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miércoles, 9 de octubre de 2019

Kfar Kama: un relato sobre una curiosa aldea.

Después de pasar por un concurso literario, colguémoslo aquí.


Hace  unos meses, a principios de este verano, decidí participar en un concurso literario, el de la Asociación Emilio Carrere, con un relato corto, pero al no tener ni idea de sobre qué tema podría tratar, decidí preguntar a una amiga, a ver si podía darme una idea. Y sí, me la dio, y muy original. Ella sabe de mi interés -que demostré dedicándole no una, sino dos entradas- por el pueblo circasiano. Interés compartido, por lo demás, y me habló de la aldea de Kfar Kama, en el norte de Israel, habitada por una mayoría de circasianos, que llevan décadas conviviendo lo mismo con judíos como con árabes musulmanes, cristianos y drusos. 
No tardé mucho en escribir el relato, si bien es demasiado corto para mi gusto, pero así lo exigían las bases del concurso, y una vez que lo escribí, no lo cambié -algo no muy habitual, pues cuando escribo relatos que me parece que quedarían mejor con una mayor extensión, no tengo problema en dársela-. Y a falta de otro sitio donde enseñarlo, pues lo cuelgo aquí mismo, esperando que alguien más lo lea:


KFAR KAMA.

Bibras caminaba en silencio por las calles de su pueblo, Kfar Kama, al norte de Israel. No era, aquella pequeña población, un lugar común. Habitada por judíos, drusos, palestinos musulmanes y cristianos, era mayoritariamente circasiana, como el mismo Bibras, que se dirigía a la parada de autobús para volver al cuartel donde realizaba su servicio militar, como todos los hombres de su pueblo.
La soledad, en un pueblo en silencio absoluto, con calles vacías, lo mismo atrae el aburrimiento o la fantasía, que hace presa fácil de comunidades que cuentan con un generoso acerbo de mitología.
Los pueblos guerreros acaban vistiendo uniforme, y los circasianos fueron grandes luchadores. Hombres a caballo, altos gorros y largos abrigos de piel, afiladas espadas de acero, señores de las cumbres, fantasmas de los bosques, aplastados por los ejércitos del zar, se dispersaron, vencidos pero orgullosos del deber cumplido, por las tierras de Oriente, atravesando desiertos, poblando ciudades, levantando aldeas…
Las hazañas de los narts, los héroes, transcurrían antes sus ojos: Sosriqwe, que decapitó a un gigante;  la divina Setenay, reina y madre de héroes; la hechicera Ediyixu y su esposo, Psebide, ladrón de caballos… ¡qué lejanos quedan, roto el silencio por un vulgar autobús!

La mezquita anexa al centro de herencia cultural circasiana de Kfar Kama.


Parte de los miembros de una asociación cultural de la aldea.

Y sí, Kfar Kama es un lugar real.

miércoles, 6 de marzo de 2019

Un relato que me ha sobrado, y he decidido colgar aquí: "Los que viven en la oscuridad".

Aunque haya resultado largo para cualquier concurso, aquí encuentra su sitio -de eso me encargo yo-.


Unas cuantas líneas escritas en un momento libre.

Tenía ganas de escribir algo, y si ese algo pudiera ser enviado a un concurso literario -no porque piense que tenga posibilidad de ganar, sino por el gusto de escribir-, pues mejor todavía. Pero en los dos únicos concursos literarios de este año que encontré -aunque también es cierto que no busqué con muchas ganas, en seguida me cansé de hacerlo-, exigían un máximo de 200 palabras, y a mí me salían casi 300, y como no sabía por donde recortar... pues no recorté, pero como no me desagradó, pues lo cuelgo aquí. 
Al fin y al cabo, para eso se tiene también un blog, ¿no? Colgar mis cosillas.

Y aquí va. Un relato de fantasía, o algo así:


LOS QUE VIVEN EN LA OSCURIDAD.

La joven criatura se movía entre aquella inmensidad oscura, donde la costumbre, más que los sentidos, le indicaban donde se encontraban los siniestros y casi siempre vacíos edificios, los resbaladizos caminos, que no calles, como embarrados y pegajosos, o lo que aparentaban ser árboles, o algún tipo de ser vegetal. O de otra naturaleza…
No era raro encontrarse con otros hermanos y hermanas, que se movían con la misma mezcla de celeridad, ansia y cansancio existencial. En ocasiones se saludaban de forma rápida, más por solidaridad por compartir tan vacía, aburrida y, sin duda, demasiado larga existencia, que por simple educación. No había mucho tiempo ni espacio para la urbanidad y las buenas maneras, en la tierra sin nombre, sin luz, sin color, sin nada…
La joven criatura… ni nombre quizá tenía. Ni nombre, ni nacimiento, ni sentido de que algún día le llegaría el fin. Lo único que podía  hacer, a lo único que parecía aspirar en su insípida existencia, era a seguir las luces, las siluetas luminosas, que le daban, a ella y a los demás, alimento, calor, y una mínima posibilidad de ver, de darse cuenta de lo que les rodeaba. ¡Qué mísera y triste vida! ¡Si por lo menos hubiera algún tipo de luz equivalente a lo que llamamos Sol, que les permitiera moverse por ese mundo de una forma algo menos miserable…!
¡Qué calor hacía en aquella pequeña ciudad de la meseta castellana! Difícil resultaba ver muchos turistas extranjeros, allá. La joven alemana se secó el sudor con el dorso de la mano, bebió otro trago de su botella de agua, ya casi vacía- ¡lo caro que resultaba proveerse de ella en las tiendas o puestos, tan rápido se le acababa!-, y siguió deambulando por aquellas viejas calles, tan cargadas de historia como de silencio y soledad. Y detrás de ella, su sombra, que aparecía y desaparecía. Y cuando así era ¿dónde marchaba? ¡En qué cosas se piensa cuando uno pasea en solitario por una población desconocida! ¿Habría en algún lugar, en una desconocida dimensión, un país de las sombras? ¿Y qué tipo de existencia, si así podría llamarse a su eterno deambular, llevarían aquellas oscuras criaturas?

Resultado de imagen de sombras

Y ya está. Cortito, ¿no? La próxima vez, espero, más y más largo.

jueves, 21 de agosto de 2014

"Cansada de estar sola".

Un nuevo relato corto, con un personaje femenino.


Aquí, el último de los cuatro relatos cortos que tenía por ahí guardados, en el ordenador y la memoria externa, junto a varios libros más largos -novelas, realmente-, que es más que seguro, nunca verán la luz. Además, siendo historias tan largas, necesitaría un blog entero para colgar, apenas, un par de esos libros. Así que decidí colocar aquí lo más corto, que tampoco es que ocupe ni moleste mucho, y aunque quizá no quiera reconocerlo, no deja de ser -bueno, sí, lo reconozco- un pequeño e inofensivo ejemplo de autosatisfacción. No sé si en un futuro colgaré algún libro -de unas 200 páginas; entiéndase, folios DIN A4- en cualquier web, propia o ajena, o intentaré hacer algo parecido a un guión para una versión en cómic, pues en alguna ocasión lo he hablado con un dibujante conocido mio, o qué. Mientras tanto, al menos, así relleno un poco el blog, y me resulta, no sé si divertido o curioso, verlos colgados en algo parecido a una plataforma visual pública, o algo así. Porque eso es un blog, me parece a mí.
Ni el nombre del personaje, ni el título, son los originales. Pero a partir de este primer relato, empecé a escribir otros, que acabaron formando un primer libro, y luego historias más largas. De todas formas, la visión que doy aquí de ella y otros personajes, más adelante cambiaría mucho, comparado a cómo son retratados aquí. Pero aún así, de tan poca cosa, aún me sorprende que llegara a escribir al equivalente a más de mil folios.


"Cansada de estar sola".

Elsa Miller siempre estaba sola. No sola en el sentido de que no pudiera disfrutar en ningún momento de la compañía de nadie, ni tampoco que fuera persona completamente incapaz de tener amistades, o al menos, relación de cercanía con los demás. Para ella, estar sola era, simplemente, no tener alguien con quién compartir su vida. Ella quería tener alguien a su lado, y poder, en un futuro no demasiado lejano, casarse o convivir con una imaginaria alma gemela que la quisiera y la comprendiera.
No es que no fuera atractiva, porque, pues, de forma especial y única, era especialmente hermosa. Realmente, Elsa era una joven fascinante. Nadie negaba que tenía algo especial que atraía y se hacía mirar lo mismo por hombres que por mujeres. Quizá fueran sus negros y algo acuosos ojos almendrados, de largas y negras pestañas que siempre repasaba con un maquillaje, también negro, que les daba una imagen todavía más alargada y misteriosa. Quizá era su piel blanquecina y pálida, como de mármol; o sus labios, más violáceos que rojos, y por lo que decían los que la habían besado, siempre extremadamente fríos. O quizá su largo y liso cabello azabache, que brillaba como oscura seda, dando a su lánguida belleza un aura casi mitológica. Fuera lo que fuese, Elsa parecía una criatura de otro mundo, y eso resultaba de un atractivo arrollador, a pesar de su falsa –y a su pesar- imagen de frialdad.
Su carácter quizá fuera en consonancia ésta. Era tímida y retraída, pero cuando conocía a alguien en profundidad, resultaba dulce y con deseos de expresar todos sus pensamientos y sus sentimientos más profundos. Pero a pesar de ello, muchos que la conocían, incluidos amigos de cierta confianza, coincidían en que, a pesar de aparentar ser persona sincera, siempre le quedaba en la punta de la lengua algo que quería, o más bien necesitaba decir, pero que, finalmente, acababa callando.
Esta es, pues, Elsa Miller. Ella no se engañaba sobre sí misma. Pensaba sin equivocarse que estaba condenada a estar sola, pues quizá sí hubiera alguien que le fuera como anillo al dedo, pero ese alguien, como era ella misma, debía de ser un tipo de persona muy difícil de encontrar hoy en día.
Pues sí, pensaba, he tenido un par de novios. No eran quizá lo que yo esperaba, lo que esperaba de la vida, pero no me podía quejar. Uno era inteligente y culto, y tenía mucha paciencia conmigo; el otro era atractivo y fuerte, un deportista un poco simple de mente pero con buen carácter. Pero al final, siempre pasaba lo mismo. Yo siempre hago lo que hemos hecho en mi familia, lo que los míos han hecho toda la vida, generación tras generación. Cierto que a mí, aunque nadie lo sepa, me consideran una rebelde, casi una renegada, una traidora, pues he olvidado voluntariamente las más importantes de nuestras costumbres que nos hacen únicos y distintos a los demás… pero al final, y aún sabiendo de lo poco conveniente que resulta, siempre acabo presentando mis novios a mis padres y a mi hermana, porque no puedo ocultarles que salgo con alguien, y siempre quiero que, aunque sea por una vez en la vida, estén de acuerdo conmigo. Pero, finalmente, es presentarles a mi nueva pareja, y todo acaba fatal. Y mi relación se va al infierno en un abrir y cerrar de ojos… o de bocas.
La verdad, ¡es un auténtico asco formar parte de una familia de vampiros!
                                                             
Sí, bueno, hay colegialas cinematográficas más bien poco creíbles -y por la edad, repetidoras-, pero vamos, no nos habría importado encontrárnoslas en la vida real. De todas formas, la -ahora- señora Fox no correspondería, exactamente, a la imagen de la protagonista del relato. Más bien, a su hermana mayor. Pero esa ya es otra historia.

sábado, 26 de abril de 2014

Un relato de un concurso literario: "Dedicación absoluta".

El relato original, y el que acabé mandando, para participar en el concurso literario de la librería de mi ciudad.


Hará cosa de un mes, una de las tres librería de Reus, mi ciudad, que en principio prefiero no nombrar, no porque tenga nada malo que decir, sino porque Reus es un pañuelo y nos conocemos todos, aunque sea de vista, y no sé que podrían pensar sobre lo que pudiera escribir, organizó un concurso de micro-relatos, en el que decidí participar. Nos pedían que incluyéramos, en el título o en el texto, la expresión "olor a libro", y que, realmente, no tengo demasiado claro si lo hice como debía, pero, obligatoriamente, también, éste debería tener una extensión muy corta, creo que unos 160 palabras, lo cual me resultó un problema, pues a mí me cuesta contar algo en un espacio tan pequeño.
Así pues, decidí irme a la biblioteca, a escribir en paz y silencio, puse sobre el papel un relato corto, sin pensar en su extensión real, y ya en casa, corregí faltas, le cambié el título y algunas frases, y, una vez pasado al ordenador, decidí grabarlo, porque me gustó como quedó. A partir de esa primera copia, empecé a realizar un auténtico trabajo de poda y reducción forzosa, que me hizo eliminar frases completas, acortar otras y, finalmente, quitar una palabra de aquí, y otra de allá, hasta llegar al número exacto, creo, que me pedían.
Como es de imaginar, no gané. Ni tan siquiera pude asistir -lo que me fastidió bastante, la verdad- a la entrega de premios. Así que no sé cómo serán los relatos ganadores -fueron tres-, aunque teniendo en cuenta que me paso bastante por allá, tal vez pregunte. La curiosidad puede ser un vicio, pero en no pocas ocasiones, un vicio muy entretenido.
Así pues, y como ya puedo hacerlo, he decidido poner aquí las dos versiones de mi relato, la larga y la corta y definitiva. No es que sean gran cosa, lo sé, pero ya que tengo blog, me gusta velo "publicado" de alguna forma. 
Esta es la primera versión, la que se podría llamar "extendida":


DEDICACIÓN EXCLUSIVA. (OLOR A LIBRO: VERSIÓN EXTENDIDA).
Otro día más, en la ocupada y ¿solitaria? existencia de la bibliotecaria. Una jornada más, para ordenar lo que parecía ser el recopilatorio definitivo del saber y la imaginación humanos. Trabajo este, el de conservación, ordenación, clasificación, restauración y comentario de miríadas de obras, que a Omega -¿por qué, semejante nombre? Lo imaginaba, pero prefería no pensar más en ello; demasiado doloroso, el hacerlo- no le resultaba en absoluto penoso. Más bien al contrario. Tenía la completa seguridad de que había venido al mundo para acometer, exactamente, tan hercúlea tarea. Se movía, casi flotaba, por  aquellos largos pasillos, atestados de obras, como si estuviera en su propia casa, pues de eso mismo se trataba. Se enorgullecía de su pericia en su profesión, mientras descubría diariamente multitud de nuevas obras y autores para ella desconocidos, mientras sentía el olor a tinta y a papel de viejos tomos, aspiraba polvo de siglos, acariciaba viejas tapas y lomos de piel, trataba con cuidado extremo milenarias tablillas de barro cocido, papiros greco-latinos, pergaminos medievales, tomos del Medievo o el Renacimiento, libros de bolsillo de multitud de ediciones y editoriales…
Sabía, al mismo tiempo, y eso le dolía, que su esfuerzo y dedicación, tan concienzudos que llegaban a ser en ocasiones, y que tanta felicidad le producían cuando se olvidaba de todo lo que le rodeaba excepto su trabajo, no servirían de mucho. De nada, realmente, excepto para sí misma. Llevaba años, décadas, realizándolo en solitario, y sólo para ella, y podría seguir haciéndolo durante siglos, generaciones, pues para eso mismo fue creada. Omega, la superviviente de las de su clase, la mejor de todas ellas. La última bibliotecaria, en un mundo muerto, excepto por los libros que cuidaba y ordenaba. Ella que, curiosamente, ni tan siquiera era humana. ¿Pero cómo negar a una máquina su humanidad, cuándo es la última guardiana de la herencia de sus creadores, tanto tiempo ya desaparecidos, y reducidos a polvo y a un mal recuerdo, excepto el que ellos mismos dejaron por escrito?
****************************

Y esta la corta, que es la que presenté al concurso. No me gusta especialmente, pero no supe resumirla mejor:

 DEDICACIÓN EXCLUSIVA.
Otro día más, en la  existencia de la bibliotecaria, ordenando  el recopilatorio definitivo del saber e imaginación humanos. Conservación, clasificación, restauración,  comentario de miríadas de obras, que a Omega no  resultaba en absoluto penoso.  Tenía la  seguridad de que había venido al mundo para acometer,  tan hercúlea tarea. Flotaba por  pasillos atestados; orgullosa, gozosa, descubría diariamente  nuevas obras y autores  desconocidos, mientras sentía el olor a tinta y  papel de viejos tomos, aspiraba polvo de siglos, acariciaba viejas tapas  de piel, trataba con cuidado milenarias tablillas de barro, papiros greco-latinos, pergaminos medievales, libros de bolsillo de prosaicas  ediciones…
Sabía que su trabajo no serviría de nada, excepto para sí misma. Llevaba años realizándolo en solitario. Podría seguir durante siglos. Para eso fue creada. Omega, última bibliotecaria de un mundo muerto, excepto por los libros que cuidaba. ¿Cómo negar a una máquina su humanidad, cuándo es la última guardiana de la herencia de sus creadores, y su recuerdo escrito?
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Buena, pues ya está. La próxima vez, prometo una entrada que me haya trabajado más. Esto lo que escribí en una tarde, pero no en esta, sino hace ya un mes. 


El último reducto de la herencia cultural humana. Sin humanos, lamentablemente, detalle importante.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Otro relato corto propio -es lo que hay-: "Después de todo, no estuvo mal."

El segundo relato que tenía por ahí guardado, y que decidí -caprichos que tiene uno- sacar a la luz.

 

Ya publiqué aquí -porque un blog, en mi opinión, no deja de ser una autopublicación- un relato de ciencia-ficción -o algo parecido- que escribí hará unos tres o cuatro años. Pensé mandarlo a algún webzine -el equivalente en la web de los antiguos fanzines-, a ver si había suerte y decidían escogerlo para alguna recopilación de relatos cortos. Pero, bien mirado, supuse que, no teniendo calidad suficiente, era mejor no perder el tiempo y dejar que durmiera el sueño de los justos en mi ordenador y, más adelante, y junto a algunos libros dedicados a un solo personaje que perjeñé muy poco después, en un pen-drive. 
Este es el segundo que tengo. Hubo un tercero -que, como los otros dos, son desconocidos por todos, excepto por un amigo que, además, no es precisamente un ferviente lector-. Pero en el tercer caso, su personaje principal, acabaría siéndolo de varias novelas. Si en algún momento decido publicarlo aquí o no, ya se verá. Por ahora, prefiero hacerlo con los relatos más cortos. Si alguien decidiera -que lo dudo, pero es posible- copiárselo, bajárselo, o lo que sea, no es que me preocupe o me interese. Más bien, todo lo contrario.
Ahí va:


Después de todo, no estuvo mal…

La verdad es que no estuvo nada mal. Nunca pensé que alguien como Valeria pudiera ser algo más que una buena compañera con quien se trabaja más o menos a gusto, alguien con quien el trabajo pasa deprisa, y que parece tener soluciones para casi todo. Ciertamente, siempre admiré, de algún modo, la forma en que no pierde nunca la calma y parece ver todo desde el punto de vista más positivo, aunque siendo quien es ella, eso debería parecer lo más normal del mundo. Sí, quizá sea una chica demasiado seria y callada, quizá resulte poco menos que inútil intentar hacerla reír, y no es alguien con quien los regalos y los detalles tengan gran resultado, aunque tampoco los echa a faltar cuando no te acuerdas de ellos.
La verdad, cuando la conocí hace unos meses, cuando la tuve de compañera en nuestro pelotón, tuve mis dudas de que durase demasiado tiempo en el ejército, por mucho que nos dijeran que ella y algunas de sus compañeras eran parte de las fuerzas armadas del futuro. Pero reconozco que me habitué a su compañía rápidamente, y ahora pienso que hemos estado juntos, como quien dice, toda la vida.
Pues nada, me dije, a ver si Valeria quiere algo fuera del cuartel, pues reconozco que tenía ganas de verla sin uniforme y conocerla más de cerca, sin tener el trabajo en la cabeza todo el día. La verdad es que la cena fue agradable, aunque un poco sosa, pero eso se debía al carácter retraído y un tanto cerrado de ella, y luego no tuvo demasiadas ganas de salir a tomar una copa, aunque tampoco se opuso. Ella es así, ni se opone, ni se impone. Finalmente, la noche acabó como a mi me gusta que acabe. La verdad es que resultó un tanto fría, apenas se le oía ni respirar. Bueno, ni eso. Pero tampoco ponía problema alguno para nada. Me hice a la idea de que quizá no estaría con lo que se dice una mujer ardiente, pero por lo menos podía practicar con ella cosas que otras más aparentemente atrevidas no habrían querido hacer. Las cosas como son.
Ya es por la mañana. Ella todavía está durmiendo, o descansando, o lo que ella haga cuando está así, en silencio y encogida en la cama, como si nada tuviera que suceder alrededor suyo. Y yo estoy sentado en el otro lado de la cama, pensando y riéndome para mis adentros…
… pues no, no estuvo mal. Para ser simplemente un androide de combate, después de todo, no estuvo mal.

Una vieja portada de la revista "Galaxi". A pesar de haber pasado décadas, siguen siendo llamativas y originales -después de haber visto varias en algún libro, mi interés por la CF creció sobremanera-.


jueves, 16 de agosto de 2012

"El cazador de las estrellas". (Un relato original).

El problema de dejar hacer un blog a según quién: que a falta de otra cosa, le dé por "publicar" allá sus propios relatos cortos.


Bien, en esta ocasión, no se trata de una entrada sobre un tema determinado -música, cómic, etnografía, o cualquier otra cosa que me pueda venir a la mente; y eso incluye la traducción, o la publicación de un texto ya traducido de antemano, u originalmente en español, de un autor cualquiera, conocido o más o menos anónimo-. No, esto es algo distinto. Ya que, al fin y al cabo, me ha dado por tener la no sé si buena idea de tener blog propio, pensé "¿Por qué no publicar alguno de los relatos cortos que he ido escribiendo durante estos últimos años, y que guardo en mi ordenador o mi memoria extraíble?". Pues de eso se trata.
Se trata de una historia que sería el equivalente, en extensión, a un folio, y, dentro de lo que cabe, se le podría considerar ciencia-ficción. Bien, no tiene sentido tanta introducción para tan poco texto, así que, sin más historias, ahí va:


EL CAZADOR DE LAS ESTRELLAS.
(Antes llamado "Los biologicidas").

 Morlin levantó la mirada para observar al rinoceronte lanudo que estaría a no menos de cinco o seis metros de distancia. Era un animal realmente imponente. Por lo menos mediría casi cuatro metros de largo y no mucho menos de dos de alto. Era extremadamente peludo, cubierto por una enorme mata de cabellos marrones que le protegían del terrible frío de la última glaciación que estaba sufriendo la Tierra. Su único cuerno, por sí solo, medía casi un metro de largo, y podía ser un arma terrible si el animal decidía atacar en caso de sentirse en peligro, o simplemente observado por algún enemigo. Si así era, el rinoceronte se transformaba en un auténtico vendaval de fuerza bruta, y pocos seres en el mundo serían capaces de sobrevivir a su terrible embestida.
Pero Morlin no era un ser de este mundo. Y eso jugaba a su favor. Su traje elástico recubría todo su cuerpo, excepto la cara, y aunque era extremadamente fino y cómodo, calentaba más y mejor que el más cálido de los abrigos de pieles. Sus guantes y botas también resultaban prácticos y pegados al cuerpo, pero le protegían de ventiscas y temperaturas que solo los animales más adaptados al medio eran capaces de soportar. En sus manos, el cazador tenía un arma que podríamos considerar una especie de carabina, más parecida a un fusil de mirilla telescópica usado por francotiradores que una auténtica escopeta de caza. Evidentemente, para abatir piezas de caza mayor, no cabía más remedio que utilizar las armas más mortíferas.
 Morlin levantó su fusil, observó por la mirilla, disparó con la seguridad del cazador experimentado que practica su arte por placer y no por simple necesidad o defensa propia, y abate, de un solo y certero disparo, a la enorme bestia que no tuvo tiempo más que de observarlo con escasa curiosidad.
Al momento de caer mortalmente herido al suelo aquella enorme montaña de carne y pelo, Morlin escuchó una voz familiar pero molesta, debido a su irritante costumbre de opinar y, en muchos casos, de pontificar y querer sentar cátedra, sobre temas que solo conocía superficialmente o por los que, paradójicamente, no tenía apenas interés.
-¿Es que no te cansas nunca de cazar? Ya me tienes harta, siempre que hacemos algún viaje interplanetario durante nuestras vacaciones, tienes que traerme a algún mundo primitivo lleno de bestias y pasarte el día persiguiéndolas y matándolas.
-Ya está bien, mujer. Siempre quejándote, pero nunca dándome ninguna alternativa. ¿Qué tiene de malo la caza? Es un deporte excitante que te permite conocer otros lugares, mundos exóticos y fauna que ya hace mucho que no existe en nuestro pequeño mundo.
-Ya, no me extraña –exclamó su mujer-. ¡Como no va a ser así! Todos los hombre del mundo, no importa como seáis, tenéis la misma obsesión por la caza. Da lo mismo lo que hayamos avanzado en tecnología, en artes o en la ciencia. Siempre acabáis cogiendo un arma y disparando al primer pobre animal que veis por ahí. Aunque no me extraña, al fin y al cabo, casi todos los avances e inventos que disfrutáis son invenciones o mejoras de las mujeres…
-Aquí hay caza abundante, y no existe ninguna civilización que nos ponga pegas con leyes proteccionistas. ¿Has visto lo más parecido a vida inteligente que tienen aquí? ¡Sólo unos bichos bípedos, sucios y melenudos, que no saben hacer otra cosa que arrancarse piojos y morderse y atacarse entre sí!
-¡Qué despreciativo eres! ¡Dales tiempo a evolucionar! Seguro que sus descendientes serán mucho más respetuosos con la fauna y con la naturaleza de lo que somos nosotros, y pensarán en lo hermoso que sería tener entre ellos a todos estos animales que estamos ayudando a extinguirse. Me gustaría verlos de aquí a unas docenas de generaciones, y seguro que podrían darnos lecciones de protección del medio ambiente. ¡Con razón nos llaman los biologicidas, los destructores! ¡Qué espanto se llevarían los habitantes de este mundo en el futuro si llegaran a conocernos!

La presa en cuestión. Lástima que ciertos "amigos de las actividades cinegéticas" nos dejaran sin él.

Bueno, es sólo esto, pero el hecho de poderlo publicar, aunque fuera en mi propio blog, ya resulta una novedad para mí.
Otro día, más.