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jueves, 18 de enero de 2018

John Austen, el otro gran ilustrador del esteticismo británico, y aventajado sucesor de Aubrey Beardsley.

Se reconozca -o se sepa- o no, pocos ilustradores de principios del siglo XX han influido tanto como él.


Figura clave y principal de la ilustración en el esteticismo británico.

Hace poco escribí sobre un artista británico del que había visto -y vuelto a ver- no pocas obras suyas, pero cuyo nombre no conocía -o, tras leerlo, volvía a olvidarlo-. Se trataba de Aubrey Beardsley, que fue, a pesar de haber vivido sólo veinticinco años, un ilustrador fuera de lo común, que le dio la vuelta a lo que en aquel momento se consideraba debía ser un buen ilustrador -algo más que un simple dibujante- victoriano. Realmente, Beardsley vivió como adulto los últimos años de aquella larguísima época, aunque, finalmente, la vieja Victoria acabó sobreviviéndole. Fue un escándalo, por su estilo, su temática, su carácter, sus amistades... y resultaba difícil, y habría sido una lástima, que toda aquella renovación hubiera caído en saco roto.

John Austen Autorretrato 1930
Un autorretrato de 1930, cuando hacía años que había conseguido la fama, en un estilo moderno, que había dejado atrás el modernismo, en aquella época considerado ya pasado de moda.

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Portada y varias ilustraciones de su "Hamlet", una de sus obras más conocidas. Fue su segundo libro ilustrado -el primero fue "El pequeño simio", de Ralph Holbrook Keen, en 1921-, pero suficiente para saltar a la fama.

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Portada de "Little Ape", su primer trabajo. Ya prometía.

Pero no fue así. Beardsley fue el primero de la ilustración del llamado esteticismo, que no dejaba de ser, realmente, lo que el resto de europeos -franceses, italianos, españoles, belgas...- llamaban decadentismo, una corriente artística básicamente literaria, pero que también tuvo, por decirlo así, una rama en las artes plásticas. En el continente, esta rama no fue lo más importante de la corriente, en absoluto, pero en las Islas Británicas tuvo mucho más eco entre los usuarios de pinceles, lápices, plumas y grabados. Beardsley fue quizá el primero en destacar, pero al poco, tuvo un seguidor que, al haber podido disfrutar de una vida más larga, y en épocas donde las vanguardias tuvieron mucho más eco, ha acabado siendo más conocido, sino por su propio nombre -algo no tan raro, por lo demás-, sí por su obra. Su influencia, en pintores, ilustradores, en el cine y televisión, e incluso en autores de cómic, ha sido grande. Yo diría, mucho mayor de lo que los mismos "influidos" quieran, o incluso sean capaces, de reconocer -en el cómic en particular, me parece haber visto esa influencia sobretodo en autores franceses y belgas, y europeos en general-.
Ese seguidor fue John Archibald Austen. Nacido en la ciudad costera de Dover, en el condado de Kent -que sería la Inglaterra más inglesa- en 1886, su trabajo consistió, básicamente -aunque no hay que pensar que fue poco- en ilustrar portadas e imágenes interiores de libros. No es que en aquella época la pintura estuviera perdiendo su espacio en el arte en sentido amplio, pero la ilustración empezaba a ocupar uno bastante mayor del que tuvo antes. Austen nació unos catorce años después de Beardsley, lo que significó que, cuando llegó a la edad adulta, aún siendo aún muy joven, su antecesor -por decirlo así- ya había fallecido, aunque no su legado.
Llegado a Londres con su familia en 1906, y tras casarse en 1919 con la que sería su esposa y musa, Ruby Thomson -que sería modelo para no algunas de sus ilustraciones, aunque él nunca dejó claro en cuales de ellas-, empezó su carrera ese mismo año. Y desde un primer momento, fue ese primer esteticismo beardsleyano del que antes se ha hablado el que le influyó -una de sus primeras obras fue un "Hamlet" que le hizo un hueco entre los jóvenes artistas que empezaban a destacar de entre la media-, aunque, bastante después -años veinte-, cuando el decadentismo-esteticismo empezó a disolverse, a perder fuerza, recibió con agrado la influencia de la vanguardia artística más importante de aquella época a nivel mundial, y mucho más variada, influyente, y todavía viva, de lo que podría pensarse hoy en día: el modernismo, o art decó. Como modernista, ilustró "Daphnis y Chloe" y "As you like it" -que podría traducirse como "Como quieras", o "Como gustes". Entre su obra de los años veinte, destacaría los "Cuentos de tiempos pasados -o de antaño-", en color, y basado en os cuentos de Charles Perrault.

John Austen Tales of Past Times 2 1922

John Austen Cuentos de tiempos pasados ​​3 1922

John Austen Cuentos de tiempos pasados ​​4 1922

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Varias escenas de los "Cuentos de antaño, o de tiempos pasados", recopilatorio de relatos de Charles Perrault.

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"Scheherazade" -tal como llaman a Sherezade en inglés-, con todo lo que interesaba al amante del arte vanguardista de los años veinte del pasado siglo: orientalismo, violencia, sensualidad, exotismo...

Pero Austen no sólo cambió de estilo con el tiempo -y si así lo requería la obra en la que trabajaba-, sino también de técnica, aunque el practicar una nueva no significó abandonar las anteriores. Practicó el grabado en madera, y lo que los británicos llaman scraperboard -y otros, sobretodo norteamericanos, pero también los que han aceptado un anglicismo como definición- scratchboard, consistente en un tipo de grabado directo, en que el artista rasca la tinta oscura para sacar a la luz otra capa, blanca o de otro color.
Como modernista, no sólo fue ilustrador, sino cartelista, pues creó cartees, anuncios y diseños de dustwrapper, que podría traducirse como "envoltura de, o para, el polvo", pero que sería lo que llamamos sobrecubierta. En resumidas cuentas, trabajó sobre, dentro y alrededor de los libros, y más allá.
Fue amigo del también ilustrador inglés Alan Odle -todavía más rupturista que Beardsley, y desde luego, de Austen-, y de su esposa, la novelista y periodista Dorothy Richardson, que escribió una obra con Austen como protagonista: "John Austen y los inseparables" (1930).
Fallecería en 1948, en la pequeña población costera de Hythe, en su condado natal de Kent, donde vivía desde mediados de los años veinte, cansado ya de la vida en la gran capital.

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Varias imágenes de su "Daphnis y Chloe" (1931), con un estilo bien distinto a otros trabajos anteriores. Austen no dudó en adaptarse a nuevos estilos y corrientes artísticas, o a cambiarlos según cada obra con la que trabajaba. La mitología greco-latina es una mina para los ilustradores.

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"Cada hombre, y otras plegarias" (1925), es un ejemplo de que también trabajó la temática religiosa cristiana. A su estilo, o en uno de ellos.

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Y por último, la Ofelia de "Hamlet", tan tratada por tantos artistas -sobretodo sus compatriotas prerrafaelitas, aunque el personaje parece ser eterno en el arte británico-. La he dejado la última, como remate de la lista de ilustraciones del que considero un auténtico genio, con una obra tan tremendamente actual.


jueves, 4 de enero de 2018

Aubrey Beardsley: corta vida, dar mucho que hablar, y una obra que nos parece insuficiente.

Es habitual que, cuando alguien especial se marcha muy pronto, siempre se piense qué podría haber hecho de haber tenido una vida más larga.


Enfant terrible, niño prodigio, gran ilustrador de los últimos años de la Era Victoriana.


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Resultado de imagen de aubrey beardsleyCuando me dio por escribir, en mi escaso tiempo libre, una entrada para despedir el año, incluí una ilustración del británico Aubrey Beardsley. Lo conocía -o más bien, conocía su obra- porque había visto no pocas ilustraciones suyas en webs o páginas de facebook, pero, aunque pensé en indagar más sobre la vida y obra de aquel inglés para mí desconocido, y de apellido tan difícilmente pronunciable, nunca pasé de allí. Hasta que decidí, por fin, saber quién fue este hombre, que falleció tan joven, con tan sólo veinticinco años, cuando se había hecho ya un nombre como artista y polemista, con un número considerable de seguidores, pero también de acerbos críticos, que no lle perdonaban sus burlas y desprecios a la hipocresía y el conservadurismo de una época, la Victoriana, que ya estaba llegando a su fin -realmente, acabó sólo dos años después de la muerte de Beardsley-. Pero quizá, sería mejor comenzar por el principio, y hablar de forma un tanto más ordenada sobre este hombre, tan victoriano, quizá, precisamente, por la forma que tenía de reírse, de fastidiar, también de ganar la atención, de su época y sus contemporáneos.
Aubrey Vincent Bearsley nació en la ciudad de Brighton, en la costa y extremo sur de Inglaterra, en 1872, aunque se estableció en Londres, junto a su familia, en 1883. y un año después, ofreció, junto a su hermana Mabel, un año mayor que él, varios conciertos que hicieron que se le considerara "fenómeno musical infantil". Su familia podría considerarse de clase media, aunque con ciertas estrecheces, y si pudo estudiar arte, fue -como tantos otros en su época- gracias a la herencia de uno de sus abuelos. 
De todas formas, Beardsley, por consejo, o más bien deseo de sus padres, que nunca andaron sobrados de dinero, y tras estudiar en la grammar school -más o menos, unos estudios medios o bachillerato- se dedicó a buscar un trabajo administrativo, en el despacho de un abogado. Lo que se decía, "un empleo seguro y respetable", típico de la clase media -o media-baja- urbana de la época. Respecto a la falta de dinero, una de las razones fue que, por lo visto, su padre, Vincent, tuvo que vender algunas propiedades para pagar lo que llamaríamos una indemnización a una mujer que fue su prometida antes de conocer a su esposa, y a la que había prometido matrimonio. Por lo que se ve, los victorianos, por muco que escribieran y leyeran sobre amor, a la hora de la verdad, acababan en no pocas ocasiones poniendo el dinero y los contratos matrimoniales por encima de los amoríos. Tras sus trabajaos de papeleos con el arquitecto, "ascendería" laboralmente al pasar a trabajar a una compañía de seguros. Y aparentemente, allá podría haberse quedado indefinidamente. Por suerte, finalmente no fue así.

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"Cómo sir Tristan bebió el brebaje del amor", es una de las ilustraciones que realizó para "Le mort d'Arthur", de Thomas Malory, su primer trabajo de importancia.

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También en la obra de Malory, la particular visión que tenía del mago -o druida- Merlín.

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"Excalibur en el lago", con un marco de adornos florales a lo William Morris.

Beardsley comenzó muy joven su carrera -normal, teniendo en cuenta que murió también muy joven-. Aunque también fue pintor, es como ilustrador cómo ganó justa fama. En 1891, y por consejo de Edward Burne Jones, uno de los padres del prerrafaelismo -y del que recibió cierta influencia, por lo menos, en su obra más temprana- y del simbolista francés Pierre Puvis de Chavannes, decidió aparcar el trabajo administrativo por el arte, entrando en 1892 en la Escuela de Arte de Westminster, donde tuvo como maestro al artista realista Fred Brown.
Sin embargo, el grueso de su obra se alejó de un prerrafaelismo -y un realismo, un neoclasicismo- que ya no tenía mucho de revolucionario, y se había transformado en el arte pictórico británico por antonomasia. Él formó parte del movimiento simbolista -más pictórico que del ámbito de la ilustración, pero también influyó en esta-, y desde un punto de vista tanto artístico como intelectual o espiritual, del esteticismo, que era algo así como la versión británica del decadentismo, con todo lo de radical -para la época-, grotesco -según algunos de sus seguidores- y contestatario, pero también innovador y renovador, que arrastraba dicha corriente artística.

The Black Cat (c1894)
Una ilustración para el relato "El gato negro", de Edgar Allan Poe (1894)

Death of Pierrot - The Savoy (1896)
"La muerte de Pierrot", publicado en la revista " The Savoy", inspirado en la Ópera Bufa italiana, que en sus tiempos -las postrimerías del XIX- era casi arqueología teatro-musical -la última ópera bufa reconocible, "Don Pasquale", data de los años 40 del mismo siglo, y se escribió unas tres décadas después de su desaparición-.

Venus at her Toilette (1896)
"El baño de Venus" es una ilustración del relato erótico inacabado "Under the Hill" (1896), del propio Beardsley, que publicó -obra e ilustraciones- en "The Savoy".

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Una ilustración más dedicada a Venus, la Afrodita griega. Mitología y literatura, los temas preferidos de Beardsley.

Uno de sus primeros trabajos -entre los muchos que realizó, tanto para revistas, como para ilustrar libros- fue para una edición de lujo de la obra del legendario Thomas Malory -el "padre" del ciclo Artúrico ordenado y literario-, "Le Morte d'Arthur" (1893). Fue su primer encargo de importancia, el que le podía abrir -y le abrió- las puertas a una vida como artista, o en caso de no salir bien, hacerle pensar si no salía más a cuenta volver a los despachos. Aquí, se nota la influencia de Burne-Jones, que al igual que su maestro -mayor que él en edad, y que le influyó a su vez- Dante G. Rossetti, que fueron, muy probablemente, los prerrafaelitas con un estilo más particular, más rupturista y menos clásico.
Más tarde fue editor de revistas, como "The yellow book" ("El libro amarillo"), para la que produjo no pocas ilustraciones, o "The Savoy" -donde pudo publicar algunas poesías y relatos cortos, incluyendo, uno erótico, inacabado-. Al tiempo, conoció a una de las grandes figuras literarias, y sociales, de la época: Oscar Wilde, con el que trabó una profunda amistad. Por él, y para él -y para seguir ganándose la vida, evidentemente, aunque Beardsley nunca se obsesionó con el dinero- ilustró su "Salomé", obra de teatro de Wilde, escrita originalmente en francés en 1893 -aunque no se estreno en París hasta tres años después-, traducida al inglés al año siguiente para ser representada ante el público, pero también para ser publicada -todo lo de Wilde, en aquellos tiempos, se publicaba-. Sin duda, aquella Salomé, brutal, gótica -no en el sentido arquitectónico medieval, sino ateniéndose al movimiento o sub-cultura gótica actual-, sensual y terrible, fue alabada, pero sobretodo, criticada y despreciada en una sociedad tan pacata y puritana como la Victoriana -mucho más de lo que hoy en día mucha gente piensa-, donde el placer sexual estaba mal visto entre los hombres -excepto con prostitutas-, y aún más entre las mujeres -en su caso, siempre, siempre...-.Aubrey sin duda se debió dar cuenta de ello antes incluso que la obra de su amigo saliera publicada en Inglaterra -también se publicó en Francia, en su lengua original, pero allá el público parecía estar más preparado para aquella ruptura-. Luego vendría más.
Su "Isolda" aparece vestida como una dama del XVIII más que como una joven de una Edad Media imaginaria, su "Lisístrata" de Aristófanes es un ejemplo de lo que representaba en la ilustración el simbolismo decadentista, y lo que sería el modernismo más rupturista -el de la Escuela de Viena, posterior al franco-belga-, su obra "Un libro de cincuenta dibujos de Aubrey Beardsley" fue un recopilatorio de su arte, con aportaciones inéditas, y en sus últimas obras, se ven figuras más recargadas, más rococó. Pero, en líneas generales, se puede resumir en pocas palabras: casi todas sus ilustraciones, de figuras estilizadas, son realizadas con tinta negra, con grandes espacios, bien en negro, bien en blanco. La influencia de la ilustración japonesa es incuestionable, y no debería extrañar, pues poco antes, el arte del país asiático había llegado a Europa, sobretodo a Francia, donde se puso de moda -el llamado "japonismo", que no sólo fue coleccionismo o interés por Japón, sino influencia en pintores, ilustradores, escultores, y hasta en diseñadores de vestuario-. Sus escenas entremezclan lo tremebundo o brutal -decapitaciones, demonios- con sensualidad y erotismo, pero sin caer en la pornografía. En realidad, tras su muerte, o incluso antes de ello, ya circulaban supuestas obras suyas, con un erotismo más fuerte, casi pornográfico, que en realidad fueron falsificaciones, pero el nombre de Beardsley vendía mucho, y así lo entendieron otros. En Estados Unidos hubo un artista, entre admirador e imitador, que además se apellidaba igual que él -Will Beardsley-, y en ocasiones se llegaron a confundir obras de uno y otro.

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Su particular visión de "Isolda".

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Dos de las ilustraciones para la "Salomé" de su amigo Wilde.

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Y una tercera, de Salomé con Juan el Bautista.

Su vida cerca de Wilde lo hizo famoso, fue un personaje que llamaba la atención por su elegancia, pero también por el aspecto de "nuevo dandy", a lo Wilde, que lucía, con sus trajes, sombreros, corbatas, guantes amarillos, bastón, zapatos de charol... llamaba la atención, incluso a los que no conocían su obra -lo que no impedía que la criticaran, o la ensalzaran, según el momento-. Por lo demás, de su vida privada se sabe más bien poco, por no decir casi nada. Se supuso que era homosexual, o al menos abiertamente bisexual, como Wilde, e incluso se llegó a insinuar una relación amistosa con su hermana, que habría quedado embarazada de Aubrey, para más tarde tener un aborto espontaneo, pero conjeturas aparte, es probable que fuera una persona asexuada, que no sintiera un auténtico deseo sexual, carnal, por nadie. Aunque su obra pudiera hacer pensar todo lo contrario.
Estuvo activo hasta casi su muerte, en 1898. Enfermo de tuberculosis -una enfermedad tan habitual en aquellos tiempos, y que a tanta gente mató-, marchó al sur de Francia, instalándose en la población de Menton, donde fallecería poco tiempo después, tras haberse convertido al catolicismo, en 1897. Y allá sigue enterrado.
Beardsley podía resutar molesto, pero murió joven, así que la sociedad no pudo tomarla con él, castigarlo, por decirlo así, por su atrevimiento. Wilde no tuvo tanta suerte. Su amigo fue también autor de caricaturas políticas, se reía de lo que veía a su alrededor. Sin embargo, en sus últimos días debió sentir algún tipo de remordimiento, y poco antes de partir a Francia, suplicó a su editor, y a su amigo Herbert Charles Pollitt -mecenas de artistas- que destruyeran todas las copias de "Lisístrata" y de "los malos dibujos", los "dibujos sagrados obscenos". Pero no le hicieron caso, porque de ser así, no habrían llegado tantos de ellos hasta nuestros días.

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Un par de imágenes de su "Lisístrata" -la segunda, incompleta, pero no la he encontrado entera-, obra del ateniense Aristófanes, de cuyas ilustraciones renegó poco antes de morir, en Francia.

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Una curiosa obra de Bearsley: una tarjeta de Navidad -fue editada como tarjeta mucho después de su muerte, en 1927-.