sábado, 20 de diciembre de 2014

Los prerrafaelitas (VII): Edward John Poynter, ilustrador de los mitos clásicos.

E.J. Poynter, quizá el pintor que mejor supo retratar los mitos de la cultura clásica greco-latina.



Sir Edward John Poynter (1836, en París-1919, en Londres; a la derecha, un retrato realizado por su cuñado Burne-Jones), nacido en París -de casualidad, pues sus padres y familia eran británicos-, fue otro ejemplo claro de lo que fueron los pintores prerrafaelitas, si bien muchos críticos e historiadores del arte lo consideran, básicamente, un "academicista" -o sea, un pintor poco dado al rupturismo-, que de una u otra forma, se acabó acercando al prerrafaelismo, aunque eso, realmente, sea lo de menos. Interesado desde siempre en la mitología greco-latina, o clásica, como también se le llamaba, no dudó en pintar no sólo a personajes o relatos concernientes a ésta, sino también escenas más "costumbristas" del mundo antiguo, incluyendo también el  Egipto faraónico -no sería el único, como ya se habrá visto-, así como a otros contemporáneos a su época. Aún así, la mitología griega -la romana no dejaba de ser, realmente, una reinvención de la primera- fue su tema favorito, aunque en ocasiones, también tuviera que hacer cuadros más conservadores. Y esta palabra, conservador, no es casual, pues a Poynter le agradaba pintar mujeres hermosas, sensuales y, en general, ligeras de ropa. Y no sólo en los personajes femeninos reflejaría su deseo re representar la belleza. No dudaría tampoco en fondos o escenas naturales, históricas, etc. Porque la búsqueda de eso mismo, la belleza, en color, la luz, es lo que todos los prerrafaelitas buscaban.

"La visita de la reina de Saba al rey Salomón" (1875), un clásico en muchos sentidos -de recreación más o menos histórica, como tema bíblico de lo más exótico, y también como cuadro reproducido en no pocas ocasiones en las sedes y templos de las logias masónicas de medio mundo-.

"Funchal", la capital de la isla portuguesa de Madeira, en el Atlántico. Una rareza en la carrera de Poynter, pues se trata de una pintura de una población vista desde lejos, sin personaje humano alguno, ni tan siquiera como detalle secundario.

"Moisés golpea la roca" (1865), es un ejemplo de grabado -también era ilustrador y dibujante, además de pintor- para una biblia ilustrada.


La vida y la obra de un pintor "alternativo", que llegó a ser orgullo de la Royal Academy.

Hijo de un arquitecto, nació, como ya se dijo, en París, pero en poco tiempo la familia regresó a Inglaterra, donde Poynter viviría gran parte de su vida. Estudió en la Universidad de Brighton, pero problemas de salud, tan habituales en un país húmedo y de continuas lluvias como la Gran Bretaña, en una época en que la medicina avanzaba con rapidez, pero que todavía tenía mucho que mejorar, hicieron que pasara temporadas en Italia y Madeira, en el Atlántico. 
Conoció entonces (1853) a Frederick Leighton en Roma -otro gran retratista de mitos antiguos y mujeres exuberantes; al menos, para la época-, que fue, con toda seguridad, la persona que más hizo para que se lanzara de lleno al mundo artístico, tanto -sobretodo- a la pintura, como también, de forma casi natural, al dibujo y al diseño. También tuvo relación con el norteamericano James McNeill Whistler -quizá, más original que cualquiera de los que luego serían prerrafaelitas, y del cual, seguramente, no recibiría ni de lejos la misma influencia-. Como otros muchos, estudió también en la Royal Academy, y tras ello partió a París, donde entró en el estudio del pintor clasicista Charles Greyredonde. Casado en 1866 y con tres hijos, no tuvo una vida familiar movida, aunque sus hermanas le emparentaron con personajes famosos de la época -una de ellas fue esposa del artista Edward Burne-Jones, que también es incluido en el grupo de los prerrafaelitas, aunque él tenía un estilo un tanto particular, más "medievalista" en algunos casos-; otra fue madre del escritor Rudyard Kipling -el "escritor del Imperio Británico" por antonomasia-; y una tercera, madre también, del que sería primer ministro de Gran Bretaña Stanley Baldwin -si bien no pudo conocer, debido a la diferencia de edad, la totalidad de los éxitos literarios o políticos de sus famosos sobrinos-.

"Andrómeda" (1869), una de las obras que han pasado con mayor éxito a la posteridad, y que, en aquella época y lugar -la Gran Bretaña Victoriana-, no dejó de ser un escándalo. Sin embargo, ello no impidio a Poynter hacerse un hueco importante entre los más destacados artistas de su tiempo.

"La cueva de las ninfas de la tormenta" (1903). En aquella época, el pintor ya era una celebridad que estaba un poco a vueltas de todo, así que podía podía permitirse pintar casi lo que le viniera en gana.

Ingresó en la Royal Academy en 1876 -desde 1869, era asociado, que venía a ser una especie de socio de segunda, o puesto a prueba-, y tras la muerte de John Millais, fue elegido en 1896 presidente de la misma.  También consiguió ser nombrado caballero, o sir, y en 1902, baronet, que sería el equivalente a la baja nobleza. Aquello significaba tener las puertas de la política abiertas, aunque él no se interesó por ello, aparte de poder recibir una pensión del gobierno. Fue uno de los primeros artistas, como también su amigo de adolescencia Leighton, en ser nombrado sir, lo que significó un reconocimiento social considerable para pintores, escultores, etc. A partir de ese momento, junto a arquitectos y escritores, todos ellos serían considerados orgullo del imperio, y parte de lo que no sólo los reyes y políticos, sino gran parte del pueblo británico -incluyendo no pocos ciudadanos considerados progresistas o casi revolucionarios- veían como las joyas -humanas, pero joyas al fin y al cabo- que más brillaban dentro de la que creían mejor y superior cultura entre todas las que había en el mundo en aquella época. Como en tiempos del Imperio Romano, la cultura se alió con el poder político y militar, y con el orgullo patrio, aún en el caso de que no pocos de los artistas que la creaban y de la que formaban parte fueses apolíticos, críticos con el gobierno o, como mínimo, de ideas nacionalistas moderadas.

"El rincón en la plaza del mercado" (1887). Aquí, la imagen es bien distinta y mas comedida: se trataría de un retrato más o menos "doméstico" -lleno de luz, de flores, jugando con los colores y brillos y sombras de los distintos mármoles, siempre relacionados con la antigua Roma- de una Antigüedad transformada en una Edad de Oro perdida para siempre.

Parte de sus obras históricas serían consideradas clásicas y representativas de toda una época, de ahí que, a pesar de ciertas temáticas un tanto "incómodas", llegara a ser presidente de la Royal Academy. Es el caso de "Israel en Egipto" (1867), o "San Jorge de Inglaterra" (1869) -que se encuentra en el vestíbulo principal del Palacio de Westmnster, y que representa al santo patrón de Inglaterra en su lucha contra el dragón-, o "La visita de la reina de Saba al rey Salomón" (1875) y "El rey Salomón" (1890). Respecto a lo que serían sus obras de tema claramente mitológico, "Orfeo y Eurídice", y "Andrómeda" (1869), serían dos de las más conocidas.
Se le supone masón, debido a los cuadros dedicados al rey Salomón y a su mesa -objeto, por lo demás, totalmente legendario, y que algunos supusieron tanto en la Roma de los césares, después del saqueo del templo de Jerusalén, como en la antigua España conquistada por los musulmanes, aunque eso ya sería otra historia-, y a su relación con su sobrino Kipling. En realidad, en no pocos templos de logias masónicas se pueden encontrar reproducciones de "La visita de la reina de Saba al rey Salomón".

"Una tarde en casa -o en el hogar, según como quiera traducirse-". Uno de los escasos ejemplos de un retrato contemporáneo -del pintor, se entiende-: una joven leyendo a la luz de una lámpara; una luz en medio de la penumbra de la habitación. Y además,como toque de modernidad, nada menos que una luz eléctrica. Una rareza, en aquella época.

"En el jardín" (1901), otro caso de "retrato contemporáneo". Aquí, sin embargo, el personaje femenino, humano, no deja de ser un detalle frente al protagonista real del cuadro: la naturaleza, en forma de inabarcable jardín.

"Israel en Egipto" (1867), sería un cuadro, al tiempo, de temática histórica -al menos, en aquella época nadie dudaba de que el Éxodo de los hebreos conocidos aquí como "Israel", era un hecho histórico irrefutable-, y, a la vez, una forma de retratar el Egipto faraónico, que seguramente es lo que más interesaba a Poynter. Lo que ahora se llamaría "reconstrucción histórica".




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