lunes, 7 de marzo de 2016

Los prerrafaelitas (XXXV): "The germ", la revista, de muy corta vida, de los prerrafaelitas. 

Los miembros de la Hermandad nunca pensaron que los cuatro números de su revista, de haber llegado al presente, suscitarían tanto interés.


"The germ", el germen literario de la futura revolución en el arte británico.

Esta no será una entrada dedicada a una persona en particular, sino a una publicación, que si bien en principio tendría que haber sido un anexo, una entrada casi anecdótica o complementaria, al final ha acabado siendo una más larga, con su número y todo -el treinta y cuatro, nada menos, presentación y tres anexos aparte-.
"El germen" fue una modesta publicación que los miembros de la Hermandad decidieron sacar a la luz no sólo para darse a conocer ellos mismos, o cualquiera que quisiera colaborar con ellos, sino también publicitar y extender -hacer una especie de "apostolado"- de las ideas de renovación artística, intelectual o emocional que ellos defendían.
Fue en una época tan temprana como 1850, cuando Millais, Rossetti y Holman Hunt eran todavía unos desconocidos para el gran público -y para casi todo el mundo, realmente- decidieron sacar a la luz una pequeña publicación, casi artesanal, que les ayudara en lo que ellos consideraban una auténtica revolución artística. Y dicha revolución necesitaba de una plataforma literaria, física, además de las obras que tenían pensado pintar. O que debían pintar en un futuro, aunque no tenian, realmente, idea clara de lo que pintarían en los años por venir.
El nombre de "El germen", quizá no sea una traducción de todo exacta, porque no hace referencia a un germen desde un punto de vista médico -una bacteria, un bacilo-, sino más bien biológico, en que unas ideas nuevas, que promueven un estilo artístico también nuevo, debían germinar en una pintura, una ilustración y una poesía nuevas. El germen, aquí, en una semilla de un mundo artístico nuevo, del que nacerían nuevas ideas que cambiarían para siempre el arte británico. Y realmente lo hizo, aunque no por publicación alguna, sino por las obras que saldrían tanto de los talleres de los miembros de la Hermandad, como de prerrafaelitas posteriores o autónomos.

[Rossetti, D.G. etc] The Germ: Thoughts Towards Nature in Poetry, Literature and Art (Eliot Stock Edition)
Un ejemplar de cada uno de los cuatro números de "The Germ", con un prefacio posterior, a la venta en internet -actualmente- por 350 dólares.

Una reedición, más moderna, de los cuatro números de "The Germ", la revista literaria de los prerrafaelitas, según reza el subtítulo.

William Michael Rossetti, hermano de Dante G. y Christina. No destacó como artista, aunque practicó la poesía, pero fue un apoyo intelectual y cronista de la Hermanda. En la práctica, se le considera parte de ella, aunque no fuera pintor, ni poeta reconocido, pues fue funcionario de carrera.

"El germen" fue publicado, en ese 1820, por la editorial "Tupper and Sons", una firma de impresores interesados por temas diversos de la ciudad de Londres, y parece que se tomaron en serio el llevar a buen puerto su inversión -pues de eso se trataba- en aquella nueva revista literaria y artística, además de teórica en sentido cultural. Pero poca suerte tuvieron, pues sólo salieron al mercado cuatro números -de enero a abril; era una publicación mensual-, y del primero sólo se vendieron setenta copias de un total de setecientas. De los otros tres, se publicaron ediciones más cortas -de unos cuatrocientos ejemplares-, pero también acabaron por quedarse, por no poder venderlos, al menos tres cuartas partes de ellos. Todo un fracaso, así que Tupper y compañía decidieron dejarlo estar, y así no perder más dinero, pues fue su familia quién tuvo que cargar con gran parte de las pérdidas. El hecho de que la los Tupper tuvieron relación de amistad e interés artístico por el nuevo movimiento hizo que corrieran semejante riesgo, que hoy en día parecería, como mínimo, osado.  Más adelante, en 1898, en Estados Unidos se publicaría una única edición, de sólo cuatrocientos cincuenta ejemplares, de los cuatro números, más un prólogo, en un sólo libro de tapa dura, y que parece que se vendió en su totalidad. En aquella época, los prerrafaelitas sí que eran famosos, y mucho. Realmente, cerca ya del siglo XX, el prerrafaelismo estaba ya en sus últimos años de corriente viva, siendo ya sobrepasado por otras corrientes, como el simbolismo, el modernismo o los impresionistas y sus sucesores, los post-impresionistas en toda su variedad.

Los cuatro hermanos Rossetti: Dante Gabriel -pintor y poeta prerrafaelita, uno de los creadores de la Hermandad-; William Michael -funcionario, pero también poeta, y cronista y apoyo moral no oficial de la Hermandad-; Christina Georgina -poeta, una de las más importantes del siglo XIX en su país-; y Maria Francesca -la menos conocida, escribió un estudio sobre Dante, uno de los iniciadores del Renacimiento, y se dedicó a la obra social y religiosa-. Además, eran parientes por parte de su madre de John William Polidori, autor de "El vampiro", la primera novela moderna sobre vampirismo.

Era, desde luego, un proyecto ambicioso. Tenía como segundo título, o subtítulo, "Pensamientos hacia la naturaleza en el arte y la literatura", aunque finalmente tuvieron que bajarse un poco los humos, y a partir del tercer número lo cambiaron por "Arte y poesía. Pensamientos sobre la naturaleza realizados principalmente por artistas", o algo así. Pero no eran los subtítulos lo más interesante. Allá participaron varios miembros de la Hermandad o personas de su círculo cercano, incluyendo el familiar. Uno de los colaboradores fue William Michael Rossetti, hermano de Dante Gabriel, que también ejerció de director de la revista, y lo hizo como poeta, y articulista. El "hermano tranquilo" de Dante Gabriel trabajó de funcionario toda la vida, pero también fue una especie de cronista no oficial, consejero y "ayudante intelectual" de la Hermandad. En realidad, fue uno de los fundadores de esta, aunque no es considerado como parte de ella por no ser artista, sino más bien "apoyo moral y externo", digámoslo así. Pero en aquel momento, el joven William Michael quiso demostrar que podía ser poeta, al igual que su hermano -que por lo demás, no ha pasado a la historia del arte por ello, sino como pintor-, y quiso así publicar algunos de sus versos, y de paso, ayudar a llenar las páginas de la revista, que suponían, de forma bien optimista, que tendría una vida mucho más larga de la que realmente tuvo. Y claro, si la publicación podía llegar a tener varias decenas de números, toda ayuda era poca. Y además, William no sólo era hermano de uno de los miembros de la "Santa Trinidad" del prerrafaelismo, sino también cronista y, por lo visto, tampoco era tan mal poeta.
Claro está, el "hermano tormenta", Dante Gabriel, también publicó, y junto a ellos, un tercer miembro de la familia Rossetti: Christina, que sí sería famosa como poeta, por encima de sus dos hermanos varones, aunque lo hiciera bajo seudónimo -quizá, porque en esos años era muy joven, y consideraba la poesía más una ilusión, o una distracción, que como algo con lo que pudiera ganarse la vida-, Ellen Alleyn. Serían siete, los poemas de Christina, a lo largo de tres números de la revista, destacando "Fin", y "Tierra de sueños". Aunque los lectores no podían saber quién se escondía tras Alleyn, sin duda, los colaboradores varones de "El germen", empezando por sus dos hermanos, sí tenían que saber sobre quién era la autora -adolescente todavía- de aquellos versos.
Otros poetas que se pasaron por la revista, y de los que se pueden leer algunos de sus primeros trabajos, pues en ese momento todos era muy jóvenes, fueron el escultor Thomas Woolner -de todos, aparte de Christina, tal vez el que más nombre se hizo en la poesía, aunque e forma secundaria; él fue, principalmente, un artista de la piedra-, y James Collinson, un pintor prerrafaelita secundario, famoso apenas por un par de obras religiosas, y que llegó a ser novio de Christina, con la que finalmente no llegó a casarse con ella, pues él era católico, y aunque se convirtió al anglicanismo para poder llevar a buen puerto su relación, acabó volviendo a la iglesia católica, enterrando cualquier posibilidad de matrimonio con Christina -que por lo demás, también se negó a abandonar su anglicanismo familiar-.
También había que incluir ensayos, reseñas de libros, artículos, o versos de amigos de los miembros de la Hermandad, que no formaban parte de ella, como el pintor academicista Ford Madox Brown -que a pesar de no comulgar demasiado con el estilo de los prerrafaelitas, parece que no sólo tuvo buena relación de amistad con ellos, sino que hubo influencias y consejos mutuos- o el poeta Coventry Patmore. Este último había publicado, poco antes, un libro de poemas que no tuvo, precisamente, buenas críticas. Dolido, compró todos los ejemplares que todavía no se habían vendido, para destruirlos, pero algunos amigos no sólo le defendieron, sino que paree que, bien por ellos, o porque le habían leído, llegó a conocer a Rossetti y Holman Hunt, y aunque no fue parte de la Hermandad, ayudó en la revista con su poema "Las estaciones", uno de los mejores que en esta se publicaron.
Respecto a las ilustraciones, porque las hubo, fueron varios los autores. Holman Hunt se hizo cargo de ilustrar el poema de Woolner "Mi bella dama" en el primer número, mientras que Collinson hizo lo propio con su poema "El niño Jesús", en el segundo. Madox Brown fue el autor de una ilustración de doble página del Rey Lear y sus hijas en el tercero, como acompañamiento de un artículo suyo sobre pintura histórica. mientras que Walter Deverell, un pintor prerrafaelita menor -del que todavía no se ha hablado, quizá por ser tan escasa su obra, aunque todo se andará-, fue responsable de "Viola y Olivia", basada en la "Noche de Reyes" de Shakespeare, en el último número de la revista.

Un grabado de Holman Hunt, ilustrando un poema de Thomas Woolner, "Mi bella dama".

La ilustración realizada por Madox Brown, donde se ve al rey Lear y a sus hijas, en un número de la revista original.

En resumidas cuentas, cada número debía incluir un grabado o ilustración, poesía -tanto de los hermanos Rossetti, como de cualquier colaborador, aunque fuera más o menos externo a la Hermandad, aunque la mayoría de los que contribuyeron a ella eran familia o amigos, unos de otros-, además de artículos de historia del arte, reseña de libros, y artículos donde se defendían las ideas, consideradas radicales, que tenían sus autores y responsables sobre el arte y la vida. Claramente, se veía ahí la influencia de Dante G. Rossetti, el más emocional, revolucionario, pero también más inconstante de los miembros de la Hermandad.
Respecto a si se puede encontrar traducido al español, que yo sepa, no. Sí existen en inglés, aunque, claro está, los números originales son casi inencontrables -aunque buscando en internet, y con dinero, se puede hallar-, pero ha habido ediciones posteriores, y no sólo a finales del siglo XIX. Aún así, no deja de ser una curiosidad, una rareza histórica, con poco mercado, y no resulta sencillo dar con ello, pero insistiendo, se puede. Pero hay que tener en cuenta que la poesía es difícil de entender cuando no se domina la lengua en la que se ha escrito, y el inglés usado, también en los artículos, es el de la época victoriana, que no es exactamente el que se enseña o usa hoy en día, aunque aparentemente no haya cambiado tanto.

jueves, 3 de marzo de 2016

John Simmons, el pintor de hadas de a época victoriana.

Ilustrador victoriano romántico, interesado en el mundo feérico.


El país de las hadas en acuarela.

John Simmons (1823-1876) fue un artista que, en tiempos de la larga época victoriana, se ganó un nombre y gran estima por parte de sus contemporáneos. Él, en general, no pintaba cuadros épicos o de gran tamaño, ni fue un retratista de personajes importantes. Su temática, más bien, era claramente fantástica, con una influencia -estilística y espiritual- del romanticismo, aunque dicho estilo pictórico, y no sólo ello, también literario, ni estaba en su momento demasiado de moda -más bien tuvo fuerza en las cuatro primeras décadas del siglo XIX-, ni tuvo demasiado eco en Gran Bretaña. O más bien, sí que lo consiguió, pero en una época algo más tardía que en Francia o Alemania -entre 1850 y 1870 su luz casi se había apagado ya-, y con mayor influencia en la novela y la ilustración -precisamente, en las ilustraciones de la literatura fantástica británica-, que en la pintura a gran tamaño, o la poesía.
Simmons se dedicó, entonces, a desarrollar el romanticismo británico. Fue ilustrador, y pintor de miniaturas -o sea, de cuadros pequeños-, principalmente de acuarelas, dedicando su obra a representar el mundo de las hadas -mucho se hablaba, por cierto, de las hadas en aquella época; ¡hasta se hicieron fotos, trucadas, de niñas con hadas volando a su alrededor!-, y de los cuentos, tanto populares, como nuevas historias de la enormidad de escritores de la época victoriana. También ilustró obras literarias de autores populares, empezando por el más importante de la literatura en inglés, el mismo Shakespeare -"El sueño de una noche de verano", por ejemplo-. En realidad, Simmons desarrolló una temática muy habitual en el romanticismo, que siempre miró a la fantasía, tanto popular como literaria, y lo mismo ilustraba las obras de Shakespeare de temática más fantástica, como relatos populares, o de autores contemporáneos suyos. Además, con el tiempo, las hadas dejaron de ser, como los elfos, seres diminutos y de aspecto sólo vagamente humano, para ser más "adultos" -quizá, más cercanos a la visión que tenían de ellos los antiguos, o las gentes del Medievo-, y en el caso de las hadas, más "sexualizadas", más atractivas a la vista, como en otro tipo de obras, las diosas o semidiosas, o las heroínas de la mitología grecorromana. Obras como "La reina de las hadas", de Edmund Spenser, o "La violación de la cerradura" del poeta de los siglos XVII y XVIII Alexander Pope, posteriores a Shakespeare, en cierto modo, reclamaron nuevos autores, con nuevos estilos de ilustraciones, a las que tan habituados estaban los victorianos. Ilustraciones que no sólo gustaban, y mucho, a aquella gente, sino que hoy en día, siguen siendo igual de atractivas.



Varias ilustraciones de "El sueño de una noche de verano", de Shakespeare.

Simmons no fue extraño a esa sexualización, más bien al contrario. Sus obras acostumbran a ser uno o dos personajes -normalmente protagonistas, como Titania, la reina de las hadas- rodeados de follaje, y los personajes femeninos acostumbraban a ser tanto la gran mayoría de los retratados, como los más atractivos. En ocasiones, lo cual era algo raro teniendo en cuenta que algunas obras podrían ser consideradas infantiles, o al menos, juveniles, la protagonista aparece desnuda, o casi. Tal vez, aquellas hadas eran una vía de escape, bastante inocente por lo demás, de la represión sexual de la época, mucho más puritana y conservadora de lo que no pocos "neo-victorianos" y admiradores o interesados en la época podrían llegar a imaginar. Eso no impedía que el hada fuera, aunque de forma fantástica, una representación de la belleza femenina victoriana. O al menos, una de ellas.

También de la misma obra, un retrato de Titania, la reina de las hadas. Una parte importante de sus mejores ilustraciones corresponden a dicha comedia fantástica de Shakespeare, pintadas en la década de los 60 del XIX. A finales de los 90 del siglo XX, la Royal Academy le dedicó una exponsición.

"Un hada entre Convolvulus". Otro ejemplo de fantasía sensual y erótica con un hada de protagonista.

Fue uno de los pintores e ilustradores creadores del llamado "género de bosque idilico", que difícilmente se puede encontrar en la realidad -aunque él, como otros, en parte se inspiraron en la campiña británica-, y en ocasiones, tanto a Simmons como a otros artistas de parecido estilo, se les agrupó, o relacionó, con los prerrafaelitas, aunque él, como ya se ha dicho, era más bien un artista romántico, y si se le quisiera etiquetar de forma más exacta -algo habitual en el mundo anglosajón, además de las listas: las etiquetas-, se le podría considerar neo-romántico fantástico.
Simmons vivió en Bristol, donde fue elegido miembro de la Academia de Bellas Artes de la ciudad en 1849. Aparte de la fantasía, también realizó retratos, pero nunca logró, y tal vez tampoco buscó, hacerse un nombre como retratista de primer orden. Lo suyo era otra cosa, y no de este mundo.

"Titania durmiendo bajo la luz de la luna, protegida por sus hadas"




martes, 1 de marzo de 2016

Pioneras olvidadas: lo que deparó el futuro a las mujeres que cruzaron medio mundo para estudiar medicina.

En contestación a una entrada anterior: ¿qué fue de las estudiantes asiáticas de la sorprendente foto de 1885?


Respuestas a una anterior pregunta.

La penúltima entrada que escribí, aprovechando mi escaso tiempo libre -ahora no tan escaso, o eso imagino- consistía en comentar una curiosa foto de 1885, donde tres estudiantes asiática -una siria, una japonesa, y una india- posaban con vestidos tradicionales de sus respectivos países mientras recibían la felicitación del decano -o dean- por haber decidido estudiar en su escuela médica para poder conseguir título de doctora -aunque fuera como "mujeres médico para atender también a mujeres", o ginecólogas en sentido amplio. En principio, al buscar aquí y allá, parecía que la fotografía había sido descubierta hacía poco, y había dudas sobre qué estaban haciendo allá con el decano. Se suponía que estaban recibiendo su título de doctora, pero era algo distinto: éste decidió recibirlas cuando contaba en su escuela médica no con una o dos, sino con tres estudiantes de orígenes tan lejanos como, en aquella época, inverosímiles. 
Con toda seguridad, había más mujeres estudiando medicina, en tal o cual ciudad del mundo, pero eran pocas, extraordinariamente pocas. En Filadelfia, donde hacía apenas treinta años que había abierto sus puertas el Colegio Médico de Mujeres de Pensilvania, sin embargo, existía un centro donde las estudiantes serían todas mujeres, y una vez que las primeras hubieron conseguido su título, y adquirido algo de experiencia profesional, también un número cada vez mayor de profesores lo serían.
Sin embargo, las estudiantes eran, básicamente, estadounidenses blancas y cristianas, más algunas europeas occidentales o canadienses -básicamente, no expatriadas que marcharon a Filadelfia a estudiar, sino inmigrantes que habían emigrado hacía años a Estados Unidos-. A partir de 1880, fue cuando se permitió, o más bien se facilitó -porque tampoco estaba explicitamente prohibido- la entrada de féminas de países más lejanos, de distintas razas o religiones. Las afroamericanas entraron en cierto número a finales del siglo XIX, y en 1900, ya habían conseguido el título más de una docena, pero antes de ellas, hubo otras, de orígenes inimaginables. Y más, en aquella época tan lejana.

Una fue Kei Okami, y había nacido en Tokio, en Japón. Se afirma, aunque apenas queda ya información o documento alguno, que fue la segunda mujer japonesa que estudió medicina -la primera fue Ginko Ogino, que estudió en su país-, y la primera que lo hizo en el extranjero. Cuando finalizó sus estudios, en 1889, volvió a su ciudad, y consiguió trabajo en la sección de ginecología del hospital Jikei de Tokio, pero cuando el emperador visitó el centro médico, se negó a recibirla o dirigirle la palabra, por su condición de mujer. Simplemente, no fue capaz de considerarla como una auténtica profesional de la medicina sólo y únicamente por su sexo. Aquello le dolió y ofendió de tal manera, que dimitió de su puesto, y decidió abrir una pequeña clínica ginecológica privada que operaba desde su propia casa. Pero nunca tuvo grandes ingresos, hasta que, finalmente, acabó por cerrarla y retirarse de la medicina temporalmente, Tras ello, fue sub-directora en un instituto femenino, y más adelante, abriría un pequeño hospital para mujeres enfermas, donde también funcionaba una escuela de enfermería, hasta que también, en este caso, acabó cerrando, por falta de pacientes e ingresos. Pasó el resto de su vida como ama de casa y madre, compartiendola con su marido, también médico. Aún se conservan algunas fotografías suyas, ya muy anciana, y años depués de retirarse de la medicina. Siendo cristiana practicante, también ejerció de misionera en su país.

Una fotografía de Kei Okami, ya en la vejez, años después de haberse retirado de la medicina.

Anandabai Joshee, era de Seranysore, una pequeña población de la India, en aquella época, parte del Imperio Británico. Su historia nos ha llegado de forma más extensa que las de sus compañeras, e incluso, en su momento, inspiró hasta una novela. Se casó, o más bien la obligaron a casarse, a los nueve años, en uno de los tristemente habituales matrimonios concertados por las familias de los novios. Además, su marido tenía nada menos que veinte años más que ella. Por lo menos, aquel joven, que se vio casado con una niña -probablemente sin haberlo querido él tampoco-, decidió que lo mejor que podía hacer ella era estudiar, e incluso no dudaba en castigarla cuando ella se negaba a ello. Ya adulta, sufrió la pérdida de un hijo, debido, precisaente, a la lamentable situación sanitaria que sufría gran parte de la población de la India colonial, y eso, en una mujer que había conseguido el equivalente al bachillerato -más que casi toda la población, sin importar sexo, de su país-, fue el acicate para dedicarse a la medicina. Y si no podía conseguir un título en su patria, lo haría en el extranjero. Así que marchó a Estados Unidos. Pudo haber conseguido antes el dinero suficiente para pagarse el viaje, los gastos de su manutención -al menos, en un primer momento- y de la matrícula y el material escolar, pues un grupo de misiioneros protestantes norteamericanos estaba dispuesto a correr con semejante dispendio, pero le exigían que se convirtiera al cristianismo. Anandabai nunca fue una hindú practicante, pero aquello le fastidió, así que, fiinalmente, consiguió ayuda de norteamericanos adinerados, que consideraban que así, no sólo ayudaban a una persona de la lejana Asia a estudiar, sino que, siendo ella médico, podría ayudar en su país a mucha más gente. Finalmente, acabó sus estudios en 1886, y volvió a la India. Allá, comprobó antes de su partida que una de las razones por las que la mortalidad femenina e infantil eran tan grandes era porque mujeres y niños no aceptaban de buen grado -y muchas veces, tampoco de malo- ser tratadas por ginecólogos hombres, así que en cuanto retornó a su ciudad, no pensó más que empezar a trabajar, y de paso, a ser un ejemplo para otras jóvenes, para que también estudiaran, en Norteamérica, o donde fuera. Pero no pudo desarrollar su carrera profesional, porque falleció con sólo veintiún años, sin llegar a poner en práctica sus conocimientos, adquiridos en la otra punta del mundo. Sin embargo, su esfuerzo no fue inútil, pues fue ejemplo a seguir para otras futuras profesionales, que estudiarían medicina allá donde pudieron, fuera, y más tarde dentro, de la India.

Una fotografía de Anandabai Joshee -o Joshi-, probablemente en la India, tras retornar de Norteamérica.

Tabat M. Islambooly era siria, de Damasco, miembro -parece ser- de una familia árabe sunnita. Finalizó sus estudios en 1890, y tras ello, volvió a Damasco, su ciudad. Se cree que fue la primera mujer médico de Siria, pero en 1919, marchó junto a su familia a El Cairo, en Egipto, donde ejerció la medicina durante algunos años. Poco más se sabe de ella, pues el colegio perdió contacto con ella -al contrario de con sus compañeras-, aunque parece que falleció en 1941 -es de suponer, entonces, que a una edad avanzada-. Hoy en día, sus descendientes, o al menos parte de ellos, viven en Canadá.


La web donde más información he encontrado sería "The triangle", y aquí pongo un enlace, por si alguien quiere leer más sobre el tema. U otros temas tratados allá.

lunes, 29 de febrero de 2016

Los prerrafaelitas (XXXIV): Charles William Mitchell, entre el academicismo y el prerrafaelismo. El retratista de Hipatia.

Seguidor de la Hermandad, aunque cercano a formas más clásicas, considerado un Waterhouse menor.


Ser comparado con un genio contemporáneo tuyo, no está tan mal. Excepto si pierdes tu propia identidad.

Charles William Mitchell, ciertamente, no fue en vida, ni tampoco tas su muerte, lo que se dice un artista demasiado conocido, pero tampoco sería cierto decir que pasó sin pena ni gloria en su momento, en una época en que, tanto en su país, como en toda Europa, la pintura contaba con una auténtica legión de creadores, algunos más clásicos, otros más rupturistas, o incluso revolucionarios, pero que, una vez que unos contaban ya con una edad, otros se añadían, cuando el equivalente a sus maestros,o antecesores, todavía no habían dejado los pinceles.
Mitchell nació en Newcastle, en el norte de Inglaterra, en 1854, y falleció en 1903, y fue contemporáneo de John William Waterouse, que parece haberle influido más que cualquier otro artista de la corriente prerrafaelita -o de cualquier otra-, pues su estilo y temáticas son parecidas. No llega, sin embargo, a la originalidad y a la técnica, al atractivo, del que se podría considerar, si no su maestro -porque no lo fue-, sí su ejemplo a seguir. Quizá eso, el parecerse, o quererse parecer tanto, a un artista de su misma época, hizo que, años después, su imagen y su obra desaparecieran bajo la sombra del mejor de los dos.
Su obra más famosa -la única que realmente llegó a serlo-, fue su "Hipatía", finalizada, o al menos mostrada en público, en 1885, y que podría haberse inspirado en la novela por entregas de Charles Kingsley "Hipatía,  nuevos enemigos con rostro antiguo". Actualmente, dicha obra se encuentra en el Laing Art Gallery. Antes de la película de Amenabar, o de que Hipatía tuviera, no un capítulo, ni tan siquiera un párrafo, o una simple anotación a pie de página, Mitchell dio rostro a la redescubierta filósofa greco-egipcia, mártir de la razón frente al fanatismo religioso. Físicamente, es una mujer pelirroja y de piel clara, que asemeja más ser inglesa o escocesa que mediterránea, si bien Hipatía, étnicamente hablando, debía ser de origen griego o greco-macedonio, sin origen egipcio autóctono alguno. El resto de su obra no llegó a ser tan conocido en su momento, y hoy en día, se encuentran en varios museos, aunque raramente son reconocidos por los visitantes, que necesitan de algún cartel para conocer tanto su título, como su autor.

La "Hipatía" de Mitchell, de 1885. Antes de él, la filósofa sólo era conocida por una novela por entregas, un folletín, donde la realidad histórica brillaría por su ausencia. Hoy en día redescubierta y admirada, es más conocida por su muerte, y como símbolo de los peligros de la razón y la civilización cuando los fanáticos quieren hacerse con ellas, que por su cultura y conocimientos maemáticos y astronómicos.

"El vuelo de Boreas con Oreitia" (1893). Boreas era el nombre del viento del norte, y tomó a Oreitia, una humana de la que se enamoró -o que, simplemente, deseaba- por la fuerza, violándola a continuación, y teniendo con ella dos hijas y dos hijos. Estos últimos serían Calais y Zetes, que ya adultos, se unirían a Jasón y los argonautas, en su viaje a la Cólquida, a la búsqueda del vellocino de oro.

File:Charles William Mitchell - The spirit of song.jpg
"El espíritu de la canción", o la personificación de la música en forma de personaje semi-divino, o diosa menor de nombre olvidado, de raíz griega clásica.

File:Wyllie, William Lionel — Home with Glory.jpg
"A casa con gloria" (década de 1890). Sería una traducción libre, y representaría el retorno de los héroes victoriosos a casa, a la espera de ser recibidos como se merecen, y que los poetas y artistas plásticos representen sus hazañas como se merecen.


Y una cosa más: he intentado encontrar más información, más allá de la wikipedia, pero ha resultado una tarea infructuosa. Así que, en caso de averiguar algo más sobre Mitchell y su obra, lo iré añadiendo a la entrada. Y lo mismo cuando encuentre más cuadros, conociendo previamente el nombre, si se puede, el año en que fueron finalizadas, y qué o a quién representan. Aparte de estar seguro de su autoría, claro está.

sábado, 27 de febrero de 2016

Pioneras olvidadas: mujeres de todo el mundo entrando en el mundo de la medicina.

Las doctoras que estudiaron en Estados Unidos para llevar la luz de la medicina moderna a sus respectivas patrias.


Mirando, más que buscando, en facebook, encontré esta foto. En principio, sólo llamaba la atención el hecho de que una mujer india asiática, una japonesa, y una árabe -de Siria- decidieran hacerse una fotografía juntas, con vestidos de sus respectivos países -no ropa, digamos, folclórica, sino la que se acostumbraba a llevar en sus naciones-. Pero luego, pude leer que se trataba de tres estudiantes, o más bien de tres recién licenciadas en medicina, que habían marchado a Filadelfia, en Estados Unidos, a estudiar dicha carrera,  o su equivalente -en aquella época, las mujeres, en muchas ocasiones, no podían estudiar la carrera médica propiamente dicha, la que podían cursar los hombres, sino un "equivalente femenino", que parecía ser "medicina de mujeres para mujeres", que no acostumbraba a ser tan exhaustivo como los estudios de sus iguales, o  no tan iguales, masculinos-. 
La fotografía es nada menos que de 1885, y por lo visto, y según leí en una web sobre la institución que las acogió, comenzaron sus estudios muy a principios de la década de los 80 del XIX. Así que, es de suponer, la fotografía se la hicieron acabados sus estudios, aunque otras webs indican que en ese momento las tres estaban estudiando al tiempo, pero todavía no habían conseguido su título. En otras webs, se indica que sí, que se dejaron fotografiar, cada una con un vestido correspondiente a su país y cultura, cuando fueron recibidas por el decano del colegio, que consideraba publicidad útil el presentr tan exóticas estudiantes, en un centro equivalente, en la práctica, a una universidad -aunque fuera para mujeres- de medicina.

Resultado de imagen de 1885 women india japan syria

La institución en cuestión era el Colegio Médico de Mujeres, y hacía ya unas décadas que funcionaba. Allá estudiaron muchs mujeres norteamericanas -también de Canadá-, también algunas europeas, y en esa década de los 80, al menos, estas tres exóticas estudiantes. Porque eso resultaron ser tanto para profesores -hombres y mujeres- como para el resto de sus compañeras. No se sabe si hubo otras mujeres, en ese momento, o algo después, con orígenes igual de lejanos, y nada se dice de cómo llgaron allá, qué pensaban sus familias de que marcharan al -para ellos- exótico Occidente norteamericano a estudiar algo tan, supuestamente, tan poco femenino como la medicina. Y no como enfermeras, o ayudantes de enfermería, sino como auténticas médicos. Y por desgracia, tampoco se sabe cómo les fue en sus respectivas patrias: la India, bajo dominio británico; el Japón que hacía apenas un par de décadas que se había abierto a la cultura occidental, la tecnología y la economía moderna; y Siria, en aquella época, parte del Imperio Turco Otomano -era, además, de la muy diversa Damasco-. En caso de que cualquiera de ellas lograra trabajar de lo que pudo estudiar, tan lejos de su gente, su tierra y su cultura, sin duda merecería un recuerdo, o al menos, una visita a cualquier web, revista o libro que hablara de ellas, porque tendría considerable interés. 



"Mem y Zin", algo más que una de las historias más conocidas de la literatura kurda. Un pueblo, su tierra, y quienes no quieren reconocer su identidad, y la unión de ambos.

Ehmedexani fue el creador de este relato, donde el pueblo kurdo, y el Kurdistán, son representados por una pareja de enamorados.


Más que los Romeo y Julieta del Kurdistán, la imposibilidad de un pueblo de gobernar su propia tierra.

Después de varios días sin poder escribir nada -cosas del trabajo-, o simplemente, sin muchas ganas de ello, he decidido escribir un poco sobre lo que llamaríamos la cultura nacional del pueblo kurdo. Para ser más exacto, de su literatura. Por literatura kurda, se podría hablar tanto desde un punto de vista más estricto -obras literarias de todo tipo escritas en cualquiera de los dialectos de la lengua kurda-, o amplio -todo lo escrito por kurdos, y que representen, aunque sea de forma semi-oculta, secundaria, temáticas, personajes o influencias culturales kurdas, aunque sea en otras lenguas-. Sobre lo de "amplio", viene a cuento porque una parte importante de todo lo escrito por kurdos lo ha sido en árabe, en persa o en kurdo. O en los últimos años, en lenguas occidentales donde los kurdos han emigrado en las últimas décadas, o donde han estudiado o trabajado temporalmente: alemán, inglés, ruso, sueco...
En este caso, se trata de la considerada epopeya nacional kurda, escrita, como casi todas las epopeyas de cualquier pueblo, en verso -o en prosa poética, que es casi lo mismo-: "Mem û Zîn", o simplemente "Mem y Zin", el nombre de sus protagonistas.
La historia de estos dos desgraciados enamorados -una figura, o más bien una pareja de ellas, que se pueden encontrar en casi cualquier cultura humana, antigua o actual- parece estar basada en un hecho real, y fue transmitida de generación en generación de forma oral, contándose entre miembros de la misma familia, o de clanes o tribus -normalmente nómadas o seminómadas, pastores o ganaderos que se movían con sus animales sobre amplios territorios, y que acababan siempre encontrándose con otros miembros de su pueblo con costumbres y economía ganadera idénticas a ellos-, hasta que, lo que debió ser, en un principio, una pareja de enamorados que no pudieron vivir juntos por desavenencias de sus familias, acabó siendo una historia adornada con todo tipo de detalles, llena de romanticismo y dramatismo y que, finalmente, acabó siendo un clásico de la literatura y el folclore kurdos. Sobretodo, cuando dejó de ser una historia únicamente oral -y con todas las versiones que eso conlleva-, para ser un texto escrito, en verso, y de forma tan atractiva y lírica como patriota. De ser sólo material de trabajo y expresión artística de los dengbej -trovadores profesionales, algunos más modestos, que iban de pueblo en pueblo; otros, mejor posicionados socialmente, protegidos por nobles o grandes comerciantes. En ambos casos, figuras que se pueden encontrar en multitud de culturas-, o los xirôkbej -contadores de cuentos, también más o menos profesionales; es posible que algunos, más que contar, fueran rapsodas que recitaban en verso-, pasó a ser, también, una obra escrita.

El responsable de ello fue Ehmedê Xani (1651-1707), un intelectual -escritor, poeta, filósofo- kurdo, que también escribió un libro para enseñar su lengua materna a los niños  -"La primavera de los niños"-, y otro sobre las bases religiosas, morales y éticas del islam, escrito en parte en prosa y en parte en verso -"El camino de la fe"-. Quizá, lo que resulta más original de la obra en verso de Xani, aparte de que no se recuerda otra obra parecida -el hecho de trasladar un relato oral a un formato escrito, fijo, artístico y con trasfondo no simplemente tradicional, sino nacional y patriótico-, fue la visión moderna que le da al relato. En aquella época -finales del siglo XVII; se está casi seguro de que acabó de escribir su obra en 1695-, los kurdos, como los otros pueblos de Oriente Próximo, no tenían una conciencia nacional moderna, sino sólo religiosa -en el caso de los cristianos y yazidíes, más bien como mezcla de orgullo con deseo de ser respetados, o simplemente, de agarrarse a algo en caso de persecución o masacre-, mientras que él, a pesar de ser un musulmán practicante -hasta escribió una obra de base teológica-, defendía también una identidad nacional, étnica y religiosa. Xani nació en una zona kurda muy al sudeste de la actual Turquía, fronteriza con Irán, y él mismo hablaba, aparte del kurdo, el árabe -lengua original del Corán, y considerada idioma de la cultura musulmana en sentido amplio- y el persa -por la importancia e influencia de la cultura de los persas entre los kurdos y otros pueblos-. Sin embargo, o no sabía turco -a pesar de ser vasallo de los sultanes turcos otomanos-, o a lo sumo, lo entendía poco, y lo hablaba menos. Quizá, aprovechó una leyenda nacional, para crear, con ella, un texto que sirviera como referente a una literatura escrita, también nacional y kurda, por encima de la división física de su pueblo. En aquella época, entre los que vivían bajo el poder turco otomano -algunas regiones kurdas, con cierta autonomía política-, y el persa o iraní -aquí, con un reconocimiento menor de la diversidad étnica-. Y al tiempo, nos permite conocer la forma de vida, la sociedad o los ideales, no de los kurdos que vivieron en tiempos de la pareja -o que debieron vivir, en caso de que existieran de verdad, o su historia transcurriera tal como se nos cuenta-, pues no se sabe, realmente, a cual se hace referencia, sino a la de Xani, que sería el último tercio del siglo XVII, cuando los imperios Otomano y Persa, todavía, eran poderosos, aunque estaban perdiendo la carrera tecnológica y armamentística con Occidente.


Un par de imágenes basadas en la historia de Mem y Zîn.


La historia en sí. Una historia de amor imposible en el norte del Kurdistán.

El relato sobre las desventuras de Mem y Zîn no es muy distinto a tantos otros de amor imposible. Mem, del clan Alan, se enamora, el día que su gente celebra el Newroz -el año nuevo kurdo- de Zîn, del clan Botan -hoy en día, la división entre clanes se ha ido disolviendo entre muchos kurdos de Turquía, al menos entre los que viven en ciudades, aunque en Irak, por ejemplo, todavía existe en el campo, pero en otros tiempos, el formar parte de tal o cual clan o tribu resultaba más importante y representativo que el ser kurdo, o parte de otro pueblo-. Pero como acostumbra a ocurrir, aparece un tercero en discordia: Bakir, del clan Bakran. Como no consiente que Mem le robe la mujer que ama, trama su asesinato, con la habitual traición y alevosía de un personaje como ese. Pero las cosas no acaban como él pensaba, pues Zîn, rota de dolor por la pérdida, tan violenta como repentina, de la persona a la que más amaba, visita su tumba, y muere de pena sobre ella. Tras la doble pérdida, las familias de ambos jóvenes -que en este caso, no parecía que estuvieran en contra de su unión-, deciden enterrarlos juntos.
Pero Bakir no iba a escapar de su justo castigo. Entre su propia gente, se extiende la noticia,  que se acaba sabiendo cierta, de que él es el responsable de la muerte de Zen, y por extensión, también de la e Zîn, así que no tardan en darle caza y mataron. Por alguna razón un tanto difícil de comprender, quizá porque se le consideraba culpable de la pareja de jóvenes, Bakir fue enterrado, precisamente, entre Mem y Zîn, pero donde yace su cuerpo, y alimentada por su sangre, crece una zarza, o un arbusto de espino, entre las tumbas de ambos enamorados, lo que hace que, ni tan siquiera tras la muerte, uno y otra puedan descansar unidos, pues el odio de Bakir, a pesar de que él también está muerto, tras recibir justo castigo, lo impide.


El mausoleo de Mem y Zîn, en Cizre. No se sabe en qué estado debe estar actualmente, pues la foto es de 2008, y la ciudad está sufriendo estos últimos meses la represión del ejército y la policía turcas, ante la pasividad de gran parte del mundo. Lo mismo se pueden encontrar, muy a menudo, flores frescas, como ejemplares de la historia escrita por Xani.

Este sería un ejemplo de amor imposible, incluso después de la muerte. Xani, y tras él todo tipo de figuras políticas e intelectuales, así como la mayoría de los kurdos que conocen, o han lleído la historia, consideran que Mem simboliza al pueblo kurdo en su conjunto, y Zîn, el Kurdistán, el país, la tierra de los kurdos. Viene a ser, pues, la imposibilidad de que un pueblo, el kurdo, pueda disponer libremente de su tierra, no en sentido simplemente de propiedad, sino de nacionalidad, de que no puede auto-gobernarse, vivir de forma libre en el territorio considerado parte del Kurdistán. Y eso, hasta ahora, en que los kurdos se enfrentan, en Siria, en Irak, en Turquía, también en Irán, a múltiples enemigos y problemas -el ISIS o Daesh, al Qaeda, el gobierno turco de Erdogán y el ejército y la policía de este país, el régimen islamista chiíta de Irán, la eterna división política, los refugiados...-, pero también, sobretodo en Siria e Irak, tienen más cerca que nunca, si no la independencia, sí una gran autonomía, reconocimiento de su identidad y lengua, y gran influencia -presente o futura- en el futuro de esos dos países. O lo que queda de ellos, sobretodo en el caso sirio.
La historia de Mem y Zîn -"Mem û Zîn", en kurdo-, es poco conocida fuera de su ámbito cultural, pero en 2003 fue traducido al francés -la primera lengua europea en que puede leerse de forma completa y con una traducción seria-, y en los últimos meses, por lo que he podido saber por internet -si no estoy equivocado-, al euskera -para el que no lo sepa, fuera del ámbito hispano: la lengua del pueblo vasco-, y quizá, y a partir de esta segunda traducción a otro idioma, tal vez al castellano, aunque esto son sólo conjeturas mías. También, en mayor o menor medida, se ha traducido y comentado en árabe, persa, ruso, alemán... lo que indica que se trata de una historia nacional, pero de espíritu universal.
Además, cerca de la ciudad de Cizre, ahora tan maltratada -como muchos de sus habitantes- por el ejército y la policía turcas -parte de ella está, todavía, bajo estado de sitio-, se encuentra el mausoleo de Mem û Zîn, inspirado en la historia, aunque, realmente, nadie sabe donde fueron enterrados, en caso de que llegaran a existir. Pero eso no tenía por qué ser un problema, y para un ejemplo tan conocido como parecido, sólo hay que recordar la casa de Julieta -la enamorada de Romeo- en Verona.
Resultaba lógico, además, que llegado e momento, se intentara llevar la historia al cine, y así fue. En 1992, Ümit Elci filmó la película "Mem û Zîn", aunque  no pudo hacerlo en lengua kurda, pues el kurdo estaba prohibido en todos los ámbitos sociales -también en el cine, y por extensión, en la cultura-, y tuvo que hacerse en turco. En 2002, el canal de televisión por satélite KurdistanTV filmó una serie en lengua kurda, y con un despliegue de medios considerable, teniendo en cuenta que no es un canal que cuente con demasiado dinero para sus producciones. En la actualidad, se está preparando una serie en kurdo para el canal turco TRT6, algo impensable hasta hace poco. Y a pesar del enfrentamiento, cada vez más sangriento, entre el estado turco y una parte cada vez mayor de la comunidad kurdo-turca.

Imagen de bilal akif yoruk, yaprak durmaz, and siya mem u zin
Una imagen de una versión televisiva de la leyenda, en un canal de la televisión turca, aunque los actores vestían de una forma más moderna que la época en la que se supone que sucedió realmente.

La placa que se encuentra a la entrada del mausoleo, en inglés y ¿kurdo? Hasta hace poco, sólo podría estar también en turco, pero si la placa en reciente, podría estar escrita en lengua propia de los habitantes de Cizre.

jueves, 18 de febrero de 2016

Los prerrafaelitas (XXXIII): Edward Burne-Jones, ejemplo claro de lo que fue el prerrafaelismo.

Aunque tarde, un pequeño repaso de uno de los miembros más conocidos del movimiento.


Magnifico pintor, y eslabón entre los prerrafaelitas, y la corriente artística principal.

La verdad es que Burne-Jones fue uno de los prerrafaelitas principales, junto a la "Santísima Trinidad", Salomon, de Moran y Siddal. Cierto que hubo muchos otros, como Alma-Tadema, los dos Leighton, Poynter, Waterhouse, etc., pero todos ellos tuvieron, demostraron, haber recibido una influencia más clara de la corriente principal, de la llamada pintura academicista, incluyendo también ramificaciones más modernas de ella, como el romanticismo, el neoclasicismo, el orientalismo...
Y si he decidido hablar de él tan tarde -nada menos que tras treinta y dos entradas, un preámbulo y tres anexos- ha sido por simple despiste. Ahora, y antes de escribir sobre alguna otra cosa, él también tendrá su pequeña entrada, aunque sea tarde.
Edward Coley Burne-Jones nació en Birmingham en 1833, y murió en Londres en 1898. Le faltó poco, para conocer el siglo XX. 
Burne-Jones era hijo de un tallista y dorador, que perdió a su madre a los pocos días de nacer. Su padre tuvo que encargarse de criarlo con la sola ayuda de una ama de llaves, un miembro habitual del servicio doméstico de la época -en ocasiones, el único que tenían muchos miembros de la clase media-, que no destacaba, habitualmente, por su amabilidad, sino por una fría aunque, normalmente, innegable profesionalidad.
Después de acabar la escuela, pasó a estudiar teología en el Exeter College de la Universidad de Oxford, donde conoció y se hizo amigo del poeta y -hoy lo diríamos así- animador cultural William Morris, que también fue arquitecto, maestro textil, filósofo artístico, algunas cosas más. También conoció al crítico John Ruskin -sí, el que compraba cuadros a Lizzy Siddal, y parece que, o "animó" a su esposa a largarse con Millais, porque quería el divorcio, o no pareció importarle demasiado que lo dejara; quizá habría que hablar un poco más, de estos dos hombres-. También empezó a leer a Thomas Malory, el auténtico creador de la leyenda del rey Arturo, en una época tan lejana a los tiempos del misterioso monarca céltico -o romano-celta- como fue el siglo XV. Con esas amistades, y esos intereses, sin dejar de ser hombre creyente, estaba claro que Burne-Jones no estaba predestinado a ser sacerdote.


"Amor entre ruinas". El sentimiento puro de los amantes, entre las ruinas de ¿un antiguo imperio? ¿grandezas olvidadas?

"La boda de Psique": un desfile de mujeres, con una protagonista centra, en un paisaje desolado. La historia de Venus-Afrodita que, envidiosa de la belleza de Psique -mujer mortal, hija de un rey de Anatolia, quizá lidio, frigio o cario-, desea que se enamore del hombre más horrible e inmoral del mundo, y para eso envía a la tierra a su hijo Cupido-Eros. Pero ese acto rastrero no sale como Venus había pensado. Cupido acaba enamorándose de Psique, y acaban viviendo juntos.

Morris le quitó de la cabeza el ser sacerdote -porque no olvidó la idea de un día para otro-, y hay que agradecérseo. Con Ruskin, viajó a Italia, como tantos otros británicos que deseaban ser artistas, o al menos, conocer un país que concentraba arte griego, romano, medieval y renacentista. Un inmenso museo al aire libre. Después de dejar Oxford, sin título alguno, pasó en 1855 por el taller de Dante G. Rossetti, cuya influencia se ve en su pintura -aunque fueron Morris y Ruskin, los responsables de su cambio de vida, del despegue de su carrera artística-, y al poco, se interesó por el arte de crear vidrieras, que estaba renaciendo en Gran Bretaña, como una recuperación de un arte medieval, pero con técnicas y estilo más modernos.
En 1860, y tras cuatro años de noviazgo, se casó con Georgiana McDonald, que estudiaba como pintora, y que acabó dedicándose al grabado en madera -el ser una mujer con ideales artísticos elevados, y bastante dotada para el arte, quizá "ayudó" a que el gran amigo de su marido, William Morris, acabara por enamorarse de ella, olvidándose de su propia mujer, la bella Jane Bourden-Morris-. Las otras tres hermanas McDonald también se casaron, o tuvieron hijos famosos: una, con el pintor Edward Poynter; otra, fue madre del futuro primer ministro Stanley Baldwin; y una tercera, fue la madre del escritor -y retratista del Imperio Británico- Rdyard Kipling. Así que Burne-Jones fue tío tanto de Kipling como de Baldwin. Una familia que contaba, al tiempo, con dos grandes pintores, un político de primer orden, y un extraordinario escritor debió de ser digna de ver y conocer.
Fue en 1859, poco antes de su boda, cuando viajó por Italia junto a Ruskin, visitando Milán y Venecia. En 1867, el matrimonio se estableció en Fulham, en Londres. El gran amigo de Burne-Jones, William Morris, parece que se enamoró de Georgiana, pero ella lo rechazó. Y por lo visto, la amistad entre los dos hombres era tan fuerte, que semejante amor platónico de su mejor amigo por su esposa -si no fue algo distinto para Morris, que tampoco está demasiado claro- no fue suficiente para romperla.

"La roca de la condena", es parte de su serie sobre Perseo -a partir de "La muerte del rey Acrisio", un poema de su amigo William Morris-.

"El destino cumplido", otra pintura -siguiente a la anterior en la serie- sobre Perseo.

"El molino", donde recrea tiempos antiguos -en ocasiones, basándose más en las Biblia que en Grecia o Roma, pero sin destacar personajes bíblicos, sino anónimos contemporáneos suyos; se trata de tres mujeres bailando durante una noche de verano-.

En 1877 expuso ocho obras en la Galería Grosvenor, rival de la Royal Academy, que incluía su clásico "El hechizo de Merlín", y allí consiguió ser considerado uno de los representantes del movimiento prerrafaelita, y de la nueva pintura británica en general. Sin embargo, en la década de los ochenta del XIX, Burne-Jones no celebró exposiciones, pues hacía tiempo que recibía duras críticas y ataques de la prensa, y no deseaba ni entrevistas, ni ser "hombre público", aunque eso no significa que no pintase nada. Además, en esa época había tenido una relación amorosa con una modelo griega, María Zambaco, que hasta intentó suicidarse en público, escándalo del cual la prensa lo hizo único responsable.
Burne-Jones representó en sus cuadros tanto temas mitológicos greco-romanos -aquí se ve la influencia del arte italiano, que conoció en su viaje al país mediterráneo, y seguramente, en visitas a museos y colecciones-, como leyendas más o menos históricas -normalmente de origen medieval-. Un ejemplo de lo primero, sería su serie de obras basados en la historia del héroe griego Perseo, o "El espejo de Venus". En cambio,  "El rey Cophetua y la hija del mendigo" (1884) está basado en un texto del poeta Alfred Tennyson, con el que triunfó en la Exposición Universal de París en 1889.


Influencia, e incursiones en otras ramas artísticas.

Como después los modernistas, o los artistas del art nouveau, Burne-Jones no se dedico solamente a la pintura. Se interesó por la artesanía artística, diseñando azulejos de cerámica, joyería, tapices, alfombras... además, ilustró libros -sobretodo, editados por su amigo Morris-, y diseñó vestimentas teatrales
Pero fue el arte de la vidriera, que estaba disfrutando en el siglo XIX un auténtico renacimiento, y que significó gran número de nuevos vitrales en catedrales e iglesias -además de casas particulares, centros educacionales, ayuntamientos...-, no sólo lo que más le llamó la atención, sino también donde más destacó. En realidad, a la hora de hablar del arte vitral británico del XIX, Burne-Jones debería estar entre sus más destacados maestros. En muchas de ellas, le ayudó, como no, su amigo William Morris.
En 1890 fue elegido miembro de la Royal Academy, y cuatro años después fue nombrado caballero. La muerte de su amigo Morris, en 1896, resultó tan duro para su salud, que falleció apenas dos años después. Tras su muerte, y por primera vez tras lamuerte de un artista, se celebró un servicio en su memoria en la Abadía de Westminster.
Aunque su arte acabó siendo olvidado tras las vanguardias, y sobretodo, después de que el llamado arte moderno acabara por barrer el recuerdo del llamado arte clásico o academicista -curioso, que hasta los que intentaron cambiar el arte pictórico, rompiendo en parte con el academicismo, al final acabaran siendo incluidos en el mismo saco que éste-. Solo bien entrado el siglo XX, empezó a ser redescubierto y revalorizado, y en los últimos años, las redes sociales, y la popularización de libros de arte, y el aumento de exposiciones artísticas a nivel internacional, han dado a conocer tanto a él, como a sus compañeros, a un número cada vez mayor de interesados por el arte en general, que empiezan a estar cansados y aburridos de la actual corriente mayoritaria: el arte abstracto o moderno, más un negocio que cualquier otra cosa.

"La seducción de Merlín". El mago, conquistado por la bella Nimue -o Vivien-, una hechicera a quien el mago enseñó parte de lo que sabía, y que aprovechó sus conocimientos para atraparlo con la ayuda de arbustos de espino, y trasladarlo prisionero a una torre. Se basó en un poema de Tennyson, que descubrió en su juventud -quizá gracias a Morris-, pues Burne-Jones era un enamorado de la mitología artúrica.

"Las escaleras doradas" (1880), una de sus obras clásicas, donde el protagonismo se lo llevan las escaleras tanto como las jóvenes que bajan por ellas.

Pero antes del olvido, fue toda una figura Influyó tanto en los simbolistas, que en ocasiones, más que como miembro de la segunda generación prerrafaelita, se le ve como auténtico simbolista. Muy probablemente, teniendo en cuenta que el segundo movimiento debía mucho al primero, más bien se le podría considerar tanto una cosa, como la otra. También la literatura, recibió influjo de su arte: primero, el poeta Algernon Charles Swinburne, amigo de Dante. G. Rossetti, y prototipo de poeta prerrafaelita; después, entre otros, del mismo Tolkien, el creador de la Tierra Media.
También hubo un grupo de artistas, conocidos como "El grupo de Birmingham", que recibió su influjo, y que consiguieron cierto nombre en la década de los noventa del XIX, cuando la vida de Burne-Jones ya estaba llegando a su fin. También su ayudante de estudio, Charles Fairfax Murray, tuvo su propia carrera de pintor, además de dedicarse al coleccionismo y venta de arte. Entre 1903 y 1907 vendió muchas obras de su maestro, y otros prerrafaelitas, al Museo y Galeria de Arte de Birmingham, la ciudad natal del pintor, a bajo precio. Y aquello, con el tiempo, resultó un regalo para el museo, pues tiene la mayor colección de obras de Burne-Jones del mundo, además de otras obras de sus contemporáneos.

"El rey Cophetua y la muchacha mendiga", conocida como Penélope -según una traducción al español-. Cophetua era un legendario rey africano que sentía especial atracción por las mujeres, que sería personaje literario y en el arte.


"El último sueño de Arturo en Avalon", es una de sus mejores obras, y probablemente, la más espectacular, por su tamaño y número de personajes. Burne-Jones siempe sintió fascinación por la figura, más mítica que histórica, de Arturo, y deseaba realizar una gran obra con él de protagonista, aunque fuera en el momento de su muerte, rodeado de Morgana, y de otras mujeres, no se sabe bien si mortales comunes, magas o hadas, en la misteriosa y legendaria isla de Avalon, donde reposaban los nobles y valientes, mezcla de mitología céltica, simbología cristiana y espíritu caballeresco, aunque Arturo, caso de existir, fue históricamente muy anterior, de tiempos de las invasiones germánicas -anglos, sajones- que siguieron a la marcha de las legiones romanas. Tardó diecisiete años en reaizarla -la pintura le obsesionó tanto como le fascinó-, y lo que en principio sólo fue el encargo del conde de Carlisle, acabó siendo una de sus obras más personales y espectaculares.

"Santa Cecilia" (1900), en el Museo de Arte de la Universidad de Princeton. También fue un auténtico maestro en el arte vidriero.