miércoles, 24 de septiembre de 2014

Una nueva forma de descubrir nueva música: asaltado por la publicidad.

O cómo, el interesarse por la música de los anuncios, ha dejado de ser una rareza.


Desde hace ya tiempo, diría que años, compro poca música. Y no me refiero a que me la bajo en la red, que en parte es cierto, pero una vez que conseguí parte de lo que no tenía físicamente, y debido también a que el trasto de mi ordenador va demasiado lento para todo, y que hará ya dos o tres años que ningún programa para dicha práctica me agrada -o, simplemente, que no me aclaro con ellos-, pues ni así, me da por conseguir de forma duradera -no el escuchar aquí o allá, y olvidarme- música nueva. En realidad, gran parte de lo que me he ido comprando -poco, aunque eso sí, no eran copias del top manta, aunque más bien porque encontré un buen precio que por cualquier otra razón, seré sincero- también era música "vieja".
En resumidas cuentas, tengo un conocimiento muy superficial, escaso, de lo que suena, tanto en España y Europa -entiéndase, "el Continente", que dirían los británicos-, como en el mundo anglosajón. Eso sí, de vez en cuando, algún grupo me llama la atención, y a veces lo compro. O lo compraba. O me lo bajaba, cuando tenía el e.mule, porque con los programas actuales, me lío cosa mala, y los he acabado por dejar por imposibles.
Y curiosamente, como ya no hay programas musicales en los canales generalistas -a no ser que consideremos musicales a los que los anglófonos llaman "talent-shows" musicales, y aquí, "programas a lo Operación Triunfo"; y además, últimamente, ni adultos participan, sino básicamente niños. ¿Necesidad social de una nueva Marisol, o un nuevo Joselito? Para quién no sepa a qué me refiero: niños prodigio-, y no ser muy numerosos los musicales -aunque alguno haya en abierto, más los de plataformas de pago, aunque estos no los cuento-, ¿qué queda para descubrir algo nuevo?. O la radio -y aquí, también opto, normalmente, por las emisoras generalistas; hace mucho que no me da por escuchar alguna musical, pero más o menos adulta. Alguna tipo "Cuarenta principales" está tan volcada a la gente más joven -¡será por eso, que la escuchaba yo también, cuando era adolescente o veinteañero!-, que no creo que la pudiera aguantar más de un par de días -y eso que yo la radio no es que la escuchara el día entero, precisamente-. Así que queda internet, pero sólo si sabes más o menos que buscar, o tienes ganas serias de ello. Y yo, ganas, en mis circunstancias, pocas. Pero a veces escuchas algo que te suena nuevo, y tienes ganas de saber. Y, mira qué cosas, se trata de la música, que en otra época llamaban jingle -que era eso, una canción, o versión, hecha expresamente para un anuncio publicitario-. O sea, la musiquilla que suena en uno de esos anuncios que intentas que pasen lo antes posible, pero que consiguen quedarse en tu cabeza. El problema, es que la música, finalmente, tiene más éxito publicitario que el producto que quieren vender, y tienes que esperar a volver a verlo, para así, empezar a buscar en la red. Y hoy en día, hay webs que ayudan bastante, si sabes que buscar. Y yo acabé encontrando dos que me interesaban en ese mar de vídeos que es youtube.


Este es un vídeo -sí, con publicidad y todo, pero la traía incluida, y no encontré otro de la misma canción- de Kleerup -o Andreas Kleerup, pues se trata de su apellido-, un productor, letrista e, imagino que músico, sueco que, bien con alguno de sus grupos -"The meat boys", o "Me and my army"-, lo mismo saca al mercado LP, EP -o sea, cds con cinco o seis canciones-, o directamente singles. No será un superventas en las tiendas pero consigue que algunos de sus canciones sean descargadas en todo el mundo en una cantidad, como mínimo, considerable. Tiene también su propia web. La canción se ha dado a conocer de forma más o menos masiva -antes, no es que fuera desconocida, pero tampoco extremadamente popular- gracias al anuncio de una empresa de diseño y venta de ropa, pero teniendo en cuenta que no es, precisamente, una micro-empresa, tampoco seré yo el que le haga publicidad. Sólo hay que ver un poco la televisión.



Esta otra canción la conocí por medio del anuncio de un festival de música que, la verdad, ahora mismo no recuerdo. Is tropical son ingleses, pero su música se lanza -o se presenta en público, como quiera decirse- desde Francia. Megaforce sí son franceses, y son la pequeña productora que ha realizado el video -no el primero con este grupo, ni sólo trabajan con ellos-, de ahí que se hable en él en francés.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Los prerrafaelitas (V): Lawrence Alma-Tadema, retratista de la Antigüedad, y líder independiente de la corriente prerrafaelita.

Otro de los artistas que, sin pertenecer a la Hermandad, acabó siendo brillante representante del movimiento.


La obra de un hombre del que, en su momento, mal o bien, se habló mucho.

Ya se dijo que, después de hablar de los tres principales miembros de la Hermandad, y dar un ligero repaso de otros que se les añadieron, llegaba la hora de recordar a los autores que, sin ser parte de ésta, en ocasiones se sintieron cercanos a ella, o, incluso, tuvieron amistad personal con, al menos, uno de sus miembros. Otros, sin embargo, siempre mantuvieron cierta distancia -no por nada personal, sino simplemente porque la vida de cada persona tiene su propio camino, y en ocasiones, se cruza con el de otra de gustos parecidos, y en ocasiones no-, pero no por ello dejaron de representar, todos juntos, el movimiento del prerrafaelismo. Si unos empezaron a pintar de determinada forma, le dieron un nombre a su nuevo estilo y visión del arte, y decidieron hacerlo de forma más o menos conjunta, otros, simplemente, lo hicieron individualmente. Y Alma-Tadema, como John Collier, fue de estos últimos.

El pintor, todavía joven y en plenitud de facultades artísticas.

Bien, basta ya de extenderme a lo tonto. Lawrence Alma-Tadema (1836-1912) -en holandés, Lourens Alma Tadema, sin guión de por medio- no era británico de nacimiento, sino holandés. Para ser más exacto, frisón -Frisia está en el norte de Holanda; al norte de ésta se encuentra el Mar del Norte, y es una región históricamente pesquera-. La cuestión es que, siendo joven, se quedó bastante solo, pues tras la muerte de su padre -el notario PieterTadema de apellido-, cuando era niño, siguió, años después -él contaba con veintisiete- la de su madre. Aún así, aparte de con ella, contó durante su infancia con el apoyo económico y afectivo de su padrino -de quién heredó el apellido de Alma-. No siendo británico, no pudo estudiar pintura por ninguna de sus prestigiosas escuelas artísticas -él emigró a Inglaterra siendo ya adulto-, así que se formó en su país y en Bélgica, participando en la decoración del hotel de la villa de Amberes, ayudando a su maestro Hendrik Leys.
Sus primeros éxitos le vinieron de la pintura basada en la Alta Edad Media. Para ser más exactos, de la época merovingia -así se les llama a estas primeras obras, "etapa merovingia"-, donde retrata a los reyes y reinas de los tiempos del Reino Franco, antecesor del Imperio Carolingio, creado por Carlomagno, como "La educación de los niños Clovis" (1861) -este Clovis es también conocido, en español, como Clodoveo, el rey franco que derrotó a los romanos del reino galo-romano de Sigrario, y a los visigodos el Bouillé, lo que significó la reunificación de gran parte de la Galia; por lo demás, el tipo era un auténtico salvaje, a quién la iglesia "salva" simplemente porque abandonó el paganismo para convertirse al cristianismo, más para ganarse a sus súbditos de dicha religión, que por cualquier otra cosa-, o "Fredegunda en el lecho de muerte de Pretextatus". El tal Pretextatus -o Pretextato, en su versión españolizada- era un obispo que murió apuñalado, precisamente, por orden de la reina Fredegunda -conocida por cómo se deshizo de maridos y parientes varios, con tal de regir como señora de los francos, sin que se sepa bien, si murió en la prisión, asesinada, o por los males de la vejez, relativamente en paz-, que se encuentra a su lado, y a quién maldice. Aquí se habla de su época más romántica. Tal vez, todavía estaba influenciado por los artistas franceses de estilo plenamente romántico, como Delacroix, y no había dado el "salto" a una re-actualización del romanticismo histórico, o sea, lo que luego se llamaría prerrafaelismo.
Viviendo entre Bélgica y Gran Bretaña, donde conseguiría no sólo la nacionalidad, sino el título de sir, se dedicó, dejando atrás la oscura Edad Media, a retratar el antiguo Egipto, para, más adelante, dedicarse casi en exclusiva a pintar sobre Grecia y Roma. Si bien es cierto que él no era ni historiador ni arqueólogo -y unos y otros estaban, en el siglo XIX, desenterrando, año tras año, nuevos restos de las civilizaciones antiguas, incluyendo no sólo el Egipto faraónico, sino también las ciudades sumerias, mesopotámicas semitas, persas, cretenses, indias, etc.-, sí que se informó todo lo que pudo para hacer creíbles -dentro de lo que cabe, pues la imaginación y la espectacularidad tendrían su enorme importancia, y una fuerza que ha hecho que sus cuadros no hayan envejecido en absoluto, a pesar de lo mucho que fueron criticados algunos de ellos en su momento-. Muchos lo criticaron por retratar lo que consideraban vicio, molicie, depravación y decadencia, sobretodo cuando alguno de sus cuadros retrataba la Roma imperial. Y tal vez fuera así, pero no hay duda que esa supuesta decadencia fue reproducida de forma magistral. Al contrario que sus coetáneos, la Antigüedad ocupó una parte muy mayoritaria de su interés, apenas pintando la realidad, más allá de su familia, o de lujosas habitaciones vacías.

"La educación de los niños Clovis", donde aprenden a lanzar hachas, todo un ejemplo de la cultura germánica todavía muy viva en los reyes francos anteriores a Carlomagno y su imperio europeo.


Respecto a la serie egipcia, que llamó la atención por sus detalles, y por el interés por la sociedad egipcia en general, y no sólo temas bíblicos, o retratos de faraones en todo su esplendor, incluye obras como "Egipcios de hace 3000 años" (1863) -quizá la primera de esta temática-, "Ajedrez egipcio" (1865), "La momia" (1867) -en aquella época, en Europa, y aún más en Gran Bretaña, el tema de las momias, maldiciones incluidas, estaba muy de moda-, "La muerte del primogénito" (1873), o "José, supervisor del granero del faraón" (1874). Estas serían dos obras de temática más o menos bíblica, pero tomando de base la cultura egipcia. Alma-Tadema no era lo que se dice un cristiano ejemplar, y parece que las fiestas, el vino y las mujeres le gustaban, y no poco. Cosa que, por lo demás, llamó la atención de amistades suyas, de vida más tranquila y hogareña.


"Ajedrez egipcio" (1865); fue uno de los primeros pintores que se interesó en profundidad por la cultura egipcia en sí misma, y no sólo por su relación con la Biblia.

"La muerte del primogénito" (1873), donde el pintor no se interesa por los milagros de Moisés, sino por la pérdida de los egipcios, incluido el faraón, aquí, un padre como cualquiera de sus súbditos.

"El hallazgo de Moisés", trata de 1904, una época muy posterior al resto de sus cuadros egipcios. Aquí, representa la magificencia -quizá no del todo fiel a la realidad- de la corte de los faraones.


¿Qués es, lo que más llama la atención en la pintura de Alma-Tadema? Cada cual, evidentemente, podrá tener una opinión determinada, pero, sin duda, es el color. El color, o más bien, la variedad de colores, la luz -aunque en algún cuadro sabe jugar con las sombras, con los colores oscuros, o más bien, los claroscuros-, la forma en que retrata las flores -algo que, en aquella época llamó mucho la atención; y más, teniendo en cuenta la importancia que tienen, la devoción que sienten los británicos por parques, jardines y campiñas bien cuidadas-, los materiales -sobretodo, el mármol, tan importante en la arquitectura monumental romana, pero también griega, menos exagerada o presuntuosa, pero más bella e íntima, a pesar de su, en ocasiones, extraordinaria magnificencia-, la facilidad con que transporta al observador, de un plumazo, a unas épocas pretéritas milenarias, misteriosas, fascinantes, a mundos exóticos, paganos, de los que, en aquella época, sólo podías admirarse restos y ruinas, que sólo años después, acabarían por sacar a la luz al completo para poder, siempre que se pudiera -o no siempre- restaurarse. La gente conocía bien las Sagradas Escrituras gracias a la pintura y la escultura, pero tenía también deseo, y necesidad, de descubrir, aunque fuera de una forma un tanto edulcorada y exageradamente bella y parcial,  a aquellos antiguos de los que tanto había heredado.
"Las rosas de Heliogábalo" (1888) era un ejemplo claro de mezcla de "arte de vivir", y de vicio y decadencia. Heliogábalo fue un personaje nefasto, un emperador adolescente que sólo pensaba en orgías, violencia y en imponer la religión de la parte de Siria de donde era originaria su madre, donde se adoraba a una enorme piedra negra -algo parecido a la Kaaba de la Meca, que en épocas anteriores al islam, quizá en una lejana antigüedad, era también adorada por sí misma, o como si contuviera algún tipo de poder telúrico, o de pasaje a otro mundo-, que trasladó a la misma Roma. De todas formas, no duraría demasiado, pues sería asesinado por los pretorianos, que colocarían en el trono romano a su hermano pequeño, Alejandro Severo -a quién Heliogábalo había adoptado como hijo, a pesar de tener, apenas tres o cuatro años más que él-. Pero dejando aparte las miserias romanas, muchas otras obras de dicha temática pintó Alma-Tadema. Tantas, que resultaría casi imposible nombrarlas todas, y aún así, se dejarían aparte retratos de su familia o por encargo, de personas contemporáneas suyas, de jardines o habitaciones, de sus viajes por Italia, de temática medieval o renacentista... en ocasiones, resulta increíble que una sola persona fuera capaz de pintar tanto y tan bien.

"Sólo pregúntame" (1906). Uno de esos títulos que cada uno puede interpretar como mejor quiera
.
"Una declaración", con la temática de la dama griega sobre mármol blanco, con el azul del cielo y el mar Mediterráneo al fondo.

                            

   Titulo de la imágen Sir Lawrence Alma-Tadema - In the Roman Baths, or Roman Women In The Bath 
"Primavera" (1894); las festividades paganas del pueblo llano en la antigua Roma. Y  "Un baño. Una antigua costumbre" (1876), una de sus primeras pinturas "grecorromanas".

"Rivales inconscientes" (1893). El título quizá hace referencia al futuro que les espera a las dos amigas, que probablemente acaben luchando por un mismo hombre, o una posición social superior.


Aún así, si se tienen que nombrar algunas de sus pinturas "greco-romanas", se podrían tener en cuenta, sin tener dar gran importancia al año en que se pintaron, pues su estilo y gustos no cambiaron demasiado con el paso del tiempo: la "trilogía" de Caracalla -"Las termas de Caracalla" (1899); "Caracalla" (1902), y "Caracalla y Geta" (1907-, "El Coliseo" (1896), "En honor a Baco" (1889), "Una declaración" (no se sabe el año exacto), "Las últimas rosas" (1872), "Una lectura de Homero" (1885), "Un elegante silencio" (1890) "Safo y Alcaeo -o Alcaeus, romanizado, aunque fuera un poeta griego-" (1872), y así, se podría seguir indefinidamente. Nótese que, en el caso de los griegos, además del mármol blanco, destacan el mar azul, bello y terrible al tiempo, que llevaría a los helenos a todos los rincones del Mediterráneo -y con ellos, su lengua y su saber-, y el sol del sur, que tanto se echa de menos, tanto en Gran Bretaña, como en Holanda o Bélgica, países donde pasó su vida. En el caso griego, además, son poetas o sabios en general -entre ellos, la legendaria Safo de Lesbos- los protagonistas, leyendo o escuchando al aire libre, mientras que los romanos son un ejemplo más claro de vicio o pasividad,  y bastante menos de cultura -que más que crearla, heredaron, aunque también fortalecieron, de los griegos-, como se ve en "Escena pompeyana" (1868), o "Un traje favorito" (1909).

"Las flores de Heliogábalo" (1888), o una de las refinadas y -las cosas como son- bellas formas que tenía el emperador demente de matar a sus enemigos -o a quién le apeteciera-: ahogándolos en un mar de pétalos de flores.

"Un traje favorito" (1909); la sensualidad de la roma antigua, entre mármol y juegos acuáticos.

"Caracalla" (1092), sobre el tirano romano, hijo del autoritario pero aguerrido Septimio Severo, a quién tan poco se parecía.

Alma-Tadema se casó dos veces. Su primera esposa fue la escritora francesa Marie Pauline Gressin de Boisgirard -un nombre muy de noblemente francés, este-, que fue su modelo, y con quién tuvo sus dos hijas, Laurence y Anna -ninguna de ellas se casó, aunque fueron conocidas por su cultura y escritos la primera, y vida social la segunda- y, al enviudar en 1869, se volvió a casar en 1871, con la inglesa Laura Epps -gracias a eso consiguió la nacionalidad británica-, que también aparece en sus cuadros.
Tras su muerte por problemas estomacales, y tras dejar en herencia a sus hijas su estudio -también, como no, de mármol y estilo antiguo-, fue cayendo en el olvido, aunque fue recuperado en el siglo XX por dos razones: los coleccionistas -muchas veces, de los llamados "nuevos ricos", y que, a la hora de comprar arte, no hacían demasiado caso a los gustos clásicos, y estaban más dispuestos a arriesgarse, o a adquirir lo que, simplemente, más les gustaba-; y la industria del cine, pues cuando Hollywood quiso reproducir la antigua Roma, los directores -y más, los directores artísticos- no sabían bien por donde empezar, y decidieron inspirarse en cuadros del siglo XIX -que consideraban, y con razón, más de fiar que otros más antiguos-, y sobretodo, de los prerrafaelitas. Con toda seguridad, en no pocas películas -y no sólo mudas, de principios del siglo XX, y hasta poco despues de la Gran Guerra, sino bien entrado la centuria, hasta las grandes superproducciones de los 50 y 60- la influencia de Alma-Tadema es patente.

 "El triunfo de Tito" (1885), hace referencia a la victoria de dicho emperador, hijo de Vespasiano, sobre los rebeldes judíos, cuando su padre todavía gobernaba, y él era su mano derecha.

"En el Coliseo" (1896), o cómo, en tiempos antiguos, los espectáculos de masas movían multitudes, también femeninas.

"Recibidor -o sala de recepción- en Towshend House" (1885), un ejemplo -bastante raro- de cuadro sin protagonistas humanos. Sólo la representación de una lujosa habitación, el recibidor -o algo parecido en una gran casa de campo británica- con una decoración de inspiración oriental.

Aún así, aunque fue criticado y vilipendiado de joven, recibió, más adelante, todo tipo de reconocimientos, llegando a ser, como ya se ha dicho, sir, o Caballero del Imperio, y miembro de la Orden del rey Leopoldo, además de miembro de la Royal Academy of Art -si, esa por la que pasaron todos sus coetaneos prerrafaelitas-, y de numerosas academias de arte en Berlín, Viena, Madrid, etc.
Hoy en día, aunque su nombre no sea conocido por mucha gente, es, sin duda, de los pintores que más reproducciones de sus cuadros vende, en tienda o en la red, lo que indica que su arte, lejos de envejecer mal, está más vivo que nunca. Y con él, una Antigüedad que, lamentablemente, nunca existió realmente como él la pintó. O sí, porque, realmente ¿tendría alguna importancia?

"Una lectura de Homero" (1885), o el disfrute por escuchar a viva voz las obras maestras de los escritores de antaño.

"Safo y Alcaeo" (1881), donde la misteriosa y mítica poeta griega escucha al también poeta, compatriota -de Lesbos- y contemporáneo suyo, Alceo, del que fue amiga y admiradora.

lunes, 8 de septiembre de 2014

Donald y el tío Gilito en Barcelona: sorpresas geográficas en el cómic -y yo, sin enterarme-.

O cómo, en una colección de cómics hechos en Alemania, se puede ver a unos patos americanos paseando por Barcelona.


Una entrada ligera: la sorpresa de encontrarse una Barcelona creíble en un cómic americano hecho en Alemania.

Hoy -esta noche, más bien- me apetece una entrada ligera y corta, sobre algo que encontré por casualidad -como tantas otras cosas- navegando por la red de redes. Buscando un par de cómics de Don Miki que regalar al hijo de un amigo -un niño de pocos años, a ver si se acostumbra a leer en papel-, me encontré con una curiosa historia de Donald y el tío Gilito -en realidad, es el viejo pato, el que lleva la voz cantante en la historia, como en otras muchas; es bastante normal, que un personaje en principio secundario acabe, por carisma o interés, protagonizando las historias que le dieron a conocer, y no sólo en el cómic-, donde iban detrás de un cuadro de Picasso expuesto en Barcelona, y donde se puede ver la ciudad condal bastante bien retratada, donde las aventuras de los plumíferos personajes transcurren en la Sagrada Familia, la estatua de Colón y el monasterio de Montserrat, además de una visión de, se supone, la parte antigua de la ciudad, con banderas cuatribarradas y sardanas incluidas. 
¿Y de dónde viene, que en una serie de historietas alemanas, salga Barcelona tan bien retratada, que hasta sale un personaje con el nombre de Mercedes Pujol -pintora y pata, ella-, y donde se puede ver a personajes hablando originalmente en catalán y castellano? Pues, por lo que he podido encontrar después, el guionista y los dibujantes son catalanes -el guionista Miquel Pujol, y los dibujantes Jose Miguel y Maximino Tortajada Aguilar-, quizá emigrados a Alemania -o tal vez, lo hicieran en su casa, y enviaran su trabajo por correo o por ordenador, que no resulta tan extraño-, y trabajaron, junto a otro equipo de profesionales -alemanes o no, y no por fuerza físicamente a su lado- en una de las "franquicias" que la Disney permite tener en Europa, sobretodo en Italia -de ahí ha salido gran parte del "material Disney" de los últimos cuarenta años- donde, desde hace décadas, se han ido creando cientos y cientos de aventuras de sus personajes, a pesar de que en Norteamérica, hace ya mucho, que sólo se hacen unas pocas, a cargo de algún autor en particular -no hace tantos años, salieron al mercado unas historias en forma de álbum, con un buen dibujo, y un guión muy trabajado, teniendo en cuenta que era, en teoría, una historieta para niños-. Y que hubiera españoles allá no es extraño, pues también existe otra franquicia en Dinamarca, donde su estrella era un chileno, y en la de Holanda, es un brasileño. Muy multicultural todo, aunque, curiosamente, la historia barcelonesa, que se tradujo a numerosos idiomas -aparte del alemán original, en noruego, francés, portugués de brasil, inglés para USA...-, nunca se ha publicado en España, ni tan siquiera en Cataluña y en catalán.

La primera página de la versión en francés, con un título adaptado a dicha lengua.

Y aquí, algunas fotos de viñetas, que cuando las vi, me resultaron, como mínimo, llamativas:

Donald y Gilito, trepando por las escarpadas montañas donde se ubica el monasterio del mismo nombre.

Trepando por el brazo de Colón.

Una sardana confundida, lingüísticamente, con una sardina -¿y el elefante del que habla Gilito, a qué viene?

El tío Gilito corriendo por Ciutat Vella, con la estatua de Colón al fondo.



La historia original, en alemán, se llama "Picasso-Raub in Barcelona", pero también se puede encontrar en francés, entre otros idiomas.

sábado, 6 de septiembre de 2014

Los prerrafaelitas (IV). Seguidores de la escuela no incluidos en la Hermandad: John Collier. Otros autores menores.

Una vez tratados los tres iniciadores de la Hermandad, vendrían a continuación sus seguidores "externos".


Nuevos ingresos en la Hermandad. Los autores externos, pero que perpetuaron la fama de prerrafaelismo.

Aunque, como ya se ha contado, la Hermanda, en principio, fue iniciada formalmente sólo por tres miembros -Rossetti, Holman Hunt i Millais-, al poco, entraron otros artistas, que, aunque estudiaban o formaban parte de la ya nombrada Royal Academy, decidieron mantener en secreto la existencia de ésta. Quizá, se veían a sí mismos como una especie de revolucionarios, de sociedad secreta -en aquella época, la masonería tenía una influencia social y política fuerte, y era, al tiempo, respetada, temida y, en ocasiones, también odiada-, así que el hecho de guardarse para sí la existencia de lo que habían creado -por lo demás, una unión de artistas de lo más inofensivo-, con toda seguridad, y más teniendo en cuenta la juventud de sus miembros, debió ser algo de lo más emocionante y atractivo. Entre los nuevos miembros, destacar al escultor THomas Woolner; al hermano pequeño de Rossetti, William Michel; a James Collinson -un buen retratista, que lo mismo pintaba escenas más o menos costumbristas y contemporáneas, como otras de ambientación religiosa-; o Frederic G. Stephens, que no tuvo una carrera especialmente conocida, pero no por ello dejaba de ser, él también, un rupturista en el color y en la forma de representar a "la gente común". Aunque ninguno de ellos llegó a tener tanta fama, tampoco está de más dejar constancia de ellos. Quizá, más adelante, pueda escribir un poco más sobre su obra y su vida. Como ellos, a lo largo de todo el siglo XIX, y bien entrado el XX, en Gran Bretaña -país que, hasta el siglo XVIII, con Reynolds, apenas destacó en pintura-, existieron una enormidad de grandes pintores, porque una cosa sí que tenían en común: pintaban sobre casi cualquier cosa -reyes, nobles, pobres; temas bíblicos; sobre la mitología griega, romana, celta o germánica, temas de ambientación medieval, de historia antigua, mujeres atractivas con o sin ropa; leyendas, medievales o no; lugares exóticos o no tanto, como Turquía, Grecia, Italia o España; el campo o las ciudades británicas; imágenes inspiradas en la literatura universal...-, y que, además, lo hacían muy bien. Si en su país nunca llegaron a ser del todo olvidados -aunque, evidentemente, con el paso de las décadas, sólo unos pocos resultan más o menos familiares a los aficionados a la pintura y el arte en general-, fuera de las fronteras británicas, lamentablemente, no pocos de ellos fueron conocidos ni en su época, ni menos todavía hoy en día. Pero, al fin y al cabo, para eso está también internet: para descubrir y conocer.

"Tentaciones" (1855), una de las obras de James Collinson, miembro de la "segunda oleada" de autores que ingresaron en la Hermandad, aunque con una fama e importancia artística menor a los tres iniciadores.

"Madre y niño" (1854), de F.G. Stephens, considerado un miembro "menor" de la Hermandad, aunque no fue en absoluto un mal pintor, y quizá el tiempo n lo ha tratado demasiado bien.



John Collier, el hombre que retrató a Lady Godiva -y a otras muchas féminas, con gran escándalo de la época-.

En principio, al bueno del señor Collier no lo había incluido como pintor a tratar, por la sencilla razón de que ni siquiera sabía de su existencia. Aún así, poco a poco, se va descubriendo que el prerrafaelismo y ramas pictóricas afines debieron tener mucha influencia en los artistas de la época, porque siendo casi todos ellos británicos -de nacimiento o de adopción, caso de Alma-Tadema, que era belga-, y habiendo sido, en su vida y trabajo, casi contemporáneos -más o menos, la segunda mitad del siglo XIX, si bien alguno llegó a pintar también en las dos primeras décadas del XX, pero, básicamente, su obra va de 1850 a 1890, y más allá, no pintaron mucho más-, no hay duda de una cosa: que fueron muchos, muchos más de los que, a primera vista, se podría pensar.
John Maler Collier (1850-1934) fue un pintor de lo más prolífico, y su obra tuvo dos vertientes bien distintas, que le hicieron popular -o más bien, le han hecho, pes es todavía conocido, y reconocido, por los entendidos e aficionados a la pintura-: los retratos de hombres importantes contemporáneos suyos; y los de temática histórica -o más bien sobre leyendas o personajes históricos legendarios- y mitológica. En este segundo caso, son las mujeres las que protagonizan la casi totalidad de sus cuadros. Los de la primera clase fueron los que le dieron una gran fama, respeto y reconocimiento en su momento, pues retrató nada menos que al mismo rey Jorge V, además de a toda clase de lores y nobles, políticos, cargos sociales importantes -presidentes de cámaras de comercio, empresarios...-, y a hombres ilustres de la ciencia y la cultura, como a Charles Darwin, el escritor de relatos ambientados en la India Rudyard Kipling, o su suegro, Leonard Huxley, amigo y seguidor de Darwin, y defensor incondicional de la teoría de la evolución. Gracias a todos esos retratos -englobados, de forma bastante ajustada a la realidad, en lo que se llamaba "retratos de hombres mayores vestidos de oscuro"-, logró ganar mucho dinero, ser respetado, y tener un nombre entre los artistas de la época, llegando a ser uno de los miembros fundadores -y, en su momento, vicepresidente- de la Sociedad Real de Retratistas, en cuya sede llegó a exhibir nada menos que 165 obras, y otras 130 en la Royal Society, de pintura en sentido amplio.

Charles Darwin, copy by John Collier, 1883 (1881) - NPG 1024 - © National Portrait Gallery, London
Un retrato del científico Charles Darwin (1883). Por estos retratos de hombres ilustres se haría famoso en su época. Con el paso del tiempo, han sido desplazados en el imaginario popular por sus pinturas con referencias mitológicas o legendarias.


"Lady Godiva" (1898), paseando por las calles vacías de la ciudad de Coventry, gobernada por su marido, el noble anglosajón Leofric.

"La celebración de la reina Ginebra", donde el rey Arturo deja el protagonismo a su futura esposa, que en las sagas artúricas tiene siempre una importancia reseñable, pero secundaria.

The Laboratory - John Collier
"El laboratorio", de 1895. La bella y el sabio.

Sin embargo, este tipo de pinturas, si bien demuestra que era un magnífico retratista, hoy en día, pueden dar la falsa imagen de un autor "aburrido", o, cuanto menos, repetitivo, y que, pudiendo hacer cosas más interesantes, se dedicaba, simplemente, a pintar lo que estaba socialmente mejor considerado o que, sencillamente, más a cuenta le salía desde un punto de vista económico. Pero no fue así. Su segunda temática era bien distinta, y se basaba, principalmente, en retratar a personajes femeninos basados en otros tantos de la mitología europea en general, fuera esta celta o germánica, lo que en Gran Bretaña -e Irlanda, británica al completo, en aquella época- era considerado, hasta cierto punto, como parte de la cultura popular de origen pre-cristiano, como de la greco-romana, o clásica. O bien, basándose en personajes de leyendas o cuentos no se sabe bien si históricos, totalmente fantásticos, o una mezcla de ambas cosas, caso, por ejemplo -ejemplo muy británico, por lo demás- del rey Arturo, la reina Ginebra y los caballeros de la Mesa Redonda, o de lady Godiva -o Godgifu, en su nombre anglosajón antiguo, y no latinizado-, que sí parece ser un personaje histórico, aunque no está demostrada al completo su historia de que decidiera pasearse desnuda y a caballo por la población que gobernaba su marido, después de que éste se negara a rebajar los impuestos a sus sufridos vasallos, y de que su esposa intentara convencerle de ello. Él, pensando que no se atrevería, le dijo que lo haría se se paseaba por Coventry, la ciudad y región que gobernaba, sin más ropa que sus cabellos, pero nunca se debió pensar que su esposa se decidiera a ello.

arte  
"La sacerdotisa de Delfos" -más bien parece una pitonisa, o adivina-, y "Lilith" (1892), considerada no sólo como la esposa de Caín, sino también -aunque no se sabe bien cual es el origen de la leyenda- madre de la raza de los vampiros, y primera de todos ellos.

"La hija pródiga", donde es una mujer, y no un hombre -como en la parábola bíblica-, la que regresa al hogar, si bien en el rostro de la joven no se ve signo alguno de arrepentimiento. aunque sí de sorpresa -más que de alegría- en los padres.

Menos gracia hizo en la sociedad de la época, que le gustara retratar a sacerdotisas de las antiguas religionas paganas, fueran célticas o la de griegos y romanos, o que pintara a jóvenes de distintas nacionalidades o razas con poca o menos que poca ropa, caso de las -supuestas- sirvientas de un faraón egipcio que, claramente, al no retratarlo, le interesaban menos que las esclavas que le servían.
Siendo como fue, uno de los pintores más prolíficos de su época -algo increíble, teniendo también en cuenta, la calidad de casi todo lo que salía de sus manos, y el hecho de que no se hayan descubierto a ningún "ayudante" o aprendiz que realizara parte de su trabajo-, también tuvo tiempo, tanto de formarse, como de intentar tener  familia propia no en una, sino en dos ocasiones.
Aparte de formarse con Millais y Alma-Tadema -no fue, lo que se dice, exactamente su alumno, pero sí reconoció haber recibido influencia suya, y haber aprendido del artista, que, junto a Millais, ayudaron, y no poco, a que aquel futuro retratista también fuera figura importante del prerrafaelismo-, se casó con la hija del científico y pensador Thomas H. Huxley, abuelo del autor de "Un mundo feliz". Primero con su hija mayor, Marian -pintora y culta, como él-, que murió al poco de tener a su hija mayor -pero no al dar a luz, sino de una pulmonía, en una clínica francesa donde se recuperaba de una depresión post-parto-, y más adelante, con su cuñada, hermana menor de Marian, Ethel, si bien dicha boda no era legal en Gran Bretaña, por considerarse indecoroso el matrimonio entre cuñados -se tuvieron que casar en Noruega-. Por lo visto, al padre de ambas aquello no le pareció mal, y Collier no sólo retrató a su suegro, sino que, en general, tuvo buena relación con él. Al fin y al cabo, el pintor era hombre culto, hijo de un juez, y estudiante en Eton, que había viajado por la Europa continental, y sentía interés por las ideas e investigaciones de su suegro, una eminencia cultural de la época.

  
"Las sirvientas del faraón", y "La sacerdotisa de Baco" -con cierta imaginación, a la hora de imaginarse la vestimenta de ésta-. El que el autor gustara tanto de retratar a exóticas jóvenes casi desnudas, o a mujeres de carácter, representantes de las religiones anteriores al cristianismo, no sentó demasiado bien en su momento, pero el hecho de que Collier fuera considerado un gran retratista, y fuera llamado a ejercer como tal por los hombres más poderosos de su tiempo -incluido el propio rey- hizo que, en cierto modo, se le perdonaran ciertas fantasías y experimentos pictóricos, como si estos no fueran, también, grandes obras de arte.


  
"Tannhäuser en el Venusberg -la montaña de Venus-" (1901), y "En el bosque de Arden" (1895). El primer cuadro, más adelante, sería considerado como referencia a la hora de pasar a escena la ópera de Wagner, basada en leyendas alemanas.

Aparte, también tuvo tiempo de escribir no uno, sino tres libros sobre técnicas pictóricas, que vendieron bastante, al ser considerado un maestro ejemplar -y por tanto, a imitar-: "La cartilla -o libro de aprendizaje- del arte" (1882), "Manual de pintura al óleo" (1888), y "El arte del retrato" (1905). Pasado el tiempo, estos retratos tal vez han sido cada vez más olvidados -aunque puedan verse en libros de historia, al nombrarse a tal o cual personaje por el retratado-,  y las conocidas como "pinturas incómodas", fueron cada vez más reconocidas. Respecto a cuantas realizó, o cuales son las mejores, al ser tantas, en lugar de enumerarlas, creo que resulta mejor reproducir el mayor número de ellas, y poner títulos y, si se puede, el año en que fueron finalizadas y presentadas al público.

"Circe", la bruja o hechicera -o maga- de la Odisea, reina de la isla de Eea, donde los compañeros de Ulises -u Odiseo, su nombre griego original- fueron transformados en cerdos.


Collier The Hon  John The Land Baby

"El bebé terrestre" (1899), o la sorpresa de la sirena al ver una niña humana, un ser bípedo. Y "La ninfa del agua", representada no por un ser más o menos humanoide de aspecto acuático, sino por una mujer de origen desconocido y misterioso, que aparece y desaparece del mundo humano cuando ella lo decide.

Collier John The Confession
"La confesión" (1902), un ejemplo genial de cómo utilizar un solo color, el rojo, para retratar una escena donde, al o poder ver claramente el rostro de la mujer, se puede imaginar que quién confiesa y quien escucha pueden ser cualquiera de los dos personajes.


"La bella durmiente" (1921), una de sus últimas obras, y también de las más románticas y fascinantes.


"El señuelo" (1897), dejado por la dama -una rosa roja en el suelo- para atraer al hombre en la sombras. El quién era él, y por qué deseaba atraerlo, se deja a la imaginación de cada uno.


Como su obra es tan amplia, no sólo existen gran número de webs donde se habla de ella, sino que, incluso, están dedicadas sólo y únicamente a él, como es en este caso. Está en inglés, pero, de todas formas, al ser una web sobre pintura, el texto no tiene demasiada importancia.

miércoles, 27 de agosto de 2014

Sobre el doble sentido de las palabras: qué quieren comunicar, y qué significado tienen para nosotros.

Unas cuantas palabras que no tienen traducción directa al español, ni tampoco al inglés.


Cada idioma creado por la humanidad, es una forma de ver el mundo.

Como ya he hecho en alguna otra ocasión, en este caso, me gustaría hacer una entrada basándome en un artículo de periódico -o más bien, en su versión web-, pero sin hacer una simple copia, sino escribiéndolo, o más bien resumiéndolo, a mi manera, eliminando o incorporando datos, según me resulten los primeros un poco repetitivos o innecesarios, y los segundos, una forma de completar lo ya escrito. Bien, en este caso, me refiero a un artículo de la web del periódico español "El País", en su sección "Icon", donde se hablaba de la posibilidad -más bien, la completa seguridad- de encontrar en cada idioma humano palabras que, en general, no se pueden traducir a otras lenguas, exceptuando, quizá, a las que con dicho idioma están más estrechamente emparentadas. Aún así, si se estudia en profundidad, no sólo un idioma, sino también el pueblo usuario -o pueblos, caso de las que son lenguas multinacionales, habladas por más de un pueblo o nación-, se podrán encontrar las relaciones entre determinadas palabras y expresiones, con la cultura, la historia o la idiosincrasia de quienes la utilizan. Cada idioma, en fin, se forma a partir de las personas que lo hablan. Algo lógico, evidentemente, pues los idiomas que menos cambian son, precisamente, los que ya están muertos, y nadie usa, como, por poner un par de casos un tanto "radicales", el sumerio o el etrusco. 
Aquí, entonces, reproduzco algunas palabras que pueden sonar de lo más extrañas, no por su sonido, pues sabemos que corresponden a un idioma diferente al español -y no latino-, sino por lo que vienen a significar. Además, he añadido por mi cuenta algunas palabras, del japonés o del islandés, así como un puñado en idioma español o castellano, y que no tienen traducción directa al inglés -o a otra lengua germánica, como el alemán o el holandés- y, posiblemente, a muy pocas otras lenguas, a no ser por influencia española -caso del tagalo, que siendo un idioma malayo, contiene multitud de expresiones y frases hechas, y cantidad de vocablos, que vienen de la lengua castellana, aunque ésta pertenezca a una familia lingüística completamente distinta a las llamadas lenguas malayo-polinesias.


La resonancia de un trabajo realizado de forma desinteresada. Del alemán al japonés, pasando por el islandés.

Cada idioma corresponde a la forma de expresarse de una determinada comunidad, o comunidades, si es utilizado por más de una nación o pueblo. Y la cultura, la forma de vida, las costumbres o la religión, pero también el lugar donde se vive y trabaja, o la relación con los vecinos y la historia vivida por cada nación, determina la existencia, o no, de determinadas palabras. Es una especie de antropología lingüística, que explica el por qué los inuit, o esquimales, tienen decenas de palabras para las -según ellos- distintos tipos de nieve, o para referirse, únicamente, al color blanco -nada que ver con todos los demás-. Es evidente: si un pueblo lleva miles de años, generación tras generación, viviendo en un hábitat nevado, donde el blanco es el color dominante, ¿cómo no va a desarrollar su lengua todo tipo de palabras o expresiones que hacen referencia a una y a otro? De la misma manera, los finlandeses y carelianos -los hablantes de la lengua finesa- tienen una palabra para referirse a una manada de renos, y sólo de renos, no de ningún otro animal: tokka, que, probablemente, debieron copiar a los lapones o sami, que vivían de este animal desde mucho antes de que los fineses tomaran contacto directo con los habitantes del norte de su país y de Noruega y Suecia. Al fin y al cabo, durante mucho tiempo, este era el animal más importante en su cultura, economía y alimentación, el equivalente al bisonte para los pueblos indígenas de Norteamérica-.
Algo parecido sucede con el islandés. Se trata de una lengua escandinava, que proviene del noruego -hay quien piensa que, en realidad, ambos idiomas son dialectos de uno solo-, que ha cambiado muy poco con el paso de los siglos. Y eso, en parte, es debido a que, desde niños, los islandeses aprenden las sagas y los poemas épicos de sus antepasados, aprendiendo palabras que, aunque raramente se utilizan en la vida diaria en un país europeo moderno, no les resultan en absoluto extrañas a su cultura. Y como los islandeses antiguos, colonos vikingos o descendientes suyos, que exploraron mares desconocidos -hasta llegar a Groenlandia y Norteamérica-, en guerra con extraños, participantes en actos de piratería -aunque mucho menos que sus hermanos de "tierra firme"-, formaron una sociedad sin reyes ni grandes señores, donde la violencia, la venganza, y el orgullo exagerado eran lo más normal del mundo, es lógico que tuvieran gran cantidad de palabras que hicieran referencia a heridas o golpes: averk si se trataba de una lesión menor; svödusar, si era una herida superficial, de poca importancia; beinhögg, si era una herida profunda, que llegaba al hueso -de una lanza, por ejemplo, o una espada-; sar, si era una herida grave, con gran efusión de sangre... además, en una sociedad guerrera, el hombre de naturaleza pacífica, también recibía un nombre, heimskr, que lo mismo significaba "casero, persona de su casa que no se metía en asuntos de los demás", como "idiota, estúpido". Igualmente, el individuo de carácter tiránico, y comportamiento injusto o difícil de soportar, no dejaba de ser, hasta cierto punto, no sólo tolerado, sino que, incluso, gozaba de cierto prestigio social, sobretodo, cuando su insoportable carácter le ayudaba a conseguir bienes y fama; se trataba de un odaell, y podía, en una saga islandesa, lo mismo ser un villano con carisma, como un protagonista psicológica y moralmente oscuro y de doble cara, como casi todo en Islandia y en el mundo germánico antiguo.
Y así, se podría hablar de otras palabras, como el inuit iktsuarpok, que vendría a ser la frustración que se siente cuando estás esperando desde hace bastante rato a una persona con la que habías quedado reunirte, pero que se retrasa, sin saber el por qué.
Una diseñadora neozelandesa, Anjana Iyer -aquí su web-, decidió participar en una iniciativa en la que, en cien días, debía realizar un trabajo tan original como personal, y decidió crear una serie de ilustraciones, en forma de cartas, como la de los juegos de rol o afines, con palabras de distintos idiomas, que no tuvieran un equivalente en inglés, su lengua materna. Ni tampoco, en español, excepto una, friolero, la persona que tiene gran facilidad para sentir frío, aunque no haya razón real para ello. Por lo visto, en lengua inglesa, no existe una palabra exacta para explicarla, así que es necesario toda una frase para ello.
Pero también hay palabras de otras muchas lenguas, como el japonés, o el alemán, que, según algunos, es un pueblo que tiene palabras -algunas, tan largas como casi impronunciables para un no germano- para casi todo.
Una de ellas, en lengua alemana, sería waldeinsamkeit, que sería la sensación de sentirse solo en un bosque o selva. Algo, por lo demás normal, porque ¿se supone que los bosques son un lugar especialmente concurrido? Quizá sí, al menos en algunas ocasiones, debido al turismo masivo de urbanitas al campo, y de paso, a la montaña y los bosque que todavía quedan en Europa. Otra palabra alemana, fernweh, sería la sensación de echar de menos un lugar donde, realmente, nunca se ha estado. Ideal lo mismo para escritores, como para psicólogos. O para individuos que sueñan con "edades de oro" en sus países, culturas o religiones donde, en lejanos tiempos, todo parecía estar y funcionar mejor que ahora. Edades de oro, por lo demás, que en general, no dejan de ser simples fantasías, en no pocas ocasiones, utilizadas de manera muy artera  y burda, para defender lo indefendible -por ejemplo, sin ir más lejos, el nuevo Califato del Estado Islámico, que tantas monstruosidades está cometiendo en Irak y Siria-. Otra palabra alemana, no analizada por Iyer, schadenfreude -increíble, el saber pronunciar a la perfección este idioma- vendría a ser el pequeño, o no tan pequeño, placer que se siente cuando a otra persona le ocurre una desgracia o, al menos, las cosas no le salen demasiado bien. A todo esto, los alemanes, grandes bebedores de cerveza, tienen cerca de setenta palabras para diversos tipos de ésta. No es tan raro, por ser su bebida nacional. Entre los norteamericanos, las palabras que hacen referencia al dinero y los coches son muchísimas, y una buks, ha sido traducida directamente al español, "pavos", para hacer referencia no sólo a los dólares, sino al dinero en general -o, al menos, a los euros, la moneda usada por gran parte de Europa-.

En un bosque como este, ¿es mejor sentirse solo, o tener waldeinsamkeit, o creer tener cerca a alguien desconocido?

Otra lengua germánica, el sueco, está representada en su obra: gokotta. Un verbo que consiste, nada menos, que en lavantarse bien temprano para poder escuchar el primer trinar de los pájaros. Nada más poético, aunque hasta cierto punto lógico, pues los suecos, como los finlandeses, son un pueblo que siempre ha vivido cerca, o en compenetración, con sus enormes bosques. Al menos, hasta que empezaron a trasladarse de forma masiva a las ciudades.

Foto
Dos de las ilustraciones de Iyer, en sus incursiones en el japonés y el alemán.

Otra lengua tan fascinante como extremadamente complicada de dominar: el japonés. Idioma único, quizá con cierta relación con el coreano, pero que, en el archipiélago nipón, tanto en escritura como oralmente, ha seguido su propio camino. Al menos tres palabras son representadas aquí. Una, es tsundoku, que sería la acción de comprar un libro, en ocasiones casi sin pensarlo, en otras, debido a modas, o por considerar que tal o cual título es indispensable en cualquier buena biblioteca privada, para no ser leído y, en ocasiones, totalmente olvidado. Otra, age-otori -más que una palabra compuesta, serían dos formando una, pero al ser el japonés tan distinto a cualquier lengua europea, se disculpa que formemos una palabra compuesta con dos simples de las suyas-, que vendría a significar que, después de hacerte un nuevo corte de pelo, hazte a la idea que estabas mejor antes, y que el nuevo te queda, como mínimo, bastante mal. La tercera, komorebi: la luz del sol que se cuela entre las hojas y ramas de los árboles. Si hay una cultura donde semejante palabra parezca tener todo el sentido del mundo -al menos, si se la conoce un poco en profundidad-, sin duda, esa es la japonesa. Sólo hay que analizar una palabra tan conocida -a pesar de ser usada desde hace relativamente poco- como kamikaze: "viento sagrado". ¿A quienes, excepto a los japoneses, se les ocurriría poner semejante nombre a unos pilotos que se sacrificaban estrellando su avión contra los barcos de guerra enemigos? Más adelante, la palabra ha sido usada para designar a terroristas suicidas, y demás indeseables, perdiendo, quizá, parte de su sentido original, pero es que las palabras japonesas, fáciles de pronunciar -en el japonés, no existen lo que podría llamarse "sonidos complicados o casi impronunciables", y sus cinco vocales, corresponden a las españolas, claras y simples-, acaban quedando en la mente aunque, en ocasiones, no sepamos qué significan.

Está bien la costumbre de comprar libros, pero mejor ir leyéndolos, en lugar de amontonarlos sin pensar. Aún así, cuando llegan a ser muchos, pueden tener otras y muy diversas utilidades, incluidas las arquitectónicas. Un caso radical de tsundoku.

Foto
Otra palabra japonesa, komorebi, y una proveniente del pueblo yagan, del sur de Chile.

Siguiendo con el japonés, y dejando aparte las palabras que interesaran a la diseñadora, o a alguna popular y aceptada en los idiomas occidentales, como kamikaze, o hikikomori -esa especie de nuevos ermitaños, que se pasan los años sin ser capaces de salir de su habitación, o como mucho, de su casa, y que se aíslan del mundo real, para vivir en otro virtual, el de sus ordenadores, móviles y consolas-, hay otras palabras que, como mínimo, llaman la atención. Caso de bakku-shan, que sería una mujer fea o poco atractiva -no existe su versión masculina; será porque la sociedad japonesa es más machista de lo que en principio pensamos-, que parece lo contrario si se le mira de espaldas -algo que, bien mirado, tanto con hombres como con mujeres, a muchos nos ha pasado en alguna ocasión, que de espaldas o de frente, una persona cambia bastante-. O boketto, un adverbio que significa mirar al frente sin pensar en nada en cuestión, ni buscar con la mirada a algo o alguien en particular; de ahí, quizá, esas escenas de películas japonesas con un personaje que se pasa un buen rato sin decir palabra, y con la mirada perdida -por cierto, ¿la expresión "mirada perdida" tiene un exacto equivalente en inglés?-. También karoshi, muerte por exceso de trabajo, parece muy apropiada para Japón, sin duda. O sanao, que hace referencia a una persona obediente y dócil, pero considerándolo como algo positivo -no hace falta decir que dicha palabra se usa, sobretodo, con las mujeres; y más todavía, con las esposas o novias-. Lo mismo que wabi, que sería un detalle imperfecto que, sin embargo, crea un aspecto general atractivo o elegante. Pero una palabra que llama la atención, porque incluye toda una forma de vida, sería ikigai: en general, significaría "razón de ser, o de estar en el mundo", pero en el archipiélago de Okinawa más bien sería "una razón para levantarse por la mañana", o sea, dar una razón, un sentido a tu vida.

Un caso aparentemente claro -y muy japonés- de mujer sanao, obediente y mansa. Al menos, en teoría, pues las geishas no acostumbraban a perder el control de la situación. Otra cosa es que los hombres que caían rendidos a sus encantos se dieran cuenta de ello.

Y por último, la larguísima mamihlapinatapei, palabra proveniente del yagan, la lengua de un pueblo del mismo nombre, que vive en el sur de Chile, y que significa, nada menos, que la mirada entrecruzada de dos personas a quienes les gustaría, a cada una de ellas por separado, dar el primer paso para conocer y entablar conversación con la otra, pero que, por miedo, timidez, o cualquier otra razón, ninguno de los dos se atreve a romper el hielo. Y como, es de suponer, aunque ambos puedan quedarse con las ganas de conocer o hablar con el otro, no saben lo que este otro siente -a no ser por terceros, o en una segunda ocasión, de esas que raramente llegan-, resulta un vocablo que bien podría usarse en literatura, y ya no digamos, en particular, en poesía. O en música. La cuestión, es saber cómo y donde colocar semejante palabra en la letra de una canción. A no ser que se trate de una canción en yagan.

jueves, 21 de agosto de 2014

"Cansada de estar sola".

Un nuevo relato corto, con un personaje femenino.


Aquí, el último de los cuatro relatos cortos que tenía por ahí guardados, en el ordenador y la memoria externa, junto a varios libros más largos -novelas, realmente-, que es más que seguro, nunca verán la luz. Además, siendo historias tan largas, necesitaría un blog entero para colgar, apenas, un par de esos libros. Así que decidí colocar aquí lo más corto, que tampoco es que ocupe ni moleste mucho, y aunque quizá no quiera reconocerlo, no deja de ser -bueno, sí, lo reconozco- un pequeño e inofensivo ejemplo de autosatisfacción. No sé si en un futuro colgaré algún libro -de unas 200 páginas; entiéndase, folios DIN A4- en cualquier web, propia o ajena, o intentaré hacer algo parecido a un guión para una versión en cómic, pues en alguna ocasión lo he hablado con un dibujante conocido mio, o qué. Mientras tanto, al menos, así relleno un poco el blog, y me resulta, no sé si divertido o curioso, verlos colgados en algo parecido a una plataforma visual pública, o algo así. Porque eso es un blog, me parece a mí.
Ni el nombre del personaje, ni el título, son los originales. Pero a partir de este primer relato, empecé a escribir otros, que acabaron formando un primer libro, y luego historias más largas. De todas formas, la visión que doy aquí de ella y otros personajes, más adelante cambiaría mucho, comparado a cómo son retratados aquí. Pero aún así, de tan poca cosa, aún me sorprende que llegara a escribir al equivalente a más de mil folios.


"Cansada de estar sola".

Elsa Miller siempre estaba sola. No sola en el sentido de que no pudiera disfrutar en ningún momento de la compañía de nadie, ni tampoco que fuera persona completamente incapaz de tener amistades, o al menos, relación de cercanía con los demás. Para ella, estar sola era, simplemente, no tener alguien con quién compartir su vida. Ella quería tener alguien a su lado, y poder, en un futuro no demasiado lejano, casarse o convivir con una imaginaria alma gemela que la quisiera y la comprendiera.
No es que no fuera atractiva, porque, pues, de forma especial y única, era especialmente hermosa. Realmente, Elsa era una joven fascinante. Nadie negaba que tenía algo especial que atraía y se hacía mirar lo mismo por hombres que por mujeres. Quizá fueran sus negros y algo acuosos ojos almendrados, de largas y negras pestañas que siempre repasaba con un maquillaje, también negro, que les daba una imagen todavía más alargada y misteriosa. Quizá era su piel blanquecina y pálida, como de mármol; o sus labios, más violáceos que rojos, y por lo que decían los que la habían besado, siempre extremadamente fríos. O quizá su largo y liso cabello azabache, que brillaba como oscura seda, dando a su lánguida belleza un aura casi mitológica. Fuera lo que fuese, Elsa parecía una criatura de otro mundo, y eso resultaba de un atractivo arrollador, a pesar de su falsa –y a su pesar- imagen de frialdad.
Su carácter quizá fuera en consonancia ésta. Era tímida y retraída, pero cuando conocía a alguien en profundidad, resultaba dulce y con deseos de expresar todos sus pensamientos y sus sentimientos más profundos. Pero a pesar de ello, muchos que la conocían, incluidos amigos de cierta confianza, coincidían en que, a pesar de aparentar ser persona sincera, siempre le quedaba en la punta de la lengua algo que quería, o más bien necesitaba decir, pero que, finalmente, acababa callando.
Esta es, pues, Elsa Miller. Ella no se engañaba sobre sí misma. Pensaba sin equivocarse que estaba condenada a estar sola, pues quizá sí hubiera alguien que le fuera como anillo al dedo, pero ese alguien, como era ella misma, debía de ser un tipo de persona muy difícil de encontrar hoy en día.
Pues sí, pensaba, he tenido un par de novios. No eran quizá lo que yo esperaba, lo que esperaba de la vida, pero no me podía quejar. Uno era inteligente y culto, y tenía mucha paciencia conmigo; el otro era atractivo y fuerte, un deportista un poco simple de mente pero con buen carácter. Pero al final, siempre pasaba lo mismo. Yo siempre hago lo que hemos hecho en mi familia, lo que los míos han hecho toda la vida, generación tras generación. Cierto que a mí, aunque nadie lo sepa, me consideran una rebelde, casi una renegada, una traidora, pues he olvidado voluntariamente las más importantes de nuestras costumbres que nos hacen únicos y distintos a los demás… pero al final, y aún sabiendo de lo poco conveniente que resulta, siempre acabo presentando mis novios a mis padres y a mi hermana, porque no puedo ocultarles que salgo con alguien, y siempre quiero que, aunque sea por una vez en la vida, estén de acuerdo conmigo. Pero, finalmente, es presentarles a mi nueva pareja, y todo acaba fatal. Y mi relación se va al infierno en un abrir y cerrar de ojos… o de bocas.
La verdad, ¡es un auténtico asco formar parte de una familia de vampiros!
                                                             
Sí, bueno, hay colegialas cinematográficas más bien poco creíbles -y por la edad, repetidoras-, pero vamos, no nos habría importado encontrárnoslas en la vida real. De todas formas, la -ahora- señora Fox no correspondería, exactamente, a la imagen de la protagonista del relato. Más bien, a su hermana mayor. Pero esa ya es otra historia.

miércoles, 20 de agosto de 2014

Los prerrafaelitas (III): William Holman Hunt, el tercero de los creadores de la Hermandad.

El tercer miembro de la "trinidad" original, fundadora de la Hermandad.


Un pintor amante del color y de la campiña de su país.

William Holman Hunt (1827-1910), era hijo del director de unos almacenes, y trabajó durante un tiempo como administrativo, pero debido a su pericia artística, ingresó en 1844 en la escuela de la ya famosa Royal Academy, donde conoció a Rossetti -con quién empezó a tener trato después de exponer una de sus primeras obras, "La víspera de Santa Inés"-, y a Millais. Este cuadro de Holman Hunt hizo que ambos jóvenes se conocieran -parece que, en principio, Rossetti sólo conocía a Millais, aunque ambos quedaron tan impresionados con el cuadro de Hunt, que expuso por su cuenta y a espaldas de la Royal Academy, donde estudiaban los tres, que la creación de la cuadrilla artística fue cosa de coser y cantar-, así que en 1848 decidieron crear la Hermandad en casa de los padres de Millais, y el resto fue -y sigue siendo- historia. La relación con sus compañeros no fue nunca mala, pero como ya se ha dicho, llegado el momento, tanto él como Millais optaron por una rama más "realista" -así se le llamó" del movimiento, mientras Rossetti prefirió otra más "espiritual", aunque todo son opiniones, pues realismo o simbolismo se pueden observar en los tres compañeros.

Una foto de Hunt, en edad ya madura, vestido con ropa de época -¿medieval, renacentista? ¿Quizá de la época de Shakespeare?-. Al ser en blanco y negro, no se puede apreciar el rojo de la barba, que le daba una imagen impresionante cuando se le tenía cerca.

Hunt no tuvo una vida sentimental y sexual tan, al tiempo, oscura y "excitante", como Rosseti, pero al enviudar de su esposa tras dar a luz a su primer hijo, cuando ambos eran todavía muy jóvenes, optó por casarse con su cuñada -la hermana pequeña de su difunta esposa-, con quien tuvo a su segundo hijo. Y aquello, en sus tiempos, no sólo estaba especialmente mal visto, sino que, incluso, hasta era ilegal. No se consideraba civilizado estar casado con dos hermanas, aunque, evidentemente, no a la vez -en tal caso, hermanas o no, habría sido bigamia, que no era el caso-. Pero la visión de los legisladores, impregnada de conservadurismo religioso anglicano, era bastante distinta a algo que, hoy en día, sería chocante, y quizá daría que hablar, pero tampoco debería resultar tan escandaloso. O no.
Finalmente, y tras casarse con su cuñada -sin importar lo que su familia política y la ley dijeran-, vio como su carrera despegó realmente en serio, con una exposición retrospectiva en la Fine Art Society. También escribió en revistas de arte, lo cual no era demasiado común en un pintor famoso en activo.

William Holman Hunt - Selfportrait.jpg
Un autorretrato, teniendo ya una edad, y fama en todo el país.

Holman Hunt empezó pintando cuadros, en realidad, realistas, pero fuera de los encorsetados gustos de la época, llenos de retratos de poderosos, de hechos históricos con fuerte carga ideológica, y de escenas de la biblia muy "politicamente correctos", y que se reducían a imágenes típicas repetidas una y otra vez. Los tres pensaban que, desde el arte del Renacimiento -siglo XVI-, y el que seguiría en Flandes, España, Francia, etc., a la hora de la verdad, poco se había ni diversificado, ni acercado al alma del espectador, exceptuando, quizá, a los románticos franceses o alemanes, de quienes no dejaban de ser, aunque no lo dijeran claramente, dignos y claros continuadores de su deseo de ruptura. Sin embargo, sus paisajes, tan realistas, coloridos e iluminados -y agradables de ver, tan lejos del tenebrismo o las sombras oscuras- no dejaban de ser, también, obras simbolistas -antes de que se hablara, siquiera, de pintura simbolista-, pues Hunt considerabas que, en la naturaleza, en el mundo real, todo tenía un significado, y que en un cuadro, aparte de retratar la realidad con la mayor exactitud posible, también, cada personaje, objeto, iluminación, colocación de unos y otros, tenía un significado que sólo permanecía oculto si, simplemente, no se quería mirar a fondo.
La temática de Hunt tiene una base en parte literaria -la poesía de Keats, por ejemplo-, pero también religiosa. Entiéndase, religiosa cristiana -los autores más "paganos", en realidad, serían gente como Alma-Tadema o Leighton, que si bien también serían prerrafaelitas, también fueron artistas que iban más por libre, y que, al mismo tiempo, más palos acabaron recibiendo de los críticos, aunque algunos como Leighton llegaron a tener una gran celebridad y reconocimiento posterior-, aunque vista dicha religiosidad de una forma mucho menos artificiosa, o cargada de prejuicios, de lo que resultaba habitual en una sociedad tan estirada y pacata como la victoriana -aunque, en dicha sociedad, y en la literatura o el arte que de ella formaban parte, cualquiera que quiera mirar más allá de la superficie, descubrirá más excepciones de lo que se podría pensar; ¿cómo no hablar, por ejemplo, de Oscar Wilde?-.

"El pastor veleidoso" -¿o más bien, distraído?-. Uno de sus primeros cuadros, de temática rural, pero no tan "inocente", o bucólica, como se representaban dichas escenas en obras anteriores.

"El despertar de la conciencia", o el retrato de una relación indebida. ¿Y el título, exactamente, qué quería significar?

File:William Holman Hunt - Bianca.jpg
"Bianca", de época desconocida. Un intento de reflejar a una joven -¿italiana?- de la época del renacimiento, o algo posterior.

Se interesó lo mismo por paisajes -rurales, bucólicos y coloridos-, como por retratos o escenas de la vida contemporánea -aquí, de nuevo, destacar que, aunque Millais le interesara representar a Cristo o a la virgen como "personas normales", o Rossetti pintara mujeres con un aspecto entre fantasmagórico y angelical, con cierto aire mitológico o bíblico, no dejaron de ser pintores que realizaron bastantes obras donde se retrataban personajes que podrían haber vivido en su misma época; o, directamente, en el caso de Millais, retratos de personajes reales, que le pagaron, y bastante bien, por un retrato de un pintor que, aunque seguramente debieron criticar en más de una ocasión, también reconocieron como excelente-..
Una experiencia religiosa, más bien mística, hizo que realizara un viaje a Palestina -en aquella época, provincia del Imperio Otomano-, llegando a ser, muy probablemente, el pintor británico más importante a la hora de plasmar escenas religiosas, lo que, quizá, ni él mismo, en su juventud, habría esperado.
Al principio de su carrera, recibió muy malas críticas, y se le consideró un pintor mediocre y un tanto demasiado seguro de sí mismo, y que debería haber reconocido que todavía le quedaba mucho que aprender, se podrían destacar, sobretodo, las de los años 50 del XIX. Aquella fue, tal vez, su época más fructífera, aunque le costó un tanto el ganarse el respeto del público y la crítica -y a pesar de contar con el apoyo, como no, de John Ruskin, defensor a ultranza de la Hermandad, y de Thomas Carlyle, intectual amante de la filosofía alemana, y conocido como "el sabio de Chelsea"-, poco abiertos a las novedades.
Enumerando algunas de sus obras, cabría destacar -aunque todo es cuestión de gustos- a "El pastor veleidoso" (1851), que sería lo que se llama "temática rural", o "El despertar de la conciencia" (1853) donde, se supone, se representa una relación "indebida". Otras serían, la ya nombrada "La luz del mundo" (1854), que le ayudó, y mucho, a ser conocido por el gran público, "El chivo expiatorio" (1854, otro ejemplo de su pintura religiosa, tras su viaje a Palestina), o "Cristo hallado en el templo" (1860). También a destacar, "La sombra de la muerte" (1873).
Respecto a obras basadas en la literatura -desde Keats, que le interesó cuando éste todavía no era apenas famoso, hasta Shakespeare-, se podría nombrar, "Isabella", o "La dama de Shalott" -él dejó de pintarla en un momento indeterminado, pero fue acabada por Edward R. Hughes en 1905-, una de sus últimas obras, y que tuvo que ser acabada por un ayudante, pues él tenía ya problemas de visión.

"Cristo hallado en el templo", donde es retratado con un aspecto, más que de judío de la antigüedad, como un palestino del siglo XIX -o sea, contemporaneo de Hunt-, igual que la joven que lo acompaña, que bien podría pasar por árabe musulmana.

"La luz del mundo", o un ejemplo de los contrastes de luz en un cuadro con una sola figura. De temática religiosa -Cristo iluminando el mundo con su llegada-, sería representado mil veces en todo el Imperio Británico, y más allá.

"El puente de Londres en la noche de bodas de los Príncipes de Gales", de 1864. Otro ejemplo de juego de luces: el puente iluminado durante una noche nubosa.

Una de sus obras más importantes sería "La luz del mundo"  (1854). De esta obra se realizaron numerosas copias, evidentemente, por medio de terceros, y fueron exhibidas por todo el Imperio Británico, lo que hizo que, a edad avanzada, fuera considerado no sólo como un pintor, hasta cierto punto, "clásico" -aunque la Royal Academy nunca le proclamó director, ni le hiciera demasiado caso-, además de un orgullo del país, y de su clase dirigente, lo que no le impidió ser, al tiempo, reconocido por el resto de la población, incluyendo jóvenes que, tiempo después, también intentarían, como él y los prerrafaelitas intentaron años antes, buscar nuevos caminos en el mundo del arte.
Aunque murió en 1910, durante casi veinte años casi no pudo pintar, pues tuvo crecientes problemas de visión, lo que no sólo le impidió seguir con su carrera -y conseguir nuevos ingresos- sino que, sobretodo, le resultó moralmente doloroso, pues a él le encantaba pintar, y aquello fue, en cierto modo, como quitarle media vida.

"La dama de Shalott", quizá dejada sin finalizar por Hunt en 1886, y acabada en 1905 por uno de sus discípulos, Edward R. Hughes. El personaje nació en un poema de Alfred Tennyson, y sería una joven de la época del rey Arturo, que debía representar imágenes en un tapiz, mediante la visualizaicón de éstas en un espejo, debido a una maldición sin nombre y de desconocido origen.

Como a otros pintores prerrafaelitas, el tiempo no le hizo demasiada justicia, y fue siendo poco a poco olvidado, como si fuera una especie de antigüedad, aunque también como otros, pasado el tiempo, ha sido recuperado, aunque no en solitario, sino formado parte del grupo de la Hermandad -los tres primeros fundadores, "la trinidad", por llamarlos así, y otros que se le añadieron al poco-, aunque, como se ha dicho antes, fueron otros, también seguidores del estilo, pero un poco posteriores, y que iban más por libre, los que resultan -si no ellos, sí sus obras, aunque muchos desconozcan la época exacta, o el nombre del cuadro-, los que, hoy en día, son más reconocibles por los amantes del arte, muchos de ellos, realmente jóvenes.