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viernes, 6 de enero de 2017

Los prerrafaelitas (y LV): Conclusión y ¿fin? Por el momento, sí.

Después de un preámbulo, cincuenta y cinco entradas y unos cuantos anexos, la historia llega a su fin. Al menos, en teoría.


Bien, en algún momento se acabarían los temas sobre el prerrafaelismo y los prerrafaelitas. Con toda seguridad, me he dejado por el camino a algunos artistas, bien por ser secundarios, por ser prerrafaelitas dudosos -aunque no pocos de ellos han sido también comentados aquí-, o, simplemente, porque no los conozco ni de oídas. Realmente, han sido muchos los pintores, y no pintores, que han acabado con su entrada de turno porque, al ser tan larga la serie, he tenido tiempo de encontrarlos y conocerlos, aunque sea mínimamente.
De todas formas, hay que decirlo claro: no, no acaba aquí. Seguirá habiendo anexos, porque de algunos autores, algunas obras han quedado por sacar aquí, y siempre, siempre, resulta posible encontrar algo. La moda, la fotografía, la ilustración moderna, la música, el cine y la televisión... resulta extraordinariamente fácil, si se busca de forma más o menos concienzuda, encontrar algo. Facebook, por poner un ejemplo, está lleno de páginas de grupos, o de personas en solitario, que han querido dedicar una de ellas al movimiento en general, a la Hermandad, o a algún artista en particular. Una de las que parece tener más seguidores -también en webs en general, e incluso en vídeos en youtube- es, curiosamente, alguien que mucha gente no considera una artista propiamente dicha, ni parte íntegra del movimiento, sino una simple modelo, y protagonista desgraciada de una triste historia de amor y desamor: se trata de Elizabeth Siddal, que parece fascinar a no pocos neo-victorianos, a interesados por aquella época -que duró décadas, así que tampoco resulta tan extraño encontrar en ella a alguien, o algo, que despierte precisamente, eso, algún interes-, o simplemente, a quien se topa con su vida, y también, con su obra.


Se podría seguir hablando de ellos, y de su época, casi eternamente.

Los prerrafaelitas, como se cuenta en libros y en webs, fueron algo así como la vanguardia antes de que hubiera vanguardias. El nombre de "prerrafaelita" ha acabado siendo mucho más que el querer inspirarse en el arte anterior al pintor italiano del Renacimiento Rafael. Sería, por lo demás, casi ridículo circunscribirse a esa idea: dejar de lado lo que se pintó o esculpió posteriormente a una fecha en particular, y tomar ejemplo de lo anterior. 
Este grupo, enorme y dispar grupo de artistas, de genios, tan diversos entre sí, fueron una auténtica ruptura del arte británico, y en menor medida occidental, que hizo que la pintura de dicho país ocupara, por fin, un lugar privilegiado en la historia del arte europeo, pues anteriormente, y excepto casos aislados, como Joshua Reynolds, o William Turner, nunca destacó por sus artistas, siempre ofuscados por los europeos del sur: italianos, españoles y franceses. Pero no sólo fue una auténtica revolución artística, sino también un fenómeno social y cultural. El prerrafaelismo pudo beber de muchas fuentes, como el romanticismo -no sólo patrio, sino también francés o alemán-, o la pintura más o menos academicista, o el neo-clasicismo, sino que mezcló todo aquello, eliminó lo que, simplemente, no agradaba a aquellos "jóvenes airados", y crearon algo que, aún hoy e día, se deja ver y sentir en el arte y la cultura de los británicos actuales.


¿Pero cuántos fueron, los creadores de la Hermandad?

En principio, siempre se habla de tres, pero realmente, fueron siete. Sin embargo, habría, quizá, que hacer dos grupos separados, con algunos miembros comunes. Precisamente, la llamada "Santísima Trinidad del prerrafaelismo".
Entre los fundadores, los que dijeron "Aquí se forma una Hermandad de artistas, que serán los prerrafaelitas", en 1848, hubo siete: John Everett Millais, William Holman Hunt y Dante Gabriel Rossetti -pintores, en ocasiones poetas, al menos Rossetti, y los tres nombres principales de este tinglado-, y tras ellos, James Collinson -pintor, novio de Christina Rossetti, y tras romper con ella, también lo hizo con la Hermandad y el movimiento, siendo, finalmente, un pintor clásico con fuerte infuencia del catolicismo, al que se convirtió antes de romper su noviazgo-, Frederic George Stephens -pintor no especialmente brillante, que abandonó los pinceles al pensar que no podría hacerlo mejor, y que se dedicó a la crítica, la historia del arte, y trabajos académicos o en museos- y Thomas Woolner -escultor y poeta; emigrado a Australia, y vuelto a su país, en ocasiones no es considerado un auténtico prerrafaelita porque no fue nunca pintor; el prefirió la escultura, donde se ganó un nombre y no poca fama-.
Hasta ahí, los siete fundadores.

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Millais, Rossetti y Hunt, la "Santísima Trinidad" de la Hermandad, y del prerrafaelismo en general.

Ahora bien, la Hermandad propiamente dicha, como un conjunto de artistas reconocidos, con su clientela y sus críticos, y que son todavía recordados como, todos y cada uno de ellos, como ejemplos claros del prerrafaelismo, con sus seguidores y admiradores -y críticos- todavía en hoy en día, ¿a cuántos se podrían contar, enumerar?
De nuevo, vuelven a aparecer Holman Hunt, Rossetti y Millais. Pero también cabrían, al menos, otros tres: Edward Burne-Jones -un pintor genial, algo más joven que los tres primeros, y que también es considerado un antecedente del simbolismo-, su amigo William Morris -diseñador, en ocasiones también pintor, poeta, espíritu inquieto y unificador del grupo- y por último, aunque algunos dudarían en añadirla al grupo, Elizabeth Siddal -modelo y musa del prerrafaelismo, esposa de Rossetti, pero también ella, artista: pintora y poeta-. 
Realmente, si hablamos del núcleo de la Hermandad Prerrafaelita, el grupo que convivía, pintaba, o se peleaban, si llegaba al caso, por ser una auténtica familia artística, aunque no siempre tuvieran entre ellos buena relación, serían ellos seis, los que merecerían estar ahí. 
Estos son el núcleo de la Hermandad.

Habría, también, personas relacionadas de forma directa con ellos. Los unos, de forma artística. Los otros de forma más personal o íntima. Aquí cabrían  hermanos, esposas, amantes o modelos, críticos, o pintores que tuvieron relación directa con ellos, pero sin llegar a formar parte de la Hermandad, o incluso, entrando en ella, pero de forma algo tardía, y sin llegar a tener demasiada relación con los demás.
Entre los primeros, y aparte de Siddal, y dejando aparte a mucha gente -ciertamente- se destacaría a Effie Grey -amante, y más tarde esposa de Millais, con quién disfrutó de años de tranquilo matrimonio-, Jane Morris -modelo de Rossetti, y muy probablemente amantes, o al menos algo debió intentar él, y esposa de William Morris-, Georgiana MacDonald -esposa de Burne-Jones, que ocultó y aguantó su infidelidad, aparte de tener que "compartirlo" con Morris, y que era una artista de la madera  y pintora, ella por sí misma-, Annie Miller -la modelo y amante de Holman Hunt, a la que nunca pudo hacer su esposa-, Fanny Cornforth -modelo, amante y segunda esposa de hecho de Rossetti-, William Michael Rossetti -hermano de Dante Gabriel; funcionario, poeta aficionado, algo así como biógrafo de la Hermandad, y director de "The Germ", la efímera revista del grupo-. Y aparte de ellos, y de las demás modelos y amantes de Rossetti, el muy afanado y respetado crítico John Ruskin -primer esposo de Effie Gray, y el que más hizo para sacar a los miembros de la Hermandad del casi anonimato-. 
A ellos, y sobretodo a ellas, se les podría considerar el círculo sentimental, familiar y crítico de la Hermandad.

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Elizabeth Siddal fue una auténtica pin-up de la época. Musa y espíritu femenino del prerrafaelismo, hasta hace pocas décadas -en que empezó a verse, en televisión o teatro, su vida y carácter- no se supo de su intimidad y personalidad propia, más allá de una modelo sin voz.

Y sobre los segundos, resulta evidente que, tras triunfar -e incluso antes, cuando apenas se les conocía, más allá de sus amistades, o antiguos compañeros de estudios artísticos-, que hubo otros pintores con los que tenían amistad, hablaban de arte, compartían intimidades o se enseñaban obras, o recibían su influencia directa, por ser no sólo admiradores suyos, sino también amigos.
Entre ellos, destacar a Walter Howell Deverell -que habría ocupado el espacio de Collinson, si no hubiera muerto tan joven-, Arthur Hughes -amigo de Millais y Hunt desde la Royal Academy; sin llegar a haber sido nunca parte de la Hermandad, siempre tuvo relación con sus miembros-, Frederick Sandis -fue miembro, pero ingresó tardíamente, y no tuvo una relación tan directa con ella como otros artistas "externos", Valentine Cameron Prinsep -amigo cercano de todos ellos-, y sobre todo, Ford Madox Brown -que nunca se consideró, ni fue considerado, ni parte de la Hermandad, ni del movimiento, pero recibió influencias, y tuvo relación estrecha con Rossetti, Siddal, etc.- y Marie Spartali Sstillman -alumna de Rossetti, Madox Brown y Burne-Jones, y una de los mejores prerrafaelitas de segunda generación-. 
Y entre los poetas, que también los hubo, y dejando aparte a los miembros que se dedicaron de forma secundaria, o al mismo nivel, que a la pintura -Rossetti, Woolner, Siddal; algo Morris-, Christina Rossetti -hermana de Dante Gabriel, y temporalmente, novia de Colinson- y Algernon Charles Swinburne.
Ellos formarían un segundo círculo artístico alrededor de la Hermandad.

Y tras ellos, una larga, muy larga lista de artistas. Y más, si se incluyeran pintores o dibujantes que, sin ser prerrafaelitas, en algún momento miraron a ellos, y no pudieron -ni quisieron- evitar recibir su benéfica y constante influencia. Para no alargarse con una lista casi interminable, destacar sólo a unos pocos, que sin haber sido nunca parte de la Hermanda, y en no pocas ocasiones, ninguna, o poca relación personal profunda con ninguno de sus miembros, no dejan de ser, o de ser considerados parte importante del movimiento: Frederic Leighton, Lawrence Alma-Tadema, Simeon Salomon, Edmun Blair Leighton, John William Waterhouse, John Brett, Evelyn de Morgan, y un largo etcétera.
Ellos serían, por último, el tercer círculo, externo, alrededor de la Hermandad. Sin relación con ella, pero parte del movimiento.

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Una de las ninfas imaginadas por Frederic Leighton. La pintura europea raramente se había atrevido a retratar de semejante forma a una mujer, de origen divino, pero de aspecto completamente humana, sensual e inocente al tiempo. Y sin duda, tan irresistible en su momento, como lo es ahora.

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Las bárbaras -y carísimas- fiestas de Heliogábalo, uno de los emperadores más nefastos, pero atractivo en su degeneración y sus inacabables ideas para arruinar el Imperio Romano, su imagen y la confianza de sus súbditos en el gobierno y el estado, fueron retratadas -o más bien uno de ellas, en que hizo llover tal lluvia de pétalos de rosa sobre los invitados, que algunos murieron ahogados por ellos-, por Lawrence Alma-Tadema, holandés de nacimiento, y británico de adopción.


Rebelión, lucha y aceptación.

Realmente, el prerrafaelismo fue, tanto una revolución artística, como también social. Estamos hablando de 1848, aunque los tres miembros principales, y alguno de los secundarios, o "accesorios", -artistas que los conocían y siempre estuvieron cerca de ellos-, ya llevaban tiempo trabajando juntos, y hablaban de unirse para crear algo especial y rupturista. Aquella primera mitad del siglo XIX podría destacarse, entre otras cosas, por multitud de revoluciones políticas y sociales -1830, o 1845-, que en realidad, no dejaban de ser una continuación de la Revolución Francesa, y de las guerras de la Francia revolucionaria, y posteriormente el imperio de Napoleón, que trastocaron el orden político y social europeo y americano -la independencia de las naciones latinoamericanas- para siempre. Ellos, en realidad, no dejaban de ser hijos de su tiempo, y la búsqueda de un nuevo camino para el arte no dejaba de llevar consigo una filosofía de vida que lo mismo bebía del romanticismo, como parecía abrir camino para nuevas vanguardias, visiones del mundo, o movimientos filosóficos o vitales.
Gran Bretaña, en particular, había permanecido más tranquila -Guerras Napoleónicas aparte-, pero la industrialización, anterior a la de otros países europeos, la urbanización -debido a la emigración masiva del campo a la ciudad- y los problemas sociales, económicos y de salud pública e higiene que provocó todo aquello, hicieron que, en una generación, Gran Bretaña, más aún Londres, fuera un lugar nuevo, y nuevos hombres y mujeres nacían en él, y en él vivían, sufrían y soñaban.
Ese 1848 -el "año de las revoluciones", tanto políticas como sociales, a lo largo y ancho de casi toda Europa-, los siete fundadores crearon la Hermandad. Pero se encontraron con que, aunque deseaban ser vistos como un grupo de artistas diferenciados, no tenían demasiado interés en firmar un manifiesto público, presentarse en sociedad. Fue casi, valga la redundancia, una sociedad secreta, con un documento que cada uno de ellos firmó como si fuera un pacto de sangre, aunque, al mismo tiempo, firmaban algunas de sus obras con su nombre, evidentemente, pero también pintaban, muy pequeño, pero de forma visible para el que observara de cerca tal o cual obra, con un PRB: Prerrafaelite Brotherhood -Hermandad Prerrafaelita-.
Como ya se comentó en su momento, comprendieron que, a falta de mayor fama -eran sus principios-, necesitarían de otros medios para hacerse famosos. De ahí, la existencia de "The Germ", o "El germen" -quizá también podría traducirse, de forma un tanto libre, como "La semilla"-, intentando llegar, de una forma, en su tiempo, moderna, tanto a críticos, como a otros jóvenes artistas, en ciernes o con una carrera mínimamente encarrilada, que buscaban algo más, pero que no debían saber el qué.
Y también sabemos algo más: la revista fue un completo fracaso. Solamente cuatro números, cuyos originales, hoy en día, están buscadísimos, y que hace ya más de un siglo, fueron reeditados en forma de libro, cuando el prerrafaelismo no sólo era una de las columnas del arte victoriano, sino también empezaba a ser parte de la historia del arte. Sobretodo, porque el modernismo, en sus distintas versiones nacionales, estaba empezando a arrinconarlo, a hacerlo olvidar. Muchos artistas jóvenes lo consideraban parte del "arte antiguo", del "arte académico, o academicista". Justo de lo que quisieron escapar toda su vida.
Al menos, algunos irreductibles, como Rossetti y Burne-Jones, nunca se rindieron a la tiranía del mercado, y siguieron con su estilo, mejorándolo con el paso del tiempo, hasta el final. Ellos nunca estuvieron dispuestos a realizar obras más conservadoras, siguiendo las reglas académicas. Siempre fueron rebeldes, de forma que Rossetti acabó siendo el más prerrafaelita de todos, y Burne-Jones, si saberlo, o sin quererlo saber, fue uno de los fundadores, o al menos de los que prepararon el camino, para el simbolismo.
Una cosa sí es cierta, y en eso, series o libros de, digamos, historia novelada, no mienten: empezaron desde muy abajo. Se las veían canutas para, como se dice popularmente, llegar a fin de mes, y hasta que no fueron apadrinados por John Ruskin -al que a veces, se le ha tratado de forma un tanto demasiado dura-, tenían que compartir vivienda, estudio, y hasta modelo. Elizabeth Siddal, según se lee en alguna web, fue lo más parecido a la chica pin-up del prerrafaelismo. Fue musa del movimiento, modelo, en uno u otro modelo, tanto de Millais, como de Hunt y, sobretodo, de Rossetti. Su historia de amor y desamor, ya es de sobra conocida, así que no vale la pena volver a explicarla aquí. Sin embargo, su vida, sus rostro y su arte son el alma femenina de la Hermandad, ya que otras mujeres prerrafaelitas, con una vida más larga y menos triste, y una obra mucho más extensa, como Evelyn de Morgan o Marie Spartali, no formaron parte íntegra de ella, aunque sí es cierto que estuvieron cerca de la Hermandad -sobretodo Spartali, alumna de varios miembros de la "primera generación".

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"Hacia la tierra desconocida". Y no hay nada más desconocido que la muerte. Una de las obras más fascinantes de Edmund Blair Leighton, gran pintor de escenas de un Medievo irreal que, sin embargo, sin duda influyó en el cine de décadas posteriores.


Algunas cosas más. ¿Prerrafaelitas? ¿Por qué? Cómo se les veía en la Academia.

El nombre de prerrafaelita hace referencia al pintor italiano Rafael (1483-1520), uno de los grandes genios, de las figuras más deslumbrantes y extraordinarias del Renacimiento, y en particular, del cinquecento -la última y más extraordinaria época de dicho período artístico y cultural: el siglo XVI-. Tras él -también de Miguen Ángel y Leonardo-, se llegó al cenit de la perfección y el logro artístico. Sin embargo, los jóvenes airados del movimiento no desearon seguir el mismo camino de sus maestros de la Royal Academy, considerando la obra de Rafael -por ejemplo, y en particular, "La transfiguración"-, como un ejemplo de pomposidad, de falta de realismo y naturalidad. Ellos deseaban un arte alternativo, que pensaban que conduciría al espectador a una visión de un mundo nuevo, anunciado, también, por un nuevo arte. Aquí se denota, pues, que no sólo fue, al menos en un principio, una revolución únicamente artística.
Estas ideas, consideradas iconoclastas, casi destructivas -se diría, casi, apóstatas, como renegando de la única religión verdadera de la crítica artística- hizo que, si bien estuvieron siempre bien considerados por maestros y alumnos -compañeros suyos que, en ocasiones, no sólo tomaban nota mental de lo que de ellos escuchaban, sino que acabaron formando parte de la futura Hermandad, o sintiéndose cercanos a ella-, nuca fueran considerados del todo "tres más de los nuestros". Y eso que contaban entre ellos a Millais, un niño prodigio, que pudo ingresar en la Academia con sólamente once años, el alumno aceptado más joven de su historia, y auténtico niño prodigio.
 En una sociedad tan conservadora, que, al no tener demasiado pasado histórico, rendía pleitesía tanto al arte renacentista, como a Joshua Reynolds -uno de los fundadores de la Royal, su primer presidente, y casi padre fundador de la pintura británica-, el que aquellos jóvenes salieran con aquellos ideales revolucionarios, tan poco británicos y victorianos -aunque, en aquellos tiempos, todavía no se hablaba de "época victoriana", pues a la reina Victoria todavía le quedaba mucha vida por delante- no podía más que darles problemas para que sus obras recibieran buenas críticas, apoyos o encargos, si bien la Academia les permitía, como a cualquier otro estudiante o ex-estudiante, exponerlas, aunque no fuera en un espacio privilegiado, precisamente.
En cambio, hubo otro artista renacentista, Boticelli, quien fue, literalmente, recuperado para el gran público por los prerrafaelitas. Al ser un artista que daba gran importancia a los sentimientos de los personajes, más que a lo que estos jóvenes consideraban posiciones artificiosas con que eran pintados, fue un tanto ninguneado en su época -eso, y el encontrarse a otros artistas aún mejores que él-. Ellos, quizá no sólo por interés por su obra, sino también por llevar un tanto la contraria, pues en la Academia se le daba más bien poca importancia o atención, acabaron por colocarlo en el lugar que merece en la historia de la pintura europea.

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Así retrata una ilustración, probablemente de principios del siglo XIX, anterior al prerrafaelismo y a la subida al poder de Victoria, la sala de exposiciones de la Royal Academy. No sé si llegaron a exponerse al mismo tiempo tantos cuadros, ni tan pegados unos a otros, pero sin duda, sí que era uno de los centros culturales de la época, y sus exposiciones atraían multitudes.

Bien, en principio, aquí acaba esta larga, larguísima serie sobre el prerrafaelismo. Estoy casi seguro que habrá alguna entrada más. Una entrada LVI, o cincuenta y seis, aparte de algún, o algunos anexos. La influencia del prerrafaelismo y el arte, en la cultura británica -y más allá, aunque sea de forma más imperceptible, sin que nadie sepa bien de dónde puede haber llegado- sigue presente, pues, entre otras razones, no sólo es mantenida viva por los museos -el Tate, por ejemplo-, las salas de exposiciones, o los documentales en televisión, sino también por la enormidad de webs, vídeos o páginas de facebook que gente anónima les dedican a sus miembros, y al mundo, la época, en que vivieron, trabajaron y murieron: básicamente, la Época Victoriana, pues la Eduardiana sólo la conocieron algunos de ellos, y ya ancianos, a no ser que hablemos de algunos neo-prerrafaelitas fallecidos ya en la década de los 50 del siglo XX. Pero en este caso, se podría decir que estamos hablando de un auténtico anacronismo histórico-artístico. Y también, es innegable, de algo que se resistió a morir definitivamente. 
Si es que murió, pues una y mil veces, en el cine, en la fotografía, en la ilustración, en los escasos pintores figurativos que aún quedan, vemos su influencia, todavía viva y en plena forma.



miércoles, 19 de octubre de 2016

Los prerrafaelitas (XLIX): Temas y personajes, en ellos y sus contemporáneos (1.-). Dante y Beatrice.

Toda época, y todo movimiento, tiene unos temas preferidos, y algunos se repiten en las obras prerrafaelitas o en los que recibieron su influencia, incluso en el extranjero.


Acabando ya la larga, larguísima serie sobre el prerrafaelismo -bueno, no del todo; esta no será todavía la última entrada- no está de más hablar de algo que, una vez que se miran, y admiran, una buena cantidad de obras de los miembros del movimiento, tanto parte de la Hermandad, como externos, o de prerrafaelitas "poco claros", o que sin serlo, fueron sus contemporáneos -y algo de ellos se ve en lo que pintaron-, siempre hay algunos personajes que se repiten. 
Y cuando se habla de temas, entiéndase, no se puede ser demasiado vago. No se puede decir que los prerrafalitas pintaron sobre "la Antigüedad", sin más, sino más bien si optaron por retratar "damas romanas", que más bien parecen victorianas vestidas de romanas -a veces-, o da la impresión de que los autores pudieron viajar en el tiempo, y poner de moda entre las mujeres de los aristócratas -patricios o plebeyos- el retrato en lienzo y con pinturas al óleo, u otras cosas. Por ejemplo, una visión lo más historicista, realista -dentro de lo que cabe- de las épocas retratadas. En otros tiempos, en el Renacimiento o el Barroco, resulta claro que, cuando se retrataba a santos, a Alejandro Magno o a Julio César, los artistas no tenían ni idea de cómo vestían aquellas gentes, o cómo eran los ejércitos o las ciudades -que más que griegas, o romanas, parecen medievales; en alguna, incluso dándose a suponer que eran Babilonia, o la Jerusalén de tiempos de David o Salomón, hasta parece verse una catedral cristiana, lo cual es, desde luego, un anacronismo tremendo-. Pero en el siglo XIX, con tantos descubrimientos arqueológicos, exploraciones, y obras históricas de calidad -desde el británico Edward Gibbon, aún en el XVIII, con su "Decadencia y caída del Imperio Romano", o los estudios de la antigua Roma del alemán Mommsen-, a los artistas se les exigía, aunque fuera de forma implícita, algo más de realismo, de atenerse a la realidad. O al menos, a la realidad sobre la Antigüedad que en esos tiempos se tenía, o se suponía.
A ello habría que añadir, aparte del re-descubrimiento de esa Antigüedad greco-romana, el repaso y estudio profundo de los mitos griegos, así como de leyendas e historias -con mayor o menor base histórica- del Medievo. Además, el siglo XIX fue el siglo de los estados-nación, pero también de la aparición de los nacionalismos de los pueblos sin estado propio. Uno y otro -más bien habría que escribirlo en plural, pues nacionalismo y nacionalistas aparecieron en todas partes- también necesitaron el re-descubrimiento, y la re-escritura del pasado. Un pasado que debía ser siempre no sólo glorioso, sino también atractivo, hermoso, literario. Las leyendas, los cuentos, los personajes considerados más fantásticos que reales, de golpe, pasan a ser "padres de la patria", aunque fueran patrias que ellos nunca conocieron. El rey Arturo, por poner un ejemplo, pasó a tener una importancia que, durante mucho tiempo, su espíritu -¿fantástico?,  ¿literario?- no debió ni soñar en tener.
Pero ahora, mejor pasar a listar algunos de esos temas, y en ellos, personajes de lo más vistos en los cuadros de los maestros del prerrafaelismo, y de algunos que, sin serlo, fueron sus contemporáneos, y vivieron el mismo ambiente -más bien explosión- cultural y artística. Y digo algunos, porque con una entrada, no  habrá suficiente, sino que, en caso de querer una lista más o menos completa, harían falta varias:


Personajes de origen literario, o directamente, escritores e intelectuales ( I ).

Sin duda, en una época como la Victoriana, donde la cultura británica -sus artes plásticas, su arquitectura, pero también, su literatura-, fue una de las principales del mundo -junto a la francesa, quizá; la alemana, mucho más dirigida a la ciencia y la investigación, o a la filosofía, tuvo una influencia distinta- resultaba lógico que los personajes de muchas obras literarias acabaran siendo no sólo extraordinariamente populares dentro del Imperio, sino, a la corta o a la larga, también fuera. Ejemplos, aunque fueran de años un tanto posteriores a los 50 del XIX -cuando se creó y creció la Hermandad- serían Drácula o Sherlock Holmes, pero en aquellos tiempos, fueron otros, a los que habría que añadir personajes muy anteriores -creados por Shakespeare, por ejemplo-, o no británicos, sino, por ejemplo, italianos de tiempos del Renacimiento. Pero no sólo los personajes ficticios eran populares para ser retratados, sino los mismos autores, y más, cuando su vida estaba entre el mito y la realidad. Lo mismo que, en el XIX, Oscar Wilde era tan o más conocido por sí mismo que por su obra, lo mismo podría decirse, salvando las distancias, de Dante, por ejemplo. Y es de Dante, de quién se hablará en primer lugar.

*Dante Alighieri, uno de los iniciadores del Renacimiento, y su amor por Beatrice: Realmente, más que Dante, y su obra, que cualquier británico culto conocía -aunque fuera de oídas; había mucha gente, que había leído ciertos libros sólo "en teoría"; el haberlas leído significaba contar con un importante acerbo cultural, algo que, hoy en día, y de forma tal vez menos clasista, pero también un tanto lamentable, ha dejado de ser importante-, lo que llamaba la atención fue un hecho de su vida privada. O más bien, un supuesto hecho: se cree que el personaje de Beatrice -Beatriz- de "La Divina Comedia" no se lo sacó de la manga, así por las buenas, sino que está basado en una joven, seguramente también llamada Beatrice, de la que se enamoró perdidamente desde niño. Esta mujer real podría haber sido una tal Beatrice Portinari, casada con un rico banquero viudo, y por tanto, el amor que Dante -que también estaba casado- debía sentir por ella era puramente platónico, trovadoresco -o más bien, una versión renacentista del amor cortés, que era medieval; hay que tener en cuenta, sin embargo, que el Renacimiento italiano apareció en el siglo XIII, cuando el Medievo estaba todavía lejos de acabar-, y muchos imaginaban la escena en que Dante se la encontraba en tal o cual lugar de la legendaria Florencia de aquellos tiempos. Hay, al menos, un par de autores prerrafelitas que lo reflejaron en alguna de sus obras:

"Dante y Beatrice", de Marie Spartali Stillman. A pesar de su origen griego, y del acerbo cultural helénico que llevara consigo, Spartali siempre se sintió más atraída por la Italia del Renacimiento. Quizá, lo griego era para ella tan familiar, que no le podía fascinar tanto como a sus contemporáneos anglosajones.

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El artista Henry Holiday no fue tan popular como Marie Spartali, tampoco tan prolífico como ella, pero pintó un cuadro que se hizo muy popular: "Dante y Beatrice" -también-, donde el escritor se encuentra -dudosamente de forma casual- con su amor imposible en el puente de Santa Trinidad, 

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Como no, no podía faltar alguien tan pasional, y atraído por la época, como fue Dante G. Rosseti, con el que hasta compartía nombre. Aquí, en "El sueño de Dante a la hora de la muerte de Beatriz" (1856), va más allá, imaginado al pobre Dante viendo en sueños -aunque de forma vívida- como su amada abandona este mundo. No la pudo tener en vida, tampoco en sueños. Aunque en teoría no querían estar vinculados a los románticos, una corriente más francesa y algo anterior -sobretodo, de la primera mitad del XIX, aunque no se extinguió así como así-, sin duda, aquí sí se nota su influencia: amor, dolor, sentimientos a flor de piel, aunque fuera en sueños. Algo, la mezcla o confusión entre lo que era sueño y realidad, también muy romántico. El Romanticismo echó buenas raíces, sin duda.

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"Beata Beatriz", con "su" Elizabeth Siddal como modelo. La pintó viva, y tras su muerte. Otro amor imposible, aunque no por razones sociales que impidieran el matrimonio, sino por la personalidad de uno y otro. Este cuadro fue una de las representaciones canónicas de Beatriz, amor de Dante. Rossetti fue, ante todo, un gran retratista de mujeres en segundo plano, aunque también era capaz de pintar, y muy bien, escenas con varios personajes.

Y aquí, por fin, también Rossetti pinta a la Beatriz de "La Divina Comedia", en la parte dedicada al paraíso. De ahí el nombre de la obra: "El saludo a Beatriz en el Paraíso".

Y claro, también existe la teoría -nada descabellada- de que Beatrice Portinari existió, sí -pues hay pruebas documentales de ella-, pero, o Dante no la conoció, o sí, pero sólo cuando eran niños, y ya adulto, la olvidó. O bien, se conocieran o no, sólo fue de vista -la Florencia de la época no tenía más que unas decenas de miles de habitantes, y la "gente importante", apenas serían unos cientos; todos conocían de vista a todos, o casi-, y el supuesto amor platónico o fue más que una metáfora. O una suposición de lectores y críticos posteriores.
Eso sí, en caso de ser no más que un fantasma literario, con toda seguridad podría decirse que ese amor ha acabado por ser algo real, aunque sólo sea en el mundo de la fantasía, por la enorme cantidad de gente que ha creído en él.




lunes, 1 de agosto de 2016

Los prerrafaelitas  (XLIV): Las modelos de la Hermandad -musas, amantes, esposas... y artistas-. (2.-).

En esta segunda parte, las modelos que no llegaron a casarse con ningún miembro de la Hermandad, ni a tener su propia carrera artística.


Hace poco realicé una entrada donde recordaba, de nuevo, a personajes importantes en el movimiento prerrafaelita, como fueron Elizabeth Siddal, o Marie Spartali, o en menor medida, Effie Gray -si bien ella no fue artista, sino más bien uno de los vértices de los triángulos amorosos que más dio que hablar, una vez conocido, en la Inglaterra victoriana-. Ahora, quizá convendría hablar de otras mujeres, de origen social en ocasiones muy modesto, bajo, y en otros elevados, que no tuvieron posibilidad, o capacidad para ser artistas, ni tampoco tuvieron interés, u oportunidad -todo es relativo- para ser las esposas de tal o cual miembro de la Hermandad. De varias se ha hablado un poco ya, pero debido a que comencé a escribir sobre los prerrafaelitas cuando todavía los conocía muy poco, ciertos temas, como su vida sentimental o sexual, quedaron bastante sin tratar, y sólo en entradas posteriores se fue contando algo.
Así, pues, empecemos, y basta ya de prólogo.


Las mujeres de Dante Gabriel Rossetti: Fanny Cornforth y Alexa Wilding.

De sobra sabido es ya que Rossetti era un hombre excesivo en todo, y también en cuestiones tanto sentimentales como sexuales. Nunca tenia suficiente, podía ser encantador, pero también posesivo, egoísta y falso: exigía a su esposa Elizabeth que no posara para otros pintores, temía que se fuera con algún amigo -o peor, enemigo-, pero él no tenía empacho en irse a la cama con cualquiera de sus modelos, o con alguna mujer que ni lo fuera, ni tuviera interés en ello.
También se sabe que estaba obsesionado con Jane Morris, que en principio fue mutua, pero que, una vez que la joven maduró y se dio cuenta de qué tipo de persona era Rossetti, prefirió casarse con William Morris, aunque acabó reconociendo que no lo quería, o al menos, que nunca estuvo enamorado de él. Aún así, la vida común de los Morris fue bastante amistosa hasta que cada uno buscó su camino. Eso sí, sin romper el matrimonio, algo realmente mal visto en la Época Victoriana, a pesar de que tanto William como Jane Morris eran, para su época, personas de mente abierta.
Hubo, aparte de Siddal y Morris, otras mujeres en la vida de Rossetti. Algunas fueron prostitutas, otras, conquistas rápidamente olvidadas, y también alguna modelo que poco trabajó para él. Pero al menos hubo dos que sí tuvieron un espacio importante en su vida, y más, una vez que enviudó: Fanny Cornforth y Alexa Wilding.
Fanny Cornforth (1835-1909) tenía un origen mucho más modesto que Siddal. Por saberse, nii tan siquiera se sabe por qué se hacía llamar así, pues Cornforth era el apellido del padre, o padrastro, de su primer marido. Parece que su auténtico nombre fue Fanny Cox. Muy probablemente, Rossetti la conoció ejerciendo la prostitución, pues Fanny era una mujer urbana de clase baja, analfabeta y sin experiencia laboral reseñable, cor orígenes rurales -probablemente, sus padres marcharon a Londres poco antes de que ella naciera, pero todo son conjeturas-, y que no tardó en ejercer primero de modelo, y tras la muerte de Siddal, de ama de llaves, en la casa de Rossetti. Parece que Siddal no llegó ni a saber de la existencia de Cornforth. En sus últimos años, realmente, la pobre Lizzy apenas sabía qué pasaba a su alrededor. Lo que sí se sabe, es que la noche en que Siddal se suicidó, ingiriendo una sobredosis de láudano, Rossetti fue a visitar a Fanny, o como él la llamaba a veces, "mi elefante". Fanny era, realmente, una mujer de aspecto curvilíneo y voluptuoso, bien distinta de jóvenes altas y delgadas, casi sin curvas, como Elizabeth Siddal, o Jame Morris, y tal vez esa diferencia resultaba realmente atractiva a Rossetti, que desde luego, no era justo con ella, tildándola de elefante.
Ciertamente, Fanny no era una mujer falta de atractivo. Aunque el hermano de Rossetti insiste en que era rubia, aparte de buena persona, más bien era pelirroja. Por lo que fuera, Dante Garbriel sentía atracción especial por las mujeres de cabellos rojizos, pero también que, por su situación económica y personal, y su falta de cultura -no por gusto, sino por falta de oportunidades- se pudieran sentir deslumbradas, y al tiempo desearan ser "protegidas", o más bien dirigidas, por un artista de renombre e importantes ingresos económicos, como era él. O al menos, lo fue en sus buenos tiempos, pues las disputas con los críticos, la pérdida de clientes, y sus problemas mentales y con las drogas, debieron de hacer de Rossetti una persona con la que era realmente difícil, muy difícil convivir. Fanny, realmente, llegó a casarse no una, sino dos veces, pero el primero fracasó, aunque el segundo, con John Schott, de familia de actores, fue más estable, y perduró hasta la muerte de éste. En realidad, resulta un tanto complicado seguir la vida de esta mujer, mejor persona, y más paciente, de lo que creyó tras la desaparición de los prerrafaelitas, y que tuvo un firme defensor en William, el hermano de Dante Gabriel, que siempre la consideró una excelente persona -probablemente, pensaría que su hermano habría estado y acabado mejor de haberse casado con ella- pues parece probable que estuviera, al tiempo, casada y viviendo en pareja con Rossetti.
Tras la muerte del pintor, de su marido, y finalmente de su hijastro -el hijo de su marido-, acabó ingresada por su cuñada en un centro para enfermos mentales, donde vivió y murió de forma oscura. Hasta hace bien poco, su nombre y existencia apenas eran tenidos en cuenta a la hora de hablar del prerrafaelismo, pues, al contrario que Siddal, no fue una artista, ni tampoco se transformó en una culta dama, como Jane Morris. Pero eso no significa que no merezca su espacio en la historia general del prerrafaelismo en general, y la Hermandad en particular. Aunque sea un espacio pequeño.

"Lady Lilith", con Cornforth de modelo (1868). Se trata de una reproducción en forma de acuarela, que más adelante...

Lady-Lilith.jpg
... sería repintado, en 1872-3, con el rostro de su otra modelo preferida, Alexa Wilding.

 1859.png Dante Gabriel Rossetti Bocca Baciata
"Bocca Baciata" 1859), no sólo fue una de las primeras pinturas realmente famosas de Rossetti, y también de las primeras obras en las que apareció Cornforth, sino también el principio de la fama a gran escala de Rossetti.

Una foto de familia. De izquierda a derecha: el poeta Algernon Swinburne -gran amigo de Rossetti, y junto a Christina, hermana de éste, uno de los pocos literatos que podrían considerarse realmente prerrafaelitas-, Dante Gabriel Rossetti, Fanny Cornforth -cuando trabajaba de ama de llaves para su amante, y vivía, al menos por temporadas, con él-, y William Michael Rossetti, que en su juventud fue poeta, además de crítico, defensor y cronista no oficial del prerrafaelismo, y que participó activamente en su revista "The Germ".

Un dibujo a lápiz de Fanny, probablemente de finales de los 50, o principios de los 60 del XIX.

Otra mujer importante en la vida de Rossetti, aparte de las tres nombradas, aunque menos, sería Alexa Wilding. Alice, o Alexa Wilding, era una mujer de origen obrero, que vivía sola con dos niños, que probablemente eran hijos de unos tíos con los que convivió hasta la muerte de ambos. Rossetti parece que la conoció de pura casualidad, viendola caminar por la calle, y la convenció para que fuera su modelo, prometiéndole pagarle bien para que no se viera obligada -o simplemente pensara- en posar para otros. Como ya se sabe y se ha dicho hasta la extenuación, Rossetti era muy posesivo con las que consideraba "sus mujeres", y eso incluía sus modelos. Alexa aceptó, aunque de mala gana, pues las modelos artísticas que no fueran de buena familia no tenían demasiada buena fama en aquellos tiempos, pero finalmente fue una de las modelos preferidas de Rossetti, que estaba encantado con la elegancia y sensualidad de la joven -como no- pelirroja. Sin embargo, existen una gran diferencia entre Wilding, con Siddal, Cornforth o Morris: nunca hubo -al menos que se sepa- ninguna relación sexual o sentimental entre el pintor y ella. Trabajaron en muchas obras, y no pocas de las más famosas -sobretodo de temática, digamos- medieval/renacentista- la tienen como modelo.
A pesar de que no hubiera amor entre ellos, sí existía una sincera amistad, pues Alexa, a pesar de que tras la muerte de Rossetti tuvo siempre un nivel de vida modesto, cuando podía, viajaba regularmente para dejar coronas de flores en la tumba del artista.

Pintura de Alexa Wilding
Alexa Wilding, como "Veronica Veronese" (1872).

Rossetti, Dante Gabriel - Ghirlandata - 1871-1874.jpg
La "Ghirlandata (1873), hizo que el rostro de Wilding pasara a la historia, aunque casi nadie sepa quién fue realmente ella. ¿El nombre de la modelo? ¿Importa eso? Pues quizá sí, más de lo que podría pensarse.

Pintura de Alexa Wilding
Alexa Wilding a la derecha, y Marie Spartali a la izquierda, en "La glorieta del prado" (1872). La década de los 70 del XIX fue, quizá, la mejor época artística de Rossetti.

Un retrato a lápiz de Wilding, de 1865, el año en que la descubrió Rossetti, de pura casualidad. Una casualidad a la que el arte debe mucho, pues Wilding fue una magnífica mdelo y musa.


Otro retrato a lápiz de Alexa Wilding, de 1879.

El dolor de cabeza de Holman Hunt: Annie Miller. Sus esposas: las hermanas Fanny y Edith Waugh

No sólo Rosssetti tuvo sus amores y modelos, o ambas cosas a la vez. Anni Miller fue otro personaje femenino que, al menos en sus primeros tiempos, tuvo su espacio e importancia en la historia de la Hermandad. De origen modesto, de padre militar -herido en las guerras napoleónicas, y que tuvo que buscarse la vida como pudo-, y tras perder muy joven a su madre, vivía con otros familiares hasta que la conoció Hunt, trabajando ella de camarera. En series y libros a veces se cuenta, o se insiste, en que, como Cornforth, ella también fue prostituta, pero o bien es una suposición -aunque pueda estar bien fundada- o lo hizo sólo de forma temporal. En realidad, en aquellos tiempos, en Europa había muchísimas mujeres que se prostituían, aunque sólo fuera en tiempos breves de su vida, por pura supervivencia, así que pudo ser ambas cosas a la vez. Hunt quería casarse con ella -sentía atracción física y sexual con ella, pero deseaba que ese sexo fuera dentro del matrimonio-, así que, cuando marchó a Oriente a inspirarse y "encontrarse a sí mismo", le pidió que se culturizase, se relacionara con Millais y otros pintores de confianza -que en cierto modo, no sólo la podrían tener de modelo, sino también vigilarla un poco-, y, en definitiva, le esperase.
Pero cuando volvió de Oriente Próximo, supo que Annie también había posado de modelo para el mujeriego insaciable de Rossetti -y por lo visto, debió haber algo más que amistad o trabajo, pues la misma Siddal acabó enfureciéndose con ambos, y tirando por la ventana varios dibujos que Rossetti había hecho de Annie-, entre otros, y que tenía algo más que amistad con un noble de mala vida, ell vizconde Ranelagh, lo que hizo que Hunt rompiera la promesa de matrimonio. El noble, incluso, llegó a aconsejar a Miller que reclamara a Hunt algún tipo de compensación, tras la ruptura unilateral. Pero Anni acabó dándose cuenta de que Ranelagh era una desgracia de hombre y, curiosamente, acabó por casarse con un tercero: el primo del vizconde, Thomas Thomsom, con el que tuvo al menos dos hijos, y vivió junto a él hasta su muerte, con ochenta y seis años. Ella todavía vivió seis años más, y, por lo que contó Hunt, se vio en alguna ocasión con el pintor, pero más por casualidad que porque ninguno de los dos planearan cita alguna.
Hunt, sin embargo, no permaneció soltero. Se casó con una joven anónima, que no ejerció de modelo, Fanny Waugh, que falleció en el parto de su primer hijo. Entonces, Hunt decidió casarse con su cuñada, Edith Waugh, pero como las leyes británicas prohibían los matrimonios entre cuñados, tuvieron que casarse en el extranjero con ella. Una tercera hermana, Alice, se casó con un amigo de Hunt, y miembro -al menos, al principio- de la Hermandad: el escultor, y en su juventud poeta, Thomas Woolner.

Uno de los retratos que realizó Rossetti cuando tuvo a Annnie Miller de modelo, para enfado y desesperación de Siddal.

Annie Miller, como Helena de Troya (1888), pintada por Rossetti.

"El despertar de la conciencia"; con una Miller que más bien parece una feliz esposa al la do de su marido. ¿Hunt imaginó su vida con la modelo, y quiso representarla aquí?

Millais también la pintó, aunque de forma austera. Como "la futura esposa de un amigo". A Millais siempre se le consideró "el buen chico" de la Hermandad, frente al excesivo y mujeriego Rossetti, y esa bomba de relojería a punto de estallar que en ocasiones era Hunt.

File:William Holman Hunt - Portrait of Fanny Holman Hunt.jpg
Un retrato de Fanny Waugh (1867), primera esposa de Hunt, fallecida en su juventud, durante un parto. El pintor se casaría al poco con una de sus hermanas, Fanny.


domingo, 24 de julio de 2016

Los prerrafaelitas (anexo IX): Más fotografía actual inspirada en los maestros de la Hermandad.

La fotografía, artística o de moda, ha encontrado un filón en el redescubrimiento del prerrafaelismo.


En más de una ocasión he comentado la influencia del prerrafaelismo e la fotografía. En realidad, dicha influencia fue tan temprana, que los primeros fotógrafos, tanto aficionados pero reconocidos, como profesionales, que desaron ir más allá del puro retrato por encargo, o de las fotografías realizadas para periódicos, o de naturaleza histórica -más bien, serían históricas con el paso de los años- o antropológica o costumbrista, tomaron a los artistas de la Hermandad, o que recibieron influencia directa de ella como modelos a imitar, o al menos, tomar prestadas sus ideas y puntos de vista.
Hoy en día, en que la pintura en lienzo -al óleo, acuarela...- o al fresco -murales, aunque estos no acostumbran a ser pintados de esta forma, por lo mal que se conservan con el paso del tiempo- ha caído no ya en la decadencia, sino casi en el olvido -pocos son, los artistas de pintura figurativa, no abstracta, conocidos, más allá de un pequeño número de entendidos o fieles seguidores-, es la fotografía, otra vez, la que, volviendo la vista atrás, más que recibir influencia, más bien resucita, recuerda, reconoce la labor de aquellos hombres y mujeres y sus obras, tan olvidados, unos y otras, por este mundo moderno.
Aquí, algunos ejemplos. En parte, es fotografía artística, sin más, pero en la mayoría de los casos, se trataría de fotografía de moda, donde se aprovecha el buen hacer de los maestros del XIX para presentar ropa, joyas, o incluso peinados o maquillajes, que también beben de los de aquellos tiempos.

La "Venus Verticordia" de Rossetti, originalmente con Jane Burden/Morris de modelo. La fotografía es de John Knight.



La Circe de Waterhouse, que retrató en más de una ocasión, y con aspecto y vestimenta distintos, tal vez porque la visión que tuvo el autor del personaje fue variando. Sin duda, la hechicera de sangre divina debió fascinarlo, tanto como a otros artistas de la época (colección Bijoux; fotógrafo: Eih).


Pandora by John Knight
Pandora, según la mitología griega, la primera mujer, con el cofre -o caja, como se le llama popularmente- de la que saldrían todos los males. También de Rossetti (1869), y también con Jane Burden/Morris de modelo.

"La Ghindarlatta", también de Rossetti. Sin duda, en retratos de mujeres con raíces mitológicas o literarias, él se lleva la palma. Y también a la hora de ser homenajeado o, directamente, copiado. La fotografía es de Hannah Palmer, y en este caso, no he tenido ni que buscar el original.


viernes, 13 de mayo de 2016

Los prerrafaelitas (anexo VI): Las obras de Rossetti, en fotografía moderna.

Una vision para Vogue de las mujeres de Rossetti, cambiando el óleo por la cámara.


Este anexo, de poco texto y mucha imagen, es una idea, o experimento, y también un homenaje a Dante Gabriel Rossetti y su obra, compuesta en su enorme mayoría por retratos individuales de mujeres, muchas veces modelos con las que tuvo algo más que una simple relación laboral, fuera Elizabeth Siddal -con la que se casó-, Fanny Cornforth -una prostituta con la que tuvo una larga relación, durante y después de su matrimonio-, o Jane Morris, la esposa de William Morris, con la que tuvo, al menos, una gran amistad -y por parte de Jane, también admiración, y al menos durante un tiempo, y cierto amor platónico- hasta la muerte del pintor.
Estas fotografías fueron realizadas por la fotógrafa Donna Stevens, para la revista Vogue. Pero aparte de copiar la obra de Stevens, también he copiado, bajo cada una de ellas, el cuadro de Rossetti en el que se ha isnpirado.
Pues nada, un ejemplo más de la influencia de este pintor, y del prerrafaelismo en general, sobre todo tipo de profesionales y artistas muchos años después de la muerte de todos ellos. Influencia que, por cierto, se ha ido haciendo más patente en los últimos años, en parte, gracias a internet.


"Lady Lilith" (1868). Originalmente, la modelo fue Cornforth, pero un año después de ser acabada por Rossetti, en 1867, el pintor decidió cambiarle el rostro, por el de Alexa Wilding.


Su "Venus Verticordia" (1868). La modelo es Alexa Wilding.


"The blue bower (1865), con Cornforth. Bower podría traducirse como casa de campo, o cenador.


"La Ghirlandata".



"Bocca Baciata" (1859), con Fanny Cornforth de modelo.



jueves, 24 de marzo de 2016

Los prerrafaelitas (anexo V): Un mural prerrafaelita tras un armario empotrado.

Se puede encontrar una obra de arte colectiva donde menos se puede esperar.


Una sorpresa en la antigua casa de William Morris, defensor de la "nueva artesanía".

William Morris, un personaje importante del prerrafaelismo, aunque no fuera pintor -sí que pintó, de forma más o menos profesional, un sólo cuadro, pero no se dedicó en serio de ello-, por ser una mezcla de ideólogo, artista polifacético, y por su capacidad de incluir el espíritu prerrafaelita no sólo en sus poemas o modestos trabajos arquitectónicos, sino sobre todo, por los productos -textiles, joyería, etc.- que se fabricaban en su empresa-taller, que fue una auténtica escuela de pequeños artistas, o de nuevos artesanos, amén de una no tan pequeña familia. Pero Morris, por sí mismo, necesitaría, y merecería, toda una entrada para explicar no sólo su vida y carácter, sino también la variedad de sus inquietudes y palos artísticos que tocó. 
Morris vivía, junto a su mujer, Jane -que, siendo todavía sólo la prometida de William, fue modelo de Dante G. Rossetti, que se obsesionó con ella; más o menos, como con tantas otras, y más, tras la muerte de Siddal, aunque la conoció antes de quedarse viudo-, en la que llamarían la Red House, la Casa Roja, por el color de su fachada, que se encontraba en la población rural de Bexleyhealth, actualmente parte de Londres, y que Burne-Jones consideraba "el lugar más bonito del mundo". Allá vivía con su esposa, y recibía la visita de sus amigos y conocidos del mundo artístico, sobretodo a su mejor amigo, casi un hermano, Edward Burne-Jones, y su esposa Georgina, pero también Dante G. Rosseti y su esposa, o Madox Brown, el academicista que tan buena relación tenía con aquellos "jóvenes revolucionarios de un arte dormido".

La Red House, que entre 1860 y 1865 fue no sólo el hogar de William Morris y su esposa Jane, sino también lugar de reunión, trabajo y goce de los miembros de la Hermandad, de la que Morris, y su amigo Burne-Jones, también acabaron formando parte.

El interior de la casa, con murales a uno y otro lado de un mueble expositor.

Pues bien, resulta lógico pensar que, en aquel microcosmos que fue la Red House, tantos artistas, tanto arte por metro cuadrado, dejara alguna huella. Lo normal serían cuadros o dibujos en papel, obras portátiles, que se pudieran llevar y traer. Pero también podía haber otro tipo de colaboración, más directa, más coral, Y eso es lo que hace poco se ha descubierto en la vivienda: se trataría de un mural, que se encontraba escondido nada menos que tras un armario empotrado, bajo capas de papel y pintura.  Ya se habían descubierto una parte de la obra completa al lado del mueble, pero no se sabía que continuara detrás de él. ¿Por qué estaba en ese estado? ¿Acaso propietarios posteriores a los Morris pensaron que aquello no era una obra de artistas de renombre, sino un dibujo sin especial interés ni calidad suficiente para dejarlo como estaba, y que ya había suficiente con la parte de la obra que estuvo siempre a la vista? ¿Decidieron, entonces, pintar o empapelar sobre él, para colocar delante un simple armario? Los Morris vivieron allá poco tiempo, entre 1860 y 1865, y después de ellos, aunque resulta posible saber quienes compraron la casa, no se puede saber quién o quienes decidieron tapar lo que consideraban algo, si no de mal gusto, sí sin interes para ellos.
La obra en cuestión consiste en un mural de 2'5 metros de largo, y 2 de alto, donde se representan varias figuras bíblicas: Adán, Eva, Noé, Raquel y Jacob, con un texto del Génesis, casi borrado, al pie de la pintura. Los especialistas que lo han estudiado piensan que es una obra colectiva de William Morris, Dante G. Rossetti, Elizabeth Siddal, Edward Burne-Jones y Ford Madox Brown. 
Lo que no está del todo claro, es quién pintó, total o parcialmente, cada figura, porque a pesar de que se encuentran en mal estado, sí se observan estilos distintos. Se da por supuesto que la iniciativa partió del mismo Morris -al fin y al cabo, el dueño de la casa, aparte de ser una persona con incontables ideas para nuevas iniciativas y proyectos, y que él también pintó a Jacob, la figura que se encuentra más a la derecha de las seis. Raquel, sería cosa de Elizabeth Siddal, y Noé, Madox Brown. Lo que todavía no está tan claro, son Adán y Eva. El hecho de que los rostros estén casi borrados no ayuda mucho, precisamente. Eva, tal vez fuera obra de Rossetti, porque el rostro de ella se parece a personajes femeninos de los cuadros del pintor, y es de suponer, entonces, que Burne-Jones sería el autor de la figura que quedaba: Adán. Aunque, en estos dos últimos casos, nada está claro. Siddal dejó por escrito que había pintado una figura bíblica en la casa de Morris, y mientras que Madox Brow, en 1861, estaba ocupado en una vidriera con Noé de protagonista -quizá, el dibujo del mural fuera una especie de prueba-, Rossetti diseñó para otra vidriera, en Bradford, una Eva con gran parecido con la de la pintura de la Red House. Un auténtico trabajo de detectives del mundo del arte, que seguramente, será resuelto más pronto que tarde. 
Otra cosa, es que aparezca una nueva sorpresa en la casa de los Morris. Ojalá fuera así.

'Wall painting in the bedroom at Red House'
En la pintura, se simulan los pliegues de una tela, como si realmente se tratara de un tapiz. Adán y Eva son representados con a serpiente, y Noé -en el medio de las dos pareja-, tiene entre las  manos una miniatura del Arca. A la derecha, el patriarca bíblico Jacob, y su mujer Raquel.

Una pintura realizada por Morris, para su gabinete. Esta obra nunca ha estado oculta, y se ve que su estado es mucho mejor que el recién descubierto.