miércoles, 8 de octubre de 2014

Jacques Tardi ( I ), de la inocua locura del folletín, a la salvaje, y real, de la I Guerra Mundial.

Una visión personal -y con algo de ayuda- sobre uno de los más importantes autores de cómic franco-belga actual.


Tenía ganas de volver a hablar de algún autor de cómic que me haya influido, agradado o, simplemente atraído especialmente. Lo hice en su momento con autores norteamericanos, y después, con otro francés, Chaland. En este caso, se trata de un autor -dibujante, pero también, en muchos casos, aunque no siempre, guionista- que todavía vive, y que cada poco, saca una obra al mercado, si bien en ocasiones, la novedad no es demasiado conocida, más allá del mundo francófono. Sobretodo, en el caso de sus historias policíacas, o como se dicen en Francia, parte del género noir.

Una ilustración para la revista libertaria -neo-anarquista, digámoslo así- "Le Libertaire".

Un autor que no intentó parecerse a nadie.

En este caso, debo agradecer toda la información que he encontrado en la web "Entrecomics", donde cualquier amante del medio puede encontrar una enorme cantidad de artículos y noticias, y, en particular, a una serie de artículos firmados por uno de sus expertos, El tío Berni, si bien esta entrada no es, ni una copia -siempre prefiero el original-, ni un resumen. Más bien, me he servido de su trabajo para tener una mejor idea cronológica de la obra de Tardi, así como conocer, aunque sea mínimamente, algunos trabajos casi desconocidos no solo en España, sino también en su propio país.
Hay que añadir que, si bien Tardi ha tratado diversos temas y personajes, la mayoría de sus historias se podrían agrupar en tres o cuatro grupos bien definidos, y llegado el momento, quizá sería interesante presentarlas así, dejando aparte, quizá, sus primeras historias, muchas casi olvidadas, bien porque tuvieron poca repercusión -publicación en revistas alternativas, por editoriales no demasiado potentes, o simplemente, porque no tuvieron una repercusión demasiado grande en el público de la época, y nadie decidió volver a llevarlas al mercado con demasiada publicidad, ni gran tirada; o simplemente, nadie se interesó por ellas, y en paz-, bien porque su calidad, comparadas con lo que el autor realizaría más adelante, no le hace demasiada justicia. O bien, porque lo que en su momento parecía bizarro pero alternativo y rompedor, con el paso del tiempo, perdida su capacidad de fastidiar pero, al tiempo, sorprender, no deja de ser una obra sin demasiado interés. O simplemente, por tratarse de obras únicas en sí mismas, y de difícil clasificación, pero que no dejan de tener también su interés y calidad.

Una ilustración de Tardi para la revista Futuropolis, con la que colaboró ocasionalmente.

Habría primero que hablar, más que de la vida del personaje en sí, de su familia y, al tiempo, de sus ideales políticos, o de su falta de ellos, según se mire. Nacido en 1946 en Valence -y por tanto, todavía vivo; lo cual, en mi caso, no deja de ser casi una novedad, y más, tratándose de franceses-, es hijo y nieto de militares. Su padre fue prisionero durante la II Guerra Mundial, y al acabar esta, fue enviado a la Alemania vencida como parte del contingente francés ocupante, de ahí que el autor viviera parte de su infancia en el país vecino. Hombre de clase media -como mucho- y de ideología poco clara, pero que él mismo considera anarquista, retrata de forma bien distinta a la gente de origen modesto o, directamente, marginal, y a los ricos y poderosos, los dominadores del mundo, que gobiernan, sea dando la cara, sea desde las sombras, a las multitudes, mandándolas, si llega el caso, a morir en masa en guerras absurdas, como la I Guerra Mundial, que tantas veces retrataría, y sigue retratando.

El autor, delante de un cartel de "¡Puta guerra!".

Si se pregunta si Tardi hace política con su trabajo, él mismo dice que no. Siendo anarquista, aunque no militante, y menos aún dogmático, no duda en practicar cierto maniqueísmo, en que claramente se ve quienes son los "buenos" -los pobres, los obreros, los soldados rasos, incluso los delincuentes-, y los "malos" -no sólo reyes, políticos u obispos, sino también los representantes de la iglesia, los jefes militares y, en mayor o menor medida, la policía, por quienes muestra, como mínimo, una escasa simpatía-. Él mismo reconoce que sólo ha votado dos veces en su vida, y fue para parar al Frente Nacional -quizá, tenga que volver a hacerlo de nuevo, en vista de la importancia que dicho partido está consiguiendo en Francia; de todas formas, la declaración tiene un tiempo, así que no me extrañaría que votara por tercera vez, en las últimas elecciones europeas, donde el FN resultó ganador-, y que, cuando el gobierno francés le otorgó la Legión de Honor, él se negó a recogerla, argumentando que no es que se sintiera ofendido, sino que, simplemente, no quiere deber nada al Estado, de la misma forma que, impuestos aparte, él tampoco quiere darle a éste nada, mientras esto resulte posible.
Una portada de Tardi para "A suivre", la revista donde publicó por capítulos "Ici Même".

Tardi estudió dibujo en la Escuela de Bellas Artes de Lyon, y más tarde, en la de Artes Decorativas de París -la capital, tan importante en un país fuertemente centralista como Francia-, y, desde el principio, demostró que su estilo no casaba bien con la llamada "línea clara", iniciada por el Tintín de Hergé, con un trazo limpio y cuidado, y donde la violencia cruda desentonaba, como mínimo, bastante. Entró a trabajar en la revista Pilote, dirigida -durante tanto tiempo, que debió parecer eterno- el mítico Goscinny,  guionista de Asterix y Lucky Lucke. Allá realizaría historias cortas, que le servirían para aprender el arte de la historieta desde un punto tanto artístico, como profesional, teniendo como guionistas, entre otros, a Jean Giraud -o Moebius, su otra "personalidad artística", cuando se dedicaba no a la historieta realista, sobretodo el western, sino a la ciencia-ficción y a la fantasía onírica-, en "Un caballo en invierno". Pero, aunque la revista en principio estaba dirigida al público infantil, con el tiempo también intentó atraerse -y con bastante éxito, al menos en principio- al juvenil, así que incluía no pocas historias que podrían considerarse "adultas". Aún así, Goscinny consideraba que según que cosas -violencia explícita, combates sangrientos, sexo, religión, crítica política directa- eran, como mínimo, incómodos. Tardi, aunque sabía lo que significaba estar trabajando allá, deseaba expresarse sin cortapisas, así que intentó publicar en Pilote una historia sobre la I Guerra Mundial, de la que tanto había oído hablar, no a su abuelo -inmigrante corso que vistió el uniforme al poco de desembarcar en el continente-, que luchó allá, sino a la esposa de éste -su abuela paterna-, que le contó a su nieto lo que, años atrás, había sabido por boca de su marido, sobre los desastres y horrores de dicha contienda. "Un episodio banal de la guerra de las trincheras", donde habla de la brutalidad de la guerra, el sacrificio de millones de europeos en un conflicto sin ningún sentido, más allá del patriotismo hueco, y, sobretodo, la crítica al gobierno y el ejército francés por el fusilamiento de varios soldados que, hartos de la carnicería, se negaron a luchar, fue demasiado para Goscinny, a pesar de que no era hombre especialmente cerrado de mente. Finalmente, Tardi pudo publicar la historia, pero no en Pilote, sino en un medio bien distinto: el diario independiente de izquierdas Libération -creado en su momento por el filósofo existencialista Sartre-, con el apoyo de Charlie Hebdo, la revista satírica y política, que años después -creo que lo comenté en una entrada dedicada a Amélie Nothomb-, fue atacada por los integristas islámicos. Pero eso fue algo después, lo que, por lo demás, fue un gran escándalo, pues en Francia, la Gran Guerra es considerada -y hace años, todavía más- como la guerra patriótica por antonomasia -más o menos, como la Segunda en la Unión Soviética, y en sus países herederos, donde es la Gran Guerra Patria-, y recordar como víctimas a los que, o se consideraba traidores, o simplemente eran olvidados por todos, escoció y levantó ampollas. Mientras, seguiría dibujando historias para pilote, como "La evasión del caballo gris" -ya en los 90- , con guión de Verrier, o algunas historias de Blue Jackett -con un protagonista indio norteamericano, algo raro en aquella época, años 70-, en la revista Lucky Lucke -dedicada a este personaje y, en general, al género western, que tiene más tradición en Francia de lo que podría pensarse-.

Adèle Blanc-Sec contra "la bestia". La heroína más carismática de Tardi. Una mujer de armas tomar.

Aún así, Tardi tenía ganas de realizar una historia corta. Ya había demostrado ser un gran dibujante, pues "Un caballo de invierno", de inspiración napoleónica, era un tema complicado, sobretodo si se deseaba verosimilitud histórica -y en eso, Tardi sería casi un fanático, y más todavía, cuando ya consiguió fama y respeto, y más tratándose de historias de la Gran Guerra-. Así, aceptaría colaborar con el guionista Pierre Christin, que tenía pensada una serie de historias largas en forma de álbum, independientes y -en principio- autoconclusivas, pero que tuvieran relación entre ellas, y que se conocerían como "Leyendas de hoy". El primero, realizado junto a Tardi, se llamaría -y perdón por no traducirlo del francés, pero se me hace difícil, así que uso el original- "Rumeurs sur le Rouerge" (1976), donde el guionista intentaba representar una fuerte crítica sobre el capitalismo salvaje y la destrucción del medio ambiente, con ambientación rural, personajes fantásticos junto a otros realistas -hay hasta animales parlantes, o seres que parecen duendes-, y tanta o más fantasía que política explícita. En resumidas cuentas, una historia un tanto fallida, que demostró que Tardi ya había aprendido a dibujar, y muy bien, pero que él mismo reconoce que realizó bastante a disgusto. Así pues, dibujante y guionista no volverían a trabajar más, y en adelante, Christin optó por seguir la serie con Enki Bilal, que, como se vio más adelante, sí que supo plasmar las ideas de Christin -y de paso, influir en ellas con sus propios puntos de vista, pues Bilal también sería, en no pocas ocasiones, guionista de los álbumes que dibujaba-. Como Tardi no se atrevió a proponer cambios en el relato de Christin, por mucho que no estuviera demasiado de acuerdo con él, y prefirió, aparte de seguir colaborando con Pilote, realizar una historia larga, un álbum, con un personaje que fuera realmente suyo. Y así nació "Adiós Brindavoine".

Portada de una de las primeras ediciones de "Adios Brindavoine", que todavía no incluía "La flor en el fusil".

Obras primigenias o individuales.

Bien, aquí, una aclaración. Como en las webs en las que me he basado en parte -y en parte, en la obra del mismo Tardi que he leído, que es bastante- al hacerse ésta tan abundante, es mejor ir dividiéndola por partes o temáticas, siguiendo aquí con obras menores, o únicas, debido a la temática que trata. Así, prefiero dividir lo que queda en cuatro partes, aunque signifique escribir más de una entrada: en primer lugar, historias independientes no demasiado interesantes -como "Rumeurs sur le Rouerge"-, o fallidas, o que sean únicas e independientes. Seguidamente, lo que se llamaría folletín -historias de Adèle Blanc-Sec o el ya nombrado Brindavoine-; en tercer lugar, las historias policíacas o de temática negra, o noir, como se llama en francés; en tercer lugar, la I Guerra Mundias, y de paso la II. Y pos último, las cuatro partes de "El grito del pueblo", que más adelante se recopilarían en un solo tomo.  Así, resulta un poco más claro en qué consiste su obra en su totalidad, aunque, al no querer hacer una exposición extremadamente larga, no me extenderé en todas y cada una de sus obras, incluidos relatos cortos, portadas de libros, trabajos no acabados, etc., aunque se intentará que el listado sea bastante completo.
Después de aclarar esto, dejar claro algo evidente: Pilote, o revistas juveniles parecidas a ella, no eran el medio ideal para las historias de Tardi, así que optó por marchar a otra editorial -la de la revista era Dargaud-, en este caso, la belga Casterman, que le publicaría gran parte de su trabajo. Antes de ello, decidió cambiar de aires, yendo a parar a una revista creada, precisamente, por autores, dibujantes o guionistas que deseaban precisamente eso: una nueva publicación, creada desde la nada, donde pudieran expresarse como les diera en gana. Se trataba de la legendaria Metal Hurtlant.
Tardi, dentro de lo que cabe, tampoco podía criticar demasiado a Pilote, y a la editorial que la publicaba, la francesa Dargaud -otro gigante editorial, como Casterman-, pues le había publicado "Adiós Brindavoine" -que, en forma de álbum, fue un fracaso-, y un capítulo -de cuatro, aunque los tres siguientes no se publicarían nunca, pues nunca fueron realizados- de "La flor en el fusil", también con Brindavoine de protagonista en, como no, la I Guerra Mundial. Como el personaje, en solitario, no funcionaba, Tardi decidió olvidarlo, aunque antes de abandonar Dargaud, publicó "El demonio de los hielos", del que se hablará más adelante, y que es una obra tan genial como inclasificable, donde se mezcla fantasía a lo Julio Verne, con grabados a lo Gustave Doré-. Mientras, en su nueva revista, como "hombre nuevo" y recién llegado, aunque fue bien acogido, no formaba parte de lo que podría llamarse "los padres fundadores del nuevo cómic francés", o sea, los "Humanoides asociados", que es como serían conocidos Jean Giraud, que ya conoció en Pilote -y que abandonó antes de Tardi, y haciendo más ruido que él, por cierto-, ahora Moebius, Druillet, Dionnet, Arno, el norteamericano Corben, y compañía. Para ellos realizaría "Polonius" (1974) -con guión de Picaret-, donde la violencia y el sexo explícito, en esta historia ambientada en una falsa antigüedad, que en ocasiones recuerda a Roma, y en ocasiones a Mesopotamia y el Oriente, pero que en determinado momento nos hace pensar que podría ser un lejano futuro -la aparición en un desierto de gran número de extraños relojes estropeados-, deberían ser fuente de escándalo, pero más bien entorpecen un guión con un personaje, Polonius, que pierde de forma estúpida a su amigo,  y que acaba muriendo él mismo también, estupidamente, lo que hace pensar que el relato acaba quedando hueco, más allá del deseo de llamar la atención.

Una viñeta de "El exterminador de cucarachas", donde el rojo del uniforme del anodino e inofensivo protagonista es lo único que destaca entre una gama de grises, y donde los "enemigos" llegan a obsesionarlo de tal manera, que parece verlos en todas partes, y bajo cualquier apariencia.

Pero será allá donde nacerá, también, en 1976 el personaje más famoso de Tardi: la simpar Adèle Blanc-Sec, protagonista femenina de auténticas historias folletinescas -ella misma, es autora de dicha corriente literaria, y orgullosa de ello-, donde se enfrenta a todo tipo de persecuciones, monstruos, personajes que aparecen y desaparecen como en una loca comedia, donde no se sabe bien quienes son peores, los monstruos, o los "normales". Adèle es tan particular, tan especial -la leí hace muchos años, en algún número de la revista Cimoc, creo recordar, o algún álbum de Norma, y hace poco pude comprar los tres tomos con todas sus aventuras, y no ha envejecido nada mal; más bien, al contrario-, que sin duda, merece un capítulo aparte. Pasado el tiempo, Tardi decidió unificar su "universo folletinesco", donde Adèle, Brindavoine, y hasta el demonio de los hielos acaban compartiendo aventuras, aunque el último de forma un tanto particular.

Una de las portadas de "La verdadera historia del soldado desconocido". Quizá, la obra donde el autor deja volar su mente de forma más absoluta. Surrealismo puro.

Mientras, vendrían, al menos, tres obras a tener en cuenta, dos de las cuales van unidas, aunque sea porque sus protagonistas, aunque con nombre y oficios distintos, son básicamente idénticos, física y emocionalmente hablando, y que, a la vez, son un reflejo de Lucién Brindavoine, pues este parece ser una especie de alter ego, del autor. Se tratan de "La verdadera historia del soldado desconocido" (1974), y "La guillotina" (1976, en francés, "La bascule à Charlot", nombre "popular" de dicho aparato de rebanar cuellos en francés). Desde hace ya tiempo, se acostumbra a publicar, al menos en Francia y Bélgica, ambas historias en un sólo álbum, o en dos que van juntos. La primera y principal, sobre ese soldado desconocido, más bien se trata de la historia de un autor de folletín -como Adèle, como él mismo se considera a veces- que se las ve y se las desea con su siniestro editor -en ocasiones considerado una especie de monstruo metafísico e irreal-, mientras que su vida -real u onírica- transcurre saltando de antro de mala muerte a prostíbulo decadente, mientras recibe las visitas de un enorme y misterioso personaje barbudo y con gafas negras, que resulta ser uno de sus personajes, o más bien, una especie de dios, o ser superior, que adopta dicho aspecto. Como se ve, fantasía entre erótica y onírica, surrealismo puro, aunque, leyéndolo de una sentada, se le encuentra sentido y cierta fascinación. Fue publicada por la editorial Futurópolis, pues ni Casterman, que lo tiene como una de sus estrellas, estuvo segura de su éxito o conveniencia. "La guillotina", básicamente, es un relato parecido, más corto -menos de treinta páginas- que, básicamente, pregunta al lector sobre el derecho, o no, del Estado, de ejecutar a un individuo, y en caso de hacerlo, si realmente es por sus crímenes, o porque lo considera incómodo o peligroso para su buen funcionamiento, no como sociedad, sino como estructura de poder. Y, como se ha dicho antes, aunque los protagonistas de ambos relatos sean física y personalmente similares, por no decir casi idénticos, no son el mismo individuo, como tampoco son Brindavoine. Aún así, el autor quiso aclararlo en alguna ocasión, diciendo que, cuando debe crear un personaje masculino más o menos inofensivo, anodino, y un tanto cobarde o sin demasiada personalidad, siempre acaba imaginándose a la misma persona, de ahí que personajes distintos, en situaciones diferentes, se parezcan tanto unos a otros.


El protagonista de "Ici Même", del mismo nombre, con guión de Forest, "padre" de Barbarella.

Muriendo juntos. Un retrato hiperrealista de la Gran Guerra, sin heroicidades ni patrioterismos.

La tercera obra, sería "Ici Même" (1979), donde el personaje, curiosamente, se llama así. En español, "ici même" significa "yo mismo", como si el relato tratara de un personaje en particular -y muy particular, él- que habla de sí mismo. Aquí, el protagonista, -¡qué también tiene un aire a Brindavoine! ¿Se parecerá a alguna persona real, de carne y hueso, que Tardi conoció en su infancia y juventud, y que le viene a la mente en cuanto empieza un nuevo trabajo?- pierde el derecho de propiedad sobre una gran finca, que incluye una antigua mansión familiar, quedándose sólo con el derecho a los muros que separan las nuevas propiedades, y cobra por abrir las verjas de éstas -una especie de impuesto de paso-, mientras construye sobre esos muros su pequeña casa, y recibe alimentos  y otros productos de un comerciante dueño de un barco, con quién acabará teniendo una gran amistad. Su vida parece aburrida pero sin grandes problemas y sobresaltos -algo a lo que teme-, hasta que, por casualidad, encuentra a una joven desnuda, tan bella como salvaje, que vive y hace lo que quiere, y que le hará perder la cabeza. El guionista fue de Jean-Claude Forest, el autor de la legendaria Barbarella -por tanto, capaz de sacar fantástico partido a cualquier idea, y de imaginar a un personaje femenino, como la viajera espacial, rupturista para la época-, y se publicó en los trece primeros números de la nueva revista de cómics "A suivre", para salir al mercado en forma de álbum, como casi siempre, gracias a Casterman. Es una obra un tanto curiosa de Tardi, diferente a casi todo lo que ha hecho, casi siempre realismo -bélico o policíaco-, sin caer tampoco en el folletín de ambientación "Belle Époque", anterior a la Gran Guerra, pues aunque la época en la que transcurre es un tanto confusa, sí es muy posterior a los años diez del siglo pasado.
Por último, y dejando aparte algunas obras menores, y las incluidas en las categorías mayores, hablar un poco de "El exterminador de cucharachas" (1984), también en Casterman, donde la historia transcurre, para variar, no en Francia, sino en Nueva York, donde se cuenta la historia de un inofensivo personaje, de profesión la del título, alemán de nacimiento, adoptado al nacer durante la guerra y adoptado por una familia norteamericana, que se siente eternamente desubicado, y sueña con ser un superhéroe -muy norteamericano, esto también- eliminando enormes y mortales cucarachas que, curiosamente, van adornadas con la esvástica nazi sobre su espalda. La historia es en blanco, negro, y tonalidades de gris, excepto el rojo del uniforme del personaje -y poco más-, y por lo visto, resultó un tanto difícil de llevar al papel por Tardi, tan obsesivo como es en retratar la realidad porque, al contrario que París, él no conocía personalmente Nueva York, y, por tanto, debía guiarse por fotografías, que, en no pocas ocasiones, casi calcó, para que su personaje pudiera moverse por una ciudad que, aunque dibujada, era tan real como la que podría verse con nuestros propios ojos.
Más adelante, Casterman le permitiría publicar relatos tanto de inspiración policíaca, como bélica. En el primer caso, sobretodo, con historias basadas en novelas de Léo Malet -protagonizados por el personaje de Nestor Burma, y con él, también por la ciudad de París, retratada de forma casi fotográfica-. "Niebla en el puente de Tolbiac" (1982) sería la más conocida de sus muchas adaptaciones al arte historietístico de dicho escritor. Malet no sería el único autor de novela negra que colaboraría -o, como en este caso, en quién se inspiraría- Tardi para crear nuevos trabajos, pero la serie de Burma sería la principal y más famosa. Pero, en general, el autor preferirá siempre autores más o menos "clásicos", con historias realistas, sucias y crudas, con crítica social -un "polar", que se dice en el país vecino-, y, a ser posible, ambientadas entre los años 40 y los 60. No parece demasiado interesado, en reflejar la realidad actual. En los últimos tiempos, sin embargo, adaptaría a Manchette, una de las figuras del neo-polar -revitalizador del noir francés de toda la vida-, con "Balada en la Costa Oeste" (2006) y "Cuerpo a tierra" (2011), y que realizó, gracias a su buena relación con Tardi, su único guión para cómic: "Griffu", en el lejano 1977.

Nestor Burma, deambulando por las calles de París, magistralmente retratadas por Tardi.

En cuestiones bélicas, las historias más importantes serían "La guerra de las trincheras" (1993) o "¡Puta guerra! 1914-1919" (2010), que sería su relato definitivo de dicha contienda -con la ayuda del historiador Jean Pierre Verney-, aparte de obras más cortas como "El soldado Varlot" (1999), sobre la historia de un personaje en particular, y no sobre los soldados franceses en general, y contada, esta última, con diálogos -no como la segunda obra-, ni explicándonos qué es lo que está ocurriendo, como si de un documental se tratara -como en la primera-.
En el 2000, publicaría, con la colaboración al guión del autor de novelas policíacas -o de lo que se tercie- Daniel Pennac "La patada", si bien, más que relato noir, sería una historia con crímenes, sí, pero también entre absurda, crítica y humorística, donde Tardi tuvo que añadir más texto -o sea, diálogos, explicaciones- de los que Pennac tenía pensado, por suponer éste que los lectores podrían tener ciertos problemas para saber de qué iba la historia, con periodistas, zoólogos -y tigres- y personajes de la "alta sociedad" de por medio.
Por último, entre 2001 y 2004, publicaría, en cuatro partes, y a partir del guión -que debía, en principio, haber sido una novela- "El grito del pueblo". Quizá, la historia más impresionante de Tardi, teniendo en cuenta que las más de 300 páginas que la incluyan, aún habiéndose publicado en cuatro álbumes no deja de ser una sola historia por capítulos, razón por la que, hoy en día, resulta más sencillo, y barato, poder adquirirla en un solo y enorme tomo. Es, básicamente, un cruce entre historia -la proclamación y caída de la Comuna de París, tras la guerra franco-prusiana y el fin del Segundo Imperio- y folletín, con una enorme cantidad de personajes y situaciones, y que conviene leer, eso sí, no de un tirón, pues puede llegar a ser un tanto difícil de comprender y seguir. De todas formas, no deja de ser una auténtica obra magna del cómic europeo de los últimos años.

El pueblo aplastado por la fuerza represora del Estado, descrito de forma impresionante -aunque también, un tanto maniquea, influenciada por el folletín-, según "El grito del pueblo".

Por ahora, es mejor no alargar más la entrada. Como se ha visto ya, poco se ha hablado sobre las historias folletinescas, policíacas o bélicas de Tardi, como tampoco se ha comentado sus trabajos en la ilustración, el guión -sin dibujo- o hasta la radio. Así pues, si el tiempo me lo permite -que tendré poco-, en el próximo post, más.


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