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miércoles, 5 de abril de 2017

Los prerrafaelitas (anexo XIII): ... y las obras de Waterhouse se hicieron realidad. El trabajo de Bert Barelds.

Los prerrafaelitas han influido en la fotografía desde los primeros tiempos de este arte. Y en ocasiones, muchísimo.


Hace mucho que escribo más bien poco en el blog, por falta de tiempo, pero también un poco de ganas. Pero en ocasiones, se encuentran en la red cosas realmente interesantes. O al menos, que me interesan a mí.
Este es un caso. Se trata del fotógrafo y director de fotografía holandés Bert Barelds, que entre otras cosas -por lo visto, tiene una obra considerable- una larga serie de reproducciones fotográficas del pintor prerrafaelita John William Waterhouse. Ya en alguna otra ocasión he realizado entradas sobre fotógrafos e ilustradores que se han dejado influir -o directamente, hacer sus propias versiones de originales- de obras de esta corriente, pero en general, fue Dante G. Rossetti, el que más ha llamado la atención de artistas posteriores. Sin embargo, Waterhouse, que tanto gustó de representar su visión de personajes o hechos de la mitología griega, entre otras cosas, podría muy bien estar el segundo en la lista de lo que ahora se llamaría "influencers" artísticos del prerrafaelismo.
Y aquí, unos cuantos ejemplos, donde las fotografías de Barelds son comparadas con los originales de Waterhouse.


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La "sirena" de Waterhouse. Las mujeres-pez fueron unas de las criaturas que más interesaron a los artistas del XIX, en Gran Bretaña y en otros países.


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"Eco y Narciso", son una de esas parejas de amores imposibles o desgraciados de los mitos.


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"Hilas y las ninfas", que según como se vea, se cuenta como un rapto -el del joven, a manos de las ninfas de río-, o más bien una huida de éste de Heracles/Hércules, que según versiones, era un amigo, un amante, o un dueño de Hilas, tratado como un esclavo sexual. Visto con quién se encontró en el río, creo que Hilas optó por marchar de buen grado, dejando con un palmo de narices a Hércules, y al resto de los argonautas.


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La "Ofelia" de Waterhouse. Todo artista del XIX británico, prerrafaelita o no, tenía su propia Ofelia. Pocos personajes literarios han tenido tantas versiones pictóricas, a pesar de haber sido un personaje secundario. Si no fuera por estos artistas, ¿quién se acordaría, hoy en día, de ella?


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"Circe envidiosa". La hechicera de sangre divina también fue uno de los personajes que más llamó la atención en el XIX. Lo de "envidiosa", le viene por un mito menor: Escila, el monstruo del que se habla en la Odesia, realmente fue una bella ninfa de la que estaba enamorado Glauco -una especie de dios menor pescador-, al que, a la vez, amaba Circe. Pero el pescador prefirió siempre a la ninfa, y la hechicera, que no podía soportar no conseguir todo lo que deseaba, decidió convertirla en un monstruo marino. Pero ni aún así consiguió el amor de Glauco. Más bien al contrario, pues la odió para siempre y, según algunos, se suicidó.


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Y como no, también existe una versión de "La dama de Shalott", quizá el cuadro más conocido de Waterhouse, y otra de las musas literarias de los prerrafaelitas -y de otros, también-.


jueves, 12 de enero de 2017

Los prerrafaelitas (anexo XII): Más influencia del movimiento en fotografía de moda o artítica.

Aunque ya no haya entradas largas, resulta muy fácil encontrar material extra sobre un fenómeno artístico y cultural eterno.


Bien, como ya dije hace poco, decidí acabar la larga serie sobre el prerrafaelismo, aunque es posible que, en caso de descubrir a algún nuevo artista que considere interesante, o algún tema largo, podrá haber alguna más. Pero otra cosa es cuando se encuentran fotografías o ilustraciones de todo tipo, o temas que no requieren más que unas pocas líneas, o algunas fotografías.
Y en eso mismo, en la fotografía, que ya en el siglo XIX, en plena época victoriana, y con el prerrafaelismo bien vivo, y dejando su impronta en el arte y la cultura de su tiempo, demostró ser muy permeable a la influencia de la pintura, y de la corriente en particular, es donde todavía se puede ver la fascinación de aquellos lejanos maestros, que todavía siguen vivos, mucho más de lo que a primera vista podría pensarse.
Pues nada, unas cuantas fotos, y la próxima vez, algo más trabajado y largo:


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La modelo es la portuguesa Diana Rosa, al igual que la fotógrafa artística Mara D'Eleán, bajo el nombre artístico de Eleán'Art.

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Una fotografía de moda para Vogue, de Jeff Bark, que dijo haberse inspirado en la obra de Dante G. Rossetti.

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Y una fotografía -no sé de quién, ni por quién realizada- de la década de los 20, también claramente influida por unos autores que, en aquellos tiempos de vanguardias, eran considerados ya arte académico anticuado.

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Y de la serie "Jardines encantados", de Paolo Roversi, con la modelo Sasha Pivovarova, y que deci haberse inspirado en el arte de Waterhouse.


Podrían encontrarse fácilmente en la red multitud de otras fotografías, de moda o artísticas, o ambas cosas al tiempo, donde la influencia prerrafaelita se puede ver, en ocasiones, de forma clara, y en otras, algo más rebuscada. O simplemente, eso es lo que cuentan fotógrafos o modelos.
Otro día, algo más largo, y no sólo tanta foto.



domingo, 24 de julio de 2016

Los prerrafaelitas (anexo IX): Más fotografía actual inspirada en los maestros de la Hermandad.

La fotografía, artística o de moda, ha encontrado un filón en el redescubrimiento del prerrafaelismo.


En más de una ocasión he comentado la influencia del prerrafaelismo e la fotografía. En realidad, dicha influencia fue tan temprana, que los primeros fotógrafos, tanto aficionados pero reconocidos, como profesionales, que desaron ir más allá del puro retrato por encargo, o de las fotografías realizadas para periódicos, o de naturaleza histórica -más bien, serían históricas con el paso de los años- o antropológica o costumbrista, tomaron a los artistas de la Hermandad, o que recibieron influencia directa de ella como modelos a imitar, o al menos, tomar prestadas sus ideas y puntos de vista.
Hoy en día, en que la pintura en lienzo -al óleo, acuarela...- o al fresco -murales, aunque estos no acostumbran a ser pintados de esta forma, por lo mal que se conservan con el paso del tiempo- ha caído no ya en la decadencia, sino casi en el olvido -pocos son, los artistas de pintura figurativa, no abstracta, conocidos, más allá de un pequeño número de entendidos o fieles seguidores-, es la fotografía, otra vez, la que, volviendo la vista atrás, más que recibir influencia, más bien resucita, recuerda, reconoce la labor de aquellos hombres y mujeres y sus obras, tan olvidados, unos y otras, por este mundo moderno.
Aquí, algunos ejemplos. En parte, es fotografía artística, sin más, pero en la mayoría de los casos, se trataría de fotografía de moda, donde se aprovecha el buen hacer de los maestros del XIX para presentar ropa, joyas, o incluso peinados o maquillajes, que también beben de los de aquellos tiempos.

La "Venus Verticordia" de Rossetti, originalmente con Jane Burden/Morris de modelo. La fotografía es de John Knight.



La Circe de Waterhouse, que retrató en más de una ocasión, y con aspecto y vestimenta distintos, tal vez porque la visión que tuvo el autor del personaje fue variando. Sin duda, la hechicera de sangre divina debió fascinarlo, tanto como a otros artistas de la época (colección Bijoux; fotógrafo: Eih).


Pandora by John Knight
Pandora, según la mitología griega, la primera mujer, con el cofre -o caja, como se le llama popularmente- de la que saldrían todos los males. También de Rossetti (1869), y también con Jane Burden/Morris de modelo.

"La Ghindarlatta", también de Rossetti. Sin duda, en retratos de mujeres con raíces mitológicas o literarias, él se lleva la palma. Y también a la hora de ser homenajeado o, directamente, copiado. La fotografía es de Hannah Palmer, y en este caso, no he tenido ni que buscar el original.


domingo, 22 de mayo de 2016

Julia Margaret Cameron, pionera del siglo XIX de la fotografía artística.

Casi por casualidad, consiguió crear arte con lo que para muchos sólo era un aparato de "nueva tecnología".


En tiempos en que el arte parecía estar, y crearse, en todas partes, y por parte de muchísima gente.

En general, a la hora de hablar de fotografía, me he dedicado más a copiar algunos fotos antiguas, fuera en color o blanco y negro, que considerase interesantes, sin importar quién fuera el autor. Sobretodo, porque  a veces no se sabía ni quién era. Pero este es un segundo caso distinto, tras el de Emma Barton, sólo que Julia Margaret Cameron es una autora más conocida e importante que la primera. Casi olvidada, por no decir desconocida para generaciones enteras -y eso incluye gente entendida en el arte fotográfico- ha sido en los últimos tiempos, mediante exposiciones, libros, y el poder darse a conocer su obra por medio de internet, que su nombre a vuelto a sonar a no pocos.
Julia Margaret Cameron (1815-1879) nació en la India, en Calcuta, pues su padre, James Peter Pattle, fue oficial de la Compañía de las Indias Orientales, que hasta la anexión de sus territorios al Imperio Británico en la India, y la disolución final de dicho organismo, fue casi un estado dentro del estado británico. Por parte de su madre, además, era de origen francés y noble. Seria, pues, tras casarse con Charles H. Cameron -de ahí su apellido de casada-, jurista y poseedor de una gran plantación de té en Xry Lanka -la isla de Ceilán, como se le conocía en aquella época-, lo que se podría llamar una aristócrata -no por título de noble, pero sí por su nivel de vida- con mucho tiempo para sí misma, porque resulta evidente que tenía una legión de sirvientes, en Asia o en Gran Bretaña, para ocuparse de la casa y de sus hijos. Pero a diferencia de otras, Cameron tenía estudios, una cultura general elevada, e interés por el arte. Además, era de un tipo de mujer no tan usual en la época Victoriana, que no se contentaba con disfrutar del arte creado por terceros, sino también el intentar -y conseguir- crearlo por sí misma. Ella no parecía tener suficiente habilidad o sentido artístico -o lo que fuera- para dedicarse a la pintura o el dibujo, como Henrietta Rae, por poner un ejemplo de mujer contemporánea suya, pero un día, por casualidad, acabaría descubriendo para lo que sí estaba tocada por alguna nueva musa, nacida en el siglo XIX, mucho después que sus hermanas mayores, por ser de un arte nuevo: la fotografía.


Una fotografía de ella misma, realizada por Herschel, en 1870. Su éxito fue muy rápido, y le acompañó hasta su muerte, en la isla de Ceilán, en 1879.

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"Beatrice Cenci" (1866) Sus fotos fueron todas en blanco y negro, pues el color, ni en su forma más primitiva, existía. Sólo había fotos pintadas, pero de forma, en general, bastante simple y que, más bien, estropeaban la fotografía original. En los últimos años, sin embargo, han ido apareciendo programas -y especialistas- que son capaces de colorear fotografías antiguas como si originalmente hubieran sido realizadas a color.


Otra versión de su "Beatriz".


"Madre María", o el arte sacro en la fotografía. Cameron sabía adaptarse al rostro y el carácter de cada uno de sus modelos. En aquellos tiempos, se pensaba que se podía averiguar mucho del ser de una persona sólo por su cara o sus modos, así que la fotógrafa no era amiga de maquillaje u otras "trampas". Cada individuo retratado, debía ser capaz de hablar sin palabras, sólo con su rostro.

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"Una sagrada familia" (1872), o la fe y la pureza encontrada en una sencilla familia. En oasiones sus modelos eran parientes -sobrinas, su hija-, amigos, sirvientes -se llegó a decir, y quizá fuera cierto, que los contrataba según lo fotogénicos que llegaran a ser-, o amigas jóvenes o parientes de otras mayores.


"El beso de la paz", con su conocido desenfoque provocado.

Sin embargo, en aquellos tiempos -hablamos de la década de los sesenta del XIX-, la fotografía apenas era considerada un arte, e incluso, un elemento importante o a tener en cuenta a la hora de ilustrar periódicos o revistas, o retratar hechos históricos, paisajes o personajes, conocidos o anónimos. Estaba todavía en pleno desarrollo tecnológico -más bien, se estaba trabajando para que fuera viable-, y el hecho de que cualquier persona que deseara ser fotografiada tuviera que posar durante mucho tiempo -en principio, horas- sin moverse, resultaba no sólo muy pesado, sino que, al menos en el caso de la pintura o el dibujo, el artista podía parar y dejar descansar al modelo en cuestión, pero en fotografía, un movimiento brusco hacía que el tiempo, el trabajo y los productos químicos y la placa utilizados fueran desperdiciados sin remisión.
A Cameron, un día de 1863, su única hija, Julia, y su yerno, le regalaron una pesada cámara de madera, para que pudiera pasar el rato y tener un entretenimiento considerado exclusivo, de gente de alta sociedad -poca gente podía, en aquellos tiempos, permitirse comprarse una cámara para, literalmente, jugar con ella, y no usarla, como los fotógrafos profesionales, para ganarse la vida, y así, recuperar la inversión inicial-, y que además, en principio, podía tener un uso artístico. O eso pensaban algunos, porque en los inicios de este arte, no eran pocos los que consideraban que no era mucho, lo que se podía conseguir de artístico con semejantes artilugios. No fue hasta el año siguiente, con cuarenta y ocho años ya, que consiguiera su primera fotografía -por lógica, algo que le hizo más ilusión que cualquier reconocimiento o premio posterior-, y al poco, pasó a formar parte de la exclusiva Sociedad Fotográfica de Londres y Escocia -curioso nombre este, por no parecer incluir al resto de Inglaterra-.

William Michael Rossetti, el hermano del pintor y poeta Dante Gabriel, que también tuvo su época poética, además de ayudar en la revista prerrafaelita "The germ".

El poeta Tennyson, cuyos libros de poemas ilustró con sus fotografías.

El pintor William Holman Hunt, uno de los miembros de la Hermandad.


Exitosa fotógrafa, rescatada para el recuerdo muchos años después.

No tardó mucho en ganar premios, y en participar en exposiciones colectivas, y finalmente, en tener algunas dedicadas sólamente a ella, incluso fuera de Gran Bretaña. En 1864, consigue su primera exposición dedicada únicamente a su obra, y seguiría en salas cada vez más importantes -la Galería Francesa de Londres-, llegando a conseguir un premio en Berlín, y que el mismísimo Charles Darwin le pidiera que realizara varios retratos suyos.
Respecto a lo que fotografiaba, o qué influencias artísticas tuvo a la hora de decidir qué y cómo plasmar lo que más le gustaba -porque estaba claro que poca influencia podía recibir de otros fotógrafos artísticos, por tan pocos que había en ese momento-, parece claro que fueron diversas, pero claras, y habituales en aquellos tiempos: la literatura -sobretodo la de su propio país, pero también la de Italia, y Europa en general-, el Renacimiento en sentido amplio, los prerrafaelitas -como no; hay que tener en cuenta que su obra se extendió por las décadas de los sesenta y setenta del XIX, que fue el tiempo en que dicha corriente tuvo más fuerza-, destacando Burne-Jones y Millais, aunque también autores algo posteriores, como el simbolista George F. Watts, y también la Biblia, pues aunque no fuera una puritana obsesionada con la religión, sí que era creyente, y la Biblia formaba parte íntegra de la educación de casi cualquier europeo de la época, aún sin ser practicante de la religión. Y sobre si hubo alguien que le enseñara a sacar mayor rendimiento de sus máquinas, pues al poco de conseguir varias exposiciones, compró una mejor de la que tenía, sí parece que recibiera la ayuda de dos fotógrafos conocidos por sus trabajos de aquellos tiempos: el también escritor Lewis Carroll -el autor de las novelas de Alicia en el País de las Maravillas; en aquellos tiempos, eran muchos, los que destacaban en más de una cosa-, y el pintor y fotógrafo sueco Oscar G. Rejlander, afincado en Inglaterra, y que fue uno de los primeros en experimentar con la cámara, a la hora de componer complejas escenas llenas de personajes. Muy probablemente, sin ellos, Cameron nunca habría llegado tan lejos, y se podría decir, que gracias a su ayuda, formó parte de los primeros artistas de la cámara.
Gustaba tanto de realizar retratos en primer o segundo plano -sobretodo de mujeres y niños de ambos sexos- como de representar escenas previamente coreografiadas y bien pensadas y planeadas. No era raro, el que se intentaran fotografías que fuesen adaptaciones con personajes de carne y hueso de cuadros conocidos. Cameron fue una iniciadora en ello, y otros que la siguieron, y mejoraron y diversificaron la "fotografía escenificada", recibieron el nombre de pictorialismo, cuyo mejor momento sería entre muy finales del siglo XIX, y principios del XX. Más o menos, la generación siguiente a Cameron, y algo más. Realmente, los miembros de dicha corriente la consideraron, junto a sus maestros Carroll y Rejlander, como sus predecesores y maestros. También realizó retratos de personajes importantes, como e ya nombrado Darwin, o el poeta Tennyson, para quién realizaría una serie de fotografías para uno de sus libros.

"Espero", o "Espera". O lo difícil que resultaba que un niño se mantuviera quieto lo que parecía una eternidad.

Julia Margaret Cameron. The echo 1868. Via getty
"El eco" (1868), detalle. La modelo, que tanto tiempo hace que ya no está en este mundo, parece que va a salir de la pantalla -o el papel- para unirse a quién la mira.

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"Maud". Subtitulada  "There has Fallen a splendid Tear From the Passion Flower at the Gate", y que cada cual traduzca como quiera -¿"Ha caído una esplendida lágrima de la flor de la pasión en la puerta del jardín?". 


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"El paso -o último viaje- de Arturo" (1875), donde se recrea la muerte del rey Arturo, realizando su travesía camino de la isla de Avalon. Las leyendas no dejan demasiado claro quienes acompañaron al rey en su último viaje: Morgana, la Dama del Lago, u otras reinas-hadas.

Algo que destacaba en su obra, es un desenfoque de las imágenes, que nunca ha quedado demasiado claro si fue porque Cameron no sabía realizar mejor su trabajo, o si era intencionado, aunque todo parece indicar lo segundo, porque es difícil de creer que, tras años de pruebas y experimentación, nunca llegara a eliminar ciertos errores de iniciación. Este supuesto desenfoque realizado voluntariamente, o flou, se hizo famoso, y más tarde también sería imitado, pues le daba a su trabajo un aspecto romántico, fantástico, onírico, así que se podría pensar que, lo que al principio fue casualidad, finalmente fue buscado expresamente. También tenía una base y sustento, al menos en parte, religiosos, pues Cameron, como muchos contemporáneos victorianos, aún pensando que el arte, en sí mismo, era técnica -y se podía enseñar, si el alumno tenía vocación y habilidad suficientes-, el más elevado era el arte sacro, el que tenía al la Biblia, y a la fe cristiana en sentido amplio, como principal protagonista. Es difícil encuadrarla en una corriente artística, por no tratarse de pintura, dibujo, escultura o arquitectura, pero si bien a Emma Barton se le considera prerrafaeita -muy tardía, eso sí, pues se dedicó a fotografiar, básicamente, en la primera década y media del siglo XX-, a Cameron, más bien, se le podría encuadrar en la corriente mayoritaria academicista, aunque esta etiqueta, en su arte, fuera un tanto discutible, por no haber academias donde aprenderlo, sino más bien depender de la habilidad o sentido artístico de cada fotógrafo, y de lo que pudiera aprender de un maestro, o estudiando la obra de los demás.
En 1873 perdería en un parto a su única hija, pero el arte, que para ella era casi una obsesión, le hizo seguir adelante. Al año siguiente, publicaría su autobiografía, que también era un comentario sobre su propia obra, y el cómo la realizaba. En 1875, volvería a ilustrar otro libro de poemas de Tennyson, y ee mismo año, marcharía con su marido a Ceilán, donde enfermaría de un enfriamiento del que nunca se recuperaría, falleciendo en 1879. Por la época en la que vivió y realizó su obra Julia Margaret Cameron fue una británica victoriana al cien por cien, y sus fotografías, parte de la cultura de aquellos tiempos, ahora recordados como una edad de oro -en todos los sentidos- de Gran Bretaña que, a pesar de los brillos imperiales, tenía más claroscuros de lo que se acostumbra a hablar hoy en día. 


Y una fotografía moderna, inspirada en su obra, vuelta a la actualidad gracias a libros y exposiciones:

La actriz Jessica Chastain, en 2013, para Vogue.

viernes, 13 de mayo de 2016

Los prerrafaelitas (anexo VI): Las obras de Rossetti, en fotografía moderna.

Una vision para Vogue de las mujeres de Rossetti, cambiando el óleo por la cámara.


Este anexo, de poco texto y mucha imagen, es una idea, o experimento, y también un homenaje a Dante Gabriel Rossetti y su obra, compuesta en su enorme mayoría por retratos individuales de mujeres, muchas veces modelos con las que tuvo algo más que una simple relación laboral, fuera Elizabeth Siddal -con la que se casó-, Fanny Cornforth -una prostituta con la que tuvo una larga relación, durante y después de su matrimonio-, o Jane Morris, la esposa de William Morris, con la que tuvo, al menos, una gran amistad -y por parte de Jane, también admiración, y al menos durante un tiempo, y cierto amor platónico- hasta la muerte del pintor.
Estas fotografías fueron realizadas por la fotógrafa Donna Stevens, para la revista Vogue. Pero aparte de copiar la obra de Stevens, también he copiado, bajo cada una de ellas, el cuadro de Rossetti en el que se ha isnpirado.
Pues nada, un ejemplo más de la influencia de este pintor, y del prerrafaelismo en general, sobre todo tipo de profesionales y artistas muchos años después de la muerte de todos ellos. Influencia que, por cierto, se ha ido haciendo más patente en los últimos años, en parte, gracias a internet.


"Lady Lilith" (1868). Originalmente, la modelo fue Cornforth, pero un año después de ser acabada por Rossetti, en 1867, el pintor decidió cambiarle el rostro, por el de Alexa Wilding.


Su "Venus Verticordia" (1868). La modelo es Alexa Wilding.


"The blue bower (1865), con Cornforth. Bower podría traducirse como casa de campo, o cenador.


"La Ghirlandata".



"Bocca Baciata" (1859), con Fanny Cornforth de modelo.