sábado, 12 de marzo de 2016

Henrietta Rae, visión romántica de la historia por una pintora de la Era Victoriana.

Entre los llamados academicistas, también hubo todo tipo de estilos y artistas con personalidad propia.


En la Época Victoriana, cuando las mujeres empezaron a destacar en la pintura.

Henrietta Rae Emma Ratcliffe (1859-1928), o simplemente Henrietta Rae -Henrietta Normand, legalmente, aunque ella, como artista, siempre usó su apellido de soltera-, fue, no desde luego un caso aislado, pero sí una de las pocas mujeres pintoras que consiguieron hacerse un nombre en la pintura británica -y europea en general- del siglo XIX. No formó parte, ni de forma clara y activa, ni por influencias o parentesco -familiar, por medio de sus maestros- parte del prerrafaelismo, del que tanto he hablado ya, sino que más bien sería el prototipo de artista victoriana academicista, y una de las pocas pintoras que pintó obras sobre temas clásicos o alegóricos a gran escala, no pequeños cuadros poco conocidos o llamativos, más allá de un pequeño grupo de clientes que no podían permitirse obras de mayor tamaño y calidad, pintadas por artistas más conocidos. Durante mucho tiempo, fue conocida también -o principalmente- por haber sido la esposa, desde 1884, del también pintor Ernest Normand, pero también es cierto que, desde que era todavía joven, en su época fue conocida por sí misma, aunque una vez que su estilo, o sub-estilo, el académico victoriano -y eduardiano, pues ella vivió hasta bien entrados los años veinte del siglo XX- fue cayendo en el olvido, pasó a ser casi un pequeño párrafo en la historia del arte de su país, y una nota a pie de página, a la hora de hablar del europeo en general, aunque sólo fuera en el de su época.
Rae y su marido vivieron en Holland Park, y eran vecinos de lord Frederic Leighton, así como de John E. Millais, con quienes tuvieron amistad y, seguramente,, discusiones e influencias artísticas.

"Las sirenas", en este caso, tras adquirir todas las características de las humanas, incluidas las piernas. Y al contrario que en el cuento de Andersen -y sus versiones posteriores-, parece que sin ayuda ajena, ni miedo a maldiciones o condicionantes mágicos. Ellas se transformaban en "mujeres de tierra", o en hijas de mar, cuando les apetecía.

"Una vacante" (1885). Las vacantes eran unos seres mitológicos, con aspecto de mujer -en realidad, eran mujeres, sólo que de origen divino, por lo que, aparentemente, ni morían ni envececían- que acompañaban a Dionisio -el Baco romano- dios del vino, la fiesta y el desenfreno. Como ellas, de ahí su atractivo y fascinación, en una sociedad tan puritana -e hipócrita- como la victoriana.

"Canciones de la mañana" (1904), sería un ejemplo de pintura alegórica, donde la joven o mismo representa la música, la mañana, o simplemente la belleza, entremezclando la física, en una mujer, y la de la naturaleza. Las alegorías, en cierto modo, permitían eso: que cada uno se hiciera su propia idea.

Rae, nacida en el distrito Hammersmith, en el oeste de Londres en una familia numerosa interesada desde siempre en el arte, comenzó a estudiar arte a los trece años, que en aquella época sería la adolescencia, y fue alumna, como tantos otros, y tras haber pasado por al menos dos academias de arte, de la Royal Academy, que no la admitió hasta haberlo intentado, al menos, en cinco ocasiones, y donde comenzó a exhibir sus obras a partir de 1881, aparte de en la Grosvenor Gallery, y en otras galerías que fueron apareciendo a finales del siglo XIX. Tras ello, consiguió sendas medallas por participar en las Exposiciones Universales de París y Chicago. 
Algunas de sus obras más conocidas fueron su versión de "Ofelia" (1890) y de "Hilas y las ninfas de agua" (1910). Aquello fue una incursión en dos de los temas -en sentido amplio- preferidos de los artistas británicos de la Era Victoriana, y tras ella, de la Eduardiana: la obra de Shakespeare, y los mitos griegos, y en particular, en un personaje, Ofelia, y un mito en particular, el rapto -o huida, más bien- de Hilas por parte de las ninfas de un río donde fue a beber cuando su captor, Heracles -el Hércules romano- se lo permitió. Otras, serían su "Ariadna" (1885), "Psique en el trono de Venus", que sería su óleo de mayor tamaño, o "La dama con la lámpara", una de sus pocos cuadros que hace referencia a un personaje contemporáneo -para ella, se entiende-: a Florence Nightingale, la primera enfermera en sentido moderno de la historia, y de la cual se vendieron, durante años, gran cantidad de litografías en color.

"Hilas y las ninfas de agua". El tema ya fue tratado por otros autores de la época, como Waterhouse, pero ella también quiso dar su visión, tal vez más clásica que la del prerrafaelita.

Su "Ofelia" (1890), que, al quererla exhibir en la Royal Academy, no fue colocada, precisamente, en un lugar donde pudiera preciarse con mucho detalle, precisamente. Algo que, por lo visto, la fastidió bastante.

Y respecto a sus influencias pictóricas, las adquirió, principalmente, en la Royal Academy -y seguramente, más adelante, relacionándose con pintores amigos suyos, anteriormente maestros o compañeros suyos, u otros que fue conociendo más adelante-, y el que más la marcó, por lo visto, fue Alma-Tadema -que la impresionó desde el mismo momento que lo conoció-, el prerrafaelita y neoclásico -realmente, fue ambas cosas a la vez-, que debió convencerla, además de enseñarla, de sus posibilidades a la hora de pintar grandes obras de temática clásica, greco-romana, aunque también contó con los consejos y la compañía de otros prerrafaelitas, como Bernard Dicksee -considerado prerrafaelita aunque, como Rae, desarrolló su carrera cuando el prerrafaelismo estaba ya en sus últimos años-, o el mismo Leighton, que además de amigo fue vecino. Además, hay que tener en cuenta que ella pertenecía a la misma generación de los prerrafaelitas posteriores a la Hermandad, y que fueron los precursores, cuando no, directamente, parte del simbolismo, así como de formas más modernas de la pintura academicista. Algo sobre los pintores, amigos o no tan amigos, que la visitaban a su casa: no siempre sabían comportarse con su anfitriona. Uno de ellos, Valentine C. Prinsep, llegó a mojar el dedo en una de las pinturas de Rae, que todavía no se había secado, dejando una fea marca, aunque ella, más tarde, se "vengó" quemando el sombrero de Prinsep en la estufa. De todo ello, de lo pesados o agobiantes que podían llegar a ser los artistas más famosos de la época -y otros, como el mismo Prinsep, no tanto- da fe en sus memorias.
En 1897, Rae organizó una exposición de mujeres artistas, aprovechando el jubileo de diamante de la Reina Victoria -por sus sesenta años de reinado-, a la que no le quedaba ya mucha vida.
Aunque se lle considera artista victoriana, pero también vivió la Época Eduardiana -el reinado de Eduardo VII, sucesor de la reina Victoria, entre 1901 y 1910-, y por tanto, la sociedad que vivió, al menos cuando ella ya tenía cierta edad, era algo más abierta y menos encorsetada y puritana que la que vivieron los Millais, Rossetti y compañía.
La vida de Henrietta, como artista, pero también como defensora del derecho al voto de las mujeres, y su apoyo a otras artistas menos conocidas que ella, se recogió en un libro  autobiográfico publicado en 1905 y que, en su momento, tuvo bastante éxito y buena aceptación.

Ellen Terry y Henry Irving -dos actores de la época- como Abelardo y Eloisa (1913). En principio, era un dibujo para una pintura de mayor tamaño y detallismo, aunque no se conserva -o al menos, no he podido encontrar información de ella-.

"La dama de la lámpara", o "Florence Nightingale en el hospital de Scutari", tuvo tanto éxito, que se vendieron miles de litografías del cuadro dentro y fuera de su país. Nightingale fue la primera enfermera en sentido moderno, y se hizo famosa por su participación en la Guerra de Crimea, en la que el Imperio Ruso luchaba contra el Turco Otomano, que contó con el apoyo de Gran Bretaña, Francia y el Piamonte. Ella cuidaba y vigilaba a los heridos británicos en un enorme hospital de campaña, de día y de noche, donde lo recorría con la ayuda de la luz de una lámpara de aceite.


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