miércoles, 5 de agosto de 2015

Santiago Martínez, pintor colombiano, y el muralista más importante de su país.

Después de los grandes maestros mexicanos, uno de los muralistas más conocidos de las dos Américas.


El pintor colombiano más conocido en su patria, y al tiempo, más universal.

Santiago Martínez Delgado (1906-1954; por tanto, murió con sólo 48 años, lo que hace pensar todo lo que todavía podría haber hecho, de no haber fallecido tan pronto). Fue, principalmente, muralista, o sea, que sus obras las realizaba en paredes y muros, pero también fue pintor de lienzos, e incluso, probó con la escultura -y por lo que se vio, habría podido hacer también carrera en esa rama del arte-. 
Martínez Delgado, de una familia antigua de Colombia, llena de miembros que ocuparon importantes cargos políticos, sociales y religiosos, estudió primero en la Escuela de Bellas Artes de Bogotá, para después hacerlo en la de Chicago (1926-31), que en aquella época, los años veinte, era una de las capitales del Art decó, que sería la corriente artística que más influyó en el pintor -realmente, fue parte de ella-, y donde fue seguidor del arquitecto Frank Lloyd Wright, pues, si bien Martínez Delgado nunca se dedicó a la arquitectura, ni Wright a la pintura, este último lo requirió para que realizara murales, tallas de madera, vitrales, etc. para sus construcciónes. Además,  al ser el primero un auténtico "artista total", mostraba curiosidad y disposición a recibir influencias de cualquier rama del saber o del arte. De ahí, que además de pintor -muralista, al óleo, acuarelista-, también fuera ilustrador, escultor -sin llegar a dedicarse demasiado en serio a ello, demostró que podría haberlo hecho sin problemas, pues no se le daba nada mal-, escritor e historiador.
Fue en Chicago donde ganó varios premios, como el Logan -participando en la exposición colectiva de la Feria Internacional de la ciudad-, con la obra "Proceso del desarrollo cultural de Colombia", o el segundo premio del concurso que organizó el periódico "The Chicago Tribune" sobre interpretación de cuadros célebres. Allá no sólo fue alumno de Whight -acudió a cursos, charlas, tertulias-..., sino que conoció a otros artistas, como el pintor Edward Hopper -quizá uno de los últimos representantes de la pintura figurativa y no abstracta-, o el escultor japonés-norteamericano Isamu Noguchi. Probablemente, fue el artista más internacional de su país, no sólo por su fama, sino también por sus amistades, y las influencias que pudo recibir de todos ellos.
Vuelto a su país en 1934, fue el introductor en él del Art decó, lo que no siempre fue bien comprendido, aunque también tuvo, artista y estilo, muchos defensores. En ese estilo pintaría en 1935 el telón del Teatro Municipal de Bogotá, con la obra ·"El triunfo de la comedia sobre la tragedia", que, lamentablemente, ya no existe -intenté buscar alguna fotografía antigua, o una explicación de por qué ya no es posible admirarlo, pero fue inútil-. También pintó murales para el café "El Molino", realizó diversos cuadros al óleo -incluido "Interludio", retratando a su madre y a su hija-, y murales en instituciones públicas y privadas-, fundó un curso sobre arte y decoración en la Universidad Javeriana (1936), y aún tuvo tiempo de realizar ilustraciones para revistas, y hasta para escribir un artículo sobre la vida de Cristo, y la Palestina romana de su época, e incluso fue elegido como miembro de la Academia de Historia de Bogotá. Así pues, era casi omnipresente en el ambiente cultural de la capital, y de todo el país. Tanto fue su prestigio, pero también los palos que tocaba, que hasta fue capaz de descubrir un cuadro del pintor renacentista italiano Rafael, que se encontraba en Bogotá, en muy mal estado, pensando todo el mundo que sería una obra más moderna, o, por lo menos, gran importancia histórica y artística.

"Proceso del desarrollo cultural de Colombia", que ganó en 1933 el premio Logan, en la exposición de la Feria Internacional de Chicago.

"Agonía en el huerto", fue una de las pinturas del "Viacrucis" que realizó para la Archidiócesis de Cucuta. De catorce, pudo realizar siete.

"Jesús encuentra a María", es otra pintura de la serie.

Su principal obra fue el mural del salón Elíptico del Capitolio Nacional -el edificio del parlamento colombiano-, que le hizo ganar la Cruz Orden de Boyacá -la máxima distinción que da el gobierno de Colombia, tanto a nacionales como a extranjeros, civiles o militares-. Tuvo que realizar una gran investigación histórica para realizar el gran fresco, con los héroes nacionales Bolívar y Santander como protagonistas -aunque había gran número de figuras-, y si ya era famoso, dicha obra ayudó, y mucho, a que su nombre perdurara, y mucho, en la memoria colectiva de su pueblo.
Además, de artista, fue periodista, en el periódico "La Patria" (1925), de Cartagena de Indias, poco antes de partir hacia Estados Unidos. Volvería años después al periodismo, fundando y dirigiendo la revista "Vida" (1937-40), donde además realizaría gran número de ilustraciones, y que sirvió de ventana a la cultura mundial para muchos lectores de su país, por sus artículos y entrevistas -al pintor Joan Miró, o la poeta Gabriela Mistral, por ejemplo-. Además, fue guionista de teatro radiado, con obras como "El virrey Solís", que fue éxito de audiencia. También fue ilustrador de la revista norteamericana Esquire, en su estancia en Chicago.


El mural del Salón Elíptico, visto de frente y desde abajo y de lado, donde se comprueba mejor la tridimensualidad de la obra.

Martínez Delgado moriría con apenas cuarenta y ocho años, de un ataque al corazón repentino, y prueba de ello, de que ni él ni nadie esperaba, en absoluto, que pudiera fallecer de un día para otro, era que estuvo trabajando, hasta un día antes de su muerte, en un mural encargado por los hermanos Rockefeller para el hall del National City Bank de Bogotá, propiedad de dicha familia, que decidió que no fuera completado por ningún otro artista, sino que fuera trasladado, tal como él lo dejó, a dicha oficina central, donde todavía sigue.

"El que volvió", óleo con el que ganó, en 1940, el premio del Primer Salón de Artistas Colombianos.

"Interludio", retrato de su madre y su hija, es otro de sus escasos óleos.

Un retrato del general Santander, héroe de la independencia. Una de sus muchas ilustraciones para la prensa colombiana, de la que él también formó parte como editor y articulista.

No hay comentarios:

Publicar un comentario