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lunes, 7 de marzo de 2016

Los prerrafaelitas (XXXV): "The germ", la revista, de muy corta vida, de los prerrafaelitas. 

Los miembros de la Hermandad nunca pensaron que los cuatro números de su revista, de haber llegado al presente, suscitarían tanto interés.


"The germ", el germen literario de la futura revolución en el arte británico.

Esta no será una entrada dedicada a una persona en particular, sino a una publicación, que si bien en principio tendría que haber sido un anexo, una entrada casi anecdótica o complementaria, al final ha acabado siendo una más larga, con su número y todo -el treinta y cuatro, nada menos, presentación y tres anexos aparte-.
"El germen" fue una modesta publicación que los miembros de la Hermandad decidieron sacar a la luz no sólo para darse a conocer ellos mismos, o cualquiera que quisiera colaborar con ellos, sino también publicitar y extender -hacer una especie de "apostolado"- de las ideas de renovación artística, intelectual o emocional que ellos defendían.
Fue en una época tan temprana como 1850, cuando Millais, Rossetti y Holman Hunt eran todavía unos desconocidos para el gran público -y para casi todo el mundo, realmente- decidieron sacar a la luz una pequeña publicación, casi artesanal, que les ayudara en lo que ellos consideraban una auténtica revolución artística. Y dicha revolución necesitaba de una plataforma literaria, física, además de las obras que tenían pensado pintar. O que debían pintar en un futuro, aunque no tenian, realmente, idea clara de lo que pintarían en los años por venir.
El nombre de "El germen", quizá no sea una traducción de todo exacta, porque no hace referencia a un germen desde un punto de vista médico -una bacteria, un bacilo-, sino más bien biológico, en que unas ideas nuevas, que promueven un estilo artístico también nuevo, debían germinar en una pintura, una ilustración y una poesía nuevas. El germen, aquí, en una semilla de un mundo artístico nuevo, del que nacerían nuevas ideas que cambiarían para siempre el arte británico. Y realmente lo hizo, aunque no por publicación alguna, sino por las obras que saldrían tanto de los talleres de los miembros de la Hermandad, como de prerrafaelitas posteriores o autónomos.

[Rossetti, D.G. etc] The Germ: Thoughts Towards Nature in Poetry, Literature and Art (Eliot Stock Edition)
Un ejemplar de cada uno de los cuatro números de "The Germ", con un prefacio posterior, a la venta en internet -actualmente- por 350 dólares.

Una reedición, más moderna, de los cuatro números de "The Germ", la revista literaria de los prerrafaelitas, según reza el subtítulo.

William Michael Rossetti, hermano de Dante G. y Christina. No destacó como artista, aunque practicó la poesía, pero fue un apoyo intelectual y cronista de la Hermanda. En la práctica, se le considera parte de ella, aunque no fuera pintor, ni poeta reconocido, pues fue funcionario de carrera.

"El germen" fue publicado, en ese 1820, por la editorial "Tupper and Sons", una firma de impresores interesados por temas diversos de la ciudad de Londres, y parece que se tomaron en serio el llevar a buen puerto su inversión -pues de eso se trataba- en aquella nueva revista literaria y artística, además de teórica en sentido cultural. Pero poca suerte tuvieron, pues sólo salieron al mercado cuatro números -de enero a abril; era una publicación mensual-, y del primero sólo se vendieron setenta copias de un total de setecientas. De los otros tres, se publicaron ediciones más cortas -de unos cuatrocientos ejemplares-, pero también acabaron por quedarse, por no poder venderlos, al menos tres cuartas partes de ellos. Todo un fracaso, así que Tupper y compañía decidieron dejarlo estar, y así no perder más dinero, pues fue su familia quién tuvo que cargar con gran parte de las pérdidas. El hecho de que la los Tupper tuvieron relación de amistad e interés artístico por el nuevo movimiento hizo que corrieran semejante riesgo, que hoy en día parecería, como mínimo, osado.  Más adelante, en 1898, en Estados Unidos se publicaría una única edición, de sólo cuatrocientos cincuenta ejemplares, de los cuatro números, más un prólogo, en un sólo libro de tapa dura, y que parece que se vendió en su totalidad. En aquella época, los prerrafaelitas sí que eran famosos, y mucho. Realmente, cerca ya del siglo XX, el prerrafaelismo estaba ya en sus últimos años de corriente viva, siendo ya sobrepasado por otras corrientes, como el simbolismo, el modernismo o los impresionistas y sus sucesores, los post-impresionistas en toda su variedad.

Los cuatro hermanos Rossetti: Dante Gabriel -pintor y poeta prerrafaelita, uno de los creadores de la Hermandad-; William Michael -funcionario, pero también poeta, y cronista y apoyo moral no oficial de la Hermandad-; Christina Georgina -poeta, una de las más importantes del siglo XIX en su país-; y Maria Francesca -la menos conocida, escribió un estudio sobre Dante, uno de los iniciadores del Renacimiento, y se dedicó a la obra social y religiosa-. Además, eran parientes por parte de su madre de John William Polidori, autor de "El vampiro", la primera novela moderna sobre vampirismo.

Era, desde luego, un proyecto ambicioso. Tenía como segundo título, o subtítulo, "Pensamientos hacia la naturaleza en el arte y la literatura", aunque finalmente tuvieron que bajarse un poco los humos, y a partir del tercer número lo cambiaron por "Arte y poesía. Pensamientos sobre la naturaleza realizados principalmente por artistas", o algo así. Pero no eran los subtítulos lo más interesante. Allá participaron varios miembros de la Hermandad o personas de su círculo cercano, incluyendo el familiar. Uno de los colaboradores fue William Michael Rossetti, hermano de Dante Gabriel, que también ejerció de director de la revista, y lo hizo como poeta, y articulista. El "hermano tranquilo" de Dante Gabriel trabajó de funcionario toda la vida, pero también fue una especie de cronista no oficial, consejero y "ayudante intelectual" de la Hermandad. En realidad, fue uno de los fundadores de esta, aunque no es considerado como parte de ella por no ser artista, sino más bien "apoyo moral y externo", digámoslo así. Pero en aquel momento, el joven William Michael quiso demostrar que podía ser poeta, al igual que su hermano -que por lo demás, no ha pasado a la historia del arte por ello, sino como pintor-, y quiso así publicar algunos de sus versos, y de paso, ayudar a llenar las páginas de la revista, que suponían, de forma bien optimista, que tendría una vida mucho más larga de la que realmente tuvo. Y claro, si la publicación podía llegar a tener varias decenas de números, toda ayuda era poca. Y además, William no sólo era hermano de uno de los miembros de la "Santa Trinidad" del prerrafaelismo, sino también cronista y, por lo visto, tampoco era tan mal poeta.
Claro está, el "hermano tormenta", Dante Gabriel, también publicó, y junto a ellos, un tercer miembro de la familia Rossetti: Christina, que sí sería famosa como poeta, por encima de sus dos hermanos varones, aunque lo hiciera bajo seudónimo -quizá, porque en esos años era muy joven, y consideraba la poesía más una ilusión, o una distracción, que como algo con lo que pudiera ganarse la vida-, Ellen Alleyn. Serían siete, los poemas de Christina, a lo largo de tres números de la revista, destacando "Fin", y "Tierra de sueños". Aunque los lectores no podían saber quién se escondía tras Alleyn, sin duda, los colaboradores varones de "El germen", empezando por sus dos hermanos, sí tenían que saber sobre quién era la autora -adolescente todavía- de aquellos versos.
Otros poetas que se pasaron por la revista, y de los que se pueden leer algunos de sus primeros trabajos, pues en ese momento todos era muy jóvenes, fueron el escultor Thomas Woolner -de todos, aparte de Christina, tal vez el que más nombre se hizo en la poesía, aunque e forma secundaria; él fue, principalmente, un artista de la piedra-, y James Collinson, un pintor prerrafaelita secundario, famoso apenas por un par de obras religiosas, y que llegó a ser novio de Christina, con la que finalmente no llegó a casarse con ella, pues él era católico, y aunque se convirtió al anglicanismo para poder llevar a buen puerto su relación, acabó volviendo a la iglesia católica, enterrando cualquier posibilidad de matrimonio con Christina -que por lo demás, también se negó a abandonar su anglicanismo familiar-.
También había que incluir ensayos, reseñas de libros, artículos, o versos de amigos de los miembros de la Hermandad, que no formaban parte de ella, como el pintor academicista Ford Madox Brown -que a pesar de no comulgar demasiado con el estilo de los prerrafaelitas, parece que no sólo tuvo buena relación de amistad con ellos, sino que hubo influencias y consejos mutuos- o el poeta Coventry Patmore. Este último había publicado, poco antes, un libro de poemas que no tuvo, precisamente, buenas críticas. Dolido, compró todos los ejemplares que todavía no se habían vendido, para destruirlos, pero algunos amigos no sólo le defendieron, sino que paree que, bien por ellos, o porque le habían leído, llegó a conocer a Rossetti y Holman Hunt, y aunque no fue parte de la Hermandad, ayudó en la revista con su poema "Las estaciones", uno de los mejores que en esta se publicaron.
Respecto a las ilustraciones, porque las hubo, fueron varios los autores. Holman Hunt se hizo cargo de ilustrar el poema de Woolner "Mi bella dama" en el primer número, mientras que Collinson hizo lo propio con su poema "El niño Jesús", en el segundo. Madox Brown fue el autor de una ilustración de doble página del Rey Lear y sus hijas en el tercero, como acompañamiento de un artículo suyo sobre pintura histórica. mientras que Walter Deverell, un pintor prerrafaelita menor -del que todavía no se ha hablado, quizá por ser tan escasa su obra, aunque todo se andará-, fue responsable de "Viola y Olivia", basada en la "Noche de Reyes" de Shakespeare, en el último número de la revista.

Un grabado de Holman Hunt, ilustrando un poema de Thomas Woolner, "Mi bella dama".

La ilustración realizada por Madox Brown, donde se ve al rey Lear y a sus hijas, en un número de la revista original.

En resumidas cuentas, cada número debía incluir un grabado o ilustración, poesía -tanto de los hermanos Rossetti, como de cualquier colaborador, aunque fuera más o menos externo a la Hermandad, aunque la mayoría de los que contribuyeron a ella eran familia o amigos, unos de otros-, además de artículos de historia del arte, reseña de libros, y artículos donde se defendían las ideas, consideradas radicales, que tenían sus autores y responsables sobre el arte y la vida. Claramente, se veía ahí la influencia de Dante G. Rossetti, el más emocional, revolucionario, pero también más inconstante de los miembros de la Hermandad.
Respecto a si se puede encontrar traducido al español, que yo sepa, no. Sí existen en inglés, aunque, claro está, los números originales son casi inencontrables -aunque buscando en internet, y con dinero, se puede hallar-, pero ha habido ediciones posteriores, y no sólo a finales del siglo XIX. Aún así, no deja de ser una curiosidad, una rareza histórica, con poco mercado, y no resulta sencillo dar con ello, pero insistiendo, se puede. Pero hay que tener en cuenta que la poesía es difícil de entender cuando no se domina la lengua en la que se ha escrito, y el inglés usado, también en los artículos, es el de la época victoriana, que no es exactamente el que se enseña o usa hoy en día, aunque aparentemente no haya cambiado tanto.

domingo, 7 de junio de 2015

Los prerrafelitas (XIX): Thomas Woolner, el más representativo de los escultores del movimiento.

Aún habiendo pintores que también se dedicaron a la escultura, Woolner fue de los pocos que se dedicó casi por entero a esta rama artística.


Escultura realista, vitalista, psicológica... pero el camino no es fácil, y debe marchar a Australia.

Thomas Woolner (1825, en Hadleigh, condado de Suffolk-1892) fue, principalmente, escultor, aunque también se dedicó a la poesía. Además, fue el único fundador dentro de la Hermandad Prerrafelita -aparte de la llamada "Santísima Trinidad" inicial- que no era pintor, ni tan siquiera de forma secundaria, sino escultor. 
Sin embargo, tardó un tiempo en hacerse un nombre artístico. Antes de ello, tuvo que emigrar a Australia por cuestiones económicas, donde empezó a hacerse famoso, hasta que, finlamente, consiguió ser considerado uno de los mejores escultores de Gran Bretaña tras volver a su país de nacimiento, si bien su estilo, rompedor, novedoso, no estuvo nunca libre de críticas -algunas, con cierta razón- y dudas, pues no sólo entre los críticos profesionales, sino entre el público en general, las nuevas propuestas no siempre eran bien recibidas, aunque con el paso del tiempo estas acabaran siendo no sólo absorbidas, sino consideradas casi como académicas -o "neo-académicas"- y representativas del arte nacional.

Thomas Woolner en una edad ya madura, si bien es cierto que la larga y profusa barba muy probablemente envejecen su imagen, pues murió a los sesenta y siete años, y la foto no es de poco antes de su muerte.

Nacido en Hadleigh, en el condado de Suffolk, en el este de Inglaterra, en una zona rural donde todos los que tenían vena artística soñaban con la emigración a la gran ciudad -o sea, Londres-, aprendió escultura con William Behnes, y como tantos otros, exhibió su trabajo en la Royal Academy en 1843. Allá conoció a Dante Gabriel Rossetti, que estuvo encantado con su nueva amistad -cuando, en general, se habla de algún nuevo miembro o simpatizante del movimiento, Rossetti siempre está enmedio; quizá como marido fue un desastre, pero a la hora de encontrar nuevos amigos en el mundo del arte, claramente se le daba de maravilla-, y con poder contar con un escultor para su proyecto artístico-revolucionario: la Hermandad Prerrafalita. 
Woolner defendía una escultura realista, e, incluso, psicológica -aunque no usara dicho término, que todavía no existía-, por lo que sus ideas artísticas no cuadraban demasiado con el punto de vista medievalista del resto de la Hermandad. Esto no hizo que rompiera con ellos, pero sí que eligiera un camino un tanto separado en cuestiones de estilo y filosofía del arte. Aún así, la cercanía, observación y reproducción realista de la naturaleza que tenían sus compañeros sí que era por él compartida.
Se dedicó, en principio, a hacer bustos y medallones -una especie de medalla de piedra de grandes dimensiones, que se exhibía de canto, y donde se esculpía en relieve un rostro, normalmente de perfil, o casi-, pero no le fue suficiente para ganarse la vida, así que decidió emigrar a Australia en 1852, que por aquel entonces, ya empezaba a recibir una inmigración voluntaria -no de delincuentes o de pobres y mendigos deportados- cada vez mayor, aunque casi totalmente de las Islas Británicas. Uno de sus amigos a quién más dolió la marcha de Woolner, tal vez porque pensó que no volvería a verlo, fue el pintor academicista-reformista -por llamarlo de algún modo- Ford Madox Brown, que pintó "The last of England" -"Lo último de Inglaterra", en referencia a lo que observaban los emigrantes al marchar por barco del país- inspirado en la marcha de su amigo. Sin embargo, aquella marcha al otro lado del mundo no fue tan penosa o dura como podría pensarse, pues allá, tanto en Australia como en Nueva Zelanda, donde los artistas escaseaban tanto, pudo conseguir grandes e importantes encargos, realizando estatuas de héroes imperiales británicos, como el capitán Cook, o Stamford Raffles -el hombre que ocupó, colonizó y urbanizó la estratégica colonia insular de Singapur-.

"El hilandero", en el ayuntamiento de Manchester.

Vuelta a Inglaterra, para alcanzar la fama, y conseguir el reconocimiento como uno de los grandes de la escultura nacional.

Al contrario de lo que, probablemente -es difícil saber qué pensaba realmente- el mismo imaginó, su estancia en Australia fue corta, y al año y poco de marchar, ya estaba de vuelta, con una reputación de joven artista rompedor, pero también de tener un carácter bastante fuerte, y de no dejarse convencer así como así. Amigo del poeta y crítico artístico Francis Turner Palgrave, con quién compartió casa a su retorno a Londres, ambos fueron protagonistas de un pequeño escándalo, cuando Turner, que fue crítico en una exposición internacional de escultura, en 1862, decidió defender y alabar a Woolner por encima de todos los demás artistas -que no dudó, en ocasiones, casi en denigrar de forma exagerada-, aunque algunos de estos fueran más conocidos -y reconocidos- que él. El crítico dijo que, aparte de la amistad que los unía, reconocía a Woolner como un modernizador de la escultura, dándola una energía y realismo que no le daban autores más veteranos, todavía demasiado deudores del clasicismo que bebía de los escultores greco-latinos. Aún así, Turner Palgrave, ante las críticas que él -critico, antes que poeta- recibió de todas partes, acabó retirando el catálogo.
Respecto a los encargos que recibió, el más importante fue una serie de esculturas que formaban parte del edificio de los antiguos tribunales de Manchester -Tribunales Assize, edificio ya desaparecido, y del que sólo quedan dibujos y grabados-. Woolner esculpió estatuas que representaban a legisladores y gobernantes, y otras alegóricas de la justicia y la misericordia, incluyendo un conjunto, conocido como "El juicio de Salomón", flanqueado por las estatuas de una "mujer virtuosa", y otra borracha, o que al menos lo parecía. El edificio fue bombardeado durante la II Guerra Mundial, y gran parte de las esculturas se perdieron, aunque algunas fueron salvadas, y ahora forman parte del edificio de los tribunales municipales que sustituyó al antiguo.

  
Dos estatuas de políticos de la época: Stamford Raffles -"padre" de la colonia de Singapur, que estableció en 1819", y Thomas B. Macaulay, creador de la doctrina de "la pesada carga del hombre blanco", o la mezcla de derecho y obligación de los occidentales de conquistar y gobernar el mundo.


Aunque muchos de sus trabajos eran de hombres famosos y, casi siempre, ricos -y vivos, o recientemente fallecidos. O sea, encargos personales de estos "grandes hombres", de sus familiares, o del Estado, o asociaciones diversas, que querían homenajearlos-, también gustaba de realizar otro tipo de trabajos, más personales y originales, como "Civilización" (1867), o "Virgilia lamentando la ausencia de Coriolano" (1871), haciendo referencia al legendario noble romano que, exiliado de su ciudad, acaba uniéndose a los enemigos de ésta, y que Shakespeare haría protagonista de una de sus obras. En estas obras, realmente, es donde pudo poner en práctica todas sus teorías de su visión de figuras nada estáticas, sino que representaban sentimientos y emociones. Fue, además, amigo de escritores, críticos, y de científicos, como el mismo Darwin, con el que tuvo no sólo cierta amistad, sino también hablaron entre ellos sobre las teorías del célebre científico, que en aquella época las iba publicando en libros que ahora nos parecerían inofensivos, pero que, en esos años, fueron todo un escándalo.
También realizó relieves, incluyendo algunos de lápidas de cementerios. Los más importantes, los de "La Ilíada".
Fue elegido miembro de la Royal Academy en 1875, y fue profesor de escultura entre 1877 y 1879.
Además de escultor, también fue poeta, e incluso tuvo cierto momento de gloria como tal, con la obra prerrafaelita -si es que se puede hablar de literatura claramente influida por la Hermandad- "Mi bella dama", aunque, más adelante, se interesó por el estilo neo-clásico, tan en boga en su época, aunque mezclando clasicismo -con temáticas, como no, greco-romanas, pero más legendarias o fantásticas que reales; como otros muchos artistas de su época, Woolner tenía más interés por la mitología o el arte griegos y romanos, que por la historia real de estos pueblos-, como "Pigmalion", o "Tiresias".
Aparte de todo ello, también ejerció de comerciante de arte. O sea, de marchante. Esto le fue realmente útil para venderse a sí mismo, o más bien a su obra. Como creo haber escrito hace ya tiempo -tanto, que tampoco puedo estar demasiado seguro-, el problema de algunos pintores y otros artistas era que no sabían ni buscar clientes para sus obras, ni venderlas a buen precio. Caso de mi conciudadano reusense Fortuny. Pero Woolner no fue así. Supo ganarse bien la vida, y así mantener a su esposa y sus seis hijos.
Murió a los sesenta y siete años, de forma más bien repentina -un derrame cerebral, aunque la medicina de aquella época estaba menos adelantada de lo que se podría pensar hoy en día, y a veces la gente, simplemente, se moría, y en paz-, en 1892. Su esposa Alice fallecería veinte años después, y su hijo Hugh -se habló de ello en su tiempo-, que vivía en Nueva York, y había viajado a Inglaterra para asistir al entierro de su madre, tuvo la mala suerte de hacer el viaje de vuelta en el Titanic. Aunque, quizá, su mala suerte no fue tanta, porque fue uno de los supervivientes.

  
"Apolo y Palas Atenea", y "Grupo de niños con chaqueta azul" -de su uniforme escolar", dos obras bien distintas, para un autor que usaba la mitología para expresar sus ideas artísticas más personales, y las "realistas" y los retratos para ganarse la vida, aunque siempre con un estilo propio.