miércoles, 28 de junio de 2017

Élisabeht Sonrel: modernismo en femenino con raíes prerrafaelitas y renacentistas.

Si Reino Unido tuvo el prerrafaelismo, Francia y Bélgica tuvieron el modernismo.


Al otro lado del Canal, los franceses y belgas también tuvieron sus propios movimientos artísticos.

Ya escribí, y mucho, sobre el prerrafaelismo y los prerrafaelitas, y como se pudo ver en la anterior entrada, no he dejado de hacerlo. Realmente, cuando comencé a hablar sobre ellos, lo desconocía casi todo, sobre ese movimiento y sus miembros, y poco a poco, no sólo los fui conociendo cada vez más, sino que me vi un poco obligado a añadir cosas que, en principio debía haber escrito, y no hice, en las primeras entradas, dedicadas, sobretodo, a los fundadores de la Hermandad.
Pero el siglo XIX fue una época en que el arte, sobretodo el pictórico -y aquí habría que incluir el dibujo, o más bien, la ilustración-, empezó a dividirse y subdividirse en ramas, corrientes o movimientos, más allá de etapas que se iban sucediendo -renacentismo, barroco, neoclasicismo del XVIII...-. Igual que, a principios del XIX, se vio la separacion entre realismo y romanticismo, y cómo de este último, se separó, o más bien tuvo su propia personalidad, el orientalismo, a partir de la segunda mitad de siglo se comprobó que, cada vez más, había movimientos con una identidad muy clara, y que, finalmente, llegaríamos a lo que llamamos "corrientes", o movimientos.
Uno de ellos, de los primeros -quizá el primero- fue el prerrafaelismo -con una primera y segura generaciones, además de los neo-prerrafaelitas, bien entrado ya el siglo XX-. Otro, en Italia, serían los macchiaioli, de los que hablé hace ya una eternidad. Pero a partir de los 60 y 70, se destacaron otros movimientos, más conocidos por todos: impresionistas, postimpresionistas, simbolistas y, sobretodo, modernistas.
El modernismo merecería toda una serie, que quizá lo tenga, pero mi falta de tiempo -y ganas, la verdad- por ahora lo impiden. El impresionismo tuvo sus etapas, sus corrientes y escuelas, y una enorme divversidad, que se extendió a través de bastantes años. Se podría también hablar que el movimiento tuvo dos ramas claras, según el tipo de arte que practicaban sus miembros: el modernismo arquitectónico -que también incluía no sólo escultura, sino también mobiliario y diseño, e incluso trabajo del hierro y jardinería-, y el pictórico -incluyendo la ilustración-. También hubo un modernismo literario, pero ese es otro tema, aparte de que no ha resistido tan bien el tiempo.
Y aquí, uno de sus miembros y practicantes, de lo que sería un -o una- artista modernista en el campo de la pintura y la ilustración. Ya escribí sobre un español, el catalán Ramón Casas, y ahora toca una francesa: Élisabeth Sonrel.

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"Flores del campo". Ilustraciones de art nouveau, pura.


Señora Sonrel, usted dibuja muy bien.

Élisabeth Sonrel nació en Tour en 1874, y era hija de un pintor no muy conocido, pero competente: Nicolas Stéphane Sonrel, que fue su primer maestro, en cuanto vio el interés de su hija por el arte. Pero llegado el momento, Sonrel padre pensó que su hija podría llegar a ser mejor artista que él, y que convenía mandarla a estudiar a una escuela de arte. Y así, la joven Élisabeth llegó a París, capital cultural y artística del mundo -París era una fiesta, la ciudad-luz, y todo eso...-, donde tuvo como profesor a Jules Lefebvre, conocido sobretodo por sus retratos de hermosas jóvenes, y por la enorme cantidad -y calidad de algunos de ellos- de alumnos que tuvo a lo largo de su larga carrera de profesor en la Escuela de Bellas Artes de la capital -École des Beaux-Arts-.
Aunque Lefebvre sería, básicamente, un retratista realista, Sonrel, con el paso del tiempo, tuvo una mayor variedad de temas: tanto místicos o míticos y literarios, como alegóricos -la naturaleza, personificada en mujeres- o simbolistas -aunque no fue parte del simbolismo propiamente dicho-, aunque también pintó retratos -como no pocos pintores de la época, que los usaban, sobretodo, para ingresos económicos rápidos- y paisajes.
En 1892 pintó su trabajo "de fin de carrera", por decirlo así, para conseguir su diploma de la École: "Paz y trabajo", que se puede ver todavía en el Museo de Bellas Artes de su ciudad, Tours. Más adelante, iría exhibiendo gran parte de su obra pictórica -al óleo o acuarelas- en el Salón de Artistas Franceses, entre 1893 y 1941, o sea, durante gran parte de su vida.
Al igual que los artistas británicos -o los que pensaban que lo eran, o que llegarían a serlo algún día-, también los franceses, y de otras nacionalidades -Fortuny, por ejemplo- viajaban a Italia por una serie de motivos: aprender de maestros de aquel país, descubrir el arte italiano en museos, pero sobretodo, en vivo -entiéndase, pudiendo ver con sus propios ojos edificios, esculturas, y, en no pocas ocasiones, ruinas, o lo que quedaba, del patrimonio cultural italiano- lo mismo arte griego -Sicilia y sur del país- como romano, medieval, renacentista, e incluso barroco y neoclásico. Italia era destino ineludible para cualquier europeo culto que se lo pudiera permitir, y la joven Sonrel pudo descubrir allá a los maestros del Renacimiento, viajando por Florencia y Roma. Fueron muchos, los pintores de aquella época que debieron cautivarla, y despertar en su mente el deseo de imitarlos, y después de ello, una vez conseguido estilo propio, aprovechar su saber y su arte, pero sobre todos, parece que uno le influyó más que los demás: Sandro Botticelli.

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"Ovejas pastando", sería un ejemplo de sus ilustraciones para postales.

Vuelta a su país, recibió una tercera influencia, tras el realismo retratista de su padre y su maestro, y el Renacimiento en estado puro de tierras italianas: los prerrafaelitas, la llamada "vanguardia antes de que existieran las vanguardias". Y era lógico, pues la Santísima Trinidad del movimiento -Rossetti, Millais y Holman Hunt, y los que les siguieron- fueron de un rupturismo que, hoy en día, en que los vemos como pintura clásica, es difícil imaginar. Y aunque fue, sobretodo, un movimiento británico, mucho o poco, tuvieron eco en casi toda Europa, y más allá. Por otro lado, el prerrafaelismo no era sólo estilo, visión distinta de los mismos temas. Realmente, algunos de estos temas ya eran clásicos de la pintura europea, pero otros eran relativamente modernos: cualquier nuevo prerrafaelita, o pintor que se acercara a ellos, aunque fuera a cierta distancia, comprobaría la repetición de ciertos personajes y paisajes. Sonrel pasó a interesarse por ellos: "La Divina Comedia" de Dante -el mismo Dante como personaje, incluso, como ya se comentó en una entrada sobre los temas de los prerrafaelitas-, el rey Arturo y las leyendas y obras que se escribieron a su alrededor, la Edad Media desde un punto de vista romántico y casi de ensueño -y poco realista, ciertamente-, y temas bíblicos, pero desde un punto de vista más moderno y realista. Y de la Biblia, al misticismo, como en sus obras "Almas errantes" (1894), o "Los espíritus del abismo" (1899).

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"Joven con hortensias", de principios del siglo XX.

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PINTURA Y- ARTE: ELIZABETH SONREL
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Dos de sus ilustraciones, en este caso, representando primavera, otoño e invierno.

Las alegrías del verano
"Las alegrías del verano".

La procesión de los Ángeles devant l'enfant Jesús
"La procesión de los ángeles delante del niño Jesús", sería uno de sus no muy abundantes trabajos religiosos, aunque aquí los ángeles tienen una apariencia más femenina de lo habitual.

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"El cortejo de Flora" -una deidad menor greco-romana- sería, en cambio, una obra de inspiración mitológica.

En aquella época, hasta principios del XX, también dibujó de todo y en abundancia: carteles publicitarios, postales, ilustraciones para libros, etc., en el estilo de modernismo francés conocido mundialmente como art nouveau.
Pero a partir de 1900, la cosa cambió, pues la pintura de ambiente mítico o religioso -o más bien, de influencia prerrafaelita o renacentista- fue en gran parte aparcada, para dedicarse cada vez más a un determinado tipo de temática. No dejó de pintar retratos -algo que siempre daba dinero y buena fama en futuros clientes; casi todos burgueses que se ganaban más o menos bien la vida deseaban un retrato propio, o de toda la familia, aunque también deseaban retratos de jóvenes o niños, que adornaran sus nuevas casas-,  y paisajes, principalmente de la Bretaña, donde viajaba regularmente para pintar sus bosques y pueblos, sobretodo el bosque de Brocéliande -un lugar real, casi mágico, de la Bretaña, el "país celta" de Francia, y donde podrían, muy bien, transcurrir las antiguas leyendas de base también céltica-; y ocasionalmente, flores, aunque no fue lo habitual. Más adelante, también viajaría a la costa, buscando nueva temática en el Atlántico, sola, o en compañía de estudiantes -o más bien, aprendices suyos-. Realmente, se podría decir que acabó siendo bretona por adopción, y más cuando se hizo construir una villa en el pueblo de La Baule, donde pintó varios retratos teniendo como modelos a las jóvenes del lugar.
Su última exposición fue en 1941, con sesenta y siete años, y parece que también tuvo otra en Liverpool. En sus últimos años, prácticamente abandonó la pintura, hasta que falleció en 1953, en Sceaux, cuando el modernismo ya no era más que un recuerdo de un mundo perdido tras la Gran Guerra, décadas atrás.

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"Poesía por la tarde", o un ejemplo de las ensoñaciones renacentistas de la artista.

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"Las escenas de Dante", o la visión de Sonrel sobre la vida del genio italiano, transformado en protagonista de no pocas obras del XIX.

miércoles, 21 de junio de 2017


Los prerrafaelitas (anexo XIV): Alma-Tadema, y su relación con la familia Epps.

Una muy pequeña historia sobre un grande del prerrafaelismo.


Lawrence Alma-Tadema es, todavía, uno de los pintores prerrafaelitas -y por extensión de toda la historia de la pintura británica, y de la europea del siglo XIX- más conocidos y apreciados. De eso no hay duda, como tampoco que, a la hora de representar el arte y la cultura de la Época Victoriana, Alma-Tadema, a pesar de ser un británico de adopción -pues era holandés de nacimiento y origen-, siempre estará en la lista de sus principales embajadores entre las generaciones futuras, como la nuestra misma.
Una de sus alumnas, pues los prerrafaelitas, por famosos que llegaran a ser en su tiempo, no sólo tenían ofertas para ser profesores de los hijos de la nobleza o la burguesía -o de quienes pudieran permitírselo, o se lo permitieran ellos, que esa es otra-, sino que, en ocasiones, para llevar un alto, o no tan alto, nivel de vida, no les quedaba más remedio que aceptar alumnos, tuvieran o no madera de artistas, aunque fueran artistas de nivel más o menos modesto.
Pues una de sus alumnas, pues él, como otros, también aceptaba mujeres -una prerrafaelita de segunda generación, Marie Spartali, comenzó siendo alumna de dos luminarias del movimiento como Dante G. Rossetti y Madox Brown, que sin ser prerrafaelita, siempre estuvo muy cerca de ellos- fue Laura Epps, y pasado el tiempo, poco tiempo, se dieron cuenta que lo que sentían uno por el otro fue bastante más que admiración maestro-alumna, pues Laura acabó siendo la segunda esposa del pintor.

Resultado de imagen de alma tademaComo Alma-Tadema deseaba tener una buena relación con su nueva familia política, y como, por lo visto -no es que haya muchos datos biográficos en internet para saber qué relación real tenían-, nunca tuvo problemas de convivencia con los Epps, quiso realizar una obra en que todos ellos estuvieran representados. Hay críticos que dicen que la coloración -tan distinta a sus luces y brillos- y la asimetría del cuadro muestran la influencia de la pintura y el dibujo japoneses, el famoso japonesismo que se estaba extendiendo por Europa -sobretodo Francia, pero también otros países- a medida que el país oriental se iba abriendo poco a poco al mundo, y viajeros, comerciantes y diplomáticos iban trayendo a Occidente obras de Japón.
Lamentablemente, la obra no está acabada -se ve un espacio casi cuadrado en blanco, en medio de la pintura-, y probablemente fue abandonada cuando la pareja se casó, en julio de 1871. Quizá, Alma-Tadema, que era tan genial como, en ocasiones, poco insistente en acabar trabajos que no le acababan de interesar, pensó que, una vez casado y compartiendo vida con Laura, no tenía necesidad de finalizar lo que era una especie de regalo de presentación a la familia de su esposa.
La inscripción que se puede leer en la parte superior de la pintura, con un estilo medieval o renacentista, hace referencia a una fábula del griego Esopo, que demuestra la necesidad de que la familia permanezca unida, comparándola con un haz de flechas: una por una, se pueden partir sin esfuerzo, pero todas juntas, son imposibles de partir. Y así, como esas flechas, debería ser una familia: unida en lo bueno y en lo malo.


'Portrait of the Epps family' by Sir Lawrence Alma-Tadema, six-part painted screen, 1870-1871, Museum no. W.20-1981
El cuadro que representa a los Epps, con un espacio en blanco enmedio, que Alma-Tadema nunca llegó a completar.

Esta información la encontre en la web del Museo de Alberto y Victoria -o A&V-, cuya web está aquí.