lunes, 15 de febrero de 2016

Los prerrafaelitas (XXXII): Elizabeth Siddal como artista, y más allá de su condición de modelo y musa.

Olvidada como artista en sí misma, transformada en sólo una parte más de la vida y obra de Dante G. Rossetti.


Cara y cruz de ser la musa de una rebelión artística.

He tardado mucho, quizá demasiado, en dedicar una entrada a un miembro, un personaje, y ante todo una persona, que tuvo más importancia en el movimiento prerrafaelita del que, en principio, se quiso ver. Y no es que no la nombrara, prácticamente, desde el primer momento -en la entrada dedicada a Millais, el primer miembro de la Hermandad en ser comentado-, pero reconozco que la consideré una parte importante, pero aún así muy secundaria, de, si no la revolución, sí la rebelión artística y cultural que fue aquel grupo de airados jóvenes pintores.
Eleanor Elizabhet Siddal (1829-1862), llamada Lizzy o Guggums por los que la conocieron, trataron, quisieron y retrataron, no fue sólo la primera y más conocida de las modelos prerrafaelitas -al menos, de las que protagonizaron no uno o dos, sino muchos cuadros, no pocos de ellos lo suficientemente importantes como para haber pasado a la posteridad-. Fue también musa, espíritu, y también, aunque hasta hace poco no se haya reconocido, pintora, dibujante y poeta. Realmente, debería, por justicia, haber ocupado un lugar mucho más importante no sólo como la bella y elegante joven que todos querían pintar, sino como miembro de pleno derecho de la Hermandad, que tanto le debía.
Elizabeth Eleanor Siddal era una joven que, cuando fue descubierta trabajando en una sombrerería por Walter H. Deverell en 1850, un pintor menor del grupo, aunque por lo visto -o por lo que se cuenta- no fue el único que, una vez que él la retratara en su cuadro "La doceava noche", se pasó por la tienda para poder conocerla y hablar con ella a solas. Uno, seguramente, fue Millais, que se enamoró perdidamente de ella. El otro fue Rossetti, que sintió desde el primer momento prácticamente lo mismo que su compañero, sólo que estuvo dispuesto a luchar hasta el final por conquistarla, cosa que, lamentablemente para ella, logró tras conseguir que ella rompiera con Millais, con quién ya tenía algo más que una amistad. De todas formas, al pintor no le duró demasiado la pena, pues al poco, se enamoró de la esposa del crítico John Ruskin -gran defensor de la obra de la Hermandad, por cierto-, con la que acabó casándose en 1856, aunque esa ya es otra historia.

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En esta  fotografía  ya debía encontrarse algo delicada de salud -realmente, ya lo estaba antes de casarse-, pero todavía mucho antes de que se suicidara, o quizá, que muriera por accidente, si bien esto último pudo ser debido a que ya no tenía demasiado interés, o cuidado, en tomar la cantidad justa de láudano, un medicamento de la época que era un peligro si no se calculaban bien las dosis.

Dante Gabriel Rossetti ‘Elizabeth Siddall in a Chair’, date not known
Un retrato dibujado por Rossetti -"Elizabeth Siddal sentada, o en una silla"- de fecha desconocida.

La vida con Dante G. Rossetti,con quién se casó en 1860, debía, en principio, de resultar plena a una joven de clase media-baja, pero culta, distinguida aunque modesta, y -según se cuenta, porque tampoco es que sea algo seguro-, de origen noble, o al menos, de clase elevada venida a menos. De todas formas, Lizzy nunca se consideró socialmente superior a nadie, y el hecho de ser no ya modelo, sino musa, de todo un movimiento de renovación artística, para ella, que era persona que, cuando podía, leía y se instruía de forma autodidacta en todo lo que le interesaba, debió de ser poco menos que un sueño hecho realidad. El problema es que Rossetti la quería, sí, y mucho. Pero no la quería como a una igual, sino como si fuera una joya, una posesión. Más que alguien, era algo. Más que una artista, que fue desarrollando sus aptitudes con la ayuda y los consejos de Rossetti -porque él, al menos, fue capaz de verlos, y de pulirlos y hacerlos crecer-, la veía, la percibía, como un espíritu, una auténtica musa, que además, poseía él, y sólo él, y que no estaba dispuesto a compartir con nadie. Prohibió a Elizabeth posar para otros pintores, y prácticamente la forzó a vivir encerrada en casa, sin apenas contacto con el exterior. Parecía que, si se relacionaba con otra gente -y más aún, con otros pintores-, si tenía una vida más independiente, su belleza acabaría por marchitarse. Y en realidad, fue esa reclusión forzosa la que acabó por marchitar no sólo su aspecto físico, sino también su salud, tanto física como mental.
Mientras Rossetti aumentaba su fama, pintaba cuadro tras cuadro, y se hacía servir de otras modelos, con algunas de las cuales no tuvo problema en mantener relaciones sentimentales -o al menos, sexuales-, Lizzy acabó por cansarse de la vida. Además, había otras razonas que afectaron, todavía más y a peor, a su débil estado de salud, tanto físico como mental: uno fue cuando, al posar como modelo para la "Ophelia" de Millais -la obra más famosa sobre este personaje de Hamlet, y eso que hubo unas cuantas-, tuvo que hacerlo metida en una bañera llena de agua, con un vestido antiguo que tardaba en quitarse, cuando acababa de posar, durante horas y horas.  Millais parece que intentaba calentar el agua con algún tipo de hornillo, pero un día se olvidó de ello, y Siddal enfermó, no se sabe bien si de pulmonía o neumonía, lo que hizo que el padre de ella se enfureciera con el pintor, y hasta le exigiera compensación económica -no parece que la recibiera, por cierto-; todo eso hizo que Lizzy ya no trabajara más con Millais -y tal vez, no sólo se acabó su relación artístico-profesional, sino también personal, fuera la que fuese-, sino que, y eso fue lo peor para ella, nunca llegó a recuperarse del todo; su salud, desde ese momento, ya no fue la misma. La otra fue la muerte de su única hija, no se sabe bien si en el mismo momento del parto, o poco después. Fuera una cosa o la otra, es fácil entender que una persona que por un lado tenía una relacón tóxica de hombre que, por un lado, la quería y deseaba, pero por otro, la controlaba como si fuera de su propiedad, por otro, tenía problemas de salud, y finalmente, veía como ese mismo esposo que la guardaba -encerraba, más bien- en casa como una joya de su propiedad y uso exclusivo tenía romances con otras mujeres, al haber perdido a la hija que, al menos en teoría, podría haber alegrado un poco su existencia, acabara pensando seriamente en ponerle fin.


Siddal, tal como la veía, y la pintaba Rossetti. Tanto el primer cuadro, "Beata Beatrix", como el segundo "Venus Verticordia", los pintó después de su muerte.


Y este es un autorretrato de la misma Siddal, anterior a 1858, cuando ya dejó de pintar. Ella no se veía ya como una musa, sino como una persona consumida y cansada de la vida.

En 1858 estaba lo suficientemente débil como para dejar de pintar -parece que, aparte de las secuelas de la pulmonía, sufría anorexia, y se le recetó láudano, precisamente, para intentar curarla; el conocimiento de dicha enfermedad, en aquella época, era muy limitado-, y en 1861, tras perder a su hija, cayó en una depresión de la que nunca pudo o supo salir. Ya tomaba láudano, una hierba que en pequeñas dosis se utilizaba como tranquilizante, pero que, tomada en cantidades mayores podía ser un potente veneno, para sus males tanto físicos como, sobretodo, psicológicos. Pero en 1862, apenas un año después, decidió que ya no aguantaba más la vida que llevaba, o que le obligaban a llevar, y se suicidó con una sobredosis de dicho y peligroso medicamento. Aún así, su historia, al menos desde un punto artístico, y no estrictamente personal o histórico, todavía iba a durar algo más.


La obra de Siddal. Poemas que volvieron, literalmente, de ultratumba.

Rossetti, el día que murió Siddal, parece que se encontraba en compañía de su última amante, Fanny Cornforth, mujer de origen humilde, sin cultura, alta, fuerte y rotunda, sin apenas nada en común con Lizzy. Tal vez fuera eso, lo que más le gustaba al pintor, la diferencia que existía, el contraste, entre su esposa y su amante. Eso y, por lo visto, que era una pelirroja de armas tomar, y a Rossetti, por lo visto, le gustaba mucho las pelirrojas naturales -ambas mujeres lo eran-. Pero dejemos detalles insignificantes. La cuestión es que, cuando supo de su muerte, de su suicidio -porque de eso, ni él, ni sus amigos, ni los médicos, nadie, dudaba: se había suicidado-, se emborrachó, loco de dolor y arrepentimiento -¡a buenas horas...!-, y decidió enterrar junto al cuerpo de su esposa los manuscritos de todos los poemas que ella había escrito, y que nunca habían salido a la luz. Sus cuadros, si no todos sí la gran mayoría, fueron adquiridos por el crítico John Ruskin, que quizá no fuera el mejor de los maridos, y por ello su esposa acabó dejándolo -por lo visto, no por mala persona, sino por soso, incluso por asexual-, pero no hay duda de que pocos como él, a la hora de apoyar a todos y cada uno de los miembros del movimiento. Incluida la desdichada Siddal, en la que él, como Rossetti, también fue capaz de ver una auténtica artista. Y al menos, Ruskin nunca pensó en hacer de ella una cautiva, y había quien pensaba que, realmente, el crítico no tenía tan buena opinión de los cuadros de Lizzy, sino que, si los adquiría, era como excusa, para no dañar su orgullo -y el de Rossetti- para poder pagar, con el dinero que le pagaba, los medicamentos que la ex-modelo y pintora necesitaba. También el pintor Madox Ford la ayudó económicamente cuando pudo.
Sobre los poemas de Siddal, eran, son, más oscuros y dramáticos de lo que podría pensarse. Más bien parecen una mezcla de romanticismo y de lo que, años después, se llamaría decadentismo. Muestran a una persona sensible que sufre, y que tiene una idea bastante acertada de el por qué, pero que no ve salida ni solución a dichos sufrimientos. Ahora bien, si Rossetti enterró todos los manuscritos del poemario de su esposa con ella, ¿cómo han llegado hasta nuestros días? Existe una explicación a todo ello. Siete años después de la muerte de su mujer, Rossetti pudo comprobar en sus propias carnes cómo su carrera iba de mal en peor. Necesitaba dinero, así que aprovechó su antigua fama, y el recuerdo de la desdichada difunta, para hacer desenterrar el cuerpo de Siddal, por si existía la posibilidad de recuperar, al menos, parte de sus escritos. Y así fue. Casi por un milagro, la totalidad, o al menos eso contó él, de lo que ella escribió, se conservaba todavía en perfecto estado. Al menos, habría que decir que la macabra idea no partió de él, sino de su agente -su representante, se diría hoy en día-. debido a que el pintor estaba pasando por apuros económicos. Aunque también hay otra teoría: se cuenta que quizá no fuera cosa de éste último, sino de un grupo de amigos, que se lo insinuaron en una noche de borrachera, y que no fue por dinero que lo hizo, sino por no permitir que la obra literaria de su amada se perdiera para siempre. La exhumación se realizó, tras conseguir el necesario permiso -no se trataba de averiguar, por decir algo, el culpable de un crimen, sino de recuperar un objeto que, en principio, debía permanecer enterrado junto a la difunta-, y realizarlo por la noche, a la luz de las teas, y sin el viudo presente, que, finalmente, decidió no publicar lo rescatado. Si en algún momento pensó en ganar dinero con ello, desechó enseguida la idea. Así era, el carácter de Rossetti, impulsivo y ardiente.
No fue hasta 1906, mucho después de su recuperación, que el hermano de Rossetti, William Michael, consiguiera publicar los únicos quince poemas de su cuñada, pero de forma un tanto desordenada, sin introducción, explicaciones o datos biográficos -esto último, lógico, para no perjudicar a su hermano Dante-, y hasta 1978, y tras haber sido totalmente olvidados -o ignorados- no pudieron tener una reimpresión ordenada y comentada. En los últimos años, y más con la ayuda de las redes sociales, Lizzy Siddal se ha ido transformando en un símbolo trágico del prerrafaelismo, y de la historia del arte en general, y tal vez tenga tantas webs o páginas de facebook -y otras redes que no conozco más que de oídas, o ni eso, la verdad- que el mismo Rossetti. Quién lo diría. El nombre del libro que recoge su, lamentablemente, breve pero intensa, profunda obra: "La casa de la vida". Curioso título, teniendo en cuenta su trayectoria vital.
Respecto a su pintura, por acabar, sí que es, al menos en ocasiones, auténticamente prerrafaelita, y debe bastante a la de su marido: tiene un aspecto como tardo-medieval, italiana de finales del siglo XIV y el XV, pero con una técnica más moderna -algo normal, pues Siddal y Rossetti no dejaban de ser, por decirlo así, hijos de su tiempo, por mucho que mirasen al pasado-, aunque alguna de ella parece más oscura de lo que podría suponerse en un movimiento más "luminoso", y en ocasiones, como su poesía, bien podría ser, usando una expresión moderna, algo gótica.

Y aquí, un vídeo. de Aron Bothman, sobre su persona:



Unas cuantas de sus escasas obras pictóricas, compradas y conservadas por John Ruskin, en ocasiones sin un título reconocido. Es fácil pensar que el crítico las adquiría para así poder ayudar a Siddal -su orgulloso y posesivo marido no habría aceptado dinero en efectivo de Ruskin, a cambio de nada-, que, por su estado de salud, necesitaba constantemente dinero para médicos y medicamentos. Pero Ruskin era experto y amante del arte, además de mejor persona de lo que alguna película o libro posterior ha querido retratar, y es fácil que viera en los cuadros de Siddal lo que pocos reconocían, excepto, quizá, el mismo Rossetti: simplemente arte, y sinceridad. Una forma de poder explicar o, quizá, explicarse, darse a descubrir, ella misma:



"La búsqueda del Santo Grial".


"Clerk Saunders" -no he encontrado una traducción que considerase aceptable, la verdad-


"Después de la batalla"

"Lady Claire".


Y uno de sus poemas:

Agotada.

Tus fuertes brazos me rodean,
mi cabello se enamora de tus hombros;
lentas palabras de consuelo caen sobre mí.
Sin embargo, mi corazón no tiene descanso.

Porque sólo una cosa trémula queda de mí,
que jamás podrá ser algo,
salvo un pájaro de alas rotas
huyendo en vano de ti.

No puedo darte el amor
que ya no es mío.
El amor que me golpeó y derribó
sobre la nieve cegadora.

Sólo puedo darte un corazón herido
y unos ojos agotados por el dolor.
Una boca perdida no puede sonreír,
y tal vez ya nunca vuelva a reír.

Pero rodéame con tus brazos, amor,
hasta que el sueño me arrebate.
Entonces déjame, no digas adiós,
salvo si despierto, envuelta en llanto.


Y para quién quiera leer más poemas, de Siddal y otros, un enlace, en el blog "El espejo gótico", donde encontré este.

Y como ejemplo de la popularidad de Siddal en la red, aquí, una web -en inglés- dedicada enteramente a ella.

jueves, 11 de febrero de 2016

Kurt Cobain a capella: "Smells like teen spirit", vienticinco años después.

Aparecida hace seis años, vuelve a escucharse, como si Cobain todavía estuviera vivo y en activo.


Hace veinticinco años que salió a la luz el álbum "Never mind", el más famoso, el que hizo de Nirvana algo más que un simple grupo. Tras el suicidio de su cantante y líder, Kurt Cobain, su recuerdo podría haberse ido borrando poco a poco, hasta transformarse en un simple recuerdo para los que lo escucharon siendo adolescentes o veinteañeros: ni demasiado jóvenes -niños, más bien-, ni demasiado mayores. Pero no, Cobain, y Nirvana, sigue siendo un grupo que suena, y que hace sentir a nuevos y viejos fans algo más que el placer de escuchar una canción que te gusta.
Hace seis años, se colgó en internet, en youtube, una versión a capella de su tema más famoso, "Smell Like Teen Spirit", que en realidad no es tal, porque el cantante no lo interpretó, realmente, sin música de acompañamiento. En realidad, se separó -digámoslo así- la voz de la música, y se colgó esta versión alternativa, distinta, cruda y sentida.
Y después de que la revista "New Yorker" volviera a hablar de ella, ha vuelto a visitarse no sólo en el canal de vídeo, sino en webs y páginas de facebook dedicadas, o no, a la música. Y también en blogs, como este. Si en su momento colgué un video sobre una de sus versiones -que no canciones originales suyas-, "Where did you sleep last night", con su correspondiente historia, ahora he querido colgar este otro vídeo. Un sitio web más, entre docenas, pero es que, como antiguo fan de Nirvana, que sigue siéndolo, no he podido evitarlo.
Pues aquí está, en su versión completa. Sólo voz, y Cobain.


miércoles, 10 de febrero de 2016

La habitación de Van Gogh, reconstruída en 3D... y hasta se puede pasar la noche en ella.

El Instituto de Arte de Chicago ha realizado la reconstrucción, con muebles reales, de uno de los cuadros más famosos de van Gogh.


El Instituto de Arte de Chicago ha realizado, por puro placer tanto lúdico como artístico, la reconstrucción del cuadro de Van Gogh "La habitación" en 3D. O mejor dicho, como una auténtica habitación, o al menos, algo muy parecido. A primera vista, más bien parece, si se ve en fotografía y no al original, una versión más realista del original, pero realmente es un cuarto, con muebles reales,  que han sido pintados, como las paredes y la madera del suelo, para asemejar los colores del cuadro. O sea, que las sillas, la mesita y la cama son de verdad. Otra cosa es la ventana -las hojas son de madera, pero los cristales no son reales, están pintados, y tras ellas, sólo hay pared, no se puede ver el exterior-, o las puertas -también de madera, convenientemente pintadas para dar la impresión que son parte de un cuadro en el que se puede entrar, pero no se pueden abrir, porque más allá no hay nada-. Respecto a los cuadros, sí que son reales, pues se han pintado las imágenes que se pueden ver en la obra de Van Gogh, y hasta están colgados y enmarcados, no pintados en la pared, para dar idea real de que no son de mentira, sino cuadros auténticos.
Por lo que pude ver en las fotos, la mejor forma de darse cuenta de que es un lugar real, es fijarse en lo que no está pintado para dar la impresión de cuadro tridimensional: la toalla que cuelga a la izquierda, al lado de la puerta y una de las sillas, o el sombrero de paja colgando sobre la cama.

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La habitación, o más bien la traslación de una pintura bidimensional a un espacio tridimensional, resulta una réplica tremendamente fiel, pero además, hasta se puede dormir en ella. En la web AirBnB, donde se pueden alquilar habitaciones de hoteles, hostales,etc., se puede alquilar a 10 dólares la noche -unos 9 euros, más o menos-. 
Realmente, por cantidad tan modesta, resulta difícil no pasar al menos una noche, en la traslación a la realidad de un cuadro tan famoso, ejemplo claro del postimpresionismo, que recuerda el sur de Francia de tiempos pasados.
Todo esto viene porque el museo de arte de la ciudad, el Instituto de Arte de Chicago, en el barrio de River North, celebra una exposición de treinta y seis pinturas del genio incomprendido -en su época, pues ni él ni contemporáneo suyo alguno podrían imaginar la locura de precios que se pagarían, siglo y pico mas tarde, por cualquiera de sus cuadros-, y la reconstrucción de "La habitación", o al menos la tercera de las versiones que hizo de ella entre 1888 y 1889,, y la posibilidad no sólo de verla, sino también de "habitarla" -pasar una noche en su cama, rodeada de los mismos colores que imaginó el artista-, no deja de ser algo más que un complemento: más bien es una experiencia única para cualquer amante del arte en general, y de la pintura -impresionista, postimpresionista, o de cualquier estilo o época- en particular, se puede perder. Y más todavía, por tan poco dinero. Eso sí, nadie garantiza que la cama -que se anuncia que es para dos personas- sea especialmente cómoda.

Aquí, algunas fotos más, donde conviene fijarse en algún objeto o parte de él que no parezca pintado, para darse a cuenta de que no se trata de un cuadro, o una imagen recreada con ordenador que permite el movimiento en ella, sino una auténtica reproducción con muebles reales:


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Y para quien quiera entrar en la web "Colossal", dedicada al arte en general, donde se puede leer en inglés -su original- la noticia, y otras muchas,, aquí hay un enlace.

martes, 9 de febrero de 2016

Está bien ser a veces un poco niños: La versión Alfons Mucha -o sea, modernista- de "Frozen".

Buscando aquí y allá, me ha salido esta obra modernista basada en el "nuevo clásico" de animación.


Bueno, a falta de tiempo, pero también para poner algo, aunque sea un poco tonto, reproduzco un par de ilustraciones, digamos, modernistas. O más bien "neo-modernistas" -expresión ya de por sí curiosa- de Yartzana-Serenade -de la que poco he encontrado, aparte del nombre, aunque en alguna web sobre arte libre se pueden encontrar algunas otras obras suyas-, y una segunda de Megan Lara. Se trata de ilustradoras no muy conocidas, cuya obra se puede ver libremente en la web. Así que, aunque no deje de ser una película infantil -aunque, dentro de ese género, tan atípica como atractiva, para niños y no tan niños-, no he podido evitar el reproducir una y otra ilustración.
Vamos, lo que se dice ser un poco crío. Y la verdad, lo que está bien hecho, está bien hecho.


La obra de Yartzana-Serenade.


Y la de Megan Lara.

jueves, 4 de febrero de 2016

Los prerrafaelitas (XXXI): Frank Bernard Dicksee, ¿el último de los prerrafaelitas, si realmente lo fue?

Aunque perteneció a una generación posterior a los primeros prerrafaelitas, en él todavía se notaba su influencia.



Dicksee, pintor victoriano cuya carrera prosiguió hasta pasada esa época, y en el que las influencias del movimiento todavía se dejaban ver.

En muchas ocasiones, la costumbre de etiquetar -no sólo artistas o cuadros, sino cualquier tipo de individuo o grupo de ellos, o cualquier obra que pudieran haber realizado- se vuelve un tanto difícil, y más que aclarar, podría llevar, si no a engaños, sí a confusiones. En el caso de los prerrafaelitas, hay una lista, relativamente larga, pero no enorme, de pintores -aquí dejo aparte a escultores o poetas- que sí pueden ser considerados como parte íntegra y principal del movimiento, más algunas figuras menores, pero que también podrían ser incluidos como tales. Aparte de la "Santísima Trinidad" original, de Millais, Rossetti y Holman Hunt, y de Alma-Tadema -si bien este sería una mezcla de prerrafaelita y neoclásico-, los dos Leighton, Poynter, Solomon y poco más -aparte de algunos pintores "menores"-, el resto son un tanto dudosos, cuando no artistas que, o bien recibieron clara influencia de ellos, pero que no por eso tendrían que ser parte del movimiento, o influyeron en la corriente, y llegaron a retroalimentarse -Madox Fox, sería un caso claro-, o bien comenzaron siendo prerrafaelitas, pero dejaron de serlo pronto, por ser éste un movimiento que ya estaba empezando a estar pasado de moda.
El caso de Francis -o Frank- B. Dicksee sería quizá el primero de estos tres casos: ni influyó a la corriente, ni era un contemporáneo que recibió influencia, aunque con una personalidad artística distinta. Directamente, fue heredero de la Hermandad y sus seguidores, pues él ya pertenecía a una generación posterior, pues nació en Londres ya en 1853. Cuando él era un niño, los prerrafaelitas originales ya habían iniciado su revolución de jóvenes airados, y cuando Dicksee ya era un pintor adulto y con técnica suficiente como para ganarse bien la vida, pasada la década de 1880, el resto ya tenían una edad avanzada para la época. Finalmente, cuando la mayoría de los prerrafaelitas auténticos ya estaban muertos, él todavía tenía bastante vida y trabajo por delante, pues falleció en 1928, cuando los revolucionarios originales en su mayoría, o no llegaron al siglo XX, o apenas pudieron conocer sus primeros años.

"Las dos coronas" (1900), es una de las obras más conocidas de la Galería de Arte Tate. El título hace referencia al monarca victorioso que entra en su capital con armadura y corona doradas, que le corresponden por su condición de rey, y que observa otra corona, la de espinas, que lleva sobre su cabeza la talla de Cristo, que él mira de reojo, quizá pensando cual de las dos coronas tiene más valor, y quién llevó la suya con más dignidad.

"El funeral de un vikingo" (1893), una obra historicista, que no se basaba en un hecho en particular, sino que representaba una parte de la sociedad vikinga, que en el siglo XIX, tanto en Escandinavia como en las Islas Británicas, estaba empezando a ser estudiada y re-descubierta.

"Amanecer" (1897), una pintura alegórica, donde el amanecer representado por la joven, y la figura vestida de negro, más bien parecen recordar el comienzo y el fin de la vida.

Se le considera un pintor victoriano, además de dibujante -o sea, ilustrador-, pues la época Victoriana acabó con la muerte de la reina que le dio nombre, en 1901, así que Dicksee vivió bajo el reinado de la soberana durante casi medio siglo. Su padre, Thomas, que era pintor profesional, enseñó su oficio a sus tres hijos -Franck, Herbert y Margaret- lo mejor que pudo, y en el caso del primero, no sólo demostró ser buen alumno, sino que tenía suficiente habilidad como para poder ingresar en la Royal Academy en 1870, donde destacó muy pronto. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que una cosa era ingresar en la academia como aprendiz, como alumno -o sea, para aprender y desarrollarse como artista- y otra como socio, o sea, como pintor ya consagrado. Eso, Dicksee lo consiguió bastante más tarde, en 1891 -aunque aún no tenía cuarenta años; era pues, un hombre adulto, pero no maduro-, llegando, incluso, a ser elegido presidente de la misma en 1924, cuando ya era un personaje famoso y reconocido a nivel nacional. En aquellos últimos años de su vida, ya prácticamente retirado de la pintura, consiguió, además, reconocimiento público al ser nombrado caballero -o sea, sir-, por el rey Jorge V -el monarca de la I Guerra Mundial, para entendernos- en 1925, y dos años después, y sólo uno antes de su muerte, entró como miembro de la Real Orden Victoriana, una orden de caballería que sólo recibían muy pocos individuos, que habían realizado servicios personales al monarca y su familia.


"Leila" (1892), sería una obra orientalista, también conocida como "Pasión". Muy probablemente, lo que deseaba el autor, es pintar una mujer de origen exótico, tanto por la época -¿la Antigüedad?- como por la lejanía geográfica.

"Retrato de Elsa, la hija de William Hall", es uno de sus retratos de mujeres "reales" más conocidos y logrados.

"Romeo y Julieta". Es uno de los cuadros dedicados a la literaria pareja, y no se sabe cuándo debió pintarlo, pero debió ser en los años veinte.

¿Y qué es, lo que más pintaba Dicksee? En general, su obra se podría dividir en dos partes. La primera, y la que le repercutió mayor beneficio económico, además de amistades en las altas esferas, fue la de pintor de retratos femeninos de mujeres de origen social elevado, y contemporáneas suyas. Hoy en día, y aunque el retrato femenino casi siempre ha tenido mejor suerte que el masculino a la hora de ser recordado muchos años después de haber sido realizados -a no ser que se trate de reyes, o de militares y políticos de primer orden-, no es la parte de la obra de Dicksee que ha pasado a la posteridad como más representativo de su arte. Esta sería la que Dicksee dedicó a escenas de temática literaria, histórica o legendaria y mítica. Muy probablemente, aunque le pudiera repercutir menos ganancia económica, fueron las obras que le ayudaron a hacerse un nombre entre los críticos, otros pintores, y finalmente, le ayudaron a escalar en la Royal Academy, aunque también allá, al fin y al cabo un organismo clasista -como lo era la época que le tocó vivir a Dicksee-, el ser no sólo conocido y reconocido, sino también muy buscado por las grandes familias para que retratara a sus mujeres, debió ayudarle a no ser un simple miembro más. Lo que sí es cierto es que sus obras eran de temática variada, pues si tenía interés por alguna época histórica, leyenda u obra literaria, no siempre se reducía a pasar al lienzo un hecho o imagen que se daba por real -en el tema histórico-, o ya contado por el autor original -literario- o por otros pintores -caso de muchos mitos y leyendas, que durante décadas, o incluso siglos, habían sido representados una y otra vez-, sino que él imaginaba escenas nuevas, propias, relacionadas con las que otros pudieran pintar antes, pero originales suyas. Pero en su segunda etapa, vio que las escenas medievales podían ser un disfrute, a la hora de pintarlas, pero que era otro tipo de trabajos, el del retrato por encargo, el que más dinero daba, así que, sin dejar lo primero, se dedicó mucho más a lo segundo, teniendo más facilidad e interés por las mujeres, aunque también retrató personajes masculinos. Al fin y al cabo, además de un artista, era un profesional.
Los críticos contemporáneos suyos -al menos, los de su primera época, la auténticamente Victoriana- reconocían que tenía una gran técnica, y que podía resultar espectacular, pero no acabaron nunca de considerarlo un maestro de primer orden. Pensaban que sabía representar muy bien la luz y el color, pero a veces caía en cierta cursilería. Una de sus obras más conocidas, "El entierro de un vikingo" (1893), fue la que más fama le dio en su momento.



"La Belle Dame sans Merci", basado en una obra del poeta John Keats. Temática medieval, o algo más. En su momento, la consideraron algo cursi, tal vez con razón, pero no deja de ser una de sus obras más conocidas y recordadas.


miércoles, 3 de febrero de 2016

Un recuerdo de Black, que mereció ser más que una "one hit wonder"; una estrella de una sola canción.

Habría sido, quizá, más lógico hacérsela a Bowie, leyenda del rock, pero con una entrada no habría sido suficiente.


Nuca he hecho una entrada dedicada a un artista -o cualquier otro tipo de persona- recientemente fallecido. No sé el por qué, exactamente. Quizá porque todo el mundo lo hace, o porque tampoco sabría muy bien qué decir. En este caso, quizá, me ha apetecido hacerlo por tratarse de un artista a que escuchaba siendo yo muy joven -casi un crío, realmente- y del que poco o nada se volvió a saber por mi país, una vez se dejó de escuchar su gran éxito, que le hizo mundialmente famoso: "Wonderful life".
Realmente, no es del todo cierto que Black fuera lo que los anglosajones llaman una "one hit wonder", una estrella -solista o grupo, da igual- de una sola canción. Tras su primer disco (1987, que se llamaba igual que su éxito-, vinieron otros dos que, sin llegar a superventas, a nivel mundial llegaron a vender cerca de dos millones de copias. No era en ese momento, tras el "wonderful boom", una estrella de primer orden, pero tampoco un artista casi desconocido u olvidado. Sin embargo, tras su boda, y que la banda se quedara reducida a él mismo -sí, Black, en principio, era un grupo de tres-, siguió cantando en solitario, con su propio nombre, Colin Vearncombe, y pasó de trabajar para una gran discográfica -él siempre lo hizo para A&M Records, y en teoría debía pasar a hacerlo para WEA Records-, decidió crear la suya propia, Nero Schwartz Records, y sacó al mercado cuatro discos más, aparte de recopilatorios, colaboraciones, directos de todo tipo, etc. 
En los últimos veinte años, o más, poco o nada se supo de él, pues incluso en el Reino Unido poca gente lo escuchaba. Su música apenas se oía en la radio comercial, ya no digamos en televisión. Pero logró tener su pequeño grupo de seguidores que le animaba a seguir, y lo habría hecho -su último CD, "Blind Faith" salió en 2015; su título, "Fe ciega", daba a entender que en absoluto había pensado en dejar la música-, hasta que un fatídico accidente de automóvil lo dejó en coma, muriendo semanas después.
Siempre se podrá decir que queda la música, para recordar, o para descubrir. Reconozco que tengo su éxito, que he buscado en alguna ocasión qué era de su vida, pero que, precisamente por su muerte, he ido conociendo alguna canción de la que no tenía ni idea, como tampoco que siguiera en activo, cantando y componiendo con su propio nombre. Sé que esto no es un resumen serio ni de su vida, ni de su obra, pero no pretende serlo. Es sólo un apunte que viene a través del recuerdo de alguien que se oía tanto hace años, como casi desapareció durante mucho tiempo.
Pues bien, con todos ustedes, Black. O Colin Vearncombe:





lunes, 1 de febrero de 2016

Los continuadores de Marjane Satrapi en la cultura iraní moderna: más cómic, y cine de vampiros en un western actual.

Más allá de la república teocrática: el cómic como denuncia, y el cine como evasión y fusión cultural.


Hace muy poco que escribí una entrada -que al quedárseme un poco corta, quizá reescriba, ya se verá- sobre Marjane Satrapi, que es la autora de cómic iraní -y del mundo musulmán, realmente-, más conocida del mundo, pero también una testigo de lo que ha sido, y sigue siendo, tanto la sociedad iraní desde tiempos de la Revolución Islámica, como de una familia iraní de clase media -la suya-, y de un miembro en particular de ésta -ella misma-.
Sin embargo, ni ella es la única representante del cómic irani, ni el único ejemplo de, al mismo tiempo, vitalidad cultural, deseo de llegar con su obra a cuanta más gente mejor -dentro y, sobretodo, fuera de su país- y denuncia, todo al mismo tiempo. Dejando aparte la literatura -algo se podría decir sobre ello, sí-, y lo que se llamaría "cine serio" -sea lo que sea, que eso pueda significar-, aparte de la denuncia política y social propiamente dicha -Shirin Ebadi, por ejemplo-, aún se pueden nombrar a otros autores, tanto de historieta, como de cine, en teoría, de pura evasión, pero que, por su modernidad y la forma en que rompe esquemas, también tremendamente subversivo. Al menos, para el decrépito y anacrónico -por muy revolucionario que diga ser- régimen de los ayatolás. 


Dos obras de cómic que explican, mejor que la limitada información de los medios, lo que pasa en la República Islámica.

"El paraíso de Zarah" hace referencia al cementerio más importante de Teherán. Y no es un título casual, pues la obra de Amir y Khalil, los dos seudónimos bajo los que se ocultan los jóvenes autores de esta historia, hace referenciai a las manifestaciones masivas, sobretodo de gente joven, muy joven, que siguieron a la más que sospechosa victoria aplastante del radical Mahmud Ahmadineyad, que fueron aplastadas de forma brutal por la policía, y los basij -milicia paramilitar del gobierno, que lo mismo puede apoyar al ejército, como a la policía, a la hora de vigilar y reprimir todo tipo de oposición, aparte de otro tipo de trabajos, y que tienen cierta influencia política y económica, aparte de que tal o cual líder religioso o político pugna por ganárselos, o a veces, reducir su fuerza-. Aquella represión, que se fue acrecentando a medida que las manifestaciones proseguían durante semanas, y más y más gente se unían a ellas, fue brutal, pero también, como casi siempre, oscura, con docenas de muertos -o más, porque sólo se contabilizaban los de las calles-, detenidos y desaparecidos. Todavía hay presos políticos por aquellos hechos, y otros detenidos y encarcelados a posteriori -tuvieran que ver con aquello o no-, aparte de auténticos desaparecidos de los que, realmente, poco o nada se sabe. Y eso incluye a sus familias, que ya no saben donde buscar, ni a quien acudir.
En ese estado laberíntico y kafkiano se mueve el protagonista, buscando a su hermano desaparecido, como tantos iraníes hicieron, y siguen haciendo, en la realidad. Aunque los protagonistas son imaginarios, la historia es triste y repetitivamente verdadera, y parte importante del material para el guión proviene de fotografías, testimonios y relatos que los autores pudieron encontrar en las distintas redes sociales -Irán, desde hace un tiempo, ha tenido un auténtico boom de blogs, desde los más íntimos, a los más rebeldes, que ayudan más que cien libros a conocer lo que piensa la gente, sobretodo los jóvenes urbanos, en todo el país-. En realidad, antes de ser publicada en forma de libro, o de novela gráfica, como se dice ahora, pudo ser leído precisamente en forma de blog, como si el protagonista publicara imágenes, como si fueran entradas basadas en su propia vida y experiencias.

Dos viñetas de "El paraíso de Zarah", donde se reproducen, por un lado, el hartazgo ciudadano, y por otro, la naturaleza laberíntica, burocrática, kafkiana, del estado iraní.

Los dos jóvenes autores -tal vez tengan treinta y poco, unos diez años menos que Satrapi-, viven exiliados en Estados Unidos, y siempre dan entrevistas por videoconferencia o, en general, por redes sociales, ocultando rostro, nombre y biografía. Reconocen, explican, que el régimen islámico es opresor, e incluso agobiante, pero más débil de lo que parece, y que antes o después, acabará cambiando. Aunque sólo fuera porque no queda más remedio, porque una parte grande, y creciente, de la población, no está dispuesta a soportar el inmovilismo, la represión y el oscurantismo de una población más moderna y abierta de mente de lo que se cree en Occidente, y de lo que están dispuestos a admitir su clase gobernante.

"Una metamorfosis iraní", de Mana Meyestani -como dibujante y guionista", va un poco más allá. Cuando habla de "metamorfosis", parece hacer referencia a la novela corta de Kafka, y así es. Meyestani era un dibujante satírico -dentro de la sátira que se le permitía hacer; en Irán, las publicaciones consideradas "incómodas" son cerradas, y posteriormente "resucitadas" -si es posible- por quienes las llevaban adelante de forma periódica-, que un día, se le ocurrió dibujar una cucaracha, o al menos algo que se le parecía -un insecto de enorme tamaño y capaz de hablar, para entendernos- que decía una palabra muy habitual entre los azeríes o azerbaiyanos, un pueblo de etnia y lengua turcas, muy numeroso en Irán -son casi una cuarta parte, y bastante influyentes; el gran ayatolá Ali Jamenei es azerí- y que, si bien no es especialmente discriminado -al menos, comparados con los kurdos, árabes o beluchis, por ejemplo- tampoco es que estuvieran, en ese momento, ni con la discriminación de su lengua frente al farsi -el persa-, ni con su situación social y económica -tampoco es que el resto de iraníes, debido a las sanciones y la situación interna estuvieran mucho mejor que ellos- lo que se dice muy conformes con el gobierno y el estado. Fantaba, entonces, la chispa que encendiera la mecha, y aquella viñeta, que el autor no recuerda ni por qué dibujó, hizo que los azeríes salieran a protestar a miles, y que lo que empezó como una queja hacia un dibujante, acabó como un problema de orden público. Además, aquello parecía tener un cáriz cada vez mát étnico, y en Irán, el reconocimiento de la diversidad étnica, o existencia de minorías es un tabú nacional.
Así pues, decidieron buscar un chivo expiatorio, y ese fue Meyestani, y en menor medida, el director de la publicación para la que trabajaba. El dibujante acaba, primero señalado, luego despedido, y más tarde juzgado -aunque no queda claro nunca, exactamente, el por qué-, encarcelado y, finalmente, en el exilio. Él acabó, finalmente, recalando en Francia, después de dar media vuelta al mundo, y contando su historia como mejor sabía: por medio de la historieta. Pero no sólo es su historia, sino también la de la situación actual de su país, y en particular, de sus cárceles, la censura, y el sistema judicial.

El autor, escribiendo una historia que crecía al igual que la suya, porque eran la misma.


"Una chica vuelve a casa sola de noche". Un western contemporáneo, en una ciudad imaginaria, con vampiros iraníes. ¿Queréis más originalidad?

Esta sí que es una obra original, o al menos, muy particular. Se trata de un largometraje, basado en un corto del mismo título, y que cuenta con un cómic paralelo realizado por la directora y guionista de la película, con el dibujo de Michael Deweese, protagonizada -realizada en su conjunto, realmente- por lo que podría llamarse "el Irán exterior": exiliados o emigrados económicos, o hijos suyos, criados o nacidos en Estados Unidos o, en el caso de la "madre" de todo el invento, en Gran Bretaña. Rodada en California, pero en farsi; con protagonistas de origen iraní, supuestamente ambienado en una decadente y siniestra ciudad de ese país, pero con nombre inglés, Bad City, y donde la cultura persa y la anglosajona -y occidental en general- se entremezclan sin, en ningún momento, negarse o imponerse. Dicho de otro modo: para ser modernos, no hace falta que los iraníes renieguen de su cultura a favor de la occidental, pero estar orgullosos de ella, no significa cerrarse a todo lo que pueda aportarles Occidente, o cualquier otra civilización.
Ana Lily Amirpour. Ese es el nombre de la productora, directora, guionista y autora del cómic, además de la persona que seleccionó tanto a los actores -el casting, vamos- y las canciones de la banda sonora, que aquí es casi un personaje más de la historia. Británica de nacimiento, irani de origen y norteamericana de adopción, además de perfectamente bilingüe, admiradora del cine negro, el de artes marciales, y David Lynch. y un ejemplo de lo que puede considerarse fusión cultural personificada en un solo individuo. Cine alternativo, pero al mismo tiempo atractivo, con clara influencia -lo he leído en más de una web de cine, pero tras ver las partes que he podido de la película, pude ver que era cierto por mí mismo- de Jim Jarmusch. En particular, su "Dead man", otro western heterodoxo en blanco y negro.


El cartel en español de la película, y un póster de presentación en inglés.

En blanco y negro, filmada originalmente en farsi, contando la historia de una vampira con chador, que se mueve como un fantasma -lo que la mujer debería ser, según piensan en Irán los "guardianes de la virtud"- por una ciudad moribunda, poblada por prostitutas, proxenetas, delincuentes, drogadictos y pobres diablos que nadie sabe bien por qué no se han marchado ya, acaba siendo, al tiempo, fantasía, horror y amor, una vez que la joven bebedora de sangra acabe dudando de sí misma cuando encuentra, después de una eternidad, alguien que, aún sabiendo lo que es,  y contra toda lógica, la ama.

A Girl Walks Home Alone at Night 4
Sheila Vand, que da vida a la "no muerta", que busca sangre en la imaginaria ciudad de Bad City.

La autora también realizó el guión de un cómic, con dibujo de Michael Deweese,  como acompañamiento de la película en DVD. En blanco y negro, como ésta, aquí el personaje resulta más amoral y siniestro. Más vampírico, si es que los vampiros tienen una determinada personalidad, y no la que cada cual quiera darle.

Verla en Europa se hizo difícil. En España, todavía más, aunque ahora mismo, resulta fácil comprarla en DVD o semejantes. O verla en internet. De todas formas, es, ante todo, una obra tan curiosa y original como entretenida, pues si bien es una película tan alternativa que no acaba de sonar exactamente a nada -y al tiempo, a tantas cosas-, al tiempo, es lo suficientemente inteligible que resulta -si el espectador está dispuesto a acompañar a sus protagonistas en tan extraño viaje- relativamente sencilla de comprender. Y desde luego, de apreciar.
Y aquí abajo, finalmente, un trailer subtitulado al español, en farsi en original: