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domingo, 18 de marzo de 2018

Una imagen que de un poco de miedo: Incendio en el Museo de Cera de Madame Tussauds.

¡Ah, que malo es no tener tiempo para ciertas cosas!


Eso es exactamente lo que me pasa. Poco tiempo. Quizá también no muchas ganas. No le puedo dedicar lo que querría al blog, pero la verdad, me apetecía colgar algo, aunque fuera una simple foto encontrada en internet, para ser más exacto, en facebook, en la página para ser más exacto, en BELLE EPOQUE to ART DECO. The first 40 years of 20th cent -aconsejo su visita-, casi por casualidad. Aquí viene:

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¿Y esto qué es? ¿Enfermos? ¿Muertos? ¿Versión vintage de Walking Dead? No, son maniquíes derretidos y/o dañados después de un incendio en el Museo de Cera de Madame Tussauds, en Londres. En dicho museo, que todavía existe y se puede -casi "se debe"- visitar en cualquier viaje un poco serio que se haga a la capital británica, hay no pocas recreaciones de crímenes y criminales, pero el lamentable y temible aspecto de estas pobres figuras dan, quizá, más miedo que las creadas especialmente para ello.

Pues nada, la próxima vez, espero que pueda escribir algo un poco más largo y en condiciones.

Los prerrafaelitas (anexo XVII). Como hacer arte con un simple lápiz: bocetos de John Everett Millais.

La proto-historia del prerrafaelimo: los dibujos de Millais, y las obras que se hicieron a partir de ellos.


Hace un momento, como quién dice, que he colgado una entrada, y ya estoy con otra. No tengo tiempo, ciertamente, para más, pero he encontrado este dibujo de John Everett Millais, realizado en 1848, cuando era aún muy joven, y en el mismo año de la creación de la Hermandad Prerrafaelita, junto a Rossetti y Hunt. Muy probablemente, lo debió realizar tras dicha fundación, aunque, realmente, eso es lo de menos. La unión de los tres genios existió antes y después de lo que, al fin y al cabo, no dejó de ser una simple ceremonia privada entre amigos.

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La obrita en cuestión es "My beautifun lady" -"Mi bella dama"-, y como se ha dicho, trata de 1848. Y que se sepa, lo que debió ser un estudio a lápiz, un simple bosquejo, no acabó finalmente en una pintura. 
Al menos, que se sepa.
Pero es que, después, encontré un par más, así que no he podido evitar ponerlas aquí también. Y de paso, dar un poco más de contenido a la entrada.

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Y aquí, otro bosquejo, pero en este caso, sí que dio paso a una obra de sobras conocida: "Cristo en casa de sus padres", su primera pintura importante, y que hizo que se empezara a hablar de él. Encontrado en el blog en inglés Pre-Raphaelite Reflections.

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Esta es "La muerte de Romeo y Julieta", también de 1848. Porque por lo visto, Millais fue muy activo ya en ese año, en que nació la Hermandad. Y debajo, el cuadro final.

jueves, 4 de enero de 2018

Aubrey Beardsley: corta vida, dar mucho que hablar, y una obra que nos parece insuficiente.

Es habitual que, cuando alguien especial se marcha muy pronto, siempre se piense qué podría haber hecho de haber tenido una vida más larga.


Enfant terrible, niño prodigio, gran ilustrador de los últimos años de la Era Victoriana.


Imagen relacionada

Resultado de imagen de aubrey beardsleyCuando me dio por escribir, en mi escaso tiempo libre, una entrada para despedir el año, incluí una ilustración del británico Aubrey Beardsley. Lo conocía -o más bien, conocía su obra- porque había visto no pocas ilustraciones suyas en webs o páginas de facebook, pero, aunque pensé en indagar más sobre la vida y obra de aquel inglés para mí desconocido, y de apellido tan difícilmente pronunciable, nunca pasé de allí. Hasta que decidí, por fin, saber quién fue este hombre, que falleció tan joven, con tan sólo veinticinco años, cuando se había hecho ya un nombre como artista y polemista, con un número considerable de seguidores, pero también de acerbos críticos, que no lle perdonaban sus burlas y desprecios a la hipocresía y el conservadurismo de una época, la Victoriana, que ya estaba llegando a su fin -realmente, acabó sólo dos años después de la muerte de Beardsley-. Pero quizá, sería mejor comenzar por el principio, y hablar de forma un tanto más ordenada sobre este hombre, tan victoriano, quizá, precisamente, por la forma que tenía de reírse, de fastidiar, también de ganar la atención, de su época y sus contemporáneos.
Aubrey Vincent Bearsley nació en la ciudad de Brighton, en la costa y extremo sur de Inglaterra, en 1872, aunque se estableció en Londres, junto a su familia, en 1883. y un año después, ofreció, junto a su hermana Mabel, un año mayor que él, varios conciertos que hicieron que se le considerara "fenómeno musical infantil". Su familia podría considerarse de clase media, aunque con ciertas estrecheces, y si pudo estudiar arte, fue -como tantos otros en su época- gracias a la herencia de uno de sus abuelos. 
De todas formas, Beardsley, por consejo, o más bien deseo de sus padres, que nunca andaron sobrados de dinero, y tras estudiar en la grammar school -más o menos, unos estudios medios o bachillerato- se dedicó a buscar un trabajo administrativo, en el despacho de un abogado. Lo que se decía, "un empleo seguro y respetable", típico de la clase media -o media-baja- urbana de la época. Respecto a la falta de dinero, una de las razones fue que, por lo visto, su padre, Vincent, tuvo que vender algunas propiedades para pagar lo que llamaríamos una indemnización a una mujer que fue su prometida antes de conocer a su esposa, y a la que había prometido matrimonio. Por lo que se ve, los victorianos, por muco que escribieran y leyeran sobre amor, a la hora de la verdad, acababan en no pocas ocasiones poniendo el dinero y los contratos matrimoniales por encima de los amoríos. Tras sus trabajaos de papeleos con el arquitecto, "ascendería" laboralmente al pasar a trabajar a una compañía de seguros. Y aparentemente, allá podría haberse quedado indefinidamente. Por suerte, finalmente no fue así.

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"Cómo sir Tristan bebió el brebaje del amor", es una de las ilustraciones que realizó para "Le mort d'Arthur", de Thomas Malory, su primer trabajo de importancia.

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También en la obra de Malory, la particular visión que tenía del mago -o druida- Merlín.

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"Excalibur en el lago", con un marco de adornos florales a lo William Morris.

Beardsley comenzó muy joven su carrera -normal, teniendo en cuenta que murió también muy joven-. Aunque también fue pintor, es como ilustrador cómo ganó justa fama. En 1891, y por consejo de Edward Burne Jones, uno de los padres del prerrafaelismo -y del que recibió cierta influencia, por lo menos, en su obra más temprana- y del simbolista francés Pierre Puvis de Chavannes, decidió aparcar el trabajo administrativo por el arte, entrando en 1892 en la Escuela de Arte de Westminster, donde tuvo como maestro al artista realista Fred Brown.
Sin embargo, el grueso de su obra se alejó de un prerrafaelismo -y un realismo, un neoclasicismo- que ya no tenía mucho de revolucionario, y se había transformado en el arte pictórico británico por antonomasia. Él formó parte del movimiento simbolista -más pictórico que del ámbito de la ilustración, pero también influyó en esta-, y desde un punto de vista tanto artístico como intelectual o espiritual, del esteticismo, que era algo así como la versión británica del decadentismo, con todo lo de radical -para la época-, grotesco -según algunos de sus seguidores- y contestatario, pero también innovador y renovador, que arrastraba dicha corriente artística.

The Black Cat (c1894)
Una ilustración para el relato "El gato negro", de Edgar Allan Poe (1894)

Death of Pierrot - The Savoy (1896)
"La muerte de Pierrot", publicado en la revista " The Savoy", inspirado en la Ópera Bufa italiana, que en sus tiempos -las postrimerías del XIX- era casi arqueología teatro-musical -la última ópera bufa reconocible, "Don Pasquale", data de los años 40 del mismo siglo, y se escribió unas tres décadas después de su desaparición-.

Venus at her Toilette (1896)
"El baño de Venus" es una ilustración del relato erótico inacabado "Under the Hill" (1896), del propio Beardsley, que publicó -obra e ilustraciones- en "The Savoy".

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Una ilustración más dedicada a Venus, la Afrodita griega. Mitología y literatura, los temas preferidos de Beardsley.

Uno de sus primeros trabajos -entre los muchos que realizó, tanto para revistas, como para ilustrar libros- fue para una edición de lujo de la obra del legendario Thomas Malory -el "padre" del ciclo Artúrico ordenado y literario-, "Le Morte d'Arthur" (1893). Fue su primer encargo de importancia, el que le podía abrir -y le abrió- las puertas a una vida como artista, o en caso de no salir bien, hacerle pensar si no salía más a cuenta volver a los despachos. Aquí, se nota la influencia de Burne-Jones, que al igual que su maestro -mayor que él en edad, y que le influyó a su vez- Dante G. Rossetti, que fueron, muy probablemente, los prerrafaelitas con un estilo más particular, más rupturista y menos clásico.
Más tarde fue editor de revistas, como "The yellow book" ("El libro amarillo"), para la que produjo no pocas ilustraciones, o "The Savoy" -donde pudo publicar algunas poesías y relatos cortos, incluyendo, uno erótico, inacabado-. Al tiempo, conoció a una de las grandes figuras literarias, y sociales, de la época: Oscar Wilde, con el que trabó una profunda amistad. Por él, y para él -y para seguir ganándose la vida, evidentemente, aunque Beardsley nunca se obsesionó con el dinero- ilustró su "Salomé", obra de teatro de Wilde, escrita originalmente en francés en 1893 -aunque no se estreno en París hasta tres años después-, traducida al inglés al año siguiente para ser representada ante el público, pero también para ser publicada -todo lo de Wilde, en aquellos tiempos, se publicaba-. Sin duda, aquella Salomé, brutal, gótica -no en el sentido arquitectónico medieval, sino ateniéndose al movimiento o sub-cultura gótica actual-, sensual y terrible, fue alabada, pero sobretodo, criticada y despreciada en una sociedad tan pacata y puritana como la Victoriana -mucho más de lo que hoy en día mucha gente piensa-, donde el placer sexual estaba mal visto entre los hombres -excepto con prostitutas-, y aún más entre las mujeres -en su caso, siempre, siempre...-.Aubrey sin duda se debió dar cuenta de ello antes incluso que la obra de su amigo saliera publicada en Inglaterra -también se publicó en Francia, en su lengua original, pero allá el público parecía estar más preparado para aquella ruptura-. Luego vendría más.
Su "Isolda" aparece vestida como una dama del XVIII más que como una joven de una Edad Media imaginaria, su "Lisístrata" de Aristófanes es un ejemplo de lo que representaba en la ilustración el simbolismo decadentista, y lo que sería el modernismo más rupturista -el de la Escuela de Viena, posterior al franco-belga-, su obra "Un libro de cincuenta dibujos de Aubrey Beardsley" fue un recopilatorio de su arte, con aportaciones inéditas, y en sus últimas obras, se ven figuras más recargadas, más rococó. Pero, en líneas generales, se puede resumir en pocas palabras: casi todas sus ilustraciones, de figuras estilizadas, son realizadas con tinta negra, con grandes espacios, bien en negro, bien en blanco. La influencia de la ilustración japonesa es incuestionable, y no debería extrañar, pues poco antes, el arte del país asiático había llegado a Europa, sobretodo a Francia, donde se puso de moda -el llamado "japonismo", que no sólo fue coleccionismo o interés por Japón, sino influencia en pintores, ilustradores, escultores, y hasta en diseñadores de vestuario-. Sus escenas entremezclan lo tremebundo o brutal -decapitaciones, demonios- con sensualidad y erotismo, pero sin caer en la pornografía. En realidad, tras su muerte, o incluso antes de ello, ya circulaban supuestas obras suyas, con un erotismo más fuerte, casi pornográfico, que en realidad fueron falsificaciones, pero el nombre de Beardsley vendía mucho, y así lo entendieron otros. En Estados Unidos hubo un artista, entre admirador e imitador, que además se apellidaba igual que él -Will Beardsley-, y en ocasiones se llegaron a confundir obras de uno y otro.

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Su particular visión de "Isolda".

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Dos de las ilustraciones para la "Salomé" de su amigo Wilde.

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Y una tercera, de Salomé con Juan el Bautista.

Su vida cerca de Wilde lo hizo famoso, fue un personaje que llamaba la atención por su elegancia, pero también por el aspecto de "nuevo dandy", a lo Wilde, que lucía, con sus trajes, sombreros, corbatas, guantes amarillos, bastón, zapatos de charol... llamaba la atención, incluso a los que no conocían su obra -lo que no impedía que la criticaran, o la ensalzaran, según el momento-. Por lo demás, de su vida privada se sabe más bien poco, por no decir casi nada. Se supuso que era homosexual, o al menos abiertamente bisexual, como Wilde, e incluso se llegó a insinuar una relación amistosa con su hermana, que habría quedado embarazada de Aubrey, para más tarde tener un aborto espontaneo, pero conjeturas aparte, es probable que fuera una persona asexuada, que no sintiera un auténtico deseo sexual, carnal, por nadie. Aunque su obra pudiera hacer pensar todo lo contrario.
Estuvo activo hasta casi su muerte, en 1898. Enfermo de tuberculosis -una enfermedad tan habitual en aquellos tiempos, y que a tanta gente mató-, marchó al sur de Francia, instalándose en la población de Menton, donde fallecería poco tiempo después, tras haberse convertido al catolicismo, en 1897. Y allá sigue enterrado.
Beardsley podía resutar molesto, pero murió joven, así que la sociedad no pudo tomarla con él, castigarlo, por decirlo así, por su atrevimiento. Wilde no tuvo tanta suerte. Su amigo fue también autor de caricaturas políticas, se reía de lo que veía a su alrededor. Sin embargo, en sus últimos días debió sentir algún tipo de remordimiento, y poco antes de partir a Francia, suplicó a su editor, y a su amigo Herbert Charles Pollitt -mecenas de artistas- que destruyeran todas las copias de "Lisístrata" y de "los malos dibujos", los "dibujos sagrados obscenos". Pero no le hicieron caso, porque de ser así, no habrían llegado tantos de ellos hasta nuestros días.

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Un par de imágenes de su "Lisístrata" -la segunda, incompleta, pero no la he encontrado entera-, obra del ateniense Aristófanes, de cuyas ilustraciones renegó poco antes de morir, en Francia.

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Una curiosa obra de Bearsley: una tarjeta de Navidad -fue editada como tarjeta mucho después de su muerte, en 1927-.



miércoles, 27 de diciembre de 2017

Los prerrafaelitas (anexo XV): Thomas  Cooper Gotch, el pintor realista que abrazó el prerrafaelismo.

Vuelta al mundo prerrafaelita, con un autor no especialmente conocido, que abandonó el realismo cuando el movimiento ya había madurado.


Cooper Gotch, el realista que vio la luz prerrafaelita, en el pueblo de los artistas realistas.

Hace ya meses que no cuelgo más que alguna entrada muy de vez en cuando, porque estoy bastante más ocupado que hasta hace poco, y andaba un poco falto de ideas -la verdad-. Pero mirando aquí y allá -por ejemplo, para poner alguna imagen como felicitación múltiple por las fiestas-, me encontré un pintor del que me sonaba haber visto alguna imagen, pero no estaba seguro de haberlo tratado antes. Finalmente, pude comprobar en el listado de entradas que no había hablado nunca de él. Se trata de Thomas Cooper Gotch -¡uno de esos sonoros apellidos ingleses!-, que, entre otras cosas, no tiene entrada en Wikipedia -donde encontré información de tantos y tantos compatriotas suyos, prerrafaelitas o no-, de ahí que quizá no me sonara, hasta que empecé a buscar en inglés. Y ahí sí encontré.
Bueno, al lío. Thomas Cooper Gotch, o TC Gotch, nació en 1854 -cuando los primeros prerrafaelitas comenzaron su movimiento rupturista, por lo que se le debería considerar un miembro de la segunda generación de la corriente, llegando a ser contemporáneo de los neo-prerrafaelitas, bien entrado ya el siglo XX-, en la pequeña ciudad de Kettering, en el condado de Northamptonshire, en el corazón de Inglaterra. Entre sus hermanos, destacaba uno mayor que él, John Alfred Gotch, que fue un arquitecto famoso en su época.
Estudió arte en Londres y Amberes -Bélgica; más exáctamente, Flandes-, tras lo cual se casó con una compañera de estudios -la conoció en la Slade School of Fine Art de Londres- artista como él, Caroline Burland Yates, y seguiría estudiando arte, en este caso, en París, que rivalizaba con Londres, y en menor medida Bruselas y Viena, como capital europea del arte. Tras pasar con su esposa y su hija Phyllis Marian, en ocasiones modelo de sus obras, una temporada en Australia -Imperio Británico, al fin y al cabo-, y a otros países -Italia, Austria, hasta Sudáfrica- se establecieron en la pequeña población de Newlyn, en Cornualles. Y aquí habría que hacer un pequeño inciso...
Newlyn era, y sigue siendo, una pequeña población pesquera de Cornualles -Cornwall, en inglés-, donde se establecieron -bien en el pueblo propiamente dicho, bien en sus alrededores, como la también pesquera Lamorna- cierto número de artistas realistas de Gran Bretaña -la colonia artística de Newlyn, o Newlyn School-, que buscaban allá luz natural, vida barata, y abundancia de modelos que aceptaban sueldos bajos.

El pintor, en un autorretrato.

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"Compartiendo pescado" (1891), es un ejemplo de su primera etapa, realista y con temática marina. No le duró mucho, tras su paso por Europa.

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"¡Aleluya!" (1896) es una de sus obras más conocidas -sí, la he vuelto a utilizar con una diferencia de un par de días, pero es cierto que resume lo que fue Cooper Gotch como artista-. Se comprueba la influencia de la pintura italiana renacentista, pero pasada por un filtro más moderno. Los personajes femeninos sí que parecen ser herederos de los del prerrafaelismo "clásico", pero con otro aire, como si fueran las hijas -por decirlo así- de las mujeres -de la mitología, la literatura, la Biblia...- pintadas por Alma-Tadema, Rossetti, y compañía.

 En general, los artistas como Cooper Gotch se dedicaron, como se ha dicho, a la pintura realista, casi siempre al aire libre -en aquellos años, se usaba la expresión francesa "En plein air"-, retratando la vida de los pescadores y sus familias, barcas, amaneceres o atardeceres a la orilla del mar, etc., pero él, curiosamente, parece que se cansó bastante rápido de pintar siempre los mismos temas, y se pasó al prerrafaelismo, tras sus viajes por Florencia y París a principios de la década de los 90 del XIX -la influencia italiana, siempre presente en el prerrafaelismo; respecto a París, Cooper Gotch parece que reconoció la valía de la pintura francesa más que otros británicos- dedicándose el resto de su vida a pintar en ese estilo -o en una versión de él más moderna, más del siglo XX-. Y fue con él con el que se hizo famoso. Se retratar la luz natural, el mar, y pescadores y sus familias -personas reales, de un mundo real- pasó a la fantasía, la alegoría, las mujeres de belleza deslumbrante, el lujo entre oriental e italiano... quizá sólo estaba buscando un "algo más", y lo encontró en Italia -como tantos y tantos-, y en París, la ciudad luz.
También fue ilustrador de libros, y realmente, se ve en sus cuadros al óleo la influencia no sólo de su experiencia propia como ilustrador, sino también en la de otros -fueran dibujantes, pintores de acuarela, grabadores...-. En ocasiones, puede parecer que Cooper Gotch podría haber sido cartelista, pues sus pinturas, aunque fuera de forma indirecta, parecen reflejar influencia de artistas modernistas, realistas, o de otros estilos posteriores al prerrafaelismo, al cual se unió -muy a finales del XIX, en las postrimerías de la Época Victoriana- cuando el movimiento ya estaba siendo considerado un tanto anticuado. Precisamente, cuando se hizo realmente un nombre -a principios del siglo XX-, el prerrafaelismo ya se estaba apagando.

"La niña en el trono", de 1894. La pintó muy poco después de dar el salto al prerrafaelismo.

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"La madre en el trono", es un cuadro multitudinario, que parece un complemento al de la figura solitaria de la obra anterior.

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Sobre esta "Procesión de invierno", no estaba completamente seguro de la autoría de Gotch, pero me ha gustado tanto, que he decidido ponerla aquí de todas formas.

La Belle Dame Sans Merci "The Beautiful Lady Without Pity" By Frank Cadogan Cowper(1877-1958). English.:
También él pintó su versión de La Belle Dame Sans Merci, de John Keats. Se podría decir que hubo ciertas temáticas o personajes que casi todos los prerrafaelitas -y algunos que no lo fueron, también- retrataban casi como para demostrar que formaban parte de la corriente, como si cada uno de ellos tuviera que dar su particular versión de ellos.

Fue miembro, y expuso, en la Royal Academy -como tantos y tantos...-, en el Royal College of Art, e incluso en el Paris Salon, pues fue capaz de dar el salto al continente. Fue conocido y reconocido en vida, participó en exposiciones año tras año, y se ha hecho un hueco en la historia de la cultura británica -sobretodo, en la Época Victoriana tardía, y en la Eduardiana-, si bien apenas es conocido más allá de su país, donde todavía se le tiene en cuenta en exposiciones retrospectivas y en estudios del boom artístico británico de tiempos del imperio.
Murió en 1931, en Londres, cuando estaba, precisamente, participando en una nueva exposición. Fue enterrado en el cementerio de St. Sancredus, junto a otros artistas de la Newlyn School, que nunca abandonaron el realismo -Stanhope Alexander y su esposa Elizabeth Adela Forbes-.


viernes, 6 de enero de 2017

Los prerrafaelitas (y LV): Conclusión y ¿fin? Por el momento, sí.

Después de un preámbulo, cincuenta y cinco entradas y unos cuantos anexos, la historia llega a su fin. Al menos, en teoría.


Bien, en algún momento se acabarían los temas sobre el prerrafaelismo y los prerrafaelitas. Con toda seguridad, me he dejado por el camino a algunos artistas, bien por ser secundarios, por ser prerrafaelitas dudosos -aunque no pocos de ellos han sido también comentados aquí-, o, simplemente, porque no los conozco ni de oídas. Realmente, han sido muchos los pintores, y no pintores, que han acabado con su entrada de turno porque, al ser tan larga la serie, he tenido tiempo de encontrarlos y conocerlos, aunque sea mínimamente.
De todas formas, hay que decirlo claro: no, no acaba aquí. Seguirá habiendo anexos, porque de algunos autores, algunas obras han quedado por sacar aquí, y siempre, siempre, resulta posible encontrar algo. La moda, la fotografía, la ilustración moderna, la música, el cine y la televisión... resulta extraordinariamente fácil, si se busca de forma más o menos concienzuda, encontrar algo. Facebook, por poner un ejemplo, está lleno de páginas de grupos, o de personas en solitario, que han querido dedicar una de ellas al movimiento en general, a la Hermandad, o a algún artista en particular. Una de las que parece tener más seguidores -también en webs en general, e incluso en vídeos en youtube- es, curiosamente, alguien que mucha gente no considera una artista propiamente dicha, ni parte íntegra del movimiento, sino una simple modelo, y protagonista desgraciada de una triste historia de amor y desamor: se trata de Elizabeth Siddal, que parece fascinar a no pocos neo-victorianos, a interesados por aquella época -que duró décadas, así que tampoco resulta tan extraño encontrar en ella a alguien, o algo, que despierte precisamente, eso, algún interes-, o simplemente, a quien se topa con su vida, y también, con su obra.


Se podría seguir hablando de ellos, y de su época, casi eternamente.

Los prerrafaelitas, como se cuenta en libros y en webs, fueron algo así como la vanguardia antes de que hubiera vanguardias. El nombre de "prerrafaelita" ha acabado siendo mucho más que el querer inspirarse en el arte anterior al pintor italiano del Renacimiento Rafael. Sería, por lo demás, casi ridículo circunscribirse a esa idea: dejar de lado lo que se pintó o esculpió posteriormente a una fecha en particular, y tomar ejemplo de lo anterior. 
Este grupo, enorme y dispar grupo de artistas, de genios, tan diversos entre sí, fueron una auténtica ruptura del arte británico, y en menor medida occidental, que hizo que la pintura de dicho país ocupara, por fin, un lugar privilegiado en la historia del arte europeo, pues anteriormente, y excepto casos aislados, como Joshua Reynolds, o William Turner, nunca destacó por sus artistas, siempre ofuscados por los europeos del sur: italianos, españoles y franceses. Pero no sólo fue una auténtica revolución artística, sino también un fenómeno social y cultural. El prerrafaelismo pudo beber de muchas fuentes, como el romanticismo -no sólo patrio, sino también francés o alemán-, o la pintura más o menos academicista, o el neo-clasicismo, sino que mezcló todo aquello, eliminó lo que, simplemente, no agradaba a aquellos "jóvenes airados", y crearon algo que, aún hoy e día, se deja ver y sentir en el arte y la cultura de los británicos actuales.


¿Pero cuántos fueron, los creadores de la Hermandad?

En principio, siempre se habla de tres, pero realmente, fueron siete. Sin embargo, habría, quizá, que hacer dos grupos separados, con algunos miembros comunes. Precisamente, la llamada "Santísima Trinidad del prerrafaelismo".
Entre los fundadores, los que dijeron "Aquí se forma una Hermandad de artistas, que serán los prerrafaelitas", en 1848, hubo siete: John Everett Millais, William Holman Hunt y Dante Gabriel Rossetti -pintores, en ocasiones poetas, al menos Rossetti, y los tres nombres principales de este tinglado-, y tras ellos, James Collinson -pintor, novio de Christina Rossetti, y tras romper con ella, también lo hizo con la Hermandad y el movimiento, siendo, finalmente, un pintor clásico con fuerte infuencia del catolicismo, al que se convirtió antes de romper su noviazgo-, Frederic George Stephens -pintor no especialmente brillante, que abandonó los pinceles al pensar que no podría hacerlo mejor, y que se dedicó a la crítica, la historia del arte, y trabajos académicos o en museos- y Thomas Woolner -escultor y poeta; emigrado a Australia, y vuelto a su país, en ocasiones no es considerado un auténtico prerrafaelita porque no fue nunca pintor; el prefirió la escultura, donde se ganó un nombre y no poca fama-.
Hasta ahí, los siete fundadores.

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Millais, Rossetti y Hunt, la "Santísima Trinidad" de la Hermandad, y del prerrafaelismo en general.

Ahora bien, la Hermandad propiamente dicha, como un conjunto de artistas reconocidos, con su clientela y sus críticos, y que son todavía recordados como, todos y cada uno de ellos, como ejemplos claros del prerrafaelismo, con sus seguidores y admiradores -y críticos- todavía en hoy en día, ¿a cuántos se podrían contar, enumerar?
De nuevo, vuelven a aparecer Holman Hunt, Rossetti y Millais. Pero también cabrían, al menos, otros tres: Edward Burne-Jones -un pintor genial, algo más joven que los tres primeros, y que también es considerado un antecedente del simbolismo-, su amigo William Morris -diseñador, en ocasiones también pintor, poeta, espíritu inquieto y unificador del grupo- y por último, aunque algunos dudarían en añadirla al grupo, Elizabeth Siddal -modelo y musa del prerrafaelismo, esposa de Rossetti, pero también ella, artista: pintora y poeta-. 
Realmente, si hablamos del núcleo de la Hermandad Prerrafaelita, el grupo que convivía, pintaba, o se peleaban, si llegaba al caso, por ser una auténtica familia artística, aunque no siempre tuvieran entre ellos buena relación, serían ellos seis, los que merecerían estar ahí. 
Estos son el núcleo de la Hermandad.

Habría, también, personas relacionadas de forma directa con ellos. Los unos, de forma artística. Los otros de forma más personal o íntima. Aquí cabrían  hermanos, esposas, amantes o modelos, críticos, o pintores que tuvieron relación directa con ellos, pero sin llegar a formar parte de la Hermandad, o incluso, entrando en ella, pero de forma algo tardía, y sin llegar a tener demasiada relación con los demás.
Entre los primeros, y aparte de Siddal, y dejando aparte a mucha gente -ciertamente- se destacaría a Effie Grey -amante, y más tarde esposa de Millais, con quién disfrutó de años de tranquilo matrimonio-, Jane Morris -modelo de Rossetti, y muy probablemente amantes, o al menos algo debió intentar él, y esposa de William Morris-, Georgiana MacDonald -esposa de Burne-Jones, que ocultó y aguantó su infidelidad, aparte de tener que "compartirlo" con Morris, y que era una artista de la madera  y pintora, ella por sí misma-, Annie Miller -la modelo y amante de Holman Hunt, a la que nunca pudo hacer su esposa-, Fanny Cornforth -modelo, amante y segunda esposa de hecho de Rossetti-, William Michael Rossetti -hermano de Dante Gabriel; funcionario, poeta aficionado, algo así como biógrafo de la Hermandad, y director de "The Germ", la efímera revista del grupo-. Y aparte de ellos, y de las demás modelos y amantes de Rossetti, el muy afanado y respetado crítico John Ruskin -primer esposo de Effie Gray, y el que más hizo para sacar a los miembros de la Hermandad del casi anonimato-. 
A ellos, y sobretodo a ellas, se les podría considerar el círculo sentimental, familiar y crítico de la Hermandad.

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Elizabeth Siddal fue una auténtica pin-up de la época. Musa y espíritu femenino del prerrafaelismo, hasta hace pocas décadas -en que empezó a verse, en televisión o teatro, su vida y carácter- no se supo de su intimidad y personalidad propia, más allá de una modelo sin voz.

Y sobre los segundos, resulta evidente que, tras triunfar -e incluso antes, cuando apenas se les conocía, más allá de sus amistades, o antiguos compañeros de estudios artísticos-, que hubo otros pintores con los que tenían amistad, hablaban de arte, compartían intimidades o se enseñaban obras, o recibían su influencia directa, por ser no sólo admiradores suyos, sino también amigos.
Entre ellos, destacar a Walter Howell Deverell -que habría ocupado el espacio de Collinson, si no hubiera muerto tan joven-, Arthur Hughes -amigo de Millais y Hunt desde la Royal Academy; sin llegar a haber sido nunca parte de la Hermandad, siempre tuvo relación con sus miembros-, Frederick Sandis -fue miembro, pero ingresó tardíamente, y no tuvo una relación tan directa con ella como otros artistas "externos", Valentine Cameron Prinsep -amigo cercano de todos ellos-, y sobre todo, Ford Madox Brown -que nunca se consideró, ni fue considerado, ni parte de la Hermandad, ni del movimiento, pero recibió influencias, y tuvo relación estrecha con Rossetti, Siddal, etc.- y Marie Spartali Sstillman -alumna de Rossetti, Madox Brown y Burne-Jones, y una de los mejores prerrafaelitas de segunda generación-. 
Y entre los poetas, que también los hubo, y dejando aparte a los miembros que se dedicaron de forma secundaria, o al mismo nivel, que a la pintura -Rossetti, Woolner, Siddal; algo Morris-, Christina Rossetti -hermana de Dante Gabriel, y temporalmente, novia de Colinson- y Algernon Charles Swinburne.
Ellos formarían un segundo círculo artístico alrededor de la Hermandad.

Y tras ellos, una larga, muy larga lista de artistas. Y más, si se incluyeran pintores o dibujantes que, sin ser prerrafaelitas, en algún momento miraron a ellos, y no pudieron -ni quisieron- evitar recibir su benéfica y constante influencia. Para no alargarse con una lista casi interminable, destacar sólo a unos pocos, que sin haber sido nunca parte de la Hermanda, y en no pocas ocasiones, ninguna, o poca relación personal profunda con ninguno de sus miembros, no dejan de ser, o de ser considerados parte importante del movimiento: Frederic Leighton, Lawrence Alma-Tadema, Simeon Salomon, Edmun Blair Leighton, John William Waterhouse, John Brett, Evelyn de Morgan, y un largo etcétera.
Ellos serían, por último, el tercer círculo, externo, alrededor de la Hermandad. Sin relación con ella, pero parte del movimiento.

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Una de las ninfas imaginadas por Frederic Leighton. La pintura europea raramente se había atrevido a retratar de semejante forma a una mujer, de origen divino, pero de aspecto completamente humana, sensual e inocente al tiempo. Y sin duda, tan irresistible en su momento, como lo es ahora.

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Las bárbaras -y carísimas- fiestas de Heliogábalo, uno de los emperadores más nefastos, pero atractivo en su degeneración y sus inacabables ideas para arruinar el Imperio Romano, su imagen y la confianza de sus súbditos en el gobierno y el estado, fueron retratadas -o más bien uno de ellas, en que hizo llover tal lluvia de pétalos de rosa sobre los invitados, que algunos murieron ahogados por ellos-, por Lawrence Alma-Tadema, holandés de nacimiento, y británico de adopción.


Rebelión, lucha y aceptación.

Realmente, el prerrafaelismo fue, tanto una revolución artística, como también social. Estamos hablando de 1848, aunque los tres miembros principales, y alguno de los secundarios, o "accesorios", -artistas que los conocían y siempre estuvieron cerca de ellos-, ya llevaban tiempo trabajando juntos, y hablaban de unirse para crear algo especial y rupturista. Aquella primera mitad del siglo XIX podría destacarse, entre otras cosas, por multitud de revoluciones políticas y sociales -1830, o 1845-, que en realidad, no dejaban de ser una continuación de la Revolución Francesa, y de las guerras de la Francia revolucionaria, y posteriormente el imperio de Napoleón, que trastocaron el orden político y social europeo y americano -la independencia de las naciones latinoamericanas- para siempre. Ellos, en realidad, no dejaban de ser hijos de su tiempo, y la búsqueda de un nuevo camino para el arte no dejaba de llevar consigo una filosofía de vida que lo mismo bebía del romanticismo, como parecía abrir camino para nuevas vanguardias, visiones del mundo, o movimientos filosóficos o vitales.
Gran Bretaña, en particular, había permanecido más tranquila -Guerras Napoleónicas aparte-, pero la industrialización, anterior a la de otros países europeos, la urbanización -debido a la emigración masiva del campo a la ciudad- y los problemas sociales, económicos y de salud pública e higiene que provocó todo aquello, hicieron que, en una generación, Gran Bretaña, más aún Londres, fuera un lugar nuevo, y nuevos hombres y mujeres nacían en él, y en él vivían, sufrían y soñaban.
Ese 1848 -el "año de las revoluciones", tanto políticas como sociales, a lo largo y ancho de casi toda Europa-, los siete fundadores crearon la Hermandad. Pero se encontraron con que, aunque deseaban ser vistos como un grupo de artistas diferenciados, no tenían demasiado interés en firmar un manifiesto público, presentarse en sociedad. Fue casi, valga la redundancia, una sociedad secreta, con un documento que cada uno de ellos firmó como si fuera un pacto de sangre, aunque, al mismo tiempo, firmaban algunas de sus obras con su nombre, evidentemente, pero también pintaban, muy pequeño, pero de forma visible para el que observara de cerca tal o cual obra, con un PRB: Prerrafaelite Brotherhood -Hermandad Prerrafaelita-.
Como ya se comentó en su momento, comprendieron que, a falta de mayor fama -eran sus principios-, necesitarían de otros medios para hacerse famosos. De ahí, la existencia de "The Germ", o "El germen" -quizá también podría traducirse, de forma un tanto libre, como "La semilla"-, intentando llegar, de una forma, en su tiempo, moderna, tanto a críticos, como a otros jóvenes artistas, en ciernes o con una carrera mínimamente encarrilada, que buscaban algo más, pero que no debían saber el qué.
Y también sabemos algo más: la revista fue un completo fracaso. Solamente cuatro números, cuyos originales, hoy en día, están buscadísimos, y que hace ya más de un siglo, fueron reeditados en forma de libro, cuando el prerrafaelismo no sólo era una de las columnas del arte victoriano, sino también empezaba a ser parte de la historia del arte. Sobretodo, porque el modernismo, en sus distintas versiones nacionales, estaba empezando a arrinconarlo, a hacerlo olvidar. Muchos artistas jóvenes lo consideraban parte del "arte antiguo", del "arte académico, o academicista". Justo de lo que quisieron escapar toda su vida.
Al menos, algunos irreductibles, como Rossetti y Burne-Jones, nunca se rindieron a la tiranía del mercado, y siguieron con su estilo, mejorándolo con el paso del tiempo, hasta el final. Ellos nunca estuvieron dispuestos a realizar obras más conservadoras, siguiendo las reglas académicas. Siempre fueron rebeldes, de forma que Rossetti acabó siendo el más prerrafaelita de todos, y Burne-Jones, si saberlo, o sin quererlo saber, fue uno de los fundadores, o al menos de los que prepararon el camino, para el simbolismo.
Una cosa sí es cierta, y en eso, series o libros de, digamos, historia novelada, no mienten: empezaron desde muy abajo. Se las veían canutas para, como se dice popularmente, llegar a fin de mes, y hasta que no fueron apadrinados por John Ruskin -al que a veces, se le ha tratado de forma un tanto demasiado dura-, tenían que compartir vivienda, estudio, y hasta modelo. Elizabeth Siddal, según se lee en alguna web, fue lo más parecido a la chica pin-up del prerrafaelismo. Fue musa del movimiento, modelo, en uno u otro modelo, tanto de Millais, como de Hunt y, sobretodo, de Rossetti. Su historia de amor y desamor, ya es de sobra conocida, así que no vale la pena volver a explicarla aquí. Sin embargo, su vida, sus rostro y su arte son el alma femenina de la Hermandad, ya que otras mujeres prerrafaelitas, con una vida más larga y menos triste, y una obra mucho más extensa, como Evelyn de Morgan o Marie Spartali, no formaron parte íntegra de ella, aunque sí es cierto que estuvieron cerca de la Hermandad -sobretodo Spartali, alumna de varios miembros de la "primera generación".

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"Hacia la tierra desconocida". Y no hay nada más desconocido que la muerte. Una de las obras más fascinantes de Edmund Blair Leighton, gran pintor de escenas de un Medievo irreal que, sin embargo, sin duda influyó en el cine de décadas posteriores.


Algunas cosas más. ¿Prerrafaelitas? ¿Por qué? Cómo se les veía en la Academia.

El nombre de prerrafaelita hace referencia al pintor italiano Rafael (1483-1520), uno de los grandes genios, de las figuras más deslumbrantes y extraordinarias del Renacimiento, y en particular, del cinquecento -la última y más extraordinaria época de dicho período artístico y cultural: el siglo XVI-. Tras él -también de Miguen Ángel y Leonardo-, se llegó al cenit de la perfección y el logro artístico. Sin embargo, los jóvenes airados del movimiento no desearon seguir el mismo camino de sus maestros de la Royal Academy, considerando la obra de Rafael -por ejemplo, y en particular, "La transfiguración"-, como un ejemplo de pomposidad, de falta de realismo y naturalidad. Ellos deseaban un arte alternativo, que pensaban que conduciría al espectador a una visión de un mundo nuevo, anunciado, también, por un nuevo arte. Aquí se denota, pues, que no sólo fue, al menos en un principio, una revolución únicamente artística.
Estas ideas, consideradas iconoclastas, casi destructivas -se diría, casi, apóstatas, como renegando de la única religión verdadera de la crítica artística- hizo que, si bien estuvieron siempre bien considerados por maestros y alumnos -compañeros suyos que, en ocasiones, no sólo tomaban nota mental de lo que de ellos escuchaban, sino que acabaron formando parte de la futura Hermandad, o sintiéndose cercanos a ella-, nuca fueran considerados del todo "tres más de los nuestros". Y eso que contaban entre ellos a Millais, un niño prodigio, que pudo ingresar en la Academia con sólamente once años, el alumno aceptado más joven de su historia, y auténtico niño prodigio.
 En una sociedad tan conservadora, que, al no tener demasiado pasado histórico, rendía pleitesía tanto al arte renacentista, como a Joshua Reynolds -uno de los fundadores de la Royal, su primer presidente, y casi padre fundador de la pintura británica-, el que aquellos jóvenes salieran con aquellos ideales revolucionarios, tan poco británicos y victorianos -aunque, en aquellos tiempos, todavía no se hablaba de "época victoriana", pues a la reina Victoria todavía le quedaba mucha vida por delante- no podía más que darles problemas para que sus obras recibieran buenas críticas, apoyos o encargos, si bien la Academia les permitía, como a cualquier otro estudiante o ex-estudiante, exponerlas, aunque no fuera en un espacio privilegiado, precisamente.
En cambio, hubo otro artista renacentista, Boticelli, quien fue, literalmente, recuperado para el gran público por los prerrafaelitas. Al ser un artista que daba gran importancia a los sentimientos de los personajes, más que a lo que estos jóvenes consideraban posiciones artificiosas con que eran pintados, fue un tanto ninguneado en su época -eso, y el encontrarse a otros artistas aún mejores que él-. Ellos, quizá no sólo por interés por su obra, sino también por llevar un tanto la contraria, pues en la Academia se le daba más bien poca importancia o atención, acabaron por colocarlo en el lugar que merece en la historia de la pintura europea.

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Así retrata una ilustración, probablemente de principios del siglo XIX, anterior al prerrafaelismo y a la subida al poder de Victoria, la sala de exposiciones de la Royal Academy. No sé si llegaron a exponerse al mismo tiempo tantos cuadros, ni tan pegados unos a otros, pero sin duda, sí que era uno de los centros culturales de la época, y sus exposiciones atraían multitudes.

Bien, en principio, aquí acaba esta larga, larguísima serie sobre el prerrafaelismo. Estoy casi seguro que habrá alguna entrada más. Una entrada LVI, o cincuenta y seis, aparte de algún, o algunos anexos. La influencia del prerrafaelismo y el arte, en la cultura británica -y más allá, aunque sea de forma más imperceptible, sin que nadie sepa bien de dónde puede haber llegado- sigue presente, pues, entre otras razones, no sólo es mantenida viva por los museos -el Tate, por ejemplo-, las salas de exposiciones, o los documentales en televisión, sino también por la enormidad de webs, vídeos o páginas de facebook que gente anónima les dedican a sus miembros, y al mundo, la época, en que vivieron, trabajaron y murieron: básicamente, la Época Victoriana, pues la Eduardiana sólo la conocieron algunos de ellos, y ya ancianos, a no ser que hablemos de algunos neo-prerrafaelitas fallecidos ya en la década de los 50 del siglo XX. Pero en este caso, se podría decir que estamos hablando de un auténtico anacronismo histórico-artístico. Y también, es innegable, de algo que se resistió a morir definitivamente. 
Si es que murió, pues una y mil veces, en el cine, en la fotografía, en la ilustración, en los escasos pintores figurativos que aún quedan, vemos su influencia, todavía viva y en plena forma.



martes, 3 de enero de 2017

Algunas fotografías más de Julia Margaret Cameron, de temática literaria.

Como resulta sencillo dejarse por el camino obras de un pintor o un fotógrafo, aquí algunas fotos que he ido encontrando.


Hace tiempo que escribí una entrada sobre la fotógrafa victoriana Julia Margaret Cameron, una de las pioneras de la fotografía, no sólo en su país, sino a nivel mundial, y un ejemplo de la influencia del prerrafaelismo -y otros estilos contemporáneos y "hermanos" suyos- en el naciente arte fotográfico.
En no pocas ocasiones, las obras no consistían, simplemente, en fotografiar paisajes, habitaciones de una casa, jardines o familiares o amigos -incluyendo famosos- del fotógrafo en particular, sino reproducir imágenes basadas en obras de teatro, poemas, hechos históricos, leyendas, o incluso, cuadros. Y en este caso, Cameron quiso representar escenas de temática Shakesperiana. Y teniendo en cuenta que ha pasado siglo y medio desde que las realizó, no dejan de ser una ventana a no sólo como se distraían los artistas de tiempos victorianos, sino también la forma en que sacaban partido a una tecnología para ellos novedosa, revolucionaria, pero que para nosotros, es auténtica arqueología.

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"El rey Lear repartiendo su reino entre sus tres hijas (1872).

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"La despedida de Lancelos y Ginebra -o Guinevere-" (1874), basada en relatos medievales sobre el Ciclo Artúrico, donde los personajes de la Alta Edad Media, una época oscura, donde sajones y celtas luchaban por la antigua Britania romana, se transformaban en ejemplo de reyes, reinas y caballeros medievales, de una época muy posterior.

Julia Margaret Cameron
"La muerte del rey Arturo". En aquella época, el mito de Arturo, en su versión caballeresca, había vuelto con fuerza. Y hasta ahora.

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"Belleza". En aquellos tiempos, un cabello largo, suelto y ondulado era algo que cualquier mujer deseaba, y atraía a casi cualquier hombre.

"Hipatia" (1868). Dejando aparte que la filósofa de Alejandría, en aquellos tiempos, y hasta hace apenas unos años, era una casi total desconocida para el gran público, incluso para la gente ilustrada que tenía unos amplios conocimientos sobre el mundo antiguo -lo que hace casi excepcional que alguien pensara en retratarla, habiendo como había muchos otros personajes griegos, reales o mitológicos, más conocidos-, la modelo tiene de particular que es la futura pintora Marie Spartali. De origen, por lo demás, griego, por parte de padre y  madre.


miércoles, 28 de diciembre de 2016

Los prerrafaelitas (LIV):Temas y personajes (y 6.-). La mitología griega, más alla de "La Odisea".

Los mitos y leyendas griegas, una de las bases de la ética y la cultura occidentales, influyeron sobremanera en los prerrafaelitas.


Dioses, semidioses, mortales heroicos o víctimas, deidades menores y monstruos...

Sin duda, los prerrafaelitas, tan amantes no sólo de colores o de la naturaleza, sino también de la fantasía en todas sus caras y alternativas, por pura lógica tuvieron que verse influidos por los antiguos griegos, y por extensión, también los romanos. Durante el siglo XIX, no sólo se fueron traduciendo al inglés prácticamente todo lo que unos y otros llegaron a escribir -descubrimientos posteriores aparte, evidentemente- sino que también hubo -no sólo en Gran Bretaña, sino también en Alemania, Francia, etc.- cada vez más historiadores y estudiosos del arte responsables de esclarecedores y atrayentes títulos que daban a conocer la Antigüedad a los europeos decimonónicos. Además, ya no eran solamente las clases altas las interesadas en ella, sino también, y cada vez más, la creciente y cada vez más culta clase media. Aparte decir, pero no olvidar, que la arqueología, desde tiempos del descubrimiento de Troya, Micenas, Tirinto, y la cultura minoica en Creta, comenzó a iluminar un pasado tan extraordinario como oscuro. 
Aparte, un dato más: Gran Bretaña, por encima de cualquier otro país -europeo o no- era un imperio extraordinariamente grande, poblado y poderoso. Nunca un país había dominado tanto territorio, ni había estado tan poblado, ni contenía dentro de sus fronteras una proporción tan grande de la población humana -se supone que en el Imperio Británico debían vivir, al menos, una cuarta parte de la humanidad-. Resulta lógico que los habitantes de ese imperio, de esa nueva Roma, que además, por su enorme peso en la cultura y el arte también ccreyera parecerse en algo a la antigua Grecia -o, al menos, a Atenas, que realmente fue la polis que, más y mejor que ninguna otra, representa lo que fue aquella época extraordinaria de un pueblo igualmente extraordinario-. Lógico, pues, que los británicos victorianos mirasen a ese pasado que consideraron suyo, y que pensaban, y no sin cierta razón, que eran sus antecedentes. O según como se mire, el Imperio Británico era el sucesor de griegos y romanos, a unos y otros, a la vez.
Ya se ha visto que se podrían dividir esas obras pictóricas -y de otro tipo, en tres grupos, según la temática, digamos, clásica:
-Las damas -jóvenes, adolescentes, a veces un poco mayores- que parecen posar para el pintor, que en ocasiones más bien parece retratar victorianas vestidas de romanas o griegas, y no mujeres de la época clásica propiamente dicha. Casi nunca se trata de mujeres, reales o de la mitología, con nombre y personalidad propia, sino jóvenes anónimas, que representan una Antigüedad donde todo el mundo parecía vivir en calma y sin preocupaciones, sin violencia ni -¡qué cosa tan desagradable!- esclavos o siervos. Aunque el nombre de neo-clásico -no prerrafaelita, son otra escuela- más bien sería francés, donde Jacques-Louis David sería uno de sus mejores representantes, en Gran Bretaña destacaría, por encima de cualquier otro, John William Godward. Él no era, ni se consideró, prerrafaelita, pero resulta evidente su influencia, en por ejemplo, Alma-Tadema. Sin embargo Godward, normalmente, retrata a uno o dos personajes, casi siempre femeninos, y no se interesa en grandes escenas, históricas o no, llenas de gente.
-Preferir retratar la Antigüedad de forma atractiva, incluso deslumbrante, pero dentro de lo que cabe, realista. Ya había suficiente conocimiento de cómo debía vivirse en Grecia, Roma, pero también en el Egipto faraónico, o en el cercano Oriente -Mesopotamia, Persia-, e incluso, en lo que se llamaba Tierra Santa, pues hay pinturas que, si bien tienen un trasfondo bíblico, su intento de retratar de la forma más exacta posible arquitecctura o vestuario dejan entrever que la religiosidad no tiene por qué estar en contra del respeto a la verosimilitud histórica. Tanto Lawrence Alma-Tadema, como en ocasiones, otros autores, como Frederic Leighton, fueron sus mejores representantes, si bien hubo autores fuera del prerrafaelismo -en la segunda mitad del siglo XIX, y aún algo después-, tanto en Gran Bretaña como en el continente, y en Norteamérica, también se apuntaron a ello.
-Y por último, los autores que, más que interesados en la representación histórica, optaron por dejarse influir por la mitología, tanto en temáticas de "La Odisea", como se vio en el capítulo anterior, como en cualquier otro mito, leyenda o cuento primero inventado, más tarde enriquecido por aedos, sacerdotes, o gente común de forma oral, y más adelante, puestos por escrito por poetas primero, dramaturgos y mitógrafos después. Los romanos, más bien, se redujeron a cambiar el nombre a dioses y humanos, y a recrear en nuevas obras lo que más les interesaba -y que consideraron, desde el primer momento, como literatura helena, raramente como relatos con alguna credibilidad histórica; hacía ya mucho que ni los mismos griegos la veían-. Curiosamente, o no -Roma fue la dueña del mundo antiguo, al menos, hasta Oriente Próximo; más allá de la Persia de los partos o los Sassánidas ya era otra cosa-, fueron las obras, y sobretodo los nombres que los romanos crearon los que más conocemos hoy en día -Ulises en lugar de Odiseo, o Hércules en vez de Heracles-. Esto se llamaría, por ejemplo, pintura de temática mitológica. Y entre otros, el que más destaca en ello, ya se vio con sus cuadros sobre las aventuras de Odiseo, John William Waterhouse.


Waterhouse, y el redescubrimiento de los mitos griegos, en ojos de un inglés.

John William Waterhouse no sólo pintó cuadros de temática clásica, o mitológica, ciertamente. A cierta edad, prefirió dedicarse a pintar cuadros basados en leyendas más modernas, u obras literarias británicas. Pero los griegos, desde luego, se le aparecieron muchas veces al pintor, que como pocos, pudo decir que se vio iluminado por las nueve musas -no por la décima, la única real, Safo, que iluminó más a Alma-Tadema y a su maestro, Godward, pero quizá por eso ellos la pintaron: por ser, precisamente, una mujer real-.

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"Hilas y las ninfas" (1896), es una de las obras más conocidas de Waterhouse, de tema mitológico o no. Hilas era el hijo del rey Tiodamante, a quién había asesinado Heracles -un personaje que lo mismo aparece como un esforzado héroe, que como un asesino o un saqueador o bárbaro, lo que hace pensar que, llegado el momento, más bien era la fusión de distintos personajes de naturaleza parecida, pero de distinto comportamiento, o bien era uno solo, pero recreado por gente bien distinta, que tenían también, de él, visiones claramente distintas-. Además, había secuestrado a Hilas, su hijo, a quién había transformado, en la práctica, en su esclavo sexual, si bien otras versiones, hablan de amigos, o incluso de amantes -resulta casi imposible encontrar una sola versión de una historia en la mitología griega-. Durante el famoso viaje de Jasón y los argonautas a la Cólquide -en la costa de la actual Georgia, y zonas cercanas-, en búsqueda del vellocino de oro, el Argo -el barco de los héroes- hizo un alto para recoger agua y buscar algún alimento, o reconocer donde estaban. Entonces, Hilas fue a un riachuelo, o una laguna, a buscar agua, y alla las ninfas -según versiones, una sola, o varias, pero llevando una la voz cantante y el resto acompañándola- le convención para que le acompañara, y de un tirón, se lo llevaron a las profundidades del hogar de aquellas ninfas acuáticas -había ninfas de todo tipo y naturaleza-. Y aquí, también hay versiones distintas: Hilas murió ahogado, o las ninfas le mantuvieron con vida, permitiéndole vivir bajo el agua; que fue engañado, o que, simplemente, prefirió abandonar a su amo Heracles, asesino de su padre, para vivir rodeado de inmortales beldades. Esta versión, que la da Robert Graves en su "Dioses y héroes de la Antigua Grecia", por lógica, debió ser, o habría sido, de ser verdad, la más lógica. Yo me habría ido con ellas, ciertamente.

"Hilas con una ninfa" (1893), fue una versión algo anterior de Watehouse de la misma historia. Aquí, es una sola ninfa, la que intenta, y consigue, conquistar y llevarse con ella a Hilas, que no parece interesado en recoger agua, sino en descansar, sin esperar lo que le espera. Quizá lo mejor que podría pasarle, en lugar de arriesgar la vida en el viaje de los argonautas, donde fue más bien obligado, o convencido -según versiones- por Heracles, el superhéroe de la mitología griega.

"Pandora" (1896), es otro personaje de la mitología que debió llamar la atención de Waterouse. La primera mujer fue creada por los dioses para dividir a los hombres de la segunda humanidad, la de la Edad de Plata -la Edad de Oro fue la de Crono y los titanes, y los humanos, o algo parecido, escasos y débiles, o demasiado inocentes, se extinguiern al transformar titanes y dioses olímpicos la tierra donde vivían en su campo de batalla-, aunque Prometeo, un titán de segunda generación aliado de Zeus y sus hermanos, pensaba en cosa bien distinta: los humanos de aquella segunda humanidad eran todos hombres, no se sabe si inmortales -seguramente no-, pero que, al morir por accidente, hambre o por ataques de fieras, su número disminuía, y su extinción sería segura. Y por cierto, la expresión "la caja de Pandora" es inaxacta, y viene de una mala traducción del griego realizada por italianos, no se sabe bien quien o quienes, del Renacimiento. En realidad, hace referencia a una jarra o ánfora, pero la traducción por "caja", pasó del italiano al resto de lenguas, y de ahí, a ser representada en cuadros, dibujos, etc.

"Jasón y Medea" (1907). Medea es, sin duda, el personaje más interesante de los mitos griegos. No se trata de un personaje pasivo, secuestrada, violada, conquistada o rescatada por el héroe de turno. Héroes que, como Teseo con Ariadna, a la que abandonó en Naxos después de que ella le ayudara a escapar de Creta con el resto de atenienses entregados por su ciudad como sacrificio humano al Minotauro, no es que fueran, precisamente, de comportamiento ejemplar. Medea, que aquí es la que parece llevar la voz cantante, la que, probablemente, está dando a un Jasón que es un heroe pasivo, que se deja ayudar en demasiadas ocasiones -porque, aunque valiente, no puede por sí mismo cumplir con sus misiones, sus obligaciones o deseos-, y que la está escuchando entre enbelesado y nervioso. Medea sería la que, con su poder, dormiría a la serpiente que no dormía nunca, que guardaba el vellocino de oro, y que, en lugar de otras mujeres de los mitos, griegas auténticas -ella era de la Cólquide, caucásica de raza, bárbara para los micénicos, que consideran la tierra de la hechicera como el fin del mundo, al lado del Cáucaso, el techo del éste-, tomaba sus propias decisiones, y no se retiraba del mundo, o se ahorcaba, cuando pensaba que había cometido un error, o había sido engañada. Fue de las pocas que vivió como quiso, dentro de lo posible, y murió ya anciana, o al menos madura, después de haber recorrido buena parte del mundo conocido por los aqueos, que nunca la vieron como una de los suyos, de "sus mujeres".

Esta segunda versión de "Lamia" representa, más bien, a una atractiva joven de indumentaria helena. Nadie podría ver en ella al antecedente de los actuales vampiros, pues, salvando las distancias, enormes en cuestiones culturales y temporales, no deja de ser uno de sus antecedentes. Probablemente, una lamia era una especie de ninfa -las náyades, nereas, bacantes o musas no dejarían de ser, realmente, comunidades o tipos distintos de ninfas, una especie de seres intermedios, entre dioses y humanos, deidades menores femeninas, bellas y siempre jóvenes, de orígenes muchas veces oscuros, que o bien eran inmortales, o de muy larga vida, y que lo mismo tenían hijos con los eternos del Olimpo, u otros dioses o algo así, como con simples humanos-. Las lamias, por lo visto, bebían sangre humana, o según algunos, hasta comían su carne, aunque también existían otras versiones, como que eran, simplemente, unas ninfas de las que no había que fiarse demasiado. Pero es que de este tipo, había otras, aparte de ellas.


Frederic Leighton, el hombre que lo pintaba todo con gracia.

"Ícaro y Dédalo" (1869), es una obra anterior a las de Waterhouse, que podría considerarse un artista casi de una generación posterior a Leighton, plenamente victoriano. Leighton pintó un poco de todo, y tambiénél se sintió interesado por la mitología. Dédalo, el diseñador del laberinto del minotauro, e Ícaro, su hijo, habian podido escapar de su propia obra, pero claro está, no de la isla de Creta. Necesitaban un barco, así que para eso creó unas alas artificiales, donde las plumas estaban pegadas con cera. Al ascender demasiado alto Ícaro, el calor derritió la cera, y es de sobra sabido qué pasó con él. Dicha historia, más una leyenda que un mito, fue contada durante siglos como ejemplo de lo que sucede cuando los hijos jóvenes no hacen caso de los sabios consejos de sus padres.

"Perseo y Andrómeda" (1891), fue otro de los cuadros de Leighton sobre uno de los mitos más conocido y largo de los helenos. Perseo, hijo mortal de Zeus -un héroe, en lenguaje de la época- salva a la princesa Andrómeda -por cierto, etíope, y por tanto de raza negra, aunque siempre se le represente blanca y de aspecto más nórdico o celta que mediterráneo-, que había sido ofrecida por sus padres, reyes de Etiopía, en sacrificio a un dragón -o un reptil monstruoso, en general- para que éste dejara de atacar a su pueblo. Con la ayuda de objetos fabulosos entregados en préstamo por otros dioses, finalmente pudo liberar a Andrómeda, con la que se casó. Perseo también es famoso por haber matado a Medusa, la única mortal de las tres gorgonas, cuya mirada petrificaba a sus enemigos.

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"El mito de Ícaro", en este caso, en versión de Herbert James Draper. En ocasiones, las obras de Draper son cosideradas como secundarias, o complementarias, de maestros más conocidos, como Leighton o Waterhouse, pero él también tenía su propia personalidad. Aquí, Ícaro no está a punto de emprender el vuelo, sino que yace muerto tras estrellarse -aunque no lo parezca, por estar sus alas artificiales en demasiado buen estado, tras el accidente mortal-. Las jóvenes que lo miran, entre dolidas y curiosas, debían ser ninfas de la costa -según versiones, o se estrelló en las rocas de la costa cretense, o se ahogó en pleno mar-, o tal vez, incluso sirenas. Ni se sabe bien dónde pudieron vivir éstas, ni tampoco, si existía más de una colonia.



Los prerrafaelitas fueron, y son, dentro del mundo del arte a nivel mundial, y sin importar épocas, de los más utilizados para representar los mitos griegos, y a la hora de crear entradas o post sobre algún tema mitológico clásico, sin duda, alguno de ellos acaba por "prestar" alguna de sus obras. Realmente, mucha gente acabó interesándose -o hacerlo con más ganas- por las antiguas historias de los griegos, precisamente, gracias a ellos, y otros artistas del siglo XIX, más modernos, y con obras más espectaculares, que otras más clásicas -aunque igualmente, extraordinarias- de períodos anteriores, como el Renacimiento o el Barroco.