jueves, 12 de enero de 2017

Los prerrafaelitas (anexo XII): Más influencia del movimiento en fotografía de moda o artítica.

Aunque ya no haya entradas largas, resulta muy fácil encontrar material extra sobre un fenómeno artístico y cultural eterno.


Bien, como ya dije hace poco, decidí acabar la larga serie sobre el prerrafaelismo, aunque es posible que, en caso de descubrir a algún nuevo artista que considere interesante, o algún tema largo, podrá haber alguna más. Pero otra cosa es cuando se encuentran fotografías o ilustraciones de todo tipo, o temas que no requieren más que unas pocas líneas, o algunas fotografías.
Y en eso mismo, en la fotografía, que ya en el siglo XIX, en plena época victoriana, y con el prerrafaelismo bien vivo, y dejando su impronta en el arte y la cultura de su tiempo, demostró ser muy permeable a la influencia de la pintura, y de la corriente en particular, es donde todavía se puede ver la fascinación de aquellos lejanos maestros, que todavía siguen vivos, mucho más de lo que a primera vista podría pensarse.
Pues nada, unas cuantas fotos, y la próxima vez, algo más trabajado y largo:


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La modelo es la portuguesa Diana Rosa, al igual que la fotógrafa artística Mara D'Eleán, bajo el nombre artístico de Eleán'Art.

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Una fotografía de moda para Vogue, de Jeff Bark, que dijo haberse inspirado en la obra de Dante G. Rossetti.

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Y una fotografía -no sé de quién, ni por quién realizada- de la década de los 20, también claramente influida por unos autores que, en aquellos tiempos de vanguardias, eran considerados ya arte académico anticuado.

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Y de la serie "Jardines encantados", de Paolo Roversi, con la modelo Sasha Pivovarova, y que deci haberse inspirado en el arte de Waterhouse.


Podrían encontrarse fácilmente en la red multitud de otras fotografías, de moda o artísticas, o ambas cosas al tiempo, donde la influencia prerrafaelita se puede ver, en ocasiones, de forma clara, y en otras, algo más rebuscada. O simplemente, eso es lo que cuentan fotógrafos o modelos.
Otro día, algo más largo, y no sólo tanta foto.



domingo, 8 de enero de 2017

Algunas fotos de cuando Star Wars fue un éxito de público, pero donde ni se vislumbraba el fenómeno de masas que llegó a ser.

En blanco y negro de los 70, cuando todavía era una serie de películas que rompía moldes, pero  no se sabía si tendría tan largo recorrido.


Bueno, pues aunque no es que tenga mucho tiempo para el blog, sí que hay para alguna pequeña entrada. Al fin y al cabo, ya he conseguido uno de los retos que me propuse: llegar a las 250 entradas. Ahora me falta el segundo, que no depende de mí, que es tener 50.000 visitas, y todavía me falta para las 49.000 un poco. Así que imagino que, antes o después, todo llegará.
En este caso, una de esas cosas que se encuentran en internet, y en particular, en facebook. Fotografías de los 70, en blanco y negro, que hacen referencia a la primera trilogía de Star Wars, o como se le llamaba -y todavía se le llama, aunque menos-, "La guerra de las galaxias". Una de ellas, la primera, es del grupo de actores que protagonizó la trilogía, aunque no tengo claro si se hizo después de la primera película, o más adelante.
La segunda, más bien hace referencia a la "paternidad" de Yoda. No del personaje de ficción propiamente dicho, sino del peluche -pues era un muñeco real, nada de creación mediante ordenador, ni historias así-, que tenía un cercano parentesco con otro grupo de legendarias marionetas: los teleñecos -como se les ha llamado siempre en España-, o muppets, que es su nombre original.
Y la tercera, es de Chewbacca, el wookiee con alma humana -y ya se ve por qué-.

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Aquí, Han Solo, Darth Vader -con gafas-, Chewbacca -evidentemente, el más alto-, la princesa Leia, Luke Skywalker y R2-D2. Falta C3PO, pero está el equipo casi al completo (encontrado en "The Vintage News", donde se puede encontrar un sinnúmero de curiosidades de todo tipo).

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Y aquí, Luke y el maestro Yoda. Conocidos son, sus parientes terrestres, con su propio show televisivo: los teleñecos, o muppets (la foto, y muchas más, se pueden ver en la página de facebook de "The vault of retro sci-fi").

Ser un wookie cuesta. Que se lo digan a Peter Mayhew, que tuvo que aguantar el disfraz de Chewbacca.
Peter Mayhew, sudando lo suyo en su papel de Chewbacca.

Y por el momento, nada más. Después de la -presunta- finalización de la interminable serie sobre los prerrafaelitas -con la que me lo pasé en grande, lo reconozco, y descubría cantidad de artistas de los que no había oído en mi vida nada, o casi nada, aunque no pocas de sus obras sí que me sonaban de vista-, poco a poco, espero, se me irá ocurriendo algo más. 
Y espero, también otra larga serie, tal vez también de temática artística.

viernes, 6 de enero de 2017

Los prerrafaelitas (y LV): Conclusión y ¿fin? Por el momento, sí.

Después de un preámbulo, cincuenta y cinco entradas y unos cuantos anexos, la historia llega a su fin. Al menos, en teoría.


Bien, en algún momento se acabarían los temas sobre el prerrafaelismo y los prerrafaelitas. Con toda seguridad, me he dejado por el camino a algunos artistas, bien por ser secundarios, por ser prerrafaelitas dudosos -aunque no pocos de ellos han sido también comentados aquí-, o, simplemente, porque no los conozco ni de oídas. Realmente, han sido muchos los pintores, y no pintores, que han acabado con su entrada de turno porque, al ser tan larga la serie, he tenido tiempo de encontrarlos y conocerlos, aunque sea mínimamente.
De todas formas, hay que decirlo claro: no, no acaba aquí. Seguirá habiendo anexos, porque de algunos autores, algunas obras han quedado por sacar aquí, y siempre, siempre, resulta posible encontrar algo. La moda, la fotografía, la ilustración moderna, la música, el cine y la televisión... resulta extraordinariamente fácil, si se busca de forma más o menos concienzuda, encontrar algo. Facebook, por poner un ejemplo, está lleno de páginas de grupos, o de personas en solitario, que han querido dedicar una de ellas al movimiento en general, a la Hermandad, o a algún artista en particular. Una de las que parece tener más seguidores -también en webs en general, e incluso en vídeos en youtube- es, curiosamente, alguien que mucha gente no considera una artista propiamente dicha, ni parte íntegra del movimiento, sino una simple modelo, y protagonista desgraciada de una triste historia de amor y desamor: se trata de Elizabeth Siddal, que parece fascinar a no pocos neo-victorianos, a interesados por aquella época -que duró décadas, así que tampoco resulta tan extraño encontrar en ella a alguien, o algo, que despierte precisamente, eso, algún interes-, o simplemente, a quien se topa con su vida, y también, con su obra.


Se podría seguir hablando de ellos, y de su época, casi eternamente.

Los prerrafaelitas, como se cuenta en libros y en webs, fueron algo así como la vanguardia antes de que hubiera vanguardias. El nombre de "prerrafaelita" ha acabado siendo mucho más que el querer inspirarse en el arte anterior al pintor italiano del Renacimiento Rafael. Sería, por lo demás, casi ridículo circunscribirse a esa idea: dejar de lado lo que se pintó o esculpió posteriormente a una fecha en particular, y tomar ejemplo de lo anterior. 
Este grupo, enorme y dispar grupo de artistas, de genios, tan diversos entre sí, fueron una auténtica ruptura del arte británico, y en menor medida occidental, que hizo que la pintura de dicho país ocupara, por fin, un lugar privilegiado en la historia del arte europeo, pues anteriormente, y excepto casos aislados, como Joshua Reynolds, o William Turner, nunca destacó por sus artistas, siempre ofuscados por los europeos del sur: italianos, españoles y franceses. Pero no sólo fue una auténtica revolución artística, sino también un fenómeno social y cultural. El prerrafaelismo pudo beber de muchas fuentes, como el romanticismo -no sólo patrio, sino también francés o alemán-, o la pintura más o menos academicista, o el neo-clasicismo, sino que mezcló todo aquello, eliminó lo que, simplemente, no agradaba a aquellos "jóvenes airados", y crearon algo que, aún hoy e día, se deja ver y sentir en el arte y la cultura de los británicos actuales.


¿Pero cuántos fueron, los creadores de la Hermandad?

En principio, siempre se habla de tres, pero realmente, fueron siete. Sin embargo, habría, quizá, que hacer dos grupos separados, con algunos miembros comunes. Precisamente, la llamada "Santísima Trinidad del prerrafaelismo".
Entre los fundadores, los que dijeron "Aquí se forma una Hermandad de artistas, que serán los prerrafaelitas", en 1848, hubo siete: John Everett Millais, William Holman Hunt y Dante Gabriel Rossetti -pintores, en ocasiones poetas, al menos Rossetti, y los tres nombres principales de este tinglado-, y tras ellos, James Collinson -pintor, novio de Christina Rossetti, y tras romper con ella, también lo hizo con la Hermandad y el movimiento, siendo, finalmente, un pintor clásico con fuerte infuencia del catolicismo, al que se convirtió antes de romper su noviazgo-, Frederic George Stephens -pintor no especialmente brillante, que abandonó los pinceles al pensar que no podría hacerlo mejor, y que se dedicó a la crítica, la historia del arte, y trabajos académicos o en museos- y Thomas Woolner -escultor y poeta; emigrado a Australia, y vuelto a su país, en ocasiones no es considerado un auténtico prerrafaelita porque no fue nunca pintor; el prefirió la escultura, donde se ganó un nombre y no poca fama-.
Hasta ahí, los siete fundadores.

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Millais, Rossetti y Hunt, la "Santísima Trinidad" de la Hermandad, y del prerrafaelismo en general.

Ahora bien, la Hermandad propiamente dicha, como un conjunto de artistas reconocidos, con su clientela y sus críticos, y que son todavía recordados como, todos y cada uno de ellos, como ejemplos claros del prerrafaelismo, con sus seguidores y admiradores -y críticos- todavía en hoy en día, ¿a cuántos se podrían contar, enumerar?
De nuevo, vuelven a aparecer Holman Hunt, Rossetti y Millais. Pero también cabrían, al menos, otros tres: Edward Burne-Jones -un pintor genial, algo más joven que los tres primeros, y que también es considerado un antecedente del simbolismo-, su amigo William Morris -diseñador, en ocasiones también pintor, poeta, espíritu inquieto y unificador del grupo- y por último, aunque algunos dudarían en añadirla al grupo, Elizabeth Siddal -modelo y musa del prerrafaelismo, esposa de Rossetti, pero también ella, artista: pintora y poeta-. 
Realmente, si hablamos del núcleo de la Hermandad Prerrafaelita, el grupo que convivía, pintaba, o se peleaban, si llegaba al caso, por ser una auténtica familia artística, aunque no siempre tuvieran entre ellos buena relación, serían ellos seis, los que merecerían estar ahí. 
Estos son el núcleo de la Hermandad.

Habría, también, personas relacionadas de forma directa con ellos. Los unos, de forma artística. Los otros de forma más personal o íntima. Aquí cabrían  hermanos, esposas, amantes o modelos, críticos, o pintores que tuvieron relación directa con ellos, pero sin llegar a formar parte de la Hermandad, o incluso, entrando en ella, pero de forma algo tardía, y sin llegar a tener demasiada relación con los demás.
Entre los primeros, y aparte de Siddal, y dejando aparte a mucha gente -ciertamente- se destacaría a Effie Grey -amante, y más tarde esposa de Millais, con quién disfrutó de años de tranquilo matrimonio-, Jane Morris -modelo de Rossetti, y muy probablemente amantes, o al menos algo debió intentar él, y esposa de William Morris-, Georgiana MacDonald -esposa de Burne-Jones, que ocultó y aguantó su infidelidad, aparte de tener que "compartirlo" con Morris, y que era una artista de la madera  y pintora, ella por sí misma-, Annie Miller -la modelo y amante de Holman Hunt, a la que nunca pudo hacer su esposa-, Fanny Cornforth -modelo, amante y segunda esposa de hecho de Rossetti-, William Michael Rossetti -hermano de Dante Gabriel; funcionario, poeta aficionado, algo así como biógrafo de la Hermandad, y director de "The Germ", la efímera revista del grupo-. Y aparte de ellos, y de las demás modelos y amantes de Rossetti, el muy afanado y respetado crítico John Ruskin -primer esposo de Effie Gray, y el que más hizo para sacar a los miembros de la Hermandad del casi anonimato-. 
A ellos, y sobretodo a ellas, se les podría considerar el círculo sentimental, familiar y crítico de la Hermandad.

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Elizabeth Siddal fue una auténtica pin-up de la época. Musa y espíritu femenino del prerrafaelismo, hasta hace pocas décadas -en que empezó a verse, en televisión o teatro, su vida y carácter- no se supo de su intimidad y personalidad propia, más allá de una modelo sin voz.

Y sobre los segundos, resulta evidente que, tras triunfar -e incluso antes, cuando apenas se les conocía, más allá de sus amistades, o antiguos compañeros de estudios artísticos-, que hubo otros pintores con los que tenían amistad, hablaban de arte, compartían intimidades o se enseñaban obras, o recibían su influencia directa, por ser no sólo admiradores suyos, sino también amigos.
Entre ellos, destacar a Walter Howell Deverell -que habría ocupado el espacio de Collinson, si no hubiera muerto tan joven-, Arthur Hughes -amigo de Millais y Hunt desde la Royal Academy; sin llegar a haber sido nunca parte de la Hermandad, siempre tuvo relación con sus miembros-, Frederick Sandis -fue miembro, pero ingresó tardíamente, y no tuvo una relación tan directa con ella como otros artistas "externos", Valentine Cameron Prinsep -amigo cercano de todos ellos-, y sobre todo, Ford Madox Brown -que nunca se consideró, ni fue considerado, ni parte de la Hermandad, ni del movimiento, pero recibió influencias, y tuvo relación estrecha con Rossetti, Siddal, etc.- y Marie Spartali Sstillman -alumna de Rossetti, Madox Brown y Burne-Jones, y una de los mejores prerrafaelitas de segunda generación-. 
Y entre los poetas, que también los hubo, y dejando aparte a los miembros que se dedicaron de forma secundaria, o al mismo nivel, que a la pintura -Rossetti, Woolner, Siddal; algo Morris-, Christina Rossetti -hermana de Dante Gabriel, y temporalmente, novia de Colinson- y Algernon Charles Swinburne.
Ellos formarían un segundo círculo artístico alrededor de la Hermandad.

Y tras ellos, una larga, muy larga lista de artistas. Y más, si se incluyeran pintores o dibujantes que, sin ser prerrafaelitas, en algún momento miraron a ellos, y no pudieron -ni quisieron- evitar recibir su benéfica y constante influencia. Para no alargarse con una lista casi interminable, destacar sólo a unos pocos, que sin haber sido nunca parte de la Hermanda, y en no pocas ocasiones, ninguna, o poca relación personal profunda con ninguno de sus miembros, no dejan de ser, o de ser considerados parte importante del movimiento: Frederic Leighton, Lawrence Alma-Tadema, Simeon Salomon, Edmun Blair Leighton, John William Waterhouse, John Brett, Evelyn de Morgan, y un largo etcétera.
Ellos serían, por último, el tercer círculo, externo, alrededor de la Hermandad. Sin relación con ella, pero parte del movimiento.

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Una de las ninfas imaginadas por Frederic Leighton. La pintura europea raramente se había atrevido a retratar de semejante forma a una mujer, de origen divino, pero de aspecto completamente humana, sensual e inocente al tiempo. Y sin duda, tan irresistible en su momento, como lo es ahora.

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Las bárbaras -y carísimas- fiestas de Heliogábalo, uno de los emperadores más nefastos, pero atractivo en su degeneración y sus inacabables ideas para arruinar el Imperio Romano, su imagen y la confianza de sus súbditos en el gobierno y el estado, fueron retratadas -o más bien uno de ellas, en que hizo llover tal lluvia de pétalos de rosa sobre los invitados, que algunos murieron ahogados por ellos-, por Lawrence Alma-Tadema, holandés de nacimiento, y británico de adopción.


Rebelión, lucha y aceptación.

Realmente, el prerrafaelismo fue, tanto una revolución artística, como también social. Estamos hablando de 1848, aunque los tres miembros principales, y alguno de los secundarios, o "accesorios", -artistas que los conocían y siempre estuvieron cerca de ellos-, ya llevaban tiempo trabajando juntos, y hablaban de unirse para crear algo especial y rupturista. Aquella primera mitad del siglo XIX podría destacarse, entre otras cosas, por multitud de revoluciones políticas y sociales -1830, o 1845-, que en realidad, no dejaban de ser una continuación de la Revolución Francesa, y de las guerras de la Francia revolucionaria, y posteriormente el imperio de Napoleón, que trastocaron el orden político y social europeo y americano -la independencia de las naciones latinoamericanas- para siempre. Ellos, en realidad, no dejaban de ser hijos de su tiempo, y la búsqueda de un nuevo camino para el arte no dejaba de llevar consigo una filosofía de vida que lo mismo bebía del romanticismo, como parecía abrir camino para nuevas vanguardias, visiones del mundo, o movimientos filosóficos o vitales.
Gran Bretaña, en particular, había permanecido más tranquila -Guerras Napoleónicas aparte-, pero la industrialización, anterior a la de otros países europeos, la urbanización -debido a la emigración masiva del campo a la ciudad- y los problemas sociales, económicos y de salud pública e higiene que provocó todo aquello, hicieron que, en una generación, Gran Bretaña, más aún Londres, fuera un lugar nuevo, y nuevos hombres y mujeres nacían en él, y en él vivían, sufrían y soñaban.
Ese 1848 -el "año de las revoluciones", tanto políticas como sociales, a lo largo y ancho de casi toda Europa-, los siete fundadores crearon la Hermandad. Pero se encontraron con que, aunque deseaban ser vistos como un grupo de artistas diferenciados, no tenían demasiado interés en firmar un manifiesto público, presentarse en sociedad. Fue casi, valga la redundancia, una sociedad secreta, con un documento que cada uno de ellos firmó como si fuera un pacto de sangre, aunque, al mismo tiempo, firmaban algunas de sus obras con su nombre, evidentemente, pero también pintaban, muy pequeño, pero de forma visible para el que observara de cerca tal o cual obra, con un PRB: Prerrafaelite Brotherhood -Hermandad Prerrafaelita-.
Como ya se comentó en su momento, comprendieron que, a falta de mayor fama -eran sus principios-, necesitarían de otros medios para hacerse famosos. De ahí, la existencia de "The Germ", o "El germen" -quizá también podría traducirse, de forma un tanto libre, como "La semilla"-, intentando llegar, de una forma, en su tiempo, moderna, tanto a críticos, como a otros jóvenes artistas, en ciernes o con una carrera mínimamente encarrilada, que buscaban algo más, pero que no debían saber el qué.
Y también sabemos algo más: la revista fue un completo fracaso. Solamente cuatro números, cuyos originales, hoy en día, están buscadísimos, y que hace ya más de un siglo, fueron reeditados en forma de libro, cuando el prerrafaelismo no sólo era una de las columnas del arte victoriano, sino también empezaba a ser parte de la historia del arte. Sobretodo, porque el modernismo, en sus distintas versiones nacionales, estaba empezando a arrinconarlo, a hacerlo olvidar. Muchos artistas jóvenes lo consideraban parte del "arte antiguo", del "arte académico, o academicista". Justo de lo que quisieron escapar toda su vida.
Al menos, algunos irreductibles, como Rossetti y Burne-Jones, nunca se rindieron a la tiranía del mercado, y siguieron con su estilo, mejorándolo con el paso del tiempo, hasta el final. Ellos nunca estuvieron dispuestos a realizar obras más conservadoras, siguiendo las reglas académicas. Siempre fueron rebeldes, de forma que Rossetti acabó siendo el más prerrafaelita de todos, y Burne-Jones, si saberlo, o sin quererlo saber, fue uno de los fundadores, o al menos de los que prepararon el camino, para el simbolismo.
Una cosa sí es cierta, y en eso, series o libros de, digamos, historia novelada, no mienten: empezaron desde muy abajo. Se las veían canutas para, como se dice popularmente, llegar a fin de mes, y hasta que no fueron apadrinados por John Ruskin -al que a veces, se le ha tratado de forma un tanto demasiado dura-, tenían que compartir vivienda, estudio, y hasta modelo. Elizabeth Siddal, según se lee en alguna web, fue lo más parecido a la chica pin-up del prerrafaelismo. Fue musa del movimiento, modelo, en uno u otro modelo, tanto de Millais, como de Hunt y, sobretodo, de Rossetti. Su historia de amor y desamor, ya es de sobra conocida, así que no vale la pena volver a explicarla aquí. Sin embargo, su vida, sus rostro y su arte son el alma femenina de la Hermandad, ya que otras mujeres prerrafaelitas, con una vida más larga y menos triste, y una obra mucho más extensa, como Evelyn de Morgan o Marie Spartali, no formaron parte íntegra de ella, aunque sí es cierto que estuvieron cerca de la Hermandad -sobretodo Spartali, alumna de varios miembros de la "primera generación".

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"Hacia la tierra desconocida". Y no hay nada más desconocido que la muerte. Una de las obras más fascinantes de Edmund Blair Leighton, gran pintor de escenas de un Medievo irreal que, sin embargo, sin duda influyó en el cine de décadas posteriores.


Algunas cosas más. ¿Prerrafaelitas? ¿Por qué? Cómo se les veía en la Academia.

El nombre de prerrafaelita hace referencia al pintor italiano Rafael (1483-1520), uno de los grandes genios, de las figuras más deslumbrantes y extraordinarias del Renacimiento, y en particular, del cinquecento -la última y más extraordinaria época de dicho período artístico y cultural: el siglo XVI-. Tras él -también de Miguen Ángel y Leonardo-, se llegó al cenit de la perfección y el logro artístico. Sin embargo, los jóvenes airados del movimiento no desearon seguir el mismo camino de sus maestros de la Royal Academy, considerando la obra de Rafael -por ejemplo, y en particular, "La transfiguración"-, como un ejemplo de pomposidad, de falta de realismo y naturalidad. Ellos deseaban un arte alternativo, que pensaban que conduciría al espectador a una visión de un mundo nuevo, anunciado, también, por un nuevo arte. Aquí se denota, pues, que no sólo fue, al menos en un principio, una revolución únicamente artística.
Estas ideas, consideradas iconoclastas, casi destructivas -se diría, casi, apóstatas, como renegando de la única religión verdadera de la crítica artística- hizo que, si bien estuvieron siempre bien considerados por maestros y alumnos -compañeros suyos que, en ocasiones, no sólo tomaban nota mental de lo que de ellos escuchaban, sino que acabaron formando parte de la futura Hermandad, o sintiéndose cercanos a ella-, nuca fueran considerados del todo "tres más de los nuestros". Y eso que contaban entre ellos a Millais, un niño prodigio, que pudo ingresar en la Academia con sólamente once años, el alumno aceptado más joven de su historia, y auténtico niño prodigio.
 En una sociedad tan conservadora, que, al no tener demasiado pasado histórico, rendía pleitesía tanto al arte renacentista, como a Joshua Reynolds -uno de los fundadores de la Royal, su primer presidente, y casi padre fundador de la pintura británica-, el que aquellos jóvenes salieran con aquellos ideales revolucionarios, tan poco británicos y victorianos -aunque, en aquellos tiempos, todavía no se hablaba de "época victoriana", pues a la reina Victoria todavía le quedaba mucha vida por delante- no podía más que darles problemas para que sus obras recibieran buenas críticas, apoyos o encargos, si bien la Academia les permitía, como a cualquier otro estudiante o ex-estudiante, exponerlas, aunque no fuera en un espacio privilegiado, precisamente.
En cambio, hubo otro artista renacentista, Boticelli, quien fue, literalmente, recuperado para el gran público por los prerrafaelitas. Al ser un artista que daba gran importancia a los sentimientos de los personajes, más que a lo que estos jóvenes consideraban posiciones artificiosas con que eran pintados, fue un tanto ninguneado en su época -eso, y el encontrarse a otros artistas aún mejores que él-. Ellos, quizá no sólo por interés por su obra, sino también por llevar un tanto la contraria, pues en la Academia se le daba más bien poca importancia o atención, acabaron por colocarlo en el lugar que merece en la historia de la pintura europea.

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Así retrata una ilustración, probablemente de principios del siglo XIX, anterior al prerrafaelismo y a la subida al poder de Victoria, la sala de exposiciones de la Royal Academy. No sé si llegaron a exponerse al mismo tiempo tantos cuadros, ni tan pegados unos a otros, pero sin duda, sí que era uno de los centros culturales de la época, y sus exposiciones atraían multitudes.

Bien, en principio, aquí acaba esta larga, larguísima serie sobre el prerrafaelismo. Estoy casi seguro que habrá alguna entrada más. Una entrada LVI, o cincuenta y seis, aparte de algún, o algunos anexos. La influencia del prerrafaelismo y el arte, en la cultura británica -y más allá, aunque sea de forma más imperceptible, sin que nadie sepa bien de dónde puede haber llegado- sigue presente, pues, entre otras razones, no sólo es mantenida viva por los museos -el Tate, por ejemplo-, las salas de exposiciones, o los documentales en televisión, sino también por la enormidad de webs, vídeos o páginas de facebook que gente anónima les dedican a sus miembros, y al mundo, la época, en que vivieron, trabajaron y murieron: básicamente, la Época Victoriana, pues la Eduardiana sólo la conocieron algunos de ellos, y ya ancianos, a no ser que hablemos de algunos neo-prerrafaelitas fallecidos ya en la década de los 50 del siglo XX. Pero en este caso, se podría decir que estamos hablando de un auténtico anacronismo histórico-artístico. Y también, es innegable, de algo que se resistió a morir definitivamente. 
Si es que murió, pues una y mil veces, en el cine, en la fotografía, en la ilustración, en los escasos pintores figurativos que aún quedan, vemos su influencia, todavía viva y en plena forma.



martes, 3 de enero de 2017

Algunas fotografías más de Julia Margaret Cameron, de temática literaria.

Como resulta sencillo dejarse por el camino obras de un pintor o un fotógrafo, aquí algunas fotos que he ido encontrando.


Hace tiempo que escribí una entrada sobre la fotógrafa victoriana Julia Margaret Cameron, una de las pioneras de la fotografía, no sólo en su país, sino a nivel mundial, y un ejemplo de la influencia del prerrafaelismo -y otros estilos contemporáneos y "hermanos" suyos- en el naciente arte fotográfico.
En no pocas ocasiones, las obras no consistían, simplemente, en fotografiar paisajes, habitaciones de una casa, jardines o familiares o amigos -incluyendo famosos- del fotógrafo en particular, sino reproducir imágenes basadas en obras de teatro, poemas, hechos históricos, leyendas, o incluso, cuadros. Y en este caso, Cameron quiso representar escenas de temática Shakesperiana. Y teniendo en cuenta que ha pasado siglo y medio desde que las realizó, no dejan de ser una ventana a no sólo como se distraían los artistas de tiempos victorianos, sino también la forma en que sacaban partido a una tecnología para ellos novedosa, revolucionaria, pero que para nosotros, es auténtica arqueología.

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"El rey Lear repartiendo su reino entre sus tres hijas (1872).

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"La despedida de Lancelos y Ginebra -o Guinevere-" (1874), basada en relatos medievales sobre el Ciclo Artúrico, donde los personajes de la Alta Edad Media, una época oscura, donde sajones y celtas luchaban por la antigua Britania romana, se transformaban en ejemplo de reyes, reinas y caballeros medievales, de una época muy posterior.

Julia Margaret Cameron
"La muerte del rey Arturo". En aquella época, el mito de Arturo, en su versión caballeresca, había vuelto con fuerza. Y hasta ahora.

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"Belleza". En aquellos tiempos, un cabello largo, suelto y ondulado era algo que cualquier mujer deseaba, y atraía a casi cualquier hombre.

"Hipatia" (1868). Dejando aparte que la filósofa de Alejandría, en aquellos tiempos, y hasta hace apenas unos años, era una casi total desconocida para el gran público, incluso para la gente ilustrada que tenía unos amplios conocimientos sobre el mundo antiguo -lo que hace casi excepcional que alguien pensara en retratarla, habiendo como había muchos otros personajes griegos, reales o mitológicos, más conocidos-, la modelo tiene de particular que es la futura pintora Marie Spartali. De origen, por lo demás, griego, por parte de padre y  madre.


Hiperrealismo contemporáneo: la pintora española Arantzazu Martínez.

Para que se vea que hay sitio en el blog para artistas actuales. Y en este caso, de España.


Tengo que decir que, hasta hace muy poco, no tenía idea de quién era Arantzazu Martínez. Pero buscando en páginas de arte, como Pinterest, se pueden ver, admirar y conocer cantidad de artistas de la pintura, el dibujo y la ilustración, o la fotografía -e imagino que de más cosas, si se busca con algo más de tiempo de lo que hago yo-. Y entre muchas ilustraciones contemporáneas, me topó con unas obras que no sabía bien si eran fotografías tratadas con algún programa informático, o cuadros hiperrealistas. Y eran, como supuse, aunque sin estar nada seguro, eso último.
Y quise saber -curioso que es uno- quién era el autor. O autora. Y se trataba de una compatriota mía, así que, como seguí buscando otras obras suyas, me gustaron no poco, y la verdad es que  no me prodigo hablando de artistas -o cualquier otra cosa- españoles, decidí dedicarle un post, aunque sea corto.
Resumiendo su biografía, que se puede encontrar en su web, Arantzazu nació en Vitoria, en Euskadi, y tras estudiar en la Universidad del País Vasco, marchó en el 2000 a Nueva York, donde asistió a la Academia de Arte Figurativo de esa ciudad. Y tras pasar por otras academias, y tras trabajar con su maestro, Jacob Collins, se dedicó a realizar pinturas que podrían considerarse academicistas, o más bien, su continuación contemporánea -pues el término "academicismo", en el siglo XXI, no tiene por qué ser, y seguramente no es, o no significa, exactamente lo mismo que en el siglo XIX, o la primera mitad del XX, que es cuando más se utilizaba la expresión-, donde se entremezclan el romanticismo -estilo con mucha fuerza en la primera mitad del XIX, pero que influyó en pintores posteriores-, y el simbolismo, que en cierto modo, fue una continuación del prerrafaelismo, pero no sólo en Gran Bretaña, sino en toda Europa y más allá, y con un espíritu rupturista, cuando la corriente prerrafaelita formaba ya parte de la pintura clásica, o academicista, a la que quería, y con no poco éxito, sustituir, o al menos, cambiar.

Respecto a la temática, como el simbolismo y otras vanguardias, la fantasía, y la temática onírica, con apariencia de sueños, son el centro de su obra. Todo eso le ha ayudado a tener encargos dispares, como el proyecto "Visiones de Star Wars" (2009), de Lucasfilm Ltd. -realmente, el mismo George Lucas dijo en una ocasión que Martínez era su pintor vivo preferido-, o "La Imagen de Rusia" (2012), representando a España.
Forma parte del grupo de artistas conocido como "Maestros vivos del arte figurativo", tan raro ya, en esta época de arte abstracto, y si bien gran parte de sus obras forman parte de colecciones privadas, parte de ella se puede admirar en el MEAM, el Museo Europeo de Arte Moderno, en Barcelona.

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"Drácula" (2011). Un homenaje al más famoso de los vampiros. En una entrevista, dijo que le gustaría pintar a Mina, el personaje femenino de la novela de Drácula. Y está claro que cumplió con su deseo.

La pintora favorita de George Lucas es española
"Rancor", el cuadro que pintó Arantzazu para el proyecto en forma de libro de G. Lucas, sobre el universo de Star Wars. Para más información, aquí. Según la autora, la protagonista del cuadro no es la princesa Leia, o su madre Amidala, sino una joven, digamos, anónima.

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"La caída de ego" (2011). Una pintura, a mi entender, simbolista, donde el ego puede significar cualquier cosa. O no, pero sí dándole el significado que cada uno quiera verle.

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"Mujer pájaro", otra pintura al óleo.

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"Rescate de una pequeña sirena -o de la sirenita". O lo que muchos sospechábamos: las sirenas no son siempre tan terribles, ni tan peligrosas para los marinos, como siempre se ha dado a entender.

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"Belleza dormida -o durmiente", es otra de sus obras más representativas, la que aparece en los carteles que anuncian exposiciones de sus cuadros.


Esta última obra es considerada de temática "Mediterránea oriental", aunque reconozco que, después de mucho buscar, no he logrado encontrar su título. Quizá, aunque es difícil que así sea, simplemente no lo tiene.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Los prerrafaelitas (LIV):Temas y personajes (y 6.-). La mitología griega, más alla de "La Odisea".

Los mitos y leyendas griegas, una de las bases de la ética y la cultura occidentales, influyeron sobremanera en los prerrafaelitas.


Dioses, semidioses, mortales heroicos o víctimas, deidades menores y monstruos...

Sin duda, los prerrafaelitas, tan amantes no sólo de colores o de la naturaleza, sino también de la fantasía en todas sus caras y alternativas, por pura lógica tuvieron que verse influidos por los antiguos griegos, y por extensión, también los romanos. Durante el siglo XIX, no sólo se fueron traduciendo al inglés prácticamente todo lo que unos y otros llegaron a escribir -descubrimientos posteriores aparte, evidentemente- sino que también hubo -no sólo en Gran Bretaña, sino también en Alemania, Francia, etc.- cada vez más historiadores y estudiosos del arte responsables de esclarecedores y atrayentes títulos que daban a conocer la Antigüedad a los europeos decimonónicos. Además, ya no eran solamente las clases altas las interesadas en ella, sino también, y cada vez más, la creciente y cada vez más culta clase media. Aparte decir, pero no olvidar, que la arqueología, desde tiempos del descubrimiento de Troya, Micenas, Tirinto, y la cultura minoica en Creta, comenzó a iluminar un pasado tan extraordinario como oscuro. 
Aparte, un dato más: Gran Bretaña, por encima de cualquier otro país -europeo o no- era un imperio extraordinariamente grande, poblado y poderoso. Nunca un país había dominado tanto territorio, ni había estado tan poblado, ni contenía dentro de sus fronteras una proporción tan grande de la población humana -se supone que en el Imperio Británico debían vivir, al menos, una cuarta parte de la humanidad-. Resulta lógico que los habitantes de ese imperio, de esa nueva Roma, que además, por su enorme peso en la cultura y el arte también ccreyera parecerse en algo a la antigua Grecia -o, al menos, a Atenas, que realmente fue la polis que, más y mejor que ninguna otra, representa lo que fue aquella época extraordinaria de un pueblo igualmente extraordinario-. Lógico, pues, que los británicos victorianos mirasen a ese pasado que consideraron suyo, y que pensaban, y no sin cierta razón, que eran sus antecedentes. O según como se mire, el Imperio Británico era el sucesor de griegos y romanos, a unos y otros, a la vez.
Ya se ha visto que se podrían dividir esas obras pictóricas -y de otro tipo, en tres grupos, según la temática, digamos, clásica:
-Las damas -jóvenes, adolescentes, a veces un poco mayores- que parecen posar para el pintor, que en ocasiones más bien parece retratar victorianas vestidas de romanas o griegas, y no mujeres de la época clásica propiamente dicha. Casi nunca se trata de mujeres, reales o de la mitología, con nombre y personalidad propia, sino jóvenes anónimas, que representan una Antigüedad donde todo el mundo parecía vivir en calma y sin preocupaciones, sin violencia ni -¡qué cosa tan desagradable!- esclavos o siervos. Aunque el nombre de neo-clásico -no prerrafaelita, son otra escuela- más bien sería francés, donde Jacques-Louis David sería uno de sus mejores representantes, en Gran Bretaña destacaría, por encima de cualquier otro, John William Godward. Él no era, ni se consideró, prerrafaelita, pero resulta evidente su influencia, en por ejemplo, Alma-Tadema. Sin embargo Godward, normalmente, retrata a uno o dos personajes, casi siempre femeninos, y no se interesa en grandes escenas, históricas o no, llenas de gente.
-Preferir retratar la Antigüedad de forma atractiva, incluso deslumbrante, pero dentro de lo que cabe, realista. Ya había suficiente conocimiento de cómo debía vivirse en Grecia, Roma, pero también en el Egipto faraónico, o en el cercano Oriente -Mesopotamia, Persia-, e incluso, en lo que se llamaba Tierra Santa, pues hay pinturas que, si bien tienen un trasfondo bíblico, su intento de retratar de la forma más exacta posible arquitecctura o vestuario dejan entrever que la religiosidad no tiene por qué estar en contra del respeto a la verosimilitud histórica. Tanto Lawrence Alma-Tadema, como en ocasiones, otros autores, como Frederic Leighton, fueron sus mejores representantes, si bien hubo autores fuera del prerrafaelismo -en la segunda mitad del siglo XIX, y aún algo después-, tanto en Gran Bretaña como en el continente, y en Norteamérica, también se apuntaron a ello.
-Y por último, los autores que, más que interesados en la representación histórica, optaron por dejarse influir por la mitología, tanto en temáticas de "La Odisea", como se vio en el capítulo anterior, como en cualquier otro mito, leyenda o cuento primero inventado, más tarde enriquecido por aedos, sacerdotes, o gente común de forma oral, y más adelante, puestos por escrito por poetas primero, dramaturgos y mitógrafos después. Los romanos, más bien, se redujeron a cambiar el nombre a dioses y humanos, y a recrear en nuevas obras lo que más les interesaba -y que consideraron, desde el primer momento, como literatura helena, raramente como relatos con alguna credibilidad histórica; hacía ya mucho que ni los mismos griegos la veían-. Curiosamente, o no -Roma fue la dueña del mundo antiguo, al menos, hasta Oriente Próximo; más allá de la Persia de los partos o los Sassánidas ya era otra cosa-, fueron las obras, y sobretodo los nombres que los romanos crearon los que más conocemos hoy en día -Ulises en lugar de Odiseo, o Hércules en vez de Heracles-. Esto se llamaría, por ejemplo, pintura de temática mitológica. Y entre otros, el que más destaca en ello, ya se vio con sus cuadros sobre las aventuras de Odiseo, John William Waterhouse.


Waterhouse, y el redescubrimiento de los mitos griegos, en ojos de un inglés.

John William Waterhouse no sólo pintó cuadros de temática clásica, o mitológica, ciertamente. A cierta edad, prefirió dedicarse a pintar cuadros basados en leyendas más modernas, u obras literarias británicas. Pero los griegos, desde luego, se le aparecieron muchas veces al pintor, que como pocos, pudo decir que se vio iluminado por las nueve musas -no por la décima, la única real, Safo, que iluminó más a Alma-Tadema y a su maestro, Godward, pero quizá por eso ellos la pintaron: por ser, precisamente, una mujer real-.

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"Hilas y las ninfas" (1896), es una de las obras más conocidas de Waterhouse, de tema mitológico o no. Hilas era el hijo del rey Tiodamante, a quién había asesinado Heracles -un personaje que lo mismo aparece como un esforzado héroe, que como un asesino o un saqueador o bárbaro, lo que hace pensar que, llegado el momento, más bien era la fusión de distintos personajes de naturaleza parecida, pero de distinto comportamiento, o bien era uno solo, pero recreado por gente bien distinta, que tenían también, de él, visiones claramente distintas-. Además, había secuestrado a Hilas, su hijo, a quién había transformado, en la práctica, en su esclavo sexual, si bien otras versiones, hablan de amigos, o incluso de amantes -resulta casi imposible encontrar una sola versión de una historia en la mitología griega-. Durante el famoso viaje de Jasón y los argonautas a la Cólquide -en la costa de la actual Georgia, y zonas cercanas-, en búsqueda del vellocino de oro, el Argo -el barco de los héroes- hizo un alto para recoger agua y buscar algún alimento, o reconocer donde estaban. Entonces, Hilas fue a un riachuelo, o una laguna, a buscar agua, y alla las ninfas -según versiones, una sola, o varias, pero llevando una la voz cantante y el resto acompañándola- le convención para que le acompañara, y de un tirón, se lo llevaron a las profundidades del hogar de aquellas ninfas acuáticas -había ninfas de todo tipo y naturaleza-. Y aquí, también hay versiones distintas: Hilas murió ahogado, o las ninfas le mantuvieron con vida, permitiéndole vivir bajo el agua; que fue engañado, o que, simplemente, prefirió abandonar a su amo Heracles, asesino de su padre, para vivir rodeado de inmortales beldades. Esta versión, que la da Robert Graves en su "Dioses y héroes de la Antigua Grecia", por lógica, debió ser, o habría sido, de ser verdad, la más lógica. Yo me habría ido con ellas, ciertamente.

"Hilas con una ninfa" (1893), fue una versión algo anterior de Watehouse de la misma historia. Aquí, es una sola ninfa, la que intenta, y consigue, conquistar y llevarse con ella a Hilas, que no parece interesado en recoger agua, sino en descansar, sin esperar lo que le espera. Quizá lo mejor que podría pasarle, en lugar de arriesgar la vida en el viaje de los argonautas, donde fue más bien obligado, o convencido -según versiones- por Heracles, el superhéroe de la mitología griega.

"Pandora" (1896), es otro personaje de la mitología que debió llamar la atención de Waterouse. La primera mujer fue creada por los dioses para dividir a los hombres de la segunda humanidad, la de la Edad de Plata -la Edad de Oro fue la de Crono y los titanes, y los humanos, o algo parecido, escasos y débiles, o demasiado inocentes, se extinguiern al transformar titanes y dioses olímpicos la tierra donde vivían en su campo de batalla-, aunque Prometeo, un titán de segunda generación aliado de Zeus y sus hermanos, pensaba en cosa bien distinta: los humanos de aquella segunda humanidad eran todos hombres, no se sabe si inmortales -seguramente no-, pero que, al morir por accidente, hambre o por ataques de fieras, su número disminuía, y su extinción sería segura. Y por cierto, la expresión "la caja de Pandora" es inaxacta, y viene de una mala traducción del griego realizada por italianos, no se sabe bien quien o quienes, del Renacimiento. En realidad, hace referencia a una jarra o ánfora, pero la traducción por "caja", pasó del italiano al resto de lenguas, y de ahí, a ser representada en cuadros, dibujos, etc.

"Jasón y Medea" (1907). Medea es, sin duda, el personaje más interesante de los mitos griegos. No se trata de un personaje pasivo, secuestrada, violada, conquistada o rescatada por el héroe de turno. Héroes que, como Teseo con Ariadna, a la que abandonó en Naxos después de que ella le ayudara a escapar de Creta con el resto de atenienses entregados por su ciudad como sacrificio humano al Minotauro, no es que fueran, precisamente, de comportamiento ejemplar. Medea, que aquí es la que parece llevar la voz cantante, la que, probablemente, está dando a un Jasón que es un heroe pasivo, que se deja ayudar en demasiadas ocasiones -porque, aunque valiente, no puede por sí mismo cumplir con sus misiones, sus obligaciones o deseos-, y que la está escuchando entre enbelesado y nervioso. Medea sería la que, con su poder, dormiría a la serpiente que no dormía nunca, que guardaba el vellocino de oro, y que, en lugar de otras mujeres de los mitos, griegas auténticas -ella era de la Cólquide, caucásica de raza, bárbara para los micénicos, que consideran la tierra de la hechicera como el fin del mundo, al lado del Cáucaso, el techo del éste-, tomaba sus propias decisiones, y no se retiraba del mundo, o se ahorcaba, cuando pensaba que había cometido un error, o había sido engañada. Fue de las pocas que vivió como quiso, dentro de lo posible, y murió ya anciana, o al menos madura, después de haber recorrido buena parte del mundo conocido por los aqueos, que nunca la vieron como una de los suyos, de "sus mujeres".

Esta segunda versión de "Lamia" representa, más bien, a una atractiva joven de indumentaria helena. Nadie podría ver en ella al antecedente de los actuales vampiros, pues, salvando las distancias, enormes en cuestiones culturales y temporales, no deja de ser uno de sus antecedentes. Probablemente, una lamia era una especie de ninfa -las náyades, nereas, bacantes o musas no dejarían de ser, realmente, comunidades o tipos distintos de ninfas, una especie de seres intermedios, entre dioses y humanos, deidades menores femeninas, bellas y siempre jóvenes, de orígenes muchas veces oscuros, que o bien eran inmortales, o de muy larga vida, y que lo mismo tenían hijos con los eternos del Olimpo, u otros dioses o algo así, como con simples humanos-. Las lamias, por lo visto, bebían sangre humana, o según algunos, hasta comían su carne, aunque también existían otras versiones, como que eran, simplemente, unas ninfas de las que no había que fiarse demasiado. Pero es que de este tipo, había otras, aparte de ellas.


Frederic Leighton, el hombre que lo pintaba todo con gracia.

"Ícaro y Dédalo" (1869), es una obra anterior a las de Waterhouse, que podría considerarse un artista casi de una generación posterior a Leighton, plenamente victoriano. Leighton pintó un poco de todo, y tambiénél se sintió interesado por la mitología. Dédalo, el diseñador del laberinto del minotauro, e Ícaro, su hijo, habian podido escapar de su propia obra, pero claro está, no de la isla de Creta. Necesitaban un barco, así que para eso creó unas alas artificiales, donde las plumas estaban pegadas con cera. Al ascender demasiado alto Ícaro, el calor derritió la cera, y es de sobra sabido qué pasó con él. Dicha historia, más una leyenda que un mito, fue contada durante siglos como ejemplo de lo que sucede cuando los hijos jóvenes no hacen caso de los sabios consejos de sus padres.

"Perseo y Andrómeda" (1891), fue otro de los cuadros de Leighton sobre uno de los mitos más conocido y largo de los helenos. Perseo, hijo mortal de Zeus -un héroe, en lenguaje de la época- salva a la princesa Andrómeda -por cierto, etíope, y por tanto de raza negra, aunque siempre se le represente blanca y de aspecto más nórdico o celta que mediterráneo-, que había sido ofrecida por sus padres, reyes de Etiopía, en sacrificio a un dragón -o un reptil monstruoso, en general- para que éste dejara de atacar a su pueblo. Con la ayuda de objetos fabulosos entregados en préstamo por otros dioses, finalmente pudo liberar a Andrómeda, con la que se casó. Perseo también es famoso por haber matado a Medusa, la única mortal de las tres gorgonas, cuya mirada petrificaba a sus enemigos.

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"El mito de Ícaro", en este caso, en versión de Herbert James Draper. En ocasiones, las obras de Draper son cosideradas como secundarias, o complementarias, de maestros más conocidos, como Leighton o Waterhouse, pero él también tenía su propia personalidad. Aquí, Ícaro no está a punto de emprender el vuelo, sino que yace muerto tras estrellarse -aunque no lo parezca, por estar sus alas artificiales en demasiado buen estado, tras el accidente mortal-. Las jóvenes que lo miran, entre dolidas y curiosas, debían ser ninfas de la costa -según versiones, o se estrelló en las rocas de la costa cretense, o se ahogó en pleno mar-, o tal vez, incluso sirenas. Ni se sabe bien dónde pudieron vivir éstas, ni tampoco, si existía más de una colonia.



Los prerrafaelitas fueron, y son, dentro del mundo del arte a nivel mundial, y sin importar épocas, de los más utilizados para representar los mitos griegos, y a la hora de crear entradas o post sobre algún tema mitológico clásico, sin duda, alguno de ellos acaba por "prestar" alguna de sus obras. Realmente, mucha gente acabó interesándose -o hacerlo con más ganas- por las antiguas historias de los griegos, precisamente, gracias a ellos, y otros artistas del siglo XIX, más modernos, y con obras más espectaculares, que otras más clásicas -aunque igualmente, extraordinarias- de períodos anteriores, como el Renacimiento o el Barroco.

viernes, 23 de diciembre de 2016

Ramón Casas, el pintor e ilustrador más importante del modernismo catalán y español.

En España, y en particular en Barcelona y el resto de Cataluña, el modernismo fue, básicamente, arquitectónico. Pero hubo pintores con mucho que decir.


Un artista entre dos siglos: el XIX del modernismo, y el XX del neocentismo y otras vanguardias.

El modernismo, en España, estuvo en gran parte concentrado -aunque no sólo- en Cataluña, y no sólo en Barcelona, como podría pensarse -en mi propia ciudad, Reus, hay cantidad de edificios modernistas, aparte de ser lugar de nacimiento del mismísimo Gaudí, aunque en el vecino Riudoms se duda de ello-, pero, en principio, tanto el ya nombrado Gaudí -uno de los arquitectos más importantes, a nivel mundial, de la segunda mitad del siglo XIX, y los primeros años del XX, aunque a su muerte, ya existían estilos arquitectónicos bien distintos-, como otros muchos -Puig i Cadafalch, Doménech i Montaner, etc.- harían pensar que el modernismo, o art nouveau -como era conocido en el mundo francófono; en el mundo germánico tuvo nombres y sub-estilos distintos, sobretodo en Viena- fue, básicamente, un estilo arquitectónico. A lo sumo, también tuvo su influencia directa en el mundo del diseño de muebles, lámparas, enrejados...
Pero, ¿y en la pintura, o el dibujo? Pues también, sí, también hubo pintores, que en general, igualmente trabajaron de dibujantes, o mejor dicho, de ilustradores, tanto de cartelería -obras de teatro, anuncios que se podían ver en cristaleras de tiendas, establecimientos conocidos por su apoyo a la cultura, y en particular, a las vanguardias...-, como en libros -tanto portadas, como ilustraciones interiores-. Y uno de ellos en nuestro hombre: Ramón Casas.

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Un autorretrato de 1908. En esa época, principios del XX, dedicó mucho tiempo al retrato al carboncillo.

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"El garrote vil" (1894), fue un tipo de ejecución que sólo existió en España -o en sus colonias-, y que acostumbrava a usarse para ajusticiar gente de origen modesto -de ahí lo de vil, en referencia a la gente común, no noble-. Casas quiso dar más protagonismo a la multitud, que se agolpe alrededor de tan siniestro espectáculo -una ejecución real que pudo ver el pintor en 1883 con sus propios ojos-, más que en el condenado, el verdugo o los sacerdotes. No fue su primer cuadro de multitudes, pero este resulta más atractivo que otros, sobre regatas o corridas de toros. Y más útil para conocer un pasado relativamente reciente.

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"La carga", o "Barcelona 1902" -aunque, en realidad, se acabó en 1900-, ha sido, durante mucho tiempo, una clara representación de la fuerza bruta del poder contra el pueblo en rebelión o protesta. Obra de gran formato, representa hechos contemporáneos del pintor de forma realista, y hoy en día, son una ventana al siglo XIX, como la obra anterior.

Ramon Casas i Carbó nació en 1866 en Barcelona, y fue un artista versátil y poliédrico, tanto en estilos, como en temáticas. Se dedicó a los retratos de gentes importantes y conocidas de la época, en cuadros realistas, en otros de estilo más moderno -o sea, modernista, art nouveau-, así como a caricaturas, cartelismo, y lo que saliera. La visión del modernismo catalán que tenemos hoy en día, realmente, tienen de base, tanto  o más que los edificios que nos han llegado, en general, en buenas condiciones -no pocos de ellos se han ido restaurando en los últimos años; eso, también lo he podido comprobar en mi propia ciudad, y no sólo en Barcelona, o en Comillas, por ejemplo, en "El capricho" de Gaudí-, los cuadros, y sobretodo los carteles e ilustraciones de gente como Ramon Casas.
Hijo de una familia adinerada, en 1877 abandonó la escuela para estudiar arte en el estudio de Joan Vicens Cots, y siendo aún muy joven, fue uno de los fundadores de la revista "L'Avenç" -"El avance"-. En 1881, con la excusa de acompañar a un primo suyo a estudiar a París, decidió quedarse a vivir y estudiar durante un tiempo en la ciudad de la luz, que en aquellos tiempos, era uno de los centros culturales y artísticos más importantes del mundo, si no el que más. Allá, además, fue corresponsal de su revista en Francia, aunque lo que más tiempo le ocupó fueron sus primeras obras, digamos, en serio. Así, en 1882 realizó su primera exposición, en la Sala Parés de Barcelona, y en 1883, expuso su "Autorretrato vestido de flamenco" en la sala de los Campos Elíseos de París, lo que le abrió puertas en salones y asociaciones de críticos de arte, y de artistas propiamente dicho. Lo que cualquier pintor de la época soñaba con hacer al menos una vez en la vida: triunfar, o al menos llamar la atención, en París, ciudad llena en esa época -y lo seguiría estando durante algunas décadas más- con artistas de todo el mundo.
En la década de los 80 siguió pintando, viajando -vivía entre París y Barcelona, pero también visitó Madrid y Granada-, iniciándose en la pintura de multitudes, y conociendo a artistas como Santiago Rusiñol, o Ignacio Zuloaga, amén de sobrevivir a una tuberculosis, una de las enfermedades que diezmaban de forma crónica a la población de todos los países europeos, sin importar demasiado su origen social -aunque, evidentemente, los ingresos económicos de las familias eran vitales para que una persona pudiera, o no, sobrevivir a ella, aunque en no pocas ocasiones, ni el dinero podía curarla-.
Con su amigo Rusiñol, se volvió a instalar en París, donde el primero ejercía de corresponsal de "La Vanguardia", y Casas ilustraba sus crónicas. En esa época, es cuando consiguió ser miembro de la Sociedad de Artistas Franceses, lo que permitía participar en exhibiciones anuales, sin paso previo de descarte de jurados.

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"Joven decadente", de 1899, es una vuelta a los tiempos parisinos. También, una temática de Casas de esos años: mujeres modernas, cosmopolitas, que viven como quieren, sin hacer caso a lo que piensen sobre ellas.


Fama mundial, para un artista por redescubrir.

Fue a partir de la década de los 90 cuando expuso no sólo en España, sino también en Berlín, París, Chicago, etc., además de Sitges, que empezó a ser algo más que una pequeña población costera: un centro de turismo minoritario -porque en aquellos tiempos, poca gente podía permitirse hacer turismo-, de segundas residencias, pero también cultural. También, en esa época, empezó a notarse, no sólo en Casas, sino también en otros pintores europeos -tanto franceses, como también alemanes, de la Europa Oriental, austriacos...- la aparición de un estilo pictórico nuevo, que parecía un híbrido o intermedio entre la pintura académica realista y el impresionismo francés, pero sin querer llegar "más allá", creando la simiente para vanguardias posteriores, como sí consiguieron hacer los llamados post-impresionistas -Van Gogh, Toulouse-Lautrec, Gauguin... cada uno, realmente, bien distinto de los demás-:se trataba de lo que se llamaría, poco después, modernismo, expresión que se usa más que art nouveau cuando se hace referencia a la pintura y el dibujo.
Ese modernismo estético, pictórico, encontró un centro donde poder reunirse sus miembros -Casas, Rusiñol, Utrillo...- para  hablar, participar de sus proyectos, comentar sus trabajos todavía inacabados, realizar exposiciones-, en el bar "Els Quatre Gats" -"Los cuatro gatos"-, que quería ser la versión barcelonesa de "Le Chat Noir" -"El gato negro" de París-. Se encontraba en los bajos de un edificio de Puig i Cadafalch, y contaba, aparte de exposiciones y tertulias, con una pieza fija, un autorretrato de Casas pedaleando sobre un tándem -una bicicleta para dos-, junto a su amigo, el promotor y animador cultural -entre otras cosas- Pere Romeu.
Porr tener, el bar tuvo su propia revista, que tuvo vida bien corta, pero a la que siguió "Pel i Ploma",  -"Pelo y pluma", imagino que refiriéndose al pelo del pincel, y a la pluma de dibujar y escribir-, en la que participó siempre que pudo. En esa época, es cuando se dedicó de forma seria y profesional al cartelismo -el diseño gráfico, diríamos ahora-, para empresas como "Codorniu", o "Anís del Mono".
Poco más que añadir, excepto que su fama se extendió por toda Europa, y también por Latinoamérica, sobretodo Argentina. También en ese momento, a partir de 1900, se dedicó a la caricatura de gente conocida, tanto en el mundo de la cultura como de la política, y algunas obras realistas suyas, como "El garrote vil", sobre una ejecución pública, o "La carga" -después, conocida como "Barcelona 1902", basada en una carga de la guardia civil sobre unos huelguistas, le hcieron famoso, sí, pero en ocasiones, también levantó ampollas, pues Casas, cuando se interesaba en retratar la sociedad, y quizá debido a la fama y buena posición social y amistades importantes que había conseguido, no temía enfadar a quien no debía.

"Flores deshojadas" (1894), fue una obra de su mejor época. La pintura fue un escándalo, porque la sociedad barcelonesa -y en general catalana y española- era más conservadora que en otros países europeos. Casas quería llamar la atención de una estúpida y brutal idea de la época: la mejor forma de curarse de la sífilis, era mantener sexo con una virgen. De ahí, que hubiera durante algunos años tantos casos de violaciones de adolescentes, e incluso niñas. Pero la gente bienpensante sintió más vergüenza de su cuadro, que de las barbaridades que ocurriían en sus calles y casas. Como no pudo venderla, se lo regaló a su amigo, el compositor Isaac Albéniz -abajo a la derecha, sobre la firma y la fecha, se puede ver la dedicatoria que le escribió-.

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"Plen Air" -que podría traducirse como "Al aire libre" (1890), la realizó en París, mezclando el impresionismo francés -todavía vivo- y el realismo naturalista que buscaba parte de la pintura academicista, y que más adelante, alcanzaría lo que se podría llamar hiperrealismo, que aquellos tiempos todavía no se había conseguido. Es una de sus obras más conocidas y representativas de su estilo, que al ir variando entre el academicismo, la influencia francesa, el modernismo, y más adelante, una vuelta al realismo, además de sus trabajos en cartelismo y dibujo al carbón, realmente, debería llamarse "estilo Casas".

Tras conseguir la amistad del coleccionista norteamericano Charles Deering -tener un buen patrocinador y  mecenas en mucho conseguir-, conoció a una joven, de apenas dieciocho años, cuando él rondaba los cuarenta -veintidós años de diferencia-: Julia Peraire. 
Que un hombre famoso se encaprichara de una jovencita de origen modesto -era vendedora de lotería- tampoco es que fuera algo extraordinario. No fueron pocos, los artistas que tuvieron relaciones sentimentales y/o sexuales con sus modelos -Rossetti sería un ejemplo de libro-, pero raramente deseaban casarse con ellas -aquí, se podría decir que el ya nombrado Rossetti se casó con Siddal, pero es que en aquellos tiempos, tenían una edad parecida, y si Siddal era de clase media-baja, Rossetti era un artista bohemio y poco conocido; más bien, era el pintor, el mal partido de ella, y no al revés-, así que resultaba normal que la familia y más de un amigo, y no pocos conocidos de la clase alta, o la media-alta, que conocía o trataba el pintor, decidieran oponerse a la unió, o al menos, aconsejarle de que no echara su vida por la borda. Según ellos, claro está.

Una fotografía de Casas con Julia Peraire, cuando ya estaban casados.

"La sargantain", fue uno de sus retratos de una Julia jovencísima, osada, que se sentía encantada de ser el amor -correspondido- de un gran artista, que nunca la trató ni como una niña, ni como una posesión. Tal vez eso, el respeto la falta de celos -que se sepa- también animó a la joven a mantener una relación que acabó sólo cuando falleció el pintor.

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Una obra más personal y atrevida de su amante Julia. Casas pensaba que ya iba siendo hora de que el desnudo -sobretodo el femenino, porque el masculino ya era normal en el arte desde tiempos del Renacimiento- no fuera tabú.

Sin embargo, Casas y Peraire, después de que ella fuera modelo y amante suyo durante años, llegaron a casarse, y además, el matrimonio, a pesar de la diferencia de edad, funcionó. La joven Julia fue su modelo desde poco después de conocerse, aunque no pudieron casarse en ese momento, sino cuando ella ya contaba con treinta y cuatro años, y él, unos cincuenta y seis. Vivieron juntos hasta la muerte de su artista, y la retrató de diversas formas y estilos: como jovencita, como señora casada, o como musa, para nada inalcanzable. Muchos cuadros de sus últimos años tienen como protagonista, precisamente, a ella.
En la primera década del siglo XX, se dedicó mucho al dibujo al carboncillo, sin abandonar nunca la pintura, y viajó por Cuba y Norteamérica, y también Europa, aunque la I Guerra Mundial hizo que ya no viajara apenas, acabando por establecerse definitivamente en Barcelona. También fue el responsable de la restauración de un pequeño pueblo abandonado, Tamarit, muy cerca de la ciudad de Tarragona -actualmente, forma parte de su municipio-, que había comprado su mecenas y amigo Deering, pero, cuando falleció en 1932, hacía tiempo que su época había pasado. En aquellos difíciles años, el modernismo había pasado ya a la historia, y otras escuelas y vanguardias habían cogido el testigo.

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Ejemplos de trabajos publicitarios de Casas, para Anis del Mono, y Codorniu.

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Una ilustración de 1899, de la revista "Pel i ploma".