viernes, 22 de junio de 2018

Karl Alexander Wilke, y la ilustración austriaca anterior a la II Guerra Mundial.

Un ejemplo -entre muchos- de la capitalidad cultural de Viena a nivel europeo anterior a las guerras mundiales.

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Un talento oculto, en parte rescatado gracias a internet.

Si le dedico una entrada a este ilustrador -además de pintor y diseñador de vestuario- es, básicamente, porque he ido conociendo su obra a través de internet -como casi todo el mundo, pues antes de ello, resultaba un casi desconocido más allá de Austria, y un poco Alemania-, pues sobre su vida y personalidad, resulta difícil saber algo gracias a la red, pues hay poca, muy poca información, incluso en alemán, su lengua materna, y la de sus dos patrias -que en determinado momento de su existencia, fueron una sola; más adelante se dirá que quiero decir con ello-. Así que, queriendo o sin querer, le daré mucha mayor importancia a las imágenes que al texto, que en una parte considerable se basa en la wikipedia e alemán.
Kar Alexander Wilke nació en 1879 en Leipzig, en Alemania, en el Imperio Alemán de los Hohenzollern, que hacía muy poco que había conseguido unificar el país, anteriormente dividido en multitud de reinos, principados y mini-estados de todo tipo. Sin embargo, Wilke es más conocido como artista austriaco, y más exactamente, vienés, pues desde joven se asentó en la capital de, en aquellos tiempos, Imperio Austro-Húngaro del -para muchos, eterno, debido a lo extenso de su reinado- emperador Francisco José.

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Con toda probabilidad -muchas imágenes que aparecen en la red no explican el contexto-, la ilustración hace referencia a una vampiresa -con gato negro incluido- capaz de tener todos los hombres a sus pies. Y el chimpancé, parece marca de la casa.

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Con toda seguridad, la imagen hace referencia a algún relato o novela por entregas. La confiada dama -archiduquesa austriaca, cortesana francesa, no se sabe bien- dice al Diablo, bajo un título de "Triunfo":  "No me impresionáis, mi señor diablo. No olvidéis que mis ganancias crean más tormentos que su infierno". Con toda seguridad, los vestidos que Wilke diseñó para el cine no eran tan atrevidos como el que aquí dibuja.

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Otra dama terrible, pisoteando corazones.

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Ejemplo de lo viejo -un anciano aparentemente respetable; lo que se llama "gente como Dios manda", sin tener muy claro cuales son dichos mandatos divinos- junto a lo nuevo -una joven independiente y liberada-. Sorprende la modernidad de muchas imágenes, pero también de algunos personajes retratados. ¿Cómo habría sido Europa sin guerras mundiales, sin Hitler y Stalin? Resulta imposible saberlo. Sin duda, viviríamos en un mundo bien distinto.

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Aunque su anti-clericalismo no llegaba al de otras revistas, el clero se llevaba lo suyo.

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Maura, presidente del gobierno español, recibiendo una condecoración del rey Alfonso XIII y la iglesia. Detrás un par de españoles, diciéndose uno al otro: "Maldita sea, cómo se asemeja ese vellón dorado a un cuero cabelludo ensangrentado", haciendo referencia -la revista es de 1909- a la represión que siguió a la Semana Trágica de Barcelona.

Desde 1898 hasta 1903 estudió en Leipzig -la Academia de Arte y Karlsruhe, pero en 1903 comenzó a trabajar en Viena. Aunque Alemania, en aquellos tiempos, era un estado extraordinariamente poderoso, económica y militarmente hablando, ni Berlín ni Munich -algo así como las capitales del norte y el sur de Alemania, la luterana y la católica- no podían compararse, como centro cultural y artístico, a la Viena anterior a la Gran Guerra. Si el Imperio Austro-Húngaro era un estado un tanto decadente y más débil y dividido de lo que su clase dirigente -y parte importante de su población, sobretodo la germánica- querían reconocer, Viena era, a pesar de todo, un foco cultural y artístico de primera magnitud. 
Allá, Wilke fue parte de dos asociaciones culturales: la Hagenbund -asociación que se separó de la Wiener Künstlerhaus, o Asociación de Artistas de Viena, en 1900, tres años después del grupo que formó la Secesión de Viena, pero más moderada que ésta-, y la Wiener Künstlerhaus de la que, años antes, había separado -lo hizo en 1941, durante el nazismo; como "colaborador del régimen" abandonó cualquier relación con lo que los nazis llamaban "arte degenerado", o antipatriótico, y volvió al redil de los obedientes.

Karl Alexander Wilke
Una ilustración política, sólo un poco anterior a la I Guerra Mundial (1913), donde se ve al zar y a su hijo -con una edad superior a la que realmente tenían- como seres brutales que lo mismo inician guerras externas, como masacran a su pueblo ante cualquier protesta o manifestación. "Qué te parece, hijo?", le dice. En principio, los rusos -como pueblo, no como potencia- eran representados como un pueblo primitivo y bárbaro, pero más adelante, sobretodo a partir de la Revolución, la barbarie se focalizó más bien en el régimen zarista. No hay que olvidar que Die Muskete, además de revista literaria y de ilustración, tuvo un origen militar, y eran los militares los que la leían con más interés -aunque llegado el momento, eran sólo una parte minoritaria de sus lectores o subscriptores-. 

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Si al final de la frase se lee un "O, yes!", es porque hace referencia al Imperio Británico y su, según el autor -y la revista- su visión del equilibrio europeo, cuantos más muertos, más ganancias. Probablemente, ni los mismos británicos -que desde tiempos napoleónicos siempre intentaron no inmiscuirse en guerras europeas- imaginaron que fuera a haber una mortandad tan inaudita, también entre ellos mismos.

Es allá donde Wilke trabajó, principalmente, como ilustrador, aunque también ejerció como pintor, e incluso, como escenógrafo e, incluso, diseñador de vestuario para dos películas: "La ropa hace a las personas" -1921; también conocida como "Novio a crédito"-, y "Meriota -o Merista" la bailarina" -1922; que tuvo sus problemas con la censura, debido a la imagen que daba del papa Alejanddro VI de los Borgia, pues la iglesia católica tenía, en aquellos tiempos, un poder muy grande en el Imperio-.
Sin embargo, gran parte de su trabajo fue para la revista Die Muskete -"El mosquete", en referencia a la vieja arma de fuego-, que en principio fue una publicación humorística leída por militares, pero que, debido a la calidad de sus textos e ilustraciones, fue aumentando tirada y fama, y era leída por un número realmente grande de la población germano-hablante -o al menos, que sabía alemán- del Imperio. Die Muskete quiso ser una revista donde escritores -poetas o prosistas- e ilustradores austriacos -siempre destacaban un "Y somos austriacos"- pudieran darse a conocer, y servirse de la revista como plataforma para un arte más moderno y rupturista. Realmente, no sólo era una publicación literaria y artística, sino también humorística y satírica. Su sentido del humor, afilado y atrevido, hizo que los editores y colaboradores tuvieran problemas con el gobierno, la iglesia y la parte más conservadora del país, aunque, al tiempo, siempre se consideraron patriotas y muy austriacos, sólo que a su manera. Se podría decir que Die Muskete fue el hermano austriaco de la alemana Simplicissimus -"El más simple"-, una revista que acogió y dio a conocer a una auténtica legión de artistas jóvenes y alternativos, y que acabó desapareciendo durante el nazismo, que la "colonizó", destruyendo su espíritu, y en la práctica, condenándola a muerte. Realmente, también en eso, ambas revistas fueron hermanas: las publicaciones en alemán fueron barridas para siempre por el nazismo.

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"Cuando el dragón se llevó a la abuela". Después de acabar con la bestia, el pobre caballero descubre que la dama podría haber sido su madre, o incluso su abuela. Ella, en cambio, encantada con su salvador.

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"Paz a los hombres de buena voluntad", parece ser una -¿falsa?- leyenda contada en verso, que comienza con un "Prólogo en el cielo", con ángel y diablo mejor avenidos de lo que podría pensarse.

En realidad, un ejemplo de la importancia de dichas revistas, pero también de como los nazis pudrieron y destruyeron el arte gráfico y literario de ambos países, fue que los editores, artistas y colaboradores -los que no murieron, fueron encarcelados, marcharon al exilio, o prácticamente se retiraron- que aceptaron colaborar con el régimen, ya apenas pudieron dedicarse a sus anteriores trabajos, a no ser de forma modesta y ocultando su pasado.Y esto trajo que dichas revistas, u otras parecidas, herederas suyas, ya no pudieran volver, aunque también es posible que fuera porque los tiempos habían cambiado, y ese tipo de publicación ya no vendía. Aunque, si en su momento fueron tan modernas y vanguardistas, ¿cómo imaginar que sus creadores y colaboradores no habrían sido capaces de adaptarse a los  nuevos tiempos?
Wilke decidió colaborar con el nazismo -se unió al partido tres días después del anschluss,  o anexión de Austria a Alemania, en 1938-, no se sabe bien -no he podido encontrar nada sobre el tema- si por conveniencia, ideología, miedo a quedarse sin trabajo, seguimiento del rebaño, o una mezcla de todo ello. Algo que me llamó la atención, tras ver tantas ilustraciones suyas fue, curiosamente, que si bien en ocasiones se burla de la iglesia católica -o más bien, de su jerarquía-, no existe ninguna que fomentara el antisemitismo; quizá, ¿porque la revista contaba con colaboradores, lectores y subscriptores judíos en gran cantidad? No lo sé.
Lo que sí significó que, después de la guerra, su carrera se redujera a menos que nada, pues Wilke murió en 1954, en Viena -su Viena-, pero de antes de la II Guerra Mundial -y de la toma del poder por los nazis, en 1933-, apenas se conservan trabajos suyos. Resulta lógico, y más en Alemania -en Austria no hubo una desnazificación tan profunda-, que todo lo que tenga que ver con Hitler y el nazismo resulte doloroso, o como mínimo incómodo,  hablar de artistas o deportistas que tuvieron relación directa -y muchas veces no sólo voluntaria, sino poco menos que militante, o sin el poco delante- con uno y otro, pero pasadas tantas décadas de tan inhumano régimen, y sus terribles crímenes, ¿deberíamos o no tener derecho a conocer el arte, las creaciones, de dichos individuos, separando trabajo y persona? Hoy en día, todavía resulta difícil ponerse de acuerdo. No podría comprender nunca a alguien dispuesto a unirse voluntariamente al nazismo, a defenderlo, pero, ¿por ello no podría conocer, juzgar, su obra artística o intelectual? Aún lo estamos discutiendo.

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A Wilke se le daba muy bien, el dibujar damas liberadas en la intimidad de su hogar.

Respecto a la información y a las imágenes. De lo primero, me he basado, básicamente, en lo que puede leerse en la wikipedia en alemán, pues si he encontrado algo más en alguna otra página, básicamente son copia casi exacta de lo que ésta dice. Fue también en la wikipedia donde encontré algo sobre las revistas, Die Muskete y Simplicissimus, aunque en este caso, sí es posible ir a colecciones completas -o casi- de dichas revistas. Las webs, claro está, están en alemán, pero apenas me he entretenido en ello, por ser farragoso la traducción, y no ser esto un estudio serio y profundo.
Las imágenes se pueden encontrar casi en todas partes, pero a destacar pinterest.com, del que pongo un enlace, donde se puede encontrar, literalmente, de todo. Otra página de arte -y en particular ilustración- donde se puede encontrar de todo es Flickr, de la que también pongo un enlace.

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domingo, 3 de junio de 2018

El  jardín de las Hespérides, otro grupo de hermanas, parte de la multitudinaria descendencia de Atlas.

Hermanas de las Híades y las Pléyades, que no consiguieron espacio propio en los cielos.


Vigilando sagradas manzanas toda la eternidad.

Hace ya, no sé, como mil años -o sea, bastante-, escribí sobre las Pléyades, y más adelante, de las Híades. No son, ni unas ni otras, personajes de gran importancia en la mitología griega -mitos, leyendas o cuentos, o en obras literarias de época arcaica, clásica, etc.-, pero quizá por eso mismo, por resultar fácil hablar sobre ellas en un espacio relativamente pequeño sobre unos personajes femeninos de los que se habla en leyendas, poemas o teatro, o protagonicen cuadros o ilustraciones, pero poco se sepa realmente de ellas, que me dio por dedicarles un par de entradas. Hablar de los dioses principales, la verdad, me va bastante grande, y el tiempo que necesitaría para hacerlo sería demasiado para mí.
Bueno, pues casi por completar algo, he decidido escribir un poco sobre las hermanas de unas y otras: las Hespérides. Resulta curioso que el titán Atlas, y su esposa, la también titánide de segunda generación Hésperis, tuvieran no sólo tanta descendencia, sino también que fuera toda femenina, y que además fueran, por decirlo así, distintos grupos de hermanas. Se podría decir que los dos dioses, pues eso fueron, o eran padres de varias hijas al mismo tiempo -las Pléyades fueron siete, y las Híades todavía más, pero al fin y al cabo, Hésperis era una diosa, y podía tener en un solo parto las hijas que hicieran falta, como quién dice-, o las tuvieron en pocos años, y tiempo después -tiempo que, siendo inmortales los progenitores, podrían haber sido lo mismo décadas, como siglos-, volvías a tener varias hijas en poco tiempo. Y así.
Las Hespérides no fueron unos personajes demasiado populares entre los griegos antiguos. Al fin y al cabo, al igual que las Cárites -las tres Gracias romanas-, no tenían personalidad propia, y aunque se conozcan sus nombres, ninguna de ella tiene unas características personales o físicas que hagan que alguna de ellas destaque o resulte distinta a las demás. Hijas, como ya se ha dicho, de Atlas y Hésperis, a la que deben el nombre -que más bien significaría, sencillamente, "hijas de Hésperis"-, al principio fueron un número indeterminado, pero bastante grande -hasta quince-, después, siete, cuatro, y finalmente, sólo tres. En ese número las podemos ver en cuadros e ilustraciones muy posteriores, sobretodo a partir del siglo XVI, en pleno Renacimiento, en que dichas hermanas, y el jardín que habitaban, fueron retratadas en numerosas ocasiones. Realmente, en tiempos clásicos nunca recibieron tanta atención.

'El jardín de las Hespérides', Lord Leighton
"El jardín de las Hespérides", de Frederic Leighton. El genio prerrafaelita transforma el dragón en una serpiente, que parece juguetear con las eternamente jóvenes guardianas, que tocan y cantan una canción que acaba por dormirlas tanto a ellas, como al reptiliano guardián. Los pintores del XIX acostumbraban a retratar a los personajes femeninos "clásicos" -tanto diosas, como personajes mortales legendarios, o mujeres griegas y romanas anónimas- de forma lánguida, siempre dormidas o adormiladas, incluso en el caso de que pudieran ser considerados personajes fuertes y poderosos, como serían unas guardianas divinas.

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Otro prerrafaelita, Edward Burne-Jones, bebe del Renacimiento, aunque Ladón, transformado en serpiente de aspecto poco amenazador, enrollado en el árbol de las manzanas de oro, más bien se asemeja a su "hermana" bíblica del Génesis, enroscada en el árbol del bien y del mal -¿el fruto prohibido? ¿Hubo algún tipo de influencia de una serpiente, con su árbol y su fruto vetado a la Humanidad, de una mitología a otra? Hay que tener en cuenta que el Génesis no deja de ser una recopilación de mitología mesopótamica, cuya influencia recibieron los griegos, posiblemente, a través de los fenicios, vía Siria, puente entre éstos y Mesopotamia-.

Ilustración moderna -desconozco el autor, por no haberlo podido encontrar- de Ladón, con múltiples cabezas, y un aspecto de dragón. Posiblemente, la visión que tuvieron algunos mitógrafos griegos o romanos fue más parecida a esta versión actual que a la serpiente de Leighton, que más bien parece haber salido de la Biblia.

Respecto a su nombre, cuando eran siete fueron conocidas como Egle, Aretusa, Etitea, Hestia, Hespera, Herperusa y Hesperia, pero más adelante, se consideró que quizá los cuatro últimos nombres eran distintas formas del de una sola de ellas. De ahí que pasaran de siete a sólo cuatro. Todavía más tarde, se pensó que, aparte de Egle -"brillo", "esplendor"- y Etitea -más adelante, Eritia o Eriteis, "la roja", quizá por el color del cielo antes del anochecer-, se supuso que Hestia y Hespera o Herperusa debían ser la misma, con el nombre de Hesperetusa. Realmente, esta forma de reducir a las Hespérides a tres -nombre habitual en diosas menores sin identidad propia- resulta un tanto socorrida, pero en determinado momento, la mitología dejó de ser algo sacro, para pasar a ser lo que se llamaría literatura popular oral, pero puesta por escrito por los mitógrafos, y cuando a éstos no les cuadraban ciertas cosas, lo arreglaban lo mejor que podían.
Tampoco tuvieron demasiado claro su origen "familiar". Realmente, el que fueran hijas de Atlas y Hésperis debió ser una idea más bien posterior -no se sabe, tampoco, si la madre dio nombre a las hijas, o viceversa-, porque anteriormente se suponía que podían ser hijas de Nix, la diosa de la noche y la oscuridad, un personaje con un origen tan oscuro como su carácter y su misión en el teatro del Universo, y que quizá sea una forma más o menos helenizada de algún tipo de diosa o espíritu mucho más antigua, quizá de tiempos neolíticos, o de la primera Edad de Bronce, anterior a la llegada de los antepasados de los griegos a lo que sería la Grecia Micénica. También hubo dudas sobre otras paternidades, entre ellas, como no, de Zeus, un auténtico obseso, con un apetito sexual desmesurado, por muy dios de dioses que fuera.
Respecto a lo principal, que sería su lugar o sentido en los mitos, las Hespérides eran las guardianas, en el jardín que llevaba su nombre, de un árbol, o más bien de sus frutos, que pertenecía a la vengativa y celosa Hera -lo segundo, con toda la razón, la verdad-, esposa de Zeus, y diosa del matrimonio. Los frutos de dicho árbol no eran cualquier cosa. Se trataban de manzanas de oro, que daban la inmortalidad a quién las comiera, lo que hace pensar que dichas manzanas -o frutos, porque tampoco está claro que lo fueran-, más que de oro, debían de ser de color y aspecto dorados, pero no de dicho metal. Realmente, sólo un dios habría sido capaz de comérselas, de ser así. Eran consideradas manzanas -o lo que fueran- que daban fortuna, al contrario de las manzanas de la discordia, como la que Paris entregó a Afrodita -en lugar de a Hera, o a Atenea, engatusadas, como la rubia diosa del amor y el sexo, por la siniestra y poco conocida Eris, diosa de la discordia- cuando le preguntaron -pobre mortal, que dijera lo que dijese, estaba condenado a la ira divina- cual de las tres era la más bella, provocando, al recibir como premio de la bella  y caprichosa diosa de rubios cabellos la posibilidad de conquistar a Helena, comenzara la terrible guerra de Troya. Lo dicho, celos y envidia divinos. Y terribles.
Pero por lo visto, Hera no confiaba demasiado en ellas, tres jóvenes amantes de cantar y bailar, porque algo tendrían que hacer, allá solas, vigilando el árbol -o arboleda- con sus frutos, que por lo visto a veces recogían para ellas mismas -se supone que por gusto, porque como hijas de titanes, y por tanto diosas, aunque fueran un poco "de segunda categoría", debían ser inmortales sin necesidad de ayuda extra-, y como única compañía -lejana, tal vez no tenían permitido hablar con él- a su sufrido padre Atlas, aguantando indefinidamente la bóveda celeste -normalmente se dice que el mundo, pero no fue así, exactamente-. Como "ayuda", y tal vez también, como vigilante de las vigilantes, puso  allá un dragón, o al menos un gran reptil, llamado Ladón -en la mitología griega, los reptiles de enorme tamaño y mal carácter, más que lagartos, o dragones, que quizá sería una criatura extraña a su cultura, eran gigantescas serpientes, como Pitón, a la que mató el dorado Apolo-. Ladón, el dragón de las Hespérides, tenía nada menos que cien cabezas, cada una de ellas con una boca llena de dientes, pero eso no impidió que Heracles/Hércules lo matara en uno de sus trabajos. Hera, que parece que era más agradecida con monstruos que con humanos, consintió que, tras su muerte en la Tierra, pudiera ascender a los cielos, donde forma la constelación del dragón.

Archivo: Detalle del mosaico con los trabajos de Hércules (Undécimo labour - Manzanas de las Hespérides), siglo III dC, encontrado en Llíria (Valencia), Museo Arqueológico Nacional de España, Madrid (15457081602) .jpg
Mosaico romano -probablemente del siglo III d.C.-, encontrado en Llíria -Valencia, España-, donde se puede ver a Hércules, al lado del árbol -o uno de ellos- de las manzanas de oro, protegido por Ladón -representado por una serpiente-, y con las Hespérides detrás, aparentemente más deseosas de marcharse de allá, que de enfrentarse al héroe saqueador.

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Otra visión clásica de las Hespérides. Y de nuevo, Ladón representado como una serpiente enroscada a un árbol -bastante canijo, por cierto; probablemente, el artista quería representar, en primer lugar, a las jóvenes guardianas, y no a un árbol con manzanas y un reptil de confusa naturaleza-.


¿Dónde encontrarlas? El jardín de las Hespérides, siempre hacia Occidente. 

Los griegos antiguos nunca tuvieron demasiado claro donde estaba el jardín en cuestión. A partir de cierta época -de la clásica en adelante-, ya daban por supuesto que aquello era una leyenda, fantasía, vamos. En principio, debieron pensar que estaba en la costa libia, teniendo en cuenta que por el nombre de "Libia", los griegos conocían toda África, excepto Egipto -que era un estado y una civilización aparte-, y más adelante, a medida que supieron de Nubia y Axum -el primer estado etíope-, Libia sería el territorio habitado por pueblos que llamarían bereberes -mauritanos, númidas, libios, y más adelante, los semitas cartagineses, de origen fenicio-. O sea, el territorio al oeste de Egipto habitado por gente no demasiado oscura de piel.
Pero con el paso del tiempo, tras la época heroica de la civilización micénica, y la llamada edad oscura -de la que poco o nada se sabe-, griegos más modernos -época arcaica- y fenicios fueron explorando y colonizando la costa de la Libia propiamente dicha, así que lo colocaron todavía más al oeste. Todo lo posible, realmente. Algunos pensaron que podría estar en la zona norte del extremo oeste del Mediterráneo, cerca de Gadir, el Gades romano, el Cádiz actual, por no decir en el mismo lugar donde nació la ciudad -donde supuestamente Hércules se enfrentó, y mató, al rey Gerión, para robarle sus rebaños; muchos monarcas de la época no dejaban de ser, realmente, una especie de saqueadores y piratas-. O bien, cerca de la legendaria Tartessos -tan legendaria, que todavía no se ha encontrado, y tal vez no se encuentre nunca-. Pero después pensaron que no, que había que mirar más al sur, al otro lado del estrecho. Por eso supusieron que podía estar en el norte del actual Marruecos, quizá al sur del futuro reino de Mauritania. Allá estaría el jardín de las Hespérides, con sus tres diosas vigilantes, y el dragón -o lo que fuera-, y también el padre de éstas, el pobre Atlas, soportando la bóveda del cielo -más adelante, se diría que el mundo, y así se le representa siempre, en titán soportando la Tierra completa sobre sus hombros-. Está bastante claro que el Atlas, la enorme cordillera del interior de Marruecos, debe su nombre al pobre y sufrido titán, que tan terrible castigo sufrió tras perder la guerra entre sus hermanos y él mismo contra los nuevos dioses olímpicos. Zeus podía ser muy duro y cruel, ciertamente.

Esta acuarela del australiano Rupert Bunny, de 1922, artista decadentista -aunque su obra va de una escuela a otra-, da una versión más realista y brutal del robo de los frutos de Hera. Aquí, Hércules no es un héroe, sino un guerrero brutal, un saqueador, un ladrón, que sólo sabe usar la fuerza bruta para conseguir sus fines. Se le ve a punto de matar a golpes al dragón -que es representado como un reptil distinto a una serpiente, pero también a un dragón "medieval"-, mientras las Hespérides -aquí, siete, con en otras versiones del mito- huyen despavoridas. El cuadro, y el nombre de su autor, lo encontré en una web de arte: "Raras Artes", del que pongo un enlace.

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Esta estatua moderna de Hércules, con una de las manzanas doradas en su mano, se encuentran en el Jardín de las Hespérides, tocando al Jardín Botánico, de la ciudad de Valencia.

Finalmente, los griegos helénicos y los romanos -y los griegos contemporáneos suyos- acabaron adoptando la leyenda para recrearlo en poemas, en mitos por escrito -los mitógrafos hicieron lo posible para que no se perdiera toda aquella literatura oral, y no pocos problemas tuvieron, para ordenar y aclarar tantas historias entremezcladas y contradictorias-, y siglos más tarde, los pintores del Renacimiento, neoclásicos y prerrafaelitas siguieron reflejando en el lienzo sus particulares visiones de aquel "paraíso alternativo", bien distinto del bíblico.
Hubo, además de un mito -o más bien una leyenda- sobre el origen del jardín propiamente dicho y sus guardianas, otro en que el aparece, al menos, en uno de sus capítulos: se trataría de los doce trabajos de Hércules, -el griego, Heracles, aunque ha acabado por perdurar el nombre romano-, que realizaba por orden de su primo, el rey Euristeo. El coloso semi-divino tenía que conseguir las manzanas áureas guardadas por las Hespérides, pero cuando llegó al fin del mundo, en lugar de encontrárselas a ellas -¿dónde andaban, las vigilantes? Quizá no era tan mala idea, lo de colocar al dragón a vigilar junto a tan aburridas y cantarinas damas- se encontró al pobre Ladón, a quién sus colmillos y supuestas cien cabezas -aunque siempre se le representa con una, aunque grande y terrible- no le sirvieron de mucho para recibir una paliza mortal de aquel gigante, que lo mismo aparece como un bárbaro que como un héroe civilizador -claramente, Hércules fue el personaje no completamente divino más famoso de la Grecia antigua, y sus numerosísimas aventuras dan visiones bien distintas del hijo de Zeus-. Liquidado Ladón, en lugar de a sus hijas, se topó, como antes se ha dicho, con Atlas, y por él -parece que no recibía muchas visitas de sus hijas, y tenía ganas locas de hablar con alguien- pudo saber que sólo las Hespérides o alguien de su sangre -como el mismo Atlas, su padre- podían cogerlas. Así que Hércules le propuso soportar sobre sus hombros el peso del mundo, para que el titán pudiera ir a buscarlas, cosa que hizo bien a gusto, después de milenios soportando aquel peso inaudito. Pero cuando Atlas se vio libre, no ocultó al héroe que no tenía intención alguna de volver a cargar con aquella carga de nuevo. Hércules, comprendió, tenía que inventar algo para enredar a aquel pobre desgraciado -porque la fin y al cabo, de eso se trataba-, así que le dijo a Atlas si podía sustituirlo un momento mientras se arreglaba la capa, pero cuando el reo de Zeus vio al hijo de éste salir corriendo con las manzanas doradas, comprendió que le habían engañado. ¡Cómo pudo ser tan inocente! Quizá por no haber tenido contacto con el mundo exterior durante siglos, quizá milenios.


lunes, 21 de mayo de 2018

Gente de mi ciudad (X): Joaquim Bartrina, el casi olvidado poeta romántico anti-romántico.

Tras un repaso de conciudadanos ilustres o interesantes, me encuentro con uno que hasta dio nombre a un teatro.


Treinta años que no dieron para mucho... o sí.

Hace ya tiempo que no escribo sobre algún reusense más o menos famoso -por lo menos, en la ciudad, porque más allá, la cosa es discutible-, entre otras cosas, porque tampoco hay tantos, y porque, como tantas veces, prefiero hablar de personas que no son de actualidad, o sea, que no están vivas -un poco siniestro, aparentemente, pero nada de eso-. Repasando un poco el listado de los personajes elegidos, y dejando aparte a Gaudí -que por sí mismo podría dedicársele no un blog, sino una serie de ellos-, y al general y presidente del gobierno Joan Prim -que sería, digámoslo así, un personaje poco interesante para cualquier no español-, preferí centrarme sobretodo en pintores. Pero este es un caso aparte, pues se trata de un escritor, y de esos autores que se llaman eclécticos, o todo-terrenos. Se trata de Joaquim Bartrina, famoso en su época sobretodo como poeta -en castellano y catalán, sobretodo, aún siendo catalanoparlante, en el primer idioma-, pero también como dramaturgo, articulista, y hasta traductor. No quiero dedicar demasiado espacio a la prosa, hablando de él, de su vida y obra, sólo lo necesario para que cualquiera que lo lea se pueda hacer una idea de la persona y el personaje. Prefiero dedicarlo a algunos de sus versos, donde él, que siempre rehuyó del romanticismo -al que consideraba anticuado, de otra época-, no deja de transmitir, paradójicamente, cierto neo-romanticismo, entremezclado con su visión racionalista, materialista y un tanto satírica del acelerado mundo de la segunda mitad del siglo XIX que pudo vivir, y observar alrededor suyo.
Como ya se supone, Batrina nació en Reus, en 1850, y murió en Barcelona en 1880, días antes de cumplir los treinta años. Y de tuberculosis, enfermedad poética donde las hubiera -y no sólo por los poetas y otros artistas que sucumbían a ella, sino porque, sobretodo en Gran Bretaña, se consideraba que los artistas tuberculosos, delicados de salud, de aspecto macilento, sensibles al verse cada día cerca de la muerte eran vistos como amantes de especial y siniestro atractivo, como también, alguno de ellos, encontraba atractivas a las jóvenes que sufrían dicho mal. La expresión "belleza tuberculosa" debió usarse en más de una ocasión, sin duda-.
Pero antes de llegar a su muerte, su vida. Estudió en los Escolapios de Reus, y como hijo de la burguesía catalana de clase media, tuvo que ayudar a su padre en diversos negocios, mientras absorbía cultura general y literaria, un poco de todas partes. Fue apuntador en el teatro -oficio ya olvidado, creo-, director de escena en una compañía de teatro aficionado fundada por el mismo en Reus, y en Barcelona, intentó ser periodista, o más bien, articulista.

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El Teatro Bartrina de Reus, que lleva su nombre, acabado de construir en 1918, casi cuarenta años después de la muerte de Bartrina (en 1880). Muy probablemente, él nunca imaginó que un teatro fuera a llevar su nombre.

Desde muy joven -realmente, muriendo casi a los treinta, siempre fue joven-, fue muy crítico con un Romanticismo que consideraba antiguo y desfasado, apoyando el materialismo de la época, donde la ciencia, la investigación y la tecnología daban a descubrir, o traían al mundo, nuevos descubrimientos e inventos casi año, por año. Sólo que él, además de creer en el materialismo científico, decidió ponerlo en práctica en la literatura, escribiendo -y publicando- versos dedicados, precisamente, a la ciencia y al nuevo mundo por venir, donde Dios y la religión poco espacio deberían tener, aunque él, que se consideraba ateo, más bien demuestra cierto agnosticismo, cierta duda, al pensar en si, más allá de los átomos o los astros del universo, pudiera haber algo más. Muchos lo consideran uno de los precursores del Futurismo, aunque la obra de Marinetti y sus contemporáneos no contenía humor o ironía, sino una energía en ocasiones radical, violenta, que acabó en un apoyo al fascismo de Mussolini que Bartrina, sin duda, no habría compartido.
Si hay que nombrar el título de sus poemarios, nos encontramos que sus recopilaciones de versos se reducen a tres libros, que en ocasiones se publicaron como uno solo: "Algo" (1876), "De ommi re scibili", y "Epístola", quizá la mejor -y última- de sus obras. También, antes de todas ellas, escribió unas "Páginas de amor", pero no deja de ser una obra primeriza.

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Un retrato a lápiz de Batrina (izq.), y un busto dedicado a él en la Plaza Catalunya de Reus -quizá sería más lógico que dicho busto estuviera en la Plaza del Teatro, donde se encuentra la entrada del Teatro Bartrina, y que dicha plaza llevara a su nombre, pero eso son cosas del callejero).

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Esta fotografía de Reus del siglo XIX es de 1899, posterior a la muerte de Bartrina, y refleja un día de mercado en la Plaza del Mercadal -de ahí el nombre-, donde se encuentra el ayuntamiento. En tiempos del poeta y dramaturgo, el mercado no debió ser muy distinto a lo que se puede ver en la imagen.

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Bartrina fue gran admirador -y conocedor- de Darwin y su teoría de la evolución. Fue precisamente él, quién tradujo su obra al castellano por primera vez. La influencia del científico británico acabó notándose, incluso, en la obra y los artículos de Bartrina.

De hecho, si en España se le consideró poeta de vanguardia, fue por esa curiosa habilidad para entremezclar poesía lírica -y romántica, por mucho que le costara reconocerlo- con admiración hacia una ciencia que siempre le interesó y estudió, pues además de poeta -entre otras cosas-, fue traductor. Lo fue, sobretodo, de Charles Darwin, de su obra "El origen del hombre: la selección natural y la sexual", y el biólogo británico influyó, y mucho, en su positivismo cientifista, y su ninguneo de la visión creacionista que la iglesia católica -todas las iglesias, realmente- defendía obstinadamente. 
Aparte de poesía, articulismo cultural y artístico, y traducción, Bartrina escribió obras de teatro. Al fin y al cabo, era el teatro popular -también la ópera para minorías con un nivel económico más alto, si se tenía suficiente éxito, al menos- el que reportaba más ingresos, por encima de los versos -otra cosa sería la prosa-, y escribió un par de obras, que no dejan de ser llamativas: una, fue "El nuevo Tenorio", donde intentaba dar continuidad a la historia de Juan Tenorio, y "La dama de las camelias", en que adaptó la novela de Alexandre Dumas hijo al teatro. Podría haber escrito zarzuelas originales en argumento, pero repetitivas en personajes y situaciones, pero prefirió imaginar, sí, zarzuelas -el teatro musical que atraía a la población española a los teatros por encima de cualquier otro estilo-, pero originales, con sello propio. Aunque, por lo poco que se sabe, no debió tener gran éxito.
A pesar de todo ello, cuando el Centre de Lectura de Reus -asociación cultural privada, que todavía existe- decidió sustituir su primer y pequeño teatro por otro mayor, que abrió finalmente en 1918, los socios decidieron que llevara el nombre del joven poeta y dramaturgo, todavía bastante recordado y conocido. Pasados los años, las décadas, Bartrina es un casi desconocido en España, y en Cataluña en particular, tampoco es que sea muy conocido, más allá de su nombre, por mucho que en la galería de catalanes ilustres de Barcelona cuelgue un retrato suyo, obra de José Cuchy Arnau. Quizá ese es el destino de los vanguardistas que, además, murió demasiado pronto.
Nadie podrá saber qué habría sido de Bartrina en caso de haber vivido veinte o treinta años más. Tal vez seguiría siendo un personaje casi olvidado -en Reus, Bartrina es, básicamente, un teatro, y no poca gente, yo también hasta no hace tantos años, piensa que fue él el impulsor de que se construyera-, o tal vez no. Eso no es posible saberlo, como sí se puede imaginar en caso de otro artista reusense muerto demasiado joven: Marià Fortuny, que, en el momento de fallecer, ya era considerado como un pintor de fama europea, y que iba camino de convertirse en una figura de primer orden, de haber vivido lo suficiente.

Y ahora, unos cuantos versos. Estos demuestran que, además de republicano catalanista y anti-clerical -criticó a la iglesia, y sobretodo a los curas, en artículos y en público-, no dejaba de sentirse español, sin dejar por ello de ser crítico con sus compatriotas:

Oyendo hablar un hombre, fácil es
saber dónde vio la luz del sol.
Si alaba Inglaterra, será inglés.
Si reniega de Prusia, es un francés.
Y si habla mal de España... es español.


Aquí, describiendo la dificultad de la gente de no conformarse con lo que es, y con lo que tiene:

Casos comunes.

Juan envidia de Bruno la nobleza,
y Bruno a Juan envidia la riqueza;
ambos envidian a Luis la calma,
y éste envidia a los dos, con toda el alma,
honores y fortuna ¡qué simpleza!
Bruno con lo de Juan feliz sería,
Juan sería feliz con lo de Bruno;
lo de Luis a los dos contentaría,
y a Luis feliz lo de los dos haría;
¡y con lo propio no es feliz ninguno!
Podemos deducir de estos extremos
que, de la vida atados en el potro,
felicidad es lo que no tenemos.
Tal vez mejor diremos:
felicidad es lo que tiene el otro.

En los versos de "Un viaje fantástico", en su libro "Algo", filosofa sobre la felicidad, o lo que consideramos como tal:

(...)
"Nuestra vida pobre y triste
sólo en un punto consiste,
que fijó la suerte ciega
entre un ayer que no existe
y un mañana que no llega.
Y cansados de no ver
el goce en nuestro alrededor,
en nuestro cruel padecer
sólo llamamos placer
a la escasez de dolor".
(...)

En sus "Fabulitas", que son pequeñas historias en verso, cuenta, con más humor del acostumbrado en poesía -quizá, por su deseo de retratar el mundo material, mundano-, esta historia:

Quiso un tal Juan, que por imbécil brilla,
hacer una tortilla,
y para dar con el procedimiento
preguntolo a una criada de talento.
-Basta para ello -respondió la tal-
una sartén, aceite, un huevo y sal.
Cogió Juan la sartén, la puso al fuego,
de sal llenola y luego
partió un huevo a su modo
y puso en la sartén cáscara y todo;
la sartén roció al punto con aceite
y aguardó el resultado con deleite.
Al cabo de un buen rato
ya el todo humeaba y repugnante hedía.
Juan lo de la sartén vertió en un plato
por ver lo que saldría, 
y salió... una solemne porquería.
Ten enseñará esta fábula alegórica
que, a menos de que salgan muy perversos, 
no bastan para hacer bonitos versos
las reglas de un tratado de retórica.

También creo los Arabescos, consistentes en pequeños poemas de pocos versos, que van unidos, seguidos, y que se leen de un tirón. Hizo varias series, y en la primera de éstas, estos fueron uno de esos "encadenados", arabescos que iban unidos, unos a otros, como si fueran una auténtica cadena poética:

Dice la Biblia que al crear al hombre
hízole Dios de polvo;
más, de seguro que antes llovería,
y Dios en lugar de polvo cogió lodo.


Sobre las fuentes, en parte vienen de la Wikipedia -sobretodo en catalán, por ser más completa la información-, también de un artículo del diario "La Vanguardia", del que pongo aquí un enlace, y de la web biblioteca.org, donde pude encontrar un libro con, si no toda su obra -no pude leerlo entero, por ser muy largo-, sí una extensa antología, así que también pongo un enlace.

Y nada más. Si así consigo que la obra de Bartrina sea un poco más conocida, ya está bien el tiempo que he tardado en escribir esta entrada.


lunes, 30 de abril de 2018

Y después de películas que no fueron, libros que no se escribieron.

El ilustrador Astoralexander propone unas portadas para unos libros que nos explican la historia de ciertos androides, parte de una serie anime legendaria.


Los androides del dr. Gero sin Songoku de por medio.

En la web carton creek, se pueden encontrar, entre otras cosas, este "divertimento", que son una serie de geniales ilustraciones, del artista conocido como Astoralexander, que bien podrían haber sido portadas de cuatro novelas pulp -lo que tan injustamente se ha llamado "literatura barata"-, de aquellas que sirvieron para que el norteamericano medio -en menor medida, Europa y más allá- saliera de su aburrida realidad viajando por mundos desconocidos de la mano de multitud de clásicos de la ciencia-ficción, la fantasía, el terror, la aventura pura y dura, el western o la novela negra.
Del autor, prácticamente no he encontrado nada, excepto que no es difícil encontrar más obras suyas en webs de ilustradores, y respecto a de quién estoy hablando, ahí va:
Se trata de unos personajes secundarios -tuvieron su importancia en un arco o saga- de la legendaria serie anime "Dragon Ball" -"Bola de dragón", o "Bola de drac", en catalán, que es cómo la conocí yo hace ya una eternidad-, los androides nº 17 y 17, el también androide orgánico Célula, y su creador, el doctor Gero.
Estos dos tipos de aquí:

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Y aquí, las obras de Astoralexander:

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Y aquí, un extra. Para el que conozca la serie, sabrá a quién se enfrenta el protagonista:

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Y la próxima vez, espero tener más tiempo para algo un poco más largo.


domingo, 29 de abril de 2018

Películas que no fueron. O sí, pero pasado mucho tiempo.

Algunos carteles que podrían haber existido, si ciertas películas se hubieran filmado mucho, mucho antes.


Cartelería fantástica.

Mi poco tiempo libre no me permite dedicarle lo que querría al blog, pero intentaré colgar algo, aunque se trate de entradas cortas con cualquier cosilla que encuentre aquí o allá. En este caso, de una página de facebook llamada "Películas de todos los tiempos", para quién quiera entrar y disfrutar de su amplio contenido.
¿En qué consisten? Pues, básicamente, que habría pasado si ciertas películas, en este caso de superhéroes, se hubieran filmado décadas antes del momento en que realmente se hicieron, sin efectos especiales creados con ordenador tan extraordinarios que, en ocasiones, hasta nos hace olvidar que no es real -y en ocasiones, hasta la historia propiamente dicha-, pero con unos directores y sobretodo, actores y actrices, sencillamente inolvidables, y que nos hace soñar con estas películas, más que imaginarias -porque realmente sí existen-, re-imaginadas.

Y aquí, unos ejemplos:

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A mí, siempre me ha gustado Paul Newman, haciendo cualquier cosa. Pero de superhéroe... y más todavía de Iron Man, creo que habría estado genial.

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Al igual que el original -el que se pudo ver en cines, para entendernos-, habría sido una gran reunión de superhéroes, y por extensión, de estrellas de cine. Aquí, Iron Man es nada menos que Clark Gable.

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Este tiene hasta dobleces, como si se hubiera guardado en un cajón durante años. Bogart, Marlon Brando y Marilyn juntos. Increíble. 

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A partir de este cartel, los encontré en pinterest, donde se puede encontrar de todo. No sé quién o quienes son los autores, pero Katharine Hepburn le habría dado a Catwoman una personalidad tremenda. ¿Y qué Batman habría sido Cary Grant?

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Aquí, quién más me llama la atención es Yul Brynner, el calvo más carismático del Hollywood clásico.

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¿Cómo habría sido un Hulk de los 30 o 40?

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Parece que Iron Man es uno de los superhéroes más atractivos y carismáticos. Curioso, teniendo en cuenta que en los cómics siempre fue bastante secundario. En este caso, no sólo Gable, sino sobretodo Ingrid Bergman, la que habría querido ver en una película de este tipo. Y Bill Robinson fue quizá el primer actor afro-americano famoso y con una filmografía larga e interesante.

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No sé si Humphrey Bogart habría sido el mejor Hellboy, pero tampoco me imagino en el papel a otro actor de aquellos años, la verdad.
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Y por último, la super-pareja de la Visión y la Bruja Escarlata. Un par de guapos de los 30-40.


lunes, 2 de abril de 2018

Los prerrafaelitas (anexo XVIII): Otro ejemplo de estudio en papel para un cuadro.

De nuevo Millais, y qué trabajo se tomaba antes de coger un pincel.


Mantener el blog con algo de vida: los maestros del prerrafaelismo al rescate.

Bueno, como no ando sobrado de tiempo, acabé por decidir que, hasta que eso cambie, ir colgando algo, aunque se trate de entradas cortas, con poco texto -y también poco trabajo, para qué nos vamos a engañar-, y he acabado tirando de clásicos, como ya se habrá visto en otras entradas. Y en mi caso, los prerrafaelitas -y los victorianos en general; creo que tendré que ir buscando influencias y hallazgos en otras épocas y lugares que la Inglaterra victoriana-, porque los clásicos, no nos engañemos, nunca falla.
Incuso más, nos sacan de apuros en no pocas ocasiones.

Aquí, el trabajo preliminar en papel de "Cimón e Ifigenia", también de Millais, realizado en 1847. El cuadro final al óleo es del año siguiente, 1848, y lo he colocado bajo el trabajo realizado, según la web de la Lady Lever Art Gallery, en tinta sobre papel.

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El dibujo en tinta, y, abajo, el cuadro original, de 1848, donde Millais, finalmente, añadió el perro a la derecha, los helechos y demás vegetación.

Sobre la temática del cuadro, habría que aclarar, en primer lugar, que la Ifigenia del título no es la desgraciada hija del rey Agamenón y la reina Clitemnestra, sacrificada por su propio padre para ganarse el favor de los dioses en su guerra contra Ilión/Troya, sino un personaje del mismo nombre de uno de los cuentos del genio italiano Boccaccio -sí, el del jarrón de albahaca; su obra fue un filón para los artistas a lo largo de los siglos-. Esta Ifigenia era una bella doncella de buena familia, que se enamoró de un atractivo pero inculto campesino, con el que decidió casarse, a pesar de que su familia no estuviera de acuerdo, y sus amigos se burlaran de ella, pensando que se había vuelto loca.
Pero el matrimonio, lejos de naufragar al poco de realizase, hizo felices a ambos. Boccaccio quería demostrar en su relato el poder civilizador del amor, o al menos, el cómo una persona puede adaptarse y cambiar de vida y hábitos por la persona amada -básicamente, Cimón, pero muy probablemente, también Ifigenia, que debió cambiar de vida al unirse a un campesino de una clase social inferior a la suya-. 
Algunas cosas más a añadir: que se trata de un trabajo muy temprano, anterior a la fundación formal de la Hermandad Prerrafaelita; que finalmente, el dibujo en papel acabó siendo una obra independiente al cuadro al óleo, y que el adolescente Millais -lo dibujó a los dieciocho años- no se basó para sus dos obras en el relato original de "El Decamerón", sino en los versos del poeta inglés del siglo XVII John Dryden, donde se describe a Cimón no como un auténtico campesino de familia rural, sino como un joven de familia noble desterrado al campo como castigo por su mala vida -probablemente, para Dryden, el hecho de que la noble y refinada Ifigenia acabara casándose con un campesino auténtico debió resultar demasiado "incómodo"; quizá él también necesitaba leer, y comprender, el relato original de Boccaccio-.
¿Algo más? Sí, Hunt -pues ya se conocían- le ayudó en el vestido de Ifigenia, pero finalmente, Millais pensó que podía hacer algo mejor, y pinto "Isabella", aunque no desechó la idea de pasar al lienzo el dibujo de Ifigenia y Cimón. Realmente, dicho dibujo fue la última obra antes de la creación de la Hermandad.

miércoles, 28 de marzo de 2018

El arte de las ilustraciones de Donato Giancola.

Un poco de ilustración contemporánea. No tengo tiempo para más, lo siento. 


Descubriendo y explorando sobre ilustradores de hoy en día.

En estos días que tengo algo más de tiempo libre, me dedico, aparte de estudiar y tareas varias, a escribir un poco aquí y allá. Y como por la red se encuentran muchas cosas, me topé con la obra de este buen hombre. Se trata de Donato Giancola, que a pesar de su nombre completo, es estadounidense, aunque, resulta evidente, de origen italiano. Se trata de un artesta que da clase en la Escuela de Artes Visuales de Nueva York, entre otros sitios, aunque también ha hecho, y sigue haciendo, cantidad de trabajos por encargo, así como otros que realiza por gusto, y que se pueden admirar en su página web, de la que pongo un enlace, para que quien quiera saber más de él, pueda tener una idea mucho más completa de su trabajo, de la que yo pueda entrar en una pequeña entrada. Comenzó su carrera profesional en 1993, aunando influencias de ilustradores y autores de cómic, nuevos o clásicos, con visitas a museos de toda Europa, lo que hizo que consiguiera una cantidad casi astronómica de premios y reconocimientos. Él mismo escribe en su web -la del enlace- que lo ismo analiza pinturas de Rembrandt como de Modrian. Todo es poco. Entre sus clientes, hay de todo: desde DC Comics (Supermán, Batman y cía), hasta la Onu, la CNN, Microsoft. etc. Y como no tengo mucho más que decir, un ejemplo de lo que Giancola sabe hacer mejor: dibujar.

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Una visión particular de los últimos días de Pompeya.

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La ciencia-ficción nunca podía faltar. Y nunca sobra.

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El autor, delante de una obra sobre una de las historias del Silmarillion: "Huor y Hurin".

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Las difíciles, y en ocasiones dolorosas relaciones entre máquinas y humanos.

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Creo que a este señor lo conoce mucha gente como para tener que hablar de él.

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Otra historia del Silmarillion: El humano Beren, y su amada, la elfa Luthien, visitando al rey elfo Thingol en Menegroth. El Silmarillion en, con diferencia, el menos leído y conocido libro de Tolkien, pero una vez que se entra en esta nueva mitología, resulta muy difícil salir de ella.

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Su visión de la historia de la Dama de Shalott. Para quien no la conozca, el nombre no le dirá nada, pero como ya traté sobre la dama y su triste fin, y la conozco bastante bien, no pude evitar ponerla aquí.

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El heroe Boromir, de "El Señor de los Anillos".