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viernes, 6 de enero de 2017

Los prerrafaelitas (y LV): Conclusión y ¿fin? Por el momento, sí.

Después de un preámbulo, cincuenta y cinco entradas y unos cuantos anexos, la historia llega a su fin. Al menos, en teoría.


Bien, en algún momento se acabarían los temas sobre el prerrafaelismo y los prerrafaelitas. Con toda seguridad, me he dejado por el camino a algunos artistas, bien por ser secundarios, por ser prerrafaelitas dudosos -aunque no pocos de ellos han sido también comentados aquí-, o, simplemente, porque no los conozco ni de oídas. Realmente, han sido muchos los pintores, y no pintores, que han acabado con su entrada de turno porque, al ser tan larga la serie, he tenido tiempo de encontrarlos y conocerlos, aunque sea mínimamente.
De todas formas, hay que decirlo claro: no, no acaba aquí. Seguirá habiendo anexos, porque de algunos autores, algunas obras han quedado por sacar aquí, y siempre, siempre, resulta posible encontrar algo. La moda, la fotografía, la ilustración moderna, la música, el cine y la televisión... resulta extraordinariamente fácil, si se busca de forma más o menos concienzuda, encontrar algo. Facebook, por poner un ejemplo, está lleno de páginas de grupos, o de personas en solitario, que han querido dedicar una de ellas al movimiento en general, a la Hermandad, o a algún artista en particular. Una de las que parece tener más seguidores -también en webs en general, e incluso en vídeos en youtube- es, curiosamente, alguien que mucha gente no considera una artista propiamente dicha, ni parte íntegra del movimiento, sino una simple modelo, y protagonista desgraciada de una triste historia de amor y desamor: se trata de Elizabeth Siddal, que parece fascinar a no pocos neo-victorianos, a interesados por aquella época -que duró décadas, así que tampoco resulta tan extraño encontrar en ella a alguien, o algo, que despierte precisamente, eso, algún interes-, o simplemente, a quien se topa con su vida, y también, con su obra.


Se podría seguir hablando de ellos, y de su época, casi eternamente.

Los prerrafaelitas, como se cuenta en libros y en webs, fueron algo así como la vanguardia antes de que hubiera vanguardias. El nombre de "prerrafaelita" ha acabado siendo mucho más que el querer inspirarse en el arte anterior al pintor italiano del Renacimiento Rafael. Sería, por lo demás, casi ridículo circunscribirse a esa idea: dejar de lado lo que se pintó o esculpió posteriormente a una fecha en particular, y tomar ejemplo de lo anterior. 
Este grupo, enorme y dispar grupo de artistas, de genios, tan diversos entre sí, fueron una auténtica ruptura del arte británico, y en menor medida occidental, que hizo que la pintura de dicho país ocupara, por fin, un lugar privilegiado en la historia del arte europeo, pues anteriormente, y excepto casos aislados, como Joshua Reynolds, o William Turner, nunca destacó por sus artistas, siempre ofuscados por los europeos del sur: italianos, españoles y franceses. Pero no sólo fue una auténtica revolución artística, sino también un fenómeno social y cultural. El prerrafaelismo pudo beber de muchas fuentes, como el romanticismo -no sólo patrio, sino también francés o alemán-, o la pintura más o menos academicista, o el neo-clasicismo, sino que mezcló todo aquello, eliminó lo que, simplemente, no agradaba a aquellos "jóvenes airados", y crearon algo que, aún hoy e día, se deja ver y sentir en el arte y la cultura de los británicos actuales.


¿Pero cuántos fueron, los creadores de la Hermandad?

En principio, siempre se habla de tres, pero realmente, fueron siete. Sin embargo, habría, quizá, que hacer dos grupos separados, con algunos miembros comunes. Precisamente, la llamada "Santísima Trinidad del prerrafaelismo".
Entre los fundadores, los que dijeron "Aquí se forma una Hermandad de artistas, que serán los prerrafaelitas", en 1848, hubo siete: John Everett Millais, William Holman Hunt y Dante Gabriel Rossetti -pintores, en ocasiones poetas, al menos Rossetti, y los tres nombres principales de este tinglado-, y tras ellos, James Collinson -pintor, novio de Christina Rossetti, y tras romper con ella, también lo hizo con la Hermandad y el movimiento, siendo, finalmente, un pintor clásico con fuerte infuencia del catolicismo, al que se convirtió antes de romper su noviazgo-, Frederic George Stephens -pintor no especialmente brillante, que abandonó los pinceles al pensar que no podría hacerlo mejor, y que se dedicó a la crítica, la historia del arte, y trabajos académicos o en museos- y Thomas Woolner -escultor y poeta; emigrado a Australia, y vuelto a su país, en ocasiones no es considerado un auténtico prerrafaelita porque no fue nunca pintor; el prefirió la escultura, donde se ganó un nombre y no poca fama-.
Hasta ahí, los siete fundadores.

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Millais, Rossetti y Hunt, la "Santísima Trinidad" de la Hermandad, y del prerrafaelismo en general.

Ahora bien, la Hermandad propiamente dicha, como un conjunto de artistas reconocidos, con su clientela y sus críticos, y que son todavía recordados como, todos y cada uno de ellos, como ejemplos claros del prerrafaelismo, con sus seguidores y admiradores -y críticos- todavía en hoy en día, ¿a cuántos se podrían contar, enumerar?
De nuevo, vuelven a aparecer Holman Hunt, Rossetti y Millais. Pero también cabrían, al menos, otros tres: Edward Burne-Jones -un pintor genial, algo más joven que los tres primeros, y que también es considerado un antecedente del simbolismo-, su amigo William Morris -diseñador, en ocasiones también pintor, poeta, espíritu inquieto y unificador del grupo- y por último, aunque algunos dudarían en añadirla al grupo, Elizabeth Siddal -modelo y musa del prerrafaelismo, esposa de Rossetti, pero también ella, artista: pintora y poeta-. 
Realmente, si hablamos del núcleo de la Hermandad Prerrafaelita, el grupo que convivía, pintaba, o se peleaban, si llegaba al caso, por ser una auténtica familia artística, aunque no siempre tuvieran entre ellos buena relación, serían ellos seis, los que merecerían estar ahí. 
Estos son el núcleo de la Hermandad.

Habría, también, personas relacionadas de forma directa con ellos. Los unos, de forma artística. Los otros de forma más personal o íntima. Aquí cabrían  hermanos, esposas, amantes o modelos, críticos, o pintores que tuvieron relación directa con ellos, pero sin llegar a formar parte de la Hermandad, o incluso, entrando en ella, pero de forma algo tardía, y sin llegar a tener demasiada relación con los demás.
Entre los primeros, y aparte de Siddal, y dejando aparte a mucha gente -ciertamente- se destacaría a Effie Grey -amante, y más tarde esposa de Millais, con quién disfrutó de años de tranquilo matrimonio-, Jane Morris -modelo de Rossetti, y muy probablemente amantes, o al menos algo debió intentar él, y esposa de William Morris-, Georgiana MacDonald -esposa de Burne-Jones, que ocultó y aguantó su infidelidad, aparte de tener que "compartirlo" con Morris, y que era una artista de la madera  y pintora, ella por sí misma-, Annie Miller -la modelo y amante de Holman Hunt, a la que nunca pudo hacer su esposa-, Fanny Cornforth -modelo, amante y segunda esposa de hecho de Rossetti-, William Michael Rossetti -hermano de Dante Gabriel; funcionario, poeta aficionado, algo así como biógrafo de la Hermandad, y director de "The Germ", la efímera revista del grupo-. Y aparte de ellos, y de las demás modelos y amantes de Rossetti, el muy afanado y respetado crítico John Ruskin -primer esposo de Effie Gray, y el que más hizo para sacar a los miembros de la Hermandad del casi anonimato-. 
A ellos, y sobretodo a ellas, se les podría considerar el círculo sentimental, familiar y crítico de la Hermandad.

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Elizabeth Siddal fue una auténtica pin-up de la época. Musa y espíritu femenino del prerrafaelismo, hasta hace pocas décadas -en que empezó a verse, en televisión o teatro, su vida y carácter- no se supo de su intimidad y personalidad propia, más allá de una modelo sin voz.

Y sobre los segundos, resulta evidente que, tras triunfar -e incluso antes, cuando apenas se les conocía, más allá de sus amistades, o antiguos compañeros de estudios artísticos-, que hubo otros pintores con los que tenían amistad, hablaban de arte, compartían intimidades o se enseñaban obras, o recibían su influencia directa, por ser no sólo admiradores suyos, sino también amigos.
Entre ellos, destacar a Walter Howell Deverell -que habría ocupado el espacio de Collinson, si no hubiera muerto tan joven-, Arthur Hughes -amigo de Millais y Hunt desde la Royal Academy; sin llegar a haber sido nunca parte de la Hermandad, siempre tuvo relación con sus miembros-, Frederick Sandis -fue miembro, pero ingresó tardíamente, y no tuvo una relación tan directa con ella como otros artistas "externos", Valentine Cameron Prinsep -amigo cercano de todos ellos-, y sobre todo, Ford Madox Brown -que nunca se consideró, ni fue considerado, ni parte de la Hermandad, ni del movimiento, pero recibió influencias, y tuvo relación estrecha con Rossetti, Siddal, etc.- y Marie Spartali Sstillman -alumna de Rossetti, Madox Brown y Burne-Jones, y una de los mejores prerrafaelitas de segunda generación-. 
Y entre los poetas, que también los hubo, y dejando aparte a los miembros que se dedicaron de forma secundaria, o al mismo nivel, que a la pintura -Rossetti, Woolner, Siddal; algo Morris-, Christina Rossetti -hermana de Dante Gabriel, y temporalmente, novia de Colinson- y Algernon Charles Swinburne.
Ellos formarían un segundo círculo artístico alrededor de la Hermandad.

Y tras ellos, una larga, muy larga lista de artistas. Y más, si se incluyeran pintores o dibujantes que, sin ser prerrafaelitas, en algún momento miraron a ellos, y no pudieron -ni quisieron- evitar recibir su benéfica y constante influencia. Para no alargarse con una lista casi interminable, destacar sólo a unos pocos, que sin haber sido nunca parte de la Hermanda, y en no pocas ocasiones, ninguna, o poca relación personal profunda con ninguno de sus miembros, no dejan de ser, o de ser considerados parte importante del movimiento: Frederic Leighton, Lawrence Alma-Tadema, Simeon Salomon, Edmun Blair Leighton, John William Waterhouse, John Brett, Evelyn de Morgan, y un largo etcétera.
Ellos serían, por último, el tercer círculo, externo, alrededor de la Hermandad. Sin relación con ella, pero parte del movimiento.

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Una de las ninfas imaginadas por Frederic Leighton. La pintura europea raramente se había atrevido a retratar de semejante forma a una mujer, de origen divino, pero de aspecto completamente humana, sensual e inocente al tiempo. Y sin duda, tan irresistible en su momento, como lo es ahora.

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Las bárbaras -y carísimas- fiestas de Heliogábalo, uno de los emperadores más nefastos, pero atractivo en su degeneración y sus inacabables ideas para arruinar el Imperio Romano, su imagen y la confianza de sus súbditos en el gobierno y el estado, fueron retratadas -o más bien uno de ellas, en que hizo llover tal lluvia de pétalos de rosa sobre los invitados, que algunos murieron ahogados por ellos-, por Lawrence Alma-Tadema, holandés de nacimiento, y británico de adopción.


Rebelión, lucha y aceptación.

Realmente, el prerrafaelismo fue, tanto una revolución artística, como también social. Estamos hablando de 1848, aunque los tres miembros principales, y alguno de los secundarios, o "accesorios", -artistas que los conocían y siempre estuvieron cerca de ellos-, ya llevaban tiempo trabajando juntos, y hablaban de unirse para crear algo especial y rupturista. Aquella primera mitad del siglo XIX podría destacarse, entre otras cosas, por multitud de revoluciones políticas y sociales -1830, o 1845-, que en realidad, no dejaban de ser una continuación de la Revolución Francesa, y de las guerras de la Francia revolucionaria, y posteriormente el imperio de Napoleón, que trastocaron el orden político y social europeo y americano -la independencia de las naciones latinoamericanas- para siempre. Ellos, en realidad, no dejaban de ser hijos de su tiempo, y la búsqueda de un nuevo camino para el arte no dejaba de llevar consigo una filosofía de vida que lo mismo bebía del romanticismo, como parecía abrir camino para nuevas vanguardias, visiones del mundo, o movimientos filosóficos o vitales.
Gran Bretaña, en particular, había permanecido más tranquila -Guerras Napoleónicas aparte-, pero la industrialización, anterior a la de otros países europeos, la urbanización -debido a la emigración masiva del campo a la ciudad- y los problemas sociales, económicos y de salud pública e higiene que provocó todo aquello, hicieron que, en una generación, Gran Bretaña, más aún Londres, fuera un lugar nuevo, y nuevos hombres y mujeres nacían en él, y en él vivían, sufrían y soñaban.
Ese 1848 -el "año de las revoluciones", tanto políticas como sociales, a lo largo y ancho de casi toda Europa-, los siete fundadores crearon la Hermandad. Pero se encontraron con que, aunque deseaban ser vistos como un grupo de artistas diferenciados, no tenían demasiado interés en firmar un manifiesto público, presentarse en sociedad. Fue casi, valga la redundancia, una sociedad secreta, con un documento que cada uno de ellos firmó como si fuera un pacto de sangre, aunque, al mismo tiempo, firmaban algunas de sus obras con su nombre, evidentemente, pero también pintaban, muy pequeño, pero de forma visible para el que observara de cerca tal o cual obra, con un PRB: Prerrafaelite Brotherhood -Hermandad Prerrafaelita-.
Como ya se comentó en su momento, comprendieron que, a falta de mayor fama -eran sus principios-, necesitarían de otros medios para hacerse famosos. De ahí, la existencia de "The Germ", o "El germen" -quizá también podría traducirse, de forma un tanto libre, como "La semilla"-, intentando llegar, de una forma, en su tiempo, moderna, tanto a críticos, como a otros jóvenes artistas, en ciernes o con una carrera mínimamente encarrilada, que buscaban algo más, pero que no debían saber el qué.
Y también sabemos algo más: la revista fue un completo fracaso. Solamente cuatro números, cuyos originales, hoy en día, están buscadísimos, y que hace ya más de un siglo, fueron reeditados en forma de libro, cuando el prerrafaelismo no sólo era una de las columnas del arte victoriano, sino también empezaba a ser parte de la historia del arte. Sobretodo, porque el modernismo, en sus distintas versiones nacionales, estaba empezando a arrinconarlo, a hacerlo olvidar. Muchos artistas jóvenes lo consideraban parte del "arte antiguo", del "arte académico, o academicista". Justo de lo que quisieron escapar toda su vida.
Al menos, algunos irreductibles, como Rossetti y Burne-Jones, nunca se rindieron a la tiranía del mercado, y siguieron con su estilo, mejorándolo con el paso del tiempo, hasta el final. Ellos nunca estuvieron dispuestos a realizar obras más conservadoras, siguiendo las reglas académicas. Siempre fueron rebeldes, de forma que Rossetti acabó siendo el más prerrafaelita de todos, y Burne-Jones, si saberlo, o sin quererlo saber, fue uno de los fundadores, o al menos de los que prepararon el camino, para el simbolismo.
Una cosa sí es cierta, y en eso, series o libros de, digamos, historia novelada, no mienten: empezaron desde muy abajo. Se las veían canutas para, como se dice popularmente, llegar a fin de mes, y hasta que no fueron apadrinados por John Ruskin -al que a veces, se le ha tratado de forma un tanto demasiado dura-, tenían que compartir vivienda, estudio, y hasta modelo. Elizabeth Siddal, según se lee en alguna web, fue lo más parecido a la chica pin-up del prerrafaelismo. Fue musa del movimiento, modelo, en uno u otro modelo, tanto de Millais, como de Hunt y, sobretodo, de Rossetti. Su historia de amor y desamor, ya es de sobra conocida, así que no vale la pena volver a explicarla aquí. Sin embargo, su vida, sus rostro y su arte son el alma femenina de la Hermandad, ya que otras mujeres prerrafaelitas, con una vida más larga y menos triste, y una obra mucho más extensa, como Evelyn de Morgan o Marie Spartali, no formaron parte íntegra de ella, aunque sí es cierto que estuvieron cerca de la Hermandad -sobretodo Spartali, alumna de varios miembros de la "primera generación".

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"Hacia la tierra desconocida". Y no hay nada más desconocido que la muerte. Una de las obras más fascinantes de Edmund Blair Leighton, gran pintor de escenas de un Medievo irreal que, sin embargo, sin duda influyó en el cine de décadas posteriores.


Algunas cosas más. ¿Prerrafaelitas? ¿Por qué? Cómo se les veía en la Academia.

El nombre de prerrafaelita hace referencia al pintor italiano Rafael (1483-1520), uno de los grandes genios, de las figuras más deslumbrantes y extraordinarias del Renacimiento, y en particular, del cinquecento -la última y más extraordinaria época de dicho período artístico y cultural: el siglo XVI-. Tras él -también de Miguen Ángel y Leonardo-, se llegó al cenit de la perfección y el logro artístico. Sin embargo, los jóvenes airados del movimiento no desearon seguir el mismo camino de sus maestros de la Royal Academy, considerando la obra de Rafael -por ejemplo, y en particular, "La transfiguración"-, como un ejemplo de pomposidad, de falta de realismo y naturalidad. Ellos deseaban un arte alternativo, que pensaban que conduciría al espectador a una visión de un mundo nuevo, anunciado, también, por un nuevo arte. Aquí se denota, pues, que no sólo fue, al menos en un principio, una revolución únicamente artística.
Estas ideas, consideradas iconoclastas, casi destructivas -se diría, casi, apóstatas, como renegando de la única religión verdadera de la crítica artística- hizo que, si bien estuvieron siempre bien considerados por maestros y alumnos -compañeros suyos que, en ocasiones, no sólo tomaban nota mental de lo que de ellos escuchaban, sino que acabaron formando parte de la futura Hermandad, o sintiéndose cercanos a ella-, nuca fueran considerados del todo "tres más de los nuestros". Y eso que contaban entre ellos a Millais, un niño prodigio, que pudo ingresar en la Academia con sólamente once años, el alumno aceptado más joven de su historia, y auténtico niño prodigio.
 En una sociedad tan conservadora, que, al no tener demasiado pasado histórico, rendía pleitesía tanto al arte renacentista, como a Joshua Reynolds -uno de los fundadores de la Royal, su primer presidente, y casi padre fundador de la pintura británica-, el que aquellos jóvenes salieran con aquellos ideales revolucionarios, tan poco británicos y victorianos -aunque, en aquellos tiempos, todavía no se hablaba de "época victoriana", pues a la reina Victoria todavía le quedaba mucha vida por delante- no podía más que darles problemas para que sus obras recibieran buenas críticas, apoyos o encargos, si bien la Academia les permitía, como a cualquier otro estudiante o ex-estudiante, exponerlas, aunque no fuera en un espacio privilegiado, precisamente.
En cambio, hubo otro artista renacentista, Boticelli, quien fue, literalmente, recuperado para el gran público por los prerrafaelitas. Al ser un artista que daba gran importancia a los sentimientos de los personajes, más que a lo que estos jóvenes consideraban posiciones artificiosas con que eran pintados, fue un tanto ninguneado en su época -eso, y el encontrarse a otros artistas aún mejores que él-. Ellos, quizá no sólo por interés por su obra, sino también por llevar un tanto la contraria, pues en la Academia se le daba más bien poca importancia o atención, acabaron por colocarlo en el lugar que merece en la historia de la pintura europea.

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Así retrata una ilustración, probablemente de principios del siglo XIX, anterior al prerrafaelismo y a la subida al poder de Victoria, la sala de exposiciones de la Royal Academy. No sé si llegaron a exponerse al mismo tiempo tantos cuadros, ni tan pegados unos a otros, pero sin duda, sí que era uno de los centros culturales de la época, y sus exposiciones atraían multitudes.

Bien, en principio, aquí acaba esta larga, larguísima serie sobre el prerrafaelismo. Estoy casi seguro que habrá alguna entrada más. Una entrada LVI, o cincuenta y seis, aparte de algún, o algunos anexos. La influencia del prerrafaelismo y el arte, en la cultura británica -y más allá, aunque sea de forma más imperceptible, sin que nadie sepa bien de dónde puede haber llegado- sigue presente, pues, entre otras razones, no sólo es mantenida viva por los museos -el Tate, por ejemplo-, las salas de exposiciones, o los documentales en televisión, sino también por la enormidad de webs, vídeos o páginas de facebook que gente anónima les dedican a sus miembros, y al mundo, la época, en que vivieron, trabajaron y murieron: básicamente, la Época Victoriana, pues la Eduardiana sólo la conocieron algunos de ellos, y ya ancianos, a no ser que hablemos de algunos neo-prerrafaelitas fallecidos ya en la década de los 50 del siglo XX. Pero en este caso, se podría decir que estamos hablando de un auténtico anacronismo histórico-artístico. Y también, es innegable, de algo que se resistió a morir definitivamente. 
Si es que murió, pues una y mil veces, en el cine, en la fotografía, en la ilustración, en los escasos pintores figurativos que aún quedan, vemos su influencia, todavía viva y en plena forma.



martes, 31 de mayo de 2016

Los prerrafaelitas (XL): Frederic George Stephens, el amigo de Hunt que participó en la creación de la Hermandad.

Stephens quizá sólo fue una nota a pie de página en la historia del prerrafaelismo, pero lo fue en sus principios.


El hombre que sí estuvo allí, aunque fuera poco tiempo.

Aquí hablaríamos de un personaje un tanto curioso, y es por varias cuestiones. En primer lugar, y sólo desde el punto de vista del blog, de Stephens ya se habló, y nada menos que en la cuarta entrada, la dedicada a John Collier, y sólo después de las dedicadas a los tres creadores de la Hermandad. Sin embargo, de él se habló cuando, en principio, estaba pensado hablar mucho menos de los prerrafaelitas, y aparte de la "Santa Trinidad", del resto, en teoría, se habría hablado poco, exceptuando de algunos autores principales independientes, como Alma-Tadema o Leighton. Del bueno de Stephens, pues, apenas se habló un poco, antes de tratar con más detenimiento la vida y la obra de Collier. Algo, por lo demás, muy justo, artísticamente hablando, pues Collier fue mucho mejor pintor que Stephens -que además, como se verá, sólo lo fue durante u breve espacio de tiempo-, y sólo hay que comparar los cuadros de uno y otro.
Pero a medida que se han ido tratando todos los prerrafaelitas -los principales, los posteriores, los secundarios, los dudosos, y hasta los que sólo tocaron el prerrafaelismo de rebote-, hasta los secundarios acabaron teniendo su lugar.
El caso de Frederic George Stephens, su importancia vendría porque, tras crear Millais, Hunt y Rossetti la Hermandad, hubo otros que se le añadieron al poco, y fue antes que Morris o Burne-Jones, que tuvieron más importancia artística que ellos. De eso ya se hablará, pero entre los creadores, digamos, secundarios, estaba él.

Un retrato de Stephens en su juventud, realizado por su amigo Millais.

Otro retrato, de 1847, realizado por su amigo y maestro, Holman Hunt, con el que acabó rompiendo su amistad de forma bastante abrupta.

"Muerte de Arturo" (¿1850-1855?; no se sabe bien cuando fue pintado). Probablemente, se trata de una pintura sin los últimos retoques, o bien, se fue estropeando con el paso del tiempo.

Stephens entró en la Hermandad por ser amigo y aprendiz de Holman Hunt, igual que el crítico, y más tarde director de "The Germ" William Michael Rossetti lo hizo por ser el hermano del célebre pintor. Además, desde el principio, fue sincero defensor de las ideas artisticas y sociales de la Hermandad, y recibió influencia directa, sobretodo, claro está, de Hunt, pero también de sus amigos y compañeros, que desde el principio, demostraron ser magníficos pintores. Stephens nació en 1927, y falleció ochenta años después, en 1907, lo que significó ser uno de los prerrafaelitas más longevos, llegando a ver cómo el movimiento, en su vejez, se había acabado disolviendo, dando paso a nuevas corrientes, y a vislumbrarse vanguardias rupturistas que acabarían arrinconando al prerrafaelismo, en su época tan novedoso, por ser parte de llamado "arte viejo", o caduco. 
Su historia es un tanto curiosa. Nacido y residente en las afueras de Londres, en su infancia, a los diez años, sufrió un accidente -no se tiene del todo claro cual- que hizo que sufriera una invalidez que le provocó no sólo dolor físico, sino también psicológico, razón por la cual fue educado en su casa, pues su familia podía permitírselo. Pero al tener una vena artística, acabó ingresando en la Royal Academy, donde conoció a Millais y a Hunt. Se hizo amigo de ambos, pues Millais, por lo visto, era persona de carácter afable, y no costaba nada acercarse a él, por decirlo así, aunque fue Hunt, de carácter más brusco  y fuerte, el que más conectó con él. No sólo intentó tener su propia carrera artística, sino que también fue, en algunas ocasiones, modelo masculino de los otros primeros prerrafaelitas -"Fernando engañado por Ariel", de Millais-, o de Madox Brown, que no formaba parte de la Hermandad, pero era amigo y cercano a sus miembros. Sin embargo, al comparar su obra con la de los genios con lo que se juntaba, acabó por deprimirlo, y decidió romper con su pasado de forma radical: quemó, o al menos destruyó, todos sus cuadros -después se pudo comprobar que, al menos, dejó por destruir tres, más alguna más que fue apareciendo-, y se dedicó a la crítica artística.

"Madre y niño -o su hijo-" (1854), es una de las pocas obras que Stephens no destruyó. Probablemente es también la menos antigua, y ayuda a pensar que, de haber proseguido con su carrera pictórica, Stephens, sin haber llegado a ser una gran maestro, sí habría resultado un buen artista a recordar.

"La proposición" (1850), realizada con veintipocos años, no deja de ser una obra de aprendizaje, por lo que no hay que verla como una pintura de un autor veterano y maduro. Un ejemplo más de las dudas de a dónde habría llegado Stephens.

La verdad es que Stephens pintó poco, y su obra es claramente inferior a Millais, Hunt y compañía. Pero tampoco era mal pintor, y al ser joven -se unió en 1848 a la Hermandad, con poco más de veinte, y tenía mucho tiempo por delante para aprender y mejorar- habría podido haber pintado algunas obras, como mínimo, más que aceptables, e incluso de calidad. Pero nunca se sabrá. Él decidió también ser poeta, pero tanto le costaba proseguir con poemas que dejaba sin acabar apenas con diez versos, que prefirió dejar estar también la poesía, y dedicarse a otros menesteres. Ya se ha comentado que participó en "The Germ", tanto como crítico como poeta, y más adelante, escribiría críticas en periódicos o publicaciones sobre arte y literatura, participaría como crítico u organizador de exposiciones, fue autor de libros sobre diversos pintores, el más famoso, quizá, Alma-Tadema, e incluso, cuando alguno de ellos falleció, como Millais, fue responsable de una exposición a él dedicada. Respecto a su amistad con Hunt, acabó por romperse, pues el pintor le pidió que cuidara y se encargara del transporte de uno de sus principales trabajos, "El triunfo de los inocentes", y acusó a Stephens de haber perdido el cuadro, y de que este sufriera daño. Y por lo visto, de forma bastante injusta y paranoica. Y por lo visto, esa amistad, y la defensa que Stephens siempre ejerció hacia su antiguo maestro Hunt no sólo no volvió a ser efectiva, sino que su antipatía mutua empeoró, cuando el antiguo amigo escribió una crítica bastante dura de dicha obra de Hunt -de la que estaba tan orgulloso-, argumentando que su mezcla de fantasía e hiper-realismo era de todo menos atractiva y creíble.
Stephens no sólo escribió biografías de artistas, o artículos y libros de crítica de pintura. Fue guardián y administrador de los grabados y dibujos del Museo Británico, y escribió para catálogos de galerías artísticas. Además, no sólo escribía bien. También sabía hablar, y defender, o criticar, de forma muy activa y atractiva, de ahí su apodo, "el tullido hablador".
Algo curioso fue, por cierto, que siendo uno de los miembros fundadores -menores y no artistas, eso sí- de la Hermandad, y defendiendo al prerrafaelismo como una ruptura con la pintura anterior, con el paso de las décadas, defendió que dicha corriente era parte íntegra del arte clásico británico. El hecho de que no sintiera mucha simpatía por corrientes posteriores, y en particular, sintiera gran desagrado por el impresionismo francés, y los post-impresionistas posteriores -que a finales del siglo XIX, fueron los artistas más conocidos de Europa-, hizo que se le acabara viendo como un crítico conservador, que se negaba a reconocer que el arte había tomado nueva sendas, y que era justo reconocer lo mucho que estas vanguardias estaban aportando a la pintura o e dibujo.
Fallecido en 1907, al fallecer su viuda, la artista Rebecca Clara Danton, su hijo decidió subastar su colección de libros y cuadros, pero cedió varias obras a la Tate Gallery.

jueves, 7 de abril de 2016

Los prerrafaelitas (XXXVI): La Hermandad en el cine y la televisión.

Aunque sólo sea como una visión superficial, cómo han sido retratados los miembros de la Hermandad en la gran, o la pequeña pantalla.


Ya llevo ni sé cuanto tiempo hablando del prerrafaelismo, y todo tipo de personas que de alguna forma estuvieron con este movimiento relacionados. así que en ocasiones resulta un poco difícil que más comentar. Sin embargo, como últimamente, ni tengo tiempo para el blog, ni tampoco estoy demasiado inspirado para nuevas ideas o temas, prefiero seguir con uno que cuando comencé, apenas conocía, pero en el que, con el paso de los meses, me he ido sumergiendo y conociendo cada vez más. Dentro de lo que cabe, se entiende.
Un sub-tema, digámoslo así, que todavía no había apenas tratado era el hablar de los prerrafaelitas, o al menos de los miembros principales de la Hermandad, y otros personajes con relación directa con ellos -familia, miembros posteriores, amantes, esposas, modelos, críticos...- en el cine y la televisión. Sin hacer una lista exhaustiva, porque tampoco resulta fácil cómo o dónde buscar, hay, al menos, tres casos en los que no es que exista algún tipo de influencia simplemente estética del prerrafaelismo, sino que son varios, o al menos uno, de sus fundadores -Rossetti, Hunt, Millais- los protagonistas. O al menos, personajes de cierta importancia.
Aquí, al menos cuatro casos en que el prerrafaelismo saltó al mundo audiovisual, con mayor o menor fortuna -eso, lo dejo al gusto de cada cual-. Como se puede ver -o leer-, menos en el primero, fueron producciones de la BBC, en el caso de "Effie Gray", también se trata de una película de producción británica pues la Hermandad, y el prerrafaelismo en general, a partir de principios del siglo XX, no sólo fueron olvidados, sino también arrinconados a la hora de hablar de la historia del arte europeo. De ahí, que sean considerados, dentro y fuera de Gran Bretaña, como una especie de "arte patrio", y las series o largometrajes que de ellos se realizaban iban dirigidos, básicamente, al público británico:


"Effie Gray" (2014): Un drama de época, donde la protagonista resulta ser un personaje secundario de la historia de la Hermandad.

Como dice el título, "Effie Gray" (1828-1897), con Dakota Fanning de protagonista -no me extenderé en el nombre de los actores, porque en el cartel aquí reproducido se pueden leer, y sería un poco pesado-, relata la historia de Euphemia Chalmers Gray -nombre de soltera-, conocida como Effie, primero apellidada Ruskin, después Millais. Fue la esposa del crítico John Ruskin, el descubridor y protector del movimiento prerrafaelita -al menos, en sus primeros tiempos, cuando eran unos completos desconocidos, con poco dinero y muchos planes a punto de irse al garete-, pero la verdad es que Ruskin podría ser uno de los mayores expertos en arte de Gran Bretaña, y quizá de Europa, pero aparte de ser mucho mayor en edad que Effie, también era bastante aburrido y, por lo que se contaba y se ha ido descubriendo -y en ocasiones, más o menos suponiendo-, un individuo asexuado, o con una sexualidad entre infantil e inmadura -de ahí, el posible amor que sentía por su "protegida" Rose La Touche, a quién comenzó a educar en su casa cuando era apenas una niña-, incapaz de mantener relación sexual alguna con su esposa, que acabó odiándolo, o al menos despreciándolo y cansándose de él. Y como Ruskin sentía, más o menos, lo mismo por su mujer, que prácticamente acabó siendo más una carga que otra cosa, decidió quitársela de encima conservando su buena imagen social, haciendo -más bien facilitando- que acabara teniendo algo más que una buena amistado con su protegido Millais, el miembro de la "santísima trinidad" prerrafaelita que más le interesaba -artísticamente hablando, se entiende-, y con el que parecía entenderse mejor -entre otras cosas, porque el carácter de Millais era más tranquilo y "civilizado" que el de sus compañeros-. Realmente, el cómo transcurrió todo, sigue siendo un hecho bastante oscuro, o al menos no del todo aclarado, en la vida tanto de Millais, como de los otros dos protagonistas de tan extraña historia.
Parece que Millais se enamoró de ella casi al instante, lo que, entre otras cosas, le hizo olvidar a Lizzie Siddal, que en ese momento había dejado de ser su modelo, y que era eso y más de Rossetti. Effie tampoco es que tuviera que pensárselo mucho, la verdad, y en poco tiempo, y por mucho que a la madre de Ruskin no le hiciera mucha gracia un divorcio de su hijo -el que dirán, y todo eso-, finalmente, Effie Ruskin acabó siendo Effie Millais, aunque para la historia, siempre sería Effie Gray.
Aunque no tanto como Siddal, Gray acabó siendo un personaje que parecía sacado de la novela romántica, y como tal, al menos en parte, se le ha acabado tratando y considerando. La época Victoriana ha sobrevivido hasta la actualidad como un tiempo quizá un tanto ultraconservador y cerrado a la diferencia o a la independencia femenina, pero también fascinante, y algo parecido a unos años en que existían unas costumbres, valores, progreso tecnológico continuo, y explosión cultural, que hoy en día nos parecen tan perdidas como atrayentes. Tal vez, esa época Victoriana, como la Belle Époque francesa, han acabado siendo para nosotros como una nueva Edad de Oro, tan perdida como idealizada -y por tanto, en parte, falsa-, parecida a lo que la Antigüedad greco-romana o la Edad Media debieron parecer a no pocos hombres y mujeres de esos mismos tiempos.

Un cartel de la película, con la protagonista, y tras ella, la Ofelia de Millais -haciendo referencia al cuadro más importante de dicho pintor, porque la modelo fue Siddal-.

Effie Gray, en un retrato de Millais.


Un par de imágenes de la película.

Respecto a la película en sí misma, y según alguna crítica que he leído, está muy bien ambientada, no resulta nada difícil sentirnos como si hubiéramos viajado a aquellos años del XIX. Sin embargo, no deja de ser una película muy británica, para bien o para mal, y puede parecernos algo lenta, con unos modales o un comportamiento por parte de los personajes que nos puede parecer anticuados, pero es que, precisamente, así es como debería ser: el comprender que si Effie, Ruskin o Millais se comportaban como se comportaban, era por ser hijos de su época. Algunos la consideran un "dramón de época" -lo de "época", expresión un tanto curiosa, más bien significa "siglo XIX"-, o una historia de amor, drama y sentimientos de los que van por dentro -normal; ¡son victorianos!-, pero si se tiene interés por la Inglaterra neocentista, y ver a un personaje del "mundo prerrafaelita" secundario, como Effie Gray, como protagonista, con Millais y Ruskin alrededor suyo, puede resultar atractiva.


"Dante's inferno" -El infierno de Dante- (1967): Un trabajo para la BBC, donde se visualiza, de forma realista y cruda, la relación entre Rossetti y Siddal.

Se trata de una película para televisión, en cierto modo un capítulo de una serie de documentales en forma de largometrajes sobre personajes históricos de toda índole, "Omnibus", que se irían realizando durante décadas. Obra del director Ken Russell, realizada en 1967 para la BBC, y subtitulada como "La vida privada de Dante Gabriel Rossetti, pintor y poeta". Russell ya realizó un documental sobre la hermandad, "Old Battersea House" (1961), sobre la mansión del mismo nombre, transformada en museo, donde se puede disfrutar de una variada colección de obras de dicho movimiento. Pero "Dante's inferno" no sería un documental en sí mismo, sino un largometraje para televisión, de hora y media, donde se contaría la vida personal de Rossetti, y su difícil relación con la enfermiza y delicada Lizzie Siddal, las relaciones sexuales que tendría el poeta y pintor con sus modelos, el sufrimiento y soledad de Siddal, tras una primera época en que recibió la influencia y disfrutó de las enseñanzas y la parte más positiva de Rossetti -que podía ser, ciertamente, un hombre encantador, con grandes dotes de persuasión, pero también celoso e insoportable-. En ella se pueden ver también a Hunt, Millais, Ruskin, Morris, Burne-Jones, las modelos Cornforth -amante de Rossetti, con la que se encontraba la noche en que se suicidó Siddal y Annie Miller, su hermana Christina, etc.
La película es en blanco y negro, y resulta evidente que la BBC de la época no podía contar con un gran presupuesto, pero resulta tan atractiva como, en ocasiones, un poco siniestra, aparte de que, al tener la grabación original casi cincuenta años, el sonido se ha resentido, igual que la calidad de la imagen. Precisamente, el hecho de retratar la vida de unos artistas que adoraban la luz y el color, sólo con una gran gama de grises, resulta un tanto desasosegante, ayudando a ponernos en el lugar tanto de Rossetti como de Siddal, a la hora de hacernos a la idea de su sufrimiento emocional, psicológico, en una vida que, como el largometraje, acabó perdiendo su color. Es una película un poco -o más que un poco- difícil de ver, pero para amantes del cine de autor, la pintura, y los interesados en los personajes, es una obra de culto. No hay más que ver las webs llenas de fotografías realizadas a partir del telefilm original.

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Judith Paris -Lizzie Siddal-, y Oliver Reed -Dante G. Rossetti-, protagonistas de "Dante's inferno".


Siddal, como modelo y musa, personificación del espíritu medieval.


Rossetti enfrascado en su trabajo, la mejor forma de tener sus demonios más o menos controlados.

Desconozco si debió traducirse o subtitularse en español, pero estoy casi seguro de que no. Se puede encontrar completa, aunque dividida en dos partes, en youtube, con subtítulos, pero si no se sabe inglés, resulta un poco difícil de seguir. A no ser que se conozca la historia. Entonces, el comprender en su totalidad los diálogos, o al narrador de tan truculenta y sentimentalmente desaforada historia, por lo demás, muy victoriana, no se hace tan estrictamente necesario.

Un trailer -no oficial- con un montaje musical sobre la película.


"The love school" (1975): La primera serie sobre la Hermandad.

La BBC volvió a tratar el tema de la Hermandad años después. Pero no se trató de una película para televisión, sino de una serie de seis capítulos, de setenta y cinco minutos de duración cada uno -lo que es bastante para una serie, aunque en aquella época se realizaban "series de prestigio", de pocos episodios, pero gran presupuesto, y que eran más largos de lo normal-. La serie era en color, con inversión económica, y que no resultaba en parte documental, ni obra de autor. En este caso, además, Rossetti no se lleva casi todo el protagonismo, sino que también Millais sería personaje principal de un par de episodios. Otro personaje normalmente medio olvidado, y que aquí tendría su importancia, sería William Morris, que sin  haber llegado a ser pintor de éxito, tuvo gran importancia a la hora de mantener unidos a los miembros originales de la Hermandad -él, junto a su amigo Burne-Jones, entraron más tarde-. además de ser defensor y ejemplo de lo que se llamaba "nueva artesanía", y uno de los primeros en intentar poner en práctica las ideas del socialismo primitivo de finales del XIX, donde ya se veía la división entre el "científico" o marxista, y el anarquista o libertario. Él parecía más cera del científico, pero en lugar de pensar en serio en cambios radicales de gobierno, prefería construirlo desde abajo, en su fábrica.
La serie también se emitió en Estados Unidos, con el título de "La Hermandad", pues debieron pensar que "La escuela del amor" no describía de forma demasiado fiel de qué iba la serie -de forma bastante acertada, por lo demás-.
Se puede comprobar, al comparar ambas series, pero también en la división en seis capítulos más largo de lo normal, y al centrarse en la vida sentimental de los miembros más que en su obra, que "The love school" influyó, y no poco, en "Desperate romantics", así como en el libro en que la última serie se basa, aunque cada una tiene personalidad propia, debido también, a las distintas épocas  -más de treinta años, entre una y otra-, en que se emitieron. A destacar, el trabajo de un joven Ben Kingsley interpretando a Dante G. Rossetti.

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Holman Hunt y Annie Miller, haciendo que el pintor no esté mucho por seguir pintando "La luz del mundo", una de sus obras principales.


"Desperate romantics" (2009): Los prerrafaelitas recobran el color, para una nueva generación de televidentes.

En este tercer caso, ni se trata de un largometraje para la gran pantalla, ni una película-documental para televisión, sino una serie de seis capítulos, donde no hay un protagonista en particular, sino los tres miembros fundadores de la Hermandad, además de otros muchos personajes reales que giraron a su alrededor. También fue un trabajo para la BBC, y tuvo relativo -aunque descendente- éxito, al menos, en su país. En realidad, no está basada en un guión original, sino en el libro de Franny Moyle del mismo título, en español, "Románticos desesperados", que probablemente no sea el más idóneo. En este caso, he visto la serie completa, y si bien resulta atractiva -al menos, es en color, con música atractiva y buen sonido, unas, en general, también buenas interpretaciones-, hay algún que otro detalle que me chirría. En realidad, no son detalles, sino características importantes de la serie en sí.
Una de las cosas que no acabé de comprender fue el personaje de Fred Walters, porque no existió realmente. Walters existió en el libro original, donde la historia de los prerrafaelitas eran tratados como personajes de novela, y parece que su función es algo así como uno que sirve de unión de los demás, de explicación de por qué pasa tal o cual cosa -también realiza la función de narrador, que nos explica el por qué tal o cual personaje se comporta o hace esto o lo otro-. Creo que, quizá, Walters, por sí mismo, sustituye a otros personajes -personas reales, todos ellos-, que, en el caso de salir en la serie, podrían ser un tanto confusos, y prefirieron que finalmente hubiera menos protagonistas, y ocupara cada uno más tiempo, en lugar de que otros secundarios aparezcan y desaparezcan aquí y allá. Él es el que presenta Lizzie Siddal a los miembros de la Hermandad, lo que en la realidad hizo el pintor Walter Deverell, probablemente, el prerrafaelita menos conocido -murió joven, y sin dejar ninguna obra conocida-, y del que, por cierto, todavía no he hablado. También fue el que realiza el trabajo de cronista no oficial del movimiento, además de tontear con la poesía, que en realidad fue lo que hizo, más o menos, el hermano de Dante, William Michael, en la revista "The germ". Y respecto al que cenó con Rossetti y Siddal la noche en que ella se suicidó, fue Swinburne, el poeta, el que supo por boca de Rossetti que no iba a dar clases de pintura a una escuela de estudiantes adultos, sino a pasarla con su amante Cornforth. Pero imagino que, siendo ellos posibles personajes secundarios, resultaba mejor -o encontraron más conveniente, a mí, personalmente, me habría gustado más que se hablara de ellos- sustituirlos a todos por uno solo, que finalmente nos parecerá tan real como todos los demás.

Millais, Walters (su amigo imaginario), Rosssetti y Hunt, en "Desperate romantics".

          

   

 
Las tres parejas de la serie -y de la realidad-: Siddal con Rossetti; Millais con Gray; Holman Hunt y Miller. 

Tampoco aparece Christina Rossetti, que fue más importante en la vida de su hermano de lo que podría pensarse, además de ser una más que apreciable poeta, y me llamó la atención que Dante Rossetti apareciera en la exhumación del cadáver de Siddal, para recuperar sus poemas -de ella, y no de él, como se afirma en la serie-. Aún así, y dejando aparte si se refleja mejor o peor sus vidas, o si se da más importancia a su vida sentimental que a sus cuadros o dibujos, o si una década o más parece reducida a dos o tres años en la serie, es una buena forma de ver, poder oír, moverse y comportarse como hombres y mujeres de carne y hueso, a los que, tras leer sobre ellos, y contemplar su obra, se nos aparecen un poco como sombras, o como personajes que queremos ver reales, pero que no acabamos de darles vida, más allá de sus retratos o autorretratos. 
Eso sí, para los puristas, o los amantes del prerrafaelismo que conocen la vida de sus admirados miembros, o a los conocedores del Londres victoriano, tal vez tengan que hacer cierto esfuerzo a la hora de dar por buenas ciertas licencias -así pensaron los críticos, de televisión o no, al verla-, pero es mejor que nada. La Hermandad no es que se haya prodigado mucho ni en la gran ni en la pequeña pantalla, precisamente.


Una especie de anexo: ¿Influencia de la pintura prerrafaelita en el cine? Ofelia, en "Hamlet".

Aquí, como una especie de anexo o simple curiosidad, se puede ver a Jean Simmons, en el "Hamlet" de Laurence Olivier (1948). ¿El director, o el guionista, o el director de fotografía, o cualquier otro, se dejaron influir por la obra de Millais? No hay nada que de muestre ni eso, ni lo contrario, pero para cualquiera que haya visto la "Ofelia" del prerrafaelita, le viene a la mente a la pobre Siddal, flotando en el río, como una princesa desesperada, o en su caso personal, como una joven modelo vestida con un vestido viejo, en una bañera llena de agua fría.


viernes, 28 de agosto de 2015

Los prerrafaelitas (anexo I): John Everett Millais: "La inundación", un cuadro poco conocido, pero impactante.

Un cuadro de Millais descubierto mucho después de su entrada, y que prefiero colocar como anexo, y no añadirlo a lo ya escrito.


Hace ya no sé cuanto tiempo que empecé a escribir sobre los prerrafaelitas. La falta de tiempo hace que no pueda dedicarle mucho al blog, y la verdad es que hacer entradas sobre ellos resulta más rápido que sobre otros temas -si bien paso a basarme demasiado en la wikipedia, y no en otras entradas o referencias, aunque se intenta aumentar un poco la información. Como ocurre siempre, acabas descubriendo cosas sobre tal o cual pintor -y lo mismo pasa con escritores, autores de cómic, etc.- que, en principio, pasaron desapercibidos. Este cuadro, "La inundación", no recuerdo haberlo visto hasta hoy mismo, y me sorprendió que fuera de Millais, pues busqué bastante información sobre él, y no recuerdo haberlo visto. Pues aquí un pequeño comentario sobre él:


"La inundación", o "La riada" (1870), de Millais, a partir de una inundación del sur de Inglaterra.

En Sheffield, en 1864, ocurrió una desgracia que nadie pudo imaginar que podría suceder. Un embalse reventó, y, según la prensa de la época, en menos de cincuenta minutos se vació al completo, inundando varios pueblos y aldeas y llevándose por delante, como mínimo, 250 vidas -aunque la cifra real debió de ser de varios cientos-, siendo uno de los desastres no naturales más destructivos en muchos años. 
Millais, como tantos de sus compatriotas, también quedó horrorizado y sorprendido por aquel desastre, que no fue debido a grandes lluvias, sino a que se reventara una obra humana. Una de las historias que más se comentó en los periódicos -y también muchos supervivientes, por lo que es de suponer que se trata de una historia real- fue la de un niño, un bebé, que fue arrastrado con fuerza por la corriente, sin darse él cuenta de lo que realmente estaba sucediendo, y sin que se supiera nunca qué fue de él. Tal vez el gato fue un añadido de Millais, que pensó en que el niño tuviera, al menos, un pequeño amigo animal en su desgracia.
Tal vez, con el tiempo, una vez que la inundación de Sheffield fue poco a poco olvidada -a medida que los supervivientes, y en general los contemporáneos del desastre, fueron falleciendo-, también el cuadro de Millais pasó a ser arrinconado en el recuerdo de su obra. Pero, a medida que tanto su pintura, como la de otros prerrafaelitas, ha ido siendo re-descubierta, también han sido recordadas algunas mal llamadas "obras menores".

La información sobre dicho cuadro, y su imagen, la he podido conocer al blog de arte en inglés "My daily art display", donde hay, sin duda, mucho por descubrir.

miércoles, 19 de agosto de 2015

Los prerrafaelitas (XXIV): James Collinson, algo más que un gran cuadro de la Sagrada Familia.

Quizá uno de los menos conocidos de los prerrafaelitas, que destaco por su religiosidad, aunque gran parte de su obra fuera profana.


Como ya se puede ver, últimamente no tengo demasiado tiempo para dedicarle al blog -bueno, quizá no tan "últimamente", porque hace ya tiempo que escribo esto. Y como el número de prerrafaelitas aquí comentados crece y crece -incluyendo escultores, y autores que, sin ser realmente del movimiento, tuvieron relación con él-, así que, últimamente, me va siendo un poco difícil encontrar alguno nuevo. Aún así, si una vez acabada el listado, apareciera algún ilustre desconocido -para mí, se entiende-, no habría problema de añadirlo como un anexo. 
Pues bien, en este caso, se trata de un autor poco conocido, pues abandonó la Hermandad muy tempranamente, y gran parte de su obra probablemente no se le pueda considerar completamente prerrafaelita, aparte de que, después de su muerte, su nombre ha acabado siendo casi totalmente olvidado.

James Collinson, y La Sagrada Familia.

James Collinson (1825, en Mansfield -1881, en Camberwell), a pesar de su poco nombre, digámoslo así, fue un auténtico miembro de la Hermandad Prerrafaelita (entre 1848 y 1850; hay que tener en cuenta que, en poco tiempo, la unión de los fundadores de la Hermandad, y los que se añadieron poco después, se fue debilitando, hasta que cada uno se fue un poco por su lado), junto a Millais, Rossetti y Holman Hunt, a los que conoció, como no, en la Royal Academy, y al contrario que otros autores mucho más conocidos -y con razón- que en ocasiones, ni tan siquiera llegaron a tener relación, o esta fue muy escasa, con "la Santísima Trinidad" del movimiento.
Quizá lo que más llama la atención de Collinson es la importancia que la fe, y la religión con ella, tuvo tanto en su vida personal, como en su obra. Aunque de joven -veintipocos años- entró a formar parte del grupo de Millais, Rosseti y compañía por considerarlos, de alguna forma, como jóvenes rebeldes y refundadores de la pintura, aquello tuvo, por fuerza, que acabar mal, por una razón que, seguramente, debió, aunque lo conocieran bien, sorprender al resto de sus compañeros de "aventuras pictóricas": él era un cristiano practicante, que consideraba su fe como algo de suma importancia. Era un caso de anglicano converso al catolicismo -como el escritor Chesterton, o la madre de Tolkien, y por extensión, los hijos de ésta-, lo que hacía que su religiosidad fuera más fuerte, pero también en ocasiones, más intransigente, si bien era conocido por sus compañeros de grupo como un joven apasionado, pero también en no pocas ocasiones tranquilo, e incluso un poco insulso -le apodaron "el lirón"-. Por cosas que pasan -me hago amigo tuyo, tú me presentas a tu hermana, tu hermana y yo nos gustamos...- acabó enamorándose de Christina Rossetti, la hermana poeta de Dante Gabriel -sí, el celoso-, y estuvieron a punto de casarse, pero como él se consideraba católico por encima de todo, y en aquella época, el Vaticano -entiéndase, la iglesia católica en su conjunto- todavía no había solucionado el problema -si es que se puede considerar como tal- de los matrimonios mixtos entre católicos y protestantes -normalmente, acababan, si se celebraban, con la conversión de uno de los miembros a la iglesia del otro, y en paz-, y al no querer dar su brazo a torcer ninguno de los dos, el compromiso se fue al traste. 

"La renuncia de Santa Isabel de Hungría" (1850), no alcanzó, pasado el tiempo, tanta celebridad como "La Sagrada Familia", aunque probablemente sea una obra de mayor envergadura. Cuenta la historia de la princesa Isabel, casada con el príncipe -landsgrave- de Turingia, Luis IV, un territorio que formaba parte del Sacro Imperio Romano-Germánico, y con gran autonomía. El príncipe en cuestión murió en una cruzada, y ella se dedicó más en ayudar a los necesitados -que eran muchos- que en cuestiones de impuestos y demás, así que la clase dirigente -nobles, alta burguesía, iglesia- decidió desposeerla de su condición de regente -o sea, del poder político-, así que ella decidió abandonar la vida en palacio -pues a ello no estaba obligada- y se retiró al convento de Kitzingen, donde falleció. Más adelante fue canonizada, y Charles Kingsley, escritor y teólogo del llamado "socialismo cristiano" escribió un drama sobre su historia, donde criticaba el exceso de ascetismo.


"Responder a la carta del emigrante" (1850), de su etapa prerrafaelita, resulta más cercano para el público de la época -sobretodo, el de origen social más modesto-, pues en aquella época, la emigración británica -incluyendo como tal a los irlandeses- a Australia, Canadá o Nueva Zelanda, como también a Estados Unidos, estaba empezando a ser cada vez mayor. Y más que crecería en las décadas siguientes.

Esto, claro está, no le hizo ganar mucha simpatía tanto entre los hermanos Rossetti, como entre otros miembros de la Hermandad. El otro encontronazo, que hizo que abandonara el grupo, fue que Millais pintó su famosa "Cristo en la casa de sus padres", donde la Sagrada Familia era retratada como lo que realmente era: un padre, una madre y un hijo, que se querían y se sentían como tales. Collinson, con la fuerza y la falta de visión y tolerancia que da la fe del converso, creyó que aquello era una blasfemia, y no quiso formar parte de un grupo de artistas que, para él, eran unos personajes que se creían con el derecho de burlarse, o de poner en tela de juicio, cualquier cosa y, en definitiva, de desacreditar la fe cristiana. Incluso, al poco de dejar el movimiento, pensó seriamente en dedicarse al sacerdocio. Empezó los estudios, como jesuita, pero no llegó a acabarlos. Probablemente, llegó a pensar en su fuero interno que arte y fe no tenían por qué estar reñidos, y que el ser sacerdote no iba con él.

"La Sagrada Familia" (1878), es su cuadro más famoso aunque, aparentemente, sea también el menos original. O no tanto, teniendo en cuenta que, en el mundo prerrafaelita, si bien la religión cristiana estuvo presente, siempre fue como tema secundario, y con un punto de vista menos clásico que el de Collinson.

"Un hijo de la tierra" (1856), algo posterior a su salida de la Hermandad, cuando tocó temas "profanos". Los campesinos fueron considerados, por no pocos pintores, como los representantes más genuinos de las sociedades de sus países -también ocurría en Italia, en Rusia...-.

Casado en 1858, con la cuñada de, también, un pintor -Eliza Wheeler, hermana de la mujer de John Rogers Herbert, una especie de pre-prerrafaelita, pues fue uno de los artistas que más les influyó, al menos, en un principio-, decidió volver a pintar, aunque sólo fuera porque de algo tenían que vivir. Y curiosamente, sus obras eran, básicamente de tipo laico, secular, sin vírgenes o santos de por medio, como se podría llegar a pensar; la principal: "To let and for sale", que podría traducirse como "Permitido y en venta", donde las mujeres protagonistas son más bien de vida alegre. A tener en cuenta que, en la época Victoriana, ciertamente, se daba importancia a la religión, la decencia, la seriedad y el saber estar, el ser persona responsable y respetable, pero la religión en el arte empezaba a perder bastante peso -en realidad, hacía ya tiempo que lo llevaba haciendo-, así que un pintor que sólo se dedicara a retratar temas religiosos, y además, de una forma claramente clásica, casi repitiendo obras más antiguas -y muy probablemente, mejores, o al menos más auténticas- tendría problemas para ganarse bien la vida. Habría encontrado clientes, sin duda, pero tal vez no le habrían podido pagar demasiado. Sin embargo, como prerrafaelita, sí que pintó algunas obras religiosas -tampoco fue el único; Millais, ya se ha dicho, pintó algunas también-, como "La renuncia de Santa Isabel de Hungría" (1850).
Su obra más celebre, "La Sagrada Familia", la pintó en 1878, en la última parte de su vida -no vivió demasiado, realmente, unos cincuenta y seis años-, casi retirado, entre Londres y la Bretaña francesa, donde residió una buena temporada, aprovechando que allá estudiaba su hijo Robert. Fue, además, secretario de la Royal Society of British Artist (1861-1870), a pesar de que nunca llegó a ser un artista especialmente conocido, aunque sí reconocido, pues pudo exhibir en las exposiciones de estas y otras sociedades artísticas, en parte también, por haber recuperado, pasado el tiempo, cierta relación, si no de amistad, sí artística, con Rossetti.

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"Volver a casa" (1856), retrata el retorno de un soldado británico a su hogar, tras pasar varios años en el frente de la impopular -y sangrienta- guerra de Crimea, donde combatieron al ejército ruso. Cuando se exhibió el cuadro por primera vez -en un momento en que se necesitaban las llamadas "bienvenidas escenificadas", donde se ve a familias dando la bienvenida a veteranos de guerra- se explica que el soldado consigue ser dado de baja por un accidente que le provoca la ceguera, de ahí que la alegría no deje de ser parcial, pues al tener a un miembro joven y en edad de trabajar transformado en un inválido, su situación social no hará más que empeorar.

miércoles, 20 de agosto de 2014

Los prerrafaelitas (III): William Holman Hunt, el tercero de los creadores de la Hermandad.

El tercer miembro de la "trinidad" original, fundadora de la Hermandad.


Un pintor amante del color y de la campiña de su país.

William Holman Hunt (1827-1910), era hijo del director de unos almacenes, y trabajó durante un tiempo como administrativo, pero debido a su pericia artística, ingresó en 1844 en la escuela de la ya famosa Royal Academy, donde conoció a Rossetti -con quién empezó a tener trato después de exponer una de sus primeras obras, "La víspera de Santa Inés"-, y a Millais. Este cuadro de Holman Hunt hizo que ambos jóvenes se conocieran -parece que, en principio, Rossetti sólo conocía a Millais, aunque ambos quedaron tan impresionados con el cuadro de Hunt, que expuso por su cuenta y a espaldas de la Royal Academy, donde estudiaban los tres, que la creación de la cuadrilla artística fue cosa de coser y cantar-, así que en 1848 decidieron crear la Hermandad en casa de los padres de Millais, y el resto fue -y sigue siendo- historia. La relación con sus compañeros no fue nunca mala, pero como ya se ha dicho, llegado el momento, tanto él como Millais optaron por una rama más "realista" -así se le llamó" del movimiento, mientras Rossetti prefirió otra más "espiritual", aunque todo son opiniones, pues realismo o simbolismo se pueden observar en los tres compañeros.

Una foto de Hunt, en edad ya madura, vestido con ropa de época -¿medieval, renacentista? ¿Quizá de la época de Shakespeare?-. Al ser en blanco y negro, no se puede apreciar el rojo de la barba, que le daba una imagen impresionante cuando se le tenía cerca.

Hunt no tuvo una vida sentimental y sexual tan, al tiempo, oscura y "excitante", como Rosseti, pero al enviudar de su esposa tras dar a luz a su primer hijo, cuando ambos eran todavía muy jóvenes, optó por casarse con su cuñada -la hermana pequeña de su difunta esposa-, con quien tuvo a su segundo hijo. Y aquello, en sus tiempos, no sólo estaba especialmente mal visto, sino que, incluso, hasta era ilegal. No se consideraba civilizado estar casado con dos hermanas, aunque, evidentemente, no a la vez -en tal caso, hermanas o no, habría sido bigamia, que no era el caso-. Pero la visión de los legisladores, impregnada de conservadurismo religioso anglicano, era bastante distinta a algo que, hoy en día, sería chocante, y quizá daría que hablar, pero tampoco debería resultar tan escandaloso. O no.
Finalmente, y tras casarse con su cuñada -sin importar lo que su familia política y la ley dijeran-, vio como su carrera despegó realmente en serio, con una exposición retrospectiva en la Fine Art Society. También escribió en revistas de arte, lo cual no era demasiado común en un pintor famoso en activo.

William Holman Hunt - Selfportrait.jpg
Un autorretrato, teniendo ya una edad, y fama en todo el país.

Holman Hunt empezó pintando cuadros, en realidad, realistas, pero fuera de los encorsetados gustos de la época, llenos de retratos de poderosos, de hechos históricos con fuerte carga ideológica, y de escenas de la biblia muy "politicamente correctos", y que se reducían a imágenes típicas repetidas una y otra vez. Los tres pensaban que, desde el arte del Renacimiento -siglo XVI-, y el que seguiría en Flandes, España, Francia, etc., a la hora de la verdad, poco se había ni diversificado, ni acercado al alma del espectador, exceptuando, quizá, a los románticos franceses o alemanes, de quienes no dejaban de ser, aunque no lo dijeran claramente, dignos y claros continuadores de su deseo de ruptura. Sin embargo, sus paisajes, tan realistas, coloridos e iluminados -y agradables de ver, tan lejos del tenebrismo o las sombras oscuras- no dejaban de ser, también, obras simbolistas -antes de que se hablara, siquiera, de pintura simbolista-, pues Hunt considerabas que, en la naturaleza, en el mundo real, todo tenía un significado, y que en un cuadro, aparte de retratar la realidad con la mayor exactitud posible, también, cada personaje, objeto, iluminación, colocación de unos y otros, tenía un significado que sólo permanecía oculto si, simplemente, no se quería mirar a fondo.
La temática de Hunt tiene una base en parte literaria -la poesía de Keats, por ejemplo-, pero también religiosa. Entiéndase, religiosa cristiana -los autores más "paganos", en realidad, serían gente como Alma-Tadema o Leighton, que si bien también serían prerrafaelitas, también fueron artistas que iban más por libre, y que, al mismo tiempo, más palos acabaron recibiendo de los críticos, aunque algunos como Leighton llegaron a tener una gran celebridad y reconocimiento posterior-, aunque vista dicha religiosidad de una forma mucho menos artificiosa, o cargada de prejuicios, de lo que resultaba habitual en una sociedad tan estirada y pacata como la victoriana -aunque, en dicha sociedad, y en la literatura o el arte que de ella formaban parte, cualquiera que quiera mirar más allá de la superficie, descubrirá más excepciones de lo que se podría pensar; ¿cómo no hablar, por ejemplo, de Oscar Wilde?-.

"El pastor veleidoso" -¿o más bien, distraído?-. Uno de sus primeros cuadros, de temática rural, pero no tan "inocente", o bucólica, como se representaban dichas escenas en obras anteriores.

"El despertar de la conciencia", o el retrato de una relación indebida. ¿Y el título, exactamente, qué quería significar?

File:William Holman Hunt - Bianca.jpg
"Bianca", de época desconocida. Un intento de reflejar a una joven -¿italiana?- de la época del renacimiento, o algo posterior.

Se interesó lo mismo por paisajes -rurales, bucólicos y coloridos-, como por retratos o escenas de la vida contemporánea -aquí, de nuevo, destacar que, aunque Millais le interesara representar a Cristo o a la virgen como "personas normales", o Rossetti pintara mujeres con un aspecto entre fantasmagórico y angelical, con cierto aire mitológico o bíblico, no dejaron de ser pintores que realizaron bastantes obras donde se retrataban personajes que podrían haber vivido en su misma época; o, directamente, en el caso de Millais, retratos de personajes reales, que le pagaron, y bastante bien, por un retrato de un pintor que, aunque seguramente debieron criticar en más de una ocasión, también reconocieron como excelente-..
Una experiencia religiosa, más bien mística, hizo que realizara un viaje a Palestina -en aquella época, provincia del Imperio Otomano-, llegando a ser, muy probablemente, el pintor británico más importante a la hora de plasmar escenas religiosas, lo que, quizá, ni él mismo, en su juventud, habría esperado.
Al principio de su carrera, recibió muy malas críticas, y se le consideró un pintor mediocre y un tanto demasiado seguro de sí mismo, y que debería haber reconocido que todavía le quedaba mucho que aprender, se podrían destacar, sobretodo, las de los años 50 del XIX. Aquella fue, tal vez, su época más fructífera, aunque le costó un tanto el ganarse el respeto del público y la crítica -y a pesar de contar con el apoyo, como no, de John Ruskin, defensor a ultranza de la Hermandad, y de Thomas Carlyle, intectual amante de la filosofía alemana, y conocido como "el sabio de Chelsea"-, poco abiertos a las novedades.
Enumerando algunas de sus obras, cabría destacar -aunque todo es cuestión de gustos- a "El pastor veleidoso" (1851), que sería lo que se llama "temática rural", o "El despertar de la conciencia" (1853) donde, se supone, se representa una relación "indebida". Otras serían, la ya nombrada "La luz del mundo" (1854), que le ayudó, y mucho, a ser conocido por el gran público, "El chivo expiatorio" (1854, otro ejemplo de su pintura religiosa, tras su viaje a Palestina), o "Cristo hallado en el templo" (1860). También a destacar, "La sombra de la muerte" (1873).
Respecto a obras basadas en la literatura -desde Keats, que le interesó cuando éste todavía no era apenas famoso, hasta Shakespeare-, se podría nombrar, "Isabella", o "La dama de Shalott" -él dejó de pintarla en un momento indeterminado, pero fue acabada por Edward R. Hughes en 1905-, una de sus últimas obras, y que tuvo que ser acabada por un ayudante, pues él tenía ya problemas de visión.

"Cristo hallado en el templo", donde es retratado con un aspecto, más que de judío de la antigüedad, como un palestino del siglo XIX -o sea, contemporaneo de Hunt-, igual que la joven que lo acompaña, que bien podría pasar por árabe musulmana.

"La luz del mundo", o un ejemplo de los contrastes de luz en un cuadro con una sola figura. De temática religiosa -Cristo iluminando el mundo con su llegada-, sería representado mil veces en todo el Imperio Británico, y más allá.

"El puente de Londres en la noche de bodas de los Príncipes de Gales", de 1864. Otro ejemplo de juego de luces: el puente iluminado durante una noche nubosa.

Una de sus obras más importantes sería "La luz del mundo"  (1854). De esta obra se realizaron numerosas copias, evidentemente, por medio de terceros, y fueron exhibidas por todo el Imperio Británico, lo que hizo que, a edad avanzada, fuera considerado no sólo como un pintor, hasta cierto punto, "clásico" -aunque la Royal Academy nunca le proclamó director, ni le hiciera demasiado caso-, además de un orgullo del país, y de su clase dirigente, lo que no le impidió ser, al tiempo, reconocido por el resto de la población, incluyendo jóvenes que, tiempo después, también intentarían, como él y los prerrafaelitas intentaron años antes, buscar nuevos caminos en el mundo del arte.
Aunque murió en 1910, durante casi veinte años casi no pudo pintar, pues tuvo crecientes problemas de visión, lo que no sólo le impidió seguir con su carrera -y conseguir nuevos ingresos- sino que, sobretodo, le resultó moralmente doloroso, pues a él le encantaba pintar, y aquello fue, en cierto modo, como quitarle media vida.

"La dama de Shalott", quizá dejada sin finalizar por Hunt en 1886, y acabada en 1905 por uno de sus discípulos, Edward R. Hughes. El personaje nació en un poema de Alfred Tennyson, y sería una joven de la época del rey Arturo, que debía representar imágenes en un tapiz, mediante la visualizaicón de éstas en un espejo, debido a una maldición sin nombre y de desconocido origen.

Como a otros pintores prerrafaelitas, el tiempo no le hizo demasiada justicia, y fue siendo poco a poco olvidado, como si fuera una especie de antigüedad, aunque también como otros, pasado el tiempo, ha sido recuperado, aunque no en solitario, sino formado parte del grupo de la Hermandad -los tres primeros fundadores, "la trinidad", por llamarlos así, y otros que se le añadieron al poco-, aunque, como se ha dicho antes, fueron otros, también seguidores del estilo, pero un poco posteriores, y que iban más por libre, los que resultan -si no ellos, sí sus obras, aunque muchos desconozcan la época exacta, o el nombre del cuadro-, los que, hoy en día, son más reconocibles por los amantes del arte, muchos de ellos, realmente jóvenes.