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lunes, 1 de febrero de 2016

Los continuadores de Marjane Satrapi en la cultura iraní moderna: más cómic, y cine de vampiros en un western actual.

Más allá de la república teocrática: el cómic como denuncia, y el cine como evasión y fusión cultural.


Hace muy poco que escribí una entrada -que al quedárseme un poco corta, quizá reescriba, ya se verá- sobre Marjane Satrapi, que es la autora de cómic iraní -y del mundo musulmán, realmente-, más conocida del mundo, pero también una testigo de lo que ha sido, y sigue siendo, tanto la sociedad iraní desde tiempos de la Revolución Islámica, como de una familia iraní de clase media -la suya-, y de un miembro en particular de ésta -ella misma-.
Sin embargo, ni ella es la única representante del cómic irani, ni el único ejemplo de, al mismo tiempo, vitalidad cultural, deseo de llegar con su obra a cuanta más gente mejor -dentro y, sobretodo, fuera de su país- y denuncia, todo al mismo tiempo. Dejando aparte la literatura -algo se podría decir sobre ello, sí-, y lo que se llamaría "cine serio" -sea lo que sea, que eso pueda significar-, aparte de la denuncia política y social propiamente dicha -Shirin Ebadi, por ejemplo-, aún se pueden nombrar a otros autores, tanto de historieta, como de cine, en teoría, de pura evasión, pero que, por su modernidad y la forma en que rompe esquemas, también tremendamente subversivo. Al menos, para el decrépito y anacrónico -por muy revolucionario que diga ser- régimen de los ayatolás. 


Dos obras de cómic que explican, mejor que la limitada información de los medios, lo que pasa en la República Islámica.

"El paraíso de Zarah" hace referencia al cementerio más importante de Teherán. Y no es un título casual, pues la obra de Amir y Khalil, los dos seudónimos bajo los que se ocultan los jóvenes autores de esta historia, hace referenciai a las manifestaciones masivas, sobretodo de gente joven, muy joven, que siguieron a la más que sospechosa victoria aplastante del radical Mahmud Ahmadineyad, que fueron aplastadas de forma brutal por la policía, y los basij -milicia paramilitar del gobierno, que lo mismo puede apoyar al ejército, como a la policía, a la hora de vigilar y reprimir todo tipo de oposición, aparte de otro tipo de trabajos, y que tienen cierta influencia política y económica, aparte de que tal o cual líder religioso o político pugna por ganárselos, o a veces, reducir su fuerza-. Aquella represión, que se fue acrecentando a medida que las manifestaciones proseguían durante semanas, y más y más gente se unían a ellas, fue brutal, pero también, como casi siempre, oscura, con docenas de muertos -o más, porque sólo se contabilizaban los de las calles-, detenidos y desaparecidos. Todavía hay presos políticos por aquellos hechos, y otros detenidos y encarcelados a posteriori -tuvieran que ver con aquello o no-, aparte de auténticos desaparecidos de los que, realmente, poco o nada se sabe. Y eso incluye a sus familias, que ya no saben donde buscar, ni a quien acudir.
En ese estado laberíntico y kafkiano se mueve el protagonista, buscando a su hermano desaparecido, como tantos iraníes hicieron, y siguen haciendo, en la realidad. Aunque los protagonistas son imaginarios, la historia es triste y repetitivamente verdadera, y parte importante del material para el guión proviene de fotografías, testimonios y relatos que los autores pudieron encontrar en las distintas redes sociales -Irán, desde hace un tiempo, ha tenido un auténtico boom de blogs, desde los más íntimos, a los más rebeldes, que ayudan más que cien libros a conocer lo que piensa la gente, sobretodo los jóvenes urbanos, en todo el país-. En realidad, antes de ser publicada en forma de libro, o de novela gráfica, como se dice ahora, pudo ser leído precisamente en forma de blog, como si el protagonista publicara imágenes, como si fueran entradas basadas en su propia vida y experiencias.

Dos viñetas de "El paraíso de Zarah", donde se reproducen, por un lado, el hartazgo ciudadano, y por otro, la naturaleza laberíntica, burocrática, kafkiana, del estado iraní.

Los dos jóvenes autores -tal vez tengan treinta y poco, unos diez años menos que Satrapi-, viven exiliados en Estados Unidos, y siempre dan entrevistas por videoconferencia o, en general, por redes sociales, ocultando rostro, nombre y biografía. Reconocen, explican, que el régimen islámico es opresor, e incluso agobiante, pero más débil de lo que parece, y que antes o después, acabará cambiando. Aunque sólo fuera porque no queda más remedio, porque una parte grande, y creciente, de la población, no está dispuesta a soportar el inmovilismo, la represión y el oscurantismo de una población más moderna y abierta de mente de lo que se cree en Occidente, y de lo que están dispuestos a admitir su clase gobernante.

"Una metamorfosis iraní", de Mana Meyestani -como dibujante y guionista", va un poco más allá. Cuando habla de "metamorfosis", parece hacer referencia a la novela corta de Kafka, y así es. Meyestani era un dibujante satírico -dentro de la sátira que se le permitía hacer; en Irán, las publicaciones consideradas "incómodas" son cerradas, y posteriormente "resucitadas" -si es posible- por quienes las llevaban adelante de forma periódica-, que un día, se le ocurrió dibujar una cucaracha, o al menos algo que se le parecía -un insecto de enorme tamaño y capaz de hablar, para entendernos- que decía una palabra muy habitual entre los azeríes o azerbaiyanos, un pueblo de etnia y lengua turcas, muy numeroso en Irán -son casi una cuarta parte, y bastante influyentes; el gran ayatolá Ali Jamenei es azerí- y que, si bien no es especialmente discriminado -al menos, comparados con los kurdos, árabes o beluchis, por ejemplo- tampoco es que estuvieran, en ese momento, ni con la discriminación de su lengua frente al farsi -el persa-, ni con su situación social y económica -tampoco es que el resto de iraníes, debido a las sanciones y la situación interna estuvieran mucho mejor que ellos- lo que se dice muy conformes con el gobierno y el estado. Fantaba, entonces, la chispa que encendiera la mecha, y aquella viñeta, que el autor no recuerda ni por qué dibujó, hizo que los azeríes salieran a protestar a miles, y que lo que empezó como una queja hacia un dibujante, acabó como un problema de orden público. Además, aquello parecía tener un cáriz cada vez mát étnico, y en Irán, el reconocimiento de la diversidad étnica, o existencia de minorías es un tabú nacional.
Así pues, decidieron buscar un chivo expiatorio, y ese fue Meyestani, y en menor medida, el director de la publicación para la que trabajaba. El dibujante acaba, primero señalado, luego despedido, y más tarde juzgado -aunque no queda claro nunca, exactamente, el por qué-, encarcelado y, finalmente, en el exilio. Él acabó, finalmente, recalando en Francia, después de dar media vuelta al mundo, y contando su historia como mejor sabía: por medio de la historieta. Pero no sólo es su historia, sino también la de la situación actual de su país, y en particular, de sus cárceles, la censura, y el sistema judicial.

El autor, escribiendo una historia que crecía al igual que la suya, porque eran la misma.


"Una chica vuelve a casa sola de noche". Un western contemporáneo, en una ciudad imaginaria, con vampiros iraníes. ¿Queréis más originalidad?

Esta sí que es una obra original, o al menos, muy particular. Se trata de un largometraje, basado en un corto del mismo título, y que cuenta con un cómic paralelo realizado por la directora y guionista de la película, con el dibujo de Michael Deweese, protagonizada -realizada en su conjunto, realmente- por lo que podría llamarse "el Irán exterior": exiliados o emigrados económicos, o hijos suyos, criados o nacidos en Estados Unidos o, en el caso de la "madre" de todo el invento, en Gran Bretaña. Rodada en California, pero en farsi; con protagonistas de origen iraní, supuestamente ambienado en una decadente y siniestra ciudad de ese país, pero con nombre inglés, Bad City, y donde la cultura persa y la anglosajona -y occidental en general- se entremezclan sin, en ningún momento, negarse o imponerse. Dicho de otro modo: para ser modernos, no hace falta que los iraníes renieguen de su cultura a favor de la occidental, pero estar orgullosos de ella, no significa cerrarse a todo lo que pueda aportarles Occidente, o cualquier otra civilización.
Ana Lily Amirpour. Ese es el nombre de la productora, directora, guionista y autora del cómic, además de la persona que seleccionó tanto a los actores -el casting, vamos- y las canciones de la banda sonora, que aquí es casi un personaje más de la historia. Británica de nacimiento, irani de origen y norteamericana de adopción, además de perfectamente bilingüe, admiradora del cine negro, el de artes marciales, y David Lynch. y un ejemplo de lo que puede considerarse fusión cultural personificada en un solo individuo. Cine alternativo, pero al mismo tiempo atractivo, con clara influencia -lo he leído en más de una web de cine, pero tras ver las partes que he podido de la película, pude ver que era cierto por mí mismo- de Jim Jarmusch. En particular, su "Dead man", otro western heterodoxo en blanco y negro.


El cartel en español de la película, y un póster de presentación en inglés.

En blanco y negro, filmada originalmente en farsi, contando la historia de una vampira con chador, que se mueve como un fantasma -lo que la mujer debería ser, según piensan en Irán los "guardianes de la virtud"- por una ciudad moribunda, poblada por prostitutas, proxenetas, delincuentes, drogadictos y pobres diablos que nadie sabe bien por qué no se han marchado ya, acaba siendo, al tiempo, fantasía, horror y amor, una vez que la joven bebedora de sangra acabe dudando de sí misma cuando encuentra, después de una eternidad, alguien que, aún sabiendo lo que es,  y contra toda lógica, la ama.

A Girl Walks Home Alone at Night 4
Sheila Vand, que da vida a la "no muerta", que busca sangre en la imaginaria ciudad de Bad City.

La autora también realizó el guión de un cómic, con dibujo de Michael Deweese,  como acompañamiento de la película en DVD. En blanco y negro, como ésta, aquí el personaje resulta más amoral y siniestro. Más vampírico, si es que los vampiros tienen una determinada personalidad, y no la que cada cual quiera darle.

Verla en Europa se hizo difícil. En España, todavía más, aunque ahora mismo, resulta fácil comprarla en DVD o semejantes. O verla en internet. De todas formas, es, ante todo, una obra tan curiosa y original como entretenida, pues si bien es una película tan alternativa que no acaba de sonar exactamente a nada -y al tiempo, a tantas cosas-, al tiempo, es lo suficientemente inteligible que resulta -si el espectador está dispuesto a acompañar a sus protagonistas en tan extraño viaje- relativamente sencilla de comprender. Y desde luego, de apreciar.
Y aquí abajo, finalmente, un trailer subtitulado al español, en farsi en original:

sábado, 7 de noviembre de 2015

La vuelta al mundo de Nellie Bly, y otras historias que contar: de empresaria social, y arruinada, a la vuelta al periodismo (y IV).

Los últimos años de la célebre periodista, cuyo recuerdo sigue vivo en Norteamérica, y más allá.


Empresaria social ejemplar... y arruinada y viuda.

Aquí viene la última entrega sobre la vida y las aventuras de Nellie Bly, que vendría a ser todo lo que le aconteció una vez que volvió a Nueva York, como una auténtica heroína, de su vuelta al mundo, pulverizando la realizada por Phileas Fogg, el personaje inventado por Verne -que por cierto, nada ha quedado para la posteridad, sobre lo que pensó o dijo el escritor francés, al saber de la hazaña de Bly, y que además, no fue la única mujer en realizarlo, pues también Bisland logró batir la marca de Fogg, y apenas por unas pocas horas más que Bly-.
Sin embargo, al poco, y después de entrevistas y homenajes, hizo algo que mucha gente no esperaba, y fue casarse. Pero además, se casó con un hombre mucho mayor que ella, pues le llevaba nada menos que cuarenta y dos años -el día de la boda, en 1895, ella tenía treinta y un años, y él, setenta y tres-. No se sabe realmente el por qué de la boda, pero parece que Bly no tardó demasiado en decidir casarse con él. Básicamente, porque a su futuro marido, Robert Seaman, ejemplo típico de empresario norteamericano "hecho a sí mismo" - un"self made man"-, antiguo periodista que, tras retirarse de su oficio, se convirtió en el presidente de la Iron Clad Manufacturing Co., empresa que fabricaba contenedores de acero, así como recipientes para leche y calderas -industriales, para barcos, locomotoras...-.
 (En la foto, Bly aproximadamente en 1900, cuando estaba todavía casada).

En 1904, a los nueve años de la boda, y contando Seaman ya con ochenta y dos años -no se puede negar que el hombre llegó a viejo, pero también resultaba evidente que Bly no podía esperar que su matrimonio durara décadas, a no ser que su esposo batiera récords de longevidad-, este falleció. Bly, que se casó en parte porque en la sociedad de la época, hasta la más aventurera de las mujeres parece que debía -por fuerza- casarse, y que, sin duda, sentía algo por su marido -admiración, afinidad, pasado periodístico común...-, después de llorarlo y enterrarlo, tuvo que hacerse a la idea de que ahora la Iron Clad estaba en sus manos. Aunque fuera por herencia -no tuvieron hijos; tampoco tan raro, ciertamente-, pero también por ser ella mujer culta y deshinibida a la hora de enfrentarse a nuevos retos, ella decidió ser la cabeza visible de la empresa de su marido. Aún así, decidió que los asuntos financieros fueran llevados por "gente de confianza", que finalmente, parece que no merecían tanta. Bly, que tanta explotación laboral había visto en su juventud, decidió subir los sueldos de sus empleados, preocuparse de que tuvieran seguro médico, descansos, y hasta el gimnasio y biblioteca para los obreros. Pero no tenía conocimientos de contabilidad o finanzas, y bien fuera por el aumento de los gastos, por desconocimiento del funcionamiento interno de una empresa, o porque la gente que llevaba sus negocios tal vez se pasaron de listos, no estaban suficientemente preparados, no le hicieran ni caso, o cualquier otra razón, la empresa, finalmente, quebró.
De nada sirvió que ella misma fuera inventora de una nueva lechera -recipiente para leche-, de un cubo de la basura apilable, y, según se cree -otros cuentan que el auténtico inventor, Henry Wehrhahn decidió cederle la patente-, el bidón de aceite estándar que todavía se usa en Estados Unidos. Así pues, decidió aprovechar su todavía considerable fama y buen nombre, y volvió al periodismo.
Su primer trabajo, precedido por una gran expectación -no dejada de ser el retorno de una leyenda- fue sobre el desfile de ocho mil sufragistas americanas en 1913 en Washington, dirigidas entre otras por Alice Paul, una de las grandes feministas de la época, y que hizo escribir a Bly el polémico "Las sufragistas son superiores a los hombres", sabiendo que aquello daría que hablar, porque lo que Paul y sus compañeras deseaban era precisamente eso, dar que hablar, acabar con el silencio de la sociedad machista.
Más adelante, Bly decidió marchar a Gran Bretaña, y de allá, a Viena, capital del Imperio Austro-húngaro, para visitar a un amigo, y de paso, al decadente pero fascinante estado multinacional de los Habsburgo. Allá le pilló la I Guerra Mundial, la llamada Gran Guerra -hasta que comenzó la segunda, claro está, que fue todavía mayor, en todo lo malo imaginable, a la primera-, y desde allí decidió enviar crónicas de los frentes de guerra a su periódico de Estados Unidos, el New York Evening Journal. En principio, Nellie no fue molestada, pues su país era nación neutral, y una parte importante de la población norteamericana no sólo era favorable a la no-intervención, sino que, incluso -y aunque hoy en día ya no se recuerde- era pro-alemana, y las razones eran varias: millones de norteamericanos eran de origen total o parcialmente alemán en sentido amplio -de Alemania, Austria, los alemanes dispersos por la Europa Oriental, suizo-alemanes, luxemburgueses, judíos germano-parlantes...-; los irlandeses odiaban a Gran Bretaña, por los siglos de ocupación, hambruna y explotación que habían sufrido; los judíos odiaban a Rusia, por sucesivos pogromos y discriminaciones antisemitas; los polacos, lituanos y ucranianos recordaban el centralismo nacionalista ruso, y los rusos étnicos, o bien eran de familias de clase media liberales, o campesinos y obreros que habían llegado allá con la ayuda económica de toda la familia, y todos odiaban el régimen político-social de los zares; incluso, los anglosajones, a pesar de su origen británico, recordaban que era de esa misma Gran Bretaña, monárquica y tradicionalista, de la que se habían independizado a tiro limpio sus antepasados. Pero cuando Estados Unidos decidió entrar en guerra en 1917, su trabajo se hizo cada vez más difícil, aunque continuó. Allá también era conocida y respetada, y no la acababan de ver como una amenaza. Al fin y al cabo, los norteamericanos luchaban en el frente occidental, no en el oriental, donde austriacos y húngaros se la veían con el Imperio Ruso, al menos, hasta la revolución.

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Alice Paul, una de las feministas -sufragistas, se les llamaba entonces, por defender el sufragio universal, tanto para hombres como para mujeres- que organizó la gran marcha de ocho mil mujeres en Washington, en 1913.

Un cartel anunciando la marcha sufragista de 1913.

Una de las últimas fotos de Bly, que aparenta más de los cincuenta y pocos años que tendría realmente.

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La modesta tumba de Bly, en el cementerio de Woodlawn, en el Bronx, NY.

Vuelta a su país, siguió mientras pudo en el mundo del periodismo, tuvo tiempo de comprobar los errores del Tratado de Versalles -simiente y abono para una nueva guerra mundial-, y a las mujeres de su patria con derecho al voto (en 1920), hasta que le llegó la muerte en 1922, a los cincuenta y siete años, debido a una fuerte neumonía. Fue enterrada, y ahí sigue, en una modesta tumba del cementerio de Woodlawn, en el Bronx. El mismo cementerio donde sería también enterrada, y debido al mismo mal, su rival -nunca enemiga, como en ocasiones se insinuó- Elizabeth Bisland.


Influencias posteriores en la cultura popular y el recuerdo colectivo.

Las aventuras -reales o no- de Nellie Bly dan para mucho, razón por la cual, aunque de forma un tanto tardía, se realizara un telefilm, en 1979 -si bien no se pudo ver por primera vez en antena hasta 1981- con Linda Purl como protagonista. No es que sea una película extraordinaria -por lo poco que se cuenta de ella en internet- pero tampoco estaba nada mal para conocer la historia de la joven que dio la vuelta al mundo, entre otras cosas. Hoy en día, incluso en Norteamérica, resulta casi inencontrable, pero nunca se sabe, qué se puede encontrar en la red.

La carátula de "Las aventuras de Nellie Bly", telefilm estrenado en 1981.

En este 2015, se ha realizado, y es de suponer que será estrenada en breve -a no ser que ya se haya hecho, y no me haya enterado, que también es posible- "Diez días en un manicomio", sobre la experiencia de Bly en el asilo -más bien cárcel- de enfermos mentales que, prácticamente, acaba por volverla loca a ella, que estaba cuerda. La protagonista es Caroline Barry, y el director Timothy Hines. Respecto al resultado final de la película, parece ser -o al menos lo intenta- lo más fiel posible tanto a la obra de Bly -y libros posteriores que se han escrito sobre ello- como a la época en sí misma.


10 Days in a Madhouse 2015

10 Days in a Madhouse 2015

Uno de los carteles oficiales, un par de imágenes, y el trailer oficial de "Diez días en un manicomio" (2015), la primera película -para cine, no televisión- basada en parte de la vida de Bly.

También existen todo tipo de libros sobre su persona. Algunos son biográficos que incluyen toda su vida, otros, como "Ochenta días", de Matthew Goodman, muy reciente, se refieren sólamente a la vuelta al mundo, que realizó compitiendo con E. Bisland -realmente, ambas tienen más o menos el mismo protagonismo, ayudando a conocer más a la segunda que a la primera, cuya figura sigue siendo recordada en la actualidad-.


La portada de "Ochenta días", sobre Bly, Bisland, y su extraordinaria aventura, que se vivió en medio mundo con una intensidad que hoy en día resulta difícil de imaginar.


New Nellie Bly From Carol McCleary!
Pero también hay libros, como la serie escrita por Carol McCleary, donde Bly protagoniza novelas de ficción. En "No es trabajo para una dama", anda en busca del tesoro de Moctezuma, durante su estancia en el México de Porfirio Díaz.

     

 
Dos portadas de ediciones de los libros de la misma Bly: "Diez días en un manicomio", y "Seis meses en México".

        72days by NB     Cover of: Nellie Bly, reporter by Nina Brown Baker
Otro de sus libros "Alrededor del mundo en 72 días", y una biografía juvenil, que en ocasiones era lectura obligatoria en colegios de todo el país.

El único cómic del que tengo noticia -cuyo autor no conozco- no es que le haga mucha justicia, aunque no sería extraño que, en breve plazo -y más, si la película que se ha realizado sobre ella tiene cierto éxito- pueda salir al mercado otro mejor.

El único cómic que se conoce sobre Bly, ya tiene unos años...

...pero autores actuales podrían realizar uno mejor, como Bagge hizo sobre la vida de Margaret Sanger, que fue casi contemporánea suya -realmente, vivieron la misma época, sólo que Sanger llegó a anciana, aparte de que nació un poco después-.

Adèle Blanc Sec, de Tardi, salvando las distancias, y aún no siendo periodista, sino escritora de folletines, está en parte basada en la persona de Bly.

Por último -aunque se podría hablar bastante más sobre ella, y su influencia hasta nuestros días-, también existe al menos una obra de teatro basada en la vida de Bly : "Las aventuras de Nellie Bly", dirigida por Abigail Anderson, y escrita e interpretada por Maya Levy, si bien, en este caso, no se trata de un trabajo realizado en Norteamérica, sino en Gran Bretaña, y cuenta, incluso, con un trailer.

El trailer oficial de la obra de Levy y Anderson.

sábado, 25 de julio de 2015

Tura Satana como ídolo y símbolo Pop. Anexo a la entrada principal sobre la bailarina y actriz de serie B.

No se trata de una continuación, ni de un anexo, sino de un simple divertimento, a partir de una entrada anterior.


Bueno, por razones varias, no he tenido tiempo -ni muchas ganas, la verdad- de escribir nada nuevo en el blog, así que intentaré volver con una entrada más bien corta, de las de escribir poco, e investigar sólo un poco más que eso.
Hace ya no se cuanto tiempo, quizá un par de años, hice una entrada dedicada a la actirz de serie B, y personaje realmente carismático de la cultura popular norteamericana, Tura Satana. Hice lo que pude para resumir su vida, y hablar sobre las pocas películas -porque fueron realmente pocas, menos de lo que podría pensarse para el que empieza a conocer al personaje- en las que participó. Y digo que es lógico pensar que participó en muchas más, debido a la huella que dejó, a pesar de haber sido conocida, básicamente, entre los 60 y 70. Cuando busqué fotos sobre ella o algunos de sus trabajos, me encontré también con una enorme cantidad de carteles, ilustraciones, portadas de discos -cuando todavía el vinilo estaba vivo; bueno, más bien, cuando la venta de música grabada, aunque fuera en forma de CD, estaba viva y con relativa buena salud-, y todo tipo de homenajes, aparte de la influencia, de alguno de sus personajes, y de la persona en sí misma -al menos, de su físico, porque de su carácter, realmente, tampoco se sabe tanto, ni se tiene demasiado en cuenta, como si ambas cosas, personaje y persona, se fusionaran en una sola cosa-.
Así pues, aunque sea sólo como un juego, me puse a buscar en la red, y sin querer sobrecargar la entrada con cuarenta mil foto, aquí pongo unos ejemplos de Satana como personaje pop total. En no pocos casos, sin que ella misma lo supiera, e incluso posterior a su muerte, y por gente demasiado joven como para haberla visto en pantalla en sus buenos tiempos.


*Existe una banda de metal de Los Ángeles, llamada "Tura Satana" que, evidentemente, eligió ese nombre como homenaje de la actriz. Y, al menos durante un tiempo, la vocalista tenía un look claramente influenciado por ella.


En la portada se ve bastante claro que el nombre no es lo único en que Satana les influyó.


*Tura Luna Pascual Yamaguchi, su nombre real, que abandonó por el de Tura Satana, desde que comenzó en el mundo artístico como bailarina exótica -más de una página dedicada al burlesque, en sentido amplio, la incluye también a ella, aunque fuera por su fama cinematográfica más que en los escenarios, pero por lo que aún se cuenta, se hizo un nombre como bailarina oriental de origen poco claro, igual japonesa como filipina -sus dos orígenes asiáticos- o indochina.


Y aquí, un par de fotos, en los años a finales de los 50 -si nació en 1938, es fácil imaginar que era jovencísima-. Hay una leyenda urbana -o no tan leyenda, quizá- que en aquella época tuvo un lío, o un affaire -que se decía antes, y quedaba más serio- con el mismísimo Elvis Presley. Quizá sólo una fantasía más alrededor del rey del rock, pero nadie, hoy en día podría ni afirmarlo ni negarlo con rotundidad.


*El francés Fred Beltran, artista que se ha especializado, entre otras cosas, a carteles de películas alternativos, o más bien, imaginarios, pues los realizó años, incluso décadas después de sus estrenos, no pudo olvidarse de ella, ni de su película más famosa -y que, inexplicablemente, no fue la primera de una larga lista protagonizada, o con papeles secundarios importantes, por Satana-.



*Otro autor, Mike Hoffman, llegó a hacer toda una serie, que salió en forma no sólo de póster, sino también de cartas de colección, que hoy en día se venden en internet por bastante dinero -seguro que más de uno que las compró nunca lo habría esperado-.

  
Las dos cartas más conocidas, aunque hay al menos nueve.


Era tanto el interés de Hoffmann por Satana, que acabó creando un personaje de cómic, totalmente original, "Madame Tarantula", ambientado en un salvaje Oeste futurista, basado en el físico, el supuesto carácter, y la fama de la actriz.

*Y unas cuantas imágenes más, encontradas aquí y allá:

Una revista de cultura alternativa, dedicándole un especial a sus películas.

Un cartel francés de "Faster, Pussycat. Kill! Kill!", donde, sin embargo, no es ella la protagonista.

Otro póster alternativo -y muy posterior a la película-, de Mitch O'Conell, para la exposición dedicada a la actriz "Tura, Tura, Tura!"  -inspirado en la película bélica norteamericano-japonesa "Tora-Tora-Tora"; al fin y al cabo, ella era una norteamericana en parte de origen japonés, así que el título le iba que ni pintado- de 2009, en Chicago.

Y aquí, el cartel de la exposición.


La verdad es que no he podido encontrar el nombre del autor de la ilustración, donde Dean Martin se topa, nada menos, que con Tura Satana y la legendaria Bettie Page. Pero claro, estamos hablando de uno de los miembros de la "Rattpack", junto a Frank Sinatra y compañía. Quemar la noche en compañía de damas insuperables.


Tampoco sé de quien es este dibujo, pero me gustó mucho, así que ya es suficiente.

 "Tura Satana in the violent planet", de Astromonster Zero One. O sea, la reina de las megavixen protagonizando una película de monstruos japonesa, en primer plano de un póster donde podría hacer de las suyas el mismísimo Gotzila. En la cultura popular global, imposible que faltara la versión nipona. (Y sobre quién es el Astromonster en cuestión, pues ni idea, y eso que he buscado, aunque no tengo claro que sea japonés, o un norteamericano "japonizado").

Y aquí, por último, un dibujo muy mono, y atractivo, de Satana y amigas en su peli más famosa, por la ilustradora Stephanie Buscema, y para quien le interese su blog, dejo un aquí.



martes, 31 de diciembre de 2013

El cuento original de "La vida secreta de Walter Mitty".

El pequeño relato en que se basaron las dos adaptaciones cinematográficas: la de Danny Kaye (1947), y la de Ben Stiller (2013).


Esta reseña la creo un poco por casualidad. Hace poco se anunció una nueva versión de "La vida secreta de Walter Mitty", basada en un cuento corto popular norteamericano -de 1939, pero que todavía mucha gente conoce, y que han leído en algún momento-. Hace años, muchos, pude ver la primera versión cinematográfica, la de Danny Kaye, de 1947 -ha llovido mucho, desde aquella época; también, aunque no tanto, desde que era relativamente fácil ver por televisión películas clásicas, y que ahora, muchas veces de forma bastante gratuita, son consideradas, simplemente, como antiguallas-. Siendo como era niño, una película musical -en inglés, idioma que no conocía en absoluto, aunque ahora, aunque lo escriba y lea relativamente bien, sigo sin apenas saber hablar o poder comprender oralmente- podía resultarme, quizá, un poco pesada, pero Kaye, que quizá no era un actor extraordinario, pero sí estaba hecho para la comedia, era buen bailarín y cantante -en realidad, un auténtico showman, fue uno de los primero "conductores" de un programa de televisión propio, "La hora de Danny Kaye", que tantos imitadores o reinventonres tendría con el paso de los años-, y era capaz de llevar por sí mismo el protagonismo de historias que, de otra forma, y en manos de otros actores, podrían resultar, incluso para la época, demasiado poco creíbles, o, por decirlo de otra forma, no tendrían por donde aguantarse. Algo parecido podría decirse de Ben Stiller -conocido en Europa, pero de enorme fama en su país-, aunque no puedo decir mucho de la nueva versión, que todavía no he visto -aunque quizá aproveche estas navidades para hacerlo; la cosa está mal, pero no creo que me arruine por ir al cine un par de veces, y más, cuando no acostumbro a hacerlo en días festivos, que es más caro-. No me extenderé, sin embargo, en las películas, sino en el relato que sirvió de base para ellas.

El cartel de la primera versión, de 1947, de Danny Kaye.

El cuento original, del mismo título, fue obra del escritor, periodista y caricaturista James Thurber, al que podría considerarse como un "artista popular"; en el sentido de que no escribió o realizó ninguna obra de arte tal como la considerarían los críticos y expertos -sea lo que sea, lo que se pueda entender como "expertos"-, pero sus pequeños relatos, publicados casi todos en la revista "The New Yorker" -este, en 1939-. Más adelante, estos relatos se recogerían en diversas antologías -las más recientes, serían conocidas simplemente como "James Thurber: escritos y dibujos", que serían las ediciones que le harían conocido a posteriores generaciones, transformándolo en parte de la cultura popular anglosajona-, y no se ha dejado de vender, aunque sean en tiradas más modestas, hasta hoy en día. 
El cuento original apenas serían, en un libro de formato más o menos mediano, dos o tres páginas, o poco más, si se añadía alguna de sus ilustraciones. El personaje, además, no es exactamente el que vemos en las dos películas: es un hombre casado -no un solterón en busca de un amor supuestamente imposible-, que acompaña a su esposa a sus compras semanales en la ciudad, y deja volar su imaginación para olvidarse un poco de ella, de sus obligaciones, y de su aburrida vida. Nuestro hombre lo mismo se ve pilotando un hidroavión en medio de una tormenta, como yendo a una misión casi suicida de bombardeo a un polvorín enemigo, pero en la vida real, no deja de ser un anodino e inofensivo Don Nadie. El nombre del protagonista, incluso, llegó a formar parte del habla popular. Un "Walter Mitty", para muchos norteamericanos -aunque algunos no conozcan el cuento más que de oídas, o ni eso- es, no un personaje fantasioso por sí, sino alguien que parece vivir en las nubes, en la luna, y que, aparentemente, no sabe ni donde está, ni lo que tiene que hacer, porque tiene una enorme facilidad para abstraerse de la realidad, que poco o nada le interesa. Gente, tal vez, poco dada a la acción, porque ésta la encuentra, la crea, en su propia cabeza, sin necesidad de buscarla en la realidad. Gente, por tanto, cómodamente soñadora, un tanto abúlica, pero inofensiva.

Un cartel publicitario de la nueva versión, de este año, poco antes de su estreno.

Así pues, como tenía interés por leer el cuento, y al no haberlo encontrado en castellano -aunque imagino que existe, aunque no lo encontré, tal vez más por falta de interés que tiempo-, decidí traducir el original en inglés. El problema, como en "El sueño de Sultana", que fue lo primero que "publiqué" en el blog, es que mi inglés es modesto -tan modesto, que en no pocas ocasiones, ni se deja ver-, así que me hice ayudar por el traductor del Chrome, por un diccionario y un libro de gramática, y una pequeña ayuda -humana- externa. Y por mi propio inglés, claro, que tampoco es tan malo. Una parte del trabajo de "corrección" -largo y arduo, aunque no lo parezca- es el lío que se hace cualquier máquina con las formas verbales, artículos determinados, género y número de las palabras, o por los diversos pronombres. Pero ahí está. No es la mejor traducción -penoso sería, encontrarme ahora en la red con una mejor, aunque traducirla, aunque sea artificialmente, sea más divertido-, pero al menos se entiende.
Bueno, pues aquí está la historia. Modesta, pero con dos películas a sus espaldas:

La vida secreta de Walter Mitty.

"Estamos pasando". La voz del comandante era como romper el fino hielo. Llevaba su uniforme de gala, con la gorra blanca fuertemente enroscada, ladeada desenfadadamente sobre un ojo frío y gris. "No podemos hacer eso, señor. Está corriendo un gran riesgo por un huracán, si desea saber mi opinión." "No se la estoy pidiendo, teniente Berg", dijo el Comandante. "¡Encienda los indicadores luminosos! ¡Acelere hasta 8500! ¡Estamos pasando!" El golpeteo de los cilindros aumentó: ta-pocketa-pocketa-pocketa-pocketa-pocketa. El comandante se estrelló contra el cristal de la cabina del piloto, donde se estaba formando hielo. Se acercó y revisó una hilera de complicadas esferas y diales. “¡Encender auxiliar número 8!”, gritó. "¡Encended auxiliar número 8!", repitió el teniente Berg. "¡Potencia completa en la torreta número 3!", gritó el comandante. "¡Potencia completa en la torreta número 3!" La tripulación, observando desde sus puestos el enorme destrozo del “motor de ocho” del hidroavión de la marina, se miraron unos a otros sonriendo. “El “Hombre Viejo”  está con nosotros”, se dijeron unos a otros. “¡El “Viejo” no tiene miedo del infierno!”. . .
"¡No tan rápido! ¡Estás conduciendo demasiado deprisa!", dijo la señora Mitty. "¿Por qué estás conduciendo tan rápido?"
"¿Hmm?", dijo Walter Mitty. Miró a su esposa, en el asiento de al lado, asombrosamente escandalizada. Le pareció de lo más extraña, como una mujer desconocida que hubiera gritado en una multitud. "Ibas a cincuenta y cinco", dijo. "Tú sabes que no me gusta ir a más de cuarenta. Estabas yendo a cincuenta y cinco." Walter Mitty siguió conduciendo hacia Waterbury en silencio, el rugido del SN202 a través de la peor tormenta en veinte años de la  aviación de la marina de guerra desvaneciéndose en la distancia, las líneas aéreas  producto de su mente. "Estás tenso de nuevo", dijo la señora Mitty. "Uno de estos días, me gustaría que permitieras al dr. Renshaw que te hiciera una revisión médica.
Walter Mitty detuvo el coche delante del edificio donde su esposa tenía pensado arreglarse el cabello. "Acuérdate de conseguir esas botas de agua mientras me peinan el cabello", dijo. "No necesito zapatos de goma", comentó Mitty. Ella guardó su espejo en el bolso. “Ya hemos hablado sobre eso", dijo ella, saliendo del coche. "Hace tiempo que ya no eres un hombre joven." Volvió a poner en marcha el motor. "¿Por qué no te pones los guantes? ¿Has perdido tus guantes?" Walter Mitty buscó en un bolsillo y sacó los guantes. Se los puso, pero después de que ella se hubiera vuelto y entrara en el edificio, y en cuanto se paró delante de un semáforo en rojo, se los quitó de nuevo. "¡Muévase, hermano!" Espetó un policía cuando la luz cambió, y Mitty, apresuradamente, se volvió a poner los guantes los guantes mientras sentía cómo se tambaleaba hacia delante. Condujo por las calles sin rumbo durante un tiempo, para después pasar por delante del hospital en su camino al área de estacionamiento.
. . . "Es el banquero millonario, Wellington McMillan”, exclamó la bonita enfermera. "¿Sí?", dijo Walter Mitty , mientras se quitaba lentamente los guantes." ¿Quién es el responsable de su operación?" "El doctor Renshaw, y el doctor Benbow, pero se harán cargo otros dos especialistas: el doctor Remington de Nueva York, y el doctor Pritchard-Mitford de Londres. Ellos se han hecho cargo." Se abrió una puerta en un largo y fresco pasillo, y de ella salió el doctor Renshaw. Se le veía angustiado y demacrado. "Hola, Mitty", dijo. "Lo estamos pasando endemoniadamente mal con McMillan, el banquero millonario y amigo personal de Roosevelt. Obstreosis del tracto ductal. Terciario. Me gustaría que le echaras un vistazo a." "Con mucho gusto", dijo Mitty .
En el quirófano se hicieron las presentaciones entre susurros: "Doctor Remington, el doctor Mitty. Doctor Pritchard-Mitford, el doctor Mitty." "He leído su libro sobre estreptotricosis -dijo Pritchard-Mitford, estrechándole la mano-. Una obra brillante, señor.” “Gracias”, dijo Walter Mitty. "No sabía que estuviese en los Estados Unidos, Mitty", refunfuñó Remington. "Mil gracias, por enseñar a Mitford como tratar un terciario." "Es usted muy amable", dijo Mitty. Una enorme y complicada máquina, conectada a la mesa de operaciones, con muchos tubos y cables, comenzó en ese momento a sonar –pocketa-pocketa-pocketa-. "¡El nuevo aparato anestesista está poniéndose en marcha!" -gritó un ayudante- ¡Y no hay nadie en la Costa Este que sepa realmente como funciona!" "¡Tranquilo, hombre!", dijo Mitty, en voz baja y manteniendo la calma. Se acercó a  la máquina, que ahora estaba sonando pocketa-pocketa- queep-pocketa-queep. Comenzó a manipular delicadamente una hilera de brillantes botones. "¡Denme una pluma!", espetó. Alguien le entregó una pluma estilográfica. Sacó un pistón defectuoso de la máquina e insertó la estilográfica en su lugar. "Eso va a mantener en buen funcionamiento durante diez minutos" –dijo-. Adelante con la operación." Una enfermera se acercó y le susurró a Renshaw, y Mitty vio al hombre palidecer. "Me temo que es una coreopsis", dijo Renshaw nerviosamente-. ¿Quiere tomar el control, Mitty?" Mitty miró la atemorizada figura de Benbow, y los graves y confusos rostros de los dos grandes especialistas. "Si así lo quiere", dijo. Se colocó por encima de su ropa un vestido blanco, se ajustó una máscara y se  puso los delgados guantes; las enfermeras le entregaron su brillante. . .
"¡Retrocede, Mac! ¡Cuidado con el Buick detrás tuyo!" Walter Mitty pisó el freno. "Carril equivocado, Mac", dijo el encargado del aparcamiento, mirando a Mitty de cerca. "Gee-Yeh", murmuró Mitty. Comenzó a retirarse con cautela del carril marcado "Sólo Salir." "Puede dejarlo ahí", dijo el empleado. "Me encargaré de aparcarlo". Mitty se bajó del coche. "Hey, deje mejor la llave puesta". "Oh", dijo Mitty, mientras entregaba al hombre la llave de contacto. El encargado se dejó caer en el interior del coche, dio marcha atras con insolente habilidad, y lo aparcó en su plaza correspondiente.
Son tan groseramente arrogantes -pensó Walter Mitty, caminando por Main Street-. Creen que lo saben todo. Una vez intentó quitar sus cadenas para la nieve, en las afueras de New Milford, y acabó provocando una avería alrededor de los ejes. Un hombre tuvo que ir a recogerlo con un camión-grúa. Un joven empleado del taller, con una sonrisa burlona. Desde entonces, la señora Mitty siempre le hacía conducir a un garaje para que le sacaran allá las cadenas. La próxima vez, pensó, llevaré mi brazo derecho en cabestrillo; entonces si que no sonreirán delante mío. Tendré mi brazo derecho en cabestrillo y se darán cuenta de que me resultaría imposible retirar las cadenas por mí mismo. Dio una patada en el fango de la acera. "Botas de agua", se dijo, y comenzó a buscar una zapatería.
Cuando salió a la calle de nuevo, con las botas de agua en una caja bajo el brazo, Walter Mitty comenzó a preguntarse qué otra cosa que otra cosa que le había dicho su mujer que debía conseguir. Se lo había dicho en dos ocasiones, antes de salir de su casa de Waterbury. La verdad es que odiaba aquellos viajes semanales a la ciudad, en los que siempre debía salir algo mal. ¿Pañuelos de papel, pensó, Squibb’s –polvos de talco-, hojas de afeitar? No. ¿Pasta y cepillo de dientes, bicarbonato, carborundum? ¿Iniciativa y referéndum? Acabó dándose por vencido. Pero ella lo recordaría. "¿Dónde está el-cómo-se-diga?" Lo que pidiese. "No me digas que has olvidado el-cómo-se-diga." Un vendedor de periódicos pasó gritando algo sobre el juicio de Waterbury.
. . . "Tal vez esto le refresque la memoria." El Fiscal de Distrito sacó repentinamente una pesada automática que puso a la vista de la tranquila figura sentada en el estrado de los testigos. "¿Alguna vez ha visto esto antes?" Walter Mitty tomó el arma y la examinó con pericia. "Este es mi Webley-Vickers 50.80", dijo con calma. Un rumor creciente corrió alrededor de la sala de audiencias. El juez llamó al orden. "Tú eres un as con cualquier tipo de arma de fuego, ¿verdad?", dijo el fiscal del distrito, insinuante.  "¡Protesto!", gritó el abogado de Mitty. "Hemos demostrado que el acusado no podría haber hecho el disparo. Hemos demostrado también que llevaba el brazo derecho en cabestrillo en la noche del catorce de julio." Walter Mitty levantó la mano brevemente, y los abogados que discutían se calmaron. "Podría haber matado a Gregory Fitzhurst con cualquier marca conocida de armas -dijo sin alterarse- a trescientos pies y con la mano izquierda." En la sala del tribunal se desató un pandemónium. El grito de una mujer se hizo oír por encima del caos, y de repente, una hermosa joven de cabello oscuro apareció en brazos de Walter Mitty. El fiscal de distrito la golpeó salvajemente. Sin levantarse de su silla, Mitty golpeó al hombre en la punta de la barbilla. "¡Miserable canalla!". . .
"Galletas para cachorros", dijo Walter Mitty. Dejó de caminar y los edificios de Waterbury, saliendo de la sala de audiencias de niebla y lo rodeó de nuevo. Una mujer que pasaba se echó a reír." Dijo “galletas para cachorros”, comentó al hombre que la acompañaba." Ese hombre se dijo a sí mismo “galletas para cachorros." Walter Mitty  se apresuró. Entró en una tienda de animales, no la primera que encontró, sino una más pequeña situada más arriba de la calle. "Quiero unas  galletas para perros pequeños, jóvenes". El dependiente preguntó: "¿Alguna marca en especial, señor?" El mayor disparo de pistola  del mundo resonó durante un momento. "Dice 'Los cachorros ladran por él' en la caja ", dijo Walter Mitty .
Su esposa estaría de vuelta de la peluquería en quince minutos - Mitty pensó, tras mirar su reloj-, a menos que se retrasaran por el secado. A veces tenían problemas para secarle el cabello. No le gustaba llegar al hotel la primera;  quería que él estuviera allí esperando por ella, como de costumbre. Encontró una gran silla de cuero en el vestíbulo, frente a una ventana, y se puso las botas de agua y la caja de galletas para cachorros en el suelo, junto a él. Cogió un viejo ejemplar de “Liberty” y se dejó caer en la silla. "¿Puede Alemania conquistar al mundo desde el aire?" Walter Mitty miraba las fotos de bombarderos, y de calles en ruinas.
. . . "Los proyectiles de artillería alcanzaron al joven Raleigh, señor", dijo el sargento. El capitán Mitty lo miró a través de su pelo enmarañado. "Llévalo a la cama -dijo con cansancio-, con los otros. Voy a volar solo." "Pero eso es imposible, señor -dijo el sargento con ansiedad-. Se necesitan dos hombres para manejar ese bombardero y los Archies han desatado el infierno en el aire. El circo de Von Richtman está entre nosotros y el pueblo de Saulier." "Alguien tiene que conseguir alcanzar ese depósito de municiones -dijo Mitty-. Voy a ir. ¿Un poco de coñac?" Se sirvió una copa para el sargento y otra para él. La guerra tronó y gimió alrededor del refugio golpeando en la puerta. Destrozaron  la madera y las astillas volaron a través de la habitación. "Un poco demasiado cerca", dijo el capitán Mitty descuidadamente. "Las andanadas de fuego antiaéreo para bloquearnos están cada vez más cerca", dijo el sargento. "Sólo se vive una vez, sargento", dijo Mitty, con una sonrisa tenue y fugaz. "¿O no?" Se sirvió otro coñac, y lo sacudió haciendo que cayera fuera. "Nunca he visto un hombre capaz de sostener su brandy como usted lo hace, señor", dijo el sargento. "Disculpe señor." El capitán Mitty se puso de pie, con su enorme Webley-Vickers automático al cinto. "Son cuarenta kilómetros a través del infierno, señor", dijo el sargento. Mitty terminó una última copa de brandy. "Después de todo -dijo en voz baja- ¿Qué no lo es?" El temblor producido por los cañones aumentó, pero no se oía el rata-tat-tatteo de ametralladoras, y de alguna parte llegó el amenazante  pocketa-pocketa-pocketa de los lanzadores New Flame. Walter Mitty se acercó a la puerta de la caseta tarareando "Auprès de Ma Blonde." Se dio vuelta y se despidió del sargento. "¡Hasta luego!", dijo. . . .
Algo golpeó su hombro. "He estado buscándote por todas partes en el hotel", dijo la señora Mitty. "¿Qué haces tumbado en esa vieja silla? ¿Cómo esperas que te encuentre?"  "Las cosas se acaban, "dijo Walter Mitty vagamente. "¿Qué? -dijo la señora Mitty- ¿Conseguiste el-cómo-se-diga? ¿Las galletas para cachorros? ¿Qué hay en esa caja?"  "Botas de agua" -dijo Mitty- "¿Y cómo es que no te las has puesto en la tienda?" "Yo estaba pensando -dijo Walter Mitty-, ¿se te ha ocurrido pensar que a veces estoy pensando?" Ella lo miró. "Cuando llegue a casa, tendré que tomarle la temperatura", se dijo.
Salieron por la puerta giratoria, que hizo un silbido débilmente burlón cuando les empujó. Fue dos manzanas de la plaza de estacionamiento. En la farmacia de la esquina le dijo: “Espérame aquí. Me olvidé de algo. No será más de un minuto.” Ella era más que un minuto. Walter Mitty encendió un cigarrillo. Comenzó a llover, lluvia con aguanieve. Se puso de pie contra la pared de la farmacia, fumando. . .  Colocó sus hombros hacia atrás y juntó los talones. "Al diablo con el pañuelo", dijo Walter Mitty con desprecio. Echó una última calada al cigarrillo y lo tiró a la basura. Luego, con esa sonrisa débil y fugaz jugando en sus labios, frente al pelotón de fusilamiento; erguido e inmóvil, orgulloso y desdeñoso, Walter Mitty el invicto, inescrutable hasta el final.


domingo, 9 de diciembre de 2012

Leigh Brackett, del pulp a guionista de Hollywood.

Probablemente, la mujer más ecléctica en el mundo de la cultura popular en los 40 y 50... hasta "El imperio contraataca".


Bien, en este caso, no toca hablar de una actriz, sino de una escritora, en su doble vertiente, literaria y como guionista de cine y, ocasionalmente, también de televisión. Leigh Brackett no es, precisamente, muy conocida en España -desconozco si también en Hispanoamérica; tal vez sí en México o Puerto Rico, por influencia más directa de Estados Unidos, pero es sólo suposición-, al menos, como escritora. Pero como guionista, no sucede lo mismo. No es que su nombre, actualmente o en el pasado resultara familiar al oído, pero sí las películas en que fue autora, o co-autora, de sus guiones, pues se trataron en su momento, de producciones prestigiosas, con, nada menos, que John Wayne como protagonista. Algo curioso, el que destacara como guionista de westerns, teniendo en cuenta que, literariamente, siempre estuvo entre la novela negra más norteamericana -el hard-boiled, del cual fue una de los pioneros, y única "madre", entre tanto "padre"- y la ciencia-ficción en su versión más lúdica. Lo que, en otros tiempos, era conocido en Norteamérica como "space-opera", o historia -en cine, literatura, cómic o serial de radio- consistente, básicamente, en aventuras espaciales, con naves, héroes, malvados y viajes imposibles, con una base científica, como mínimo, discutible. Al menos, en gran parte de los casos, pues tampoco hay que olvidar auténticas obras maestras, así como otras con una visión científica más realista. Como ejemplo, las aventuras de Flash Gordon.


Leigh, como escritora.

Leigh Brackett (a la derecha, junto a su marido, Edmond Hamilton) nació en 1915 en Los Ángeles -al contrario de tantos escritores de su época, que llegaban al mundo en minúsculos pueblos de la América profunda-, y se crió allá, donde conoció al que luego sería su marido, el también escritor de CF Edmond Hamilton, con quién marcharía al centro-este del país, al estado de Ohio -Kinsman; Hamilton y su familia eran originarios de dicho estado-, y donde vivirían hasta la muerte de ambos -él, en 1977, y ella, un año después-. Como se puede ver, su vida personal no es demasiado llamativa, excepto que acabó casándose, y pasando a su lado toda su vida, con un escritor de su mismo género -aunque ella, realmente, cultivó varios-. Algo parecido a otra de las primeras mujeres escritoras de CF en su versión más o menos moderna: Catherine L. Moore, casada con Henry Kuttner -si bien él optó más por el terror y la fantasía, dejando la CF a su esposa, con quién escribió a cuatro manos varias novelas, sin saber exactamente cual fue la aportación de uno u otra-.
La primera revista para la que publicó relatos -porque, en aquella época, cualquier escritor novel que quisiera labrarse un nombre, debía primero, de forma casi obligatoria, intentar publicar en revistas, fueran claramente pulp, o literariamente más "respetables"-, fue en Astounding SF. Aquello fue entre 1940 y 1943, antes de su primera novela larga, o novela propiamente dicha. Probablemente, su primer relato fue "Martian quest", aunque el más logrado fue la novela corta "La ciudadela de los barcos perdidos", de 1943, donde trata, mediante la CF, el tema de la colonización comercial y cultural, en este caso, de la Tierra sobre la población de planetas más primitivos, con los que mantiene contacto para abrir nuevos mercados.
Sin embargo, su primera obra larga, y que le dio una fama de la que todavía no disfrutaba, fue del género negro. Entiéndase por "negro", no la novela de detectives, como el Sherlock Holmes de Doyle, o las historias de Agatha Christie, consistente, básicamente, en averiguar el culpable de un crimen o robo que se describe al principio del relato o novela, y mediante las pistas o datos que el autor nos va dando casi al mismo tiempo que al protagonista principal. Esta rama del género policiaco, genuinamente norteamericana, es el "hard boiled", protagonizado por detectives privados, que, estos sí, deben cobrar sus honorarios para malvivir, llenos de crimenes retorcidos, retratos crudos de la época en que transcurren, bajos fondos, mujeres fatales, locales hediondos, y personajes mucho más reales y profundos, con un pasado, problemas personales, familia, amores y desamores, errores de los que en muchas ocasiones deben arrepentirse, etc. Dashiel Hammet o Raimond Chandler serían dos de los autores clásicos, y, en aquella época -principios y mediados de la década de los 40- todavía vivos y famosos. Y de repente, una joven -que, como era habitual en la época, mandó por correo su obra sin ni tan siquiera explicar más que al director que era una mujer- logra publicar una obra que no desmerecía el ser considerada un pequeño clásico, y con la misma calidad y originalidad, para los estándares de la época, que las publicadas por los dos pioneros ya nombrados: "No good from a corpse" -se podría traducir como "Nada bueno de un cadáver", porque no he logrado encontrar una traducción anterior, aunque no creo que sea la mejor-. Brackett ya había publicado en la revista Black Mask, dedicada básicamente a publicar relatos policíacos -y, en aquella época, con ventas y fama comparables, o incluso superiores, a otra tan conocida para los aficionados actuales al terror y la fantasía como "Weird tales"-, y aunque no se había hecho un hueco entre los más vendidos y seguidos por los lectores habituales de la publicación -que escribían masivamente, como era costumbre en la época, para alabar, criticar, machacar, o exigir más material de sus más queridos/odiados autores-, sus obras sí que eran aceptadas con relativa continuidad, incluida una novela corta, "La desgracia Teller", que ya avanzaba la calidad de la escritora. En esa misma revista, fue donde consiguió publicar "No good...", y eso le significó no sólo buen nombre como novelista, sino también, siendo todavía joven -31 años-, y sin experiencia alguna en el mundo del cine. Más adelante, volvería al género negro, con "Ojo por ojo", en 1957, que sería adaptada a la televisión por la CBS, o "El tigre entre nosotros", del mismo año. En resumidas cuentas, no se puede hablar de un "período CF" o un "período hardboiled" -o noir, como se diría en Francia y Europa-. Siempre escribió de todo en todo momento.

La primera novela larga de Brackett, publicada como libro.

Sin embargo, no fue el género negro quién le daría más fama. Brackett se dedicó, básicamente, antes y después de su trabajo como guionista, a la CF, y tuvo como personaje más destacado, por ser protagonista en varias de sus historias, a Eric John Stark. Stark es considerado un individuo de origen oscuro: vivió en Mercurio "adoptado" por una tribu de gentes del planeta, de aspecto más o menos insectoide, pero en cierto modo civilizados y "sociables". Él era hijo de unos ingenieros terrestres que murieron en aquellas solitudes trabajando para una empresa minera. Después de haber sido encontrado por un grupo de mineros, fue tratado por ellos poco menos que como un esclavo o un infrahumano, hasta que decide escapar y ganarse la vida, básicamente, como ladrón y saqueador, aunque sin dejar de tener un firme código moral que, entre otras cosas, le hace huir del poder y la civilización tecnológica y urbana -personalizada por la humanidad, sea de la Tierra o colonos de otros mundos- y de su hipocresía y materialismo, así como un odio a cualquier tipo de explotación y esclavitud de los débiles por parte de los más poderosos. Una de las razones por las que, quizá, fuera tratado con tanto desdén por los humanos que, teoricamente, le liberaron, pudiera ser su aspecto físico: aunque en todas las ilustraciones de portada o interiores, John Stark es retratado como el típico héroe anglosajón blanco y rubio, la autora lo describe en varias ocasiones como un individuo muy probablemente de familia norteamericana de cultura occidental, pero no blanco, sino de piel oscura; si no negro, sí de piel morena -y no sólo, se aclara, por el clima o la falta de higiene; Starck es, muy probablemente, un afro-americano con ascendencia europea, pero con un mayor origen africano-. Y esto, en aquella época -y hasta principios de los años 80, nada menos- era considerado algo poco creíble, incluso en un género lleno de hechos y personajes increíbles: un héroe negro. Algunas historias, novelas o relatos, y en ocasiones novelas largas nacidas a partir de cuentos más cortos ya publicados, serían "Reina de las catacumbas marcianas" y "La ciudad de los perdidos", de 1949, "Negra amazona de Marte", de 1951, y "Camino de Sinharat", ya tardía, de 1963. Un caso de relato transformado en novela -con la ayuda de su marido- sería "El pueblo del talismán", cuento largo transformado en la novela "El secreto de Sinharat", de 1964. Sin embargo, no sólo fue Stark el protagonista de sus novelas. Una de sus obras más conocidas, y de las pocas traducidas al castellano, sería "La espada de Rhiannon", publicada en 1953, pero derivada de "Los reyes del mar de Marte" -otro más que probable trabajo de colaboración de Hamilton-, que fue publicada en 1949. También destacar, entre otras historias más o menos independientes, "La negra amazona de Marte", planeta donde transcurren gran parte de sus historias.

Una de las primeras ediciones de "El pueblo del talismán".

Uno de los números de "Planet stories", una revista "menor" de CF donde habituaba a publicar Brackett.

Aunque estuvo bastante tiempo alejada de la literatura de cualquier género, en los 70 escribió tres novelas más o menos cortas -entre 1974 y 1976-, de nuevo con Stark como protagonista, pero ambientadas no en el sistema solar, como las anteriores, sino en un planeta extra-solar llamado Skaith. Más adelante, serían reimprimidas en un solo volumen conocido como "El libro de Skaith". El personaje tal vez aparezca aquí un tanto cambiado, se nota que el estilo de la autora no es el de la época -aunque ello no debería ser un problema, pues también, evidentemente, los relatos de los 40 serían, en los 70, de otros tiempos-, lo que dificultó el tener mayor venta, y el nuevo planeta suena un tanto raro, en un universo propio ambientado en nuestro sistema -un sistema donde cada planeta cumple un propósito: el Mercurio lleno de explotaciones mineras; el Venus poblado por razas humanas o no-humanas primitivas que combaten a los escasos colonos y soldados terrestres, que deben enfrentarse también a un clima insoportable, y a una fauna y flora peligrosas en extremo; el Marte colonizado en masa por los terrestres, que intentan "civilizar", comerciar, pero también dominar, a las decadentes razas allá existentes...-  pero no dejan de tener su interés. No hay que buscar aquí obras maestras, pero sí que son, claramente, obras de evasión más que apreciables.
Algo más sobre su obra literaria: la novela del Oeste, tan poco conocida, e incluso denostada y tomada como auténtica literatura ya no barata, sino, directamente, basura. De forma totalmente injusta, hay que decirlo. Habría que destacar su primera novela en dicho género, "Río Bravo", basada en un guión de ella misma junto a Jules Furthman. La novelización de guiones es algo típico en Norteamérica. En ocasiones, no deja de ser, prácticamente, publicar una copia del guión. En otras, sin embargo, se trata de una auténtica novela, que en ocasiones logra estar a la altura, e incluso mejorar, el original cinematográfico. No resulta raro, pasado el tiempo, en pensar que la adaptación fue contraria, y que primero existió la novela, y luego la película. En otras muchas ocasiones, la novelización es totalmente olvidada. Pero en este caso, no es así. No fue, sin embargo, su única novela del Oeste, aunque sí la primera. Su otra aportación al género sería -en traducción un poco libre" "Seguid al viento libre", en original "Follow the free wind", de 1963. Que yo sepa, ambas están inéditas en castellano.

Leigh como guionista.

Cuando Brackett empezó su carrera como guionista, no llevaba demasiado tiempo como escritora. Realmente, ejerció siempre ambos oficios casi al unísono, no existe una época-escritora, y otra en el cine. Su primer trabajo, hoy ya bastante olvidado, aunque llamativo, fue en un género que nunca tocó en la literatura: el de terror. Para ser más exacto, el tema vampírico. Pero no fue el típico vampiro europeo -en aquella época, en no pocas ocasiones llegado, de cualquier forma imaginable, a tierras norteamericanas-, que sería, en mayor o menor medida, una copia del Drácula de Bela Lugosi o actores que seguían su sombra. No, este sería bien distinto; aunque, mejor, empezar por el principio. Leigh recibió una oferta de una modestísima productora Republic, donde alguien habría leído alguna de sus historias de CF. Haciendo tándem con el también guionista cinematográfico John K. Butler, fue ella la que imprimió al guión de la modestísima producción que sería conocida como "The gost vampire", "El espíritu del vampiro" -a veces se ha traducido como "El fantasma del vampiro", pero no creo que semejante expresión tenga mucho sentido: ¿Cómo va a existir el fantasma de un ser como un vampiro que, por sí mismo, ya está previamente muerto?-.

Una imagen en que el vampiro -hombre de mundo, más que noble engolado- juega con el supuesto héroe, que se pasa media película a su merced.

Estrenada en 1945, y con apenas una hora de duración -hacía programa doble con "The phantom speaks"-contaba como actor principal -el vampiro en cuestión- a un John Abbott que se toma su papel más en serio de lo que cabría esperar, y que crea a un ser de la noche bien distinto al siniestro conde transilvano. Dicho vampiro, por cierto, aparece -no está demasiado claro como- en el África colonial -o sea, teniendo en cuenta que son los años cuarenta, en el África contemporánea de la película-, donde se hace pasar por un europeo más. Mientras él hace una vida de dueño de local de mala muerte, con un buen nombre entre la escoria del lugar, una pequeña ciudad portuaria africana, donde se suceden una serie de extrañas muertes que serían, claramente, atribuibles a un vampiro, pero que el "héroe" que acaba topando con él. Un héroe, por lo demás, bastante inútil, que no se da cuenta del tipo de ser que tiene delante, y que se pasa media película como su esclavo, o tumbado en una cama, y que, el hecho de que un hombre sólo salga a  la luz del día de vez en cuando, aunque con gafas de sol -aquí, los vampiros no son seres totalmente nocturnos-, que tiene miedo a los espejos y crucifijos, no le da en absoluto que pensar. En realidad, son los africanos, los que se dan cuenta de que aquel tipo es algo más que extraño, aunque el héroe, propietario de una finca que teme que los crímenes asusten a sus trabajadores -en resumidas cuentas, que decide investigar por su cuenta por razones eminentemente prácticas y pecuniarias-, no les hace ni caso. Y el hecho de que dichos africanos sean retratados como gente inteligente y con personalidad propia, y no como, poco menos, que simios, que era algo bastante habitual en el cine de la época, parece también deberse a Brackett.
En resumidas cuentas, y sin explicar aquí el final, para ser una peli claramente de serie B -casi, serie Z- tiene una historia bastante bien hilvanada, y con un vampiro en absoluto contenido y aristocrático, sino una especie de personaje de los bajos fondos, que oculta un vampiro harto de una inmortalidd que le ha impedido tener amores o amistades duraderas -lo que acaba haciendo que no busque ni lo uno ni lo otro-, y que, mientras se sacie de la sangre que necesita para su supervivencia, no duda en filosofar y demostrar más profundidad emocional que su antagonista, que no deja de ser, al fin y al cabo, un terrateniente explotador. Y en medio de todo ello, una selva que parece un decorado de Barrio Sésamo, y la corta -demasiado- actuación de la ya olvidada -otra más- Adele Mara, cantante y bailarina española-estadounidense, una de las pupilas y amigas, o lo que fuera, del legendario Xavier Cugat -que, por sí solo, ya da para hablar bastante-.
De ahí, dio el salto a lo más grande. En 1946, el director Howard Hawks la fichó para que ayudara a William Faulkner, a escribir el guión de "El sueño eterno", obra capital de uno de los padres del género negro literario norteamericano -el hardboiled-, Raymond Chandler, y protagonizado por su ya legendario detective Philip Marlowe. La película estaba llamada -más bien, era casi obligatorio- que fuera un gran éxito -sobretodo, para Hawks, que no sólo era director, sino también productor-, y más, teniendo en cuenta que contaba como protagonistas a dos estrellas de la época, como Humphrey Bogart y Lauren Bacall, pero los problemas de Faulkner con la botella -y el hecho de que, quizá, no trabajara muy a gusto con material que no era propio, ni de su estilo, pues él era, al fin y al cabo, un dramaturgo autor principal del teatro moderno norteamericano, mientras que el género negro, probablemente, no le interesaba gran cosa- pudieron más que su genialidad como escritor, y Brackett, con la ayuda de un tercer guionista, Jules Futhman, lo acabó a tiempo.

"El sueño eterno", con Bogart y Bacall

Tras su matrimonio, se tomó un descanso de, más o menos, una década como guionista -y, en mayor o menor medida, de escritora de cualquier género- volviendo a mediados de los 50, también, de mano de Howard Hawks, que no olvidaba que ella había sido parte del éxito de "El sueño eterno" -sin desmerecer, claro está, a los intérpretes y a la novela original, y al trabajo del mismo director-productor-. Así, con Hawks detrás de la cámara, Bracket sería responsable -sola o acompañada, pero con un peso normalmente grande en la redacción final de cada guión- de diversas películas que tenían como protagonista a una auténtica superestrella de la época: John Wayne, el vaquero eterno, y prototipo del hombre que forjó el antiguo Oeste norteamericano, el género conocido en todo el mundo como western. Cuatro serían sus éxitos con Hawks a la dirección y Bracket como guionista o co-guionista, y es aquí donde cualquiera, norteamericano o no -gran parte de su obra literaria no ha sido traducida al castellano- donde es más reconocible su talento:  Río Bravo (1959, que más tarde, como antes se ha dicho, reescribiría en forma de novela en solitario), Hatari! (1962; si bien esta no es un western, sino una historia de aventuras africanas), El Dorado (1966), y Río Lobo (1970).


Uno de los clásicos con dirección de Braquett, con el hombre del Oeste por antonomasía: John Wayne.

Después de tanto éxito, y teniendo en cuenta su ya lejano trabajo en "El sueño eterno", Robert Altman decidió contratarla para que hiciera el guión adaptado de "El largo adiós" (1973), también Raymond Chandler, saliendo igualmente bien parada, a pesar de ser una novela, en aquella época, escrita ya décadas antes, y que, en cierto modo, había necesidad de "modernizar" un poco -aunque no demasiado, pues se trata de un tipo de literatura que es, al tiempo, intemporal y siempre, en mayor o menor medida, contemporánea al lector que la disfruta, si decide entrar de buen grado en dicho mundo-.
Su último trabajo como guionista -y como escritora, realmente- fue un primer borrador del guión de "El imperio contraataca", el segundo capítulo de la saga Star Wars -aunque, tras las tres de la precuela, el orden haya sido variado-. Sin embargo, al morir cuando la producción todavía estaba como quién dice en mantillas, Lucas decidió confiar en Lawrence Kasdan, que más adelante sería autor de "El retorno del Jedi" y la primera de las películas de la saga de Indiana Jones. Por lo poco que se ha oído comentar a quienes leyeron la versión de Bracket, una vez comparado con el film final, apenas tiene que ver lo uno con lo otro, al contrario de lo que en principio se insinuó -que Kasda, básicamente, daba un enfoque distinto a la historia, pero sin cambiar demasiado en ella-. Dicho guión sólo se conserva -es imposible copiarlo, no existe, que se sepa, en internet, y no se le enseña a cualquiera-: en la biblioteca de la Universidad Eastern  del estado de Nuevo Mexico, y en los archivos de LucasFilm.
Respecto a qué se podría encontrar, hoy en día, de la obra de dicha escritora, básicamente, sería a partir de las películas en las que intervino como guionista, sola o en colaboración de terceros, pues, en castellano, no se ha traducido -al menos, en el mercado español- mucho más que "La espada de Rhiannon", pero como, incluso con la crisis actual, poco a poco se va re-descubriendo -o, como en este caso, básicamente, descubriendo sin más- a cada vez más autores de pasadas décadas, no sería extraño que alguien -un iluminado; un amante de literatura de otras épocas; alguien que, en definitiva, ande sobrado de entusiasmo o de dinero- acabe por traducir una parte considerable de sus novelas o relatos cortos. Al tiempo

Y ahora, después de haber necesitado días y días para esta entrada -no por su dificultad, sino por su falta de tiempo y, tal vez, por las un tanto, para mí, deprimentes fiestas que se avecinan-, un pequeño descanso hasta finales de mes. O tal vez antes. Ya se verá.