizá el retrato más conocido o popular de John Keats.

Y ahora, en tercer y último lugar, Isabel y su mal de amores en la pintura de los prerrafaelitas, que es, en principio, de lo que se iba a hablar aquí, aunque pensé que debía dar alguna explicación antes de ello. El cuadro más conocido con dicha temática -aunque no el primero- fue el de William Holman Hunt. Y su fama se debe, más que a la originalidad de cómo imaginó el pintor la historia, al momento de su vida en que lo pintó. 
Hunt estaba pintando el cuadro mientras vivía en Florencia junto a su esposa Fanny, que se encontraba enbarazada. Fue en esa ciudad italiana -que tantos artistas británicos visitaron a lo largo del siglo XIX- donde ésta dio a luz a Cyril, el hijo de la pareja, pero lamentablemente, falleció poco después de septicemia, antes de que Hunt pudiera acabar el cuadro, y se supone -razonablemente-, que el dolor por la pérdida de su esposa debió influir en el pintor, que no pudo sustraerse del dolor causado por su pérdida, por mucho que el arte lo absorbiera y ocupara su tiempo. Su "Isabel y el jarrón de albahaca" obtuvo gran éxito de crítica y público, y hasta llegaron a hacerse no pocos grabados del cuadro. Mientras tanto, la hermana de Fanny, Edith, se hizo cargo del niño, y finalmente, ella y Hunt se casaron, aunque tuvieron que hacerlo fuera de Gran Bretaña -lo hicieron en Suiza-, pues las leyes de aquel país prohibían el matrimonio de un hombre con su cuñada tras la muerte de su esposa y hermana de ésta.

Hunt tardó mucho en acabar su cuadro (1866-8; casi dos años) debido al dolor de haber perdido a su esposa. Quizá sin que lo esperase, ni le importada demasiado, tuvo un gran éxito entre crítica y público. Gran parte de la información sobre Hunt y su "Isabel" lo conseguí en la web "Pinturas de varias épocas".

Millais también pintó a "Isabella", pero unos veinte años antes que Hunt, entre 1848 y 1849, y también se inspiró directamente en Keats, que resultaba culturalente mucho más cercano a los británicos de su época que Boccaccio -hacía poco más de veinte años que Keats había fallecido-. Aquí la visión del artista es distinta: se puede ver a Isabel, Lorenzo -que le ofrece media naranja, como si fuera una simple muestra de confianza y educación, ocultando que lo hace como se le ofrece algo a la persona amada-, sentados ambos en la misma mesa que los tres hermanos de la joven, y algunos personajes secundarios, del montón. Parece nada más que la comida de una rica familia italiana del Renacimiento, y nada parece presagiar la tragedia que cuenta la historia de Boccaccio. Millais lo pintó siendo extraordinariamente joven, sólo diecinueve años, y fue uno de los cuadros que hizo que muchos empezaran a tenerlo en cuenta.

John Everett Millais - “Isabella” (1848-1849, óleo sobre lienzo, 103 x 143 cm, The Walker Art Gallery, Liverpool)
Este cuadro del pintor prerrafaelita John Everett Millais está inspirado en una de las historias del Decamerón de Boccaccio (jornada IV,...
La "Isabella" de Millais (acabada en 1849) fue uno de sus primeros trabajos. Fue un auténtico niño prodigio, aunque en aquel momento, nadie podía imaginar que protagonizaría, junto a Rossetti y Hunt, toda una revolución en el arte del siglo XIX. Foto y parte de la información, de la web "El cuadro del día".

John William Waterhouse, pintor de mujeres casi etéreas, como ninfas, también pintó otras más "reales", y tuvo su propia visión del sufrimiento de Isabel. 

La Isabel de Waterhouse (1907), detallista, hermosa, con una calavera en la columna en la que se apoya el jarrón... Waterhouse siempre pintaba belleza, incluso cuando deseaba retratar tristeza, tragedia, crueldad de los hados con personas inocentes.



miércoles, 27 de diciembre de 2017

Los prerrafaelitas (anexo XV): Thomas  Cooper Gotch, el pintor realista que abrazó el prerrafaelismo.

Vuelta al mundo prerrafaelita, con un autor no especialmente conocido, que abandonó el realismo cuando el movimiento ya había madurado.


Cooper Gotch, el realista que vio la luz prerrafaelita, en el pueblo de los artistas realistas.

Hace ya meses que no cuelgo más que alguna entrada muy de vez en cuando, porque estoy bastante más ocupado que hasta hace poco, y andaba un poco falto de ideas -la verdad-. Pero mirando aquí y allá -por ejemplo, para poner alguna imagen como felicitación múltiple por las fiestas-, me encontré un pintor del que me sonaba haber visto alguna imagen, pero no estaba seguro de haberlo tratado antes. Finalmente, pude comprobar en el listado de entradas que no había hablado nunca de él. Se trata de Thomas Cooper Gotch -¡uno de esos sonoros apellidos ingleses!-, que, entre otras cosas, no tiene entrada en Wikipedia -donde encontré información de tantos y tantos compatriotas suyos, prerrafaelitas o no-, de ahí que quizá no me sonara, hasta que empecé a buscar en inglés. Y ahí sí encontré.
Bueno, al lío. Thomas Cooper Gotch, o TC Gotch, nació en 1854 -cuando los primeros prerrafaelitas comenzaron su movimiento rupturista, por lo que se le debería considerar un miembro de la segunda generación de la corriente, llegando a ser contemporáneo de los neo-prerrafaelitas, bien entrado ya el siglo XX-, en la pequeña ciudad de Kettering, en el condado de Northamptonshire, en el corazón de Inglaterra. Entre sus hermanos, destacaba uno mayor que él, John Alfred Gotch, que fue un arquitecto famoso en su época.
Estudió arte en Londres y Amberes -Bélgica; más exáctamente, Flandes-, tras lo cual se casó con una compañera de estudios -la conoció en la Slade School of Fine Art de Londres- artista como él, Caroline Burland Yates, y seguiría estudiando arte, en este caso, en París, que rivalizaba con Londres, y en menor medida Bruselas y Viena, como capital europea del arte. Tras pasar con su esposa y su hija Phyllis Marian, en ocasiones modelo de sus obras, una temporada en Australia -Imperio Británico, al fin y al cabo-, y a otros países -Italia, Austria, hasta Sudáfrica- se establecieron en la pequeña población de Newlyn, en Cornualles. Y aquí habría que hacer un pequeño inciso...
Newlyn era, y sigue siendo, una pequeña población pesquera de Cornualles -Cornwall, en inglés-, donde se establecieron -bien en el pueblo propiamente dicho, bien en sus alrededores, como la también pesquera Lamorna- cierto número de artistas realistas de Gran Bretaña -la colonia artística de Newlyn, o Newlyn School-, que buscaban allá luz natural, vida barata, y abundancia de modelos que aceptaban sueldos bajos.

El pintor, en un autorretrato.

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"Compartiendo pescado" (1891), es un ejemplo de su primera etapa, realista y con temática marina. No le duró mucho, tras su paso por Europa.

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"¡Aleluya!" (1896) es una de sus obras más conocidas -sí, la he vuelto a utilizar con una diferencia de un par de días, pero es cierto que resume lo que fue Cooper Gotch como artista-. Se comprueba la influencia de la pintura italiana renacentista, pero pasada por un filtro más moderno. Los personajes femeninos sí que parecen ser herederos de los del prerrafaelismo "clásico", pero con otro aire, como si fueran las hijas -por decirlo así- de las mujeres -de la mitología, la literatura, la Biblia...- pintadas por Alma-Tadema, Rossetti, y compañía.

 En general, los artistas como Cooper Gotch se dedicaron, como se ha dicho, a la pintura realista, casi siempre al aire libre -en aquellos años, se usaba la expresión francesa "En plein air"-, retratando la vida de los pescadores y sus familias, barcas, amaneceres o atardeceres a la orilla del mar, etc., pero él, curiosamente, parece que se cansó bastante rápido de pintar siempre los mismos temas, y se pasó al prerrafaelismo, tras sus viajes por Florencia y París a principios de la década de los 90 del XIX -la influencia italiana, siempre presente en el prerrafaelismo; respecto a París, Cooper Gotch parece que reconoció la valía de la pintura francesa más que otros británicos- dedicándose el resto de su vida a pintar en ese estilo -o en una versión de él más moderna, más del siglo XX-. Y fue con él con el que se hizo famoso. Se retratar la luz natural, el mar, y pescadores y sus familias -personas reales, de un mundo real- pasó a la fantasía, la alegoría, las mujeres de belleza deslumbrante, el lujo entre oriental e italiano... quizá sólo estaba buscando un "algo más", y lo encontró en Italia -como tantos y tantos-, y en París, la ciudad luz.
También fue ilustrador de libros, y realmente, se ve en sus cuadros al óleo la influencia no sólo de su experiencia propia como ilustrador, sino también en la de otros -fueran dibujantes, pintores de acuarela, grabadores...-. En ocasiones, puede parecer que Cooper Gotch podría haber sido cartelista, pues sus pinturas, aunque fuera de forma indirecta, parecen reflejar influencia de artistas modernistas, realistas, o de otros estilos posteriores al prerrafaelismo, al cual se unió -muy a finales del XIX, en las postrimerías de la Época Victoriana- cuando el movimiento ya estaba siendo considerado un tanto anticuado. Precisamente, cuando se hizo realmente un nombre -a principios del siglo XX-, el prerrafaelismo ya se estaba apagando.

"La niña en el trono", de 1894. La pintó muy poco después de dar el salto al prerrafaelismo.

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"La madre en el trono", es un cuadro multitudinario, que parece un complemento al de la figura solitaria de la obra anterior.

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Sobre esta "Procesión de invierno", no estaba completamente seguro de la autoría de Gotch, pero me ha gustado tanto, que he decidido ponerla aquí de todas formas.

La Belle Dame Sans Merci "The Beautiful Lady Without Pity" By Frank Cadogan Cowper(1877-1958). English.:
También él pintó su versión de La Belle Dame Sans Merci, de John Keats. Se podría decir que hubo ciertas temáticas o personajes que casi todos los prerrafaelitas -y algunos que no lo fueron, también- retrataban casi como para demostrar que formaban parte de la corriente, como si cada uno de ellos tuviera que dar su particular versión de ellos.

Fue miembro, y expuso, en la Royal Academy -como tantos y tantos...-, en el Royal College of Art, e incluso en el Paris Salon, pues fue capaz de dar el salto al continente. Fue conocido y reconocido en vida, participó en exposiciones año tras año, y se ha hecho un hueco en la historia de la cultura británica -sobretodo, en la Época Victoriana tardía, y en la Eduardiana-, si bien apenas es conocido más allá de su país, donde todavía se le tiene en cuenta en exposiciones retrospectivas y en estudios del boom artístico británico de tiempos del imperio.
Murió en 1931, en Londres, cuando estaba, precisamente, participando en una nueva exposición. Fue enterrado en el cementerio de St. Sancredus, junto a otros artistas de la Newlyn School, que nunca abandonaron el realismo -Stanhope Alexander y su esposa Elizabeth Adela Forbes-.


miércoles, 28 de junio de 2017

Élisabeht Sonrel: modernismo en femenino con raíes prerrafaelitas y renacentistas.

Si Reino Unido tuvo el prerrafaelismo, Francia y Bélgica tuvieron el modernismo.


Al otro lado del Canal, los franceses y belgas también tuvieron sus propios movimientos artísticos.

Ya escribí, y mucho, sobre el prerrafaelismo y los prerrafaelitas, y como se pudo ver en la anterior entrada, no he dejado de hacerlo. Realmente, cuando comencé a hablar sobre ellos, lo desconocía casi todo, sobre ese movimiento y sus miembros, y poco a poco, no sólo los fui conociendo cada vez más, sino que me vi un poco obligado a añadir cosas que, en principio debía haber escrito, y no hice, en las primeras entradas, dedicadas, sobretodo, a los fundadores de la Hermandad.
Pero el siglo XIX fue una época en que el arte, sobretodo el pictórico -y aquí habría que incluir el dibujo, o más bien, la ilustración-, empezó a dividirse y subdividirse en ramas, corrientes o movimientos, más allá de etapas que se iban sucediendo -renacentismo, barroco, neoclasicismo del XVIII...-. Igual que, a principios del XIX, se vio la separacion entre realismo y romanticismo, y cómo de este último, se separó, o más bien tuvo su propia personalidad, el orientalismo, a partir de la segunda mitad de siglo se comprobó que, cada vez más, había movimientos con una identidad muy clara, y que, finalmente, llegaríamos a lo que llamamos "corrientes", o movimientos.
Uno de ellos, de los primeros -quizá el primero- fue el prerrafaelismo -con una primera y segura generaciones, además de los neo-prerrafaelitas, bien entrado ya el siglo XX-. Otro, en Italia, serían los macchiaioli, de los que hablé hace ya una eternidad. Pero a partir de los 60 y 70, se destacaron otros movimientos, más conocidos por todos: impresionistas, postimpresionistas, simbolistas y, sobretodo, modernistas.
El modernismo merecería toda una serie, que quizá lo tenga, pero mi falta de tiempo -y ganas, la verdad- por ahora lo impiden. El impresionismo tuvo sus etapas, sus corrientes y escuelas, y una enorme divversidad, que se extendió a través de bastantes años. Se podría también hablar que el movimiento tuvo dos ramas claras, según el tipo de arte que practicaban sus miembros: el modernismo arquitectónico -que también incluía no sólo escultura, sino también mobiliario y diseño, e incluso trabajo del hierro y jardinería-, y el pictórico -incluyendo la ilustración-. También hubo un modernismo literario, pero ese es otro tema, aparte de que no ha resistido tan bien el tiempo.
Y aquí, uno de sus miembros y practicantes, de lo que sería un -o una- artista modernista en el campo de la pintura y la ilustración. Ya escribí sobre un español, el catalán Ramón Casas, y ahora toca una francesa: Élisabeth Sonrel.

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"Flores del campo". Ilustraciones de art nouveau, pura.


Señora Sonrel, usted dibuja muy bien.

Élisabeth Sonrel nació en Tour en 1874, y era hija de un pintor no muy conocido, pero competente: Nicolas Stéphane Sonrel, que fue su primer maestro, en cuanto vio el interés de su hija por el arte. Pero llegado el momento, Sonrel padre pensó que su hija podría llegar a ser mejor artista que él, y que convenía mandarla a estudiar a una escuela de arte. Y así, la joven Élisabeth llegó a París, capital cultural y artística del mundo -París era una fiesta, la ciudad-luz, y todo eso...-, donde tuvo como profesor a Jules Lefebvre, conocido sobretodo por sus retratos de hermosas jóvenes, y por la enorme cantidad -y calidad de algunos de ellos- de alumnos que tuvo a lo largo de su larga carrera de profesor en la Escuela de Bellas Artes de la capital -École des Beaux-Arts-.
Aunque Lefebvre sería, básicamente, un retratista realista, Sonrel, con el paso del tiempo, tuvo una mayor variedad de temas: tanto místicos o míticos y literarios, como alegóricos -la naturaleza, personificada en mujeres- o simbolistas -aunque no fue parte del simbolismo propiamente dicho-, aunque también pintó retratos -como no pocos pintores de la época, que los usaban, sobretodo, para ingresos económicos rápidos- y paisajes.
En 1892 pintó su trabajo "de fin de carrera", por decirlo así, para conseguir su diploma de la École: "Paz y trabajo", que se puede ver todavía en el Museo de Bellas Artes de su ciudad, Tours. Más adelante, iría exhibiendo gran parte de su obra pictórica -al óleo o acuarelas- en el Salón de Artistas Franceses, entre 1893 y 1941, o sea, durante gran parte de su vida.
Al igual que los artistas británicos -o los que pensaban que lo eran, o que llegarían a serlo algún día-, también los franceses, y de otras nacionalidades -Fortuny, por ejemplo- viajaban a Italia por una serie de motivos: aprender de maestros de aquel país, descubrir el arte italiano en museos, pero sobretodo, en vivo -entiéndase, pudiendo ver con sus propios ojos edificios, esculturas, y, en no pocas ocasiones, ruinas, o lo que quedaba, del patrimonio cultural italiano- lo mismo arte griego -Sicilia y sur del país- como romano, medieval, renacentista, e incluso barroco y neoclásico. Italia era destino ineludible para cualquier europeo culto que se lo pudiera permitir, y la joven Sonrel pudo descubrir allá a los maestros del Renacimiento, viajando por Florencia y Roma. Fueron muchos, los pintores de aquella época que debieron cautivarla, y despertar en su mente el deseo de imitarlos, y después de ello, una vez conseguido estilo propio, aprovechar su saber y su arte, pero sobre todos, parece que uno le influyó más que los demás: Sandro Botticelli.

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"Ovejas pastando", sería un ejemplo de sus ilustraciones para postales.

Vuelta a su país, recibió una tercera influencia, tras el realismo retratista de su padre y su maestro, y el Renacimiento en estado puro de tierras italianas: los prerrafaelitas, la llamada "vanguardia antes de que existieran las vanguardias". Y era lógico, pues la Santísima Trinidad del movimiento -Rossetti, Millais y Holman Hunt, y los que les siguieron- fueron de un rupturismo que, hoy en día, en que los vemos como pintura clásica, es difícil imaginar. Y aunque fue, sobretodo, un movimiento británico, mucho o poco, tuvieron eco en casi toda Europa, y más allá. Por otro lado, el prerrafaelismo no era sólo estilo, visión distinta de los mismos temas. Realmente, algunos de estos temas ya eran clásicos de la pintura europea, pero otros eran relativamente modernos: cualquier nuevo prerrafaelita, o pintor que se acercara a ellos, aunque fuera a cierta distancia, comprobaría la repetición de ciertos personajes y paisajes. Sonrel pasó a interesarse por ellos: "La Divina Comedia" de Dante -el mismo Dante como personaje, incluso, como ya se comentó en una entrada sobre los temas de los prerrafaelitas-, el rey Arturo y las leyendas y obras que se escribieron a su alrededor, la Edad Media desde un punto de vista romántico y casi de ensueño -y poco realista, ciertamente-, y temas bíblicos, pero desde un punto de vista más moderno y realista. Y de la Biblia, al misticismo, como en sus obras "Almas errantes" (1894), o "Los espíritus del abismo" (1899).

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"Joven con hortensias", de principios del siglo XX.

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PINTURA Y- ARTE: ELIZABETH SONREL
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Dos de sus ilustraciones, en este caso, representando primavera, otoño e invierno.

Las alegrías del verano
"Las alegrías del verano".

La procesión de los Ángeles devant l'enfant Jesús
"La procesión de los ángeles delante del niño Jesús", sería uno de sus no muy abundantes trabajos religiosos, aunque aquí los ángeles tienen una apariencia más femenina de lo habitual.

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"El cortejo de Flora" -una deidad menor greco-romana- sería, en cambio, una obra de inspiración mitológica.

En aquella época, hasta principios del XX, también dibujó de todo y en abundancia: carteles publicitarios, postales, ilustraciones para libros, etc., en el estilo de modernismo francés conocido mundialmente como art nouveau.
Pero a partir de 1900, la cosa cambió, pues la pintura de ambiente mítico o religioso -o más bien, de influencia prerrafaelita o renacentista- fue en gran parte aparcada, para dedicarse cada vez más a un determinado tipo de temática. No dejó de pintar retratos -algo que siempre daba dinero y buena fama en futuros clientes; casi todos burgueses que se ganaban más o menos bien la vida deseaban un retrato propio, o de toda la familia, aunque también deseaban retratos de jóvenes o niños, que adornaran sus nuevas casas-,  y paisajes, principalmente de la Bretaña, donde viajaba regularmente para pintar sus bosques y pueblos, sobretodo el bosque de Brocéliande -un lugar real, casi mágico, de la Bretaña, el "país celta" de Francia, y donde podrían, muy bien, transcurrir las antiguas leyendas de base también céltica-; y ocasionalmente, flores, aunque no fue lo habitual. Más adelante, también viajaría a la costa, buscando nueva temática en el Atlántico, sola, o en compañía de estudiantes -o más bien, aprendices suyos-. Realmente, se podría decir que acabó siendo bretona por adopción, y más cuando se hizo construir una villa en el pueblo de La Baule, donde pintó varios retratos teniendo como modelos a las jóvenes del lugar.
Su última exposición fue en 1941, con sesenta y siete años, y parece que también tuvo otra en Liverpool. En sus últimos años, prácticamente abandonó la pintura, hasta que falleció en 1953, en Sceaux, cuando el modernismo ya no era más que un recuerdo de un mundo perdido tras la Gran Guerra, décadas atrás.

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"Poesía por la tarde", o un ejemplo de las ensoñaciones renacentistas de la artista.

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"Las escenas de Dante", o la visión de Sonrel sobre la vida del genio italiano, transformado en protagonista de no pocas obras del XIX.

miércoles, 21 de junio de 2017


Los prerrafaelitas (anexo XIV): Alma-Tadema, y su relación con la familia Epps.

Una muy pequeña historia sobre un grande del prerrafaelismo.


Lawrence Alma-Tadema es, todavía, uno de los pintores prerrafaelitas -y por extensión de toda la historia de la pintura británica, y de la europea del siglo XIX- más conocidos y apreciados. De eso no hay duda, como tampoco que, a la hora de representar el arte y la cultura de la Época Victoriana, Alma-Tadema, a pesar de ser un británico de adopción -pues era holandés de nacimiento y origen-, siempre estará en la lista de sus principales embajadores entre las generaciones futuras, como la nuestra misma.
Una de sus alumnas, pues los prerrafaelitas, por famosos que llegaran a ser en su tiempo, no sólo tenían ofertas para ser profesores de los hijos de la nobleza o la burguesía -o de quienes pudieran permitírselo, o se lo permitieran ellos, que esa es otra-, sino que, en ocasiones, para llevar un alto, o no tan alto, nivel de vida, no les quedaba más remedio que aceptar alumnos, tuvieran o no madera de artistas, aunque fueran artistas de nivel más o menos modesto.
Pues una de sus alumnas, pues él, como otros, también aceptaba mujeres -una prerrafaelita de segunda generación, Marie Spartali, comenzó siendo alumna de dos luminarias del movimiento como Dante G. Rossetti y Madox Brown, que sin ser prerrafaelita, siempre estuvo muy cerca de ellos- fue Laura Epps, y pasado el tiempo, poco tiempo, se dieron cuenta que lo que sentían uno por el otro fue bastante más que admiración maestro-alumna, pues Laura acabó siendo la segunda esposa del pintor.

Resultado de imagen de alma tademaComo Alma-Tadema deseaba tener una buena relación con su nueva familia política, y como, por lo visto -no es que haya muchos datos biográficos en internet para saber qué relación real tenían-, nunca tuvo problemas de convivencia con los Epps, quiso realizar una obra en que todos ellos estuvieran representados. Hay críticos que dicen que la coloración -tan distinta a sus luces y brillos- y la asimetría del cuadro muestran la influencia de la pintura y el dibujo japoneses, el famoso japonesismo que se estaba extendiendo por Europa -sobretodo Francia, pero también otros países- a medida que el país oriental se iba abriendo poco a poco al mundo, y viajeros, comerciantes y diplomáticos iban trayendo a Occidente obras de Japón.
Lamentablemente, la obra no está acabada -se ve un espacio casi cuadrado en blanco, en medio de la pintura-, y probablemente fue abandonada cuando la pareja se casó, en julio de 1871. Quizá, Alma-Tadema, que era tan genial como, en ocasiones, poco insistente en acabar trabajos que no le acababan de interesar, pensó que, una vez casado y compartiendo vida con Laura, no tenía necesidad de finalizar lo que era una especie de regalo de presentación a la familia de su esposa.
La inscripción que se puede leer en la parte superior de la pintura, con un estilo medieval o renacentista, hace referencia a una fábula del griego Esopo, que demuestra la necesidad de que la familia permanezca unida, comparándola con un haz de flechas: una por una, se pueden partir sin esfuerzo, pero todas juntas, son imposibles de partir. Y así, como esas flechas, debería ser una familia: unida en lo bueno y en lo malo.


'Portrait of the Epps family' by Sir Lawrence Alma-Tadema, six-part painted screen, 1870-1871, Museum no. W.20-1981
El cuadro que representa a los Epps, con un espacio en blanco enmedio, que Alma-Tadema nunca llegó a completar.

Esta información la encontre en la web del Museo de Alberto y Victoria -o A&V-, cuya web está aquí.


martes, 2 de mayo de 2017

El atlas donde cada país es representado por uno de sus cuadros más conocidos.

O de cómo un vietnamita-estadounidense da una lección de arte por encima de los nacionalismos.


Paul Nguyen es un joven analista de datos vietnamita, residente en Estados Unidos. Pero también es un amante del arte, y en particular, de la pintura europea. Y cuando algo te gusta sobremanera, acabas siendo, si no un experto, sí al menos, un entendido. Y cuando tienes conocimientos para realizar algo más que un pequeño trabajo, sino algo tan bello como llamativo, pues acabas haciendo cosas como esta:

Se trata de un atlas del continente europeo, pero donde, en cada país, en lugar de leer o encontrarnos ciudades, ríos o montañas, vemos reproducidos el que él considera el cuadro más representativo, o al menos uno de ellos -porque todo es relativo- de cada país.



Y aquí, un listado -imagino que con algún error, que ya me encargaré de reparar en cuanto pueda- de qué cuadro corresponde a cada país. Y teniendo en cuenta que, como dice el autor, todo es discutible. Y por si resulta un tanto raro ver a La Sirenita, o la Venus de Milo, que son esculturas, es porque se considera que son más representativas que cualquier cuadro de esos países.


Albania: Santa María sosteniendo al Niño Jesús en su brazo derecho.
Alemania: Wanderer sobre el mar de la niebla, de Caspar David Friedrich.
Andorra: Fresco del ápside de la iglesia de Sant Miquel d'Engolasters.
Austria: El beso, de Gustav Klimt.
Bielorrusia: El violinista, de Marc Chagall.
Bélgica: El hijo del hombre, de René Magritte.
Bosnia y Herzegovina: Paisaje de montaña, de Karlo Mijic.
Bulgaria: Danza rachenitsa, de Ivan Mrkvicka.
Ciudad del Vaticano: Creación de Adán, de Miguel Ángel (Michelangelo).
Croacia: Mujer romana tocando un laúd, de Vjekoslav Karas.
Chipre: Pareja, de Stelois Votsis.
República Checa: El bebedor de ajenjo, de Viktor Oliva.
Dinamarca: La Sirenita (estatua).
Eslovaquia: Trabajo, de Albin Brunovsky;
Eslovenia: Primavera, de Ivan Grohar.
España: Guernica, de Pablo Picasso.
Estonia: Mitad desnuda con falda rayada, por Adamson-Eric.
Finlandia: El ángel herido, por Hugo Simberg.
Francia: Amanecer, de Claude Monet.
Grecia: La Venus de Milo.
Hungría: El viejo pescador, de Tivadar Csontvary Kosztka.
Islandia: Thingvellir (asamblea de la Islandia medieval), de Thorarinn B. Thorlaksson.
Irlanda: Tres estudios de Lucian Freud, de Francis Bacon.
Italia: Mona Lisa, de Leonardo da Vinci.
Letonia: Después de la iglesia, de Janis Rozentals.
Lituania: Historia sobre los reyes, de Mikalojus Konstantinas Ciurlionis.
Luxemburgo: Mosela en Greiveldange con Stadtbredimus, de Nico Klopp.
Macedonia: Escena del Salterio de París, manuscrito bizantino anónimo.
Moldavia (Moldova): La chica de Ciadar Lunga, de Mihai Grecu.
Mónaco: Retrato de Raniero I.
Montenegro: Nuestra Señora de Filermo, icono bizantino anónimo.
Noruega: El grito, de Edward Munch.
Países Bajos: La chica con pendientes de perlas (la chica de la perla), de Johannes Vermeer.
Polonia: Rejtan (Otoño polaco, en referencia al reparto de Polonia), de Jan Matejko.
Portugal: Fado, de José Malhoa.
Reino Unido: El Temerario (un barco) remolcado a su último atraque para el desguace, de J. M. W. Turner.
Rumania: Car Cu Boi (carro tirado por bueyes), de Nicolae Gregorescu.
Rusia: Otoño dorado, de Isaac Levitan.
Serbia: El montenegrino herido, de Paja Jovanovic.
Suecia: Desayuno bajo el gran abedul, por Carl Larsson.
Suiza: El caminante, de Alberto Giacometti.
Turquía: El entrenador de la tortuga, de Osman Hamdi Bey.
Ucrania: Los cosacos zapórogos escribiendo una carta al sultán, de Ilya Repin.

viernes, 6 de enero de 2017

Los prerrafaelitas (y LV): Conclusión y ¿fin? Por el momento, sí.

Después de un preámbulo, cincuenta y cinco entradas y unos cuantos anexos, la historia llega a su fin. Al menos, en teoría.


Bien, en algún momento se acabarían los temas sobre el prerrafaelismo y los prerrafaelitas. Con toda seguridad, me he dejado por el camino a algunos artistas, bien por ser secundarios, por ser prerrafaelitas dudosos -aunque no pocos de ellos han sido también comentados aquí-, o, simplemente, porque no los conozco ni de oídas. Realmente, han sido muchos los pintores, y no pintores, que han acabado con su entrada de turno porque, al ser tan larga la serie, he tenido tiempo de encontrarlos y conocerlos, aunque sea mínimamente.
De todas formas, hay que decirlo claro: no, no acaba aquí. Seguirá habiendo anexos, porque de algunos autores, algunas obras han quedado por sacar aquí, y siempre, siempre, resulta posible encontrar algo. La moda, la fotografía, la ilustración moderna, la música, el cine y la televisión... resulta extraordinariamente fácil, si se busca de forma más o menos concienzuda, encontrar algo. Facebook, por poner un ejemplo, está lleno de páginas de grupos, o de personas en solitario, que han querido dedicar una de ellas al movimiento en general, a la Hermandad, o a algún artista en particular. Una de las que parece tener más seguidores -también en webs en general, e incluso en vídeos en youtube- es, curiosamente, alguien que mucha gente no considera una artista propiamente dicha, ni parte íntegra del movimiento, sino una simple modelo, y protagonista desgraciada de una triste historia de amor y desamor: se trata de Elizabeth Siddal, que parece fascinar a no pocos neo-victorianos, a interesados por aquella época -que duró décadas, así que tampoco resulta tan extraño encontrar en ella a alguien, o algo, que despierte precisamente, eso, algún interes-, o simplemente, a quien se topa con su vida, y también, con su obra.


Se podría seguir hablando de ellos, y de su época, casi eternamente.

Los prerrafaelitas, como se cuenta en libros y en webs, fueron algo así como la vanguardia antes de que hubiera vanguardias. El nombre de "prerrafaelita" ha acabado siendo mucho más que el querer inspirarse en el arte anterior al pintor italiano del Renacimiento Rafael. Sería, por lo demás, casi ridículo circunscribirse a esa idea: dejar de lado lo que se pintó o esculpió posteriormente a una fecha en particular, y tomar ejemplo de lo anterior. 
Este grupo, enorme y dispar grupo de artistas, de genios, tan diversos entre sí, fueron una auténtica ruptura del arte británico, y en menor medida occidental, que hizo que la pintura de dicho país ocupara, por fin, un lugar privilegiado en la historia del arte europeo, pues anteriormente, y excepto casos aislados, como Joshua Reynolds, o William Turner, nunca destacó por sus artistas, siempre ofuscados por los europeos del sur: italianos, españoles y franceses. Pero no sólo fue una auténtica revolución artística, sino también un fenómeno social y cultural. El prerrafaelismo pudo beber de muchas fuentes, como el romanticismo -no sólo patrio, sino también francés o alemán-, o la pintura más o menos academicista, o el neo-clasicismo, sino que mezcló todo aquello, eliminó lo que, simplemente, no agradaba a aquellos "jóvenes airados", y crearon algo que, aún hoy e día, se deja ver y sentir en el arte y la cultura de los británicos actuales.


¿Pero cuántos fueron, los creadores de la Hermandad?

En principio, siempre se habla de tres, pero realmente, fueron siete. Sin embargo, habría, quizá, que hacer dos grupos separados, con algunos miembros comunes. Precisamente, la llamada "Santísima Trinidad del prerrafaelismo".
Entre los fundadores, los que dijeron "Aquí se forma una Hermandad de artistas, que serán los prerrafaelitas", en 1848, hubo siete: John Everett Millais, William Holman Hunt y Dante Gabriel Rossetti -pintores, en ocasiones poetas, al menos Rossetti, y los tres nombres principales de este tinglado-, y tras ellos, James Collinson -pintor, novio de Christina Rossetti, y tras romper con ella, también lo hizo con la Hermandad y el movimiento, siendo, finalmente, un pintor clásico con fuerte infuencia del catolicismo, al que se convirtió antes de romper su noviazgo-, Frederic George Stephens -pintor no especialmente brillante, que abandonó los pinceles al pensar que no podría hacerlo mejor, y que se dedicó a la crítica, la historia del arte, y trabajos académicos o en museos- y Thomas Woolner -escultor y poeta; emigrado a Australia, y vuelto a su país, en ocasiones no es considerado un auténtico prerrafaelita porque no fue nunca pintor; el prefirió la escultura, donde se ganó un nombre y no poca fama-.
Hasta ahí, los siete fundadores.

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Millais, Rossetti y Hunt, la "Santísima Trinidad" de la Hermandad, y del prerrafaelismo en general.

Ahora bien, la Hermandad propiamente dicha, como un conjunto de artistas reconocidos, con su clientela y sus críticos, y que son todavía recordados como, todos y cada uno de ellos, como ejemplos claros del prerrafaelismo, con sus seguidores y admiradores -y críticos- todavía en hoy en día, ¿a cuántos se podrían contar, enumerar?
De nuevo, vuelven a aparecer Holman Hunt, Rossetti y Millais. Pero también cabrían, al menos, otros tres: Edward Burne-Jones -un pintor genial, algo más joven que los tres primeros, y que también es considerado un antecedente del simbolismo-, su amigo William Morris -diseñador, en ocasiones también pintor, poeta, espíritu inquieto y unificador del grupo- y por último, aunque algunos dudarían en añadirla al grupo, Elizabeth Siddal -modelo y musa del prerrafaelismo, esposa de Rossetti, pero también ella, artista: pintora y poeta-. 
Realmente, si hablamos del núcleo de la Hermandad Prerrafaelita, el grupo que convivía, pintaba, o se peleaban, si llegaba al caso, por ser una auténtica familia artística, aunque no siempre tuvieran entre ellos buena relación, serían ellos seis, los que merecerían estar ahí. 
Estos son el núcleo de la Hermandad.

Habría, también, personas relacionadas de forma directa con ellos. Los unos, de forma artística. Los otros de forma más personal o íntima. Aquí cabrían  hermanos, esposas, amantes o modelos, críticos, o pintores que tuvieron relación directa con ellos, pero sin llegar a formar parte de la Hermandad, o incluso, entrando en ella, pero de forma algo tardía, y sin llegar a tener demasiada relación con los demás.
Entre los primeros, y aparte de Siddal, y dejando aparte a mucha gente -ciertamente- se destacaría a Effie Grey -amante, y más tarde esposa de Millais, con quién disfrutó de años de tranquilo matrimonio-, Jane Morris -modelo de Rossetti, y muy probablemente amantes, o al menos algo debió intentar él, y esposa de William Morris-, Georgiana MacDonald -esposa de Burne-Jones, que ocultó y aguantó su infidelidad, aparte de tener que "compartirlo" con Morris, y que era una artista de la madera  y pintora, ella por sí misma-, Annie Miller -la modelo y amante de Holman Hunt, a la que nunca pudo hacer su esposa-, Fanny Cornforth -modelo, amante y segunda esposa de hecho de Rossetti-, William Michael Rossetti -hermano de Dante Gabriel; funcionario, poeta aficionado, algo así como biógrafo de la Hermandad, y director de "The Germ", la efímera revista del grupo-. Y aparte de ellos, y de las demás modelos y amantes de Rossetti, el muy afanado y respetado crítico John Ruskin -primer esposo de Effie Gray, y el que más hizo para sacar a los miembros de la Hermandad del casi anonimato-. 
A ellos, y sobretodo a ellas, se les podría considerar el círculo sentimental, familiar y crítico de la Hermandad.

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Elizabeth Siddal fue una auténtica pin-up de la época. Musa y espíritu femenino del prerrafaelismo, hasta hace pocas décadas -en que empezó a verse, en televisión o teatro, su vida y carácter- no se supo de su intimidad y personalidad propia, más allá de una modelo sin voz.

Y sobre los segundos, resulta evidente que, tras triunfar -e incluso antes, cuando apenas se les conocía, más allá de sus amistades, o antiguos compañeros de estudios artísticos-, que hubo otros pintores con los que tenían amistad, hablaban de arte, compartían intimidades o se enseñaban obras, o recibían su influencia directa, por ser no sólo admiradores suyos, sino también amigos.
Entre ellos, destacar a Walter Howell Deverell -que habría ocupado el espacio de Collinson, si no hubiera muerto tan joven-, Arthur Hughes -amigo de Millais y Hunt desde la Royal Academy; sin llegar a haber sido nunca parte de la Hermandad, siempre tuvo relación con sus miembros-, Frederick Sandis -fue miembro, pero ingresó tardíamente, y no tuvo una relación tan directa con ella como otros artistas "externos", Valentine Cameron Prinsep -amigo cercano de todos ellos-, y sobre todo, Ford Madox Brown -que nunca se consideró, ni fue considerado, ni parte de la Hermandad, ni del movimiento, pero recibió influencias, y tuvo relación estrecha con Rossetti, Siddal, etc.- y Marie Spartali Sstillman -alumna de Rossetti, Madox Brown y Burne-Jones, y una de los mejores prerrafaelitas de segunda generación-. 
Y entre los poetas, que también los hubo, y dejando aparte a los miembros que se dedicaron de forma secundaria, o al mismo nivel, que a la pintura -Rossetti, Woolner, Siddal; algo Morris-, Christina Rossetti -hermana de Dante Gabriel, y temporalmente, novia de Colinson- y Algernon Charles Swinburne.
Ellos formarían un segundo círculo artístico alrededor de la Hermandad.

Y tras ellos, una larga, muy larga lista de artistas. Y más, si se incluyeran pintores o dibujantes que, sin ser prerrafaelitas, en algún momento miraron a ellos, y no pudieron -ni quisieron- evitar recibir su benéfica y constante influencia. Para no alargarse con una lista casi interminable, destacar sólo a unos pocos, que sin haber sido nunca parte de la Hermanda, y en no pocas ocasiones, ninguna, o poca relación personal profunda con ninguno de sus miembros, no dejan de ser, o de ser considerados parte importante del movimiento: Frederic Leighton, Lawrence Alma-Tadema, Simeon Salomon, Edmun Blair Leighton, John William Waterhouse, John Brett, Evelyn de Morgan, y un largo etcétera.
Ellos serían, por último, el tercer círculo, externo, alrededor de la Hermandad. Sin relación con ella, pero parte del movimiento.

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Una de las ninfas imaginadas por Frederic Leighton. La pintura europea raramente se había atrevido a retratar de semejante forma a una mujer, de origen divino, pero de aspecto completamente humana, sensual e inocente al tiempo. Y sin duda, tan irresistible en su momento, como lo es ahora.

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Las bárbaras -y carísimas- fiestas de Heliogábalo, uno de los emperadores más nefastos, pero atractivo en su degeneración y sus inacabables ideas para arruinar el Imperio Romano, su imagen y la confianza de sus súbditos en el gobierno y el estado, fueron retratadas -o más bien uno de ellas, en que hizo llover tal lluvia de pétalos de rosa sobre los invitados, que algunos murieron ahogados por ellos-, por Lawrence Alma-Tadema, holandés de nacimiento, y británico de adopción.


Rebelión, lucha y aceptación.

Realmente, el prerrafaelismo fue, tanto una revolución artística, como también social. Estamos hablando de 1848, aunque los tres miembros principales, y alguno de los secundarios, o "accesorios", -artistas que los conocían y siempre estuvieron cerca de ellos-, ya llevaban tiempo trabajando juntos, y hablaban de unirse para crear algo especial y rupturista. Aquella primera mitad del siglo XIX podría destacarse, entre otras cosas, por multitud de revoluciones políticas y sociales -1830, o 1845-, que en realidad, no dejaban de ser una continuación de la Revolución Francesa, y de las guerras de la Francia revolucionaria, y posteriormente el imperio de Napoleón, que trastocaron el orden político y social europeo y americano -la independencia de las naciones latinoamericanas- para siempre. Ellos, en realidad, no dejaban de ser hijos de su tiempo, y la búsqueda de un nuevo camino para el arte no dejaba de llevar consigo una filosofía de vida que lo mismo bebía del romanticismo, como parecía abrir camino para nuevas vanguardias, visiones del mundo, o movimientos filosóficos o vitales.
Gran Bretaña, en particular, había permanecido más tranquila -Guerras Napoleónicas aparte-, pero la industrialización, anterior a la de otros países europeos, la urbanización -debido a la emigración masiva del campo a la ciudad- y los problemas sociales, económicos y de salud pública e higiene que provocó todo aquello, hicieron que, en una generación, Gran Bretaña, más aún Londres, fuera un lugar nuevo, y nuevos hombres y mujeres nacían en él, y en él vivían, sufrían y soñaban.
Ese 1848 -el "año de las revoluciones", tanto políticas como sociales, a lo largo y ancho de casi toda Europa-, los siete fundadores crearon la Hermandad. Pero se encontraron con que, aunque deseaban ser vistos como un grupo de artistas diferenciados, no tenían demasiado interés en firmar un manifiesto público, presentarse en sociedad. Fue casi, valga la redundancia, una sociedad secreta, con un documento que cada uno de ellos firmó como si fuera un pacto de sangre, aunque, al mismo tiempo, firmaban algunas de sus obras con su nombre, evidentemente, pero también pintaban, muy pequeño, pero de forma visible para el que observara de cerca tal o cual obra, con un PRB: Prerrafaelite Brotherhood -Hermandad Prerrafaelita-.
Como ya se comentó en su momento, comprendieron que, a falta de mayor fama -eran sus principios-, necesitarían de otros medios para hacerse famosos. De ahí, la existencia de "The Germ", o "El germen" -quizá también podría traducirse, de forma un tanto libre, como "La semilla"-, intentando llegar, de una forma, en su tiempo, moderna, tanto a críticos, como a otros jóvenes artistas, en ciernes o con una carrera mínimamente encarrilada, que buscaban algo más, pero que no debían saber el qué.
Y también sabemos algo más: la revista fue un completo fracaso. Solamente cuatro números, cuyos originales, hoy en día, están buscadísimos, y que hace ya más de un siglo, fueron reeditados en forma de libro, cuando el prerrafaelismo no sólo era una de las columnas del arte victoriano, sino también empezaba a ser parte de la historia del arte. Sobretodo, porque el modernismo, en sus distintas versiones nacionales, estaba empezando a arrinconarlo, a hacerlo olvidar. Muchos artistas jóvenes lo consideraban parte del "arte antiguo", del "arte académico, o academicista". Justo de lo que quisieron escapar toda su vida.
Al menos, algunos irreductibles, como Rossetti y Burne-Jones, nunca se rindieron a la tiranía del mercado, y siguieron con su estilo, mejorándolo con el paso del tiempo, hasta el final. Ellos nunca estuvieron dispuestos a realizar obras más conservadoras, siguiendo las reglas académicas. Siempre fueron rebeldes, de forma que Rossetti acabó siendo el más prerrafaelita de todos, y Burne-Jones, si saberlo, o sin quererlo saber, fue uno de los fundadores, o al menos de los que prepararon el camino, para el simbolismo.
Una cosa sí es cierta, y en eso, series o libros de, digamos, historia novelada, no mienten: empezaron desde muy abajo. Se las veían canutas para, como se dice popularmente, llegar a fin de mes, y hasta que no fueron apadrinados por John Ruskin -al que a veces, se le ha tratado de forma un tanto demasiado dura-, tenían que compartir vivienda, estudio, y hasta modelo. Elizabeth Siddal, según se lee en alguna web, fue lo más parecido a la chica pin-up del prerrafaelismo. Fue musa del movimiento, modelo, en uno u otro modelo, tanto de Millais, como de Hunt y, sobretodo, de Rossetti. Su historia de amor y desamor, ya es de sobra conocida, así que no vale la pena volver a explicarla aquí. Sin embargo, su vida, sus rostro y su arte son el alma femenina de la Hermandad, ya que otras mujeres prerrafaelitas, con una vida más larga y menos triste, y una obra mucho más extensa, como Evelyn de Morgan o Marie Spartali, no formaron parte íntegra de ella, aunque sí es cierto que estuvieron cerca de la Hermandad -sobretodo Spartali, alumna de varios miembros de la "primera generación".

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"Hacia la tierra desconocida". Y no hay nada más desconocido que la muerte. Una de las obras más fascinantes de Edmund Blair Leighton, gran pintor de escenas de un Medievo irreal que, sin embargo, sin duda influyó en el cine de décadas posteriores.


Algunas cosas más. ¿Prerrafaelitas? ¿Por qué? Cómo se les veía en la Academia.

El nombre de prerrafaelita hace referencia al pintor italiano Rafael (1483-1520), uno de los grandes genios, de las figuras más deslumbrantes y extraordinarias del Renacimiento, y en particular, del cinquecento -la última y más extraordinaria época de dicho período artístico y cultural: el siglo XVI-. Tras él -también de Miguen Ángel y Leonardo-, se llegó al cenit de la perfección y el logro artístico. Sin embargo, los jóvenes airados del movimiento no desearon seguir el mismo camino de sus maestros de la Royal Academy, considerando la obra de Rafael -por ejemplo, y en particular, "La transfiguración"-, como un ejemplo de pomposidad, de falta de realismo y naturalidad. Ellos deseaban un arte alternativo, que pensaban que conduciría al espectador a una visión de un mundo nuevo, anunciado, también, por un nuevo arte. Aquí se denota, pues, que no sólo fue, al menos en un principio, una revolución únicamente artística.
Estas ideas, consideradas iconoclastas, casi destructivas -se diría, casi, apóstatas, como renegando de la única religión verdadera de la crítica artística- hizo que, si bien estuvieron siempre bien considerados por maestros y alumnos -compañeros suyos que, en ocasiones, no sólo tomaban nota mental de lo que de ellos escuchaban, sino que acabaron formando parte de la futura Hermandad, o sintiéndose cercanos a ella-, nuca fueran considerados del todo "tres más de los nuestros". Y eso que contaban entre ellos a Millais, un niño prodigio, que pudo ingresar en la Academia con sólamente once años, el alumno aceptado más joven de su historia, y auténtico niño prodigio.
 En una sociedad tan conservadora, que, al no tener demasiado pasado histórico, rendía pleitesía tanto al arte renacentista, como a Joshua Reynolds -uno de los fundadores de la Royal, su primer presidente, y casi padre fundador de la pintura británica-, el que aquellos jóvenes salieran con aquellos ideales revolucionarios, tan poco británicos y victorianos -aunque, en aquellos tiempos, todavía no se hablaba de "época victoriana", pues a la reina Victoria todavía le quedaba mucha vida por delante- no podía más que darles problemas para que sus obras recibieran buenas críticas, apoyos o encargos, si bien la Academia les permitía, como a cualquier otro estudiante o ex-estudiante, exponerlas, aunque no fuera en un espacio privilegiado, precisamente.
En cambio, hubo otro artista renacentista, Boticelli, quien fue, literalmente, recuperado para el gran público por los prerrafaelitas. Al ser un artista que daba gran importancia a los sentimientos de los personajes, más que a lo que estos jóvenes consideraban posiciones artificiosas con que eran pintados, fue un tanto ninguneado en su época -eso, y el encontrarse a otros artistas aún mejores que él-. Ellos, quizá no sólo por interés por su obra, sino también por llevar un tanto la contraria, pues en la Academia se le daba más bien poca importancia o atención, acabaron por colocarlo en el lugar que merece en la historia de la pintura europea.

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Así retrata una ilustración, probablemente de principios del siglo XIX, anterior al prerrafaelismo y a la subida al poder de Victoria, la sala de exposiciones de la Royal Academy. No sé si llegaron a exponerse al mismo tiempo tantos cuadros, ni tan pegados unos a otros, pero sin duda, sí que era uno de los centros culturales de la época, y sus exposiciones atraían multitudes.

Bien, en principio, aquí acaba esta larga, larguísima serie sobre el prerrafaelismo. Estoy casi seguro que habrá alguna entrada más. Una entrada LVI, o cincuenta y seis, aparte de algún, o algunos anexos. La influencia del prerrafaelismo y el arte, en la cultura británica -y más allá, aunque sea de forma más imperceptible, sin que nadie sepa bien de dónde puede haber llegado- sigue presente, pues, entre otras razones, no sólo es mantenida viva por los museos -el Tate, por ejemplo-, las salas de exposiciones, o los documentales en televisión, sino también por la enormidad de webs, vídeos o páginas de facebook que gente anónima les dedican a sus miembros, y al mundo, la época, en que vivieron, trabajaron y murieron: básicamente, la Época Victoriana, pues la Eduardiana sólo la conocieron algunos de ellos, y ya ancianos, a no ser que hablemos de algunos neo-prerrafaelitas fallecidos ya en la década de los 50 del siglo XX. Pero en este caso, se podría decir que estamos hablando de un auténtico anacronismo histórico-artístico. Y también, es innegable, de algo que se resistió a morir definitivamente. 
Si es que murió, pues una y mil veces, en el cine, en la fotografía, en la ilustración, en los escasos pintores figurativos que aún quedan, vemos su influencia, todavía viva y en plena forma.



martes, 3 de enero de 2017

Hiperrealismo contemporáneo: la pintora española Arantzazu Martínez.

Para que se vea que hay sitio en el blog para artistas actuales. Y en este caso, de España.


Tengo que decir que, hasta hace muy poco, no tenía idea de quién era Arantzazu Martínez. Pero buscando en páginas de arte, como Pinterest, se pueden ver, admirar y conocer cantidad de artistas de la pintura, el dibujo y la ilustración, o la fotografía -e imagino que de más cosas, si se busca con algo más de tiempo de lo que hago yo-. Y entre muchas ilustraciones contemporáneas, me topó con unas obras que no sabía bien si eran fotografías tratadas con algún programa informático, o cuadros hiperrealistas. Y eran, como supuse, aunque sin estar nada seguro, eso último.
Y quise saber -curioso que es uno- quién era el autor. O autora. Y se trataba de una compatriota mía, así que, como seguí buscando otras obras suyas, me gustaron no poco, y la verdad es que  no me prodigo hablando de artistas -o cualquier otra cosa- españoles, decidí dedicarle un post, aunque sea corto.
Resumiendo su biografía, que se puede encontrar en su web, Arantzazu nació en Vitoria, en Euskadi, y tras estudiar en la Universidad del País Vasco, marchó en el 2000 a Nueva York, donde asistió a la Academia de Arte Figurativo de esa ciudad. Y tras pasar por otras academias, y tras trabajar con su maestro, Jacob Collins, se dedicó a realizar pinturas que podrían considerarse academicistas, o más bien, su continuación contemporánea -pues el término "academicismo", en el siglo XXI, no tiene por qué ser, y seguramente no es, o no significa, exactamente lo mismo que en el siglo XIX, o la primera mitad del XX, que es cuando más se utilizaba la expresión-, donde se entremezclan el romanticismo -estilo con mucha fuerza en la primera mitad del XIX, pero que influyó en pintores posteriores-, y el simbolismo, que en cierto modo, fue una continuación del prerrafaelismo, pero no sólo en Gran Bretaña, sino en toda Europa y más allá, y con un espíritu rupturista, cuando la corriente prerrafaelita formaba ya parte de la pintura clásica, o academicista, a la que quería, y con no poco éxito, sustituir, o al menos, cambiar.

Respecto a la temática, como el simbolismo y otras vanguardias, la fantasía, y la temática onírica, con apariencia de sueños, son el centro de su obra. Todo eso le ha ayudado a tener encargos dispares, como el proyecto "Visiones de Star Wars" (2009), de Lucasfilm Ltd. -realmente, el mismo George Lucas dijo en una ocasión que Martínez era su pintor vivo preferido-, o "La Imagen de Rusia" (2012), representando a España.
Forma parte del grupo de artistas conocido como "Maestros vivos del arte figurativo", tan raro ya, en esta época de arte abstracto, y si bien gran parte de sus obras forman parte de colecciones privadas, parte de ella se puede admirar en el MEAM, el Museo Europeo de Arte Moderno, en Barcelona.

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"Drácula" (2011). Un homenaje al más famoso de los vampiros. En una entrevista, dijo que le gustaría pintar a Mina, el personaje femenino de la novela de Drácula. Y está claro que cumplió con su deseo.

La pintora favorita de George Lucas es española
"Rancor", el cuadro que pintó Arantzazu para el proyecto en forma de libro de G. Lucas, sobre el universo de Star Wars. Para más información, aquí. Según la autora, la protagonista del cuadro no es la princesa Leia, o su madre Amidala, sino una joven, digamos, anónima.

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"La caída de ego" (2011). Una pintura, a mi entender, simbolista, donde el ego puede significar cualquier cosa. O no, pero sí dándole el significado que cada uno quiera verle.

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"Mujer pájaro", otra pintura al óleo.

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"Rescate de una pequeña sirena -o de la sirenita". O lo que muchos sospechábamos: las sirenas no son siempre tan terribles, ni tan peligrosas para los marinos, como siempre se ha dado a entender.

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"Belleza dormida -o durmiente", es otra de sus obras más representativas, la que aparece en los carteles que anuncian exposiciones de sus cuadros.


Esta última obra es considerada de temática "Mediterránea oriental", aunque reconozco que, después de mucho buscar, no he logrado encontrar su título. Quizá, aunque es difícil que así sea, simplemente no lo tiene.