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lunes, 12 de noviembre de 2012

La ciencia-ficción francesa (IV): El cine actual (y 2), y comentarios anexos.

Cuarta y última parte dedicada al cine francés de CF.



Por fin llegamos al final de esta serie de entradas sobre el cine de CF del país vecino. En este caso, sólo se comentarán un par de películas, pero considero que no está de más hacer también algunos comentarios: uno sobre René Laloux, el padre de la animación adulta francesa; otros dos, sobre la influencia de la obra de dos genios como Moebius y Enki Bilal -serbio de nacimiento, pero francés de adopción- sobre el cine, o en cso de Bilal, su trabajo como director y guionista; el cuarto y último, sobre una serie de animación que, hoy en día, nos resultará simpática por la nostalgia, y tal vez un poco anticuada. Pero teniendo en cuenta la época, no dejaba de ser, y más para un país europeo -aunque contara, en mayor o menor medida, con aportación de otras televisiones del continente- todo un salto adelante.


IMMORTEL, AD VITAM (2004).

En este caso, se trataría de una película dirigida, precisamente, por el autor del cómic en el que está basada. Lo cual, por otro lado, no dejaría de tener cierto sentido porque, al fin y al cabo, ¿quién mejor que el dibujante y guionista de una historieta, para comprender todo lo que en ella se cuenta, y en sentido y razón de lo que allá podemos leer y observar? Sin embargo, habría que tener en cuenta otro detalle, no menos importante: un buen autor de cómic -al igual que un buen novelista- no ha de ser, por fuerza, un buen director de cine.

El cartel de la película.

Immortel es obra de Enki Bilal. ¿Quién es el que se esconde tras tan extraño nombre? Aunque pueda parecer lo contrario, no es un sobrenombre, se llama realmente así. Se trata de un dibujante y, en ocasiones, guionista de cómics francés de origen serbio -nació en Belgrado, aunque su padre era bosnio- emigrado de niño a París, por lo que se le puede considerar -al menos, así se ve él- como francés de adopción. Creador, aunque en ocasiones sólo en la parte gráfica, de obras como "La ciudad que nunca existió", "Las falanges del orden negro" -por cierto, que su primera edición en España se llamó "Los comandos del orden negro"; seguramente, para no tener problemas con ciertos tipos de camisa azul y muy mal carácter, que todavía se creían excesivamente importantes en un país que pasaba ya de ellos- o "Partida de caza". Pero no es de su vida u obra de lo que ahora querría hablar, pues con toda seguridad, ya habrá tiempo para extenderme más en ella, sino es esta, su tercera película. La que, en teoría, tenía una base argumental más modesta pero que, aparte de ser un éxito no extraordinario, pero sí considerable -medio millón de franceses fueron a verla el fin de semana de su estreno-, no dejaba de ser una obra sincera y con bastante interés.

La vista de la pirámida sobre NY. 


 Los inmortales.


 El original en papel.

Bilal se basó en las dos primeras partes de la llamada "Trilogía Nikopol", "La feria de los inmortales", y "La mujer trampa", aunque con bastantes cambios con respecto a los dos álbumes originales -sin contar, muy probablemente, con algo de la onírica y extraña atmósfera de la tercera, "Frío ecuador"-. En el original, Nikopol es una especie de rebelde político -nunca se tiene claro su origen o biografía anterior a la historia en sí- que llega a un París del 2023 arruinado económicamente, dominado por una especie de régimen fascista, donde la élite -autoritaria, egoista, corta de miras, acobardada, decadente y afeminada- vive separada de la mayoría de la población -mísera, masacrada por la radiación y las mutaciones provocadas por ésta, abandonada por el estado, reducida a la supervivencia más brutal enmedio de las ruinas de la antigua sociedad-. En esta ciudad, donde existen criaturas de origen extraterrestre, y otras que nadie es capaz de explicar su origen, llega este hombre perdido y fuera de época, pero también una nave espacial con forma de pirámide egipcia, habitada por unos extraños seres inmortales con el aspecto -hasta cierto modo, lógico- de los dioses del antiguo Egipto faraónico, que le exigen al gobierno autónomo parisino que le provea de petroleo -¿una nave espacial a petroleo?- para volver a su mundo. Pero uno de ellos, el rebelde Horus, con el mismo aspecto de hombre-halcón que el dios de su nombre, y condenado a muerte, escapa y posee el cuerpo de Nikopol. No me quiero alargar más sobre la continuación de este curioso, ya clásico y recomendable cómic, o de sus dos continuaciones. Respecto a "La mujer trampa", se refiere a su protagonista femenina, una periodista de aspecto famélico y cabello azul, que tiene como extraña costumbre, una vez hundida psicológicamente, de escribir artículos para un periódico del pasado.
En el film, la acción transcurre en Nueva York -por cuestión de ganar el mercado norteamericano, aunque allá tuvo poco eco-, y en el año 2095 -no quedaba muy creíble, un cambio tan radical en una ciudad, del 2004 de la exhibición del film, a un relativamente cercano 2023-, donde la acción no parece cambiar demasiado, pero donde el personaje femenino aquí parece más una creación artificial -tiene aspecto de mujer adulta, pero sus células dan a entender que "nació" sólo meses antes del examen-, por alguna extraña razón la entrada a Central Park está prohibida bajo pena de muerte, y Nikopol no tiene un hijo de su mismo aspecto y edad -pues al estar, en el cómic y la película, en coma artificial en una cápsula, su cuerpo no envejece-. Además, en el original, Horus simplemente quiere escapar, y en la película tiene también el interés vital de reproducirse, pero como no es capaz de realizarlo -"ocupando" el cuerpo de Nikopol- con ninguna mujer, debido a que lo impiden los cambios genéticos y las prótesis artificiales que todos los humanos de esa época contienen, finalmente, sólo es capaz de hacerlo con Jill -la protagonista femenina-, que es, por decirlo de alguna forma, orgánicamente pura.
Originalmente, la película no está rodada en francés, sino en inglés. Además, en la mayoría de los casos, los actores son doblados -no se puede oír su voz original-. Eso se nota en la protagonista, la actriz Linda Hardy, que a pesar de su nombre es francesa, y cuya voz original sólo se puede oír al final de la película, cuando recita en su francés materno un poema de Baudelaire. El protagonismo masculino, Nikopol, es interpretado por el alemán Thomas Kretschmann -¡Jesús, que apellido para recordar!; eso sí, su trabajo resulta más convincente que el de su compañera femenina, que no resulta demasiado creíble-. Si se escucha la versión original, se ve bastante claro que las voces no corresponden demasiado a los actores -además, porque, en varios casos, interpretaron hablando en francés, y a la hora de colocarles un doblaje en inglés no siempre queda tan bien como debería-. La crítica no la llegó a machacar, pero tampoco la puso en muy buen lugar. Se reconoció que, realmente, Bilal había progresado desde sus primeras obras de bajo presupuesto, pero que aún le quedaba que aprender. Quizá, si hemos visto bastante cine de CF o terror, en el que actores reales comparten pantalla con seres recreados informáticamente, se pueda pensar que algunas "creaciones" de Bilal, muy del universo "Métal Hurlant" no son del todo creíbles, pero también habría que tener en cuenta que, aún siendo una producción que, para ser francesa, manejaba un presupuesto alto, tampoco es comparable a una superproducción estadounidense. Y si algunas cosas tal vez nos parezcan vistas, no pensemos que sea porque Bilal haya copiado aquí y allá, porque, aunque fuera de su país no sea demasiado conocido, él fue, en no pocas ocasiones, el original al que no pocos han copiado -aunque a veces sea en forma de "homenajes" un tanto discutibles-.


Otra onírica visión de la megalópolis (abajo).

De todas formas, y aunque debería volver a ver la película completa para tener una opinión más clara, no deja de ser un espectáculo interesante, llamativo e imaginativo. Y para los que hayan leído a Bilal, aunque sólo sea "La feria de los inmortales", puede resultar curioso cómo su mismo autor lo ha plasmado en un medio tan distinto -pero con el que existe una simbiosis tan íntima- como es el cine.

Y aquí, un enlace con la página original de "Métal Hurlant".


DANTE 01 (2008).

Y por fin, la última película de la lista. Evidentemente, haber, hay más, pero estas son, al menos en parte, las más representativas.
"Dante 01" es un film con guión y dirección de Marc Caro, ya totalmente desvinculado de Jean-Pierre Jeunet, el autor de "Amelie" y compañía, ayudado a la hora de lo primero por Pierre Bordage, y con Lambert Wilson y Dominic Pinon -sí, el protagonista masculino de "Delicatessen", que también participa en "Amelie" y otros muchos films franceses; y no franceses, pues en España participó, nada menos, que en la primera película que se hizo a partir de Mortadelo y Filemón-.
Sobre la historia -que no es ni romántica ni fantástica, como los trabajos de Jeunet, sino de CF pura-, se podría decir que trata sobre una cárcel que también es una enorme nave espacial -que recibe el nombre del título de la película-, y que orbita alrededor del planeta Dante. Allá van a parar todos los psicópatas y dementes peligrosos de la Tierra -y, muy probablemente, también de otros mundos habitados por humanos-. Sólo que estos no están allá, simplemente, para cumplir condena, para ser reinsertados, o para apartarlos de la civilización de forma definitiva. Todo eso lo es, sólo, en teoría, porque en la práctica, están allá para servir de cobayas humanas para terribles -y nunca bien explicados- experimentos genéticos. Allá, uno de los presos, Cesar -Pinon-, intenta revelarse y escapar de allá. Pero la llegada de un nuevo prisionero, Saint George -¿algo que ver con San Jorge, el santo que lucha contra el dragón, que representa la maldad en este mundo?-, una especie de ser mesiánico que es capaz de curar heridas y ganar para su causa de redención a cada vez más presos, acaba por hacer trastabillar sus planes iniciales.

El cartel de la película... en su versión turca (lo que demuestra que, hasta cierto punto, no dejó de tener su proyección internacional).

En resumidas cuentas: la película tiene un planteamiento y principio interesantes, pero Caro, que parece que echa demasiado en falta a su antiguo compañero Jeunet -que sí que ha sido capaz de hacer películas interesantes, o al menos consistentes, sin ayuda de nadie en la dirección-, y a pesar de tener un ayudante a la hora de realizar el guión, acaba liándose de tal forma, que no es capaz de explicar de forma medianamente clara, concisa y sin excesiva lentitud o escenas sin explicación aparente, la historia que en principio nos promete. Cierto que, en ocasiones, se agradece una película -o una novela, o lo que sea- en que no se nos dé todo masticado y bien explicado. Pero eso es una cosa, y otra, el acabar explicando una historia de forma tan confusa, dando tan pocas pistas, que lo que prometía algo profundo pero interesante, puede resultar pesado y aburrido. De todas formas, ver interpretar a Pinon siempre es interesante, la fotografía y la ambientación -muy en la línea del universo Alien, lo que demuestra aquí que Scott creó escuela- son bastante acertadas, y los escasos efectos especiales -que tampoco tienen que ser ni vitales, ni en extremo abundantes, para explicar una historia de CF; para eso, ¡ya tenemos a Transformers y compañía!- son más que dignos. Pero eso no impide que, aunque según como uno quiera entender lo que se nos está explicando -o intentando explicar-, puede resultar original, es muy probable que, para el común de los mortales, acabe agobiando.
Una de los científicos-carceleros, experimentando con un preso.

De todas formas, nunca está de más un visionado. Aunque si lo que queremos es empaparnos un poco de CF francesa, de esa tan intelectual y alternativa a la anglosajona, personalmente, aunque sólo fuera por la originalidad del mundo alternativo presentado -y más, si a uno le gusta el cómic franco-belga-, recomendaría  "Immortal...", antes que esta última película.


Y ahora, unos cuantos anexos:

René Laloux, el padre de la animación adulta de CF.

Nacido en París en 1929, y fallecido en 2004 de un ataque al corazón, Laloux fue un joven no del todo autodidacta, pues estudió pintura, trabajó de ebanista, de actor aficionado y titiritero; y más tarde, también en el mundo de la publicidad, hasta que decidió ser empleado en una institución psiquiátrica, donde consiguió realizar un cortometraje a partir de un guión pergeñado, nada menos, que por los internos de dicho establecimiento, "Los dientes del mono", de 1960. Más adelante, colaboraría por el surrealista Roland Topor, francés de origen judeo-polaco que formaría parte del llamado Movimiento Pánico, junto con el español Fernando Arrabal y el chileno Alejandro Jodorowsky, dedicándose al surrealismo en todas las ramas artísticas. De allá saldrían dos cortos más: "Los tiempos muertos" de 1963, y "Los caracoles"; de 1964.
Sin embargo, Topor y Laloux todavía tenían que realizar su más celebre obra, la ya comentada "El planeta salvaje" (1973), que en Norteamérica fue estrenada como "Fantastic planet", por considerar, quizá, que lo de "salvaje" era excesivamente fuerte, o explícito. Por lo visto, no se dieron demasiada cuenta de que esta no era una película, precisamente, infantil. Tras ganar el Premio Especial del Jurado en el Festival de Cannes del mismo año, se transformó no sólo en un éxito en su país -dentro de los límites del género, y del cine más o menos alternativo, se entiende-, y así ha llegado hasta ahora.
Rene Laloux
No vale la pena extenderse sobre la historia que cuenta dicha película, ni las dos siguientes, "Los maestros del tiempo" (1981), que representa la posibilidad de trasladar al cine el mundo de Moebius -lo que lo hace, incluso después de tanto tiempo, una obra vanguardista y agradable de ver-, ni "Gandahar", de 1987, esta última con la colaboración con el también "humanoide asociado" -los fundadores de la revista "Métal Hurlant"- Philippe Caza. Esta última, tal vez la más aventurera y fantástica, pero también la más filosófica, y hasta antropológica: la descripción de una sociedad aparentemente perfecta pero que, al discriminar y expulsar la diferencia, acaba fomentando su propia y futura destrucción. Un film extraño, amparado en la nueva CF francesa, y realizado en gran parte ¡en la Corea del Norte de Kim Jong-Il!, cuando este país todavía parecía mínimamente abierto al mundo-.

Una imagen del corto "Cómo Wang Fo fue salvada", uno de sus últimos trabajos.

Sin embargo, nunca le abandonó su estela de animador maldito, minoritario. Después de "Gandahar", sólo consiguió recaudar -y con esfuerzo- dinero para dos cortometrajes: "Cómo Wang Fo fue salvada", de 1987 y "La cautiva" (1988) -en realidad, un proyecto de largo metraje con Caza, que nunca se llegó a hacer-, y fue guionista de otro, donde ya no intervino en nada en la animación -"El ojo del lobo", diez años después, nada menos-. Y hasta su muerte, en el 2004, apenas nada. Parecía tener planes o historias para más trabajos, pero nunca consiguió apoyo financiero. Mucho antes, fue olvidado fuera de su país, y en la misma Francia, no deja de ser un personaje alternativo, reivindicado por pocos. Hoy en día, gracias al DVD y de internet, resulta mucho más fácil conocer, aunque sea por encima y parcialmente su obra. Al menos, para evitar que sea totalmente olvidado, como parecen olvidarlo las enciclopedias temáticas, recopilaciones y colecciones a las que estamos tan acostumbrados. El hecho de que, en la mayoría de los casos, sean anglosajones quienes las realizan, no deja de explicar el por qué de tantas ausencias: raramente se nombran a autores que no pertenezcan a su área cultural y lingüística.
Aquí, un enlace con el corto de "La cautiva", que se quedó en lo que es, por falta de dinero: "La cautiva".

Enki Bilal en el cine.

Es sabido que Bilal es dibujante y guionista de cine, además de ilustrador. Pero también ha sido, y no en una, sino en tres ocasiones, director. Dejando aparte su actividad comiquera, así como su biografía más personal -quizá, en otra ocasión, en una entrada dedicada sólo a su obra gráfica. Además, ha sido director de tres películas, al menos, hasta ahora. Sin embargo, Bilal ha tenido contacto directo con el cine el, al menos, un par de ocasiones más, anteriores a sus tres aventuras cinematográficas, como ilustrador y diseñador de carteles para trabajos ajenos: el de "Mi tío en América" (1980) de Alan Resnais; y creando los decorados, pintados sobre cristal, para "La vida es una novela" (1983), del mismo director. También tuvo una colaboración con Michael Mann, para su película "The keep" (1983), creando el monstruo que se puede ver en la película.

El cartel de "Mi tío en América", de Resnais, realizado por Bilal.

Pero, finalmente, se decide a dar el salto definitivo a la dirección, lo cual también significaría ejercer como guionista, fuera a partir de historias ya dibujadas por él, o de un texto original nunca pasado al dibujo.
En 1989 estrena "Bunker Palace Hôtel", rodada en su Belgrado natal el año anterior. Con toda seguridad, ni tan siquiera un visionario como él imaginaba lo que le esperaba a su patria de origen, todavía una Yugoslavia unida. Aún faltaban unos meses para que los Balcanes acabaran ardiendo en los fuegos del odio étnico. Rodada en el interior de un hotel, sin apenas exteriores, y con actores de importancia como Carol Bouquet y Jean-Louis Trintignant, la historia es simple, y con una base de política-ficción que, en tierras balcánicas, parece siniestramente real: un gobierno de un país imaginario está perdiendo terreno día a día, decidiendo, finalmente, refugiarse en un hotel, donde su director y su personal androide intentan hacerlo funcionar como si no sucediera nada, a pesar de la guerra, y del avance continuo de los rebeldes. Mientras se espera la llegada del presidente -que nunca parece llegar-, y entre patéticas luchas por un poder ilusorio de un gobierno que se desvanece, una rebelde, Clara, logra introducirse en el hotel, destruyéndolo, mientras su director huye, intentando olvidar lo que ocurre en su antiguo establecimiento. Con decorados y paisajes de aspecto fantasmagórico, oscuro y deprimente -mucha lluvia y niebla-, Bilal intenta, mejor o peor, que el estilo visual de sus dibujos esté reflejado en un film real. Y teniendo en cuenta que era una ópera prima, tampoco está tan mal.
Folleto de la película, en su estreno en Japón -país donde tuvo más éxito que en Francia-.

Ilustración -del mismo Bilal- del cartel de la película en Japón.

A pesar de no llegar a ser un éxito, ni de público ni de crítica, Bilal consigue financiación para un segundo film, en 1996, "Tykho Moon". Aquí, una ciudad parecida a París, pero separada por un muro parecido al de Berlín, está regida por una dictadura en manos del "presidente" -o sea, tirano- McBee, con el apoyo, al menos moral, de su mujer -de la que desconfía, por creerla infiel-, su hermano gemelo -asesinado al poco de empezar la película-, y sus dos hijos, también gemelos. Aparte, tiene un tercero, que McBee cree que no es suyo. El Tykho Moon del título, tendremos que averiguar si es un supuesto amigo del dictador, si este amigo no es tal, sino, además del amante de su mujer, es un rebelde, o si es un tallista de gemas que ha perdido la memoria. En resumidas cuentas, y para no explicar más, es, como su primer trabajo, un retrato de lo que es la lucha por el poder, aunque este no sea más que una ilusión, una obsesión en un mundo podrido, una sociedad sin futuro, sobre un pueblo que no cree en su gobierno. La sorpresa final, probablemente, sea el conocer que París, realmente... es otra cosa bien distinta.

El aparente futuro de París, con un considerable amontonamiento de sus monumentos.

Uno de los muchos carteles e ilustraciones de -y sobre- la película.

Y por último, en 2004, realizará "Immortel, ad vitam", de la que ya he hablado anteriormente, y que no creo que se pueda añadir mucho más. Añadir, quizá, que no fue un gran éxito, pero tampoco un fracaso total, aunque, a nivel mundial, en cine recaudó menos de la mitad de lo que costó, aunque el DVD le dio algo de vida. Fuera de Francia, parece haber tenido más éxito en Asia, que en Occidente.
Por el momento, Bilal no parece tener ningún otro proyecto entre manos. Y eso, teniendo en cuenta que su producción en el cómic y la ilustración también se ha ralentizado, pero en ningún momento ha dejado caer que haya dejado de lado su vena cinematográfica -que no cinéfila, pues se deja influir por el cine, tanto como en el cine ha influido-. Así que, todo es cuestión de esperar.

Moebius en el cine -sucintamente; en profundidad, requeriría todo un libro-.

Si la influencia de Bilal en el cine ha sido considerable, la de Moebius es enorme. Sería casi imposible hacer un listado con las películas, series, novelas, cómics o animación -además de música, teatro, publicidad, diseño...- en que, en mayor o menor medida, de una forma más directa y clara, o leve y casi inconsciente, ha llegado a influir tan irrepetible personaje. De todas formas, Moebius no es personaje para ser, simplemente, un capítulo en una entrada. Él merecería ocuparla por entero. Como mínimo. Aquí, sólo algunos de los ejemplos más claros y conocidos -o no tanto- de, no sólo su influencia, sino su directa colaboración en el cine.

Dune, o la no-película que nunca se llegó a hacer... por quién en principio tenía que hacerla: Este es un hecho poco conocido en el cine de CF reciente. Debido a que sí que se llegó a filmar una película basada en la serie de novelas de Frank Herbert, y dirigida por David Lynch. Antes de esta versión, la Universal tuvo la idea de ofrecer el proyecto al chileno Alejandro Jodorowsky, el guionista de cómics, y creador de un cine tan perturbador e inclasificable que, en la mayoría de los casos, o parece un tanto insano o, si no tenemos una mente realmente abierta -yo no la tengo tanto, la verdad-, bastante insufrible. Realmente, no fue una buena idea, pues el chileno es hombre en extremo imaginativo, pero eso es una cosa, y otra el saber unir distintas ideas y revelaciones para formar una historia mínimamente bien interconectada y creíble. Si las historietas en que es guionista acostumbran a ser como mínimo satisfactorias, por no decir geniales, o al menos realmente buenas, es, tanto o más, por la capacidad de los dibujantes de ensamblar los delirios del personaje, y crear una historia comprensible, que por las virtudes narrativas del autor del guión. Jodo -que es como se le acostumbra a llamar, por la dificultad de escribir y pronunciar su intrincado apellido judeo-polaco- trabajó durante más de cinco años con Moebius, que le sirvió para poner cierto orden a lo que tanto él, como otros genios a los que invitó a participar -desde el grupo de rock psicodélico Pink Floyd, hasta el genio del cine Orson Wells, pasando por el pintor Salvador Dalí, o el escultor suizo Giger, de quién algo habría que aclarar más adelante-. Después de tanto tiempo sin poder ofrecer un guión consistente, pero con una enormidad de bocetos y dibujos, la Universal decidió dar carpetazo al Dune de Jodo, pero éste y Moebius, que habían congeniado y pensado en trabajos alternativos -quizá, fue esta una de las razones por la que el proyecto principal no avanzaba: sus dos artífices principales tenían demasiadas ideas que no entraban en él-, decidieron utilizarlo para una de las grandes obras de ambos: El Incal, un clásico de la CF francesa -en este caso, más bien franco-chilena; el cómic franco-belga ha sido capaz de "adoptar" a multitud de artistas españoles, italianos, latinoamericanos, africanos...-.



Algunos de los personajes de Dune -y alguno improvisado- bajo la mirada de Moebius.

Otra imagen de la película, desarrollando la parte marina de los mundos descritos.

Un número de la revista "Metal Hurlant" -en este caso, la edición española-, sobre el fallido proyecto.

Y para quién quiera ver más bocetos sobre personajes, este enlace.

Moebius y el escultor Giger: Esta no-película también sirvió para que Moebius hiciera amistad con Hans R. Giger, un franco-suizo que se dedicaba a esculpir monstruos y horrores de todo tipo. La obra de Giger, sin duda, influyó en posteriores trabajos -y en los que realizaba para la "No-Dune"- de ilustración, y para ilustradores posteriores, hasta ahora mismo. Pero también hubo una influencia contraria. Giger nunca había pensado en colaborar de forma seria en el cine, pero a partir de allá, se hizo un nombre en Hollywood, tendría contacto directo con Ridley Scott y, finalmente, creó para él este personaje, con clara influencia de Moebius -realmente, muchas ilustraciones y esculturas de artistas posteriores, recibieron influencia de ambos genios, sin quedar claro qué se debía a quién-:

Sí, el famosísimo Alien, monstruo de oscuros confines del universo por antonomasia. 

La influencia en el "Blade Runner" de Scott: Blade Runner está basado en una novela del sinpar e inclasificable Philip K. Dick, pero éste, a pesar de no haber andado nunca sobrado de dinero, se negó a que se hiciera película alguna basada en alguna de sus novelas; ni tan siquiera, en algún cuento corto. Pero tras su fallecimiento, Scott no tardaría en hacer una versión un tanto personal -alejada del texto original en varios puntos- de una de sus obras más conocidas "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?". Para llevar al celuloide tan extraño texto -al menos, para la época-, contó con Moebius, que ya era bastante conocido en Norteamérica gracias a la hermana americana de "Metal Hurlant": "Heavy Metal". No parece que ambos genios congeniaran -valga el juego de palabras- demasiado, pero sí que se puede ver la influencia del francés en el trabajo del norteamericano, como también se vería, años después, en "El quinto elemento", y otras.

Viñeta de "The long tomorrow", con guión del norteamericano Dan O'Bannon.


Un par de visiónes de los espacios aéreos de LA del futuro, de Scott.

Otra visión aérea, en este caso de Moebius y O'Bannon.

Otros films donde se puede ver algún tipo de influencia: Hay, sin duda, otros muchos ejemplos, pero sería muy largo el ir listándolos uno por uno. Aquí, algunos ejemplos:

Stars Wars:
Aunque no trabajó directamente para LucasFilms, su influencia se siente, aparte de algunas ilustraciones que hizo él mismo, más por gusto que por razones profesionales.

Blueberry:
Originalmente, fue un cómic donde Moebius -aquí, Gir o Giraud, su apellido original, que usaba en sus trabajos más "realistas"- llevaba la parte gráfica. Charlier era el responsable de los guiones. Después de muchos años, decidió dejarlo para dedicarse únicamente a su parte más fantástica o de CF, hasta que, mucho después, se realizó una película.


Producida y estrenada en 2004, y dirigida por Jan Kounen, con Vincent Cassel y la norteamericana Juliette Lewis -bastante desaparecida, hasta ese momento, desde hacía ya años-, no tuvo demasiado éxito. Quizá porque, más que un western de aventuras -como en realidad era el original-, tenía una carga mística y alucinógena que le daba un aire a guión de Jodorowsky. El cual, por cierto, no tuvo nada que ver con la producción.

Tron:

Un par de dibujos del "story-board" de la película de 1982.

Una imagen de la película. En su momento causó sensación, aunque, actualmente, sus efectos especiales parezcan casi artesanales.

Intervino directamente en toda la parte gráfica -o sea, en recrear el mundo informático- de la primera versión  de 1982 -Steven Lisverger-, y se nota la influencia en la nueva versión, más actual, y que cuenta con la inestimable ayuda de la revolución en los efectos especiales de los últimos años.




Y sin duda, muchas más, incluyendo "El quinto elemento", del que ya se habló en una anterior entrada. Así pues, finaliza este pequeño anexo que no hace honor a todo lo que de Moebius se podría escribir. Al fin y al cabo, fueron él y Mézières, los encargados del diseño de producción.

Nacion.com
"La diva", uno de los personajes de "El quinto elemento" que bebe más directamente de la obra de Moebius.

El protagonista, en una situación más bien complicada.


Y una serie de televisión infantil, pero de auténtica CF: 

Se trata de "Érase una vez el espacio". Sí, es una creación del estudio de animación Procidis, allá por 1982, con la co-producción económica de televisiones de media Europa, además de Japón y Canadá -del francófono, para ser más exacto-, y fue la segunda que creó, después de la legendaria "Érase una vez el hombre". Cierto que se trataba de una serie, en principio, para niños, donde se usaba la CF -que ere, y es, un género extremadamente atractivo para niños y jóvenes- para enseñar conceptos como la tolerancia, colaboración, amistad, etc; y, de paso, dar a conocer algo de astronomía, astronautica, robótica, etc. Al menos, en su versión más sencilla, pero, dentro de lo que cabe, realista. No es comparable, claro está, a una serie adulta, pero es lo más parecido que Francia y los países francófonos han realizado en el mundo fantacientífico. Además, también, se diga lo que se diga, y teniendo en cuenta la época, fue una de las más llamativas y absorbentes de las que se podían ver en televisión en los años 80, y actualmente, no son pocos los europeos, no sólo franceses, ahora adultos pero en aquella época niños, que reconocen que se interesaron por la astronomía y la CF gracias, precisamente, a las aventuras de los personajes de "Érase...".

Teniendo en cuenta la época, y el público a quién iba dirigida, tanto los robots como las naves espaciales, estaban muy trabajadas.


Realmente, con naves de semejante diseño y originalidad, no era de extrañar que los críos de la época fueran fans de la serie.

¡Y se acabó! Sin duda, ha quedado mucho por decir, y con toda seguridad, habrá más de una entrada para autores -literarios o de cómic- que tendrán una atención más individualizada. Pero por ahora, se acabó la parte dedicada a la ciencia-ficción francesa en su versión cinematográfica.
En la próxima ocasión, toca la parte de literatura.

sábado, 20 de octubre de 2012

La ciencia-ficción francesa ( II ) El cine en los 70 y 80.

Continuación sobre el cine de CF galo, incluyendo el de animación.


Bien, ya iba siendo hora de finalizar la temática sobre el cine francés de CF, dejando un tanto claro un detalle: qué es CF -en un sentido amplio-, y que no. Porque hay cine que se puede considerar, básicamente, como de fantasía o terror, y otro que entraría de una forma más clara en el género que nos ocupa. Aunque esto, no siempre es tan fácil 
¿Sería "Vidocq", de Pitof, CF? Personalmente, creo que no. Se le podría considerar una cinta que mezcla el thriller con la fantasía, y un poco de terror folletinesco -muy francés, por otro lado-, dentro de una ambientación histórica -el París revolucionario de 1830, cuando se expulsó al rey Carlos X, el último borbón francés-, pero no, en mi modesta opinión, como de ciencia-ficción propiamente dicha, por muy elástica que, en ocasiones, pueda resultar esta etiqueta. ¿Se podría considerar "La ciudad de los niños perdidos?", de Jeunet y Caro como tal? Es difícil de decir. Se podría decir, erróneamente, que es una película infantil. Pero aunque así fuera, ¿es que acaso el cine dedicado a los niños no puede formar parte de un género en sí mismo? Tal vez, dicha película tenga influencias del steampunk, pero, más bien, debería considerarse un film de fantasía. Aunque pueda equivocarme. Lo mismo podría decirse de "El pacto de los lobos"? En este caso, lo veo un poco más claro: básicamente, sería una película de acción, con tintes históricos y terroríficos. Con mucha fantasía e imaginación, eso sí, pero eso no significa que sea, ni mucho menos, ciencia-ficción.
Por otro lado, también incluyo un par de películas de animación, pues en Francia, ya en los 70, se consideraba que se podía hacer cine de animación -o sea, dibujos animados- sin necesidad que estuviera dedicado, exclusivamente, al público infantil. Además, era una forma más barata, y con gran capacidad de desarrollar mundos imaginarios y complejos, para realizar películas de género CF.
Así pues, coloco aquí esta pequeña lista. Con toda seguridad, estará incompleta, pero es a partir de los 70 cuando el género tiene más vida, tanto en Francia, como en EEUU y en otros países, así que, en principio, es más lógico no incluir todos los títulos que puedan venir a la mente.


FRANCIA, SOCIEDAD ANÓNIMA (1973, PERO ESTRENADA EN 1974).

Fue el primer film de Alain Corneau. La historia consiste en que un hombre del pasado es "resucitado", o vuelto a la vida, en un centro científico, en el año 2.222 -curioso número, éste-. En su momento, en los años 70 del siglo XX, fue un hombre famoso, y, repentinamente, vuelve a serlo, así que un número indeterminado de periodistas invisibles lo entrevistan para conocer la época de la que proviene.

El cartel de la película, en francés.

Entonces, descubrimos la naturaleza y el origen del personaje en cuestión. Se trata de un antiguo narcotraficante, uno de los más importantes del mundo, que se queda, literalmente sin negocio, cuando el estado decide legalizar la producción y venta de todo tipo de drogas, en parte para acabar con la violencia y marginalidad que provocaba -supuestamente- si ilegalización. Y en parte, aunque hipócritamente se quisiera negar, para beneficio económico del estado, debido a los enormes ingresos que conseguiría mediante impuestos a estos nuevos "respetables empresarios".
Nuestro hombre, entonces, desengañado con un estado al que, realmente, combatía mediante la delincuencia  
-o, por lo menos, desobedecía sus leyes y reglas-, decide unirse a un -poco creíble, ciertamente- grupo entre guerrillero urbano y terrorista de adictos defensores de un "consumo popular y libre", y contrario a las grandes multinacionales, ahora legales -y empresas cercanas a un gobierno que las considera pilar de la nueva economía- que controlan el mercado de producción y venta de estupefacientes.

Un mitin político del grupo de adictos-combatientes.

Tampoco mucho más que añadir, excepto que, en los 70, tanto en Europa como en América, hubo muchos intentos de romper las reglas de lo que se podía, y no se podía -y cómo- en el cine. No deja de ser una película que da de pensar. A veces se podría suponer -bien o mal; eso, cada uno es libre de hacerlo como quiera- que se considera el consumo de drogas,  y no sólo las blandas, tipo marihuana, como algo mucho menos serio de lo que realmente es. Pero, en la práctica, se puede considerar que la crítica es otro, y tiene un destino distinto: la capacidad del Estado para conseguir ingresos de la forma más impresentable posible; el cómo crimen y Estado son capaces de no sólo convivir, sino de aliarse para conseguir beneficio para ambos -esto no es tan increíble; sólo hay que ver la capacidad de introducirse de todos los grupos mafiosos organizados en la administración pública, justicia y policía incluidas-; y el que, a la hora de la verdad, cualquier cosa, droga incluida, puede llegar a ser -y a ser considerada- como una mercadería más para ser comprada y vendida al por mayor.


EL PLANETA SALVAJE (1973).

Esta es una de las primeras películas de imaginación que podríamos considerar, realmente, como adultas -aunque un niño de cierta edad, o al menos un adolescente, también podría verla y comprenderla sin problemas-. Y además, de género.
El responsable de todo ello fue René Laloux, uno de los padres de la animación moderna en Francia, a partir de una novela del también francés Stefan Wul (seudónimo de Pierre Pairault): "Oms en série". Y contaba con la ayuda de Roland Topor, uno de los miembros del movimiento teatral conocido como "Grupo pánico", junto al español Fernando Arrabal, y el chileno Alejandro Jodorowsky.
Su deseo era aprovechar el dibujo animado para contar una fábula de CF, donde el ser humano no fuera el rey de la creación, y la especie dominante en el planeta, sino un ser pequeño e indefenso, tratado como una mascota -cuando no, simplemente, exterminado, por ser considerado una plaga dañina-, por otros seres, los Draag, que aquí ocupan el papel de "cúspide de la evolución".
El origen de la co-existencia, nada pacífica, y aún menos justa, entre ambas especies es sencillo: realmente, los humanos no viven en la Tierra, fueron encontrados allá por los Draag, un pueblo tecnológica, cultural y éticamente avanzados -ética que no les impide tratar a la otra especie inteligente como simples animalillos, poco menos que de la misma forma que nosotros tratamos a las distintas especies de roedores, sean estas silvestres o domésticas-, que los encontraron en su mundo natal, la Tierra, sobreviviendo en un ambiente de devastación post-apocalíptico. Se da a entender en la película -más o menos a medio metraje, para informarnos un poco mejor del origen de los humanos- que nuestro mundo ha sido destruido por una mezcla de guerras y contaminación, y que los humanos supervivientes son pocos y dispersos. En nuestro planeta, los Draggs encuentran restos de una antigua civilización, pero parecen negarse a creer que los pequeños seres salvajes y antropomorfos que encuentran allá son los descendientes degenerados de los que crearon dicha civilización. Se trata de una auténtica negación de la "humanidad" -en este caso, del raciocinio, de la capacidad de pensar y sentir como seres racionales- del otro. Tal como, sin ir más lejos, se actuaba en todo el mundo con los esclavos. Negándoles la humanidad, aunque se viera a primera vista que disfrutaban de ella igual que sus supuestamente civilizados amos, se les negaba cualquier tipo de derechos. Y, de la misma forma, también se intentaba evitar cualquier duda, arrepentimiento o empatía con los que, en la práctica, no son más que animales con aspecto humano. Comportamiento que también se repite -todavía más, si cabe- cuando se quiere eliminar a individuos, o a pueblos enteros, por no considerarlos iguales; por no ser realmente humanos.

Lo que queda de la humanidad, reducida a mascotas de una especie aparentemente superpoderosa.

No me extenderé demasiado sobre la historia, porque es mejor verla. Explicar que algunos de estos humanos son como mascotas, lo que a veces comporta que algunos mueran debido al maltrato, sobretodo de los niños. Pero el protagonista, Terr -que parece decir "terrícola", pero también "terrible"- consigue conocimientos mayores de lo normal en un humano -incluido el saber leer y escribir- mediante una especie de diadema que los Dragg niños utilizan para aprender sin esfuerzo, pues no tienen libros.
Una vez que conoce desde el interior la sociedad de la especie dominante, y tras haber conseguido adquirir conocimientos con los que ningún humano había contado en generaciones, decide huir, y unirse a sus hermanos de especie que viven el precaria libertad -como animales salvajes, que es como se les considera-. Tras unirse a una tribu libre, que es diezmada por la fauna del planeta -como ya dije, no es la Tierra, y allá, los humanos, no dejan de ser una "especie invasora", introducida artificialmente, y en parte "asilvestrada" como hicieron los europeos con animales y plantas en América y Oceanía. Después de la huida, tiene contacto con otra tribu, considerada de bandidos -o más belicosa, según se mire-, de la que acaba siendo líder. En pocas palabras más: los humanos consiguen algo parecido a una rebelión de esclavos, que en parte es aplastada -se decide una especie de "solución final", o exterminio, de todo humano libre-, hasta que, finalmente, los Draggs más moderados llegan a la conclusión de que se las están viendo con una especie diferente, y si firman la paz con ellos, y deciden que es mejor la convivencia que la esclavitud o la violencia, es, en la práctica, porque consiguen ver en ellos a unos iguales, otros seres pensantes.
Evidentemente, esta es una fábula animada sobre la convivencia, la intolerancia, y la ridiculez de la violencia por diferencias raciales, culturales, etc. Y más, cuando, finalmente, unos y otros se dan cuenta de que el convivir es el mejor camino -sobretodo, los Draggs, que son la especie dominante; los humanos, en principio, no buscaban la lucha por la lucha, sino el combatir por conseguir la libertad-.

 
Los niños draggs, jugando con sus mascotas humanas.

La animación es un tanto "primitiva", y más, si la comparamos con cualquier película animada actual, tanto norteamericana, como japonesa o europea. Pero el color, y la imaginación de los paisajes y los animales, supera mucho lo que se podía ver en la CF norteamericana. Sobretodo, porque se buscaba, dentro de la fantasía, cierto realismo "naturista" y pictórico; que pensáramos que el planeta imaginario que se nos presenta, hasta cierto punto, sería posible. La película es, de todos formas, una co-producción con la antigua Checoslovaquia -no en cuestión de guión o personajes, ni de las voces, porque el original es en francés, pero sí en el trabajo de animación, que fue casi artesanal -no es que no hubiera programas informáticos en aquella época para este trabajo; es que, incluso comparando con otros países, Checoslovaquia tenía unos profesionales implicados, pero que hacía mucho que no sabían de adelantos tecnológicos. Todo eso no impide que, a no ser que estemos demasiado acostumbrados a un solo tipo de animación -la actual, tanto norteamericana como nipona-, que, aún hoy, no deje de resultar llamativa y fascinante. Por algo ganó en el mismo año 1973, el premio especial del público del Festival de Cannes.
Respecto a la influencia de Topor -que tiene que ser lógicamente grande, al tratarse del dibujante-, se nota por cierto aire entre surrealista y onírico.
Encontrar la película en español, hasta no hace muchos años, no era posible, pero hace poco que, según he podido leer, salió al mercado en España -doblado y subtitulado-, y en México -al menos, con subtítulos-. En internet, también se le puede encontrar, al menos, en versión original con subtítulos al español, dividido en varias partes. De todas formas, no es una película larga -algo más de una hora-, así que tampoco se puede hacer demasiado pesada. Eso sí, si tenemos en cuenta la época, podremos ver en ella una obra rupturista y con deseo de dar una forma alternativa a la animación, de género y más adulta.


LOS AMOS DEL TIEMPO (1982).

De nuevo, una película de animación; de nuevo también, con dirección y guión de René Laloux (aunque con la inestimable ayuda, sobretodo en cuestión del dibujo, pero también en la adaptación de la novela en la que se basa, del genial y ya legendario Moebius); y sí, también, de nuevo, a partir de una obra -"El huerfano de Perdido", que es el nombre del planeta donde transcurre la historia- de Stefan Wul -que, al contrario de lo que se podría pensar, apenas pasó de una decena de obras, a pesar de la enorme influencia posterior de ésta-.
La historia, realmente, es de los más simple. Un niño, Piel, es el único superviviente del accidente de una nave espacial en un mundo prácticamente desconocido por los humanos, en lo que se llamaría "el espacio no explorado", y que recibe el nombre de "Perdido". Más claro agua, el niño está también perdido, rodeado de una fauna y una flora increíbles, surrealistas -al fin y al cabo, extraterrestres, extrañas a los humanos-, y tiene trabajo de sobra para sobrevivir. Pero también cuenta con una máquina, una especie de walkie-talkie mezclado con aparato de radioaficionado, pero en versión futurista. Con él, logra, a base de probar, o de jugar, contactar con Jaffar, antiguo amigo de su difunto padre, y capitán de una nave espacial. Y él y su tripulación intentarán ir a ese planeta olvidado, para salvar al niño.
Aparentemente, no debería resultar tan difícil, pero es que este mundo ha sido elegido por una extraña raza de seres sin rostro y aspecto angélico -que no angelical- para ser colonizado. Una especie donde el individualismo, incluso la individualidad no existen, y actual todos a una, como células de un ser sub-dividido en otros seres menores, que no son capaces de actuar de forma independiente.
Así pues, a los peligros de un planeta tan salvaje como el que comenté anteriormente, los protagonistas humanos se las tendrán que ver con una gente que, erróneamente, podríamos considerar malvados, pero que, realmente, sólo son diferentes. Extraordinaria y terriblemente diferentes, lo cual hace harto difícil, quizá imposible, el entendimiento mutuo, aunque sea mínimo.

Los protagonistas de la película -aparentando una portada de álbum de cómic europeo, aunque éste nunca se llegó a realizar.

La influencia de Moebius, es enorme. Sus dibujos son de lo más representativo, y se ve, sobretodo, en los paisajes de extrema imaginación onírica, y en un par de pequeños seres que acompañan al capitán Jaffar y sus amigos humanos, que aparentan ser una especie de "robots blandos", construidos, no con metales, sino con algún tipo de plástico flexible, y que además son telépatas, aunque su auténtica naturaleza nunca nos es explicada claramente. Como ocurre, por otra parte, con gran parte de la obra de CF, o de fantaciencia, de Jean Giraud -el nombre real de Moebius-.

Los seres sin rostro ni personalidad propia, que desean colonizar Perdido.

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Los "moebianos" seres telépatas, de cuya "robocidad" tengo dudas.


VIVA LA VIDA (1984).

En este caso, no es que tratemos de una obra maestra, sino, más bien, de una alternativa. O, al menos, atrevida, aunque no sea con la mejor suerte. El director y guionista de esta película, Claude Lelouch, siempre gustó del cine alternativo -que en Francia, donde agrada tanto el llamado cine de autor, aunque en no pocas ocasiones simplemente para aparentar intelectualismo, muchas veces de pega-, esta supuesta "alternatividad", tal vez no lo sea tanto.
Resumiendo, la historia consisten en que dos personas, el empresario Michel Perrín,y la actriz Sarah Gaucher, desaparecen misteriosamente, el mismo día y a la misma hora, para aparecer poco después, aparentemente, sin hacer sufrido mal o accidente alguno, y sin recordar nada de lo que ha sucedido. Curiosamente, y exactamente un año después de ese extraño hecho, vuelven a desaparecer, y a aparecer de nuevo, lo que hace que las respectivas parejas de estas dos personas, que aseguran no conocerse de nada, se preguntan si no hay algo más detrás de todo aquello.

Viva la vie!
El cartel de la película.

Y sí que resulta que lo hay. Nada menos, que el mensaje de unos extraterrestres, que, por medio de dos humanos, y con el poder de lanzar sus mensajes a través del sueño -y con un hiperrealismo que puede ser terrible-, intentan convencer -o más bien, forzar, en vista de que los humanos son bastante tozudos- de los peligros del armamento atómico, que amenaza con destruir el planeta.
La película recibió bastantes críticas, argumentándose que era "loca y salvaje" y que, si bien no era en absoluto criticable que el autor quisiera hacer con ella crítica a la guerra fría y al peligro nuclear, aquella se hacía de la forma más simple, "sin ton ni son".
Un dato curioso, es que, al principio de la película, y antes de que se pudieran ver a los actores en acción, el mismo director y guionista pedía a la gente que no contaran la historia, ni aún menos el final de ésta, una vez que salieran del cine. Quien quisiera saber cómo acababa, que fuera a verla a la sala. En principio, porque así, podrían verla sin prejuicios, sin tener en cuenta lo que otros hubieran contado sobre ella. En principio, también, y aunque él no lo dijera, porque así habría más gente dispuesta a pagar la entrada. ¿O no?

GANDAHAR (1988).

De nuevo, una película de animación. Y sí, ¡de nuevo René Laloux! -no, Laloux no es el único productor, guionista, y en resumidas cuentas, autor de animación adulta en Francia; pero a veces, realmente lo parece-. En este caso, no se basaba en una historia de Wul -tampoco tenía tantas, el pobre hombre-, y en este caso, la expresión "fantaciencia" tiene más sentido que en las otras dos, pues la fantasía está por delante de la CF propiamente dicha. Pero tratándose de un planeta lejano y extraño, hasta cierto punto, esta última etiqueta también vale. En esta ocasión, la obra que sirve de inspiración es del novelista Jean-Pierre Andrevon, cuyo título original era "Los hombres-máquina contra Gandahar" -no Kandahar, la ciudad afgana, aunque no sería raro que el autor se inspirara en tan lejano y exótico lugar-. Respecto al dibujante, en lugar de Topor o Moebius, en este caso, contaría con la colaboración de Philippe Caza, otro miembro importante del grupo de autores fundadores de la revista "Metal Hurland". El subtítulo, o etiqueta, de la película, era "Los años luz", y a partir de ahí se hizo la traducción al inglés, "Light years", obviando el original.

El cartel, con su título en inglés.

La historia se centra en el personaje de Sylvain, un humano que se encuentra en el planeta Gandahar de paso -o sea, que, como quién dice, pasaba por allí-, y se enamora de una joven del lugar, Airelle, sin importarle un detalle tan aparentemente nimio como que la chica es de piel y cabellos azules. Es de suponer que, en un lejano futuro, el problema del racismo, definitivamente, ha desaparecido, así que un detalle como ese no debería tenerse en cuenta a la hora de enamorarse. Hasta ahí, muy bien. Y lo mismo cuando, de nuevo Laloux -en parte basándose en la obra de Andrevon, y en parte improvisando- crea un nuevo mundo de fantasía, lleno de seres a cual más extraño.
Ahora bien, no todo podía ser tan bonito, y unos hombres-máquina -o más bien, hombres metálicos, o mecánicos, pues su apariencia no correspondería a la de los robots clásicos del cine más antiguo, o del cómic más infantil- destruyen los pueblos, eliminando a la población, transformándola en piedra, con la ayuda de un extraño rayo, y llevándose las estatuas resultantes a su guarida, no se sabe bien -en ese momento- por qué.
Los hombres máquina, con su siniestro botín.

Los protagonistas, por tanto deciden luchar contra la amenaza, a la que ningún ejército puede hacer frente, llegando a la ciudad de estos hombres- máquina, para escapar a una isla donde vive un extraño ser: un cerebro gigante, con el que es posible comunicarse mediante telepatía, conocido como Metamorphis. Por medio de él, el protagonista descubre que éste es un experimento de los sabios de Gandahar, que fue abandonado al considerarlo inestable -o simplemente, monstruoso- y que, si bien en ese momento no es peligroso, mil años después, es capaz de saber que será malvado, que creará a los seres máquinas, y que serán un ejército que viajará al pasado para transformar a los habitantes del planeta en futuras células, una especie de alimento para el cerebro. Pero como éste, que en ese momento no es malvado, no desea que todo acabe así, con el exterminio de la población, manda al héroe al futuro, con un veneno que lo mataría en esa época -en el pasado, parece, que no sería efectiva-, podría salvar a los gandaharianos -que dejarían de ser de piedra, y que han llegado allá por medio de una especie de túnel del tiempo- y, finalmente, podrían viajar al pasado, a su época, para encontrarse con el resto de su gente. Y Sylvain, claro está, con Airelle.
Esta historia no tuvo tanto éxito como "El planeta salvaje", o "Los amos del tiempo", pero, aún así, Laloux seguía siendo uno de los portaestandartes de la animación adulta. Aún así, después de esta película, y de "La prisionera", apenas pudo hacer nada más. Básicamente, por falta de financiación. De todas formas, Laloux, que merecería un especial, fue uno de los padres de la CF cinematográfica moderna, tanto en Francia, como en toda Europa.

Imagen
El parecido de los hombres-máquina, sin piedad ni alma, con las SS no es casual.

Por último, decir que el novelista escribió más relatos sobre Gandahar, que se ha ido transformando, con el paso de los años, y la ayuda de internet, en un mundo de fantasía con bastantes seguidores.
Aquí, el enlace con una web sobre Gandahar -y no sólo de la película-. Está en francés, pero muchos navegadores -imagino, al menos, sí el Chrome-, permiten la traducción, más que aceptable.


Bien, cierto es que prometí que, en esta entrada, acabaría con el cine, incluyendo la animación, hasta nuestros días. Pero como todavía tenía cuatro o cinco películas -ya veré cuantas- en el tintero, para no hacerlo demasiado largo -y porque no me apetecía, la verdad, pues no me agradan las entradas demasiado largas-, dejo la tercera parte para muy pronto.