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lunes, 8 de enero de 2018

Portada de New Yorker: Robotización aquí y allá.

Aprovecho un momento libre, para colocar una portada que me ha gustado y hecho pensar.


No tengo suficientes conocimientos, tampoco tiempo, aunque sí interés, por saber hasta dónde podría llegar la robotización masiva dentro y fuera -pero sobretodo, dentro- del mundo laboral. El dibujante norteamericano R. Kikuo Johnson da su visión, reconociendo -o esperando-, en su comentario en la web de la revista New Yorker que, por el momento no está nervioso de que una máquina lo sustituya en su oficio de ilustrador, aunque nunca se sabe...



Y la próxima vez, algo un poco más largo, prometo.

domingo, 20 de julio de 2014

¿Estoy viendo robots salir de la tienda?

Robots Pitarque, o como se hacen reales los robots de los cómics.


Hace unos días estuve de visita en Andorra, por cuestiones de trabajo -o de búsqueda de él, más bien-, y me encontré delante de una tienda, ANDORobots, donde se vendían juguetes de todo tipo que tenían algo en común: eran robots, o, al menos, asemejaban serlo. En realidad, algunos eran auténticos robots, y aunque apenas tuve tiempo de mirar, no pude evitar "apuntarme" el nombre, por si tenía la posibilidad, en mejor momento, de visitarla a fondo. Entre todas aquellas pequeñas máquinas, como robots casi de tamaño natural, o en forma de obedientes y pequeños dinosaurios, pude ver unas reproducciones -o más bien invenciones- de robots de tamaño diverso, que respondían al nombre de "Robots Pitarque". Para quién tenga cierto interés en visitarla, pero antes quiera información, aquí un aquí.


¿Y en qué consiste esto? La verdad, nunca he anunciado ninguna tienda o negocio, ni me lo han ofrecido, ni yo tampoco pensé en ello, pero este caso es un poco distinto, porque más que un negocio en sí mismo, es una mezcla de afición, arte y experiencia de cultura popular lo que pude ver en el escaparate de dicho comercio. Se trataban de pequeños robots fabricados con todo tipo de piezas y elementos metálicos, además de plásticos, gomas, etc., y que lo mismo incluyen una bombilla -de las de antes, grandes, redondeadas, con su filamento y casquillo y todo lo demás, como latas de refresco. Y cada uno de ellos es tan único como original. Por lo que he podido leer, Javier  Pitarque es el  del creador de este creador de criaturas imaginarias hechas realidad, y tiene un taller donde se le puede visitar mientras las construye y, evidentemente, también se pueden comprar. Porque hacerlas será, imagino, divertido, pero también requiere tiempo y dinero, así que, si tu afición -o más bien pasión- te puede dar algún beneficio económico -y más, teniendo en cuenta las horas que te ocupa-, mejor que mejor. Se pueden comprar allá mismo, en la tienda andorrana que nombré al principio, e, imagino, en algunas más. Porque comercios de cosas curiosas, haberlos, los hay por toda la geografía española. La cuestión es encontrarlos. Por lo menos, tanto en Madrid como en Barcelona me he topado con más de uno, y quizá en un futuro les dedique un espacio.
Respecto a quién quiera visitar su web, puede apretar aquí.

                  
 Un anuncio publicitario, y una foto del autor con un robot "tamaño familiar".

Y aquí abajo, dejo unos cuantos de estos robots, que me recordaron -es casualidad, pero creo que parece hecho adrede- los que se pueden ver en más de una historia de Chaland, de quién hablé en la entrada anterior.

                                       
                                     

                                     

Bueno, pues la próxima vez, una entrada más larga, imagino.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Otro relato corto propio -es lo que hay-: "Después de todo, no estuvo mal."

El segundo relato que tenía por ahí guardado, y que decidí -caprichos que tiene uno- sacar a la luz.

 

Ya publiqué aquí -porque un blog, en mi opinión, no deja de ser una autopublicación- un relato de ciencia-ficción -o algo parecido- que escribí hará unos tres o cuatro años. Pensé mandarlo a algún webzine -el equivalente en la web de los antiguos fanzines-, a ver si había suerte y decidían escogerlo para alguna recopilación de relatos cortos. Pero, bien mirado, supuse que, no teniendo calidad suficiente, era mejor no perder el tiempo y dejar que durmiera el sueño de los justos en mi ordenador y, más adelante, y junto a algunos libros dedicados a un solo personaje que perjeñé muy poco después, en un pen-drive. 
Este es el segundo que tengo. Hubo un tercero -que, como los otros dos, son desconocidos por todos, excepto por un amigo que, además, no es precisamente un ferviente lector-. Pero en el tercer caso, su personaje principal, acabaría siéndolo de varias novelas. Si en algún momento decido publicarlo aquí o no, ya se verá. Por ahora, prefiero hacerlo con los relatos más cortos. Si alguien decidiera -que lo dudo, pero es posible- copiárselo, bajárselo, o lo que sea, no es que me preocupe o me interese. Más bien, todo lo contrario.
Ahí va:


Después de todo, no estuvo mal…

La verdad es que no estuvo nada mal. Nunca pensé que alguien como Valeria pudiera ser algo más que una buena compañera con quien se trabaja más o menos a gusto, alguien con quien el trabajo pasa deprisa, y que parece tener soluciones para casi todo. Ciertamente, siempre admiré, de algún modo, la forma en que no pierde nunca la calma y parece ver todo desde el punto de vista más positivo, aunque siendo quien es ella, eso debería parecer lo más normal del mundo. Sí, quizá sea una chica demasiado seria y callada, quizá resulte poco menos que inútil intentar hacerla reír, y no es alguien con quien los regalos y los detalles tengan gran resultado, aunque tampoco los echa a faltar cuando no te acuerdas de ellos.
La verdad, cuando la conocí hace unos meses, cuando la tuve de compañera en nuestro pelotón, tuve mis dudas de que durase demasiado tiempo en el ejército, por mucho que nos dijeran que ella y algunas de sus compañeras eran parte de las fuerzas armadas del futuro. Pero reconozco que me habitué a su compañía rápidamente, y ahora pienso que hemos estado juntos, como quien dice, toda la vida.
Pues nada, me dije, a ver si Valeria quiere algo fuera del cuartel, pues reconozco que tenía ganas de verla sin uniforme y conocerla más de cerca, sin tener el trabajo en la cabeza todo el día. La verdad es que la cena fue agradable, aunque un poco sosa, pero eso se debía al carácter retraído y un tanto cerrado de ella, y luego no tuvo demasiadas ganas de salir a tomar una copa, aunque tampoco se opuso. Ella es así, ni se opone, ni se impone. Finalmente, la noche acabó como a mi me gusta que acabe. La verdad es que resultó un tanto fría, apenas se le oía ni respirar. Bueno, ni eso. Pero tampoco ponía problema alguno para nada. Me hice a la idea de que quizá no estaría con lo que se dice una mujer ardiente, pero por lo menos podía practicar con ella cosas que otras más aparentemente atrevidas no habrían querido hacer. Las cosas como son.
Ya es por la mañana. Ella todavía está durmiendo, o descansando, o lo que ella haga cuando está así, en silencio y encogida en la cama, como si nada tuviera que suceder alrededor suyo. Y yo estoy sentado en el otro lado de la cama, pensando y riéndome para mis adentros…
… pues no, no estuvo mal. Para ser simplemente un androide de combate, después de todo, no estuvo mal.

Una vieja portada de la revista "Galaxi". A pesar de haber pasado décadas, siguen siendo llamativas y originales -después de haber visto varias en algún libro, mi interés por la CF creció sobremanera-.