miércoles, 8 de octubre de 2014

Jacques Tardi ( I ), de la inocua locura del folletín, a la salvaje, y real, de la I Guerra Mundial.

Una visión personal -y con algo de ayuda- sobre uno de los más importantes autores de cómic franco-belga actual.


Tenía ganas de volver a hablar de algún autor de cómic que me haya influido, agradado o, simplemente atraído especialmente. Lo hice en su momento con autores norteamericanos, y después, con otro francés, Chaland. En este caso, se trata de un autor -dibujante, pero también, en muchos casos, aunque no siempre, guionista- que todavía vive, y que cada poco, saca una obra al mercado, si bien en ocasiones, la novedad no es demasiado conocida, más allá del mundo francófono. Sobretodo, en el caso de sus historias policíacas, o como se dicen en Francia, parte del género noir.

Una ilustración para la revista libertaria -neo-anarquista, digámoslo así- "Le Libertaire".

Un autor que no intentó parecerse a nadie.

En este caso, debo agradecer toda la información que he encontrado en la web "Entrecomics", donde cualquier amante del medio puede encontrar una enorme cantidad de artículos y noticias, y, en particular, a una serie de artículos firmados por uno de sus expertos, El tío Berni, si bien esta entrada no es, ni una copia -siempre prefiero el original-, ni un resumen. Más bien, me he servido de su trabajo para tener una mejor idea cronológica de la obra de Tardi, así como conocer, aunque sea mínimamente, algunos trabajos casi desconocidos no solo en España, sino también en su propio país.
Hay que añadir que, si bien Tardi ha tratado diversos temas y personajes, la mayoría de sus historias se podrían agrupar en tres o cuatro grupos bien definidos, y llegado el momento, quizá sería interesante presentarlas así, dejando aparte, quizá, sus primeras historias, muchas casi olvidadas, bien porque tuvieron poca repercusión -publicación en revistas alternativas, por editoriales no demasiado potentes, o simplemente, porque no tuvieron una repercusión demasiado grande en el público de la época, y nadie decidió volver a llevarlas al mercado con demasiada publicidad, ni gran tirada; o simplemente, nadie se interesó por ellas, y en paz-, bien porque su calidad, comparadas con lo que el autor realizaría más adelante, no le hace demasiada justicia. O bien, porque lo que en su momento parecía bizarro pero alternativo y rompedor, con el paso del tiempo, perdida su capacidad de fastidiar pero, al tiempo, sorprender, no deja de ser una obra sin demasiado interés. O simplemente, por tratarse de obras únicas en sí mismas, y de difícil clasificación, pero que no dejan de tener también su interés y calidad.

Una ilustración de Tardi para la revista Futuropolis, con la que colaboró ocasionalmente.

Habría primero que hablar, más que de la vida del personaje en sí, de su familia y, al tiempo, de sus ideales políticos, o de su falta de ellos, según se mire. Nacido en 1946 en Valence -y por tanto, todavía vivo; lo cual, en mi caso, no deja de ser casi una novedad, y más, tratándose de franceses-, es hijo y nieto de militares. Su padre fue prisionero durante la II Guerra Mundial, y al acabar esta, fue enviado a la Alemania vencida como parte del contingente francés ocupante, de ahí que el autor viviera parte de su infancia en el país vecino. Hombre de clase media -como mucho- y de ideología poco clara, pero que él mismo considera anarquista, retrata de forma bien distinta a la gente de origen modesto o, directamente, marginal, y a los ricos y poderosos, los dominadores del mundo, que gobiernan, sea dando la cara, sea desde las sombras, a las multitudes, mandándolas, si llega el caso, a morir en masa en guerras absurdas, como la I Guerra Mundial, que tantas veces retrataría, y sigue retratando.

El autor, delante de un cartel de "¡Puta guerra!".

Si se pregunta si Tardi hace política con su trabajo, él mismo dice que no. Siendo anarquista, aunque no militante, y menos aún dogmático, no duda en practicar cierto maniqueísmo, en que claramente se ve quienes son los "buenos" -los pobres, los obreros, los soldados rasos, incluso los delincuentes-, y los "malos" -no sólo reyes, políticos u obispos, sino también los representantes de la iglesia, los jefes militares y, en mayor o menor medida, la policía, por quienes muestra, como mínimo, una escasa simpatía-. Él mismo reconoce que sólo ha votado dos veces en su vida, y fue para parar al Frente Nacional -quizá, tenga que volver a hacerlo de nuevo, en vista de la importancia que dicho partido está consiguiendo en Francia; de todas formas, la declaración tiene un tiempo, así que no me extrañaría que votara por tercera vez, en las últimas elecciones europeas, donde el FN resultó ganador-, y que, cuando el gobierno francés le otorgó la Legión de Honor, él se negó a recogerla, argumentando que no es que se sintiera ofendido, sino que, simplemente, no quiere deber nada al Estado, de la misma forma que, impuestos aparte, él tampoco quiere darle a éste nada, mientras esto resulte posible.
Una portada de Tardi para "A suivre", la revista donde publicó por capítulos "Ici Même".

Tardi estudió dibujo en la Escuela de Bellas Artes de Lyon, y más tarde, en la de Artes Decorativas de París -la capital, tan importante en un país fuertemente centralista como Francia-, y, desde el principio, demostró que su estilo no casaba bien con la llamada "línea clara", iniciada por el Tintín de Hergé, con un trazo limpio y cuidado, y donde la violencia cruda desentonaba, como mínimo, bastante. Entró a trabajar en la revista Pilote, dirigida -durante tanto tiempo, que debió parecer eterno- el mítico Goscinny,  guionista de Asterix y Lucky Lucke. Allá realizaría historias cortas, que le servirían para aprender el arte de la historieta desde un punto tanto artístico, como profesional, teniendo como guionistas, entre otros, a Jean Giraud -o Moebius, su otra "personalidad artística", cuando se dedicaba no a la historieta realista, sobretodo el western, sino a la ciencia-ficción y a la fantasía onírica-, en "Un caballo en invierno". Pero, aunque la revista en principio estaba dirigida al público infantil, con el tiempo también intentó atraerse -y con bastante éxito, al menos en principio- al juvenil, así que incluía no pocas historias que podrían considerarse "adultas". Aún así, Goscinny consideraba que según que cosas -violencia explícita, combates sangrientos, sexo, religión, crítica política directa- eran, como mínimo, incómodos. Tardi, aunque sabía lo que significaba estar trabajando allá, deseaba expresarse sin cortapisas, así que intentó publicar en Pilote una historia sobre la I Guerra Mundial, de la que tanto había oído hablar, no a su abuelo -inmigrante corso que vistió el uniforme al poco de desembarcar en el continente-, que luchó allá, sino a la esposa de éste -su abuela paterna-, que le contó a su nieto lo que, años atrás, había sabido por boca de su marido, sobre los desastres y horrores de dicha contienda. "Un episodio banal de la guerra de las trincheras", donde habla de la brutalidad de la guerra, el sacrificio de millones de europeos en un conflicto sin ningún sentido, más allá del patriotismo hueco, y, sobretodo, la crítica al gobierno y el ejército francés por el fusilamiento de varios soldados que, hartos de la carnicería, se negaron a luchar, fue demasiado para Goscinny, a pesar de que no era hombre especialmente cerrado de mente. Finalmente, Tardi pudo publicar la historia, pero no en Pilote, sino en un medio bien distinto: el diario independiente de izquierdas Libération -creado en su momento por el filósofo existencialista Sartre-, con el apoyo de Charlie Hebdo, la revista satírica y política, que años después -creo que lo comenté en una entrada dedicada a Amélie Nothomb-, fue atacada por los integristas islámicos. Pero eso fue algo después, lo que, por lo demás, fue un gran escándalo, pues en Francia, la Gran Guerra es considerada -y hace años, todavía más- como la guerra patriótica por antonomasia -más o menos, como la Segunda en la Unión Soviética, y en sus países herederos, donde es la Gran Guerra Patria-, y recordar como víctimas a los que, o se consideraba traidores, o simplemente eran olvidados por todos, escoció y levantó ampollas. Mientras, seguiría dibujando historias para pilote, como "La evasión del caballo gris" -ya en los 90- , con guión de Verrier, o algunas historias de Blue Jackett -con un protagonista indio norteamericano, algo raro en aquella época, años 70-, en la revista Lucky Lucke -dedicada a este personaje y, en general, al género western, que tiene más tradición en Francia de lo que podría pensarse-.

Adèle Blanc-Sec contra "la bestia". La heroína más carismática de Tardi. Una mujer de armas tomar.

Aún así, Tardi tenía ganas de realizar una historia corta. Ya había demostrado ser un gran dibujante, pues "Un caballo de invierno", de inspiración napoleónica, era un tema complicado, sobretodo si se deseaba verosimilitud histórica -y en eso, Tardi sería casi un fanático, y más todavía, cuando ya consiguió fama y respeto, y más tratándose de historias de la Gran Guerra-. Así, aceptaría colaborar con el guionista Pierre Christin, que tenía pensada una serie de historias largas en forma de álbum, independientes y -en principio- autoconclusivas, pero que tuvieran relación entre ellas, y que se conocerían como "Leyendas de hoy". El primero, realizado junto a Tardi, se llamaría -y perdón por no traducirlo del francés, pero se me hace difícil, así que uso el original- "Rumeurs sur le Rouerge" (1976), donde el guionista intentaba representar una fuerte crítica sobre el capitalismo salvaje y la destrucción del medio ambiente, con ambientación rural, personajes fantásticos junto a otros realistas -hay hasta animales parlantes, o seres que parecen duendes-, y tanta o más fantasía que política explícita. En resumidas cuentas, una historia un tanto fallida, que demostró que Tardi ya había aprendido a dibujar, y muy bien, pero que él mismo reconoce que realizó bastante a disgusto. Así pues, dibujante y guionista no volverían a trabajar más, y en adelante, Christin optó por seguir la serie con Enki Bilal, que, como se vio más adelante, sí que supo plasmar las ideas de Christin -y de paso, influir en ellas con sus propios puntos de vista, pues Bilal también sería, en no pocas ocasiones, guionista de los álbumes que dibujaba-. Como Tardi no se atrevió a proponer cambios en el relato de Christin, por mucho que no estuviera demasiado de acuerdo con él, y prefirió, aparte de seguir colaborando con Pilote, realizar una historia larga, un álbum, con un personaje que fuera realmente suyo. Y así nació "Adiós Brindavoine".

Portada de una de las primeras ediciones de "Adios Brindavoine", que todavía no incluía "La flor en el fusil".

Obras primigenias o individuales.

Bien, aquí, una aclaración. Como en las webs en las que me he basado en parte -y en parte, en la obra del mismo Tardi que he leído, que es bastante- al hacerse ésta tan abundante, es mejor ir dividiéndola por partes o temáticas, siguiendo aquí con obras menores, o únicas, debido a la temática que trata. Así, prefiero dividir lo que queda en cuatro partes, aunque signifique escribir más de una entrada: en primer lugar, historias independientes no demasiado interesantes -como "Rumeurs sur le Rouerge"-, o fallidas, o que sean únicas e independientes. Seguidamente, lo que se llamaría folletín -historias de Adèle Blanc-Sec o el ya nombrado Brindavoine-; en tercer lugar, las historias policíacas o de temática negra, o noir, como se llama en francés; en tercer lugar, la I Guerra Mundias, y de paso la II. Y pos último, las cuatro partes de "El grito del pueblo", que más adelante se recopilarían en un solo tomo.  Así, resulta un poco más claro en qué consiste su obra en su totalidad, aunque, al no querer hacer una exposición extremadamente larga, no me extenderé en todas y cada una de sus obras, incluidos relatos cortos, portadas de libros, trabajos no acabados, etc., aunque se intentará que el listado sea bastante completo.
Después de aclarar esto, dejar claro algo evidente: Pilote, o revistas juveniles parecidas a ella, no eran el medio ideal para las historias de Tardi, así que optó por marchar a otra editorial -la de la revista era Dargaud-, en este caso, la belga Casterman, que le publicaría gran parte de su trabajo. Antes de ello, decidió cambiar de aires, yendo a parar a una revista creada, precisamente, por autores, dibujantes o guionistas que deseaban precisamente eso: una nueva publicación, creada desde la nada, donde pudieran expresarse como les diera en gana. Se trataba de la legendaria Metal Hurtlant.
Tardi, dentro de lo que cabe, tampoco podía criticar demasiado a Pilote, y a la editorial que la publicaba, la francesa Dargaud -otro gigante editorial, como Casterman-, pues le había publicado "Adiós Brindavoine" -que, en forma de álbum, fue un fracaso-, y un capítulo -de cuatro, aunque los tres siguientes no se publicarían nunca, pues nunca fueron realizados- de "La flor en el fusil", también con Brindavoine de protagonista en, como no, la I Guerra Mundial. Como el personaje, en solitario, no funcionaba, Tardi decidió olvidarlo, aunque antes de abandonar Dargaud, publicó "El demonio de los hielos", del que se hablará más adelante, y que es una obra tan genial como inclasificable, donde se mezcla fantasía a lo Julio Verne, con grabados a lo Gustave Doré-. Mientras, en su nueva revista, como "hombre nuevo" y recién llegado, aunque fue bien acogido, no formaba parte de lo que podría llamarse "los padres fundadores del nuevo cómic francés", o sea, los "Humanoides asociados", que es como serían conocidos Jean Giraud, que ya conoció en Pilote -y que abandonó antes de Tardi, y haciendo más ruido que él, por cierto-, ahora Moebius, Druillet, Dionnet, Arno, el norteamericano Corben, y compañía. Para ellos realizaría "Polonius" (1974) -con guión de Picaret-, donde la violencia y el sexo explícito, en esta historia ambientada en una falsa antigüedad, que en ocasiones recuerda a Roma, y en ocasiones a Mesopotamia y el Oriente, pero que en determinado momento nos hace pensar que podría ser un lejano futuro -la aparición en un desierto de gran número de extraños relojes estropeados-, deberían ser fuente de escándalo, pero más bien entorpecen un guión con un personaje, Polonius, que pierde de forma estúpida a su amigo,  y que acaba muriendo él mismo también, estupidamente, lo que hace pensar que el relato acaba quedando hueco, más allá del deseo de llamar la atención.

Una viñeta de "El exterminador de cucarachas", donde el rojo del uniforme del anodino e inofensivo protagonista es lo único que destaca entre una gama de grises, y donde los "enemigos" llegan a obsesionarlo de tal manera, que parece verlos en todas partes, y bajo cualquier apariencia.

Pero será allá donde nacerá, también, en 1976 el personaje más famoso de Tardi: la simpar Adèle Blanc-Sec, protagonista femenina de auténticas historias folletinescas -ella misma, es autora de dicha corriente literaria, y orgullosa de ello-, donde se enfrenta a todo tipo de persecuciones, monstruos, personajes que aparecen y desaparecen como en una loca comedia, donde no se sabe bien quienes son peores, los monstruos, o los "normales". Adèle es tan particular, tan especial -la leí hace muchos años, en algún número de la revista Cimoc, creo recordar, o algún álbum de Norma, y hace poco pude comprar los tres tomos con todas sus aventuras, y no ha envejecido nada mal; más bien, al contrario-, que sin duda, merece un capítulo aparte. Pasado el tiempo, Tardi decidió unificar su "universo folletinesco", donde Adèle, Brindavoine, y hasta el demonio de los hielos acaban compartiendo aventuras, aunque el último de forma un tanto particular.

Una de las portadas de "La verdadera historia del soldado desconocido". Quizá, la obra donde el autor deja volar su mente de forma más absoluta. Surrealismo puro.

Mientras, vendrían, al menos, tres obras a tener en cuenta, dos de las cuales van unidas, aunque sea porque sus protagonistas, aunque con nombre y oficios distintos, son básicamente idénticos, física y emocionalmente hablando, y que, a la vez, son un reflejo de Lucién Brindavoine, pues este parece ser una especie de alter ego, del autor. Se tratan de "La verdadera historia del soldado desconocido" (1974), y "La guillotina" (1976, en francés, "La bascule à Charlot", nombre "popular" de dicho aparato de rebanar cuellos en francés). Desde hace ya tiempo, se acostumbra a publicar, al menos en Francia y Bélgica, ambas historias en un sólo álbum, o en dos que van juntos. La primera y principal, sobre ese soldado desconocido, más bien se trata de la historia de un autor de folletín -como Adèle, como él mismo se considera a veces- que se las ve y se las desea con su siniestro editor -en ocasiones considerado una especie de monstruo metafísico e irreal-, mientras que su vida -real u onírica- transcurre saltando de antro de mala muerte a prostíbulo decadente, mientras recibe las visitas de un enorme y misterioso personaje barbudo y con gafas negras, que resulta ser uno de sus personajes, o más bien, una especie de dios, o ser superior, que adopta dicho aspecto. Como se ve, fantasía entre erótica y onírica, surrealismo puro, aunque, leyéndolo de una sentada, se le encuentra sentido y cierta fascinación. Fue publicada por la editorial Futurópolis, pues ni Casterman, que lo tiene como una de sus estrellas, estuvo segura de su éxito o conveniencia. "La guillotina", básicamente, es un relato parecido, más corto -menos de treinta páginas- que, básicamente, pregunta al lector sobre el derecho, o no, del Estado, de ejecutar a un individuo, y en caso de hacerlo, si realmente es por sus crímenes, o porque lo considera incómodo o peligroso para su buen funcionamiento, no como sociedad, sino como estructura de poder. Y, como se ha dicho antes, aunque los protagonistas de ambos relatos sean física y personalmente similares, por no decir casi idénticos, no son el mismo individuo, como tampoco son Brindavoine. Aún así, el autor quiso aclararlo en alguna ocasión, diciendo que, cuando debe crear un personaje masculino más o menos inofensivo, anodino, y un tanto cobarde o sin demasiada personalidad, siempre acaba imaginándose a la misma persona, de ahí que personajes distintos, en situaciones diferentes, se parezcan tanto unos a otros.


El protagonista de "Ici Même", del mismo nombre, con guión de Forest, "padre" de Barbarella.

Muriendo juntos. Un retrato hiperrealista de la Gran Guerra, sin heroicidades ni patrioterismos.

La tercera obra, sería "Ici Même" (1979), donde el personaje, curiosamente, se llama así. En español, "ici même" significa "yo mismo", como si el relato tratara de un personaje en particular -y muy particular, él- que habla de sí mismo. Aquí, el protagonista, -¡qué también tiene un aire a Brindavoine! ¿Se parecerá a alguna persona real, de carne y hueso, que Tardi conoció en su infancia y juventud, y que le viene a la mente en cuanto empieza un nuevo trabajo?- pierde el derecho de propiedad sobre una gran finca, que incluye una antigua mansión familiar, quedándose sólo con el derecho a los muros que separan las nuevas propiedades, y cobra por abrir las verjas de éstas -una especie de impuesto de paso-, mientras construye sobre esos muros su pequeña casa, y recibe alimentos  y otros productos de un comerciante dueño de un barco, con quién acabará teniendo una gran amistad. Su vida parece aburrida pero sin grandes problemas y sobresaltos -algo a lo que teme-, hasta que, por casualidad, encuentra a una joven desnuda, tan bella como salvaje, que vive y hace lo que quiere, y que le hará perder la cabeza. El guionista fue de Jean-Claude Forest, el autor de la legendaria Barbarella -por tanto, capaz de sacar fantástico partido a cualquier idea, y de imaginar a un personaje femenino, como la viajera espacial, rupturista para la época-, y se publicó en los trece primeros números de la nueva revista de cómics "A suivre", para salir al mercado en forma de álbum, como casi siempre, gracias a Casterman. Es una obra un tanto curiosa de Tardi, diferente a casi todo lo que ha hecho, casi siempre realismo -bélico o policíaco-, sin caer tampoco en el folletín de ambientación "Belle Époque", anterior a la Gran Guerra, pues aunque la época en la que transcurre es un tanto confusa, sí es muy posterior a los años diez del siglo pasado.
Por último, y dejando aparte algunas obras menores, y las incluidas en las categorías mayores, hablar un poco de "El exterminador de cucharachas" (1984), también en Casterman, donde la historia transcurre, para variar, no en Francia, sino en Nueva York, donde se cuenta la historia de un inofensivo personaje, de profesión la del título, alemán de nacimiento, adoptado al nacer durante la guerra y adoptado por una familia norteamericana, que se siente eternamente desubicado, y sueña con ser un superhéroe -muy norteamericano, esto también- eliminando enormes y mortales cucarachas que, curiosamente, van adornadas con la esvástica nazi sobre su espalda. La historia es en blanco, negro, y tonalidades de gris, excepto el rojo del uniforme del personaje -y poco más-, y por lo visto, resultó un tanto difícil de llevar al papel por Tardi, tan obsesivo como es en retratar la realidad porque, al contrario que París, él no conocía personalmente Nueva York, y, por tanto, debía guiarse por fotografías, que, en no pocas ocasiones, casi calcó, para que su personaje pudiera moverse por una ciudad que, aunque dibujada, era tan real como la que podría verse con nuestros propios ojos.
Más adelante, Casterman le permitiría publicar relatos tanto de inspiración policíaca, como bélica. En el primer caso, sobretodo, con historias basadas en novelas de Léo Malet -protagonizados por el personaje de Nestor Burma, y con él, también por la ciudad de París, retratada de forma casi fotográfica-. "Niebla en el puente de Tolbiac" (1982) sería la más conocida de sus muchas adaptaciones al arte historietístico de dicho escritor. Malet no sería el único autor de novela negra que colaboraría -o, como en este caso, en quién se inspiraría- Tardi para crear nuevos trabajos, pero la serie de Burma sería la principal y más famosa. Pero, en general, el autor preferirá siempre autores más o menos "clásicos", con historias realistas, sucias y crudas, con crítica social -un "polar", que se dice en el país vecino-, y, a ser posible, ambientadas entre los años 40 y los 60. No parece demasiado interesado, en reflejar la realidad actual. En los últimos tiempos, sin embargo, adaptaría a Manchette, una de las figuras del neo-polar -revitalizador del noir francés de toda la vida-, con "Balada en la Costa Oeste" (2006) y "Cuerpo a tierra" (2011), y que realizó, gracias a su buena relación con Tardi, su único guión para cómic: "Griffu", en el lejano 1977.

Nestor Burma, deambulando por las calles de París, magistralmente retratadas por Tardi.

En cuestiones bélicas, las historias más importantes serían "La guerra de las trincheras" (1993) o "¡Puta guerra! 1914-1919" (2010), que sería su relato definitivo de dicha contienda -con la ayuda del historiador Jean Pierre Verney-, aparte de obras más cortas como "El soldado Varlot" (1999), sobre la historia de un personaje en particular, y no sobre los soldados franceses en general, y contada, esta última, con diálogos -no como la segunda obra-, ni explicándonos qué es lo que está ocurriendo, como si de un documental se tratara -como en la primera-.
En el 2000, publicaría, con la colaboración al guión del autor de novelas policíacas -o de lo que se tercie- Daniel Pennac "La patada", si bien, más que relato noir, sería una historia con crímenes, sí, pero también entre absurda, crítica y humorística, donde Tardi tuvo que añadir más texto -o sea, diálogos, explicaciones- de los que Pennac tenía pensado, por suponer éste que los lectores podrían tener ciertos problemas para saber de qué iba la historia, con periodistas, zoólogos -y tigres- y personajes de la "alta sociedad" de por medio.
Por último, entre 2001 y 2004, publicaría, en cuatro partes, y a partir del guión -que debía, en principio, haber sido una novela- "El grito del pueblo". Quizá, la historia más impresionante de Tardi, teniendo en cuenta que las más de 300 páginas que la incluyan, aún habiéndose publicado en cuatro álbumes no deja de ser una sola historia por capítulos, razón por la que, hoy en día, resulta más sencillo, y barato, poder adquirirla en un solo y enorme tomo. Es, básicamente, un cruce entre historia -la proclamación y caída de la Comuna de París, tras la guerra franco-prusiana y el fin del Segundo Imperio- y folletín, con una enorme cantidad de personajes y situaciones, y que conviene leer, eso sí, no de un tirón, pues puede llegar a ser un tanto difícil de comprender y seguir. De todas formas, no deja de ser una auténtica obra magna del cómic europeo de los últimos años.

El pueblo aplastado por la fuerza represora del Estado, descrito de forma impresionante -aunque también, un tanto maniquea, influenciada por el folletín-, según "El grito del pueblo".

Por ahora, es mejor no alargar más la entrada. Como se ha visto ya, poco se ha hablado sobre las historias folletinescas, policíacas o bélicas de Tardi, como tampoco se ha comentado sus trabajos en la ilustración, el guión -sin dibujo- o hasta la radio. Así pues, si el tiempo me lo permite -que tendré poco-, en el próximo post, más.


miércoles, 24 de septiembre de 2014

Una nueva forma de descubrir nueva música: asaltado por la publicidad.

O cómo, el interesarse por la música de los anuncios, ha dejado de ser una rareza.


Desde hace ya tiempo, diría que años, compro poca música. Y no me refiero a que me la bajo en la red, que en parte es cierto, pero una vez que conseguí parte de lo que no tenía físicamente, y debido también a que el trasto de mi ordenador va demasiado lento para todo, y que hará ya dos o tres años que ningún programa para dicha práctica me agrada -o, simplemente, que no me aclaro con ellos-, pues ni así, me da por conseguir de forma duradera -no el escuchar aquí o allá, y olvidarme- música nueva. En realidad, gran parte de lo que me he ido comprando -poco, aunque eso sí, no eran copias del top manta, aunque más bien porque encontré un buen precio que por cualquier otra razón, seré sincero- también era música "vieja".
En resumidas cuentas, tengo un conocimiento muy superficial, escaso, de lo que suena, tanto en España y Europa -entiéndase, "el Continente", que dirían los británicos-, como en el mundo anglosajón. Eso sí, de vez en cuando, algún grupo me llama la atención, y a veces lo compro. O lo compraba. O me lo bajaba, cuando tenía el e.mule, porque con los programas actuales, me lío cosa mala, y los he acabado por dejar por imposibles.
Y curiosamente, como ya no hay programas musicales en los canales generalistas -a no ser que consideremos musicales a los que los anglófonos llaman "talent-shows" musicales, y aquí, "programas a lo Operación Triunfo"; y además, últimamente, ni adultos participan, sino básicamente niños. ¿Necesidad social de una nueva Marisol, o un nuevo Joselito? Para quién no sepa a qué me refiero: niños prodigio-, y no ser muy numerosos los musicales -aunque alguno haya en abierto, más los de plataformas de pago, aunque estos no los cuento-, ¿qué queda para descubrir algo nuevo?. O la radio -y aquí, también opto, normalmente, por las emisoras generalistas; hace mucho que no me da por escuchar alguna musical, pero más o menos adulta. Alguna tipo "Cuarenta principales" está tan volcada a la gente más joven -¡será por eso, que la escuchaba yo también, cuando era adolescente o veinteañero!-, que no creo que la pudiera aguantar más de un par de días -y eso que yo la radio no es que la escuchara el día entero, precisamente-. Así que queda internet, pero sólo si sabes más o menos que buscar, o tienes ganas serias de ello. Y yo, ganas, en mis circunstancias, pocas. Pero a veces escuchas algo que te suena nuevo, y tienes ganas de saber. Y, mira qué cosas, se trata de la música, que en otra época llamaban jingle -que era eso, una canción, o versión, hecha expresamente para un anuncio publicitario-. O sea, la musiquilla que suena en uno de esos anuncios que intentas que pasen lo antes posible, pero que consiguen quedarse en tu cabeza. El problema, es que la música, finalmente, tiene más éxito publicitario que el producto que quieren vender, y tienes que esperar a volver a verlo, para así, empezar a buscar en la red. Y hoy en día, hay webs que ayudan bastante, si sabes que buscar. Y yo acabé encontrando dos que me interesaban en ese mar de vídeos que es youtube.


Este es un vídeo -sí, con publicidad y todo, pero la traía incluida, y no encontré otro de la misma canción- de Kleerup -o Andreas Kleerup, pues se trata de su apellido-, un productor, letrista e, imagino que músico, sueco que, bien con alguno de sus grupos -"The meat boys", o "Me and my army"-, lo mismo saca al mercado LP, EP -o sea, cds con cinco o seis canciones-, o directamente singles. No será un superventas en las tiendas pero consigue que algunos de sus canciones sean descargadas en todo el mundo en una cantidad, como mínimo, considerable. Tiene también su propia web. La canción se ha dado a conocer de forma más o menos masiva -antes, no es que fuera desconocida, pero tampoco extremadamente popular- gracias al anuncio de una empresa de diseño y venta de ropa, pero teniendo en cuenta que no es, precisamente, una micro-empresa, tampoco seré yo el que le haga publicidad. Sólo hay que ver un poco la televisión.



Esta otra canción la conocí por medio del anuncio de un festival de música que, la verdad, ahora mismo no recuerdo. Is tropical son ingleses, pero su música se lanza -o se presenta en público, como quiera decirse- desde Francia. Megaforce sí son franceses, y son la pequeña productora que ha realizado el video -no el primero con este grupo, ni sólo trabajan con ellos-, de ahí que se hable en él en francés.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Los prerrafaelitas (V): Lawrence Alma-Tadema, retratista de la Antigüedad, y líder independiente de la corriente prerrafaelita.

Otro de los artistas que, sin pertenecer a la Hermandad, acabó siendo brillante representante del movimiento.


La obra de un hombre del que, en su momento, mal o bien, se habló mucho.

Ya se dijo que, después de hablar de los tres principales miembros de la Hermandad, y dar un ligero repaso de otros que se les añadieron, llegaba la hora de recordar a los autores que, sin ser parte de ésta, en ocasiones se sintieron cercanos a ella, o, incluso, tuvieron amistad personal con, al menos, uno de sus miembros. Otros, sin embargo, siempre mantuvieron cierta distancia -no por nada personal, sino simplemente porque la vida de cada persona tiene su propio camino, y en ocasiones, se cruza con el de otra de gustos parecidos, y en ocasiones no-, pero no por ello dejaron de representar, todos juntos, el movimiento del prerrafaelismo. Si unos empezaron a pintar de determinada forma, le dieron un nombre a su nuevo estilo y visión del arte, y decidieron hacerlo de forma más o menos conjunta, otros, simplemente, lo hicieron individualmente. Y Alma-Tadema, como John Collier, fue de estos últimos.

El pintor, todavía joven y en plenitud de facultades artísticas.

Bien, basta ya de extenderme a lo tonto. Lawrence Alma-Tadema (1836-1912) -en holandés, Lourens Alma Tadema, sin guión de por medio- no era británico de nacimiento, sino holandés. Para ser más exacto, frisón -Frisia está en el norte de Holanda; al norte de ésta se encuentra el Mar del Norte, y es una región históricamente pesquera-. La cuestión es que, siendo joven, se quedó bastante solo, pues tras la muerte de su padre -el notario PieterTadema de apellido-, cuando era niño, siguió, años después -él contaba con veintisiete- la de su madre. Aún así, aparte de con ella, contó durante su infancia con el apoyo económico y afectivo de su padrino -de quién heredó el apellido de Alma-. No siendo británico, no pudo estudiar pintura por ninguna de sus prestigiosas escuelas artísticas -él emigró a Inglaterra siendo ya adulto-, así que se formó en su país y en Bélgica, participando en la decoración del hotel de la villa de Amberes, ayudando a su maestro Hendrik Leys.
Sus primeros éxitos le vinieron de la pintura basada en la Alta Edad Media. Para ser más exactos, de la época merovingia -así se les llama a estas primeras obras, "etapa merovingia"-, donde retrata a los reyes y reinas de los tiempos del Reino Franco, antecesor del Imperio Carolingio, creado por Carlomagno, como "La educación de los niños Clovis" (1861) -este Clovis es también conocido, en español, como Clodoveo, el rey franco que derrotó a los romanos del reino galo-romano de Sigrario, y a los visigodos el Bouillé, lo que significó la reunificación de gran parte de la Galia; por lo demás, el tipo era un auténtico salvaje, a quién la iglesia "salva" simplemente porque abandonó el paganismo para convertirse al cristianismo, más para ganarse a sus súbditos de dicha religión, que por cualquier otra cosa-, o "Fredegunda en el lecho de muerte de Pretextatus". El tal Pretextatus -o Pretextato, en su versión españolizada- era un obispo que murió apuñalado, precisamente, por orden de la reina Fredegunda -conocida por cómo se deshizo de maridos y parientes varios, con tal de regir como señora de los francos, sin que se sepa bien, si murió en la prisión, asesinada, o por los males de la vejez, relativamente en paz-, que se encuentra a su lado, y a quién maldice. Aquí se habla de su época más romántica. Tal vez, todavía estaba influenciado por los artistas franceses de estilo plenamente romántico, como Delacroix, y no había dado el "salto" a una re-actualización del romanticismo histórico, o sea, lo que luego se llamaría prerrafaelismo.
Viviendo entre Bélgica y Gran Bretaña, donde conseguiría no sólo la nacionalidad, sino el título de sir, se dedicó, dejando atrás la oscura Edad Media, a retratar el antiguo Egipto, para, más adelante, dedicarse casi en exclusiva a pintar sobre Grecia y Roma. Si bien es cierto que él no era ni historiador ni arqueólogo -y unos y otros estaban, en el siglo XIX, desenterrando, año tras año, nuevos restos de las civilizaciones antiguas, incluyendo no sólo el Egipto faraónico, sino también las ciudades sumerias, mesopotámicas semitas, persas, cretenses, indias, etc.-, sí que se informó todo lo que pudo para hacer creíbles -dentro de lo que cabe, pues la imaginación y la espectacularidad tendrían su enorme importancia, y una fuerza que ha hecho que sus cuadros no hayan envejecido en absoluto, a pesar de lo mucho que fueron criticados algunos de ellos en su momento-. Muchos lo criticaron por retratar lo que consideraban vicio, molicie, depravación y decadencia, sobretodo cuando alguno de sus cuadros retrataba la Roma imperial. Y tal vez fuera así, pero no hay duda que esa supuesta decadencia fue reproducida de forma magistral. Al contrario que sus coetáneos, la Antigüedad ocupó una parte muy mayoritaria de su interés, apenas pintando la realidad, más allá de su familia, o de lujosas habitaciones vacías.

"La educación de los niños Clovis", donde aprenden a lanzar hachas, todo un ejemplo de la cultura germánica todavía muy viva en los reyes francos anteriores a Carlomagno y su imperio europeo.


Respecto a la serie egipcia, que llamó la atención por sus detalles, y por el interés por la sociedad egipcia en general, y no sólo temas bíblicos, o retratos de faraones en todo su esplendor, incluye obras como "Egipcios de hace 3000 años" (1863) -quizá la primera de esta temática-, "Ajedrez egipcio" (1865), "La momia" (1867) -en aquella época, en Europa, y aún más en Gran Bretaña, el tema de las momias, maldiciones incluidas, estaba muy de moda-, "La muerte del primogénito" (1873), o "José, supervisor del granero del faraón" (1874). Estas serían dos obras de temática más o menos bíblica, pero tomando de base la cultura egipcia. Alma-Tadema no era lo que se dice un cristiano ejemplar, y parece que las fiestas, el vino y las mujeres le gustaban, y no poco. Cosa que, por lo demás, llamó la atención de amistades suyas, de vida más tranquila y hogareña.


"Ajedrez egipcio" (1865); fue uno de los primeros pintores que se interesó en profundidad por la cultura egipcia en sí misma, y no sólo por su relación con la Biblia.

"La muerte del primogénito" (1873), donde el pintor no se interesa por los milagros de Moisés, sino por la pérdida de los egipcios, incluido el faraón, aquí, un padre como cualquiera de sus súbditos.

"El hallazgo de Moisés", trata de 1904, una época muy posterior al resto de sus cuadros egipcios. Aquí, representa la magificencia -quizá no del todo fiel a la realidad- de la corte de los faraones.


¿Qués es, lo que más llama la atención en la pintura de Alma-Tadema? Cada cual, evidentemente, podrá tener una opinión determinada, pero, sin duda, es el color. El color, o más bien, la variedad de colores, la luz -aunque en algún cuadro sabe jugar con las sombras, con los colores oscuros, o más bien, los claroscuros-, la forma en que retrata las flores -algo que, en aquella época llamó mucho la atención; y más, teniendo en cuenta la importancia que tienen, la devoción que sienten los británicos por parques, jardines y campiñas bien cuidadas-, los materiales -sobretodo, el mármol, tan importante en la arquitectura monumental romana, pero también griega, menos exagerada o presuntuosa, pero más bella e íntima, a pesar de su, en ocasiones, extraordinaria magnificencia-, la facilidad con que transporta al observador, de un plumazo, a unas épocas pretéritas milenarias, misteriosas, fascinantes, a mundos exóticos, paganos, de los que, en aquella época, sólo podías admirarse restos y ruinas, que sólo años después, acabarían por sacar a la luz al completo para poder, siempre que se pudiera -o no siempre- restaurarse. La gente conocía bien las Sagradas Escrituras gracias a la pintura y la escultura, pero tenía también deseo, y necesidad, de descubrir, aunque fuera de una forma un tanto edulcorada y exageradamente bella y parcial,  a aquellos antiguos de los que tanto había heredado.
"Las rosas de Heliogábalo" (1888) era un ejemplo claro de mezcla de "arte de vivir", y de vicio y decadencia. Heliogábalo fue un personaje nefasto, un emperador adolescente que sólo pensaba en orgías, violencia y en imponer la religión de la parte de Siria de donde era originaria su madre, donde se adoraba a una enorme piedra negra -algo parecido a la Kaaba de la Meca, que en épocas anteriores al islam, quizá en una lejana antigüedad, era también adorada por sí misma, o como si contuviera algún tipo de poder telúrico, o de pasaje a otro mundo-, que trasladó a la misma Roma. De todas formas, no duraría demasiado, pues sería asesinado por los pretorianos, que colocarían en el trono romano a su hermano pequeño, Alejandro Severo -a quién Heliogábalo había adoptado como hijo, a pesar de tener, apenas tres o cuatro años más que él-. Pero dejando aparte las miserias romanas, muchas otras obras de dicha temática pintó Alma-Tadema. Tantas, que resultaría casi imposible nombrarlas todas, y aún así, se dejarían aparte retratos de su familia o por encargo, de personas contemporáneas suyas, de jardines o habitaciones, de sus viajes por Italia, de temática medieval o renacentista... en ocasiones, resulta increíble que una sola persona fuera capaz de pintar tanto y tan bien.

"Sólo pregúntame" (1906). Uno de esos títulos que cada uno puede interpretar como mejor quiera
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"Una declaración", con la temática de la dama griega sobre mármol blanco, con el azul del cielo y el mar Mediterráneo al fondo.

                            

   Titulo de la imágen Sir Lawrence Alma-Tadema - In the Roman Baths, or Roman Women In The Bath 
"Primavera" (1894); las festividades paganas del pueblo llano en la antigua Roma. Y  "Un baño. Una antigua costumbre" (1876), una de sus primeras pinturas "grecorromanas".

"Rivales inconscientes" (1893). El título quizá hace referencia al futuro que les espera a las dos amigas, que probablemente acaben luchando por un mismo hombre, o una posición social superior.


Aún así, si se tienen que nombrar algunas de sus pinturas "greco-romanas", se podrían tener en cuenta, sin tener dar gran importancia al año en que se pintaron, pues su estilo y gustos no cambiaron demasiado con el paso del tiempo: la "trilogía" de Caracalla -"Las termas de Caracalla" (1899); "Caracalla" (1902), y "Caracalla y Geta" (1907-, "El Coliseo" (1896), "En honor a Baco" (1889), "Una declaración" (no se sabe el año exacto), "Las últimas rosas" (1872), "Una lectura de Homero" (1885), "Un elegante silencio" (1890) "Safo y Alcaeo -o Alcaeus, romanizado, aunque fuera un poeta griego-" (1872), y así, se podría seguir indefinidamente. Nótese que, en el caso de los griegos, además del mármol blanco, destacan el mar azul, bello y terrible al tiempo, que llevaría a los helenos a todos los rincones del Mediterráneo -y con ellos, su lengua y su saber-, y el sol del sur, que tanto se echa de menos, tanto en Gran Bretaña, como en Holanda o Bélgica, países donde pasó su vida. En el caso griego, además, son poetas o sabios en general -entre ellos, la legendaria Safo de Lesbos- los protagonistas, leyendo o escuchando al aire libre, mientras que los romanos son un ejemplo más claro de vicio o pasividad,  y bastante menos de cultura -que más que crearla, heredaron, aunque también fortalecieron, de los griegos-, como se ve en "Escena pompeyana" (1868), o "Un traje favorito" (1909).

"Las flores de Heliogábalo" (1888), o una de las refinadas y -las cosas como son- bellas formas que tenía el emperador demente de matar a sus enemigos -o a quién le apeteciera-: ahogándolos en un mar de pétalos de flores.

"Un traje favorito" (1909); la sensualidad de la roma antigua, entre mármol y juegos acuáticos.

"Caracalla" (1092), sobre el tirano romano, hijo del autoritario pero aguerrido Septimio Severo, a quién tan poco se parecía.

Alma-Tadema se casó dos veces. Su primera esposa fue la escritora francesa Marie Pauline Gressin de Boisgirard -un nombre muy de noblemente francés, este-, que fue su modelo, y con quién tuvo sus dos hijas, Laurence y Anna -ninguna de ellas se casó, aunque fueron conocidas por su cultura y escritos la primera, y vida social la segunda- y, al enviudar en 1869, se volvió a casar en 1871, con la inglesa Laura Epps -gracias a eso consiguió la nacionalidad británica-, que también aparece en sus cuadros.
Tras su muerte por problemas estomacales, y tras dejar en herencia a sus hijas su estudio -también, como no, de mármol y estilo antiguo-, fue cayendo en el olvido, aunque fue recuperado en el siglo XX por dos razones: los coleccionistas -muchas veces, de los llamados "nuevos ricos", y que, a la hora de comprar arte, no hacían demasiado caso a los gustos clásicos, y estaban más dispuestos a arriesgarse, o a adquirir lo que, simplemente, más les gustaba-; y la industria del cine, pues cuando Hollywood quiso reproducir la antigua Roma, los directores -y más, los directores artísticos- no sabían bien por donde empezar, y decidieron inspirarse en cuadros del siglo XIX -que consideraban, y con razón, más de fiar que otros más antiguos-, y sobretodo, de los prerrafaelitas. Con toda seguridad, en no pocas películas -y no sólo mudas, de principios del siglo XX, y hasta poco despues de la Gran Guerra, sino bien entrado la centuria, hasta las grandes superproducciones de los 50 y 60- la influencia de Alma-Tadema es patente.

 "El triunfo de Tito" (1885), hace referencia a la victoria de dicho emperador, hijo de Vespasiano, sobre los rebeldes judíos, cuando su padre todavía gobernaba, y él era su mano derecha.

"En el Coliseo" (1896), o cómo, en tiempos antiguos, los espectáculos de masas movían multitudes, también femeninas.

"Recibidor -o sala de recepción- en Towshend House" (1885), un ejemplo -bastante raro- de cuadro sin protagonistas humanos. Sólo la representación de una lujosa habitación, el recibidor -o algo parecido en una gran casa de campo británica- con una decoración de inspiración oriental.

Aún así, aunque fue criticado y vilipendiado de joven, recibió, más adelante, todo tipo de reconocimientos, llegando a ser, como ya se ha dicho, sir, o Caballero del Imperio, y miembro de la Orden del rey Leopoldo, además de miembro de la Royal Academy of Art -si, esa por la que pasaron todos sus coetaneos prerrafaelitas-, y de numerosas academias de arte en Berlín, Viena, Madrid, etc.
Hoy en día, aunque su nombre no sea conocido por mucha gente, es, sin duda, de los pintores que más reproducciones de sus cuadros vende, en tienda o en la red, lo que indica que su arte, lejos de envejecer mal, está más vivo que nunca. Y con él, una Antigüedad que, lamentablemente, nunca existió realmente como él la pintó. O sí, porque, realmente ¿tendría alguna importancia?

"Una lectura de Homero" (1885), o el disfrute por escuchar a viva voz las obras maestras de los escritores de antaño.

"Safo y Alcaeo" (1881), donde la misteriosa y mítica poeta griega escucha al también poeta, compatriota -de Lesbos- y contemporáneo suyo, Alceo, del que fue amiga y admiradora.

lunes, 8 de septiembre de 2014

Donald y el tío Gilito en Barcelona: sorpresas geográficas en el cómic -y yo, sin enterarme-.

O cómo, en una colección de cómics hechos en Alemania, se puede ver a unos patos americanos paseando por Barcelona.


Una entrada ligera: la sorpresa de encontrarse una Barcelona creíble en un cómic americano hecho en Alemania.

Hoy -esta noche, más bien- me apetece una entrada ligera y corta, sobre algo que encontré por casualidad -como tantas otras cosas- navegando por la red de redes. Buscando un par de cómics de Don Miki que regalar al hijo de un amigo -un niño de pocos años, a ver si se acostumbra a leer en papel-, me encontré con una curiosa historia de Donald y el tío Gilito -en realidad, es el viejo pato, el que lleva la voz cantante en la historia, como en otras muchas; es bastante normal, que un personaje en principio secundario acabe, por carisma o interés, protagonizando las historias que le dieron a conocer, y no sólo en el cómic-, donde iban detrás de un cuadro de Picasso expuesto en Barcelona, y donde se puede ver la ciudad condal bastante bien retratada, donde las aventuras de los plumíferos personajes transcurren en la Sagrada Familia, la estatua de Colón y el monasterio de Montserrat, además de una visión de, se supone, la parte antigua de la ciudad, con banderas cuatribarradas y sardanas incluidas. 
¿Y de dónde viene, que en una serie de historietas alemanas, salga Barcelona tan bien retratada, que hasta sale un personaje con el nombre de Mercedes Pujol -pintora y pata, ella-, y donde se puede ver a personajes hablando originalmente en catalán y castellano? Pues, por lo que he podido encontrar después, el guionista y los dibujantes son catalanes -el guionista Miquel Pujol, y los dibujantes Jose Miguel y Maximino Tortajada Aguilar-, quizá emigrados a Alemania -o tal vez, lo hicieran en su casa, y enviaran su trabajo por correo o por ordenador, que no resulta tan extraño-, y trabajaron, junto a otro equipo de profesionales -alemanes o no, y no por fuerza físicamente a su lado- en una de las "franquicias" que la Disney permite tener en Europa, sobretodo en Italia -de ahí ha salido gran parte del "material Disney" de los últimos cuarenta años- donde, desde hace décadas, se han ido creando cientos y cientos de aventuras de sus personajes, a pesar de que en Norteamérica, hace ya mucho, que sólo se hacen unas pocas, a cargo de algún autor en particular -no hace tantos años, salieron al mercado unas historias en forma de álbum, con un buen dibujo, y un guión muy trabajado, teniendo en cuenta que era, en teoría, una historieta para niños-. Y que hubiera españoles allá no es extraño, pues también existe otra franquicia en Dinamarca, donde su estrella era un chileno, y en la de Holanda, es un brasileño. Muy multicultural todo, aunque, curiosamente, la historia barcelonesa, que se tradujo a numerosos idiomas -aparte del alemán original, en noruego, francés, portugués de brasil, inglés para USA...-, nunca se ha publicado en España, ni tan siquiera en Cataluña y en catalán.

La primera página de la versión en francés, con un título adaptado a dicha lengua.

Y aquí, algunas fotos de viñetas, que cuando las vi, me resultaron, como mínimo, llamativas:

Donald y Gilito, trepando por las escarpadas montañas donde se ubica el monasterio del mismo nombre.

Trepando por el brazo de Colón.

Una sardana confundida, lingüísticamente, con una sardina -¿y el elefante del que habla Gilito, a qué viene?

El tío Gilito corriendo por Ciutat Vella, con la estatua de Colón al fondo.



La historia original, en alemán, se llama "Picasso-Raub in Barcelona", pero también se puede encontrar en francés, entre otros idiomas.

sábado, 6 de septiembre de 2014

Los prerrafaelitas (IV). Seguidores de la escuela no incluidos en la Hermandad: John Collier. Otros autores menores.

Una vez tratados los tres iniciadores de la Hermandad, vendrían a continuación sus seguidores "externos".


Nuevos ingresos en la Hermandad. Los autores externos, pero que perpetuaron la fama de prerrafaelismo.

Aunque, como ya se ha contado, la Hermanda, en principio, fue iniciada formalmente sólo por tres miembros -Rossetti, Holman Hunt i Millais-, al poco, entraron otros artistas, que, aunque estudiaban o formaban parte de la ya nombrada Royal Academy, decidieron mantener en secreto la existencia de ésta. Quizá, se veían a sí mismos como una especie de revolucionarios, de sociedad secreta -en aquella época, la masonería tenía una influencia social y política fuerte, y era, al tiempo, respetada, temida y, en ocasiones, también odiada-, así que el hecho de guardarse para sí la existencia de lo que habían creado -por lo demás, una unión de artistas de lo más inofensivo-, con toda seguridad, y más teniendo en cuenta la juventud de sus miembros, debió ser algo de lo más emocionante y atractivo. Entre los nuevos miembros, destacar al escultor THomas Woolner; al hermano pequeño de Rossetti, William Michel; a James Collinson -un buen retratista, que lo mismo pintaba escenas más o menos costumbristas y contemporáneas, como otras de ambientación religiosa-; o Frederic G. Stephens, que no tuvo una carrera especialmente conocida, pero no por ello dejaba de ser, él también, un rupturista en el color y en la forma de representar a "la gente común". Aunque ninguno de ellos llegó a tener tanta fama, tampoco está de más dejar constancia de ellos. Quizá, más adelante, pueda escribir un poco más sobre su obra y su vida. Como ellos, a lo largo de todo el siglo XIX, y bien entrado el XX, en Gran Bretaña -país que, hasta el siglo XVIII, con Reynolds, apenas destacó en pintura-, existieron una enormidad de grandes pintores, porque una cosa sí que tenían en común: pintaban sobre casi cualquier cosa -reyes, nobles, pobres; temas bíblicos; sobre la mitología griega, romana, celta o germánica, temas de ambientación medieval, de historia antigua, mujeres atractivas con o sin ropa; leyendas, medievales o no; lugares exóticos o no tanto, como Turquía, Grecia, Italia o España; el campo o las ciudades británicas; imágenes inspiradas en la literatura universal...-, y que, además, lo hacían muy bien. Si en su país nunca llegaron a ser del todo olvidados -aunque, evidentemente, con el paso de las décadas, sólo unos pocos resultan más o menos familiares a los aficionados a la pintura y el arte en general-, fuera de las fronteras británicas, lamentablemente, no pocos de ellos fueron conocidos ni en su época, ni menos todavía hoy en día. Pero, al fin y al cabo, para eso está también internet: para descubrir y conocer.

"Tentaciones" (1855), una de las obras de James Collinson, miembro de la "segunda oleada" de autores que ingresaron en la Hermandad, aunque con una fama e importancia artística menor a los tres iniciadores.

"Madre y niño" (1854), de F.G. Stephens, considerado un miembro "menor" de la Hermandad, aunque no fue en absoluto un mal pintor, y quizá el tiempo n lo ha tratado demasiado bien.



John Collier, el hombre que retrató a Lady Godiva -y a otras muchas féminas, con gran escándalo de la época-.

En principio, al bueno del señor Collier no lo había incluido como pintor a tratar, por la sencilla razón de que ni siquiera sabía de su existencia. Aún así, poco a poco, se va descubriendo que el prerrafaelismo y ramas pictóricas afines debieron tener mucha influencia en los artistas de la época, porque siendo casi todos ellos británicos -de nacimiento o de adopción, caso de Alma-Tadema, que era belga-, y habiendo sido, en su vida y trabajo, casi contemporáneos -más o menos, la segunda mitad del siglo XIX, si bien alguno llegó a pintar también en las dos primeras décadas del XX, pero, básicamente, su obra va de 1850 a 1890, y más allá, no pintaron mucho más-, no hay duda de una cosa: que fueron muchos, muchos más de los que, a primera vista, se podría pensar.
John Maler Collier (1850-1934) fue un pintor de lo más prolífico, y su obra tuvo dos vertientes bien distintas, que le hicieron popular -o más bien, le han hecho, pes es todavía conocido, y reconocido, por los entendidos e aficionados a la pintura-: los retratos de hombres importantes contemporáneos suyos; y los de temática histórica -o más bien sobre leyendas o personajes históricos legendarios- y mitológica. En este segundo caso, son las mujeres las que protagonizan la casi totalidad de sus cuadros. Los de la primera clase fueron los que le dieron una gran fama, respeto y reconocimiento en su momento, pues retrató nada menos que al mismo rey Jorge V, además de a toda clase de lores y nobles, políticos, cargos sociales importantes -presidentes de cámaras de comercio, empresarios...-, y a hombres ilustres de la ciencia y la cultura, como a Charles Darwin, el escritor de relatos ambientados en la India Rudyard Kipling, o su suegro, Leonard Huxley, amigo y seguidor de Darwin, y defensor incondicional de la teoría de la evolución. Gracias a todos esos retratos -englobados, de forma bastante ajustada a la realidad, en lo que se llamaba "retratos de hombres mayores vestidos de oscuro"-, logró ganar mucho dinero, ser respetado, y tener un nombre entre los artistas de la época, llegando a ser uno de los miembros fundadores -y, en su momento, vicepresidente- de la Sociedad Real de Retratistas, en cuya sede llegó a exhibir nada menos que 165 obras, y otras 130 en la Royal Society, de pintura en sentido amplio.

Charles Darwin, copy by John Collier, 1883 (1881) - NPG 1024 - © National Portrait Gallery, London
Un retrato del científico Charles Darwin (1883). Por estos retratos de hombres ilustres se haría famoso en su época. Con el paso del tiempo, han sido desplazados en el imaginario popular por sus pinturas con referencias mitológicas o legendarias.


"Lady Godiva" (1898), paseando por las calles vacías de la ciudad de Coventry, gobernada por su marido, el noble anglosajón Leofric.

"La celebración de la reina Ginebra", donde el rey Arturo deja el protagonismo a su futura esposa, que en las sagas artúricas tiene siempre una importancia reseñable, pero secundaria.

The Laboratory - John Collier
"El laboratorio", de 1895. La bella y el sabio.

Sin embargo, este tipo de pinturas, si bien demuestra que era un magnífico retratista, hoy en día, pueden dar la falsa imagen de un autor "aburrido", o, cuanto menos, repetitivo, y que, pudiendo hacer cosas más interesantes, se dedicaba, simplemente, a pintar lo que estaba socialmente mejor considerado o que, sencillamente, más a cuenta le salía desde un punto de vista económico. Pero no fue así. Su segunda temática era bien distinta, y se basaba, principalmente, en retratar a personajes femeninos basados en otros tantos de la mitología europea en general, fuera esta celta o germánica, lo que en Gran Bretaña -e Irlanda, británica al completo, en aquella época- era considerado, hasta cierto punto, como parte de la cultura popular de origen pre-cristiano, como de la greco-romana, o clásica. O bien, basándose en personajes de leyendas o cuentos no se sabe bien si históricos, totalmente fantásticos, o una mezcla de ambas cosas, caso, por ejemplo -ejemplo muy británico, por lo demás- del rey Arturo, la reina Ginebra y los caballeros de la Mesa Redonda, o de lady Godiva -o Godgifu, en su nombre anglosajón antiguo, y no latinizado-, que sí parece ser un personaje histórico, aunque no está demostrada al completo su historia de que decidiera pasearse desnuda y a caballo por la población que gobernaba su marido, después de que éste se negara a rebajar los impuestos a sus sufridos vasallos, y de que su esposa intentara convencerle de ello. Él, pensando que no se atrevería, le dijo que lo haría se se paseaba por Coventry, la ciudad y región que gobernaba, sin más ropa que sus cabellos, pero nunca se debió pensar que su esposa se decidiera a ello.

arte  
"La sacerdotisa de Delfos" -más bien parece una pitonisa, o adivina-, y "Lilith" (1892), considerada no sólo como la esposa de Caín, sino también -aunque no se sabe bien cual es el origen de la leyenda- madre de la raza de los vampiros, y primera de todos ellos.

"La hija pródiga", donde es una mujer, y no un hombre -como en la parábola bíblica-, la que regresa al hogar, si bien en el rostro de la joven no se ve signo alguno de arrepentimiento. aunque sí de sorpresa -más que de alegría- en los padres.

Menos gracia hizo en la sociedad de la época, que le gustara retratar a sacerdotisas de las antiguas religionas paganas, fueran célticas o la de griegos y romanos, o que pintara a jóvenes de distintas nacionalidades o razas con poca o menos que poca ropa, caso de las -supuestas- sirvientas de un faraón egipcio que, claramente, al no retratarlo, le interesaban menos que las esclavas que le servían.
Siendo como fue, uno de los pintores más prolíficos de su época -algo increíble, teniendo también en cuenta, la calidad de casi todo lo que salía de sus manos, y el hecho de que no se hayan descubierto a ningún "ayudante" o aprendiz que realizara parte de su trabajo-, también tuvo tiempo, tanto de formarse, como de intentar tener  familia propia no en una, sino en dos ocasiones.
Aparte de formarse con Millais y Alma-Tadema -no fue, lo que se dice, exactamente su alumno, pero sí reconoció haber recibido influencia suya, y haber aprendido del artista, que, junto a Millais, ayudaron, y no poco, a que aquel futuro retratista también fuera figura importante del prerrafaelismo-, se casó con la hija del científico y pensador Thomas H. Huxley, abuelo del autor de "Un mundo feliz". Primero con su hija mayor, Marian -pintora y culta, como él-, que murió al poco de tener a su hija mayor -pero no al dar a luz, sino de una pulmonía, en una clínica francesa donde se recuperaba de una depresión post-parto-, y más adelante, con su cuñada, hermana menor de Marian, Ethel, si bien dicha boda no era legal en Gran Bretaña, por considerarse indecoroso el matrimonio entre cuñados -se tuvieron que casar en Noruega-. Por lo visto, al padre de ambas aquello no le pareció mal, y Collier no sólo retrató a su suegro, sino que, en general, tuvo buena relación con él. Al fin y al cabo, el pintor era hombre culto, hijo de un juez, y estudiante en Eton, que había viajado por la Europa continental, y sentía interés por las ideas e investigaciones de su suegro, una eminencia cultural de la época.

  
"Las sirvientas del faraón", y "La sacerdotisa de Baco" -con cierta imaginación, a la hora de imaginarse la vestimenta de ésta-. El que el autor gustara tanto de retratar a exóticas jóvenes casi desnudas, o a mujeres de carácter, representantes de las religiones anteriores al cristianismo, no sentó demasiado bien en su momento, pero el hecho de que Collier fuera considerado un gran retratista, y fuera llamado a ejercer como tal por los hombres más poderosos de su tiempo -incluido el propio rey- hizo que, en cierto modo, se le perdonaran ciertas fantasías y experimentos pictóricos, como si estos no fueran, también, grandes obras de arte.


  
"Tannhäuser en el Venusberg -la montaña de Venus-" (1901), y "En el bosque de Arden" (1895). El primer cuadro, más adelante, sería considerado como referencia a la hora de pasar a escena la ópera de Wagner, basada en leyendas alemanas.

Aparte, también tuvo tiempo de escribir no uno, sino tres libros sobre técnicas pictóricas, que vendieron bastante, al ser considerado un maestro ejemplar -y por tanto, a imitar-: "La cartilla -o libro de aprendizaje- del arte" (1882), "Manual de pintura al óleo" (1888), y "El arte del retrato" (1905). Pasado el tiempo, estos retratos tal vez han sido cada vez más olvidados -aunque puedan verse en libros de historia, al nombrarse a tal o cual personaje por el retratado-,  y las conocidas como "pinturas incómodas", fueron cada vez más reconocidas. Respecto a cuantas realizó, o cuales son las mejores, al ser tantas, en lugar de enumerarlas, creo que resulta mejor reproducir el mayor número de ellas, y poner títulos y, si se puede, el año en que fueron finalizadas y presentadas al público.

"Circe", la bruja o hechicera -o maga- de la Odisea, reina de la isla de Eea, donde los compañeros de Ulises -u Odiseo, su nombre griego original- fueron transformados en cerdos.


Collier The Hon  John The Land Baby

"El bebé terrestre" (1899), o la sorpresa de la sirena al ver una niña humana, un ser bípedo. Y "La ninfa del agua", representada no por un ser más o menos humanoide de aspecto acuático, sino por una mujer de origen desconocido y misterioso, que aparece y desaparece del mundo humano cuando ella lo decide.

Collier John The Confession
"La confesión" (1902), un ejemplo genial de cómo utilizar un solo color, el rojo, para retratar una escena donde, al o poder ver claramente el rostro de la mujer, se puede imaginar que quién confiesa y quien escucha pueden ser cualquiera de los dos personajes.


"La bella durmiente" (1921), una de sus últimas obras, y también de las más románticas y fascinantes.


"El señuelo" (1897), dejado por la dama -una rosa roja en el suelo- para atraer al hombre en la sombras. El quién era él, y por qué deseaba atraerlo, se deja a la imaginación de cada uno.


Como su obra es tan amplia, no sólo existen gran número de webs donde se habla de ella, sino que, incluso, están dedicadas sólo y únicamente a él, como es en este caso. Está en inglés, pero, de todas formas, al ser una web sobre pintura, el texto no tiene demasiada importancia.