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jueves, 11 de julio de 2019

John Reinhard Weguelin, retratista de la mitología griega.

Autor británico de la Época Victoriana, famoso por su deslumbrante Lesbia.


El hombre que pintó a Lesbia, como sólo Catulo podría imaginarla.

John Reinhard Weguelin fue pintor británico de la Época Victoriana, contemporáneo de los prerrafaelitas, aunque ni él se consideró nunca parte del movimiento, ni tampoco ningún crítico o historiador de arte lo ha emparentado con éstos, al contrario que a pintores más cercanos a Weguelin que a Millais o Rossetti, como Edward Poynter o Alma-Tadema, que más bien serían un intermedio entre neoclásicos de estilo más o menos academicista y los miembros y seguidores de la Hermandad, si bien fueron capaces de ir más allá que sus equivalentes franceses, por poner un ejemplo geográfico cercano. Lamentablemente, Weguelin acabó, como los demás -prerrafaelitas, academicistas, neoclásicos, o cualquiera que resultara mezcla de todo ello- por ser olvidado tras la I Guerra Mundial. Tras los horrores de la Gran Guerra, se produjo el doloroso nacimiento de un mundo nuevo, y las delicadezas y sensibilidad de la pintura sobre temas de la antigua Grecia o la poderosa Roma, de la mitología antigua, o de ninfas, sirenas y otros seres mitológicos ya no tenían espacio para ellas. Sólo en los últimos años -y precisamente, gracias a internet, a la nueva tecnología, además de la aparición de libros no especialmente caros- todos estos antiguos maestros -no tan antiguos, realmente- han comenzado a ser conocidos por los hombres  y mujeres de nuestro tiempo, deseosos de disfrutar de la pintura figurativa, de maestros sepultados por el olvido de forma tan injusta como, en muchos casos, completa.
Weguelin nació en 1849 en Sussex, en el sur de Inglaterra -allá donde nació el país, realmente-, y falleció en 1927, en una época en que ya nadie se acordaba de él, en Hastings, en la costa del sudeste del país, célebre por la famosa batalla que ganó Guillermo I el Conquistador, que gracias a ella consiguió el trono inglés. Weguelin tuvo como ejemplos a seguir a los ya nombrados Poynter y Alma-Tadema. Le agradaban sus temáticas -bellas damas griegas y romanas, mitología griega, seres mitológicos como ninfas y sirenas...-, su luz, el color, flores y plantas... parecido al también considerado prerrafaelita John William Waterhouse -si él se veía como uno de ellos, la verdad es que nunca lo he tenido claro; es muy posible que no-, pero con más luz -y quizá mejor retratada- y menos ropa.

John Reinhard Weguelin Lesbia.jpg
"Lesbia" (1878) fue, y es, la obra más conocida de Weguelin. Es una pintura luminosa, bella, con una Lesbia que, sin duda, de haberla imaginado así Catulo,  no resulta extraño que perdiera la cabeza por ella.

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"Obsequios de un gato egipcio" (1886), fue un raro caso en que Weguelin pintó un cuadro de temática egipcia -y eso que, para los británicos de la época, el Egipto de los faraones resultaba, si cabe, más atractivo todavía que la Grecia y Roma antiguas, por ser un mundo que estaba comenzando a descubrirse más allá de leyendas y relatos bíblicos-.

"El columpio" (1893) fue su retorno a la acuarela. Ya no volvió a la pintura al óleo, y llegó a ser uno de los grandes a la hora de pintar con ese material.

Weguelin demostró su pericia con tres técnicas distintas: la pintura al óleo, la acuarela, y la ilustración interior para libros. La acuarela fue el tipo de pintura preferida tanto en sus primeros tiempos, como en los últimos años de pintor activo, mientras la pintura al óleo fue con la que pintó gran parte de sus obras más conocidas, empezando por su "Lesbia" (1878), la musa -real, no imaginaria o fantástica- del poeta romano Catulo, que tantos y tan románticos, y también tórridos versos le dedicó, aunque, una vez que la Lesbia real pareció darle calabazas, no dudó en criticar y mostrar desprecio y resentimiento hacia la misma dama. Muchos historiadores actuales creen a fuentes de la época, o muy poco posteriores a la vida del poeta, al pensar que la tal Lesbia era Clodia, hermana de Clodio, miembro de los Claudios patricios que decidió hacerse plebeyo -legalmente- por decisión propia, para poder representarlos como tribuno de la plebe, pero que más bien fue un agitador político-social, en ocasiones un auténtico peligro púbico, y en otras, un vividor despilfarrador. De Clodia, antes Claudia, y su hermana Clodilla -ambas también se cambiaron el nombre- se habló mucho en sus tiempos, casi siempre mal, más por romper con todas las convenciones sociales que la época imponían a las mujeres nobles, que por ser tan destructivas, socialmente hablando, como su hermano -que acabó asesinado, no está muy claro por quién-. Pero Weguelin retrata aquí a una Lesbia que no parece el retrato de una dama romana real, sino como un ser mortal, pero de aspecto casi divino, mítico, donde la luz parece acariciarla tanto como su ropa casi transparente, que más que vestirla, se diría que enmarca su hermoso físico.

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"El baño" (1890) fue uno de sus últimos trabajos de importancia al óleo, y también de los que, en aquellos -muy- conservadores tiempos, más dio que hablar. Que transcurriera en la Grecia o Roma antiguas, o en otros tiempo o lugar, era lo de menos. Era la belleza femenina, desnuda y pura, lo que retrató Weguelin.

"La sirena de Zennor" (1900) es un ejemplo de su virtuosismo a la hora de pintar acuarelas. El personaje masculino, el joven que se encuentra con una sirena como si tal cosa -resulta evidente la sorpresa del muchacho- va vestido con ropa del Renacimiento, quizá por deseo del artista de cambiar un poco de época, aunque el personaje de la sirena es griego -al menos, hasta que Andersen lo resucitara y la trasladara a Escandinavia-.

"Presionando las uvas" (1880) es un óleo que fue re-descubierto en una casa de Portland -en el estado de Maine, Nueva Inglaterra, no en Oregón-, y que se ha atribuido a Weguelin.

El fantasma de la esposa de Periander de John Reinhard Weguelin

El fantasma de la esposa de Periander de John Reinhard Weguelin

El fantasma de la esposa de Periander de John Reinhard Weguelin

El fantasma de la esposa de Periander de John Reinhard Weguelin
Ejemplos de su trabajo de ilustrador para los "Cantos populares de la Antigua Roma" -más exactamente, "El fantasma de la esposa de Periandro"- de Thomas Macaulay.

Además de cuadros, y para ganarse la vida cuando los encargos de pintura escaseaban, trabajó como ilustrador. Su encargo más conocido -en su época, al menos- fue para los "Cantos populares de la Antigua Roma" de Thomas Macaulay, una versión ilustrada de los poemas -como no- de Catulo, y una traducción del griego de poemas de Anacreonte -nacido más o menos cuando falleció Safo de Lesbos, y que se hizo un nombre en la época clásica-, realizada por Thomas Stanley.
Weguelin no estudió, como tantos otros, en la Royal Academy, pero sí expuso allá. En sus años de madurez, al volver a la acuarela -que no estuvo nunca muy representado en la Royal-, ingresó en la Royal Watercolour Society, formada por artistas que preferían dicho tipo de pintura.

Respecto a las fuentes, básicamente he tirado de Wikipedia, no sólo en castellano, sino también en inglés, de donde también son las imágenes. Las ilustraciones de los "Cantos populares..." viene de la web "Meisterbrucke".

jueves, 2 de julio de 2015

Los prerrafaelitas (XXII): Herbert James Draper, entre el prerrafaelismo y el academicismo británico.

Otro caso de artista que, si bien tradicionalmente no se le trata como parte del movimiento, tiene mucho en común con él.


Prerrafaelita en todo, excepto en el nombre.

File:Herbert James Draper.jpgHerbert James Draper (1863/4, no se está seguro-1920) es considerado un artista academicista, o sea, que seguiría los dictados de técnica y estilo de la Art Academy y similares, o bien, un clasicista, en el sentido de que preferiría seguir el camino de la pintura "clásica", sin innovar en exceso. Pero esto sería una verdad a medias. Sí que se vio influido por los autores anteriores a su época, de distinta generación -lo que serían "los clásicos", como Turner o Reynolds-, pero también influyó, y se vio influido, por pintores más o menos de su edad, contemporáneos suyos. Hay que tener en cuenta que todo pintor o escultor que quisiera algo de fama exhibía en todas las salas de arte, o salas cedidas por academias artísticas, que fuera posible, y participar en exposiciones colectivas era de lo más habitual. Evidentemente, habría enfrentamientos y críticas, no siempre objetivas, y en no pocas ocasiones, se podía hablar de artistas enfrentados, a veces más por razones personales que puramente artísticas.
 Pero también, de una u otra forma, los pintores acababan por tener amistad -él era amigo de John William Waterhouse, y la influencia entre ambos, sobretodo en la temática mitológica, es evidente-, o al menos buena relación entre ellos, admiraban el arte de sus contemporáneos, y en ocasiones casi sin darse cuenta, se dejaban influir por uno u otro de ellos, aparte de los que pintaban o aprendían juntos, o los que ejercían de profesores o alumnos de otros, aunque en ocasiones la diferencia de edad no fuera grande. En el caso de H. J. Draper, él fue, más que contemporáneo de los prerrafaelitas, un poco posterior. De todas formas, no pocos miembros o seguidores de la Hermandad tuvieron vidas bastante largas, y pintaron hasta una edad muy avanzada. Fallecido bien entrado el siglo XX, probablemente fue uno de los últimos autores considerados en su conjunto como "clásicos", o academicistas. Grupo en el que, curiosamente, también fueron incluidos no sólo los academicistas propiamente dichos, sino también los prerrafaelitas, neo-clásicos y todo lo que no pudiera ser incluidos en las rompedoras vanguardias. Toda la pintura anterior, casi contemporánea a ellas, o anteriores en varias décadas, de autores vivos o fallecidos, de golpe, parecía quedar anticuada. Y de ahí, a un olvido -según el autor- entre grande y total, o casi, sólo hubo un paso. Quizá un paso grande, pero finalmente, la historia de la pintura volvió página para siempre. En los últimos años, sin embargo, y gracias también a internet, no pocos de ellos van siendo poco a poco recuperados y re-descubiertos Quizá Draper no sea de los demás, pero lo merecería.

"El kelpie" (1913). Una de sus últimas obras. El kelpie, en la mitología celta -y anglosajona, por adopción- era un ser, normalmente de aspecto femenino, que atraía humanos para que se ahogaran en ríos o lagos. No era, por tanto, un ser del que había que fiarse en absoluto.

"Alcíone" (1915), otro personaje de la mitología griega. Según una leyenda, era la esposa de Ceix, un rey de una ciudad de Tesalia, en el norte de Grecia, fronteriza con Macedonia. Al saber que su marido se había ahogado, ella quiso suicidarse lanzándose al mar, pero, finalmente, los dioses se apiadaron, y los transformaron en pájaros: los alcíones, o martines pescadores. Según otro mito, ambos fueron transformados en dichas aves como castigo, al compararse con Zeus y Hera, reyes de los dioses del Olimpo.

File:DrapersTristanIsolde.jpg
"Tristán e Isolda", fue una de las pocas obras que no bebe de la mitología griega, sino de la céltica. Exactamente, de los pueblos celtas de las Islas Británicas: ella de Irlanda, y él de Cornualles.

Su vida personal, o su camino artístico no fue muy distinto a otros contemporáneos suyos. Hijo de un joyero, londinense de familia de clase media, estudió, como muchos otros, en la Royal Academy, para, después, viajar él también a París -el viaje a Italia- y a París -al ser un poco más joven que otros autores, conoció un movimiento artístico parisino, y en general francés, más emocionante y radical-. Tras sus viajes por el continente (1888-1892, si bien parte de este tiempo lo pasó en Gran Bretaña), ganó la medalla de oro de la Royal Academy -que ya se había abierto a nuevos temas; de todas formas, él no dejaba de tener una técnica más clásica, más aceptada por sus miembros. Curiosamente, él tenía buena relación con la academia, pero no fue nunca socio de pleno derecho-. A partir de 1890 trabajó también como ilustrador, algo que hicieron cada vez más pintores, debido a su demanda tanto de periódicos y revistas, como de editoriales -los libros ilustrados eran habituales, y no sólo los infantiles, también novelas o poemarios-. Tras casarse y tener una hija, Yvonne, murió de arteriosclerosis, con cincuenta y seis años, en su casa de Abbey Road, una edad relativamente elevada para la época, pero tampoco tanto. Cabe imaginar, que de haber vivido más, todavía habría sido capaz de haber dado a la posteridad más obras tan bellas como las que fue capaz de pintar.
Respecto a las similitudes a los prerrafaelitas, Draper siempre optó por los temas mitológicos de la Grecia antigua -porque Roma, al fin y al cabo, no dejó de nutrirse de ellos, más que crear de nuevos, más allá de su literatura escrita, como la "Eneida" de Virgilio-. Su mejor época fue la última década del siglo XIX, ganando en 1900 la medalla de oro en la Exposición Universal de París. Pasado el tiempo, cuando los temas mitológicos fueron pasando un poco de moda, así que se dedicó al retrato de encargo, quizá menos atractivo -para los admiradores del arte en su conjunto, al menos-, pero le daba mayor beneficio económico. En realidad, en su época fue un artista famoso y reconocido por público y crítica, si bien, pasado el tiempo -quizá, a partir de 1905-1910, si bien quizá fue, paradójicamente, cuando más pintó-, su fama fue disminuyendo, hasta estar casi olvidado cuando le sobrevino la muerte, todavía relativamente joven.

"La ninfa acuática -o del agua" (1908). Por lo visto, Draper era muy aficionado a los personajes mitológicos acuáticos. Al menos, si tenían forma de mujer. Y desnuda, a ser posible. Sin embargo, a principios del siglo XX, una mujer sin ropa alguna ya no impresionaba ni escandalizaba como décadas atrás.

File:Herbert Draper - The Lament for Icarus - Google Art Project.jpg
"El lamento por Ícaro" (1898) fue, muy probablemente, su obra más conocida. Gracias a ella, ganaría, en 1900, la medalla de oro en la Exposición Universal de París.

File:Herbert James Draper, Oil study for Clyties of the Mist.jpg
"Clitie -o Clitia- de la niebla", hace referencia a una ninfa enamorada, y no correspondida, por Helios, personificación divina del Sol.


"Mares de verano", otra "fantasía acuática" de Draper, que se especializó en colocar a sus personajes a la orilla de mares y ríos, cuando no, directamente, nadando dentro de ellos. Sería, pues, el prerrafaelita que más y mejor trabajó lo que se llamaría "género acuático".